Gratitud

Para obrar, el que da debe olvidar pronto, y el que recibe, nunca
Séneca

Decimos “gracias” pero ¿lo sentimos cuando lo hacemos?. Quizás es tiempo que lo repasemos. La mayoría de nosotros hemos oído hablar acerca de los beneficios psicológicos que supone expresar gratitud. Pero: ¿sabemos hacerlo? 

A continuación veremos algunas formas de confirmarlo. 

Aprecia a tu pareja

La gratitud puede funcionar como una especie de pegamento para tu relación. Dar las gracias por las pequeñas cosas que hacemos el uno por el otro, puede obrar maravillas. Y resulta especialmente cierto si se hace con las que habitualmente pasan inadvertidas.

Los estudios sugieren que los hombres vamos bastante detrás de las mujeres tanto experimentando, como expresando la gratitud. Pero ambos géneros seguro que nos podemos beneficiar de hacerlo un poco más. ¿Nos ponemos a ello? 

Comparte tus éxitos

A todos nos gusta que nos reconozcan aquello que consigamos. Pero, cuando pensamos en ello ¿lo hemos hacho solos?¿O hemos contado con algo de ayuda?

A todas las personas les gusta saber que su consejo, su aliento o su trabajo, es parte de algo exitoso.Y siempre es así. No conseguimos las cosas solos. Hay quien nos ayuda. En muchas ocasiones sin ser conscientes de ello. ¿No estaría genial decírselo? No seamos tímidos. 

La lista

Una de las favoritas de los estudios de gratitud. Hacer una lista es una forma sencilla de disparar la emoción positiva de la gratitud. La podemos elaborar en cualquier momento, relacionada con algo en particular o con nuestra vida en general. Todo es ponerse a ello.

De hecho no es necesario empezar escribiéndola. Podemos hacerlo ahora mismo. Cierra tus ojos y piensa en tres personas a las que tienes algo que agradecer. Puede que ya se dijeses, pero a lo mejor hace mucho tiempo de ello, o que no lo hicieses simplemente porque no surgió así. ¿A qué esperas para hacerlo? 

Utiliza tu lenguaje corporal

A veces no son suficientes las palabras. Los gestos son una magnífica forma de expresar nuestro agradecimiento, que las refuerza. Lo podemos hacer con una sonrisa que acompañe a lo que decimos, un saludo o un abrazo. 

La comunicación no verbal apoya enormemente nuestra intención y le da más calidez y credibilidad.

La carta

Escribir una carta de reconocimiento, agradeciendo es, probablemente una de las formas más elegantes de hacer constar a la persona que la recibe, nuestra profunda gratitud por su ayuda, su implicación, acciones o palabras.

Puede resultar algo clásico -de hecho es muy formal-, pero su impacto es absoluto. No estamos hablando de un email, que puede tener también su público. Una carta, original, firmada por nosotros, es la estrella de un agradecimiento que todos nos gusta recibir.

A ustedes que están al otro lado, leyendo lo que les propongo a diario ¡Gracias!

¿Quién eres en realidad?

¿Qué define quién eres? A Los psicólogos les gusta hablar sobre nuestros rasgos o características definidas que determinan quienes somos, Pero Brian Little está más interesado en los momentos en los que trascendemos esos rasgos, a veces porque nuestra cultura nos lo exige, y a veces por nuestra propia exigencia. Únete a Little mientras examina las sorprendentes diferencias entre introvertidos y extrovertidos; a la par que explica por qué tu personalidad podría ser más maleable de lo que crees.

¿Miedo a ser feliz?

Todos podemos entender el miedo a la serpientes, cucarachas o, incluso, a los payasos. Pero ¿El miedo a ser feliz? ¿Realmente es posible que alguien pueda temer serlo?

Un estudio publicado hace unos años exploró esta cuestión (Journal of Cross-Cultural Psychology) Los investigadores utilizaron una escala que medía hasta que punto asociaban sentirse felices con la posibilidad que algo malo ocurriese (como  consecuencia de su felicidad).

Este estudio arroja varias conclusiones. Las más evidentes, están relacionadas con el lógico miedo de las personas con depresión, a sentirse felices. Este trastorno provoca que las personas que lo sufren, teman que esta acabe y sentirse todavía peor. Una versión psicológica del dicho popular “virgencita, virgencita, déjame como estoy”.

Este estudio también muestra como las personas perfeccionistas, pueden temer sentirse felices, ya que asocian este estado con la vagancia o improductividad. Esto es algo que subyace a muchas de las concepciones relacionadas con la satisfacción laboral y el rendimiento. Precisamente la aplicación de la psicología positiva en la empresa está demostrando todo lo contrario. A mayor bienestar mental, mayor productividad.

Lo cierto es que, este miedo a ser felices, parece ser algo común. Si experimentamos una mala época tras momentos de felicidad, tenemos la tendencia a hacer una asociación causal. Sin embargo, cuando no ocurre nada despúes, no lo pensamos. Y lo cierto es que resulta mucho más habitual.

La explicación es bien sencilla. Si pasamos por una magnífica etapa de nuestra vida y nos sobreviene un disgusto, una catástrofe o una pérdida, la distancia emocional será mucho más grande. Algo que no ocurre si estamos en un estado emocional, digamos, neutro. De ahí esta aprensión a la felicidad.

En el fondo es la tendencia de nuestro cerebro a conservar energías. Si damos rienda suelta a la alegría, gastaremos mucha más emocionalidad para adaptarnos a otra situación. Si nos mantenemos en una meseta de ánimos, no tendremos esos sobresaltos, que gastan nuestras fuerzas.

¿Cómo podemos saber si tenemos miedo a ser felices

Las preguntas del estudio eran muy sencillas

¿Tienes miedo a ser demasiado feliz?¿crees que no mereces ser una persona feliz?¿Cuando lo eres, sospechas que algo malo va a ocurrir a continuación?

Cualquiera de estas preguntas respondidas afirmativamente, nos ponen una barrera invisible a disfrutar de lo bueno que nos ofrece la vida.

La pregunta es evidente ¿cómo puedo cambiar? También la contestación es sencilla. Empezando por lo más pequeño, y muchas veces obvio. Haciendo un repaso de todo lo que tenemos que agradecer justo en este momento a la vida. De ahí, seguir en un proceso de reconocimeinto diario, que nos permita tener “pequeñas dosis de felicidad“, repartidas en nuestro día a día.

No es algo sencillo. Y, en muchas ocasiones, si esta conducta temerosa de la felicidad se ha instaurado en nosotros, va a requerir terapia psicológica.

Tras esto, la felicidad se irá convirtiendo en un hábito cotidiano. También la tristeza. Y es este balance el que consigue que cambiemos y olvidemos nuestros miedos anticipatorios.

Pánico

El pánico asalta al individuo cuando se enfrenta con problemas y cree no tener capacidad para resolverlos. El pánico significa correr desorientado, no tener confianza alguna en las propias reacciones en una situación determinada; ser impredecible, no merecer confianza a los propios ojos.

Wayne Dyer

Lo hemos vivido esta Semana Santa. En diferentes lugares del mundo las bromas, intencionadas o no, de algunos graciosos o desalmados, han conseguido que se desate el pánico en aglomeraciones de gente.

Más allá del peligro que pueda suponer que muchas personas salgan despavoridas corriendo, este pavor no deja de ser un síntoma. Y lo es de una situación de intranquilidad, de inseguridad percibida y provocada por causas identificables.

Porque si hay algo que está consiguiendo este nuevo modelo de “terrorismo barato”, como alguien lo bautizo, es que sintamos miedo. Una sensación que puede recordar a cuando vivimos de cerca el terrorismo, la inseguridad ciudadana o, simplemente, la guerra. Nos hace conscientes que no vivimos en una burbuja y que cualquiera puede ser alcanzado por estos ataques.

¿Solución? El trastorno de pánico individual es tratable. El colectivo resulta algo más complicado. Entre otras cosas porque estamos acostumbrados a las soluciones externas. A pedir más policía, más barreras … Hasta que se haga realidad lo que vemos en muchas películas de ciencia ficción, y terminemos viviendo tras unas nuevas murallas.

El otro modelo de solución es más complicado, para que engañarnos. Exige conciencia social, empatía, compasión … y muchas otras actitudes y actuaciones, que no parecen estar en la ecuación de las soluciones que pedimos. Pero, no nos engañemos, no estamos viviendo un terror fundamentado en una religión. Lo que vivimos es la utilización de la religión (o el nacionalismo, en su caso) para asegurarles a quienes viven en una miseria material o de valores, que así cambiará todo. Aún a costa de morir.

Si. Coincido con quien dice que esto es un problema complejo. Por esto exige soluciones generosas, creativas e imaginativas. Mucho más que las que proponen los charlatanes y charlatanas que creen en la división de las personas según  … lo que quiera que se les ocurra.

Esquizofrenia paranoide

La esquizofrenia paranoide es uno de los trastornos mentales más espectaculares y populares. Se ha escrito y hablado mucho de ella, pero la realidad es que en el fondo es la gran desconocida, o mejor dicho, lo son quienes lo padecen.

Quien sufre de esquizofrenia experimenta una distorsión de los pensamientos y sentimientos. Lo que caracteriza a la esquizofrenia es que afecta a la persona de una forma total, por lo que quien la padece comienza a sentir, pensar y hablar de forma diferente a como lo hacia antes.

Es muy importante no olvidar que la persona que tiene una esquizofrenia no puede explicar lo que le está sucediendo, tiene miedo de hacerlo o de creer que está enfermo y por lo tanto no pedirá ayuda ni se quejará en la mayoría de los casos de lo que le sucede.

Por todo esto la mayor parte de ellos y especialmente, al comienzo de la enfermedad no aceptan tomar medicación ni acudir al especialista.  Es por esto, que el papel de los sistemas de salud e, incluso, los sociales y de seguridad, son esenciales. La necesaria coordinación entre los mismos es una forma de control que puede resultar clave, pero que no constituye garantía para que el enfermo se recupere o el entorno pueda asumirlo.

El tratamiento psicofarmacológico es esencial en el tratamiento de la esquizofrenia y demás psicosis, pero es esencial un buen soporte psicoterapéutico para su buena evolución.

En la fase aguda, y mucho más en un diagnóstico de cronicidad, se hace necesario el internamiento del paciente en un centro cerrado y su seguimiento por un equipo de salud mental de forma permanente.

Errores de atribución

Lo importante en mi opinión no es echar la culpa de un error de alguien, sino averiguar qué causó el error
Akio Morita

Imagina esta situación. Ves a un hombre joven con chaqueta y corbata caminando por una calle concurrida. Habla por teléfono, mientras está pendiente de lo que ocurre alrededor. Unos pasos más adelante, un estudiante va leyendo su cuaderno ensimismado, con unos cuantos libros en la mano.

El estudiante tropieza y, a duras penas consigue mantener el equilibrio. Los libros y los papeles que llevaba en sus manos se desparraman por todos lados. El ejecutivo que va detrás sortea al muchacho y a sus libros y continúa caminando.

¿Qué piensas de la escena?¿Porqué el hombre no se ha parado a ayudar al estudiante?

Si contestas “bien, parece que es una persona ocupada que habitualmente no ayuda a extraños en la calle”, las posibilidades de que estés cometiendo un error fundamental de atribución, son importantes. Tenemos la tendencia a dar explicaciones basadas en la personalidad que suponemos, más que en los factores objetivos situacionales que estamos observando. Podríamos decir “aparentemente tiene prisa para llegar a su trabajo, por eso no ha podido pararse. En otro momento seguro que lo hubiese hecho”. Esta segunda explicación es la más probable que hagamos, si quien no se ha parado fuésemos nosotros.

Otro aspecto curioso es la tendencia a explicar las situaciones propias fundamentándonos en lo que ocurre en el momento, no en nuestra forma de ser. Si le ocurre a otro, sin embargo, lo atribuimos a su personalidad.

También resulta llamativo como a la hora de explicar la conducta de los grupos, cometemos el mismo error. Atribuimos las decisiones que toman a las actitudes individuales de sus miembros, mientras que las que toma nuestro grupo las consideramos debidas a reglas colectivas del mismo.

Nuestra creencia de que es la personalidad la que causa nuestra conducta nos hace sentir que tenemos mayor control sobre nuestras vidas. A pesar de saber que estamos cometiendo un error fundamental de atribución, se nos hace muy complicado dejar de hacerlo.

Conocer este fenómeno puede ayudarnos a dejar de interpretar la conducta de otros, de forma diferente a como lo hacemos con la nuestra. Es un comienzo que nos puede ayudar a aprender a aplicar a los demás lo mismo que nos aplicamos a nosotros.

En cuanto a la situación del principio, si nos ponemos al lado del padre o la madre del niño que se le cae todo al suelo, seguro que pensaremos que nuestro amigo de la chaqueta es un engreído. No obstante, si pensamos en que el que va concentrado por detrás está hablando con un cliente al cual no puede cortar, nuestra interpretación de la situación será otra diferente.

Es muy importante conocer la mayoría de los datos, a la hora de formarnos una opinión y, además, tener en cuenta nuestra tendencia natural a cometer el error fundamental de atribución en todas las facetas de nuestra vida.

Esto nos ayudará a no juzgar sin fundamento.

Cambiemos nuestras ideas

La perspectiva lo es todo, sobre todo cuando concierne a tus creencias. ¿Eres un soldado, dispuesto a defender tu punto de vista a toda costa? ¿O un explorador, movido por la curiosidad?

Julia Galef examina las motivaciones que hay detrás de estas dos actitudes y cómo moldean la forma en la que interpretamos la información, todo mezclado con una lección de historia imponente de la Francia del s. XIX.

Cuando pongas a prueba tus opiniones más firmes, Galef te pregunta: “¿Qué es lo que más deseas? ¿Deseas defender tus propias creencias o deseas ver el mundo lo más claramente posible?”.

Una magnífica charla sobre como podemos comenzar a cambiarnos a nosotros mismos. Tan sencillo como observar, sin juzgar.

Resiliencia

Nuestra mayor gloria no esta en no caer, sino en levantarnos cada vez que caemos.
Confucio 

La resiliencia, según la definición de la Real Academia Española de la Lengua es la capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas, pero en psicología añadimos algo más al concepto de resiliencia: no sólo gracias a ella somos capaces de afrontar las crisis o situaciones potencialmente traumáticas , sino que también podemos salir fortalecidos de ellas.

No es algo con lo que vengamos de fábrica. Se construye, se aprende y se desarrolla. Si queremos ser capaces de manejar los retos de la vida, con mayor competencia, cambiar situaciones potencialmente negativas en positivas, y aprender de ello, este artículo te ayudará a conseguirlo.

Las personas resilientes tienden a ver las dificultades que se les presentan en la vida, como retos, y responden activamente a ellas. Pueden tener miedo, pero no les detiene para afrontarlas, sin culpa o mentalidad de víctima. Un importante paso para conseguirlo es desarrollar una comunicación positiva con nosotros mismos. Salir de los pensamientos automáticos negativos y enfocar nuestra actitud hacia las soluciones

Una parte muy importante en esta construcción de nuestra capacidad de afrontamiento es la conciencia emocional. En ocasiones nos sentimos saturados con nuestros pensamientos o sentimientos. Esto nos hace sentir miedo y nos puede llegar a paralizar. 
Conocernos bien, saber que nos desestabiliza, es una importante habilidad que nos ayuda a saber que cambios hemos de introducir en nuestra vida. Exige trabajo para saber cual es nuestro estilo de enfrentarnos a los retos y modificar lo que sea menester. Llevar una agenda puede ser de gran ayuda. Sin saber como nos hablamos, es difícil saber como nos queremos hablar.

Una tercera estrategia muy valiosa la constituye la consciencia de que es lo que está controlando nuestra vida. En psicología esto se denomina “locus de control”. Si es externo, son los acontecimientos y personas que nos rodean los que están dirigiéndonos. Si, por el contrario, tenemos un locus de control interno, nuestra sensación de que estamos al mando de nuestras vidas, es mucho mayor. Somos nosotros quienes decidimos como reaccionar.

Otro pilar importante de este edificio de la resiliencia, lo constituye el optimismo. Serlo es algo más que mirar el lado brillante de la vida -aunque esto ayude-. Es una forma de ver el mundo en la que maximizamos nuestras fortalezas y minimizamos nuestras debilidades. Miramos mucho más hacia lo que sale bien, y aprendemos de lo que no ha ido como queríamos.

En este camino de retos, nuestros amigos o familia son otra de las claves esenciales para conseguir nuestro objetivo. Una red de apoyo puede ayudarnos a hacerlo más sencillo. Y no es solo que lo faciliten, sin que nos proporcionan alternativas que quizás no nos vengan a nosotros a la cabeza.

Así como hemos comentado la importancia del optimismo, no podemos dejar de destacar la que tiene el sentido del humor. Ser capaz de reírnos ante las adversidades de la vida es una fuente de inmunidad psicológica, no siempre valorada. Consigue que relativicemos los fracasos, los tropiezos, o las circunstancias más complicadas que se nos puedan presentar.

Por último, y puede parecer hasta obvio que esta capacidad de la resiliencia, esté íntimamente ligada a la de no rendirnos. Es la perseverancia en la adversidad la que termina determinándolo. Por mucho que las cosas se tuerzan, ser capaces de levantarnos y seguir es quizás, el indicador más claro ello.