Lo contrario

Se piensa que lo justo es lo igual, y así es; pero no para todos, sino para los iguales. Se piensa por el contrario que lo justo es lo desigual, y así es, pero no para todos, sino para los desiguales.
Aristóteles

Cuando la pobreza de tus argumentos es evidente, comienzas a atacar a los de los demás. Esta es una de las premisas más comunes de la forma de actuar del ego. Construir argumentos sólidos, fundamentados en la evidencia, exige un trabajo que no muchas personas están dispuestas a acometer. Es un camino hacia la excelencia. Que supone debatir, abiertamente, nuestras opiniones, con quienes pueden aportarnos conocimiento.

Lo complicado de este camino, fascinante por otro lado, es precisamente la influencia que nuestro ego ejerce sobre nosotros. La humildad es el único tratamiento valido para contrarrestarlo. Y para ello tenemos que cambiar -y mucho-, nuestra forma de pensar y de actuar.

Huir de las discusiones inútiles, que no aportan nada, que no construyen, es el primer paso. Este tipo de actitud nos hace emplear nuestra energía en destruir lo que otras personas creen o piensan, y nos llevan a definirnos como anti- o contra-. Es algo que puede terminar desdibujándonos en la oposición y el odio. Sin aportar ideas o argumentos propios. No se trata de que no se pueda disentir o no estar de acuerdo. Es más bien todo lo contrario. Es un ejercicio de debate fundamentado que debe estar guiado por el respeto a las personas. Aunque sus ideas o argumentos no nos parezcan buenos.

Quien construye su vida destruyendo, no puede esperar que esta sea dichosa. Es más, probablemente se vea sumido en una rigidez mental que solo se sustenta en la oposición a lo que no le gusta. Y no encuentra -cada vez le costará más-, lo que si.

 

Vivir hasta morir

Matías nos muestra la importancia del final de nuestras vidas y cómo en nuestras sociedades no ponemos el cuidado que podríamos y deberíamos para que todos tengamos el derecho a transitar este momento tan importante de la vida sin sufrimiento y con plenitud.

Allá donde la vida se desdibuja, donde sólo quedan el cuidado y el cariño, donde un gesto a tiempo, un remedio bien pensado o la opinión de quien sabe pueden hacer que el final del camino se vuelva más soportable para uno y sus circunstancias, allá están Matías y su experiencia en cuidados paliativos. De esto sí se habla… y se practica.

Imagínatelo

Nuestra imaginación nos agranda tanto el tiempo presente, que hacemos de la eternidad una nada, y de la nada una eternidad.
Blaise Pascal

Era tu imaginación lo que utilizabas cuando pintaste por primera vez con los dedos. La que te hacía ver en los borrones aquello que tú querías ver. La imaginación es algo cotidiano, que va asociado a nuestra vida y sueños. Es, en gran parte, lo que mueve el mundo. Es obvio que cualquier avance o innovación debe ser imaginado previamente para poder ser conseguido.

Pero, ¿cómo funciona nuestra imaginación? Probemos con un sencillo ejercicio.

Cierra los ojos y trata de imaginar un cuenco con fruta. Es sencillo. Verás algunas manzanas, naranjas e, incluso un racimo de uvas. Probablemente no te ha costado mucho hacerlo. Has visto suficientes en tu vida para poder recuperar una idea del disco duro de tu cerebro.

Vamos a seguir con nuestro cuenco de frutas. Ahora imagina que tus frutas comienzan a hablar entre ellas. Las manzanas se dirigen a las uvas y estas lo hacen con las naranjas. ¿Qué se están diciendo? No es sencillo imaginarlo ¿verdad?

No te habrás encontrado con muchas frutas habladoras a lo largo de tu vida. Tendrás que utilizar tu memoria, conocimientos y percepción para poder construir esa “conversación frutal”. Aquí es donde entra en juego tu imaginación.

La percepción y la imaginación utilizan los mismos circuitos neuronales, pero mientras la primera es un proceso sencillo que puede ejercitarse hasta convertirlo en algo más preciso, la segunda nos lleva a hacerlo en sentido contrario, comenta  Gregory Berns, profesor de neuroeconomía en la Universidad de Emory. Y esto no le gusta a nuestro cerebro. Lo hace trabajar demasiado.

De hecho, cuando intentamos traer a nuestro cerebro algo que no hemos visto nunca, nos vemos obligados a utilizar nuestra imaginación. El cerebro intentará que sea lo más parecido a lo que ya conocemos, pero lo cierto es que no lo podremos conseguir ser imaginativos si lo que hacemos es un popurrí de algo que ya tenemos almacenado.

Si experimentamos este tipo de proceso frecuentemente, nuestro cerebro se acostumbrará a ello y aprenderá a utilizar la imaginación. A medida que las conexiones cerebrales se establecen, el trabajo se hace más sencillo.

Según el neuropsicólogo Scott Barry Kaufman, lo primero que debemos olvidar es el modelo de pensamiento basado en el cerebro derecho – cerebro izquierdo. El pensamiento creativo ocurre en todo el cerebro, o al menos en varias regiones del mismo, según Kaufman.

En otras palabras, cuando tu imaginación está funcionando, las redes cerebrales interactúan unas con otras. Tres de estas grandes redes nos pueden ayudar a entender la actividad cerebral que subyace al proceso creativo.

La red de atención ejecutiva. Esta es la red que se pone en marcha cuando necesitamos enfocar nuestra atención en algo. Puede ser una presentación frente a un público exigente o un problema que requiere ser solucionado de inmediato. Este es su trabajo.

La red “por defecto”. Cuando estamos recordando, pensando en el futuro o imaginando posibles escenarios, esta es la red que se activa. Kaufman la denomina la “red imaginativa”. También está presente cuando nos relacionamos. Por ejemplo, cuando tenemos una conversación y tratamos de averiguar que es lo que el otro puede estar pensando

La red “relevante”. Esta red controla tanto los eventos externos como nuestro flujo consciente. Se mueve rápidamente entre uno y otro según sea su relevancia en un momento determinado. Recoge toda la información que nos llega y la prioriza, enviando señales al cerebro para decidir cual procesa primero.

Los neurocientíficos están estudiando la segunda de las redes en particular para tratar de entender como funciona el pensamiento creativo. La interacción entre ellas es uno de los aspectos más relevantes a entender. En teoría si estamos ejecutando una tarea compleja pero conocida como puede ser conducir, ¿por qué de repente se nos disparan ideas o soluciones a problemas que no conseguíamos desatascar?

Lo que parece ser cierto es que cuanto más nos abramos a nuevas experiencias, tanto externas como internas, más estaremos potenciando nuestro proceso creativo, y nuestra imaginación.

Pues ya que sabemos esto, ¡no le pongamos puertas a nuestro cerebro!

Quererse

Una guía para el autocuidado emocional

Una serie de propuestas, susceptibles de utilizar en todo o en algún momento, que incrementarán tu apreciación por ti mism@. Nótese que su uso es opcional y no es necesario utilizarlas todas. Ese sería la primera sugerencia.
pexels-photo-179734.jpeg
Elegirnos, incluso si significa no gustarle a otras personas o no ser popular. Inclusa si significa dejar la fiesta antes que acabe porque nos aburrimos, estamos cansados o estamos hartos de la multitud
pexels-photo-220444.jpeg
Decir lo que creemos que es cierto. Y no tragarnos lo que sentimos, pensamos o queremos hacer.
pexels-photo-119342.jpeg
Darle a nuestro cuerpo el alimento, descanso, ejercicio y confort que necesite, para convertirlo en nuestro mejor aliado
pexels-photo-518296.jpeg
Utilizar ropas que nos hagan sentir cómod@s, en lugar de vestirnos a la moda o como otras personas creen que debemos hacerlo
winning-motivation-succeed-man-163496
Construir una vida que amemos y que nos haga felices en lugar de esperar a nuestr@ príncipe o princesa para descubrirlo
pexels-photo
Aceptarnos a nosotr@s mism@s, con lo bueno, lo malo, lo feo, lo sexy o lo no tan sexy, siendo conscientes que todo es lo que nos define
pexels-photo-66758.jpeg
Encontrar tiempo para hacer lo que nos gusta, para jugar, para disfrutar, sin preocuparnos de estar perdiendo el tiempo.
pexels-photo-205000.jpeg
Ser l@s propietari@s de nuestra belleza interior y exterior, gustándonos sin sentirnos culpables, arrogantes o presuntuosos.
pexels-photo-196667.jpeg
No reeditar nuestros errores pasados y llevarnos a un oscuro lugar en el cuál no podemos cambiar nada. Recordar que del pasado solo se aprende, no se puede cambiar.
pexels-photo-171053.jpeg
Pasar tiempo de calidad, conectad@ con nosotr@s mism@s en lugar de desconectados viendo la televisión o navegando sin rumbo en Internet.
pexels-photo-185517.jpeg
Ser discret@s cuando compartimos nuestros sentimientos, emociones y sueños con otras personas. No todo el mundo está preparad@ para oírlo o lo merece.
pexels-photo-103652.jpeg
Confiar en nosotr@s mismos y hacer un esfuerzo genuino para ser quien guíe nuestra vida.
pexels-photo-167964
No culpar a nuestros padres por nuestros problemas actuales, y buscar la forma de curar nuestrar heridas y cambiar aquello que no nos gusta, buscando ayuda profesional si así lo necesitamos.
pexels-photo-69096.jpeg
Seguir nuestra intuición en lugar de vivir dirigid@s por nuestro ego o el de otras personas.
pexels-photo-457446.jpeg
Ser integr@s, tanto cuando se refiera a nosotros mismos o en nuestra relación con el mundo. Ser conscientes de la manipulación, mentiras, codependencia que conllevan algunas situaciones sociales.
pexels-photo-239323.jpeg
Permitirnos soñar en grande, sin contaminar estos sueños con juicios, auto limitaciones o una sensación de inmerecimiento.
pexels-photo-104342.jpeg
Conocer donde estamos empleando nuestra energía emocional, mental, financiera o física, y saber si estas actividades nos están resultando placenteras, o si le dan a nuestra vida conexión, conocimiento, pasión, o creatividad.
city-woman-view-blue-sky.jpeg
Ser responsables de nuestras de nuestras experiencias. Saber que tenemos la habilidad para conocernos a nosotr@s mism@s, cuando toca tomar decisiones importantes en nuestra vida.
woman-bed-female-attractive.jpg
No etiquetarnos con las opiniones o juicios de otras personas, teniendo el coraje de mirar en nuestro interior para saber que es lo que estamos proyectando al mundo
pexels-photo-106118.jpeg
Aprender a poner límites que protejan y nutran nuestras relaciones, con nosotr@s mism@s y l@s demás.
pexels-photo (2).jpg
Permitirnos cometer errores y no castigarnos por haberlo hecho. En lugar de esto, aprender de ellos, apreciando nuestra capacidad para hacerlo.
pexels-photo-300849.jpeg
Rechazar pedir permiso o aprobación para se nosotr@s mismos. Reconocer que, como cualquier persona, merecemos tener nuestro espacio mental y físico en este mundo.
pexels-photo-214668.jpeg
Y, por último
Aceptarnos y amarnos, aunque, en ocasiones, no seamos capaces de querernos como deberíamos.
pexels-photo-214668.jpeg

Conexión veraniega

De vez en cuando desaparece, tómate un pequeño descanso, para que cuando vuelvas a tu trabajo tu juicio sea más acertado. Toma cierta distancia, porque así el trabajo parece más pequeño, la mayor parte se puede asimilar en un abrir y cerrar de ojos, y la falta de armonía y la proporción es más fácil de ver.
Leonardo da Vinci.

Desconectar. Este parece ser uno de los objetivos de las vacaciones, especialmente en verano. Pero ¿es realmente esto un concepto correcto? Veamos, hablamos de desconexión del trabajo, de las obligaciones laborales. En resumen: queremos desconectar en los días o semanas que nos tomamos de descanso ¡de lo que hacemos el resto del año!

Algo no va bien con esta forma de pensar ¿no creen? Intentar una “desconexión exprés”, en nuestro tiempo de vacaciones, algo que se asemeja en extremo a quien intenta adelgazar en meses, lo que se ha trabajado durante mucho más tiempo. Esto supone la idea de que conectar, especialmente con nosotros mismos, no está bien.

El error viene de asociar la rutina diaria, con estar conectados. Y no es así. Esta sensación que tenemos durante las vacaciones -que denominamos “desconectar”-, es todo lo contrario. Nos conectamos, en este período, con nuestra familia, con nuestros amigos, aficiones … y esto lo hacemos a consciencia. Por esto parece mucho más intenso. Disfrutamos cada momento. Conectamos con nosotros mismos.

Hacer esto en verano parece mucho más sencillo. O eso pensamos. No tenemos que hacer cosas que, en teoría, no nos gustan. Esto termina provocando que nos cueste “entrar” en nuestras vacaciones unos días (algunas personas no lo consiguen), y la perspectiva de que terminen, nos puede llegar a producir un intenso estrés.

Este fenómeno, que se repite año tras año, nos introduce en una dinámica de automatización vital, que nos aparta de una vida consciente, plena. Vamos viendo como pasan los años, en una rueda de desconexión y rutina. Porque, como habrán intuido, lo que hacemos en verano es encontrarnos con los que queremos, con lo que nos gusta, con nuestras pasiones … es natural que nos haga sentir bien. La pregunta es ¿por qué no lo hacemos, -en la medida que podamos-, el resto del año?

Mi cuerpo me habla

Así es como me siento cuando la ansiedad aparece, un diálogo continuo que no tiene palabras, sólo sensaciones, dolores, mareos, taquicardias, hormigueos…, y la mente que intenta ordenar y etiquetar toda esa información procedente del cuerpo.. ¿qué fue primero, el huevo o la gallina? ¿el pensamiento, la emoción o el síntoma físico?. Cuanto más progresa el trastorno, este límite es más difuso.

La palabra ansiedad, según su significado, es un estado de alteración, desasosiego, turbación, trastorno, conmoción, pulsación, angustia, congoja o zozobra del ánimo. Yo no sabía nada de ello, me pilló por sorpresa, y como todos terminé en un centro de salud la primera vez. Hasta que busqué tratamiento psicológico mi vida fue un continuo ir y venir a médicos y especialistas intentando poner nombre y diagnóstico a mis padeceres físicos.

El cuerpo era un letrero luminoso que no apagaba nunca, y como algunos letreros de neón, emite un zumbido continuo y profundo. Si llevamos el símil al estado ansioso, es difícil vivir con un cuerpo alerta continuamente, que se dispara y emite síntomas de todo tipo.

Quieres controlarlo, sólo entenderlo, y por supuesto, pararlo. Sólo quieres que esa conversación continua con tu cuerpo se interrumpa, para poder tomar un poco “el aire”, y oír tus pensamientos entre tanto barullo. Después comienza la toma de conciencia y la búsqueda de ayuda y comprensión.

Buscar un buen terapeuta con el que sentirse cómodo y ponerte a trabajar. Y comprensión por parte de tu entorno para mantener tu ánimo alto y sostenerte cuando dudes o temas. Las dos cosas son complicadas, o lo han sido para mí. Probé varios terapeutas hasta que di con la adecuada, terapia de un año y un trabajo con MAYÚSCULAS de autoconocimiento.

Y en cuanto a mi entorno, sentimientos encontrados y preguntas incómodas, juicios y creencias que no son tuyas: “qué cómo puede ser, con lo alegre y fuerte que tú eres…”, y lo peor, esa fuerza de voluntad que todo el mundo te vende y predica, y que en muchos casos no funciona, y sólo te hace sentir culpable. Es algo incontrolable, no hay un interruptor, no hay un truco de magia para alejar las sensaciones físicas y parar tus pensamientos perturbadores.

Y el siguiente ingrediente, la medicación; ahí traspasamos un umbral donde encuentras miradas desconfiadas, nada de entendimiento y en mi caso, que escondas tu pastillero en el fondo más remoto de mi bolso y lo saque en muchos baños diferentes, o cuartos a puerta cerrada. Y ahí sigue el diálogo que comenté al principio, intentando ser compatible con toda la rutina diaria.

A veces este esfuerzo es mayor que el de hacer terapia. ¿Por qué escribo esto?, porque sólo quiero un abrazo en mis momentos limitantes, un “acompañamiento al baño”, o una llamada sólo para escucharme. No quiero recetas mágicas, ni consejos sacados de frases hechas. Sólo quiero COMPRENSIÓN y APOYO. En mi caso concreto mi marido ha estado a mi lado, y ha superado con creces mis expectativas. No me juzga, no me interroga, no quiere comprender con la mente racional algo que a veces no puedo explicar, sólo me abraza y me da mimos y chocolate, me sube en volandas al coche y me lleva a sitios que me gustan, aunque en el trayecto llore sin parar, este enfadadísima o mire por la ventanilla como si no estuviera allí.

La terapia es vital, es un trabajo, pero en toda la extensión de la palabra, tardes y noches de tareas, aprender nuevas rutinas, esforzarse y actuar.

Tengo recaídas, pero cada vez tengo más herramientas, y espero poner fin alguna vez y dejar atrás, sin culpa, estas etapas.

Sólo escribo para reflexionar en alto, y si sirve de algo para alguien, contenta y feliz.

Ana.

Gracias Ana, por compartir tu experiencia

La receta de la felicidad

El psicólogo estadounidense Dan Gilbert conoce la receta de la felicidad. Y es infalible. Este investigador de la Universidad de Harvard recuerda el caso de Moreese Bickham, un ciudadano negro de Luisiana (EE UU) que en 1958 vio cómo dos policías vinculados al Ku Klux Klan llegaban al porche de su casa y le metían un tiro en el estómago. Pese a la herida, Bickham, a sus 42 años, logró coger un arma y defenderse. Mató a los dos agentes. Actuó en defensa propia, pero fue condenado a muerte por las racistas instituciones del sur de EE UU de hace medio siglo. Pasó más de 37 años en prisión, 14 de ellos en el corredor de la muerte. Encerrado 23 horas al día en completo aislamiento. Hasta que, por las presiones de la sociedad civil, fue liberado en 1996. Al salir, sobre su tiempo en la cárcel dijo: “No lamento ni un minuto. Fue una experiencia gloriosa”.

Seguir aquí (El País)

El vestido

Los celos son siempre el instrumento certero que destruye la libertad interior y elimina en la compañía toda la felicidad posible.
Gregorio Marañon

¿Por qué te has puesto ese vestido?, comenta él.
Es muy cómodo ¿no te gusta?, responde ella.
Pues no, la verdad. Lo encuentro muy corto y digamos … despejado por arriba ¿no llevas sujetador?, vuelve a señalar él.
¿Perdona? ¡Javi, no estarás hablando en serio! Este vestido es el que tenía cuando nos conocimos. De hecho, ¡me dijiste que estaba radiante con él!, se queja amargamente Rosi. ¡No entiendo nada!

Desde aquí, ella puede tomar dos caminos. Volver sobre sus pasos a cambiarse de vestimenta, o pasar de sus comentarios y seguir con los planes. Las dos tienen consecuencias. Distintas es verdad, pero ambas pueden resultar igual de perjudiciales.

La primera -ceder ante las exigencias de su pareja-, es el comienzo de un complicado recorrido, que puede llevar a la dependencia emocional y, más adelante, al maltrato. La segunda -continuar con el vestido-, puede provocar el despliegue del mal humor de su pareja y convertir la cita en un rato muy desagradable.

En realidad, Rosi tiene una tercera opción. Suspender la cita con Javi, y plantearse seriamente su relación. Es decir, interpretar las señales que recibe de su pareja. Y que están apuntando a un peligroso camino de manipulación.

El enamoramiento es un proceso por el que, paradójicamente, nos atrae algo de otra persona, que luego queremos que acabe. Así, a Javi, le pudo resultar muy atractiva Rosi cuando la conoció, con su bonito vestido. Luego esto cambia. Pero ¿por qué ocurre?
Celos. Esa es la respuesta. Simple y preocupante. Una vez aparecen, su erradicación resulta muy complicada. Son como una plaga. En ningún caso son buenos y, especialmente en las relaciones de pareja, pueden llegar a ser letales.

Su uso común, como una justificación de actitudes como la que presento al principio de este post, ha conseguido que no lo veamos como el indicador que es. Un indicio de manipulación, que irá a peor si no lo cortamos, y que puede conducir a situaciones de abuso y humillación, justificadas en un supuesto amor.

Aclaremos. Durante el proceso de enamoramiento se dicen -y hacen-, muchas tonterías. Es así. Es el momento más cercano a nuestro pasado irracional. Hemos montado toda una cultura alrededor de él. Sin ti no soy nadie, me muero por ti, la vida no tiene sentido sin ti a mi lado … son muchas de las expresiones absurdas que sostienen esta visión dependiente del amor. Si somos conscientes de ello, quizás lleguemos a entender cuál es la salida que debe tomar Rosi.

Los celos no son amor, son todo lo contrario. Es la señal de la que debemos estar pendientes, si queremos anticiparnos a una relación tóxica que puede ir a mucho peor.

¿Sienten?

¿Qué pasa dentro de los cerebros de los animales? ¿Podemos saber qué piensan y sienten? Carl Safina cree que sí. Con el uso de descubrimientos y anécdotas que incluyen la ecología, la biología y las ciencias del comportamiento, enlaza historias de ballenas, lobos, elefantes y albatros para argumentar que así como nosotros pensamos, sentimos, usamos herramientas y expresamos emociones, también otras criaturas lo hacen, y mentes, con las que compartimos el planeta.

Vivir a consciencia

Gracias a la vida que me ha dado tanto…
Mercedes Sosa

Puede que lean esto relajados en la playa o en una magnífica casita rural perdida. Si es así, seguro que se sentirán identificados con lo que propongo hoy en este espacio.

En un magnífico libro, el psicólogo clínico J. Kaplan, nos ofrece algunas claves para vivir mejor desde la conciencia y la atención plena. Define la atención plena (mindfulness) como ser consciente de tus pensamientos, sentimientos y acciones sin juzgarnos o criticarnos. También consiste en observar de forma abierta y sin automatismos lo que ocurre a nuestro alrededor. En definitiva, cambiar nuestra forma de relacionarnos con nosotros, con los demás y con nuestro entorno.

Este autor señala que, en ocasiones podemos encontrar a nuestros mejores entrenadores en atención plena en nuestra propia casa. Los niños se enfrascan en aquello que hacen, disfrutan plenamente de ello y es un verdadero placer observarles. Podríamos aprender mucho de cómo lo hacen. Jugar con ellos, sin mirar el reloj es una buena manera de comenzar. En vacaciones podemos comenzar este entrenamiento ¿no creen?. Se trata de “reaprender” a disfrutar de las pequeñas cosas, de los momentos que dejamos que pasen sin darnos cuenta, día a día. Este sería un primer paso.

Un segundo paso hacia nuestra propio bienestar mental está relacionado con el ejercicio. Y, más específicamente, con nuestra actitud hacia él. Desarrollar una actitud positiva hacia el ejercicio más que obligación de hacerlo, es la clave para integrarlo de una forma natural en nuestra vida.

Eso implica encontrar aquello que nos gusta, que disfrutamos, y no lo que está de moda. Y hacerlo. Una vez estemos en él es importante que lo experimentemos momento a momento, sin marcarnos metas inalcanzables, sean kilómetros o kilos. Estamos haciendo ejercicio porque nos gusta, en si. Lo aceptamos como una forma más de tener una vida plena. Si se convierte en una fuente de frustración, no sirve.

Un tercer paso lo constituye lo verde. No se asusten, no estamos hablando de comida, hablamos de pasear por el campo, por el parque, por sitios que tenemos en nuestras ciudades o cerca de ellas que nos permiten desconectar de los ruidos y de los pasos apresurados de lo cotidiano. Son muchas las investigaciones las que comprueban la influencia positiva de estos ambientes.
Cruzar el parque cercano, o caminar al lado del mar, provoca una sensación de quietud, que es difícilmente alcanzable en medio de una calle abarrotada.

Un cuarto paso lo constituye el conocimento. Incorporar cultura en nuestra agenda nos ayuda a conectar de otra forma con lo que nos rodea. Las exposiciones, conciertos, obras de teatro, tienen una influencia muy beneficiosa en nuestras vidas permitiéndonos, entre otras cosas, ver la vida como la ven otras personas. Esto nos acerca mucho más a nosotros mismos.

Conseguir vivir en el presente, disfrutando el momento, ¡de eso se trata!