pablo16022017

Valores 2.0

El respeto es una calle de dos vías, si lo quieres recibir, lo tienes que dar.
R.G. Risch.

¿Vale la pena?¿De verdad tenemos que hablar de los valores?¿No es algo ya pasado de moda?

Obviamente. Mi respuesta ya la conocen ¡Si!

La exposición constante y multicanal, que experimentamos diariamente, hace difícil que muchos de nuestros valores, supuestamente más arraigados, resistan. ¡Y no son los jóvenes! La difusión en redes sociales y medios de comunicación varios, de contenidos reprobables y que atentan contra la dignidad humana, es el pan nuestro de cada día.

Encontramos como un youtuber, cuelga como le da galletas con dentrífico a una persona sin hogar, como se difunden imágenes de agresiones en centros educativos, como un presidente responde por twitter … Tiempos raros, que diría un buen amigo mío.

Entendiendo la indignación que estos modos pueden llegar a causar, no creo que la solución sea invadir los juzgados con denuncias sobre ellas. Al menos no en la extensión en la que parece estar ocurriendo.

Al contrario. Es necesario recuperar o refrescar los valores esenciales del respeto y la eduación. Y esto empieza por la dignidad y el derecho de los demás a elegir. La constitución española nos puede dar algunas ideas. Otras las podemos extraer de culturas más comunitarias y respetuosas con las personas. No resulta tan complicado. -No hagas a otra persona lo que no te gustaría que te hiciesen a ti, o a tu familia, o a tus amigos, o a tus creencias … -. Admitiendo que pueden haber excepciones, y que muchas tropelías se acogen a tradiciones o religiones, creo que este podría ser un buen punto de partida para recuperar una convivencia más sana y empática.

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Narcisistas

La mayoría de la gente está enamorada de su drama personal. Su historia personal es su identidad. El ego dirige su vida. Todo su sentido de identidad está invertido en él.
Eckhart Tolle

Al parecer, la mejor forma de saber si alguien es narcisista es ¡preguntárselo!. Esto es lo que concluye un estudio que fue llevado a cabo con 2200 personas.

Este rasgo de personalidad, que puede resultar atractivo al principio, llega a convertirse en un verdadero problema, en algunos casos. Al principio, las personas narcisistas nos pueden inspirar más confianza, se más agradables o divertidas. Pero pronto se convierten en una pesadilla. Es la diferencia entre alguien que nos cuenta quien es, cuando le preguntamos y alguien que lo hace sin que lo hagamos. Todo el tiempo.

Las personas narcisistas van a llevar todo a su terreno. Lo bueno y lo malo. Nadie se divierte como ellos. Nadie lo ha pasado tan mal como ellos. Su capacidad de escuchar es nula y de empalizar, todavía más pequeña.

Por esto, resulta interesante saber lo que concluye este estudio, realizado en 2014. ¡Sólo tenemos que preguntar! Hasta ahora, la psicología utilizaba el Cuestionario de Personalidad Narcisista. Pero este atajo, directamente al ego de el individuo en cuestión, parece mostrar bastante certeza. Al menos para poder despejar dudas.

La pregunta era la siguiente

“¿Hasta que punto estás de acuerdo con esta afirmación?: Soy un narcisista (Nota: la palabra “narcisista”, significa egoísta, preocupado solo por mi, y vanidoso)”
Las personas debían puntuarse en una escala de 1 a 7, donde 1 era “no es cierto para mi” y 7 “es muy cierto para mí”.

Los resultados coincidieron, y mucho, con otras medidas del narcisismo. Con más preguntas. Probablemente resultó así por las propias características de este rasgo de personalidad, como comenta B. Bushman, el autor de este estudio.

“Las personas narcisistas parecen estar orgullosas de serlo. No lo ven como una cualidad negativa. Creen que son superiores a los demás y no tienen problema en contarlo.”

El problema con el narcisismo es que, puede parecer atractivo al principio, pero a la larga es tóxico, por el poco interés que muestra por los sentimientos de los demás. Es incompatible con la empatía y la compasión.

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¿Sabemos conversar?

Cuando tu empleo depende de cuán bien le hablas a la gente, aprendes mucho sobre como entablar conversaciones, y la mayoría de nosotros no conversa muy bien. Celeste Headlee ha trabajado como entrevistadora en la radio durante décadas, y conoce los ingredientes para una excelente conversación: Honestidad, brevedad, claridad y una saludable dosis de escucha. En esta valiosa charla, comparte 10 reglas útiles para tener mejores conversaciones. “Sal, háblale a la gente, escúchala”, dice. “Y, lo más importante, prepárate para asombrarte”.

Les dejo parte de su charla (las diez reglas para una buena conversación), transcritas.

Muchos ya han escuchado varios consejos sobre esto, cosas como mirar a la gente a los ojos, pensar en temas interesantes para discutir con anticipación, mirar, asentir y sonreír para mostrar que prestan atención, repetir justo lo escuchado o resumirlo. Así que, quiero que olviden todo eso. Es una estupidez.

No hay razón para aprender a mostrar que se presta atención si de hecho se está prestando atención.

Ahora, yo uso las mismas capacidades como entrevistadora profesional que las que uso en mi vida diaria. Así que, les enseñaré cómo entrevistar a la gente, y eso en realidad va a ayudarles a aprender a ser mejores conversando. Aprender a tener una conversación sin desperdiciar su tiempo, sin aburrirse, y, ¡por Dios!, sin ofender a nadie.

Todos hemos tenido grandes conversaciones. Las hemos tenido antes. Sabemos cómo son. El tipo de conversación donde te marchas sintiéndote involucrado e inspirado, o donde sientes que has hecho una conexión real o has entendido perfectamente. No hay razón para que muchas de sus interacciones no puedan ser así.

Así que tengo 10 reglas. Y los guiaré a través de ellas. pero honestamente, si solo eligen una de ellas y la dominan, Uds. ya disfrutarán de mejores conversaciones.

Número uno: No sean multitareas. Y no solo quiero decir que dejen su móvil, su tablet, las llaves del auto o lo que tengan en las manos. Quiero decir, estén presentes. Estén en “ese” momento. No piensen en la discusión que tuvieron con su jefe. No piensen en lo que van a comer para cenar. Si desean salir de la conversación, abandonen la conversación, pero no estén mitad presente y mitad ausente.

Número dos: No sean dogmáticos. si quieren establecer su opinión sin oportunidad a réplica, discusión, aportación o crecimiento, escriban un blog.

Ahora, hay una buena razón por la que no permito sabiondos en mi show: Porque son realmente aburridos. Si son conservadores, odian a Obama, al programa de comida y al aborto. Si son liberales, odiarán a los bancos, las empresas las petroleras y a Dick Cheney. Totalmente predecibles. Y Uds. no querrán ser así. Uds. deben iniciar una conversación suponiendo que tienen algo que aprender. El afamado terapeuta M. Scott Peck dijo que la escucha sincera requiere de ponerse uno mismo a un lado. Y a veces eso significa dejar a un lado las opiniones personales. Él dijo que al sentir esta aceptación, quien habla estará cada vez menos vulnerable y cada vez más dispuesto a abrir las represiones interiores de su mente al que escucha. Una vez más, supongan que tienen algo que aprender.

Bill Nye: “Cada persona que llegues a conocer, sabrá algo que tú no conoces”. Yo lo puse en este modo: Todos son expertos en algo.

Número tres: Usen preguntas abiertas. En este caso, observen a los periodistas. Inicien preguntas con quién, qué, cuándo, dónde, por qué o cómo. Si lo ponen en una pregunta complicada, van a obtener una respuesta simple. Si les pregunto, “¿Se asustaron?”. Responderán a la palabra más enérgica en esa oración, la cual es “asustarse”, y la respuesta sería Sí o No me asusté. “¿Estabas molesto?”. “Sí, lo estaba”. Déjalos describirlo. Son los que saben. Intenten preguntar cosas como, “¿Cómo fue eso?”. “¿Qué sintieron?”. Porque entonces puede que tengan que detenerse un tiempo y pensar en ello, y van a tener una respuesta mucho más interesante.

Número cuatro: Sigan el ritmo. Eso significa que vendrán pensamientos a su mente y necesitan permitirles salir de su mente. A menudo, hemos escuchado entrevistas en la que un invitado está hablando por minutos y luego el presentador vuelve y hace una pregunta que parece haber salido de la nada, o que ya ha sido contestada. Allí es probable que él haya dejado de escuchar hace 2 minutos porque pensaba en esta pregunta realmente ingeniosa, y estaba convencido y determinado a decirla. Y nosotros hacemos exactamente lo mismo. Estamos sentados conversando con alguien, y recordamos la vez que encontramos a Hugh Jackman en una cafetería.

Y dejamos de escuchar. Les vendrán historias e ideas. Deben dejarlas venir y dejarlas ir.

Número cinco: Si no saben, digan que no lo saben. Ahora, la gente en la radio, especialmente en NPR es mucho más consciente de que está siendo grabada, y es más prudente sobre los temas en lo que aseguran ser expertos y sobre lo que afirman saber con seguridad. Hagan eso. Pequen de precavidos. La charla no debería ser común.

Número seis: No equiparen sus experiencias con las de ellos. Si hablan sobre la perdida de un familiar, no empiecen a hablar de la vez que perdieron un familiar. Si hablan de problemas laborales, no les cuenten cuánto odian su empleo. No es lo mismo. Nunca es lo mismo. Toda experiencia es individual. Y, lo más importante, no es sobre Uds. No necesitan usar ese momento para probar cuán sorprendente son o cuánto han sufrido. Una vez preguntaron a Stephen Hawking cuál era si CI, y él dijo: “Ni idea. El que fanfarronea sobre su CI es un perdedor”.

Las conversaciones no son una oportunidad promocional.

Número siete: Procuren no ser repetitivos. Es condescendiente, y es en verdad aburrido, y tendemos a hacerlo mucho. Especialmente en conversaciones de trabajo o con nuestros hijos. Cuando tenemos una idea, la seguimos parafraseando una y otra vez. No hagan eso.

Número ocho: Eviten los detalles. Francamente, la gente no está interesada en los años, los nombres, las fechas, todos esos detalles que luchan por traer a su mente. A ellos no les importan. Les importan Uds. les importa cómo son, qué tienen en común. Así que, olviden los detalles. Déjenlos.

Número nueve: esta no es la última, pero es la más importante. Escuchen. No puedo decirles cuántas personas importantes han dicho que escuchar tal vez sea la capacidad más importante que podrían desarrollar. Buddha dijo, y estoy parafraseando, “Si tu boca está abierta, no estás aprendiendo”. Y Calvin Coolidge dijo: “Nadie ha sido despedido por escuchar demasiado”.

¿Por qué no escucharse mutuamente? Número uno, nosotros preferimos hablar. Cuando hablo, estoy en control. No tengo que escuchar en lo que no esté interesado. Soy el centro de atención. Puedo reafirmar mi propia identidad. Pero hay otra razón: Que nos distraemos. La persona promedio habla unas 225 palabras por minuto, pero podemos escuchar hasta 500 palabras por minutos. Así que nuestras mentes están llenando esas otras 275 palabras. Y miren, sé que requiere esfuerzo y energía realmente prestar atención a alguien, pero si no pueden hacer eso, no están en una conversación. solo son dos personas gritando oraciones apenas relacionadas en el mismo lugar.

Tienen que escucharse el uno al otro. Stephen Covey lo dijo muy bien. Dijo: “Muchos de nosotros no escuchamos con la intención de entender. Escuchamos con la intención de responder”.

Una regla más, número diez, y es esta: Sean breves.

El perdón

Como aprender a perdonar
Un gran artículo de @PsicoSinDivan

La Psicología Sin Diván

¡Hola de nuevo!

Estoy aquí otra semana más con una de vuestras preguntas: ¿Cómo puedo perdonar?

En muchas ocasiones vivimos experiencias que nos han hecho sentirnos resentidos, dolidos y/o decepcionados con alguien. Esto lleva, inevitablemente a la pregunta ¿Le perdono? Perdonar a una persona que nos ha hecho daño, el acto de perdonar es una decisión.
Existen otras vías más fáciles y a las que recurrimos otras muchas veces: la venganza y el rencor (Para saber más sobre cómo manejar el rencor pincha aquí: https://lapsicologiasindivan.wordpress.com/2015/03/12/como-gestionar-el-rencor/). Estas producen, inicialmente, un alivio temporal pero conllevan mayor malestar a largo plazo ya que el dolor y el desequilibrio en la relación no se han resuelto.

El perdón implica tomar consciencia del daño que nos han producido y decidir abandonar el resentimiento hacia quien ha producido tal daño, cesando así la ira y otras conductas destructivas y renunciando a la venganza, el castigo o…

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Sin palabras

Lo más importante en la comunicación es escuchar lo que no se dice.
Peter Drucker

La comunicación no verbal constituye un lenguaje social que, en muchas forma, es más rico que nuestras palabras. Nuestros sensores no verbales son tan poderosos que solamente con los movimientos asociados al lenguaje verbal, son capaces de leer las emociones de quien está hablando. Sin embargo, la consciencia de esta “lectura no verbal”, no forma parte de lo que nos enseñan o aprendemos a medida que crecemos.

Resulta paradójico que la capacidad para “hablar” mediante nuestro cuerpo y movimientos, algo que claramente leemos, no parezca formar parte de nuestras habilidades de comunicación.

En muchos manuales, todavía podemos encontrar como se define a este tipo de comunicación como algo “complementario” al lenguaje hablado. A pesar de que se tiene evidencia que lo que expresamos con nuestros gestos, nuestra mirada, o posturas transmite, consciente o inconscientemente, mucho más de lo hace la palabra. De hecho, se considera que, en una comunicación cara a cara, el componente verbal es aproximadamente el 35%, mientras que nuestros mensajes no verbales transmiten más del 65%.

Esto ocurre, en la mayoría de las ocasiones, sin que nos demos cuenta. Y sin ser conscientes que quien nos está escuchando -y viendo-, lo sea. Parece que funcionamos a diario desconociendo muchas de las claves de la comunicación que tenemos entre nosotros.

Este tipo de lenguaje puede determinar que, las mismas palabras dichas por una u otra persona, de una forma u otra, lleguen a producir efectos totalmente contrarios. En algunos casos, lo atribuimos a características personales, de confianza o de credibilidad del emisor, y puede que tenga una especial relevancia. Pero, quizás si entendiésemos un poco mejor lo que expresamos sin palabras, cambiaría la forma en que interpretamos los mensajes que recibimos.

Los componentes de este tipo de comunicación son tres:

En primer lugar, los que forman las miradas, los gestos, las posturas o el movimiento de las manos que acompaña a nuestras palabras. Un buen ejercicio para comprobar su importancia lo podemos hacer quitando el volumen a una persona que esté hablando en la tele y ver si nos infunde confianza, seguridad en lo que dice, convicción … Prueben con un discurso político. Verán lo curioso que es cuando escuchen las palabras.

Un segundo componente de la comunicación es el tono y la velocidad al hablar. Estos aspectos son especialmente importantes para conocer la importancia, cercanía o implicación de aquello que estamos transmitiendo. Ahora mi propuesta sería escuchar un discurso en un idioma que no conozcamos e intentar apreciar lo que nos transmiten las características no verbales de las palabras pronunciadas.

El tercer componente tiene que ver con la distancia. A nadie se nos escapa que ésta puede ser una característica muy condicionada por sesgos culturales. Pero, en nuestro entorno habitual, incluso el lugar en donde nos ponemos en una reunión o conferencia, puede modular enormemente nuestro mensaje.

En definitiva, comunicarnos, algo tan esencial para conocernos a nosotros mismos y las demás personas, es multicanal. Necesitamos, además de oír lo que nos dicen, sentirlo. Y en esto, la comunicación no verbal es imprescindible.

¿Qué causa la adicción?

¡Las drogas, por supuesto! Esta es la respuesta que muchas personas darían a nuestra pregunta de hoy. Pero quizás, tras ver esta presentación, cambie tu forma de verlo.

pablo08022017

Arrogancia

¡Ten confianza en ti mismo!, es uno de los consejos más valiosos que podemos recibir.

La confianza es un rasgo de personalidad muy importante. Pero, en algunas ocasiones, puede preocuparnos parecer demasiado sobrados o arrogantes en la exhibición de la misma. Afortunadamente, hay distintos indicadores que distinguen una cosa de la otra.

La confianza se cimenta en la realidad, mientras que las posiciones arrogantes están basadas en una valoración propia que va más allá de ella. Esto, podemos pensar, es algo arbitrario ¿verdad?. Para algunas personas podemos ser las personas con más habilidades y talento, que pueda haber. Mientras que para otras, estas virtudes están solo en tu cabeza.

Pero hay más indicadores objetivos. La confianza reconoce la contribución de los demás y comparte el crédito por lo conseguido. La arrogancia, por otro lado, fluye de la inseguridad y necesidad de ser validado. De esta forma, la arrogancia trata a menudo de atribuirse más reconocimiento del que la persona realmente merece. Intenta hacer ver, incluso, como aquello que en lo que podemos haber participado, tiene una importancia mucho mayor de la que realmente tiene.

A un nivel todavía más simple, podemos incluso mostrar confianza y no arrogancia, estando en silencio. Ésta última gusta de aparentar. Todo lo contrario que ocurre con la confianza. Por ejemplo, si, simplemente asentimos, para mostrar que somos capaces de desarrollar una determinada tarea, en lugar de exponer nuestra capacidad y curriculum para hacerlo, obtendremos un resultado mucho más efectivo.