Si, es ego

Tu ego se puede convertir en un obstáculo para tu trabajo. Si comienzas creyendo en tu grandeza, es la muerte de tu creatividad.

Marina Abramovic

La mayoría de nosotros asociamos el ego a la capacidad de algunas personas de autoalabarse y de autopromocionarse. A aquellos y aquellas que son capaces de estar todo el día hablando de lo bien que hacen las cosas, de lo magnífico que son … Además, estas personas tienen la costumbre de impartir consejos a diestro y siniestro ¡y sin que nadie se los solicite! Son los amos del “yo creo, deberías, a mi me parece que tu …”, y otras geniales (por absurdas, en ocasiones) formas, de meterse en nuestra vida.

Seguro que este modelo de ego personas les resulta familiar. Opiniones no solicitadas, juicios no pertinentes o valoraciones innecesarias, forman parte de su extenso repertorio. Como psicólogo podría decirles lo que significa respecto a sentimientos de inferioridad, superioridad o autoestima. Pero entonces el del ego sería yo.

Estar junto a quien cree tener la posesión de la verdad en cualquier aspecto opinable -o no-, se convierte, en ocasiones en un verdadero ejercicio de paciencia y compasión. Especialmente si no podemos evitar la situación por respeto u obligación.

Me voy a abstener de aconsejar ningún tipo de actuación ante esta evidente forma tóxica de comportarse. Más allá del silencio o la evitación resulta difícil.

Pero si me gustaría terminar pidiendo a quien lo ejerce una reflexión, al menos en ciertas situaciones. Son aquella en que nos acercamos a alguien para consolarle por una pérdida o por una enfermedad.

Una ocasión especialmente sensible para simplemente estar al lado de alguien escuchando, aunque solo sea el silencio. Apoyando con nuestros gestos o con nuestras palabras de empatía. Y solo eso. Nada más.

Porque intentar consolar al enfermo, contándole nuestras enfermedades; o a quien ha perdido a alguien, nuestras pérdidas; también es ego. Y no ayuda para nada.

Como nos la juega la memoria

Estamos convencidos que fue así. Sin duda. ¿O no? Nuestra memoria es una versión alterada de nuestros recuerdos. De muchas formas. @Gorkareta nos resume algunas de ellas en esta divertida infografía para este miércoles maravilloso. ¡Buen día amig@s!

 

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El camino de la motivación

El éxito pareciera estar conectado con la acción, la gente que tiene éxito no se detiene
Conrad Hilton

Al parecer, hay dos tipos de motivación necesarios para conseguir nuestras metas. Y las personas lo hacemos casi inconscientemente. Según un estudio reciente nuestras fuentes de motivación son diferentes dependiendo de en que momento estemos en el desarrollo de nuestra idea o proyecto.

Al principio, las personas se motivan a si mismas con esperanzas y sueños de alcanzar sus metas. Por ejemplo, si queremos perder peso, podemos motivarnos con la ropa que nos podremos poner si tenemos éxito en ello.

Los autores denominan a esta, motivación de promoción, y la definen como el impulso que nos estimula a enfocarnos en nuestras aspiraciones, a centrarlas. Consigue que las personas piensen en sus metas en clave de la consecución de algo positivo. Y nos anima a buscar estrategias que nos conduzcan a la consecución de nuestro proyecto u objetivo.

Sin embaro, a medida que vamos llegando a la consecución de nuestra meta, nos volvemos más defensivos. Se trata menos de los beneficios y más de evitar cometer un error que lo tire todo por la borda.

Es lo que los autores denominan, motivación preventiva, que nos enfoca en responsabilidades y tareas, y hace que pensemos en que puede ir mal, para evitarlo. En cierta forma nos pone en una actitud “vigilante” y favorecedora de estrategias de contención de los posibles tropiezos.

Este parece ser el camino natural de la motivación. Y es el que lleva al éxito. Movernos de la ilusión a la precaución, a medida que vamos llegando al final de nuestro proyecto.

Los autores de este interesante estudio nos aconsejan que, al principio nos enfoquemos en como conseguir lo que queremos nos acerca a nuestras aspiraciones vitales y empleemos estrategias de aproximación para mantenernos motivados.

Una vez estemos cerca de conseguirlo, es el momento de centrarnos en nuestras tareas y responsabilidades y como esto mejorará nuestra sensación de competencia y autoestima.

¿Qué éxito queremos?

Nos preocupamos tanto por nuestras carreras porque estamos rodeados de personas que nos juzgan dependiendo de cuál es nuestra ocupación. Y porque lo que tenemos define lo que somos. La meritocracia asume que si te mereces el éxito, llegarás a conseguirlo y de la misma forma, si eres un fracasado es porque te lo mereces, lo que hace que el fracaso sea algo mucho más aplastante. Estas son algunas de las teorías de Alain de Botton, que explica en esta charla la necesidad de adquirir una nueva filosofía de vida que conciba el éxito y el fracaso de una forma más amable.

 

Cambio de Perspectiva

Cuando no se puede lograr lo que se quiere, mejor cambiar de actitud.
Terencio

Todos los días, al levantarnos, tomamos una importante decisión. ¿Vamos a mirar al día que se avecina con una actitud positiva, orientada a la acción o dejaremos que las circunstancias nos manejen y nos quedaremos quietos?

Si optamos por la segunda opción, es muy posible que el día no salga como esperamos. De hecho, son nuestras expectativas, de que algo ocurra sin participar en ello, las que condicionaran como se desarrolle este día. O semana. O mes … o nuestra vida. Se convierte en una espiral de negatividad, de la que es difícil salir.

¿Cómo conseguimos cambiarlo? Además de elegir la primera, frente a la segunda posibilidad, les avanzo algunas opciones más. Me gustaría que añadiesen las suyas en los comentarios.

En primer lugar, dejemos de quejarnos. Y no digo que no existan motivos para ello. Seguro que algunas cosas no son como quisiéramos que fuesen. Pero hacerlo no va a ayudar en absoluto a que se modifiquen. Y lo que si parece estar claro es que consigue es que empeoren más todavía.

En segundo lugar, paremos nuestros pensamientos. Antes de poder cambiar la perspectiva como miramos nuestro día, tendremos que aprender a ponerle un freno al flujo de pensamientos negativos que nos hacen pensar lo contrario. Para ello es importante que los identifiquemos (si es necesario, escribirlos), y los paremos. Es un pensamiento poco productivo, no quiero tenerlo. No me ayuda.

En tercer lugar, terminemos con la actitud, si … pero. Esta es la marca preferida de una actitud negativa ante la vida. Es como si te diesen un donuts y solo vieses el agujero. Acepta lo bueno que te ocurre y disfrútalo. Aunque parezca extraño, esto atraerá más cosas buenas a tu vida. Y además será una magnífica fuente de energía cuando los tiempos vengan mal … de verdad.

En cuarto lugar, tengamos en cuenta la profecía autocumplida, un fenómeno psicológico que provoca que lo que creamos que saldrá mal, lo hará. Y seremos nosotros los que estamos provocándolo. Nos decimos que tenemos una vida horrible y terminamos haciendo todo lo posible para que sea así.

En este caso en particular, puede ser necesario apoyo psicológico, puesto que podemos estar enmarañados en un bucle que no conseguimos parar.

En quinto lugar, nos toca un trabajo de sustitución. Se trata de cambiar esos juicios negativos hacia nosotros mismo, por otros positivos. No es sencillo, lo se. Debemos comenzar identificándolos, para poder contrarrestarlos o desactivarlos.

Una lista de nuestras virtudes y de aquello que se nos da bien puede ser una buena caja de herramientas que nos ayude. Recuerda, son pensamientos, juicios que hacemos sobre nosotros mismos. Y en la mayoría de los casos no son objetivos ni responden a la realidad. Son más bien expectativas de como deberían ser las cosas.

Una sexta opción -y seguro que se les ocurren muchas más-, viene de la mano de la acción. A veces no funciona cambiar como pensamos acerca de nosotros mismos y de las situaciones que nos rodean. Podemos quejarnos de nuestro trabajo y de nuestros compañeros, porque son terribles. O podemos poner todo nuestro esfuerzo en buscar lo positivo en ambos. Lo hay, creanme. El pensamiento negativo tiende a desactivar todo lo positivo. Lo tiñe y no nos deja ver nada más. Es como si decidiésemos salir de excursión porque hacen unos días estupendos y decidamos no hacerlo porque comienzan a caer unas pequeñas gotas. Perdemos la posibilidad de la caminata, de ver el monte mojado y de disfrutar de la compañía.

En definitiva, se trata de ser conscientes de que tenemos el poder de cambiar las cosas. Empezando precisamente por ese cambio. El de creer que podemos. Poco a poco. En nuestro entorno de funcionamiento. Con humildad y determinación.

Codependencia

La codependencia es una dependencia de los demás, de sus estados de ánimo, de su conducta, de su enfermedad o bienestar y de su amor.

Paradójicamente pareciera que los demás dependen de las personas con codependencia, pero en realidad ellos son los dependientes. Parecen fuertes pero se sienten desamparados. Parecen controladores pero en realidad son controlados ellos mismos, a veces por una enfermedad tal como la adicción.

Características de la codependencia en las adicciones:

  1. Condición en la que una persona apoya, abiertamente o no, la actitud adictiva de otro.
  2. Condición en la que una persona se convierte en el “cuidador” de un adicto o un individuo con problemas.
  3. Forma destructiva de ayudar, permitir. 

Los condependientes pueden:

  • Pensar y sentirse responsables por otras personas, por sus sentimientos, pensamientos, acciones, decisiones, necesidades, bienestar o la falta de él, y últimamente su destino.
    sentir ansiedad, pena y culpa cuando otras personas tienen un problema.
  • Sentirse obligado, hasta forzado, a ayudar a dicha persona a resolver el problema, como ofrecer consejo que no se le ha pedido, dar soluciones rápidas o arreglar sentimientos.
  • Sentir enfado cuando su ayuda no es efectiva.
  • Anticipar las necesidades de los otros.
  • Preguntarse por qué los demás no hacen lo mismo por ellos.
  • Encontrarse a ellos mismos diciendo “sí” cuando quieren decir “no”, hacer cosas que realmente no quieren hacer, hacer más de lo que sería justo que hiciesen, y hacer cosas que los demás pueden hacer por ellos mismos.
  • Intentar agradar a los demás en vez de a ellos mismos.
  • Sentirse tristes porque se han pasado toda la vida dando a los demás y no recibiendo nada a cambio.
  • Sentirse atraídos a gente que necesita atención.
  • Sentirse aburridos, vacíos y sin valor cuando tienen una crisis en sus vidas, un problema que solucionar o alguien a quien ayudar.
  • Estar preocupados de que otras personas vean quienes son realmente y dejar que las cosas ocurran naturalmente

 

Sígueme

Un líder es mejor cuando la gente apenas sabe que existe, cuando su trabajo está hecho y su meta cumplida, ellos dirán: Lo hicimos nosotros
Lao Tzu

La psicología del poder hace tiempo que estudia la influencia que éste tiene en la persona. Los cambios que se producen en quien tiene en sus manos las decisiones que pueden afectar a la vida de muchísimas personas. De como corrompe, distancia o cambia a quien lo detenta, parece estar diáfano. Es algo indudable sobre lo que ya he escrito en alguna otra ocasión.

Pero me imagino que a nadie se le escapa que gran parte de esta transformación que sufre una persona cuando tiene una responsabilidad política o de gobierno, se alimenta del seguimiento incondicional de sus adeptos.

Porque seamos sinceros. Hace tiempo que nos dejaron de importar las promesas que hacen quienes gobiernan o quieren hacerlo. Y los vemos en un juego destinado, exclusivamente, a conseguir más poder. Y, en este juego, los seguidores y las seguidoras, forma nuna parte esencial. Grupos de personas que aplauden las subidas o bajadas de voz ensayadas por sus líderes, aplauden sus propuestas y creen sus eslóganes. Por muy varios de contenido que estén.

Ya Freud, en su Psicología de las Masas, recogía como nos metamorfoseamos, cuando estamos en grupo. Se diluye nuestra sensación de individuos y nos sumimos en un éxtasis de adoración, difícil de creer.

Una parte esencial de este juego manipulativo para construir líderes, lo forma la mentalidad del “nosotros y los otros”, una estrategia pensada para ganar sin mostrar las capacidades propias, si es que existen, centrando la estrategia en las supuestas debilidades del otro o la otra.

Y la mayoría cae. Y los vemos aplaudiendo enfervorizados los clichés que repiten, una y otra vez. Sin que tengan significado ni trascendencia real. Alejándonos de aquella política de líderes preparados que destacaban por su intelectualidad y compromiso. Pero eso si, con mucha gente aplaudiéndoles.

Pensamientos negativos automáticos

En nuestro día a día el cerebro interpreta de forma automática todo lo que nos rodea y, aunque en la mayoría de los casos los mensajes que nos ofrece son positivos y útiles, también puede confundirnos. Los psicólogos han estudiado en profundidad lo que se conoce como “pensamientos negativos automáticos” (PNA) : ideas perniciosas que aparecen en nuestra cabeza sin que las busquemos y constituyen una peligrosa fuente de emociones perturbadoras.

Aunque los PNA han sido objeto de estudio de numerosos psicólogos y psiquiatras, fue uno de los fundadores de las terapias cognitivas, el psiquiatra estadounidense Aaron T. Beck, quién más contribuyó a su definición en los años 60. Beck creía que los PNA eran determinantes en nuestro bienestar, o más bien en nuestro malestar. En su opinión, estos pensamientos negativos sabotean lo mejor de nosotros mismos y, si no sabemos controlarnos, acaban creando una situación de inseguridad, ansiedad e ira que, a su vez, genera nuevos PNA. Un círculo vicioso del que no es fácil salir, en el que los pensamientos negativos se repiten una y otra vez.

Estos pensamientos negativos sabotean lo mejor de nosotros mismos y, si no sabemos controlarnos, acaban creando una situación de infidelidad e ira

Por suerte, hay técnicas para escapar de este peligroso entramado cerebral. La plasticidad neuronal, que cada vez conocemos mejor, demuestra que el cerebro es voluble: todos podemos acabar con los ANT y poner en su lugar pensamientos positivos. Pero para ello, lo primero que tenemos que hacer es identificar estos y entender que se trata de pensamientos de los que no somos responsables (al menos no de forma consciente).

Desenmascarando a nuestro crítico interior

Detrás de la mayoría de sensaciones de malestar se encuentran uno o varios ANT, de los que no siempre es fácil percatarse. Para identificarlos, primero debemos saber qué tres características principales cumplen estos pensamientos:

  • Son mensajes específicos

Los PNA suelen tener una forma específica y recurrente, fácilmente identificable en nuestro discurso interior. Dado que nuestro Pepito Grillo maligno siempre habla de la misma forma, es fácil desenmascararle. En general se trata de mensajes que parecen taquigrafiados, compuestos por una frase corta que aparece en nuestra cabeza una y otra vez, en forma de recuerdos, suposiciones o autorreproches, como la reconstrucción de un suceso pasado (“si hubiera hecho x, no habría pasado x”), la creación ficticia de un suceso futuro (“siempre hago mal x, y en futuro volverá a ocurrir lo mismo”), o una exigencia culpabilizadora (“tendría que haber hecho x, debería hacer x…”).

  • Son mensajes creíbles

Los PNA surgen de forma automática, espontánea: entran de forma brusca en la mente, sin que hayamos hecho ningún juicio previo de la situación. Pero, pese a lo poco sólido de sus argumentos, los percibimos como verdades absolutas, como ideas que llevamos reflexionando mucho tiempo; y es ahí donde reside su peligrosidad: damos por cierto algo que no lo es.

Si logramos identificar estos pensamientos, para analizarlos en frío, lograremos darnos cuenta de lo ridículos que resultan en la mayoría de ocasiones

Aunque desde fuera los PNA puedan parecer ridículos, la persona que los sufre los considera muy reales y creíbles, precisamente porque no se para a analizarlos (de ahí lo positivo que resulta compartir estos con terceras personas). Los damos por válidos, sin cuestionarlos, pues se viven como verdades absolutas espontáneas, algo que se puede solucionar si aprendemos a analizarlos con lógica para comprobar que sus conclusiones son exageradas.

  • Son mensajes irreflexivos

Para saber mantener a raya estos pensamientos negativos (acabar con ellos por completo es imposible), debemos darnos cuenta de que nuestra voz interior sólo nos ofrece un punto de vista: los PNA responden a una automatización del cerebro, que no incluye una reflexión previa del juicio emitido, pero que parece de lo más lógica. Si logramos identificar estos pensamientos, para analizarlos en frío y con cautela, lograremos darnos cuenta de lo ridículos que resultan en la mayoría de ocasiones, y conseguiremos neutralizarlos.

Los 10 pensamientos negativos más comunes

Aunque los PNApueden ser de muchos tipos, y varían enormemente en función de cada persona, lo cierto es que suelen encajar en determinadas categorías. Al final, como ocurre siempre en estos casos, los seres humanos no somos tan distintos y nuestras preocupaciones se parecen.

Nuestro bienestar depende en gran medida de que aprendamos a identificar estos pensamientos perniciosos y logremos relativizar su importancia

El periodista John Paul Flintoff, autor del libro Cómo cambiar el mundo (B de Books) y profesor de The School of Life, ha estudiado el asunto con detenimiento y ha llegado a la conclusión de que existen 10 PNA principales, que todos sufrimos en un momento dado, y las ha compartido en The Guardian. Nuestro bienestar depende en gran medida de que aprendamos a identificar estos pensamientos perniciosos y logremos relativizar su importancia.

1. Pensar sólo en blanco y negro

Estas PNA no dejan lugar a los grises, si algo malo ha ocurrido es sólo por tu culpa, y no hay solución: “He fallado por completo”, “cualquier otro podría hacerlo”, “esto sólo me pasa a mí”…

2. Leer la mente de otras personas

Estamos acostumbrados a castigarnos por lo que piensan otras personas de nosotros o nuestros actos, cuando en realidad es imposible que sepamos lo que piensan. Pensamientos tan comunes como “creen que soy aburrido” o “piensan que soy un torpe” son PNA en toda regla.

3. Adivinar el futuro

El complejo de adivino está detrás de numerosas PNA. Pensamos que el futuro va a desarrollarse de tal o cual manera, cuando en realidad no tenemos ni idea. “No tiene sentido intentarlo”, nos decimos. “No va a funcionar”. Un pensamiento negativo muy frecuente y que lleva al inmovilismo.

4. Generalizar

Otro de los pensamientos negativos que todos hemos experimentado en una ocasión. Sin pararnos a pensar, pensamos que, si algo ha pasado una vez, volverá a repetirse. “Siempre pierdo las gafas de sol, así que las volveré a perder”, decimos. Puede ser, pero también puede que nos duren toda la vida.

5. Minimizar las cosas positivas

Ni cuando nos ocurre algo bueno estamos contentos. “Sí, me ha salido bien el examen, pero cualquiera puede hacerlo mejor”. Vale, es cierto, siempre hay alguien mejor que nosotros, pero no hay razón para minusvalorar las cosas que hacemos bien.

6. Dramatizar

Hacerse la víctima, y crear melodramas innecesarios, es también algo muy propio de los pensamientos automáticos. “No encuentro mi bolso. Me estoy haciendo vieja”. ¿Cuántas veces hemos oído una frase como esta a nuestras madres o abuelas? No existe una relación causal en esa afirmación, pero aun así nos lo creemos.

7. Tener expectativas poco realistas

Todos tenemos un límite, y aunque pensar que no lo tenemos puede ser positivo para alcanzar determinadas metas, también puede ser contraproducente. ¿Cuántos deportistas o conductores han pensado “tengo que seguir, aunque esté agotado” y han acabado lesionándose o en la cuneta?

8. Insultar, a nosotros mismos y al resto

Dado que los PNA son mensajes telegráficos y específicos muchas veces, demasiadas, aparecen en nuestra mente en forma de insultos: “soy un inútil”, “mi compañero es imbécil”, “mi jefe es tonto”… Todos caemos en este juego día sí y día también, el problema es que, en muchas ocasiones, nos creemos lo que pensamos, y acabamos tratándonos a nosotros mismos o a los que nos rodean de forma acorde al insulto que les estamos dedicando.

9. Autoculparse

Aunque la mayoría de nosotros tendemos a culpar al resto de nuestros errores, hay personas que se culpan de todo, incluyendo cosas sobre las que no han tenido ninguna responsabilidad. “Parece enfadada, seguro que es por mi culpa” es una frase que ha acabado con numerosas relaciones.

10. Ser catastrofista

Una de los PNA más extremas, y más propias de las personas que acaban padeciendo depresión, se caracteriza por pensar que todo lo que nos rodea va acabar mal. Lo triste es que, si entramos en ese círculo vicioso, pensaremos realmente que todo nos va mal, y al final, tendremos razón.

Artículo de @mayusorejas en @ecvida Original aquí

La mejor forma de combatir estos pensamientos es ser consciente de que están ahí, no negándolos, pero a continuación reflexionar sobre ellos. Para esto te ayudará el hacerte algunas preguntas que te van a obligar a abordar la autenticidad de esos pensamientos y su poder sobre ti de un modo más racional. Aquí te dejo una lisa de esas preguntas agrupadas en cuatro bloques temáticos:

  1. Preguntas sobre la racionalidad/realidad de los pensamientos.
    ¿Es verdadero?, ¿cuáles son las evidencias a favor y en contra?, ¿hay otras explicaciones más razonables o realistas?, ¿qué pasos debería dar para saber si este pensamientos es verdadero o falso?
  2.  Preguntas que te ayudan a cambiar la perspectiva para tener un enfoque más objetivo.
    ¿Qué le diría sobre este modo de pensar a un amigo?, ¿estaría de acuerdo con mi interpretación de esta situación un tribunal imparcial?, ¿qué argumentos daría este tribunal a favor y en contra?
  3. Preguntas que giran alrededor de las ventajas y desventajas de mantener ese o esos pensamientos.
    ¿Cuáles son las ventajas y desventajas de mantener este pensamiento a corto y largo plazo?, ¿me gustan?, ¿estoy dispuesto a asumir las posibles desventajas a cambio de evitar el esfuerzo de debatir con mis pensamientos?
  4. Reflexiones en torno a tu sentido de capacidad para abordar la situación que deberías abordar si deduces que tus pensamientos automáticos negativos no coinciden completamente con la realidad.
    Si deduzco que algunos pensamiento sobre la realidad no son “realistas”, ¿estoy dispuesto a hacer lo que debería hacer para cambiar la situación?, ¿estoy dispuesto a aceptarla si deduzco que no puedo hacer nada para cambiarla?, ¿necesitaría algún tipo de recurso o ayuda para afrontarla?

Extraído de Escuela de Emociones