Quiérete

No digas no puedo ni en broma, porque el inconsciente no tiene sentido del humor, lo tomará en serio, y te lo recordará cada vez que lo intentes.
Facundo Cabral

Quererse no es algo fácil. Principalmente porque no nos enseñan a hacerlo. Incluso podemos decir que hacen todo lo contrario. Nos llevan a pensar que hacerlo es un ejercicio de autocomplacencia. Incluso de inmodestia.

Pero quererse no es hacer lo que otros, o la sociedad, dicen que debemos hacer. Y la mayoría de nosotros no sabemos como hacerlo. Puede resultar una tarea difícil e inabordable. Hoy te voy a proponer como empezar a hacerlo, con estos simples cinco pasos.

Perdónate.

Es muy sencillo odiarse por los errores que has cometido, lo hicieses hace una semana o hace años. Dado que es tan común, parece que es lo natural. Castigarnos por todo lo que creemos -o hemos- hecho mal.

Pero equivocarse forma parte del proceso normal de aprendizaje. En lugar de odiarnos, utilicemos éste para ello. Para perdonarnos, si es menester que lo hagamos. Y por encima de todo, para enfocarnos en la lección que hemos aprendido de ello.

Anímate.

Ponte de tu lado. Sé tu mejor fan. Asegúrate de tener tu propio apoyo, en lugar de boicotearte con dudas e inseguridades, muchas veces sin fundamento. Sea algo que sabes hacer o algo que estás intentando hacer por primera vez, recuerda que el apoyo más decidido debe venir de ti mismo.

Tómate unos minutos al día para evaluarte lo más objetivamente posible. Para revisar lo que has hecho durante el día. Para valorar que punto has conseguido lo que te proponías. Y para revisar los posibles fallos o errores cometidos. Hazlo con voluntad de aprendizaje, con cariño hacia tu propio esfuerzo. Piensa en lo que puedes cambiar o modificar para mejorar.

Rétate.

Hacerlo es totalmente compatible con quererte. Es posible aceptarte, conocerte y plantearte nuevos retos a conseguir. Puede ser estudiar una carrera, o participar en una prueba atlética popular, o aprender a cocinar o a bailar el mambo.

Sal de la mentalidad de “Yo nunca podré hacer esto o aquello”. No sirve de nada. Claro que algunas cosas no podremos conseguir. Por esto es importante conocernos y querernos. Es la forma de plantearnos objetivos realistas y posibles, que nos lleve a lograr estos retos.

Cuídate.

Eres importante. No tengas miedo a tratarte bien. Esto exige cuidados tanto físicos como mentales. Bebe agua. Come de forma saludable. Haz ejercicio. Duerme. Haz lo que sea necesario para cuidar tu salud mental. Sin ti, es imposible conseguirlo. Si, suena evidente. Pero si tu no te cuidas, ¿quien lo hará?.

No es tan complicado. Simplemente aplícate lo mismo que le aconsejas a otras personas que quieres. Las consecuencias, tanto a corto, medio como largo plazo, serán magníficas. Te lo aseguro.

Acógete.

Eres fantásticamente humano. Tienes debilidades, fortalezas, tienes el potencial de cambiar el mundo siendo tu mismo. Hay millones de formas de quererte a ti mismo, pero debes practicarlo. Ese es tu objetivo.

Hazlo con cariño, con paciencia, con compasión. En definitiva, se consciente que, queriéndote, abrirás todo un mundo de posibilidades para querer a otras personas.

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Confianza

Confía en ti, y sabrás como vivir
Johann Wolfgang von Goethe

Vivimos en un mundo en que la confianza parece ser un valor en decadencia. Quizás tras años de política-ficción, de realitis, de información manipulada y de posverdad, sería adecuado decir que confiar se ha convertido en un auténtico deporte de riesgo.

Según la Real Academia de la Lengua Española, la confianza es tanto la esperanza firme que se tiene de alguien o algo como la seguridad que alguien tiene en si mismo. Recoge este diccionario que, cuando hablamos de “alguien de confianza” nos referimos a alguien con quien mantenemos un trato cercano, íntimo y que es merecedor de la la misma.

Pero esto no deja de ser una fotografía de un concepto que está sujeto a un desarrollo psicológico y emocional. Que se construye desde la infancia y que se va consolidando a medida que maduramos. Al menos esta es la teoría.

Porque cuando hablamos de confianza, es probablemente uno de los constructos más maleables y modificables que podamos imaginar.
Imaginemos esta situación. Un niño pequeño está al borde de una piscina. Su madre la anima a que salte al agua, asegurándole que ella le cogerá para evitar que se sumerja.

Efectivamente es lo que hace, tras varias veces que su hijo amaga con saltar. Le sujeta y evita que se hunda en la piscina. Esto genera confianza en el niño, que aprende a fiarse de sus padres y de su apoyo en las situaciones más o menos complicadas.

Pero ¿qué ocurriría si la madre, tras asegurar que lo va ayudar, da un paso atrás y deja que se hunda? Quizás con la intención -equivocada- de que aprenda a gestionar situaciones difíciles. Pero transmitiéndole, de hecho, el claro mensaje de que mamá no es de fiar.

Es un momento de la vida, con muchas interpretaciones diferentes. Pero los resultados, para este niño, pueden ser totalmente diferentes. En la primera situación estamos educando en la confianza. En la segunda, en la desconfianza.
Podemos argumentar que así es la vida. Que las personas no son siempre de fiar, que mejor anticipar que no nos van a apoyar … consiguiendo así que vivamos en una eterna duda, inmovilidad o paranoia.

Está demostrado que para enseñar confianza debemos dar confianza. Que es algo que se educa y se aprende con el ejemplo. Y que construye la autoestima y la autoconfianza del niño y eventual adulto. Por esto, para nuestra mente como niños, la experiencia repetida de confiabilidad hacia nuestros nuestros padres y la imprescindible derivación hacia su confianza en nosotros es imprescindible para un bienestar emocional consistente.

Según Erik Erikson, eminente psicólogo evolutivo, el desarrollo de la confianza en los padres es un ladrillo básico en la construcción de la auto-estima e identidad del niño y futuro adulto. Con ella llega un sentido de seguridad y esperanza por el futuro. Sin ella el niño o la niña desarrollarán duda, sospechas y desesperanza.

Parece estar claro que la confianza en uno mismo se construye desde pequeño y que su consistencia descansa mucho en el modelo educativo que tengamos en familia.

Pero ¿que ocurre con la confianza en los demás? Indudablemente, este es otro cantar. Es algo que se gana con dificultad a medida que tenemos la medida propia de lo que consideramos como fiable. Y que, una vez traicionada, resulta muy complicada de restaurar.

Por esto la recomendación va, en este caso, a quien la solicita. Como la metáfora, podremos estirar el papel arrugado, pero nunca estará tan liso como al principio.

¿Qué autoestima?

El educador es el hombre que hace que las cosas difíciles parezcan fáciles
Ralph Waldo Emerson

La autoestima puede jugar un papel importante en nuestra felicidad y el éxito en nuestra vida depende, en gran manera, de ella. 

Esta afirmación está presente en todos los manuales de autoayuda. Desde hace décadas, los educadores han invertido un especial empeño en hacer que los niños y niñas se sientan bien consigo mismos, sin ninguna razón en particular. Esta práctica que no parece estar apoyada en ninguna evidencia, se basa en la premisa que una alta autoestima conduce a grandes logros.

Pero ¿es esto cierto?. Los programas desarrollados en la escuela del tipo “yo soy especial” piden a los participantes que enumeren sus cualidades y se les premia, digan lo que digan, obviando su esfuerzo, su empeño o cualquier otro desarrollo “real” de esas supuestas virtudes. Aprenden de esa forma a ganar medallas en lugar de aprender a mejorar en lo que hacen. Es decir, les estamos enseñando a ganar recompensas, no a involucrarse en lo que están haciendo para sentir la satisfacción propia de la consecución de un objetivo. Olvidamos que la recompensa no es sino una ayuda más para ello y la convertimos en el objetivo en si mismo.

Este hábito de obtener alabanzas no merecidas interfiere claramente con el aprendizaje, y dar una calificación similar por un supuesto esfuerzo que por la correcta cumplimentación de una prueba solo consigue darles a los estudiantes una sensación sobreestimada de sus habilidades.

Nos hemos centrado en los peligros de una baja autoestima, y su relación con poco rendimiento, falta de iniciativa, aislamiento social o incluso depresión y autolesiones. De esta forma, mucha de la literatura divulgativa en psicología está centrada en como aumentarla. Esta baja autoestima se ha asociado al fracaso o a la no consecución de los objetivos propuestos.

Pero la competencia es una realidad vital, y el miedo a que los niños se sientan mal, por no conseguir lo que se habían propuesto, ha provocado la preocupación de los adultos hasta límites insospechados. Esto minimiza el esfuerzo personal o colectivo realizado para lograr un objetivo y transmite la sensación de que se ha ganado un sorteo, mas que haber obtenido un reconocimiento al trabajo desarrollado.

De hecho, decirles continuamente lo listos que son puede ser contraproducente. Muchos niños o niñas están tan convencidos que son pequeños genios, que no ponen mucho esfuerzo en su trabajo. O están tan presionados con las alabanzas que se convierten en niños problemáticos o ansiosos.

La solución a este dilema parece sencilla. Si queremos autoestima ¡hagamos cosas estimables!. Los logros no se pueden extraer de una chistera o “descargarse” de internet. El conocimiento se adquiere estudiando, las habilidades ejercitándolas y los logros personales se obtienen con una adecuada mezcla de tesón, motivación y esfuerzo.

La verdadera autoestima nos hace sentir bien porque esta basada en el orgullo. Y éste se sustenta en la confianza y la capacidad. La estima y las emociones relacionadas provocan una sensación de éxito y confianza en lo que hacemos. Es un sentimiento muy agradable que no se puede conseguir, sin embargo, sin esfuerzo y disciplina.

El otro lado de la autoestima no es el fracaso. Todo lo contrario, el fracaso forma parte del juego. Se aprende de él, se genera tolerancia y se sigue intentándolo hasta que conseguimos aquello que buscamos, aprendiendo a disfrutar del proceso, de sus contraluces.

Quererse

Una guía para el autocuidado emocional

Una serie de propuestas, susceptibles de utilizar en todo o en algún momento, que incrementarán tu apreciación por ti mism@. Nótese que su uso es opcional y no es necesario utilizarlas todas. Ese sería la primera sugerencia.
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Elegirnos, incluso si significa no gustarle a otras personas o no ser popular. Inclusa si significa dejar la fiesta antes que acabe porque nos aburrimos, estamos cansados o estamos hartos de la multitud
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Decir lo que creemos que es cierto. Y no tragarnos lo que sentimos, pensamos o queremos hacer.
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Darle a nuestro cuerpo el alimento, descanso, ejercicio y confort que necesite, para convertirlo en nuestro mejor aliado
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Utilizar ropas que nos hagan sentir cómod@s, en lugar de vestirnos a la moda o como otras personas creen que debemos hacerlo
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Construir una vida que amemos y que nos haga felices en lugar de esperar a nuestr@ príncipe o princesa para descubrirlo
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Aceptarnos a nosotr@s mism@s, con lo bueno, lo malo, lo feo, lo sexy o lo no tan sexy, siendo conscientes que todo es lo que nos define
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Encontrar tiempo para hacer lo que nos gusta, para jugar, para disfrutar, sin preocuparnos de estar perdiendo el tiempo.
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Ser l@s propietari@s de nuestra belleza interior y exterior, gustándonos sin sentirnos culpables, arrogantes o presuntuosos.
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No reeditar nuestros errores pasados y llevarnos a un oscuro lugar en el cuál no podemos cambiar nada. Recordar que del pasado solo se aprende, no se puede cambiar.
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Pasar tiempo de calidad, conectad@ con nosotr@s mism@s en lugar de desconectados viendo la televisión o navegando sin rumbo en Internet.
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Ser discret@s cuando compartimos nuestros sentimientos, emociones y sueños con otras personas. No todo el mundo está preparad@ para oírlo o lo merece.
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Confiar en nosotr@s mismos y hacer un esfuerzo genuino para ser quien guíe nuestra vida.
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No culpar a nuestros padres por nuestros problemas actuales, y buscar la forma de curar nuestrar heridas y cambiar aquello que no nos gusta, buscando ayuda profesional si así lo necesitamos.
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Seguir nuestra intuición en lugar de vivir dirigid@s por nuestro ego o el de otras personas.
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Ser integr@s, tanto cuando se refiera a nosotros mismos o en nuestra relación con el mundo. Ser conscientes de la manipulación, mentiras, codependencia que conllevan algunas situaciones sociales.
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Permitirnos soñar en grande, sin contaminar estos sueños con juicios, auto limitaciones o una sensación de inmerecimiento.
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Conocer donde estamos empleando nuestra energía emocional, mental, financiera o física, y saber si estas actividades nos están resultando placenteras, o si le dan a nuestra vida conexión, conocimiento, pasión, o creatividad.
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Ser responsables de nuestras de nuestras experiencias. Saber que tenemos la habilidad para conocernos a nosotr@s mism@s, cuando toca tomar decisiones importantes en nuestra vida.
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No etiquetarnos con las opiniones o juicios de otras personas, teniendo el coraje de mirar en nuestro interior para saber que es lo que estamos proyectando al mundo
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Aprender a poner límites que protejan y nutran nuestras relaciones, con nosotr@s mism@s y l@s demás.
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Permitirnos cometer errores y no castigarnos por haberlo hecho. En lugar de esto, aprender de ellos, apreciando nuestra capacidad para hacerlo.
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Rechazar pedir permiso o aprobación para se nosotr@s mismos. Reconocer que, como cualquier persona, merecemos tener nuestro espacio mental y físico en este mundo.
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Y, por último
Aceptarnos y amarnos, aunque, en ocasiones, no seamos capaces de querernos como deberíamos.
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Ser yo

Era lo bastante listo para conocerse a sí mismo, lo bastante valiente para ser él mismo y lo bastante insensato para cambiarse a sí mismo y, al mismo tiempo, seguir manteniéndose auténtico.
Patrick Rothfuss

Una de las propuestas más escuchadas por parte de cualquier motivador que se precie ¡Sé tú!, nos dicen. Una llamada a la acción evidentemente atractiva y que puede impulsarnos -al menos durante un rato-, a pensar que es una buena idea.

Pero, si tras ese consejo tan apetecible, no vienen mal al menos una serie de orientaciones que nos permitan conseguir esa tan ansiada autenticidad. Es algo muy atractivo. ¿Qué pasaría si solamente pudieras “ser tú”?¿Si no tuvieses que preocuparte de lo que los demás piensan de ti?¿te resulta atractivo estas posibilidades?¿o te cuesta mucho considerarlo?

Supongo que, como a mi, todo depende. Indudablemente vivimos en un mundo en el que dependemos, en mayor o menor medida, de los demás. Y, nos guste o no, de lo que piensan de nosotros.

Desde luego que esto no es una invitación al postureo o las apariencias. Porque, sin duda, existen formas de conseguir ser nosotros mismos, conociéndonos y aceptándonos, sin necesidad de convertirnos en seres aislados, insensibles o maleducados.

Conseguirlo, combinando el respeto por nosotros mismos con el respeto a los demás es posible.

Ser uno mismo es incompatible con la mentira. Tanto con aquella que nos decimos a nosotros mismos, como la que usamos con otras personas. No nos educan para decirnos la verdad. No lo hacemos con nosotros ni con las personas que queremos … o no.

Mentir es estresante para nuestro cerebro. Ser auténtico es integridad. Es la coherencia entre lo que sentimos y como actuamos. Pero no es nada sencillo de conseguir. Más bien al contrario, puesto que no nos educan para ello. Nos educan para satisfacer a los demás, obviándonos nosotros.

Nos dicen que las mentiras piadosas están bien. Que no pasa nada. Pero es una forma de mentir, aunque sea para proteger a alguien. Y a nuestro cerebro no le gusta. Lo descoloca en cierta forma.

Entonces ¿qué podemos hacer?¿decimos siempre lo que pensamos u opinamos, pase lo que pase?

En absoluto. Existe una gran diferencia entre mentir y decir lo que se te pase por la cabeza. En muchas ocasiones simplemente no es necesario decir nada. El planteamiento sería saber si lo que podamos decir aporta algo al momento, soluciona un problema o mejora una situación. Aunque, en muchas ocasiones, no sea fácil de discernir.

Digamos, por ejemplo, que nuestra amiga nos pregunta que tal nos parece el vestido que lleva puesto en la boda a la que ambas estamos asistiendo. No nos gusta nada. No vemos que le quede bien. Pero sabemos que no es el momento (no puede cambiar el vestido) para contestarle lo que pensamos. ¿Qué respondemos? Lo adecuado sería no responder o cambiar habilmente el tema, pero no podemos evitar la pregunta. ¿les parece una buena opción fijarnos en lo que si nos gusta del vestido? Su color, su corte … etc. ¡Y pasar inmediatamente a preguntarle por que les parece el nuestro!

Otra situación completamente diferente es cuando nos vemos en una conversación en la que se nos pregunta acerca de nuestros valores, por ejemplo, respecto al feminismo. Si queremos satisfacer a nuestro interlocutor machista, simplemente podemos decidir no opinar, manifestando un silencio expresivo y claro. O, simplemente, decir lo que pensamos. Dejar claro que creemos que queda mucho camino por recorrer y que no debemos bajar la guardia en ningún momento. Si, esta es mi opinión.

En muchas circunstancias ser nosotros mismos se reduce a pensar en si lo que creemos cierto tiene que ver más con nuestro ego o, realmente, pensamos que puede aportar algo a las demás personas.

Tampoco es una decisión fácil. Lo sé.

Más que gratitud

Solo hay dos formas de vivir la vida: una, es pensando que nada es un milagro y la otra, es creer que todo lo es.

Albert Einstein

Bien. Ya sabemos que la práctica de ver lo bueno, pequeño y grande, por lo que estás agradecido en tu vida, es bueno para tu felicidad. Que te hace consciente de ella y te permite ver el mundo -tu mundo- de una forma más balanceada. Te centras en lo que tienes en lugar de lo que no tienes.

Esto consigue que tu actitud diaria sea más constructiva y positiva. Y que, a la hora de afrontar tus retos, los veas como tales. No como problemas irresolubles e incontrolables. Esta pequeña estrategia de autoobservación diaria tiene efectos mágicos en tu día a día. Especialmente si eres consciente de tu contribución activa a ello.

Ahora vayamos un poco más allá. ¿Por qué estamos agradecidos? O, dicho de otro modo ¿por qué estas cosas en particular nos hacen sentir agradecidos? Esto es especialmente importante porque nos hace conocernos mejor. Saber que es lo que hace que nuestra vida tenga sentido y que valoramos especialmente. Ser conscientes de las razones y de su impacto en nuestra felicidad.

El siguiente paso en este camino de reconocimiento de la gratitud es saber que parte de responsabilidad tenemos nosotros en aquello que nos hace felices. Que gane nuestro equipo favorito un partido, nos hace felices. Podemos estar agradecidos de haber nacido en donde lo hemos hecho. Pero no ha ocurrido porque nosotros quisiésemos que fuese así. Es, algo externo, esta condicionado al azar. Depende de algo que nosotros no podíamos modificar en absoluto.

Pero si estamos agradecidos de contar con un buen ambiente en nuestra familia, trabajo o grupo de amigos, la cosa cambia. Aquí si podemos intentar averiguar y potenciar cual es nuestra contribución a ello. Es decir, estaremos agradecidos de poder ser parte de aquello que nos hace sentir que debamos estarlo.

Estas matizaciones al agradecimiento tienen una especial relevancia cuando hacemos esa lista diaria de lo que nos ha hecho felices. Explorando nuestra parte de responsabilidad en ello, de forma consciente. Para mejorarlo y degustarlo como un auténtico manjar emocional.

 

No necesitas su aprobación

Era como un niño pequeño exhibiendo sus juguetes, deseoso de obtener la aprobación de los demás.

P.D. James

En un mundo en que las apariencias imperan, la aprobación de los demás se ha convertido, prácticamente, en una obsesión. La buscamos permanentemente. Es una necesidad que, poco a poco, nos aleja de nosotros mismos. De quienes somos y de quienes podemos ser.

Quizás viene del hecho de estar exponiéndonos permanentemente. Es casi un estilo de vida construir (al menos hacia afuera) una timeline admirable. Si no recibimos la atención que buscamos, nos entristecemos, enfadamos o nos ponemos tremendamente nerviosos. Y lo que resulta peor, comenzamos a imaginar que existe una causa perversa tras ello. Que nos están juzgando y hablando de nosotros. Que no gustamos.

Podemos decir que es el ego el que está detrás de esto. No nos equivocamos. Lo está. Pero, asimismo, esta constante necesidad de atención revela una importante carencia de autoestima. De conocimiento y de aceptación de quienes somos.

Quien se mueve en este vaivén de aprobaciones y reprobaciones externas, raramente consigue desarrollar un sentido de si mismo. Siempre estará buscando una referencia. Una comparación con otras personas o grupos que le validen. Si se sale de ahí, hay problemas.

Por esto es necesario ese trabajo propio que tanto repetimos y proponemos. El que lleva a reconocernos y comprendernos. El que nos conduce a querernos y vernos como personas valiosas y felices.

Para ello debemos empezar, desde ya, a identificar aquello que nos define. Nuestras fortalezas, debilidades (que no lo son tanto a veces), nuestras pasiones y nuestras habilidades. El primer paso para ser la persona que podrías ser, es aceptar y conocer a la persona que eres. Difícil va a ser que llegues a ningún lado si no sabes de donde partes.

Y esto solo lo sabes tú. Es física. No puede haber dos cuerpos ocupando el mismo lugar.

Actualízate

Aprendí que no se puede dar marcha atrás, que la esencia de la vida es ir hacia adelante. La vida, en realidad, es una calle de sentido único.
Agatha Christie

Todos llegamos a un punto en nuestras vidas (varias veces), en el que nos cuestionamos el significado de nuestras metas, sueños, potencial y, en general, el sentido de lo que somos o hacemos.

Es la base de una vida plena. Desde la conexión con otras personas, con nosotros mismos, nuestro lugar en el mundo y nuestra jerarquía de necesidades. Es normal que sea así. Somos seres vivos en constante cambio y pensar que lo que nos satisfacía hace unos años, lo tiene que hacer ahora, puede llevarnos a una continua decepción.

Actualizarnos, como si de un sistema operativo se tratase, va de movernos a un siguiente nivel. La fuerza que mueve este proceso es nuestra propia motivación. La necesidad de encontrar sentido a nuestra vida. Algo que no para nunca.

Este concepto, acuñado por el psicólogo Abraham Maslow, se centra en la motivación para desarrollar nuestro entendimiento y sabiduría, sobre el potencial y capacidades que poseemos. Es pues, un ejercicio de auto conocimiento continuo, que nos hará ser los protagonistas de nuestra vida.

A muchas personas, esta autoactualización se les resiste. Les cuesta cambiar una estructura de pensamiento programada para conseguir una determinada estabilidad y no salir de ella. Pero los cambios ocurrirán, queramos o no. Dependerá de nuestro deseo de crecer si ocurren con nosotros a los mandos o dejándonos llevar. Es diferente, por supuesto.

Si no tienes claro como hacerlo, te ayudamos con algunas indicaciones que puedan resultarte útiles.

Comienza a ver la realidad de una forma capaz. Se trata de ver lo que ocurre con una visión balanceada y de aceptación. Una observación participante y comprometida contigo mismo.

Entendernos sin juzgar. Es la habilidad de vernos a nosotros y los demás sin juicios, entendiendo las circunstancias de una forma empática y compasiva.

Apreciar la vida. Entenderla en todas sus variaciones. Respetando lo diferente y siendo capaces de disfrutar de las pequeñas y grandes cosas.

Conectarte. Es la habilidad de crear conexiones profundas, relaciones que aporten significado y nos ayuden a crecer.

Tus valores. Es ese sentimiento de estar viviendo tu vida de acuerdo a lo que sientes que es correcto ahora. Sabiendo que es tu camino y que refleja como eres.

Emociones. Es la capacidad de expresarlas de forma clara y liberadora. De una forma constructiva, siempre pensando en que beneficie a quienes quieres y a ti mismo.

No siempre será sencillo conseguir vivir nuestra vida con sentido. Pero, no olvidemos, ser mejor persona, exige un compromiso y entrenamiento diario ¿Nos ponemos a ello?

Resistencia

El coraje no es la ausencia de miedo, sino el juicio de que algo es más importante que el miedo.
Ambrose Redmoon

Cuando alguien nos dice que hemos cambiado, nos surge una pregunta: ¿querrá decir para bien o para mal? Intentamos averiguarlo fijándonos en el contexto de la conversación, en el momento o, simplemente, pidiéndole que nos lo aclare.

Porque lo cierto es que cambiar, no siempre tiene buena prensa. Lo aplicamos cuando alguien se le agria el carácter, deja de se una persona buena o, cuando ya no actúa como nos tenía acostumbrados o esperábamos que hiciese. Podemos decir que notamos que alguien ha cambiado cuando no cumple lo que nosotros preveíamos que iba a ser. Paradójico ¿verdad? Definimos los cambios de las personas basándonos en nuestras expectativas. Algo que, generalmente, no está fundamentado más que en nuestros juicios. Algo que no tiene que ver con la realidad de la otra persona.

Los cambios son procesos naturales. Se producen en las personas, en las comunidades y en los países. Lo que falla no es el cambio. Lo hace nuestra resistencia (e incomprensión), del mismo.

Ya hace unos pocos años, alguien me dijo que -no creía en los ordenadores-, que iba a ser una moda pasajera y que se quedaría en algo residual en nuestras vidas. Desde luego, ¡dió plenamente en el clavo!, con su predicción.

Lo que escondía esta sentencia no era más que el miedo al cambio que todas las personas compartimos. Culturalmente, nos inculcan esto. Buscar la estabilidad. Que nada cambie. Aunque pueda ser para bien.

La implicación que tiene en nuestras vidas es tremenda. Dedicamos mucho más tiempo a resistirnos a cambiar, que a intentar hacernos con él. Con las implicaciones psicológicas que esto tiene. Porque, paradójicamente, si nada cambia, nos aburrimos, nos ponemos tristes o, todavía más, nos deprimimos y no le encontramos sentido a la vida.

Por esto es tan importante entender que es mucho más sencillo subirse a la ola de los cambios inevitables, tratar de comprenderlos, buscar nuestro lugar en ellos, y protagonizar la parte que nos toque, que resistirnos a algo que ocurrirá. Con o sin nosotros.