Arrogancia

Somos la memoria que tenemos y la responsabilidad que asumimos, sin memoria no existimos y sin responsabilidad quizá no merezcamos existir
José Saramago

La arrogancia es una de las manifestaciones más comunes del ego. Especialmente habitual en quienes ostentan una responsabilidad pública y, cuando deben asumir la misma, buscan todos los argumentos posibles para evadirse de ella.

En España y en muchos otros países, los ejemplos de esta expresión máxima del egoísmo, los experimentamos casi a diario. Vemos como quienes gestionan las más diversas áreas de lo público, no solo parecen incapaces de hacerlo, sino que además buscan todas las argucias posibles para escurrir el bulto, en ocasiones con actitudes o razonamientos difícilmente asumibles, por quienes sufren las consecuencias de su incompetencia.

Este fenómeno tiene un efecto directo en los ciudadanos -o al menos debería ser así-, que supone una pérdida de confianza, o lo que puede ser peor, una sensación de indefensión.

En situaciones en las que esperaríamos que quienes deben hacerlo, asumiesen su trabajo y su responsabilidad, nos encontramos con que parecen más interesados en quitarse de encima lo uno y lo otro.

Se busca que la culpa recaiga en la víctima, sean personas que pierden su casa, sus ahorros o se ven sorprendidos por las inclemencias del tiempo, viendo en riesgo su vida.

Todo sea por no admitir errores, mala planificación o incapacidad. Se hace muy complicado confiar, cuando esto ocurre, en quienes actúan de esta forma.

Es una de la características más detestables del poder. La que consigue que quien lo detenta, se distancie de su propia humanidad. Y, sin el menor rubor, intente justificar lo injustificable. Y su máxima expresión es, precisamente, la arrogancia.

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El poder de la diversidad

“De los demagogos populistas aprenderemos lo indispensable que es la democracia”, dice la novelista Elif Shafak. “De los aislacionistas aprenderemos la necesidad de solidaridad global. Y de los tribalistas aprenderemos la belleza del cosmopolitismo”.

Nacida en Turquía, Shafak ha experimentado en primera persona la devastación que conlleva la pérdida de diversidad y conoce el poder revolucionario de la pluralidad como respuesta al autoritarismo. En esta charla apasionada y personal nos recuerda que no hay oposiciones binarias en la política, en las emociones y en nuestras identidades. “Uno jamás debería callarse por miedo a las complicaciones”, dice Shafak.

¿Cómo lo paramos?

El instrumento básico para la manipulación de la realidad es la manipulación de las palabras. Si tu puedes controlar el significado de las palabras puedes controlar a la gente que utiliza esas palabras.
Philip K. Dick

Vaya en primer lugar mi reconocimiento a todos los profesionales, que están en primera línea ayudando en cualquier situación de tragedia como la que hemos vivido recientemente en Barcelona.

En segundo lugar, que conste mi más absoluta ignorancia en como abordar una investigación policial, sea preventiva u operativa. No tengo ni idea. Mi campo es la salud mental. El bienestar psicológico que hace que a nadie se le pueda pasar por la cabeza tomar una decisión que atente contra la vida de las personas. De eso si se.

Comencemos siendo absolutamente sinceros. Es una lucha compleja y delicada. Se trata de cambiar muchas sensibilidades y dolores, que también pueden ser comprensibles, por una intervención psicosocial de gran envergadura. Y para ello hace falta un absoluto convencimiento y un decidido apoyo por parte de la administración.

No dejo de estar indignado por los continuos atentados en nombre de religiones o creencias. Y reclamo contundencia contra quien los perpetra, instiga o propicia. Pero lo que propicia el cambio a largo plazo va por otro lado. Educación e ir a la base del problema. Las personas se radicalizan porque no son felices. Eso les convierte en presa fácil de los adoctrinadores. Esto es valido para todo radicalismo. Por mucho que nos digan que las soluciones solamente pasan por las leyes o por las prohibiciones, recordemos que estas surgen de la incapacidad humana de resolver los conflictos de forma civilizada.

Opinión

Es mucho más difícil describir que opinar. Infinitamente más. En vista de lo cual, todo el mundo opina.
Josep Pla

Cuando nos encontramos ante la tesitura de decir aquello que pensamos, deberíamos plantearnos, en primer lugar, para que lo hacemos. Solamente con esta sencilla pregunta, nos ahorraremos muchos malentendidos.

Me explico. En muchas ocasiones, emitimos opiniones, sin tener en cuenta que no han sido pedidas en ningún caso. Ocurre tanto con las relativas a la apariencia o las que se puedan referir a las acciones de otra persona. “Yo, es que soy muy sincero”, nos decimos. Para ocultar, tras ello, algo no solicitado, en ningún caso.

La sinceridad no es mala educación, ni invasión de la intimidad, ni emisión de insultos o desconsideraciones. Me quedo con aquello de, si no vas a decir nada bonito, mejor te callas. Y mejor aún, por si alguien no tiene claro lo que significa: hablar cuesta poco, enjuiciar sin que nos lo pidan, todavía menos. No tiene ningún mérito hacerlo. Es inmaduro y, en muchísimas ocasiones, irrespetuoso.

Un ejemplo gráfico ¿Se imaginan que pasasen dentro, sin invitación, cuando el vecino abre la puerta de su casa?¿verdad que es inconcebible? Pues es esto lo que hacemos cuando entramos en la intimidad de otra persona, comentando algo sin haber sido invitados a ello.

Todavía más. Si el vecino les invitase a entrar, ¿lo harían? Depende ¿verdad?

Estas valoraciones que hacemos en esta comparación son las mismas que tenemos que considerar con nuestra palabra. Pensar, antes de hablar, si lo que vamos a decir es más bonito -o valioso-, que el silencio. Así será mucho más sencillo saber si lo que vamos a aportar tiene algo de valor.

Pensamiento

No hay nada repartido de modo más equitativo que la razón: todo el mundo está convencido de tener suficiente.

René Descartes

¿Qué nos define? Me explico. La pregunta tiene que ver con aquello a que acudimos cuando se nos pregunta quienes somos. Supongo que la tendencia que tenemos todos es a hablar de lo que hemos hecho, de lo que tenemos, de donde somos o lo que creemos. Es normal. Nos han enseñado a ello.

Se ha convertido en una costumbre el que nos identifiquemos pensando en lo que no somos, más que en lo que si. En cierta forma es una identificación comparativa, o reivindicativa. No somos capaces de poner en palabras lo que creemos ser o sentir, y preferimos contraponerlo con otras personas. Es una solución sencilla. Si eres tal, no puedes ser cual. Parece evidente. Y se puede aplicar a casi todo lo que se nos ocurra que nos puede definir. De hecho ocurre hasta con lo que pensamos. Este modelo de único, empaquetado, provoca que existan una serie de preceptos básicos que nos deben identificar. Y de los que no podemos salir. O no debemos.

Si eres de aquí, debes estar de acuerdo con esto. Si eres profesional de esto, no puedes estar de acuerdo con lo otro. Si te consideras de esta ideología, ¿cómo vas a estar de acuerdo con lo que dice ese? … y así hasta el infinito. Pensamiento único en su máxima expresión. Liderado por gurús de la opinión o de la política ficción, que al final es lo mismo.

Este es un modelo que no me gusta. Me gusta la duda. Lo que hoy me puede parecer bien y mañana ya no lo veo tan claro. Lo que estoy de acuerdo, pero no comparto la forma …

Frente a pensamiento único, pensamiento crítico. O mejor, pensamiento. Porque me da que si es único, poco tiene de pensamiento.

Rebote

Debemos aprender a vivir juntos como hermanos o perecer juntos como necios.

Martin Luther King Jr

Las personas tenemos la costumbre de hacer asociaciones mentales sin fundamento alguno. Pero no lo hacemos por casualidad. Este sistema de creencias infundadas que, muchos de nosotros tenemos, está construido principalmente sobre el temor. Y a medida que el grado de miedo se incrementa, se extiende todavía más.

Estos días de luto y profunda tristeza por lo ocurrido en Manchester, o el terror que acontezca, en cualquier otro lugar que sentimos que nos afecta emocionalmente, se puede apreciar mucho más claramente este fenómeno. Asociamos a los causantes de este horror con otras muchas personas, por su religión, procedencia o lo que se nos ocurra, y pedimos que se actúe contra ellos.

Esto es bien conocido por quienes sacan rédito de ello. Tanto los que se atribuyen el horror, como quienes pretenden saber la solución final perfecta. Y no nos equivoquemos. En este caso está en juego la libertad y nuestro estilo democrático e inclusivo de vida. Muchas veces, tras las pretendidas medidas de protección, lo que se esconde es un recorte de nuestra capacidad de opinar, hablar e incluso pensar de una determinada forma.

Por esto es importante el cultivo de una mentalidad abierta y crítica. Una que posibilite tomar decisiones basadas en una opinión formada en la evidencia propia y científica sobre lo que acontece a nuestro alrededor. Yo lo hago desde la psicología. Existen otras muchas formas de entender al ser humano.

Pero que siempre se alejen de los sectarismos y de las posiciones totalitarias de ningún signo. Aquellas que no temen a la palabra como expresión y forma de entendimiento. Y que tienen en el respeto a los demás, desde un punto de vista amplio e integrador, su guía de vida.

Pánico

El pánico asalta al individuo cuando se enfrenta con problemas y cree no tener capacidad para resolverlos. El pánico significa correr desorientado, no tener confianza alguna en las propias reacciones en una situación determinada; ser impredecible, no merecer confianza a los propios ojos.

Wayne Dyer

Lo hemos vivido esta Semana Santa. En diferentes lugares del mundo las bromas, intencionadas o no, de algunos graciosos o desalmados, han conseguido que se desate el pánico en aglomeraciones de gente.

Más allá del peligro que pueda suponer que muchas personas salgan despavoridas corriendo, este pavor no deja de ser un síntoma. Y lo es de una situación de intranquilidad, de inseguridad percibida y provocada por causas identificables.

Porque si hay algo que está consiguiendo este nuevo modelo de “terrorismo barato”, como alguien lo bautizo, es que sintamos miedo. Una sensación que puede recordar a cuando vivimos de cerca el terrorismo, la inseguridad ciudadana o, simplemente, la guerra. Nos hace conscientes que no vivimos en una burbuja y que cualquiera puede ser alcanzado por estos ataques.

¿Solución? El trastorno de pánico individual es tratable. El colectivo resulta algo más complicado. Entre otras cosas porque estamos acostumbrados a las soluciones externas. A pedir más policía, más barreras … Hasta que se haga realidad lo que vemos en muchas películas de ciencia ficción, y terminemos viviendo tras unas nuevas murallas.

El otro modelo de solución es más complicado, para que engañarnos. Exige conciencia social, empatía, compasión … y muchas otras actitudes y actuaciones, que no parecen estar en la ecuación de las soluciones que pedimos. Pero, no nos engañemos, no estamos viviendo un terror fundamentado en una religión. Lo que vivimos es la utilización de la religión (o el nacionalismo, en su caso) para asegurarles a quienes viven en una miseria material o de valores, que así cambiará todo. Aún a costa de morir.

Si. Coincido con quien dice que esto es un problema complejo. Por esto exige soluciones generosas, creativas e imaginativas. Mucho más que las que proponen los charlatanes y charlatanas que creen en la división de las personas según  … lo que quiera que se les ocurra.

Respeto

Poderoso discurso de Meryl Streep el pasado fin de semana al recibir el premio a una carrera dedicada a hacernos sentir. Una intervención consagrada a valores esenciales para el ser humano, que cada vez están más en cuestión.

El arte, junto con el periodismo, son baluartes que reflejan cual es la salud mental de una sociedad. Por esto son los primeros receptores de las iras de las mentes totalitarias. A quien no respeta, no le gusta que le lleven la contraria.

Por esto es especialmente relevante que recordemos la importancia de la expresión artística, en todas sus variantes, en el bienestar humano. Que lo reivindiquemos en la educación y que exigamos su protección a quienes tienen la responsabilidad de facilitarlo desde el ámbito público.

El arte, como el periodismo, son expresiones de la libertad. Y no tienen, en ocasiones, porque ser comprendidos o compartidos en sus diferentes manifestaciones. Solo respetados. Es así de sencillo.

Porque cuando se pierde el respeto, como señala Meryl Streep en su intervención, es contagioso. Cuando quien debe dar ejemplo, actúa como un matón burlón de patio de colegio, corremos el peligro que esto se entienda como un permiso para hacerlo también.

Si queremos un mundo mejor, más sano mentalmente, no podemos permitir que se silencie la voz de quienes nos hacen emocionar con sus expresiones artísticas. Tampoco podemos desproteger a quienes se empeñan en contarnos lo que ocurre a nuestro alrededor. Nos aislaríamos emocionalmente del mundo. Y hacerlo, por más que nos intenten convencer de lo contrario, es el comienzo de nuestra autodestrucción como raza humana.

Trastorno de Estrés postraumático

Es normal tener miedo cuando nos encontramos en peligro. Es normal sentirse alterado cuando algo malo nos sucede. A nosotros o alguien que queremos. Es una reacción natural y, en cierto modo, adaptativa. Sin embargo, si este miedo continúa semanas o meses más tarde, es hora de que hablar con un especialista en salud mentarl. Es posible que padezca trastorno de estrés postraumático.

El trastorno de estrés postraumático es algo real. Es un trastorno que puede aparecer tras haber vivido o presenciado un acontecimiento peligroso, como una guerra, un huracán, o un accidente grave. Este trastorno nos hace sentir estresados y con miedo aunque el peligro haya pasado. Y afectará nuestra vida y las vidas de las personas que nos rodean.

Este trastorno puede afectar a cualquier persona de cualquier edad. Los niños también pueden padecerlo. No es necesario que sufra una lesión física para sufrirlo. Podemos experimentarlo tras de haber visto que otras personas, como un familiar o amigo, sufren daño o dolor.

Experimentar o presenciar una situación perturbadora y peligrosa puede provocar trastorno de estrés postraumático. Entre estas situaciones se pueden incluir las siguientes:

  • Ser víctima de violencia o presenciarla
  • La muerte o enfermedad grave de un ser querido
  • Guerra o situaciones de desplazamiento provocados por conflictos armados
  • Accidentes automovilísticos y aéreos
  • Huracanes, tornados, e incendios
  • Delitos violentos, como un robo o tiroteo

Existen muchos otros factores que pueden causarlo. Es imprescindible, si creemos tenerlo, que acudamos a un especialista. Tiene tratamiento y debe ser abordado profesionalmente. No es algo que se nos pasará.
Para saber si estamos padeciéndolo resulta útil saber si tenemos algunos de estos síntomas de forma recurrente

  • Pesadillas o problemas para dormir
  • Escenas retrospectivas o la sensación de que un acontecimiento aterrador sucede nuevamente
  • Pensamientos aterradores que no puede controlar
  • Evitación de lugares y cosas que nos recuerdan lo que sucedió
  • Sensación de preocupación, culpa, o tristeza
  • Sensación de soledad
  • Sensación de estar al límite o arrebatos de furia
  • Pensamientos de hacerse daño o hacer daño a otros

Los niños o niñas que lo padecen de pueden manifestar otro tipos de problemas. Estos problemas incluyen:

  • Comportamiento similar al de niños menores
  • Imposibilidad de hablar
  • Quejarse frecuentemente de problemas estomacales o dolores de cabeza
  • Negarse a ir a determinados lugares o a jugar con amigos

Es muy importante que acudamos a un profesional de la salud mental con experiencia para que nos ayude.

Adaptado de NIMH

¿Ha servido de algo la guerra?

¿Hace la guerra contra las drogas más daño que bien?

En una charla audaz, el reformista de la política de drogas Ethan Nadelmann hace un apasionado alegato para acabar con el movimiento “retrógrado, despiadado y desastroso” para erradicar el tráfico de drogas. Da dos grandes razones de por qué deberíamos centrarnos, en cambio, en una regulación inteligente.