Actualízate

Aprendí que no se puede dar marcha atrás, que la esencia de la vida es ir hacia adelante. La vida, en realidad, es una calle de sentido único.
Agatha Christie

Todos llegamos a un punto en nuestras vidas (varias veces), en el que nos cuestionamos el significado de nuestras metas, sueños, potencial y, en general, el sentido de lo que somos o hacemos.

Es la base de una vida plena. Desde la conexión con otras personas, con nosotros mismos, nuestro lugar en el mundo y nuestra jerarquía de necesidades. Es normal que sea así. Somos seres vivos en constante cambio y pensar que lo que nos satisfacía hace unos años, lo tiene que hacer ahora, puede llevarnos a una continua decepción.

Actualizarnos, como si de un sistema operativo se tratase, va de movernos a un siguiente nivel. La fuerza que mueve este proceso es nuestra propia motivación. La necesidad de encontrar sentido a nuestra vida. Algo que no para nunca.

Este concepto, acuñado por el psicólogo Abraham Maslow, se centra en la motivación para desarrollar nuestro entendimiento y sabiduría, sobre el potencial y capacidades que poseemos. Es pues, un ejercicio de auto conocimiento continuo, que nos hará ser los protagonistas de nuestra vida.

A muchas personas, esta autoactualización se les resiste. Les cuesta cambiar una estructura de pensamiento programada para conseguir una determinada estabilidad y no salir de ella. Pero los cambios ocurrirán, queramos o no. Dependerá de nuestro deseo de crecer si ocurren con nosotros a los mandos o dejándonos llevar. Es diferente, por supuesto.

Si no tienes claro como hacerlo, te ayudamos con algunas indicaciones que puedan resultarte útiles.

Comienza a ver la realidad de una forma capaz. Se trata de ver lo que ocurre con una visión balanceada y de aceptación. Una observación participante y comprometida contigo mismo.

Entendernos sin juzgar. Es la habilidad de vernos a nosotros y los demás sin juicios, entendiendo las circunstancias de una forma empática y compasiva.

Apreciar la vida. Entenderla en todas sus variaciones. Respetando lo diferente y siendo capaces de disfrutar de las pequeñas y grandes cosas.

Conectarte. Es la habilidad de crear conexiones profundas, relaciones que aporten significado y nos ayuden a crecer.

Tus valores. Es ese sentimiento de estar viviendo tu vida de acuerdo a lo que sientes que es correcto ahora. Sabiendo que es tu camino y que refleja como eres.

Emociones. Es la capacidad de expresarlas de forma clara y liberadora. De una forma constructiva, siempre pensando en que beneficie a quienes quieres y a ti mismo.

No siempre será sencillo conseguir vivir nuestra vida con sentido. Pero, no olvidemos, ser mejor persona, exige un compromiso y entrenamiento diario ¿Nos ponemos a ello?

Resistencia

El coraje no es la ausencia de miedo, sino el juicio de que algo es más importante que el miedo.
Ambrose Redmoon

Cuando alguien nos dice que hemos cambiado, nos surge una pregunta: ¿querrá decir para bien o para mal? Intentamos averiguarlo fijándonos en el contexto de la conversación, en el momento o, simplemente, pidiéndole que nos lo aclare.

Porque lo cierto es que cambiar, no siempre tiene buena prensa. Lo aplicamos cuando alguien se le agria el carácter, deja de se una persona buena o, cuando ya no actúa como nos tenía acostumbrados o esperábamos que hiciese. Podemos decir que notamos que alguien ha cambiado cuando no cumple lo que nosotros preveíamos que iba a ser. Paradójico ¿verdad? Definimos los cambios de las personas basándonos en nuestras expectativas. Algo que, generalmente, no está fundamentado más que en nuestros juicios. Algo que no tiene que ver con la realidad de la otra persona.

Los cambios son procesos naturales. Se producen en las personas, en las comunidades y en los países. Lo que falla no es el cambio. Lo hace nuestra resistencia (e incomprensión), del mismo.

Ya hace unos pocos años, alguien me dijo que -no creía en los ordenadores-, que iba a ser una moda pasajera y que se quedaría en algo residual en nuestras vidas. Desde luego, ¡dió plenamente en el clavo!, con su predicción.

Lo que escondía esta sentencia no era más que el miedo al cambio que todas las personas compartimos. Culturalmente, nos inculcan esto. Buscar la estabilidad. Que nada cambie. Aunque pueda ser para bien.

La implicación que tiene en nuestras vidas es tremenda. Dedicamos mucho más tiempo a resistirnos a cambiar, que a intentar hacernos con él. Con las implicaciones psicológicas que esto tiene. Porque, paradójicamente, si nada cambia, nos aburrimos, nos ponemos tristes o, todavía más, nos deprimimos y no le encontramos sentido a la vida.

Por esto es tan importante entender que es mucho más sencillo subirse a la ola de los cambios inevitables, tratar de comprenderlos, buscar nuestro lugar en ellos, y protagonizar la parte que nos toque, que resistirnos a algo que ocurrirá. Con o sin nosotros.

Si, es ego

Tu ego se puede convertir en un obstáculo para tu trabajo. Si comienzas creyendo en tu grandeza, es la muerte de tu creatividad.

Marina Abramovic

La mayoría de nosotros asociamos el ego a la capacidad de algunas personas de autoalabarse y de autopromocionarse. A aquellos y aquellas que son capaces de estar todo el día hablando de lo bien que hacen las cosas, de lo magnífico que son … Además, estas personas tienen la costumbre de impartir consejos a diestro y siniestro ¡y sin que nadie se los solicite! Son los amos del “yo creo, deberías, a mi me parece que tu …”, y otras geniales (por absurdas, en ocasiones) formas, de meterse en nuestra vida.

Seguro que este modelo de ego personas les resulta familiar. Opiniones no solicitadas, juicios no pertinentes o valoraciones innecesarias, forman parte de su extenso repertorio. Como psicólogo podría decirles lo que significa respecto a sentimientos de inferioridad, superioridad o autoestima. Pero entonces el del ego sería yo.

Estar junto a quien cree tener la posesión de la verdad en cualquier aspecto opinable -o no-, se convierte, en ocasiones en un verdadero ejercicio de paciencia y compasión. Especialmente si no podemos evitar la situación por respeto u obligación.

Me voy a abstener de aconsejar ningún tipo de actuación ante esta evidente forma tóxica de comportarse. Más allá del silencio o la evitación resulta difícil.

Pero si me gustaría terminar pidiendo a quien lo ejerce una reflexión, al menos en ciertas situaciones. Son aquella en que nos acercamos a alguien para consolarle por una pérdida o por una enfermedad.

Una ocasión especialmente sensible para simplemente estar al lado de alguien escuchando, aunque solo sea el silencio. Apoyando con nuestros gestos o con nuestras palabras de empatía. Y solo eso. Nada más.

Porque intentar consolar al enfermo, contándole nuestras enfermedades; o a quien ha perdido a alguien, nuestras pérdidas; también es ego. Y no ayuda para nada.

El camino de la motivación

El éxito pareciera estar conectado con la acción, la gente que tiene éxito no se detiene
Conrad Hilton

Al parecer, hay dos tipos de motivación necesarios para conseguir nuestras metas. Y las personas lo hacemos casi inconscientemente. Según un estudio reciente nuestras fuentes de motivación son diferentes dependiendo de en que momento estemos en el desarrollo de nuestra idea o proyecto.

Al principio, las personas se motivan a si mismas con esperanzas y sueños de alcanzar sus metas. Por ejemplo, si queremos perder peso, podemos motivarnos con la ropa que nos podremos poner si tenemos éxito en ello.

Los autores denominan a esta, motivación de promoción, y la definen como el impulso que nos estimula a enfocarnos en nuestras aspiraciones, a centrarlas. Consigue que las personas piensen en sus metas en clave de la consecución de algo positivo. Y nos anima a buscar estrategias que nos conduzcan a la consecución de nuestro proyecto u objetivo.

Sin embaro, a medida que vamos llegando a la consecución de nuestra meta, nos volvemos más defensivos. Se trata menos de los beneficios y más de evitar cometer un error que lo tire todo por la borda.

Es lo que los autores denominan, motivación preventiva, que nos enfoca en responsabilidades y tareas, y hace que pensemos en que puede ir mal, para evitarlo. En cierta forma nos pone en una actitud “vigilante” y favorecedora de estrategias de contención de los posibles tropiezos.

Este parece ser el camino natural de la motivación. Y es el que lleva al éxito. Movernos de la ilusión a la precaución, a medida que vamos llegando al final de nuestro proyecto.

Los autores de este interesante estudio nos aconsejan que, al principio nos enfoquemos en como conseguir lo que queremos nos acerca a nuestras aspiraciones vitales y empleemos estrategias de aproximación para mantenernos motivados.

Una vez estemos cerca de conseguirlo, es el momento de centrarnos en nuestras tareas y responsabilidades y como esto mejorará nuestra sensación de competencia y autoestima.

¡No te hagas daño!

Cerca de 10 000 personas al mes googlean la frase, “¿Soy feo?”. Meaghan Ramsey, responsable del proyecto de autoestima Dove, tiene la sensación de que muchas de ellas son niñas. En una charla profundamente inquietante, nos habla de los efectos sorprendentes de la baja autoestima acerca de sus cuerpos y su imagen, desde los casos de falta de confianza por debajo del promedio hasta conductas más arriesgadas que implican el uso de las drogas y el alcohol. Y luego comparte las claves que todos podemos utilizar para alterar esta realidad.

Tu peor enemigo

Quizás lo más sencillo es pensar que la culpa es de los demás. Y lo cierto es que la mayoría de las personas lo creen así. Podríamos decir que es la manera que tenemos de enfrentar el mundo.

Pero la verdad verdadera es otra, me temo. La mayor fuente de sabotaje hacia nosotros mismos somos ¡nosotros! Bien por impaciencia, descargando frustraciones en otras personas o causando estrés o conflictos innecesarios. En la mayoría de estas circunstancias el origen es el juicio. Esa costumbre insana de enjuiciar continuamente.

Con esto provocamos drama. Este trastorno social que parece rodearnos continuamente y que consigue que externalicemos cualquier tipo de responsabilidad que tengamos sobre nuestras vidas.

Algunas de las forma en las que creamos nuestras propias tormentas las comentamos a continuación.

Personalidad Tipo A.
Estas son las personas que se mueven por el mundo frenéticamente y tratando a los demás con hostilidad y desprecio entre otras formas de hacerlo. Estas personas proyectan agresividad y una nula empatía o compasión. Y no se plantean tener ninguna responsabilidad si algo no sale como creen que debe salir.

Parloteo negativo.
Es algo que hacemos casi inadvertidamente. Nos hablamos menospreciándonos. Pensamos que no seremos capaces, que no lo merecemos, que para que intentarlo … y así hasta una valoración propia que puede llegar al autodesprecio.
Son patrones aprendidos en la infancia y adolescencia y que están muy asociados a carencias afectivas que han minado nuestra autoestima y valoración propia.

Habilidades pobres para la resolución de conflictos.
Uno de los males de nuestro tiempo. O bien actuamos agresivamente porque carecemos de la seguridad en nosotros mismos para hacerlo con asertividad, o dejamos que otros pasivamente nos utilicen o no nos consideren por la falta de habilidad para decir no.
Los conflictos forman parte de la vida. Pero es como lo manejamos, lo que consigue definir nuestras relaciones con los demás y con el mundo. Una buena capacidad de resolución de conflictos es un gran protector de estrés y generador de resiliencia.

Pesimismo.
Si eres pesimista, puede que estés viendo las cosas peor de lo que son, que estés dejando pasar oportunidades para mejoras, veas problemas en lugar de retos y que te causes estrés de muchas otras formas. El pesimismo es más que ver el vaso medio vacío. Es una forma específica de pensar que minusvalora tu autoconfianza, perjudica tu salud mental, estrecha tu vida social, y muchas otras consecuencias.
Ser optimista no es ver todo de color rosa. Es ver lo negativo, y ser capaz de trabajar para encontrar lo positivo. Mientras uno es una visión pasiva del mundo, la otra es una en la que se cree en la posibilidad de marcar la diferencia y cambiar las cosas.

Demasiadas cosas.
Puede que sea el mal de nuestros tiempos. Hacernos cargo de demasiadas cosas. Una agenda repleta, que causa una vida con estrés. Estrés que además consigue que no seamos capaces de abordar nuestra abarrotada vida. ¿Les suena?
En muchas ocasiones, no llegamos a ser conscientes de esto, hasta que recibimos un aviso de nuestro cuerpo en forma de ataque de ansiedad o cualquier otro episodio, que nos lleva a urgencias hospitalarias.
Esto ocurre porque abordamos más de lo que podemos. Nos convertimos en adictos a la multitarea. Lo que termina consiguiendo una pobre ejecución en muchas de las cosas que debemos hacer. Con el consiguiente estrés que esto provoca.

Estas formas de actuar, que pueden tener una función adaptativa, para evitar el dolor, terminan consiguiendo lo contrario. Que vivamos una vida de la que no sentimos formar parte.