Agravio comparativo

Aquel que desee convertirse en maestro del hombre, debe empezar por enseñarse a sí mismo antes de enseñar a los demás; y debe enseñar primero con el ejemplo antes de que lo haga verbalmente. Pues aquel que se enseña a sí mismo y rectifica sus propios procedimientos, merece más respeto y estimación que el que enseña y corrige a otros, eximiéndose a él mismo.
Gibran Khalil

Uno de los papeles más importantes de alguien que pueda ser referencia para los demás, es su ejemplaridad. Esto es aplicable a cualquier persona que se encuentre en una situación de visibilidad social, y que además lleva aparejada una cierta responsabilidad.

Cuando además de estos dos aspectos, unimos la representación de los ciudadanos, estos valores se vuelven especialmente relevantes. Esperamos que aquellas personas en las cuales depositamos nuestra confianza sean personas honestas, honradas y sinceras.

Si esto no ocurre, o si observamos que utilizan el poder que hemos depositado en sus manos para su propio beneficio, nos decepcionamos. Lo hacemos con quien lo hace pero, por extensión, lo hacemos también con muchas otras personas que si son ejemplares.

Por esto el daño que pueda hacer una persona que detenta un cargo público, va más allá de su propia responsabilidad. Se extiende a quien es la apoyan, justifican, o intentan minimizar su trampa. Haciéndolo nos llevan a cuestionar, incluso, los cimientos de un sistema.

Creo que es necesario, en este momento, recordar el importante papel de modelo que tienen las personas con responsabilidad política. Me atrevo a decir que ese papel está al nivel de cualquiera de sus otras capacidades. Nos está representando y, al mismo tiempo, nos están reflejando.

El agravio comparativo que supone para quienes intentamos seguir las reglas, entendiendo que están hechas para el beneficio de todos, se ve socavado profundamente cuando vemos que quien esperamos que las siga, se las salta. Las implicaciones que, a nivel personal, tiene estas actuaciones tramposas en nosotros van desde la inseguridad, la desconfianza y la desesperanza.

Y, cuando esto ocurre, nos empobrecemos como como individuos y como país. ¿A alguien le extraña que sean los países menos corruptos los que den mayor índice de felicidad en las encuestas?

Anuncios

Dejar ir

Cuando una puerta se cierra, otra se abre; pero a menudo miramos tanto tiempo y con tanto dolor a la puerta cerrada, que no vemos la que se ha abierto para nosotros
Herman Hesse

El secreto para el perdón consiste en dejar ir. Una de las habilidades más importantes que podemos desarrollar para vivir una vida plena y feliz. Se trata de pensamientos, creencias, relaciones, personas … que dejamos que se queden en nuestra vida, aún siendo conscientes que no nos están aportando nada o que nos están haciendo daño.

Dejar ir consiste en aprender a decidir que es lo que ponemos en nuestra mochila emocional, incluso antes de meterlo en ella.

Dejar ir tiene que ver con la realidad. En lugar de confundirnos a nosotros mismos creyendo que tenemos poderes que no tenemos, decidimos aceptar la realidad. Principalmente la que tiene que ver con otras personas. No tenemos el poder de cambiarlas o de conseguir que vean las cosas de la forma en que nosotros las vemos. Por mucho que se puedan estar haciendo daño o nos lo hagan a nosotros.

Puede que más adelante -y esto es algo que saben bien muchos padres y madres-, decidan hacer lo que nosotros les sugiriésemos. Puede que incluso, nos pidan el perdón que hace tiempo nosotros decidimos darnos. O que nos digan que teníamos razón o que fue muy importante lo que les dijimos o sugerimos hace días, meses o años. Será entonces, en ese momento, cuando nosotros decidamos volver -o no-, a implicarnos con ellos. Pero para ello, es esencial que ejerzamos la decisión de hacernos a un lado.

Debemos aceptar la persona que somos ahora, en este momento, y también hacerlo con otras personas. Aprender que las cosas no van siempre como nos gustaría que fueses. En realidad, casi nunca lo hacen. Si somos conscientes de ello, de nosotros, entenderemos que pretender el control es una batalla perdida. Una en la que, además, corremos el serio peligro de quedarnos enredados donde no queremos estar.

La capacidad de sobreponernos

Seguro que si les preguntase que es resiliencia, me mirarían con cara de ¿que estás diciendo?

Otro bonito palabro, de estos que nos gusta usar en psicología. Y que es mucho más fácil de explicar, si lo hacemos de forma sencilla.

La resiliencia es nuestra capacidad de aguantar, o mejor, de afrontar, las circunstancias más adversas.

Es algo innato. Todas las personas lo poseemos. Desafortunadamente, nos venimos a dar cuenta, sólo cuando enfrentamos circunstancias difíciles.

Es, en ese momento, cuando encontramos una fuerza, que desconocíamos tener.

Aparece cuando no nos queda otro remedio que actuar, que ponernos manos a la obra, y abordar las dificultades que nos vienen encima.

Esta capacidad humana nos hace ver lo mejor de nosotros mismos, paradójicamente, en los momentos más adversos.

Pero no tiene ningún misterio. Las personas somos capaces de mucho más, de muchísimo más, de lo que pensábamos.

Y, aunque la resiliencia, se refiere a momentos complicados, su cultivo en cualquier momento de nuestra vida, no hará reconocer capacidades que no pensábamos tener.

Por esto, el consejo de hoy desde este video espacio es el siguiente:

Confíen en ustedes. Son capaces. Pueden conseguirlo.

No hay porque esperar a los malos momentos. Háganlo ahora.

No es tan sencillo

Por bien que uno hable, cuando habla demasiado acaba siempre por decir una necedad.
Alejandro Dumas

Escuchamos o leemos que para vivir mejor nuestra vida lo mejor es dejar ir, perdonar, soltar, fluir, y un montón de propuestas más, que de tanto utilizarlas se han quedado casi huecas.

Lo malo de la proliferación de los sistemas de soluciones rápidas, sean libros de autoayuda talleres de fin de semana o conferencias magistrales, es que, en muchos casos transmiten una idea de que cualquier cosa la podemos solucionar con un mínimo de esfuerzo.

Pero el esfuerzo es necesario, y mucho. Perseverancia, determinación, decisión, tolerancia a la frustración, y, en muchas ocasiones, ayuda profesional, son los componentes esenciales para conseguir superar nuestros problemas o mejorar nuestra vida.

A esto es a lo que se dedica la psicología. Basándose en la evidencia científica, utiliza métodos terapéuticos para ayudar a las personas a cambiar, mejorar, a pasar los momentos complicados, y aprender a ver la vida de otra forma.

Para conseguir esto hace falta algo más que haber pasado por situaciones difíciles en nuestra vida o haber visto o leído cualquier libro. Trasladar nuestras experiencias personales haciendo entender a otras personas que ellas pueden conseguir lo que nosotros creemos haber conseguido, es simplemente una estafa.

Se aprovecha de un conocido efecto en psicología que se refiere al impacto que tiene el modelo en cualquiera de nosotros. Puede llevarnos a decidir cambiar por nosotros mismos, inspirándonos. Pero ahí se queda, en el momento inicial que, si no es continuado puede llegar a producir el efecto contrario, frustrándonos.

¿Por qué nos enganchamos en lo negativo?

El hombre se convierte en lo que el cree de si mismo. Si yo me mantengo diciéndome a mi mismo que no puedo hacer cierta cosa, es muy probable que termine convirtiéndome en incapaz de hacerlo. De forma contraria, si yo tengo la creencia de que puedo hacerlo, seguramente voy adquirir la capacidad de hacerlo inclusive si yo no pude hacerlo en el principio.
Mahatma Gandhi

El ser humano tiende a recordar lo malo y olvidarse de lo bueno. Es adaptativo. No lo podemos evitar. Aquello que nos hizo daño, se queda más tiempo con nosotros, pensando que recordándolo será una buena manera de anticiparnos si vuelve a ocurrir..

Esto, que puede tener cierta lógica, nos puede llevar a vivir nuestra vida solo evitando lo que nos ha causado dolor. Y olvidando o menospreciando aquello que nos ha hecho dichosos o felices..

Cambiar este patrón de pensamiento exige un duro trabajo. Cuando algo bueno nos ocurre, pensamos que ha podido ser fruto de la casualidad, de la suerte, y en mucha menor medida de lo bien que lo hemos hecho..

La conocida frase de añorar lo que no tenemos y valorar lo que sí, encierra una doble lección. La que puede venir derivada de tener ambición de querer conseguir más cosas, de crecer, en definitiva. Y eso es bueno, siempre que partamos de una apreciación Y cariño hacia nosotros mismos..

La segunda lección es la que puede ser realmente destructiva. Porque nos lleva a pensar que nunca somos suficiente. Que nuestra vida actual, la gente que nos quiere, la gente que queremos, lo que hacemos, no vale la pena. Y que siempre tenemos que estar buscando algo mejor. Esto es peligroso..

Cambiarlo exige conciencia. Exige estar atentos a cómo pensamos, especialmente en los momentos en que somos felices, para vivirlo intensamente. Repasar qué es lo que nos hace dichosos una y otra vez. Hasta que lo fijemos en nuestro cerebro. Hasta que consigamos que tenga, al menos, el mismo valor, Que aquello que consideramos negativo.

Les invito a que lo hagan. A que cierren los ojos y piensen en aquello que les ha hecho feliz hoy, ayer, hace unos días a largo de su vida. Es el principio del entrenamiento de una felicidad sana, y basada en la propia experiencia..

Nuestro derecho a estar tristes

¿Vivimos una dictadura de la felicidad? La tristeza y la felicidad son las dos caras de una misma moneda. Forman parte del balance natural de nuestras emociones. Estamos viviendo unos tiempos en que muchas personas se sienten culpables por no ser felices.

Proliferan gurús, vendedores de humo o pseudoterapeutas, que prometen una vida maravillosa en pocos pasos.Frente a esto, la evidencia científica nos asegura que la mejor forma de disfrutar de una vida plena es conociéndonos, sabiendo que nos emociona y que nos hace sentir.

Esto se consigue con un compromiso con nosotros mismos. Para vivir una vida consciente y enraizada en nuestro presente. En este rato que compartiremos compartiremos algunas claves para comenzar este camino.

Te espero el próximo día 26 de Abril, a las 19.30, en el Gabinete Literario, Las Palmas de Gran Canaria

Entrada: 3€ / Aforo limitado. Puedes adquirir tu entrada aquí

DZ3IWFeWkAAWJfX.jpg

Siempre positivo

La vida es dura, y tiene sus partes buenas, claro.

Yo creo que ya es hora que pongamos las cosas en su sitio. La felicidad no se consigue solo teniendo una actitud positiva, pensando en positivo, viendo el lado bonito de la vida, o cualquier otra frase que se les pueda ocurrir.

Ser feliz depende de muchas cosas.Y la vida, si la vida, no es fácil. Es cierto que enfrentarla de una manera activa, en este sentido, si positiva, cambia mucho las cosas.

Pero no es lo único que ayuda. La perseverancia, El esfuerzo, la tolerancia a los momentos difíciles a la frustraciones, la capacidad de ver un poquito más allá de donde estamos, de vivir en el presente teniendo claro que el presente es lo que va a cimentar nuestro futuro….

Todas estas cosas, y seguro que muchas más que ustedes se les puedan ocurrir, son las que construyen nuestra felicidad..

Pensar que, por arte de magia, por leer un libro determinado, por ver una película determinada, asistir a un taller de fin de semana, nuestra vida va a cambiar, no es realista. Y lo peor es que nos puede llevar a un lugar incluso anterior al que estábamos antes empezar. aparte.

Por eso para averiguar cómo encontrar nuestra felicidad lo primero es la sinceridad con nosotros mismos. Esto se llama aceptación. Empezar desde que lo que tenemos. Y a partir de ahí construir.

Seguiremos hablando de cómo hacerlo.

Muchas gracias. Les espero el próximo jueves.

Críticas

Las críticas se evitan muy fácilmente si no decimos nada, no hacemos nada y no somos nada.
Aristóteles

Vivimos en un mundo donde la crítica es constante. Siempre habrá alguien haciéndolo. Opinando sobre lo que hacemos, que vestimos, de lo que hablamos o, incluso como somos. Si viviésemos nuestra vida continuamente pendientes de ellas nuestra vida sería un verdadero infierno. Pero a pesar de ello, el impacto de las opiniones de otras personas no es fácil de desactivar.

Quizás aquí sería importante distinguir entre críticas constructivas o negativas. O incluso entre aquellas solicitadas o no. Si le pedimos a alguien su opinión, estamos sujetos a que nos conteste según sus valores o esquemas. Y así debemos aceptarlo. Si no se la pedimos, es simplemente inapropiado que nos la den. Quien lo hace se califica a si mismo.

Pero, yendo más allá de lo que hagan los demás, la desactivación de las críticas o más específicamente, su impacto sobre nosotros, puede conseguirse siguiendo estos sencillos pasos.

En primer lugar siendo conscientes que es nuestra vida y que somos nosotros quienes decidimos quien entra a formar parte de ella. Esta es una decisión temporal y condicionada. Las personas que permitimos entrar en nuestro espacio personal, deben saberlo. No tienen carta blanca para criticar u opinar, por el hecho de estar en nuestro círculo afectivo. ¡Excepto nuestras madres, claro está!

En segundo lugar, debemos tener en cuenta que somos nosotros quienes validamos la crítica al prestarle atención. Cultivar el noble arte de ignorar a quien no nos respeta incrementará notablemente nuestra calidad de vida.

Por último estaría el deshacernos de la necesidad de contentar a todo el mundo. No es posible. Es como si estuviésemos intentando recorrer caminos en diferentes direcciones ¡al mismo tiempo! Terminaríamos mareados y perdidos.

En resumen y como bien dice la canción ¡It´s my life! O traducido “Es mi vida”.

Enfócate

Hay una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica: la voluntad. 
Albert Einstein

Enfocarnos, en un mundo que va a toda prisa y repleto de distracciones, exige dedicación y constancia. Es un trabajo diario, casi diría que momento a momento. Centrarnos en el presente, en lo que está aconteciendo es una de los componentes esenciales de este trabajo con nosotros mismos. Traernos amablemente a lo que es, en lugar de a lo que debería ser o quisiéramos que fuese. Para ello, es primordial tener compasión y firmeza. Y, por encima de todo ello, evitar los juicios que nos llevan al pasado. Es decir, a lo que debería haber sido.

¿Cómo podemos hacerlo? El foco, al principio, resulta un ejercicio complicado, casi extraño. Tenemos la sensación de no estar haciendo algo que deberíamos, incluso de estar perdiendo nuestro tiempo. Nos hacemos la pregunta de para que me voy a fijar en lo que ocurre en cada momento si, en el fondo, no lo puedo cambiar. Es esta forma de pensar la que nos distrae continuamente de nuestro objetivo  de protagonizar nuestra vida. Porque cuando comenzamos a entender que ésta se desarrolla en un espacio maravilloso que oscila en el tiempo actual. En ese tiempo en el podemos decidir como experimentar lo que somos y lo que nos acontece. Podríamos llamarlo “el tiempo mágico”, pequeños momentos en los que podemos comenzar a decidir a que prestarle nuestra atención, ajustando poco a poco, nuestro interés al ahora. En cierta forma, podemos decir que el presente lo podemos vivir, cuando nos damos cuenta que estamos modificando nuestro futuro más inmediato.

Es como si estuviésemos haciendo un sendero y, de repente, nos encontramos que está bloqueado por un desprendimiento. Podemos optar por lamentarnos porque nuestros planes, de futuro, para terminar la caminata, no son posibles, hacerlo porque no haber previsto posibles obstáculos, el pasado, o cambiar nuestro rumbo, hacia otro camino, modificando nuestro plan, y continuando con un nuevo plan.

La vida es igual. Haremos planes y tendremos que cambiarlos, por cualquier razón. La actitud que elijamos tener ante estos cambios en la que determinará nuestro foco. Si nos apegamos a lo que habíamos programado, es muy posible que no podamos prestar la atención debida a lo que los ha cambiado. Y esto, en la mayoría de las ocasiones nos lleva a la frustración y bloqueo. Ambos, ingredientes perfectos de la receta de la infelicidad.

No existen las personas tóxicas

O como estamos propagando un bullying emocional

No existen las personas tóxicas. Ya está bien.

Las personas tenemos momentos buenos, momentos malos. En algunas ocasiones esto puede durar más de un tiempo. En otros momentos, nos comportamos así casi de forma habitual.

Pero la palabra es eso, comportamiento. Es nuestra conducta. No como somos.

Este concepto de personas tóxicas, vampiros emocionales, que se ha puesto de moda propagado por una moda pseudopsicológica del placer, está consiguiendo que practiquemos una especie de bullying, a personas que lo que realmente necesitan es que les ayudemos.

Pueden estar pasando una mala racha, y lo que necesitan es precisamente es lo que les estamos negando.

Es verdad que, en muchos casos, la ayuda no se la podremos dar nosotros porque, según ellas mismas, podemos formar parte de su problema.

Con los comportamientos tóxicos tenemos que tener en cuenta que hay dos vertientes.

Uno, la persona que lo emite. ¿Qué problema tiene?¿Por qué se comporta de esa forma?¿Qué puede estar manteniendo su conducta (auto) destructiva?¿Qué características definen ese comportamiento?

La otra parte es como nos afecta a nosotros ese comportamiento. ¿De qué forma estamos respondiendo a él?¿Estamos contribuyendo nosotros, en alguna forma, a su mantenimiento?

Obviamente, corresponde a quien tiene un comportamiento tóxico, cambiarlo. En muchos casos, puede ser con nuestra ayuda, si es alguien querido, o alguien cercano.

Pero en otros casos, no va se posible. No aceptan la necesidad de cambiar y nosotros deberemos reaccionar durante un tiempo con contramedidas a estos comportamientos tóxicos.

La mejor -el silencio-. Ignorar. Pero no a la persona, sino a sus comportamientos inadecuados, poco respetuosos o desgradables. No responder a las provocaciones.

En cierta forma, la mejor reacción es, precisamente, la ausencia de reacción.

Hoy les dejo con mi frase del principio. No existen las personas tóxicas. Si los comportamientos. Y eso, se puede cambiar. En próximas entregas aprenderemos como.

Gracias. Y recordarles que esperamos sus propuestas y preguntas. ¡Hasta el jueves que viene!