¿De que depende? (bis)

El momento actual está lleno de alegría y felicidad. Si no estás atento, no lo ves.

Thich Nhat Hanh

La semana pasada dimos algunas claves para conseguir ser más felices. Hoy les dejo algunas más.

Las experiencias son mucho más valiosas que lo material. Divertirnos, y si lo hacemos en compañía, es una fuente inagotable de energía (positiva). Al hacerlo parece como si nos recargásemos, como si recuperásemos algo de lo que teníamos cuando éramos pequeños y disfrutábamos de las más pequeñas cosas. El contacto con otras personas, en un entorno lúdico, es un potente revitalizador emocional, que deberíamos propiciar más a menudo.

El ejercicio físico. Esto es mucho más que romper a sudar o quemar calorías. Son varios los estudios que nos muestran que la actividad física, está asociada a mayores niveles de satisfacción con nuestra vida. La influencia que puede tener en nuestra salud mental es algo cada vez más considerado por la psicología. Su importancia en el tratamiento de trastornos como la ansiedad o la depresión, se han demostrado como muy valiosos. Esto no quiere decir, en absoluto, que éstos se traten exclusivamente con el ejercicio físico.

Meditación. La influencia de esta práctica en nuestro día a día, contribuye a que consigamos estar en el presente. Experimentar el ahora y conseguir no perdernos en expectativas o recuerdos que nos condicionen. El mindfulness, utiliza la meditación para ayudarnos a estar en conexión con nosotros mismos.

Curiosidad. Nunca debemos perderla. Es la forma que tiene nuestro cerebro de aprender. Y esto nos hace muy felices. Nos gusta aprender. Consigue que trascendamos más allá de nuestra visión estrecha y condicionadora. Es importante porque nos ayuda a ver la vida desde otros puntos de vista, contribuyendo al cultivo de la empatía y la compasión.

Estas y otras son fuentes de felicidad, investigadas y corroboradas por la ciencia. ¿A qué esperas para ponerte a ello?

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Como combatir la soledad

Efectos y soluciones

Los cambios en la estructura familiar en nuestro mundo occidental han hecho que el número de personas que viven solas, se incremente considerablemente.

Esta “soledad”, puede estar provocando una mayor vulnerabilidad a la depresión, y su impacto resulta muy complicado de medir. Quienes están solos, no tienden a comunicarse.

El problema se está convirtiendo en algo tan serio que países como el Reino Unido, han creado una Secretaria de Estado para abordarlo.

La soledad es un fenómeno complejo que tiene características diferentes según la persona. Un niño que no hace amigos, una persona mayor que pierde a su pareja, alguien a quien su trabajo le limita mucho su socialización … La variedad es tan grande como personas pueden existir.

Pero la característica principal que une a todos los tipos de soledad es que quien la padece, no la ha buscado. Ni la quiere. Aunque, en algunas ocasiones, pueda buscar creer lo contrario, para poder sobrellevarla

La soledad tiene efectos negativos en nuestra salud física y mental.

¿Cómo podemos superarla?

  • Reconocer que la soledad es un síntoma de que algo debe cambiar
  • Entender los efectos que tiene la soledad en nuestra vida
  • Integrarse en actividades comunitarias u otras actividades que nos gusten y nos den, además, la posibilidad de conocer gente
  • Esforzarse en desarrollar vínculos con las personas que comparten nuestras actitudes, intereses y valores
  • Esperar lo positivo. Las personas solas esperan frecuentemente rechazo. En lugar de esto es conveniente anticipar una acogida agradable en nuestras relaciones sociales.

Estos serían los primeros pasos para salir de un estado no deseado.

Desde este breve espacio de psicología, en Canarias7, no les dejaremos solos.

Les espero el próximo jueves.

¿Trucos?

Supongo que es tentador tratar todo como si fuera un clavo, si la única herramienta que tienes es un martillo

Abraham Maslow

La psicología no tiene trucos. Los trastornos mentales no se solucionan con magia. Ni con remedios ocurrentes “que a mi me funcionaron”. Esto es peligroso. Y mucho. La intervención psicológica se fundamenta en la evidencia científica. En la corroboración de los resultados de sus propuestas clínicas por medio de la investigación.

La proliferación de consejos sobre “estilos de vida”, ha ido derivando cada vez más hacia la inclusión de recomendaciones sobre la ansiedad o la depresión, y otros trastornos mentales que requieren de la intervención de un psicólogo o psiquiatra.

Estas “soluciones mágicas”, resultan de lo más variopinto y pueden ir desde la recomendación de la “ducha fría” hasta que nos tomemos este u otro “remedio natural” para mejorar nuestro estado de ánimo.

Nos introducimos así en un complicado y pantanoso espacio donde podemos estar sugiriendo a personas que necesitan terapia psicológica, las más irresponsables soluciones “mágicas”. Algo totalmente intolerable.

Llegados a este punto, me gustaría dejar claro que el tratamiento de los trastornos mentales corresponde exclusivamente a psicólogos y psiquiatras. Y quien puede decidir si alguien necesita de terapia psicológica, son estos profesionales. Y no otros. En España y en otros países, además, estas especialidades sanitarias están sujetas a sus respectivos colegios profesionales, en los cuales se puede ejercer el derecho a reclamación.

¿De qué depende?

Mi felicidad consiste en que sé apreciar lo que tengo y en que no deseo en exceso lo que no tengo

Lev Tolstói

Leemos y escuchamos constantemente que la felicidad es una elección. Que depende enteramente de nuestras decisiones y que, poco menos, quien no lo hace es porque no quiere.

Esta forma de pensar esta siendo respaldado por un auténtico ejercito de “pensadores mágicos” que, a través de sus escritos, seminarios o libros, hacen pensar que somos nosotros los únicos culpables de no ser felices.

La ciencia, sin embargo, ha determinado que gran parte de nuestra felicidad -alrededor del 60%-, depende de la genética y de factores externos. Si hay alguna decisión que tomar, será respecto al 40% restante.

Conocer que conductas o actitudes, científicamente probadas, promueven nuestra felicidad, es un paso esencial para saber como cultivarla.

Las relaciones humanas parecen ser una parte muy importante de ello. Así lo sugieren los resultados de un estudio longitudinal llevado a cabo durante más de 70 años.  Quienes eran más felices (y saludables) eran quienes las cuidaban y cultivaban. Los lazos de apoyo con las personas que nos quieren y a quienes queremos forman una parte importante de este puzzle de la felicidad.

El tiempo y el dinero son otros dos importantes factores que condicionan nuestra felicidad. Disponer del primero para poder tener la vida que deseamos, y desarrollarnos como  seres humanos, es más valorado que el dinero. El bienestar mental -y físico-, también depende de nuestro nivel de ingresos. Es cierto que solo hasta un punto determinado, que depende del la renta per cápita del país donde se viva. Pero su importancia es esencial en nuestra felicidad.

Un factor especialmente importante lo constituye -y esto si es una decisión totalmente personal-, la velocidad con la que vivimos. Pararnos para apreciar las “cosas buenas” de la vida y dedicar tiempo a disfrutar de ellas, se dibujan como otra de las partes esenciales de nuestra satisfacción vital.

La generosidad es uno de los mayores “disparadores” de nuestro estado de ánimo. Sea llevar a alguien al aeropuerto o implicarnos en actividades de voluntariado, su influencia es determinante en como nos sentimos.

Estos son algunos de los factores que influyen en nuestra felicidad apoyados en la ciencia. Hay muchos más, que repasaremos en próximas ocasiones.

¿Vacaciones en familia?

 

                          Como gestionar las vacaciones en familia

Pues bien, ha llegado el verano. Y aparte del calor, de que los más pequeños no tienen clase, y de que parece un poco más fácil conducir en la ciudad, se supone que ahora toca algo de vacaciones.

En la mayoría de los casos esto significa que vamos a experimentar una época totalmente nueva y diferente de la que estamos acostumbrados a vivir casi todo el año.

Es el momento de desconectar, nos dicen. El momento de recargar las pilas. Pero ¿esto es así?

Las vacaciones para muchas personas pueden llegar a convertirse en un verdadero problema. Son momentos en los cuales volvemos a encontrarnos con esas personas que viven bajo nuestro mismo techo.

No exagero. Durante la mayoría del tiempo en el año escolar, las familias se ven muy poco. Las parejas también. Por eso no es extraño que el verano sea un momento especialmente complicado en el cual se producen muchos divorcios y muchas separaciones.

¿Qué podemos hacer? Quizás lo más importante es darnos cuenta de que esto ocurre.

Así podremos aprovechar el verano para conectar de nuevo. Para estar más tiempo con las personas que queremos, para hablar de aquellas cosas que a lo mejor durante el año cuesta más hablar, porque no hay tiempo.

Aunque todos nos gusta ir en verano de viaje, a conocer sitios nuevos, hacer lo que no podemos hacer durante el periodo laboral, dediquemos al menos parte de este tiempo a restablecer los lazos que nos unen a las personas que queremos.

Les aseguro que esas, si serán unas verdaderas vacaciones. De las que no nos olvidaremos jamás.

Mi propuesta para las vacaciones es bien sencilla. Aprovéchenlas para ser conscientes de ello. Este es un buen momento para planear lo que podemos hacer para estar más conectados con nosotros mismos. Y con los demás. Durante todo el año.

Hasta la próxima semana.

El cesto y la mesa

El valor intrínseco de la vida depende de la conciencia y del poder de contemplación, no de la mera supervivencia.
Aristóteles

Los seres humanos tenemos la costumbre de olvidarnos del balance en nuestras vidas. Dicho de otra forma, mostramos una tendencia natural a poner todas las manzanas en el mismo cesto.

Me explico. Una gran cantidad de problemas de los que experimentamos en nuestra vida vienen de dedicar toda nuestra atención a una sola parte de nuestra existencia. Sin pretender ser exhaustivo en el desarrollo de las consecuencias que esto puede conllevar, vamos a intentar dar una idea de lo que ocurre y de como podemos ir resolviéndolo.

Evidentemente, el primer paso para poder hacerlo es ser conscientes de ello. Y asumir que somos nosotros quienes nos hemos ido introduciendo en una dinámica excluyente y tóxica en nuestra vida.

Por simplificar, vamos a decir que nuestra vida se desarrolla en espacios. Podemos llamarlos emocionales. Éstos dependen más de con quien estamos, que de lo que estamos haciendo. Son el entorno laboral, el familiar y nuestro ocio y tiempo libre. Si imaginamos una mesa de tres patas, que sostiene nuestra estabilidad emocional, cada uno de estos “espacios”, es una de ellas. Si solo dedicamos tiempo, esfuerzo e implicación a una de las patas, nuestra mesa se caerá, inevitablemente. Si son dos, las cosas podrán ir un poquito mejor, pero seguiremos teniendo una mesa desestabilizada.

En el escenario ideal de dedicación a nuestras tres áreas, el siguiente paso consistiría en intentar que estén a la misma altura (las patas de la mesa) emocional. Fíjense que especificamos “emocional”, siendo conscientes que el tiempo que le dedicamos a cada una de estas partes de nuestra vida, difícilmente puede distribuirse de una forma equitativa.

Aquí es donde entraríamos en el concepto central del balance emocional, que no es otro que la presencia. Estar donde estamos, con quien estamos y en el momento en que estamos. De nada vale estar en el gimnasio o con nuestra familia, pensando en el trabajo.

Si conseguimos esto -que no es sencillo-, habremos dado un enorme paso para que nuestra mesita de tres patas se mantenga equilibrada.

 

¿Quién bien te quiere?

Nos hicieron creer que cada uno de nosotros es la mitad de una naranja, y que la vida solo tiene sentido cuando encontramos la otra mitad. No nos contaron que ya nacemos enteros, que nadie en la vida merece llevar a sus espaldas la responsabilidad de completar lo que nos falta.
John Lennon

El pasado jueves tuve la fortuna de presentar a mi colega Sílvia Congost, en una intensa e interesante conferencia sobre la dependencia emocional. En ella se resaltaba la influencia que han tenido los estereotipos del amor en que este tipo de adicción, se desarrollase. Es algo impresionante observar cómo hemos sido educados en una red de princesas, amor dependiente (o tóxico) y felicidad subrogada.

Hacernos creer que no somos personas completas sin otra persona, pudo tener una cierta justificación en los albores de la historia, y cuando era necesario la pervivencia de la especie. En la actualidad pensar que no somos felices si no tenemos alguien que nos haga feliz, es más bien un trastorno psicológico. Que nuestra autoestima esté ligada a la aprobación, al cariño, o al amor, de alguien, se convierte en un verdadero problema para muchas personas.

Por eso cualquier programa para la mejora de la autoestima, debe comenzar con el trabajo sobre la aceptación de quiénes somos. aprender a querernos, a entender que nuestra felicidad está en nosotros.

Esto no quiere decir que no busquemos relacionarse con otras personas. Al contrario. Si partimos desde una felicidad mutua y no dependiente, las posibilidades de tener una relación muy satisfactoria, y duradera, se multiplican.

El camino de la felicidad comienza con la aceptación. Con el autoconocimiento. Con el convencimiento de que somos suficientes. Así la decisión de compartir nuestra vida no será producto de la necesidad, sino de la elección consciente. Y no dependiente.

¿Muchas prisas?

¿No están cansados de tener prisa todo el rato? Parece que el mundo se nos fuera de las manos, que no supiésemos dosificar lo que tenemos que hacer. Y, en muchas ocasiones, nos vemos inmerso en una espiral de prisa. En la cual parece que no tenemos tiempo para hacer nada. Que sea lo que sea siempre nos queda algo por hacer. Que no somos capaces de disfrutar mínimamente, el momento..

Y a nuestro lado continuamente, nos están repitiendo que vivamos el presente. Que es el único momento que existe. Que dejemos de mirar al futuro y preocuparnos por él. Que el pasado, pasado esta. Y otra cantidad de sandeces, que lo que consiguen, en general es hacerlo sentir una sensación de incapacidad permanente. De falta de compromiso con nosotros mismos.

Frente a esto realmente, solo podemos tomar dos actitudes: una resignarlo, y vivir una vida de frustración; otras tomar las riendas de nuestra vida y ponernos a ello.
Si nos decidimos por esta segunda opción, empecemos organizando nuestra vida y nuestro tiempo. Con mucha paciencia, con mucho cariño, y con mucha compasión con nosotros mismos. No vamos a ser capaces de hacer todo lo que creemos que podemos hacer, en el tiempo que queremos hacerlo.

Pero, pero poco a poco, siendo realistas con lo que podemos conseguir, nos terminaremos sorprendiendo, con el paso del tiempo, de todo aquello que hemos logrado..

Este será nuestro mayor motivación para continuar con nuestros proyectos y con nuestros objetivos.

El jueves que viene les espero por aquí. Sin prisas.

¿Dónde está mi felicidad?

La felicidad depende más de la disposición interna de la mente que de las circunstancias externas
Benjamin Franklin

Nos dicen que la felicidad es una elección.¿Es esto cierto? Lo que si parece serlo, es la presión que está afirmación ejerce sobre muchas personas, que ha podido crear una sensación de incapacidad para conseguirlo. Nos estamos encontrando con quien por no ser feliz, se angustia. Es decir, la supuesta incapacidad para ser felices nos está llevando has todo lo contrario. Es absurdo,¿Verdad? Sin embargo, lo que he bautizado como la dictadura de la felicidad, se ha convertido en uno de los mayores problemas de salud mental para muchas personas.

Nos podemos pasar la vida esperando a recibir la felicidad, sin entender que la fuente somos nosotros. Porque seguimos esperando que sea una fuente externa quien nos de la felicidad. Y no es así. Nuestra felicidad está en nuestro interior, pero podemos pasarnos toda la vida sin ser conscientes de ello, buscando ahí fuera.

La gran paradoja de la felicidad, es que la búsqueda de la misma puede causarnos todo lo contrario. Son muchas las personas que se dirigen a las psicología buscando la respuesta a la pregunta que nos planteamos hoy ¿dónde está mi felicidad?.

Quizás el primer error que cometemos está precisamente ahí, en la búsqueda de algo, como si lo que estamos buscando, en este caso nuestra felicidad, no estuviese en nosotros..

Esta expectativa consigue que no hagamos una búsqueda activa, sino que nos empeñamos en encontrar la felicidad más allá de nosotros mismos. Nos convertimos, de esa forma, en terreno abonado para la dependencia. Nuestra felicidad, creemos, no depende de lo que hagamos, sino de lo que nos hagan.

Encontrar la felicidad es más un trabajo de limpieza que de búsqueda. Y no parece ser fruto de la casualidad, aunque la mayoría de nosotros lo veamos así

La felicidad es incompatible con las expectativas. No cuadra para nada con la insatisfacción, y tampoco con el conformismo. Va mucho más allá de decidir porque, en realidad, se trata de explorar. Las llaves de las puertas de nuestra felicidad, las tenemos nosotros mismos. Es verdad que el ambiente, con quien nos relacionemos, a quienes queremos o nos quieren, nuestras circunstancias vitales, parecen dejar poco margen para que podamos decidir. Y esa es la trampa.

Vivir es transformarse en lo que uno es.

Les espero el próximo martes, día 3 de Julio, en el Real Casino de Tenerife. Pueden reservar su entrada en este enlace.  ¡Te espero!

¿Qué estrés tengo?

La ansiedad es un chorro fino de miedo circulando por la mente. Si es alentado, abre un canal  que drena todos los otros pensamientos .
Arthur Somers Roche

Hay tres tipos de estrés a los que nos podemos enfrentar en nuestra vida diaria, y cada uno nos afecta de diferente forma.

El estrés es la reacción de nuestro cuerpo a situaciones, pensamientos o ideas que nos desconciertan y, en cierto modo, nos asustan. Es un sentimiento de incomodidad que nos atrapa y tiene una naturaleza bastante subjetiva. El estrés es algo personal, totalmente dependiente de la forma que tenemos cada uno de interpretar lo que pueda estar ocurriéndonos.

El estrés sin embargo, ha sido malignizado, aún sabiendo que no todos los tipos de estrés son perjudiciales para nosotros. De hecho un nivel moderado de estrés, puede ayudar a nuestra eficiencia e incrementar nuestros niveles de alerta. Podríamos decir este es un estrés positivo que nos estimula para conseguir aquello que queremos.

Pero es el estrés negativo, el que lleva a la constante preocupación y sus consecuencias se pueden manifestar tanto física como emocionalmente, provocando que la persona se sienta atrapada e indefensa.

Este tipo de estrés, se divide en tres grandes categorías, que actúan de forma diferente. Tienen consecuencias diferentes para nosotros, Y por lo tanto deben ser acordadas de una forma diferencial. Es importante que conozcamos y entendamos las diferencias existentes entre estos diferentes tipos. Estas son las tres categorías de estrés, según la asociación de psicología americana.

Estrés agudo

El estrés agudo lo sentimos prácticamente a diario. Es el tipo más común de estrés está habitualmente inducido somo resultado determinados cambios en nuestro entorno O de emergencias de diferentes tipos, que nos hacen reaccionar negativamente.

Este tipo de estrés  no puede decirse que sea totalmente negativo, ya que puede ser estimulante en determinadas dosis. Una montaña rusa, por ejemplo, crea un estrés agudo, pero en una forma que realmente no compromete nuestra salud.

El estrés agudo, sin embargo, comienza a ser peligroso cuando progresa en intensidad Y en la frecuencia con que aparece. Nuestra mente y cuerpo están acostumbrados generalmente, a este tipo de estrés, y saben cómo reaccionar. Hasta que te empieza a progresar. El trastorno de estrés agudo es una de las consecuencias a largo plazo del estrés Y se convierte en un problema de salud, cuando nuestro cuerpo y nuestra mente no son capaces de manejarlo con la misma eficiencia que lo hacían al principio.

Estrés agudo episódico

Este segundo tipo de estrés ocurre cuando experimentamos un período prolongado de estrés agudo, y puede tener consecuencias muy negativas para la persona. El estrés episó.dico ocurre frecuentemente Y permanecer por períodos más largos de tiempo, ejerciendo una gran presión sobre quien lo padece

La sobre activación es uno de los efectos más relevantes de este estrés, Y las personas que lo sufren están frecuentemente frustradas, irritadas, nerviosas y con una sensación de estar al borde de la ansiedad en todo momento.

Resulta muy común estén preocupadas en todo momento por una gran diversidad de razones, incluso las más triviales. Pueden ponerse agresivas, irritable e incluso extremadamente competitivas, empujándose a ellas mismas a un nivel de exigencia mental insano.

Estrés crónico

El estrés crónico es una de las formas más agónicas de estrés puede, literalmente, engullir a una persona. La hace sentir, de forma gradual, pero continua, indefensa, atrapada y completamente perdida en su dolor. Es algo muy desesperante.

Es el estrés de la pobreza, el de aquellas personas que viven en la guerra o de quienes son continuamente maltratados. Lo experimentan quienes viven en una familia disfuncional o se ven atrapados en un matrimonio infeliz. Sin sentir que puedan escapar de ello.

Se cree que lo peor de este estrés no es la tensión continua que supone, sino el hecho de que la persona se acostumbra a ir con el tiempo. Lo vive como algo normal y deja de intentar confrontarlo o manejarlo.

No hay que decir que los efectos de este último tipo de estrés pueden ser devastadores para la persona. Pueden conducirle al suicidio, infarto, o a cualquier otro tipo de consecuencias física en su organismo.

Conocer que tipo de estrés tenemos exige la evaluación por parte de un profesional de la salud mental. Su abordaje y tratamiento es algo complejo que no podemos manejar sin su ayuda.