Trolls

Nuestra crítica consiste en reprochar a los demás el no tener las cualidades que nosotros creemos tener.

Jules Renard

No se asusten. No vamos a hablar de literatura fantástica -por mucho que me guste-. Troll es el término empleado para aquellas personas que mantienen una actitud negativa ante cualquier cosa que se nos pueda ocurrir. Especialmente con aquello que no se desenvuelve de acuerdo a lo ellos o ellas, estiman que debería ser.

En este mundo conectado, todos los que publicamos de forma más o menos abierta, en redes, estamos sujetos a que opinen sobre lo que escribimos. Distinguir a los trolls, es sencillo. No van a estar de acuerdo con nada que escribas. No les va a gustar.

Pero ¿por qué existen los trolls? Podríamos aventurar varias razones:

La primera es la notoriedad. Opinar lo contrario, en negativo, consigue siempre mayor relevancia. Es el sesgo negativo, que hemos explicado en muchas ocasiones. Lo positivo no lo percibimos como una amenaza, y lo negativo si.

La segunda son las expectativas. Como hemos dicho antes, pensamos que la vida se debe desarrollar según lo que nosotros creemos. Y cuando no ocurre así, simplemente, no nos gusta. Y nos ponemos de mal humor. Los trolls manifiestan su frustración. Y muchas veces, de una forma muy desagradable

Y en tercer lugar está el ego. Pensamos que todo tiene que ver con nosotros, para lo bueno o para lo malo. En este sentido, a los trolls les va a dar igual que nuestros argumentos estén sólidamente sostenidos. Seguirán en su opinión y la mantendrán como una verdad absoluta.

Este fenómeno siempre ha existido, aunque no lo llamábamos así. Tenía otro nombre.

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Incertidumbre

La mayor virtud de un buen marinero es una saludable incertidumbre.
Joseph Conrad

Al ser humano no le gusta la incertidumbre. A lo largo de los años, nos van y nos vamos educando, para anhelar lo predecible, lo seguro, lo estable. Es probable que esta idea venga de nuestro miedo a abrazar la consciencia de que somos finitos, que tenemos fecha de caducidad. Esto hace que nos pasemos gran parte de nuestro tiempo, de nuestra vida, preparándonos para el futuro. Intentando, en cierta forma, programarlo.

Esta creencia falsa o falacia de control es la fuente de muchos trastornos psicológicos del espectro de la ansiedad y la depresión. Al sentir que el futuro no se desarrolla en el presente como queríamos, nos enfadamos, nos entristecemos o nos asustamos. Y esto provoca desasosiego y angustia. No somos capaces de aceptar que las cosas se han desarrollado de otra forma a la que esperábamos. Y nos venimos abajo.

De esta forma de pensar se aprovechan quienes conocen que la incertidumbre nos hace sentir mal. Y nos ofrecen lo contrario. Nos venden seguridad, estabilidad o control, sobre algo que nunca estará en nuestras manos. Porque, seamos contundentes ¡el futuro no se puede predecir! Y esta es la única verdad. La incertidumbre es la regla de la vida. Por mucho que nos esforcemos en controlar lo que pueda ocurrir, nuestra probabilidad de éxito es, cuando menos, limitada.

Solo será la propia consciencia de nuestra existencia individual, no aquella que se supone debe ser de una forma determinada sino la que se basa en nuestro conocimiento propio o autoconocimiento, la que va a conseguir una armonía en nuestras vidas, que no control. Es más entender que todo cambia a nuestro alrededor y que, por muchos que lo intentemos, no va ser de otra forma. De hecho, porque nosotros mismos formamos parte de ese cambio inexorable.

¿Lo suficientemente hombre?

Justin Baldoni quiere comenzar un diálogo con hombres sobre la redefinición de la masculinidad, para descubrir formas de ser no solo hombres buenos sino buenos humanos. En una conversación cálida y personal, Baldoni comparte su esfuerzo por reconciliar quien es con quien el mundo dice que debe ser un hombre. Y lanza un desafío a los hombres: “A ver si pueden usar las mismas cualidades que les hacen sentir hombres para ir más allá”, dice Baldoni. “La fuerza, la valentía, la dureza: ¿Son lo suficientemente valientes como para ser también vulnerables? ¿Son lo suficientemente fuertes como para ser sensibles? ¿Tienen la suficiente confianza para escuchar a las mujeres de su vida?”

Frenesí

Cuando entras en el ahora, sales del contenido de tu mente. La corriente incesante de pensamientos se apacigua. Los pensamientos dejan de absorber toda tu atención, ya no te ocupan completamente. Surgen pausas entre pensamientos, espacio, quietud. Empiezas a darte cuenta de que eres mucho más profundo y vasto que tus pensamientos.
Eckhart Tolle

Vivimos rápido. Es la reflexión que quiero compartir con ustedes en el día de hoy. No tenemos tiempo -o eso creemos-, para hacer nada. Se nos acumulan las tareas, las citas, los trabajos y las responsabilidades. Y corremos. Metafóricamente, aunque en ocasiones también lo hagamos de verdad.

Nuestra existencia diaria se compone de una sucesión de eventos, organizados o no por nosotros, que se apoderan de ella. Esta forma de desenvolvernos provoca que muchos de nosotros nos sintamos atrapados. Y cansados. Llega el final del día y tenemos una extraña sensación de que nos falta algo por hacer. En ocasiones, lo identificamos. En muchas otras, no conseguimos hacerlo.

Este fenómeno de, podríamos llamarlo, desubicación, consigue que tengamos una permanente sensación de desconexión, de no estar donde tenemos, o debemos, o queremos, estar. Y sus consecuencias pueden llegar a ser terribles.
Se que la propuesta más común que leemos y oímos cuando parece que no podemos abarcar todo aquello que se supone deberíamos hacer, viene en forma de organización. Del tiempo, en este caso.

Vemos infinidad de posibilidades que nos pretenden enseñar a estrujar nuestro día. Gestión del tiempo, lo llaman. Y, creanme, la oferta de cursos, seminarios o talleres es interminable. La mayoría de ellas, inútiles. Otras pocas, todo lo contrario.

Porque la clave para saber gestionar nuestro tiempo no proviene, en primer lugar, de como lo organicemos. Es algo importante, sin duda, pero no es el comienzo. Hay algunos pasos que debemos acometer antes de ordenar algo que, en muchas ocasiones, creemos que se nos escapa entre las manos.

Parar. Esa es la clave. Si, ser capaces de detenernos y observar. Pueden llamarlo perder el tiempo. Muchos lo ven así. Yo lo llamo ser conscientes de él. Si no sabemos que es el tiempo, difícilmente seremos capaces de gestionarlo. Si no conocemos que significa aquello que se supone estamos perdiendo, siempre estaremos anhelándolo.

Detenernos no es algo sencillo. En primer lugar porque al no hacerlo habitualmente, no sabemos como conseguirlo. Lo más normal es que lo enfrentemos como una más de nuestras tareas. Es decir, lo hacemos para lograr algo. Y este es nuestro primer error. Pensamos en esa pausa como una forma de “desconectar”, de “bajar el ritmo”, de “relajarnos” … y nos equivocamos de cabo a rabo.

Porque parar no es un momento en el que “recargamos las pilas”, para seguir adelante haciendo lo mismo que nos llevo a tener la necesidad de hacerlo. Si paramos, nuestra principal tarea es no tener tarea. Es observar, tanto hacia afuera como hacia adentro. Tener la capacidad de ver lo que nos rodea, sin juzgarlo. De vernos a nosotros mismos, sin tampoco hacerlo.

Por esto es tan difícil. No estamos entrenados ni acostumbrados a ello. Puede que nuestra principal pulsión en estos momentos de quietud, sea “aprovecharlos” y ¡ya nos lo hemos cargado!.

En lugar de pensar en parar como un objetivo, pensemos en ello como un espacio. Puede ser físico también, si así lo necesitamos, pero debe ser especialmente mental.

Hacerlo, sin expectativas, es el camino para la aceptación. Y, paradójicamente, es aquí donde comienza el cambio. La consciencia de lo que somos y hacemos. Y de nuestra capacidad para disfrutarlo.

 

Arrogancia

Somos la memoria que tenemos y la responsabilidad que asumimos, sin memoria no existimos y sin responsabilidad quizá no merezcamos existir
José Saramago

La arrogancia es una de las manifestaciones más comunes del ego. Especialmente habitual en quienes ostentan una responsabilidad pública y, cuando deben asumir la misma, buscan todos los argumentos posibles para evadirse de ella.

En España y en muchos otros países, los ejemplos de esta expresión máxima del egoísmo, los experimentamos casi a diario. Vemos como quienes gestionan las más diversas áreas de lo público, no solo parecen incapaces de hacerlo, sino que además buscan todas las argucias posibles para escurrir el bulto, en ocasiones con actitudes o razonamientos difícilmente asumibles, por quienes sufren las consecuencias de su incompetencia.

Este fenómeno tiene un efecto directo en los ciudadanos -o al menos debería ser así-, que supone una pérdida de confianza, o lo que puede ser peor, una sensación de indefensión.

En situaciones en las que esperaríamos que quienes deben hacerlo, asumiesen su trabajo y su responsabilidad, nos encontramos con que parecen más interesados en quitarse de encima lo uno y lo otro.

Se busca que la culpa recaiga en la víctima, sean personas que pierden su casa, sus ahorros o se ven sorprendidos por las inclemencias del tiempo, viendo en riesgo su vida.

Todo sea por no admitir errores, mala planificación o incapacidad. Se hace muy complicado confiar, cuando esto ocurre, en quienes actúan de esta forma.

Es una de la características más detestables del poder. La que consigue que quien lo detenta, se distancie de su propia humanidad. Y, sin el menor rubor, intente justificar lo injustificable. Y su máxima expresión es, precisamente, la arrogancia.

Salir de la Zona

No somos las mismas personas que el año pasado, tampoco lo son aquellos a los que amamos. Es extraordinario que, cambiando, podamos seguir amando a alguien que también cambió.
William Somerset Maugham

Si estás bien donde estás. Si no crees que debas cambiar nada en tu vida. Si tu zona de confort es donde deseas vivir tu existencia, este artículo no es para ti. No pierdas el tiempo leyéndolo. No lo necesitas.

Ahora bien, si por lo contrario, te apetece cambiar algunas o muchas cosas de tu vida, de como piensas o de como te relacionas, puede que estos breves consejos te puedan ayudar a conseguirlo.

Y este es el primero, admítelo. Hacer un repaso a aquellos aspectos de tu vida que te gustaría cambiar. Comenzar con un reconocimiento honesto de nosotros mismos, desde la aceptación, sin juicios ni expectativas, puede ser un buen comienzo. Solo siendo desde donde partimos, podremos tener una idea de adonde queremos -y podemos- llegar.

El segundo paso se llama resiliencia. Cambiar no es algo sencillo. Vamos a tener momentos en los que deseáremos tirar la toalla, planteándonos si realmente vale la pena. Si no es mejor quedarnos como estábamos. Son pensamientos automáticos, que intentan evitar el esfuerzo. El principio de economía cerebral provoca que todo lo implique modificaciones en nuestra rutina, por muy aburrida que sea, se perciba como algo potencialmente peligroso o arriesgado.

Es tercer paso en este camino es la presencia, que te ayudará a conseguir lo que quieres, si no dejas de intentarlo. Para ello resulta esencial el compromiso, diario, con tus objetivos. Solo de esta forma siendo conscientes de lo que está ocurriendo en tiempo real, conseguirás salir del modo de inercia que tanto caracteriza a la zona de confort. Y, además, te permitirá saber que puedes modificar si es necesario, el recorrido que te hubieses propuesto.

Y esta sería la última clave del cambio, la flexibilidad. Entender que si estamos queriendo ir hacia un lugar diferente, pueden existir otras rutas. Esta abierto al cambio no es una decisión estática. Es una actitud de vida.

El cambio es algo natural. Es lo que somos. Lo contrario, es una fantasía.

Cuídate

Porque si crees en ti, no intentas convencer a los demás. Porque si estás contento contigo mismo, no necesitas la aprobación de nadie. Porque si te aceptas, el mundo entero te acepta.
Lao-Tzu

 

La psicología es la ciencia del comportamiento. La que explica porque actuamos y pensamos de una u otra manera. Su objetivo es ayudar al ser humano a sentirse bien, consigo mismo y en su entorno. Pudiendo ir mucho más allá y extenderme en la explicación, este no es mi objetivo hoy. Mi propuesta es dejarles unos consejos que, desde la evidencia, pueden ayudarnos a tener una vida mejor.

Todo no está en tu cabeza.

Una y otra vez escuchamos esto. Simplificando hasta lo inconcebible, se nos hace pensar que si cambiamos nuestra forma de pensar, todo cambiará. Y no es cierto. Es verdad que la forma como abordemos nuestra vida, cambia según nuestra actitud, pero también hay que tener en cuenta otros factores -no solo en tu cabeza- que afectan tu salud mental.

Si estás con gripe, o afectado de una enfermedad más grave, si tienes una situación laboral, económica o familiar difícil, te encontrarás mal. Y lo único que ayuda es entender que esto es así. Y ponerle remedio en la medida de tus posibilidades.

Soledad.

Otro de los clásicos de la literatura de autoayuda. Aprende a vivir solo, la felicidad está en tu interior o no necesitas a nadie para sentirte bien, son algunas de las frases que se repiten hasta la saciedad.

Una vez más dándonos una visión de todo o nada, en cuanto a algo que afecta a nuestra salud mental. Lo cierto es que somos seres sociales y pretender lo contrario, puede resultar hasta contraproducente.

La soledad es buena cuando la elegimos, nunca cuando es una obligación. Y que seamos más felices, compartiendo con otras personas, no es incompatible con serlo a solas.

Para y escúchate.

O hazte caso. A veces ignoramos las señales que nuestro propio cuerpo nos envía. Cansancio, sueño, dolores musculares … pueden ser una clara indicación de que algo debemos cambiar. O al menos parar para observar lo que está ocurriendo.

Ignorar las señales o taparlas con medicamentos sintomatológicos, puede ser una muy mala idea. Lo normal es que, en un determinado momento no aguantemos más y nos vengamos abajo.

Relájate.

Estamos cada vez más ocupados. Socialmente esto de no tener tiempo para nada, tiene buena prensa. Pues no te está haciendo nada bien. En primer lugar, porque repetirte que tienes una vida muy ajetreada, va a terminar convenciendote que es así. Y la primera consecuencia es que, aunque puedas, vas a ir siendo cada vez menos capaz de abordar nuevos retos.

Solo cuando le des el mismo valor a tu descanso que a tu ocupación, estarás cuidándote de verdad.

Equivócate.

No temas hacerlo. Es uno de los mejores consejos que he recibido en mi vida. Y la explicación es sencilla. Si no te mueves, es posible que no falles ¡pero no te moverás!

Arriésgate a fallar, aprende a pedir perdón, e inténtalo de nuevo. Paradójicamente, a quien más se equivoca, y sigue intentándolo, es a quien más terminamos admirando.

Se llama perseverancia y es una de las mayores virtudes que podemos tener.

Pide ayuda.

La vas a necesitar. Porque no sabes hacerlo todo, porque te encuentras mal, porque estás pasando una mala racha, porque estás triste …

Déjate ayudar, bien por las personas que te quieren o bien por lo profesionales que sabrán como hacerlo. Es psicología y está aquí para ti.

Agradecimiento

La raíz de todo bien reposa en la tierra de la gratitud.

Dalai Lama

Ya hace unos años que, desde Todo Incluido La Revista, de México, me brindaron la oportunidad de compartir un espacio de psicología en su medio digital. Hoy comienza un nuevo año y me parece el momento oportuno para agradecerle a Ana Ledesma Canaán este honor de poder contar mi pasión a todos ustedes, desde México para el mundo hispanohablante.

La gratitud por entender que lo que les he venido contando, es para mi algo íntimo. Cuando decidí escribir sobre mi pasión y profesión, que es la psicología, nunca pensé que fuera a ser de tanta aceptación. Llegar al otro lado del océano, es algo maravilloso e inesperado. Otro de los componentes de este reconocimiento que les dedico hoy.

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Porque si hay algo que he ido aprendiendo en este proceso desde mi pequeño espacio digital es que la clave para el agradecimiento es no esperarlo nunca. Así, cuando llega, resulta una magnífica sorpresa. Que es lo que me ha ocurrido a mi. No esperas que algo que te hace disfrutar tanto, puede resultar de tanto interés para otras muchas personas.

Además, la gratitud es un camino de doble vía. Te encuentras agradeciendo a quien te agradece. Y se crea así, una magia indescriptible que te hace seguir adelante y se contagia a muchas otras esferas de tu vida.

La directora de esta revista digital azteca me responde, invariablemente, con unas palabras amables, llenas de generosidad, a cada contribución que envío. Y les confieso que para mi, cada vez que ocurre, es un regalo.

Este ciclo de agradecimiento quiero hacerlo extensivo, además de a los lectores de Todo Incluido La Revista, a quienes siguen este blog, desde cualquier plataforma social. Su reconocimiento es una energía extra que me hace enormemente feliz y me proporciona una dosis adicional de ilusión para seguir explicando lo que mi ciencia, la psicología, puede hacer por el mundo.

Gracias infinitas amigos y amigas.