¿Y si me enfado?

Los límites de las rabietas

El enfado es una emoción humana totalmente normal y por lo general, saludable. Sin embargo, cuando perdemos su control, y se vuelve destructiva, nos puede ocasionar muchos problemas.

Enfadarnos viene como una reacción a algo que nos parece injusto o, simplemente, no nos gusta. Es algo natural que puede suceder más o menos frecuentemente.

Y aquí estaría la clave. Recordemos que las emociones humanas nos están indicando algo. En este caso, el enfado es un síntoma que puede esconder insatisfacción. Es aquí donde debemos indagar.

Saber porque nos enfadamos, entendiendo si son motivos que, de alguna forma, podemos justificar, nos ayudará a modificar o evitar lo que lo produce.

Recordemos, es algo adaptativo. No tiene ningún sentido si siempre nos estamos molestando por lo mismo y no le ponemos alguna solución.C orremos el peligro de “encariñarnos” con el enfado y convertirlo en una característica propia. Es decir, de estar enfadados por algo, pasamos a estarlo por prácticamente todo.

Esta actitud ante el mundo, se termina convirtiendo en una conducta tóxica, que nos hace mucho daño, a nosotros y a las personas que nos rodean. Añadido a esto, un permanente estado de enfado nos pone mucho más cerca de algo incontrolable, la ira. Una forma de reaccionar que puede derivar en serios problemas.

Por esto es importante que, aunque nos enfademos, intentemos entender porque ocurre. Y en que medida podemos ponerle remedio. Bien a nuestro enfado o bien a lo puede estar causándolo.

Encontraremos, en ocasiones, que este análisis, nos ayuda a entendernos mucho más de lo que pensábamos. Recuerden que nuestras emociones están aquí por algo. Solo debemos aprender a leerlas. Sin juzgarnos.

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Decisiones

 Lo más difícil es la decisión de actuar, el resto no es más que tenacidad. Los miedos son tigres de papel. Puedes hacer cualquier cosa que decidas. Puedes actuar para cambiar y controlar tu vida; y el procedimiento, el proceso es su propia recompensa.  Amelia Earhart

De acuerdo a algunas fuentes, la persona media toma alrededor de 35000 decisiones conscientes al día. No todas son iguales, ni tienen la misma repercusión. A pesar de ello, son realmente un montón. El problema es que, cada decisión gasta energía mental.

Nuestra mente tiene que procesar y evaluar, antes de poder decidir. Imaginemos lo que suponen la cantidad que hemos comentado al principio. Esto significa que, la mayoría del tiempo, no podemos garantizar estar en posesión de la energía mental más óptima, cuando llega el momento de tomar decisiones importantes o decisivas. De hecho, si estamos muy cansados, es posible que no seamos ni conscientes si una determinada decisión es o no importante. Esto se denomina fatiga de decisión, y es un factor oculto que influencia cualquier resultado que obtengamos en nuestra experiencia diaria.

¿Cómo podemos reducir este fenómeno, para poder tomar las mejores decisiones? Una es disminuir el número de ellas. Algunas no son tan importantes, y gastan mucha energía.

Un ejemplo es el de Mark Zuckerberg, que no cambia su tipo de ropa. ¿Te ves con un armario de camisas blancas y pantalones vaqueros?. Supongo que dependerá de la importancia que para ti tenga la moda. Pero seguro que hay otra muchas que puedes evitar tomar. Una segunda opción, probablemente más atractiva, es la programación.

Registremos durante unos días, las decisiones que tomamos. Agrupémoslas respecto a temas determinados, como puede ser programar la ropa que vamos a usar durante la semana, o la comida que utilizaremos, o el trayecto hacia el trabajo … Se trataría de reducir las decisiones previsibles, para centrarnos en muchas que nos irán surgiendo sin que podamos programarlas. Esta es una buena forma de reservar nuestra energía mental. Y tú ¿tienes alguna estrategia para reducir las decisiones? .

¿Demasiada protección?

En la vida hay algo peor que el fracaso: el no haber intentado nada
Franklin D. Roosevelt

La capacidad que tengamos de abordar las situaciones difíciles que se nos pueden presentar una vida, determinará, en gran medida, nuestra propia percepción de felicidad. Esta capacidad se denomina en psicología, tolerancia a la frustración. Si lo traducimos a un lenguaje coloquial, es lo que todos conocemos, como sacrificarnos.

Este concepto, demasiado asociado a un modelo de educación basado en el sufrimiento es, sin embargo, una parte esencial del proceso de aprendizaje, y de la construcción de nuestra felicidad.

En los últimos tiempos, hemos estado viviendo, en una cultura, que trata por todos los medios, de evitar las dificultades. Intentamos hacerlo con los más jóvenes, en la escuela.

Y en muchas ocasiones, no les permitimos que pongan a prueba su capacidad de resolver dificultades. Aunque es algo natural que queremos proteger a nuestros hijos y a nuestras hijas, en muchas ocasiones, esta protección los deja sin herramientas emocionales para abordar los problemas más básicos y comunes.

La tolerancia a la frustración es una parte imprescindible del crecimiento emocional del individuo. Consigue qué la persona entienda que existe un balance vital básico. El que se construye poniendo en la balanza los momentos malos y los momentos buenos, los éxitos y los fracasos, la alegría y tristeza o la decepción y la satisfacción.

Al no permitir que se desarrolle esta habilidad emocional en nuestros hijos e hijas, estamos cercenando, en cierta forma, una parte de su experiencia vital. Les estamos llevando a pensar que todo en la vida es de color de rosa, facilitándoles el camino, y no dejando que hagan ninguna parte de él, a solas.

No estamos sugiriendo, en absoluto, que no los protejamos. Si estamos proponiendo que nos planteemos hasta que punto esa protección los está convirtiendo en personas incapaces de enfrentarse a los problemas de la vida.

La tolerancia a la frustración se entrena. Y nuestro papel, como padres o madres, no es evitar las decepciones de quienes son nuestra responsabilidad. Lo es estar a su lado cuando ocurre, apoyándoles y animándoles a que sigan adelante.

 

Kufungisisa

Capacitando a las abuelas para tratar la depresión

Dixon Chibanda es uno de los 12 psiquiatras en Zimbabwe para una población de más de 16 millones. Al darse cuenta que su país nunca iba a ser capaz de tratar por métodos tradicionales a personas con problemas de salud mental, Chibanda ayudó a desarrollar una solución hermosa con un recurso ilimitado: las abuelas.

En esta charla extraordinaria e inspiradora, descubrirá más sobre el Programa de Banco de Amistad, que capacita a las abuelas en la terapia conversacional basada en la evidencia y brinda atención y esperanza a quien la necesita.

 

Carnaval, carnaval …

¿Por qué nos gusta disfrazarnos? Carnaval, carnaval …

Seguro que podría encontrar un montón de estudios (ya lo he hecho) que expliquen porqué a los seres humanos nos gusta disfrazarnos. Dejar salir nuestra parte femenina o masculina, escenificar nuestra sensualidad, empatizar con los demás… La lista es interminable, sin duda.

Pero hoy no toca.

El Carnaval donde yo vivo, en Canarias, no se plantea así. Es más sencillo. Forma parte de la cultura más intensa e interna de los que vivimos aquí. Es como un latido que se siente todo el año, se prepara en las casas, en locales de ensayo de los diferentes grupos que participan, en los colegios. Es algo familiar y profundamente basado en la camaradería y en el humor.

Desde luego que se trata de disfrazarse, de tomar licencia para vestirse de formas que no haríamos en otro momento del año, pero va mucho más allá de esto.

Consigue que a quienes les guste o lo vivan, se transformen. Que quienes no seamos tan carnavaleros lo miremos con cierta envidia, y que unos pocos que se aburren, le saquen crítica a todo, recordando el pasado, cercano o lejano o cualquier otro tiempo que siempre fue mejor.

Pero el Carnaval resiste. Porque es como una especie de rito de iniciación que lo admite todo, hasta los excesos etílicos o verbales.

Por eso, si me preguntan que es el Carnaval para mí, como psicólogo podría responder sesudamente. Podría decir que es una catarsis colectiva o cualquier otro palabro que seguro que estaría bien fundamentado.

Pero me quedo con la imagen de los padres y madres que, en la Cabalgata anunciadora van detrás de sus hijos, con bolsas y carritos cargados hasta los topes o con la de quienes aparcamos a un lado (con el pijama bajo el chándal), para recogerles a altas horas de la madrugada.

Por eso, he de decir que, al menos para mí, el Carnaval es familia.

 

 

 

¿Nos estamos engañando?

 La persona se convierte en lo que el cree de si misma. Si yo me mantengo diciéndome que no puedo hacer cierta cosa, es muy probable que termine convirtiéndome en incapaz de hacerlo. De forma contraria, si yo tengo la creencia de que puedo hacerlo, seguramente voy adquirir la capacidad de hacerlo, incluso si yo no pude hacerlo en el principio.
Mahatma Gandhi

Lo negativo del pensamiento positivo viene del planteamiento extendido, que se ha llegado a convertir en tendencia, de que todo se puede solucionar con una actitud determinada. Es algo muy atractivo que nos digan que las creencias negativas acerca de nosotros, del mundo, o del futuro, que nos pueden llevar, incluso a un trastorno de ansiedad o depresión. Tan atractivo como imprudente y peligroso.

No es razonable proponer que solo siendo “optimista” o pensando “en positivo” podemos solucionarlo todo. Esto no es psicología. Es manipulación.

El auge de este movimiento positivista, sin evidencia científica alguna, ha sido muy bien recibido en determinadas situaciones, y entornos orientados a la conformidad. A la adaptación a un modelo social estándar.

¿Por qué falla el pensamiento positivo? Generalmente porque ocurre cuando nuestras predicciones no están basadas en hechos, sino en sensaciones “positivas”. Cuando nuestras creencias o predicciones están apoyadas en la evidencia, entrenamiento, conocimiento, perseverancia … es mucho más probable que ver las cosas en positivo tenga éxito.

Cuando no lo están y todo se fundamenta en una suerte de pensamiento mágico al que fiamos todo nuestro éxito, es muy probable que terminemos confundidos, frustrados o decepcionados. Por esto el pensamiento positivo es tan limitado. Nos fuerza a apartarnos de la certeza y nos lleva al terreno de los deseos. Olvidando por el camino el esfuerzo, el trabajo, y todo aquello que conlleva conseguir que lo que querríamos salga adelante.

Una forma mucho más sana de pensar consiste en utilizar ideas que sean más precisas, útiles y basadas en la evidencia. Podríamos comenzar haciéndonos preguntas como:

¿Qué es lo que apoya lo que pienso? o ¿hay alguna evidencia para rechazarlo o admitirlo? o esto que creo ¿puedo verlo desde otro punto de vista?. Estas preguntas nos ayudarán a volver a la “realidad” y a reaprender a basar nuestras predicciones en la reflexión crítica y sustentada en nuestros conocimientos y habilidades ciertas.

Este es el planteamiento que nos propone la psicología positiva. Una autoevaluación de nuestras potencialidades reales que nos lleve a una visión realista -y positiva-, de aquello que afrontemos.

50 años o más …

Poema de Mario de Andrade que suscribo íntegramente …

Conté mis años y descubrí que tengo menos tiempo para vivir de aquí en adelante, que el que viví hasta ahora.

Me siento como aquel niño que ganó un paquete de dulces; los primeros los comió con agrado, pero, cuando percibió que quedaban pocos, comenzó a saborearlos profundamente.

Ya no tengo tiempo para reuniones interminables donde se discuten estatutos, normas, procedimientos y reglamentos internos, sabiendo que no se va a lograr nada.

Ya no tengo tiempo para soportar a personas absurdas que, a pesar de su edad cronológica, no han crecido.

Mi tiempo es escaso como para discutir títulos. Quiero la esencia, mi alma tiene prisa… Sin muchos dulces en el paquete…

Quiero vivir al lado de gente humana, muy humana. Que sepa reír de sus errores. Que no se envanezca, con sus triunfos. Que no se considere electa antes de la hora. Que no huya de sus responsabilidades. Que defienda la dignidad humana. Y que desee tan sólo andar del lado de la verdad y la honradez.

Lo esencial es lo que hace que la vida valga la pena.

Quiero rodearme de gente, que sepa tocar el corazón de las personas…

Gente a quien los golpes duros de la vida, le enseñaron a crecer con toques suaves en el alma

Sí…, tengo prisa…, tengo prisa por vivir con la intensidad que sólo la madurez puede dar.

Pretendo no desperdiciar parte alguna de los dulces que me quedan… Estoy seguro que serán más exquisitos que los que hasta ahora he comido.

Mi meta es llegar al final satisfecho y en paz con mis seres queridos y con mi conciencia.
Tenemos dos vidas y la segunda comienza cuando te das cuenta que sólo tienes una …

Heridas

Maravilloso post!!!

merceroura

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A veces siento que me he cosido a mí misma. Como si fuera una muñeca de trapo remendada por todos los costados… Se me caía un ojo y lo cosí. Se me salía el relleno e hice un apaño. En ocasiones, el remiendo ha quedado perfecto, como nuevo. Otra veces, no he encontrado el mismo color o no he sabido reparar lo roto con la misma destreza con la que estaba hecho en un principio y ando por la vida con un ojo de cada color y algunas cicatrices. Soy un ser asimétrico y deshilachado, pero estoy aquí.

Durante mucho tiempo, me he mirado a mí misma y me he visto una muñeca rota, cuando en realidad era una muñeca que ha sabido curarse a sí misma, que ha encontrado la forma de seguir a pesar de los accidentes, los obstáculos y todas la veces que no ha sabido…

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Medias verdades

Grande es el poder de la tergiversación constante.
Charles Darwin

Hay tres tipos de mentiras: omisión, cuando olvidamos los hechos; comisión, cuando establecemos hechos falsos; y una tercera, más difícil de detectar y combatir, cuando alguien utiliza hechos ciertos para confundirnos o llevarnos a donde quiere.

La tergiversación de la verdad para beneficio propio, sea del tipo que sea es, sin duda, el más común de todos ellos. Sus formas son infinitas y las encontraremos en los ámbitos más diferentes. Se trata de retorcer la verdad para ganar a toda costa. Y esto, desgraciadamente, es lo único que parece importante. Si vale para nuestra ganancia, estará bien.

Lo hacemos todos, en mayor o menor medida. No es sencillo de detectar y aunque  consigamos, desactivarlo, puede resultar todavía más complejo.

Imaginen alguien quien nos está tratando de vender una casa y nos dice que “está en un buen vecindario”, “bien comunicada” o “cerca de todo”. Pero olvida decirnos que es un entorno muy ruidoso, con mucho tráfico y con mucha actividad nocturna. No nos ha mentido. Simplemente no nos ha contado toda la verdad.

Este tipo de estrategias funciona porque no es una mentira en el sentido que pensamos que es. Y hace muy difícil acusar a alguien de que lo pueda estar haciendo. De hecho, si lo hacemos, especialmente en algunas situaciones, puede hacernos quedar peor que el tergiversador. Entonces ¿qué podemos hacer?. Estas serían algunas posibilidades.

Anticipación. En determinadas situaciones, como la anterior, o las relacionadas con negociaciones, tanto personales como laborales, estar atento y pedir más información, puede ser una forma hábil de desactivar las medias verdades.

Vigilar el lenguaje. Frecuentemente, este tipo de mentiras, vienen acompañadas de exageraciones o vaguedades. Tienen como objeto distraernos de lo que no se quiere compartir.

Preguntar si o no. Estar muy atentos a la forma de responder a preguntas cerradas. Generalmente quien oculta algo, no va a hacerlo de forma clara.

Estas y otras estrategias que dejen poco espacio a quien trata de mentirnos, tergiversando, nos dejan mucho más cerca de evitar que nos engañen.

Una última, que me gusta especialmente, es el silencio. Quien está intentando engañarnos, espera nuestra respuesta a su manipulación. Si no la recibe, es más probable que cometa un error.