Rebote

Debemos aprender a vivir juntos como hermanos o perecer juntos como necios.

Martin Luther King Jr

Las personas tenemos la costumbre de hacer asociaciones mentales sin fundamento alguno. Pero no lo hacemos por casualidad. Este sistema de creencias infundadas que, muchos de nosotros tenemos, está construido principalmente sobre el temor. Y a medida que el grado de miedo se incrementa, se extiende todavía más.

Estos días de luto y profunda tristeza por lo ocurrido en Manchester, o el terror que acontezca, en cualquier otro lugar que sentimos que nos afecta emocionalmente, se puede apreciar mucho más claramente este fenómeno. Asociamos a los causantes de este horror con otras muchas personas, por su religión, procedencia o lo que se nos ocurra, y pedimos que se actúe contra ellos.

Esto es bien conocido por quienes sacan rédito de ello. Tanto los que se atribuyen el horror, como quienes pretenden saber la solución final perfecta. Y no nos equivoquemos. En este caso está en juego la libertad y nuestro estilo democrático e inclusivo de vida. Muchas veces, tras las pretendidas medidas de protección, lo que se esconde es un recorte de nuestra capacidad de opinar, hablar e incluso pensar de una determinada forma.

Por esto es importante el cultivo de una mentalidad abierta y crítica. Una que posibilite tomar decisiones basadas en una opinión formada en la evidencia propia y científica sobre lo que acontece a nuestro alrededor. Yo lo hago desde la psicología. Existen otras muchas formas de entender al ser humano.

Pero que siempre se alejen de los sectarismos y de las posiciones totalitarias de ningún signo. Aquellas que no temen a la palabra como expresión y forma de entendimiento. Y que tienen en el respeto a los demás, desde un punto de vista amplio e integrador, su guía de vida.

Pánico

El pánico asalta al individuo cuando se enfrenta con problemas y cree no tener capacidad para resolverlos. El pánico significa correr desorientado, no tener confianza alguna en las propias reacciones en una situación determinada; ser impredecible, no merecer confianza a los propios ojos.

Wayne Dyer

Lo hemos vivido esta Semana Santa. En diferentes lugares del mundo las bromas, intencionadas o no, de algunos graciosos o desalmados, han conseguido que se desate el pánico en aglomeraciones de gente.

Más allá del peligro que pueda suponer que muchas personas salgan despavoridas corriendo, este pavor no deja de ser un síntoma. Y lo es de una situación de intranquilidad, de inseguridad percibida y provocada por causas identificables.

Porque si hay algo que está consiguiendo este nuevo modelo de “terrorismo barato”, como alguien lo bautizo, es que sintamos miedo. Una sensación que puede recordar a cuando vivimos de cerca el terrorismo, la inseguridad ciudadana o, simplemente, la guerra. Nos hace conscientes que no vivimos en una burbuja y que cualquiera puede ser alcanzado por estos ataques.

¿Solución? El trastorno de pánico individual es tratable. El colectivo resulta algo más complicado. Entre otras cosas porque estamos acostumbrados a las soluciones externas. A pedir más policía, más barreras … Hasta que se haga realidad lo que vemos en muchas películas de ciencia ficción, y terminemos viviendo tras unas nuevas murallas.

El otro modelo de solución es más complicado, para que engañarnos. Exige conciencia social, empatía, compasión … y muchas otras actitudes y actuaciones, que no parecen estar en la ecuación de las soluciones que pedimos. Pero, no nos engañemos, no estamos viviendo un terror fundamentado en una religión. Lo que vivimos es la utilización de la religión (o el nacionalismo, en su caso) para asegurarles a quienes viven en una miseria material o de valores, que así cambiará todo. Aún a costa de morir.

Si. Coincido con quien dice que esto es un problema complejo. Por esto exige soluciones generosas, creativas e imaginativas. Mucho más que las que proponen los charlatanes y charlatanas que creen en la división de las personas según  … lo que quiera que se les ocurra.

Respeto

Poderoso discurso de Meryl Streep el pasado fin de semana al recibir el premio a una carrera dedicada a hacernos sentir. Una intervención consagrada a valores esenciales para el ser humano, que cada vez están más en cuestión.

El arte, junto con el periodismo, son baluartes que reflejan cual es la salud mental de una sociedad. Por esto son los primeros receptores de las iras de las mentes totalitarias. A quien no respeta, no le gusta que le lleven la contraria.

Por esto es especialmente relevante que recordemos la importancia de la expresión artística, en todas sus variantes, en el bienestar humano. Que lo reivindiquemos en la educación y que exigamos su protección a quienes tienen la responsabilidad de facilitarlo desde el ámbito público.

El arte, como el periodismo, son expresiones de la libertad. Y no tienen, en ocasiones, porque ser comprendidos o compartidos en sus diferentes manifestaciones. Solo respetados. Es así de sencillo.

Porque cuando se pierde el respeto, como señala Meryl Streep en su intervención, es contagioso. Cuando quien debe dar ejemplo, actúa como un matón burlón de patio de colegio, corremos el peligro que esto se entienda como un permiso para hacerlo también.

Si queremos un mundo mejor, más sano mentalmente, no podemos permitir que se silencie la voz de quienes nos hacen emocionar con sus expresiones artísticas. Tampoco podemos desproteger a quienes se empeñan en contarnos lo que ocurre a nuestro alrededor. Nos aislaríamos emocionalmente del mundo. Y hacerlo, por más que nos intenten convencer de lo contrario, es el comienzo de nuestra autodestrucción como raza humana.

Trastorno de Estrés postraumático

Es normal tener miedo cuando nos encontramos en peligro. Es normal sentirse alterado cuando algo malo nos sucede. A nosotros o alguien que queremos. Es una reacción natural y, en cierto modo, adaptativa. Sin embargo, si este miedo continúa semanas o meses más tarde, es hora de que hablar con un especialista en salud mentarl. Es posible que padezca trastorno de estrés postraumático.

El trastorno de estrés postraumático es algo real. Es un trastorno que puede aparecer tras haber vivido o presenciado un acontecimiento peligroso, como una guerra, un huracán, o un accidente grave. Este trastorno nos hace sentir estresados y con miedo aunque el peligro haya pasado. Y afectará nuestra vida y las vidas de las personas que nos rodean.

Este trastorno puede afectar a cualquier persona de cualquier edad. Los niños también pueden padecerlo. No es necesario que sufra una lesión física para sufrirlo. Podemos experimentarlo tras de haber visto que otras personas, como un familiar o amigo, sufren daño o dolor.

Experimentar o presenciar una situación perturbadora y peligrosa puede provocar trastorno de estrés postraumático. Entre estas situaciones se pueden incluir las siguientes:

  • Ser víctima de violencia o presenciarla
  • La muerte o enfermedad grave de un ser querido
  • Guerra o situaciones de desplazamiento provocados por conflictos armados
  • Accidentes automovilísticos y aéreos
  • Huracanes, tornados, e incendios
  • Delitos violentos, como un robo o tiroteo

Existen muchos otros factores que pueden causarlo. Es imprescindible, si creemos tenerlo, que acudamos a un especialista. Tiene tratamiento y debe ser abordado profesionalmente. No es algo que se nos pasará.
Para saber si estamos padeciéndolo resulta útil saber si tenemos algunos de estos síntomas de forma recurrente

  • Pesadillas o problemas para dormir
  • Escenas retrospectivas o la sensación de que un acontecimiento aterrador sucede nuevamente
  • Pensamientos aterradores que no puede controlar
  • Evitación de lugares y cosas que nos recuerdan lo que sucedió
  • Sensación de preocupación, culpa, o tristeza
  • Sensación de soledad
  • Sensación de estar al límite o arrebatos de furia
  • Pensamientos de hacerse daño o hacer daño a otros

Los niños o niñas que lo padecen de pueden manifestar otro tipos de problemas. Estos problemas incluyen:

  • Comportamiento similar al de niños menores
  • Imposibilidad de hablar
  • Quejarse frecuentemente de problemas estomacales o dolores de cabeza
  • Negarse a ir a determinados lugares o a jugar con amigos

Es muy importante que acudamos a un profesional de la salud mental con experiencia para que nos ayude.

Adaptado de NIMH

¿Ha servido de algo la guerra?

¿Hace la guerra contra las drogas más daño que bien?

En una charla audaz, el reformista de la política de drogas Ethan Nadelmann hace un apasionado alegato para acabar con el movimiento “retrógrado, despiadado y desastroso” para erradicar el tráfico de drogas. Da dos grandes razones de por qué deberíamos centrarnos, en cambio, en una regulación inteligente.

Políticamente (in)correcto

No hay nada repartido de modo más equitativo que la razón: todo el mundo está convencido de tener suficiente.
René Descartes

Coincidirán conmigo en lo complicado que resulta quedar bien con todo el mundo. Para su tranquilidad, no es dificultad, es algo imposible. Especialmente en un mundo de conveniencias, de evitación de las confrontaciones, de postureo mediático y pseudopolítico.

Si no me creen, prueben a integrarse en diferentes grupos de whatsapp de supuestas ideologías diferentes. ¡Es una auténtica paranoia! Si no coincides en todo con los anatemas del espacio virtual en cuestión ¡estarás totalmente perdido!

No es complicado de entenderlo desde un punto de vista psicológico, e incluso evolutivo. Los seres humanos tenemos la necesidad de recibir la aprobación del grupo. Lo que no es sino una variación de los momentos en que es necesario actuar como una unidad, aunque seamos muchos. Una situación amenazante o peligrosa, por ejemplo.

Y, aunque esto pueda tener su utilidad en dichas circunstancias, en la que es imprescindible funcionar como una máquina bien engrasada, en otras actúa totalmente en contra de la capacidad de discernimiento y criterio propio.

Así nos encontramos con que, todo aquel que se salga de las normas, implícitamente establecidas, para una determinada situación, forma de pensar o … digamos ¿equipo de fútbol?, es perseguido por lo que dice o hace. Una forma, coincidirán conmigo, bastante clara de censura universal.

Es imposible, como les comentaba más arriba, contentar a todas las personas. Y es aún peor intentarlo. Esto provoca que, poco a poco, perdamos nuestro criterio propio y nos vayamos adecuando a lo que piensa o hace (la masa) el grupo. Sin cuestionarlo. Porque eso pondría en peligro los cimientos del mismo.

Así nos vemos metidos en una sociedad de personas que son incapaces de pensar por si mismas sin necesitar o buscar la aprobación de los demás. Una sociedad que propicia individuos adocenados que serán presa fácil de cualquiera que quiera manipularles.

A mi, personalmente esta situación, cada vez más reconocible a nuestro alrededor, me preocupa.

¿Te fías?

Hay momentos en la vida de todo político, en que lo mejor que puede hacer es no despegar los labios.
Abraham Lincoln

Últimamente todos hablamos de conceptos como “valores”, “moral” o coherencia, especialmente los políticos. Pero los estudios sobre toma de decisiones están demostrando claramente que un mantener un “código moral incorruptible” es difícilmente posible, aunque nos lo vendan así

Nuestras decisiones respecto a dilemas éticos se gestan en el contexto y pueden ser influenciadas por nuestro humor, nuestras acciones recientes o las acciones recientes de las personas que conocemos

Una nueva investigación realizada por un grupo de psicólogos de Illinois (Estados Unidos), añade otro aspecto a la lista de factores que moldean nuestra moral: la “distancia psicológica” entre una persona y una situación determinada. Los resultados obtenidos en una serie de cinco experimentos sugieren que la distancia física (vg. Ocurre en Malasia) o la distancia temporal (vg. Ocurrirá en un par de años) puede llevarnos a centrarnos más en las consecuencias de una acción que en la ética de la misma.

Esta distinción tiene un importante impacto en la forma en que las personas manejan dilemas morales. Por ejemplo, a los participantes se les comentaba acerca de construir una presa que salvaría especies de peces en peligro de extinción a la larga, pero a corto plazo provocaría la desaparición de otras. Cuanto más tarde se les permitía empezar dicha obra, más proclives eran a acceder a hacerlo. La distancia temporal les condujo a tomar decisiones basadas en las consecuencias frente a la responsabilidad de matar a muchos peces.

Respecto al discurso político, el estudio muestra claramente lo inútil de preguntar acerca de los planes a los candidatos, incluso si tenemos en cuenta que son genuinos al cien por cien. ¿Bajará los impuestos? ¿Parará los desahucios? ¿Incentivará el empleo? …

El entorno contextual de las decisiones morales nos dice que sea lo que sea lo que nos prometan respecto a una situación futura, la decisión puede ser radicalmente distinta cuando se la encuentran frente a sus narices.

Batiburrillo

En materia de gobierno todo cambio es sospechoso, aunque sea para mejorar.
Sir Francis Bacon

Existe una costumbre, humana, por cierto, de mezclarlo todo. No es nada extraño que cuando nos enfrentamos ante la necesaria solución de un problema, surjan voces que vayan incorporando otros más, con la excusa de su interrelación.

Si bien es cierto que el abordaje de cualquier fenómeno implica una visión amplia y, en cierta forma generosa, de sus posibles soluciones, no lo es menos que nos puede llevar por las nubes y dejar sin efecto cualquier intento de avance.

Lo vemos desde todos los ámbitos, pero en estas semanas convulsas por los cambios políticos, hemos comprobado como el conocido refrán de que a río revuelto, ganancia de pescadores, se ha manifestado en su más virulenta expresión.

La capacidad de un determinado tipo de personaje público para capitalizar todos los descontentos, ha llegado a su máximo con la campaña de las elecciones americanas. Y es difícil explicar como unas personas han votado, por razones opuestas, al mismo candidato.

Podríamos modificar el refrán y dejarlo así: a río revuelto, gana el pescador con menos escrúpulos para hacerlo. Incluso el que nos convence de haber pescado más, aunque no sea así.

¿Por qué ocurre esto? Paradójicamente, por desesperación y esperanza, al mismo tiempo. Cuando más desesperados estamos, más bajamos el listón de nuestra esperanza. Y la ponemos en manos de quien parece tener las ideas claras. Aunque no sea así.
Porque este es el segundo fenómeno que explica los votos inexplicables. El velo que trazamos sobre el resto de argumentos que, en ocasiones más benignas, nos horrorizarían. Vemos solo lo que nos concierne.

Esto no es un mérito de ningún tipo de estratega político. Es simplemente salir al campo de juego y saltarse todas las reglas. Y conseguir que se le de el partido por ganado.

Pero no nos despistemos, la responsabilidad recae en quien olvidó hace tiempo cual era el problema y se sumergió en un mar de derivaciones o condicionantes del mismo.

Es muy sencillo. Las personas quieren una vida digna. Y quien no sepa lo que eso significa, no me vale.

Piel

 

No hay que temer a los que tienen otra opinión, sino a aquellos que tienen otra opinión pero son demasiado cobardes para manifestarla.
Napoleón Bonaparte

El grosor de la piel de muchos de nosotros, metafóricamente hablando, es muy fino. La tendencia humana a tomarlo todo como personal, embistiendo a cualquiera que manifieste una opinión contraria a la nuestra, es la tónica habitual en muchos ámbitos.

En alguna ocasión hemos tenido, también, la oportunidad de compartir como los comentarios negativos, tienen la característica de desactivar a muchos positivos. Es lo que le ocurre a una actriz o a un músico cuando, entre un montón de críticas positivas, se “engancha” en la única negativa.

Lo paradójico es que, de esta manera, somos nosotros mismos quienes conseguimos con nuestra reacción, la multiplicación hasta el infinito, de un comentario malsonante, de una opinión despectiva o de unas palabras hirientes. Unido a ello, además, estamos desdeñando todas aquellas expresiones positivas que se pierden en nuestra indiferencia.

Más allá de que nos pueda resultar desagradable al oído, lo negativo nos hace reaccionar por mero instinto de supervivencia. Es una amenaza. Pero también hay que destacar que cuando ocurre, somos nosotros, los que pasamos a tener mucha responsabilidad en su difusión. Recuerden aquello de la primera piedra …

Por esto, y más allá de la educación de quien profiere insultos o comentarios descalificantes, la responsabilidad de su efecto pasa, a medida que se repite para rechazarlo, al que lo recibe.

Si no recuerden el cuento del viejo samurai que, ante los insultos y provocaciones de una aspirante engreído a sucederle, permaneció impasible hasta el agotamiento de su joven adversario. Al ser preguntado por sus discípulos porque no se había defendido respondió “si me ofrecen un regalo y no lo acepto, es quien lo trae el que se vuelve con él“.

Carta por la compasión

 

El fanatismo religioso o ideológico, un tipo de mentalidad estrecha, agresiva y etnocéntrica, se encuentra detrás de decenas de actos de violencia que nos sacuden semana a semana. Si es verdad que las religiones contienen en su centro un mensaje de amor, tolerancia y paz universal, ¿Cómo es posible que en nombre de la religión se destruya, se persiga, se excluya, se mate? ¿Es posible trascender nuestras diferencias religiosas, raciales, ideológicas, culturales, y caminar juntos hacia la co-creación de comunidades más inclusivas, respetuosas y compasivas?

El 12 de noviembre del año 2009 se publicó un notable documento tras de meses de trabajo en colaboración entre líderes de diversas religiones e importantes pensadores a nivel mundial. Este documento fue llamado “Carta por la Compasión” (The Charter of Compassion) y surgió a partir de la motivación de Karen Armstrong, una mujer que fue monja católica hace algunas décadas y que actualmente es una de las pensadoras e investigadoras más destacadas en el tema del rol de las religiones en el mundo actual. El año 2008, Karen Armstrong obtuvo el premio TED, un reconocimiento que se entrega anualmente a tres individuos excepcionales, cada uno de los cuales recibe 100.000 dólares y, lo que es más importante, la concesión de “un deseo para cambiar el mundo”.

El deseo de Karen Armstrong para cambiar el mundo consistió en crear de manera colaborativa, interreligiosa e intercultural una Carta por la Compasión, un documento acerca del valor esencial del respeto básico a todos los seres humanos, independientemente de las diferencias raciales, sexuales, culturales y religiosas. Este principio básico es compartido por todas las religiones del mundo y a menudo se conoce como la “regla de oro”: Tratar a los demás como te gustaría que te traten a ti.

La creación de la carta comenzó con un proceso abierto de escritura a nivel global. Las ideas compartidas iniciaron un diálogo que continuó mientras se finalizaba y lanzaba la carta en el sitio web http://www.charterforcompassion.org. Gente de todas partes del mundo han participado en esta carta y también importantes pensadores procedentes de diversas tradiciones y culturas han colaborado con pasión, entendimiento, convicción intelectual y esperanza.

Te invito a que te tomes un momento para leer la Carta por la Compasión, y ve si resuena con lo que aspiras para ti y para el mundo. (Haz click aquí para descargar una versión amable para impresora).

Carta por la Compasión

El principio de compasión permanece en el corazón de todas las tradiciones religiosas, éticas y espirituales, y siempre nos pide tratar a los otros como nos gustaría ser tratados. La compasión nos impulsa a trabajar sin cansancio para aliviar el sufrimiento de nuestros semejantes; nos motiva a dejar de lado el egoísmo y aprender a compartir y nos pide honrar la inviolable santidad de cada ser humano, tratando a todos, sin excepción, con absoluta justicia, equidad y respecto.

Es además necesario en la vida pública y en la privada abstenerse de causar dolor de manera sistemática y categórica, actuar o hablar de manera violenta, obrar con mala intención, manejarse priorizando el interés personal, explotar o denegar los derechos básicos e incitar al odio denigrando a los otros – aunque sean enemigos – actuar de manera contraria, implica negar nuestra humanidad. Reconocemos haber fallado en vivir con compasión y sabemos que alguien ha incluso incrementado la miseria humana en nombre de la religión.

Por eso pedimos a hombres y mujeres ~ restaurar la compasión al centro de la moralidad y de la religión ~ volver al antiguo principio que afirma que cualquier interpretación de la escritura que incite a la violencia, el odio o al desprecio, es ilegítima ~ garantizar a los jóvenes una información positiva y respetuosa sobre otras tradiciones, religiones y culturas ~ estimular a una positiva apreciación de la diversidad cultural y religiosa ~ cultivar una empatía consecuente con el sufrimiento de los seres humanos, hasta con aquellos que consideramos enemigos.

En nuestro mundo polarizado hay una necesidad urgente de transformar la compasión en una fuerza clara luminosa y dinámica. Arraigada en la determinación de trascender el egoísmo, la compasión puede romper las fronteras políticas, dogmáticas, ideológicas y religiosas. Nacida de nuestra profunda interdependencia, la compasión es esencial para las relaciones humanas y para la realización de la humanidad. Es el camino hacia la claridad, indispensable para la creación de una economía justa y de una comunidad global y pacifica.
Esta carta puede ser afirmada de manera individual, grupal o colectiva, sirviendo precisamente como un mapa de navegación al cual acudir para planificar nuestras acciones y proyectos desde la intención profunda de aportar al alivio del sufrimiento individual y colectivo. Naturalmente, la carta no es algo que se cumple o no se cumple 100%, más bien funciona como una estrella guía, una dirección hacia la cual encaminarnos y hacia donde redirigir el rumbo cada vez que sea necesario. Desde que Karen Armstrong lanzó la Carta por la Compasión el año 2009, más de 100.000 de personas la hemos firmado, tomando así el compromiso público de incorporar la compasión como un valor central en nuestras vidas.

También a partir de la Carta por la Compasión ha surgido un movimiento de Comunidades y Ciudades Compasivas, en donde una comunidad, pueblo o ciudad puede afirmar la Carta por la Compasión. Aunque cualquier persona puede iniciar el proceso de crear una comunidad compasiva, la idea es que el proceso sea diseñado e implementado por un grupo diverso e inclusivo de personas de una comunidad de manera que la diversidad de voces y necesidades de la comunidad sean escuchadas y tomadas en cuenta. Las ciudades y comunidades que toman el compromiso de transformarse en ciudades o comunidades compasivas comienzan por identificar los problemas que enfrenta la comunidad y que necesitan ser abordados desde la mirada y la acción compasiva. Por ejemplo, una comunidad puede tomar conciencia de que tiene problemas importantes respecto a la inclusión de las minorías raciales, religiosas o sexuales. Otras comunidades pueden detectar problemas de violencia de pandillas, la ausencia de un sistema de salud o de pensiones que realmente sirva a las personas, o la falta de áreas verdes en zonas más vulnerables. Hasta ahora hay 62 ciudades a nivel mundial que han firmado la carta por la compasión y otras 284 que se están organizando para crear un plan de acción compasivo (ninguna de ellas es Chilena, todavía).

El movimiento de las ciudades compasivas es altamente necesario, muy importante en el mundo actual. Creo que globalmente necesitamos una actitud más compasiva. – XIV Dalai Lama

La idea que subyace a la creación de una comunidad compasiva es que detrás de los conflictos, las desigualdades, la aparente indiferencia de nuestras sociedades modernas, corre un río profundo de compasión y amor, que no es otra cosa que el deseo básico humano de ser felices y estar libres del sufrimiento, unido a la toma de que esto no es posible mientras sabemos que hay otros que sufren. Esta fuente de recursos está esperando ser activada y liberada en forma de acción efectiva que alivie el sufrimiento donde sea que exista.

No nos confundamos: esta idea es más pragmática que romántica. A partir de la investigación psicológica y neurológica disponible hoy en día, sabemos que la compasión es un ingrediente fundamental para mantenernos sanos y resilientes, tanto a nivel individual, relacional y colectivo. Esto se ha visto confirmado por la experiencia inicial de las ciudades que han afirmado la Carta por la Compasión (ver por ejemplo, la experiencia de Luisville o de Seattle), ciudades en donde desde el alcalde hasta los ciudadanos han ido incorporando un modo distinto de interactuar y de resolver los problemas que refleja el valor de la empatía y la compasión. El Instituto Internacional para las Ciudades Compasivas se creó con el Premio TED y ofrece capacitación presencial y online a personas y grupos que se embarcan en el proyecto de convertir sus ciudades en ciudades compasivas.

Tal como desarrollar una mente y corazón compasivos trae beneficios personales y relacionales, afirmar la Carta por la Compasión como comunidad, ciudad, región o país puede transformarse en beneficios concretos, tangibles y medibles. En principio, hacerlo puede favorecer el desarrollo de relaciones más sanas entre el gobierno y los ciudadanos, y también entre los mismos ciudadanos, disminuyendo el rencor, la falta de confianza y el cinismo, todo lo cual tristemente se ha vuelto “lo normal”. Sinceramente creo que podemos movernos más allá de “lo normal”, y la Carta por la Compasión puede ser una buena brújula para la aventura.

Original de este artículo en el blog cultivarlamente.com, que te recomiendo seguir