Falsa Modestia

 La modestia es una virtud inventada principalmente para uso de los pícaros.
Arthur Schopenhauer

La falsa modestia no engaña a nadie. Esa mezcla de autopromoción enmascarada en una pátina de humildad, es percibida como todo lo contrario. Las personas sienten que lo que intenta, quien lo practica es decirnos lo bueno que es, además de engañarnos haciéndonos creer que no es eso lo que pretende.

Es un fenómeno muy común. Todos conocemos a alguien de nuestro entorno, que lo practica continuamente. Sea en redes sociales, trabajo, ámbito familiar o cualquier otro lugar en donde nos desenvolvamos, encontraremos quien trata de utilizar la falsa modestia como una forma de reconocimiento, supuestamente, no pedido.

En una serie de estudios llevados a cabo por O. Sezer, profesor de conducta de las organizaciones en la Escuela de Negocios UNC Kenan-Flagler, el 70% de las personas entrevistadas, podían fácilmente pensar en alguien muy cercano que practicaba la falsa modestia como método de auto promoción.

Además de corroborar el rechazo que produce este tipo de comportamiento, los investigadores pudieron determinar además dos formas diferenciadas de ejercerlo.

La primera, que podíamos denominar, “de queja”, se reviste de una molestia con algo que puede ser envidiable (odio parecer tan joven, ¡todo el mundo piensa que tengo mucha menos edad de la que tengo). La segunda, está más relacionada con una supuesta humildad (¿Por qué me tocan siempre a mi las tareas más importantes?). Más del 60% de quienes eran conscientes de utilizar la falsa modestia, lo hacían utilizando la primera fórmula.

Esta investigación también descubrió que es la primera falsa modestia, la de queja, la que es mejor percibida. En cierta forma la interpretamos como una broma. Como una forma “light” de falsa modestia, que no se aprecia como un intento de engaño.

En definitiva, pensemos bien la próxima ocasión que nos planteemos utilizarla. ¡No engañamos a nadie!

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Cuídate

Porque si crees en ti, no intentas convencer a los demás. Porque si estás contento contigo mismo, no necesitas la aprobación de nadie. Porque si te aceptas, el mundo entero te acepta.
Lao-Tzu

 

La psicología es la ciencia del comportamiento. La que explica porque actuamos y pensamos de una u otra manera. Su objetivo es ayudar al ser humano a sentirse bien, consigo mismo y en su entorno. Pudiendo ir mucho más allá y extenderme en la explicación, este no es mi objetivo hoy. Mi propuesta es dejarles unos consejos que, desde la evidencia, pueden ayudarnos a tener una vida mejor.

Todo no está en tu cabeza.

Una y otra vez escuchamos esto. Simplificando hasta lo inconcebible, se nos hace pensar que si cambiamos nuestra forma de pensar, todo cambiará. Y no es cierto. Es verdad que la forma como abordemos nuestra vida, cambia según nuestra actitud, pero también hay que tener en cuenta otros factores -no solo en tu cabeza- que afectan tu salud mental.

Si estás con gripe, o afectado de una enfermedad más grave, si tienes una situación laboral, económica o familiar difícil, te encontrarás mal. Y lo único que ayuda es entender que esto es así. Y ponerle remedio en la medida de tus posibilidades.

Soledad.

Otro de los clásicos de la literatura de autoayuda. Aprende a vivir solo, la felicidad está en tu interior o no necesitas a nadie para sentirte bien, son algunas de las frases que se repiten hasta la saciedad.

Una vez más dándonos una visión de todo o nada, en cuanto a algo que afecta a nuestra salud mental. Lo cierto es que somos seres sociales y pretender lo contrario, puede resultar hasta contraproducente.

La soledad es buena cuando la elegimos, nunca cuando es una obligación. Y que seamos más felices, compartiendo con otras personas, no es incompatible con serlo a solas.

Para y escúchate.

O hazte caso. A veces ignoramos las señales que nuestro propio cuerpo nos envía. Cansancio, sueño, dolores musculares … pueden ser una clara indicación de que algo debemos cambiar. O al menos parar para observar lo que está ocurriendo.

Ignorar las señales o taparlas con medicamentos sintomatológicos, puede ser una muy mala idea. Lo normal es que, en un determinado momento no aguantemos más y nos vengamos abajo.

Relájate.

Estamos cada vez más ocupados. Socialmente esto de no tener tiempo para nada, tiene buena prensa. Pues no te está haciendo nada bien. En primer lugar, porque repetirte que tienes una vida muy ajetreada, va a terminar convenciendote que es así. Y la primera consecuencia es que, aunque puedas, vas a ir siendo cada vez menos capaz de abordar nuevos retos.

Solo cuando le des el mismo valor a tu descanso que a tu ocupación, estarás cuidándote de verdad.

Equivócate.

No temas hacerlo. Es uno de los mejores consejos que he recibido en mi vida. Y la explicación es sencilla. Si no te mueves, es posible que no falles ¡pero no te moverás!

Arriésgate a fallar, aprende a pedir perdón, e inténtalo de nuevo. Paradójicamente, a quien más se equivoca, y sigue intentándolo, es a quien más terminamos admirando.

Se llama perseverancia y es una de las mayores virtudes que podemos tener.

Pide ayuda.

La vas a necesitar. Porque no sabes hacerlo todo, porque te encuentras mal, porque estás pasando una mala racha, porque estás triste …

Déjate ayudar, bien por las personas que te quieren o bien por lo profesionales que sabrán como hacerlo. Es psicología y está aquí para ti.

Inocente

El humor es la manifestación más elevada de los mecanismos de adaptación del individuo.
Sigmund Freud

 

En España, hoy se celebra el Día de los Inocentes. A un nivel práctico, es un día en el que podemos esperar bromas de todo tipo. Suele ser habitual que los periódicos utilicen este día para lanzar una noticia -más o menos creíble-, que siembre la duda de quien lee.

Este día forma parte ineludible de las costumbres navideñas pero, seamos sinceros, lleva muchos años siendo superado claramente por la realidad del día a día. Las “fake news”, la posverdad o la infinidad de “ocurrencias” que podemos leer en el día a día, hacen muy complicado que el impacto de las bromas del día de hoy sea el de antaño.

Pero ¿por qué nos gustan tanto las bromas? En general podemos decir que el sentido del humor es un claro liberador de tensión. Un claro ejemplo son las bromas sobre la muerte en torno a las cuales existe un imaginario inmenso. Esta liberación de la tensión tiene además un beneficio evidente, ya que nos permite abordar una situación complicada habiéndola, en cierta forma, descargado de su carga emocional negativa. Es como vemos una estrategia de afrontamiento cuasi natural que el ser humano utiliza con frecuencia.

El anterior ejemplo “benigno”, sobre nuestra afición a la chanza, también tiene su parte negativa o incómoda. Es la utilización de la broma como un mecanismo de burla hacia quienes consideramos merecedores de ella. Lo que no deja de ser una enorme manifestación del ego, además de una falta de respeto. Este tipo de bromas tienen por objeto ridiculizar u ofender. Y al hacerlas en el día de hoy, en cierta forma, creemos estar legitimados para ello.

El sentido del humor es algo deseable y, desde un punto de vista terapéutico, absolutamente recomendable. Esto es valido especialmente cuando se refiere a nosotros mismos, a la capacidad de reírnos de nuestra sombra, de bromear con nuestros errores, fallos, manías … Cuando además somos capaces de hacer partícipes a los demás de nuestro sentido del humor, desde el respeto, es todo un arte. Y no está al alcance de cualquiera.

Bromear con alguien no es reírse de él. Es hacerlo con él. Ésto segundo es humor, lo primero es una enorme falta de respeto.

Confianza

Nos convertimos a menudo en lo que pensamos de nosotros. Si yo sigo diciéndome a mi mismo que no puedo hacer algo, es posible que termine siendo incapaz de ello. Al contrario, si tengo la creencia de que puedo hacerlo, seguramente adquiera la capacidad de hacerlo, incluso si no puedo al principio.
Mahatma Gandhi.

¿Cuántas veces te has preguntado que es lo que está detrás de la confianza? En ocasiones pareciera que existiese una poción mágica que separa a las personas que la poseen de aquellas que no.

Lo que la psicología nos dice es que no hay nada especial. Sólo que han acumulado una serie de hábitos, capacidades, conocimientos, creencias y habilidades, a lo largo de su historia vital. Bien intencionadamente, o debido a un entorno que lo ha ido favoreciendo.

La confianza es simplemente el grado en que creemos que aquello que hacemos va a tener resultados positivos. Aunque suele venir acompañada de la autoestima, no es lo mismo que ésta.

La autoestima es más un sentimiento acerca de nosotros mismos, mientras que la confíanza es la certidumbre que tenemos en nuestras habilidades en una situación determinada. Esta confusión provoca que la mayoría de las personas, cuando manifiestan querer tener una mayor confianza, a lo que se estén refiriendo es a la autoestima. Esto es algo normal porque, como es lógico, a medida que desarrollamos nuestra confianza en más aspectos de nuestra vida, mayor es nuestra autoestima.

La confianza es algo que siempre ha sido deseable. Y no solo porque es una ventaja evolutiva para acometer cualquier tarea sin incertidumbre o ansiedad. Principalmente porque nos permite hacer aquello que realmente queremos en nuestras vidas. Si confiamos en nosotros mismos, tenemos gran parte del camino recorrido.

Límites saludables

Si quieres ser respetado por los demás, lo mejor es respetarte a ti mismo. Sólo por eso, sólo por el propio respeto que te tengas, inspirarás a los otros a respetarte.

Fiódor Dostoievski

 

La lucha para establecer límites en nuestras relaciones y en la vida en general es una de las cuestiones más comunes cuando hablamos de las interacciones entre personas. Muchas personas manifiestan no saber como hacerlo y verse, en muchas ocasiones, en situaciones en las que no quieren estar. Son momentos en los que te encuentras haciendo algo por alguien, de forma continuada, sin querer hacerlo o sin que te lo agradezcan. Parece como si ya fuese tu obligación, aunque no sea así.

Cuando tenemos límites poco claros, es prácticamente imposible que prioricemos nuestras necesidades, deseos u obligaciones. Estamos siempre en último lugar de la lista. Para muchas personas los límites personales resultan difíciles de establecer por su propia historia educativa. Nos han enseñado que es egoísmo. Estos límites y situaciones presentan, además, un problema añadido: en muchas ocasiones son invisibles, pueden variar y son únicos para cada persona

Para poder cambiar esta situación y aprender a quererte más, es vital que entiendas y expreses tu límites, ya que te protegen y te ayudan a cuidar de ti mismo. Tenerlos (y mantenerlos) es una parte vital de las relaciones felices y saludables, especialmente las románticas.

Estas fronteras, establecen donde terminas tu y donde comienza la otra persona, tanto física como emocionalmente. Tenerlas y mantenerlas es un acto de respeto hacia ti. Cuando no es así estamos, básicamente, cediendo nuestro derecho a elegir, a decidir.

Como hemos dicho, nuestra habilidad para establecer límites, especialmente en las relaciones amorosas, está profundamente influenciada por lo que hemos vivido en nuestra familia. Veíamos a nuestra madre estar siempre a disposición de todos y no la recordamos haciendo cosas que fueran propias. Esto nos condiciona a pensar que esa es la forma correcta. Que así es como debe ser para que todo vaya bien en nuestra familia.

Los límites personales van de cambiar esto. Reflexionando sobre ello y decidiendo que tipos de comunicación, conductas o interacciones son aceptables o no. Si no lo hemos aprendido de pequeños, esto es un verdadero reto. Si ponemos unos límites muy difusos, nos encontraremos permitiendo que otras personas se los salten una y otra vez. Si establecemos unos muy rígidos, tendremos serios problemas de intolerancia y de control. El primer paso de este, no nos equivoquemos, difícil camino, es la conciencia de que tenemos que iniciarlo.

A partir de ahí, podríamos comenzar haciéndonos unas sencillas preguntas que nos pueden ayudar a saber -y a cambiar- nuestros límites personales para que sean saludables.

La primera es: ¿dices que si cuando realmente quieres decir que no?. Aunque no siempre hacer algo que no deseas, significa que no tengas límites, valorar porque hacemos algo que no queremos, debe formar parte de esta conciencia para cambiar. Puede ser algo en el trabajo, o por nuestros hijos. Siempre que no tengamos la sensación de que es una obligación, sino una elección, estaremos trabajando por nuestros límites saludables.

Una segunda pregunta a hacernos es si nos disculpamos con frecuencia. ¿Lo hacemos aunque no lo sintamos?¿Realmente estamos enfadados? Un indicador de limites poco saludables tiene que ver con sentirnos responsables de la felicidad de otras personas, siempre. De querer continuamente su aprobación. Si queremos cambiar, no podemos disculparnos por hacerlo.

Relacionada con la anterior pregunta, esta el intentar evitar la confrontación. No queremos que las otras personas se molesten y cedemos a la primera de cambio en nuestro intento de recuperación de nuestro espacio vital. Es complicado cuando los demás no están acostumbrados a que lo hagas.

Establecer nuestros límites personales es un trabajo complejo. Pero se puede conseguir con paciencia y con perseverancia. En muchas ocasiones, veremos caras de sorpresa y asombro por parte de quienes no están acostumbrados a ello. ¡Buena señal! Lo estás consiguiendo.

Quiérete

No digas no puedo ni en broma, porque el inconsciente no tiene sentido del humor, lo tomará en serio, y te lo recordará cada vez que lo intentes.
Facundo Cabral

Quererse no es algo fácil. Principalmente porque no nos enseñan a hacerlo. Incluso podemos decir que hacen todo lo contrario. Nos llevan a pensar que hacerlo es un ejercicio de autocomplacencia. Incluso de inmodestia.

Pero quererse no es hacer lo que otros, o la sociedad, dicen que debemos hacer. Y la mayoría de nosotros no sabemos como hacerlo. Puede resultar una tarea difícil e inabordable. Hoy te voy a proponer como empezar a hacerlo, con estos simples cinco pasos.

Perdónate.

Es muy sencillo odiarse por los errores que has cometido, lo hicieses hace una semana o hace años. Dado que es tan común, parece que es lo natural. Castigarnos por todo lo que creemos -o hemos- hecho mal.

Pero equivocarse forma parte del proceso normal de aprendizaje. En lugar de odiarnos, utilicemos éste para ello. Para perdonarnos, si es menester que lo hagamos. Y por encima de todo, para enfocarnos en la lección que hemos aprendido de ello.

Anímate.

Ponte de tu lado. Sé tu mejor fan. Asegúrate de tener tu propio apoyo, en lugar de boicotearte con dudas e inseguridades, muchas veces sin fundamento. Sea algo que sabes hacer o algo que estás intentando hacer por primera vez, recuerda que el apoyo más decidido debe venir de ti mismo.

Tómate unos minutos al día para evaluarte lo más objetivamente posible. Para revisar lo que has hecho durante el día. Para valorar que punto has conseguido lo que te proponías. Y para revisar los posibles fallos o errores cometidos. Hazlo con voluntad de aprendizaje, con cariño hacia tu propio esfuerzo. Piensa en lo que puedes cambiar o modificar para mejorar.

Rétate.

Hacerlo es totalmente compatible con quererte. Es posible aceptarte, conocerte y plantearte nuevos retos a conseguir. Puede ser estudiar una carrera, o participar en una prueba atlética popular, o aprender a cocinar o a bailar el mambo.

Sal de la mentalidad de “Yo nunca podré hacer esto o aquello”. No sirve de nada. Claro que algunas cosas no podremos conseguir. Por esto es importante conocernos y querernos. Es la forma de plantearnos objetivos realistas y posibles, que nos lleve a lograr estos retos.

Cuídate.

Eres importante. No tengas miedo a tratarte bien. Esto exige cuidados tanto físicos como mentales. Bebe agua. Come de forma saludable. Haz ejercicio. Duerme. Haz lo que sea necesario para cuidar tu salud mental. Sin ti, es imposible conseguirlo. Si, suena evidente. Pero si tu no te cuidas, ¿quien lo hará?.

No es tan complicado. Simplemente aplícate lo mismo que le aconsejas a otras personas que quieres. Las consecuencias, tanto a corto, medio como largo plazo, serán magníficas. Te lo aseguro.

Acógete.

Eres fantásticamente humano. Tienes debilidades, fortalezas, tienes el potencial de cambiar el mundo siendo tu mismo. Hay millones de formas de quererte a ti mismo, pero debes practicarlo. Ese es tu objetivo.

Hazlo con cariño, con paciencia, con compasión. En definitiva, se consciente que, queriéndote, abrirás todo un mundo de posibilidades para querer a otras personas.

Confianza

Confía en ti, y sabrás como vivir
Johann Wolfgang von Goethe

Vivimos en un mundo en que la confianza parece ser un valor en decadencia. Quizás tras años de política-ficción, de realitis, de información manipulada y de posverdad, sería adecuado decir que confiar se ha convertido en un auténtico deporte de riesgo.

Según la Real Academia de la Lengua Española, la confianza es tanto la esperanza firme que se tiene de alguien o algo como la seguridad que alguien tiene en si mismo. Recoge este diccionario que, cuando hablamos de “alguien de confianza” nos referimos a alguien con quien mantenemos un trato cercano, íntimo y que es merecedor de la la misma.

Pero esto no deja de ser una fotografía de un concepto que está sujeto a un desarrollo psicológico y emocional. Que se construye desde la infancia y que se va consolidando a medida que maduramos. Al menos esta es la teoría.

Porque cuando hablamos de confianza, es probablemente uno de los constructos más maleables y modificables que podamos imaginar.
Imaginemos esta situación. Un niño pequeño está al borde de una piscina. Su madre la anima a que salte al agua, asegurándole que ella le cogerá para evitar que se sumerja.

Efectivamente es lo que hace, tras varias veces que su hijo amaga con saltar. Le sujeta y evita que se hunda en la piscina. Esto genera confianza en el niño, que aprende a fiarse de sus padres y de su apoyo en las situaciones más o menos complicadas.

Pero ¿qué ocurriría si la madre, tras asegurar que lo va ayudar, da un paso atrás y deja que se hunda? Quizás con la intención -equivocada- de que aprenda a gestionar situaciones difíciles. Pero transmitiéndole, de hecho, el claro mensaje de que mamá no es de fiar.

Es un momento de la vida, con muchas interpretaciones diferentes. Pero los resultados, para este niño, pueden ser totalmente diferentes. En la primera situación estamos educando en la confianza. En la segunda, en la desconfianza.
Podemos argumentar que así es la vida. Que las personas no son siempre de fiar, que mejor anticipar que no nos van a apoyar … consiguiendo así que vivamos en una eterna duda, inmovilidad o paranoia.

Está demostrado que para enseñar confianza debemos dar confianza. Que es algo que se educa y se aprende con el ejemplo. Y que construye la autoestima y la autoconfianza del niño y eventual adulto. Por esto, para nuestra mente como niños, la experiencia repetida de confiabilidad hacia nuestros nuestros padres y la imprescindible derivación hacia su confianza en nosotros es imprescindible para un bienestar emocional consistente.

Según Erik Erikson, eminente psicólogo evolutivo, el desarrollo de la confianza en los padres es un ladrillo básico en la construcción de la auto-estima e identidad del niño y futuro adulto. Con ella llega un sentido de seguridad y esperanza por el futuro. Sin ella el niño o la niña desarrollarán duda, sospechas y desesperanza.

Parece estar claro que la confianza en uno mismo se construye desde pequeño y que su consistencia descansa mucho en el modelo educativo que tengamos en familia.

Pero ¿que ocurre con la confianza en los demás? Indudablemente, este es otro cantar. Es algo que se gana con dificultad a medida que tenemos la medida propia de lo que consideramos como fiable. Y que, una vez traicionada, resulta muy complicada de restaurar.

Por esto la recomendación va, en este caso, a quien la solicita. Como la metáfora, podremos estirar el papel arrugado, pero nunca estará tan liso como al principio.

¿Qué autoestima?

El educador es el hombre que hace que las cosas difíciles parezcan fáciles
Ralph Waldo Emerson

La autoestima puede jugar un papel importante en nuestra felicidad y el éxito en nuestra vida depende, en gran manera, de ella. 

Esta afirmación está presente en todos los manuales de autoayuda. Desde hace décadas, los educadores han invertido un especial empeño en hacer que los niños y niñas se sientan bien consigo mismos, sin ninguna razón en particular. Esta práctica que no parece estar apoyada en ninguna evidencia, se basa en la premisa que una alta autoestima conduce a grandes logros.

Pero ¿es esto cierto?. Los programas desarrollados en la escuela del tipo “yo soy especial” piden a los participantes que enumeren sus cualidades y se les premia, digan lo que digan, obviando su esfuerzo, su empeño o cualquier otro desarrollo “real” de esas supuestas virtudes. Aprenden de esa forma a ganar medallas en lugar de aprender a mejorar en lo que hacen. Es decir, les estamos enseñando a ganar recompensas, no a involucrarse en lo que están haciendo para sentir la satisfacción propia de la consecución de un objetivo. Olvidamos que la recompensa no es sino una ayuda más para ello y la convertimos en el objetivo en si mismo.

Este hábito de obtener alabanzas no merecidas interfiere claramente con el aprendizaje, y dar una calificación similar por un supuesto esfuerzo que por la correcta cumplimentación de una prueba solo consigue darles a los estudiantes una sensación sobreestimada de sus habilidades.

Nos hemos centrado en los peligros de una baja autoestima, y su relación con poco rendimiento, falta de iniciativa, aislamiento social o incluso depresión y autolesiones. De esta forma, mucha de la literatura divulgativa en psicología está centrada en como aumentarla. Esta baja autoestima se ha asociado al fracaso o a la no consecución de los objetivos propuestos.

Pero la competencia es una realidad vital, y el miedo a que los niños se sientan mal, por no conseguir lo que se habían propuesto, ha provocado la preocupación de los adultos hasta límites insospechados. Esto minimiza el esfuerzo personal o colectivo realizado para lograr un objetivo y transmite la sensación de que se ha ganado un sorteo, mas que haber obtenido un reconocimiento al trabajo desarrollado.

De hecho, decirles continuamente lo listos que son puede ser contraproducente. Muchos niños o niñas están tan convencidos que son pequeños genios, que no ponen mucho esfuerzo en su trabajo. O están tan presionados con las alabanzas que se convierten en niños problemáticos o ansiosos.

La solución a este dilema parece sencilla. Si queremos autoestima ¡hagamos cosas estimables!. Los logros no se pueden extraer de una chistera o “descargarse” de internet. El conocimiento se adquiere estudiando, las habilidades ejercitándolas y los logros personales se obtienen con una adecuada mezcla de tesón, motivación y esfuerzo.

La verdadera autoestima nos hace sentir bien porque esta basada en el orgullo. Y éste se sustenta en la confianza y la capacidad. La estima y las emociones relacionadas provocan una sensación de éxito y confianza en lo que hacemos. Es un sentimiento muy agradable que no se puede conseguir, sin embargo, sin esfuerzo y disciplina.

El otro lado de la autoestima no es el fracaso. Todo lo contrario, el fracaso forma parte del juego. Se aprende de él, se genera tolerancia y se sigue intentándolo hasta que conseguimos aquello que buscamos, aprendiendo a disfrutar del proceso, de sus contraluces.

Quererse

Una guía para el autocuidado emocional

Una serie de propuestas, susceptibles de utilizar en todo o en algún momento, que incrementarán tu apreciación por ti mism@. Nótese que su uso es opcional y no es necesario utilizarlas todas. Ese sería la primera sugerencia.
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Elegirnos, incluso si significa no gustarle a otras personas o no ser popular. Inclusa si significa dejar la fiesta antes que acabe porque nos aburrimos, estamos cansados o estamos hartos de la multitud
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Decir lo que creemos que es cierto. Y no tragarnos lo que sentimos, pensamos o queremos hacer.
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Darle a nuestro cuerpo el alimento, descanso, ejercicio y confort que necesite, para convertirlo en nuestro mejor aliado
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Utilizar ropas que nos hagan sentir cómod@s, en lugar de vestirnos a la moda o como otras personas creen que debemos hacerlo
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Construir una vida que amemos y que nos haga felices en lugar de esperar a nuestr@ príncipe o princesa para descubrirlo
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Aceptarnos a nosotr@s mism@s, con lo bueno, lo malo, lo feo, lo sexy o lo no tan sexy, siendo conscientes que todo es lo que nos define
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Encontrar tiempo para hacer lo que nos gusta, para jugar, para disfrutar, sin preocuparnos de estar perdiendo el tiempo.
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Ser l@s propietari@s de nuestra belleza interior y exterior, gustándonos sin sentirnos culpables, arrogantes o presuntuosos.
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No reeditar nuestros errores pasados y llevarnos a un oscuro lugar en el cuál no podemos cambiar nada. Recordar que del pasado solo se aprende, no se puede cambiar.
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Pasar tiempo de calidad, conectad@ con nosotr@s mism@s en lugar de desconectados viendo la televisión o navegando sin rumbo en Internet.
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Ser discret@s cuando compartimos nuestros sentimientos, emociones y sueños con otras personas. No todo el mundo está preparad@ para oírlo o lo merece.
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Confiar en nosotr@s mismos y hacer un esfuerzo genuino para ser quien guíe nuestra vida.
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No culpar a nuestros padres por nuestros problemas actuales, y buscar la forma de curar nuestrar heridas y cambiar aquello que no nos gusta, buscando ayuda profesional si así lo necesitamos.
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Seguir nuestra intuición en lugar de vivir dirigid@s por nuestro ego o el de otras personas.
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Ser integr@s, tanto cuando se refiera a nosotros mismos o en nuestra relación con el mundo. Ser conscientes de la manipulación, mentiras, codependencia que conllevan algunas situaciones sociales.
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Permitirnos soñar en grande, sin contaminar estos sueños con juicios, auto limitaciones o una sensación de inmerecimiento.
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Conocer donde estamos empleando nuestra energía emocional, mental, financiera o física, y saber si estas actividades nos están resultando placenteras, o si le dan a nuestra vida conexión, conocimiento, pasión, o creatividad.
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Ser responsables de nuestras de nuestras experiencias. Saber que tenemos la habilidad para conocernos a nosotr@s mism@s, cuando toca tomar decisiones importantes en nuestra vida.
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No etiquetarnos con las opiniones o juicios de otras personas, teniendo el coraje de mirar en nuestro interior para saber que es lo que estamos proyectando al mundo
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Aprender a poner límites que protejan y nutran nuestras relaciones, con nosotr@s mism@s y l@s demás.
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Permitirnos cometer errores y no castigarnos por haberlo hecho. En lugar de esto, aprender de ellos, apreciando nuestra capacidad para hacerlo.
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Rechazar pedir permiso o aprobación para se nosotr@s mismos. Reconocer que, como cualquier persona, merecemos tener nuestro espacio mental y físico en este mundo.
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Y, por último
Aceptarnos y amarnos, aunque, en ocasiones, no seamos capaces de querernos como deberíamos.
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Ser yo

Era lo bastante listo para conocerse a sí mismo, lo bastante valiente para ser él mismo y lo bastante insensato para cambiarse a sí mismo y, al mismo tiempo, seguir manteniéndose auténtico.
Patrick Rothfuss

Una de las propuestas más escuchadas por parte de cualquier motivador que se precie ¡Sé tú!, nos dicen. Una llamada a la acción evidentemente atractiva y que puede impulsarnos -al menos durante un rato-, a pensar que es una buena idea.

Pero, si tras ese consejo tan apetecible, no vienen mal al menos una serie de orientaciones que nos permitan conseguir esa tan ansiada autenticidad. Es algo muy atractivo. ¿Qué pasaría si solamente pudieras “ser tú”?¿Si no tuvieses que preocuparte de lo que los demás piensan de ti?¿te resulta atractivo estas posibilidades?¿o te cuesta mucho considerarlo?

Supongo que, como a mi, todo depende. Indudablemente vivimos en un mundo en el que dependemos, en mayor o menor medida, de los demás. Y, nos guste o no, de lo que piensan de nosotros.

Desde luego que esto no es una invitación al postureo o las apariencias. Porque, sin duda, existen formas de conseguir ser nosotros mismos, conociéndonos y aceptándonos, sin necesidad de convertirnos en seres aislados, insensibles o maleducados.

Conseguirlo, combinando el respeto por nosotros mismos con el respeto a los demás es posible.

Ser uno mismo es incompatible con la mentira. Tanto con aquella que nos decimos a nosotros mismos, como la que usamos con otras personas. No nos educan para decirnos la verdad. No lo hacemos con nosotros ni con las personas que queremos … o no.

Mentir es estresante para nuestro cerebro. Ser auténtico es integridad. Es la coherencia entre lo que sentimos y como actuamos. Pero no es nada sencillo de conseguir. Más bien al contrario, puesto que no nos educan para ello. Nos educan para satisfacer a los demás, obviándonos nosotros.

Nos dicen que las mentiras piadosas están bien. Que no pasa nada. Pero es una forma de mentir, aunque sea para proteger a alguien. Y a nuestro cerebro no le gusta. Lo descoloca en cierta forma.

Entonces ¿qué podemos hacer?¿decimos siempre lo que pensamos u opinamos, pase lo que pase?

En absoluto. Existe una gran diferencia entre mentir y decir lo que se te pase por la cabeza. En muchas ocasiones simplemente no es necesario decir nada. El planteamiento sería saber si lo que podamos decir aporta algo al momento, soluciona un problema o mejora una situación. Aunque, en muchas ocasiones, no sea fácil de discernir.

Digamos, por ejemplo, que nuestra amiga nos pregunta que tal nos parece el vestido que lleva puesto en la boda a la que ambas estamos asistiendo. No nos gusta nada. No vemos que le quede bien. Pero sabemos que no es el momento (no puede cambiar el vestido) para contestarle lo que pensamos. ¿Qué respondemos? Lo adecuado sería no responder o cambiar habilmente el tema, pero no podemos evitar la pregunta. ¿les parece una buena opción fijarnos en lo que si nos gusta del vestido? Su color, su corte … etc. ¡Y pasar inmediatamente a preguntarle por que les parece el nuestro!

Otra situación completamente diferente es cuando nos vemos en una conversación en la que se nos pregunta acerca de nuestros valores, por ejemplo, respecto al feminismo. Si queremos satisfacer a nuestro interlocutor machista, simplemente podemos decidir no opinar, manifestando un silencio expresivo y claro. O, simplemente, decir lo que pensamos. Dejar claro que creemos que queda mucho camino por recorrer y que no debemos bajar la guardia en ningún momento. Si, esta es mi opinión.

En muchas circunstancias ser nosotros mismos se reduce a pensar en si lo que creemos cierto tiene que ver más con nuestro ego o, realmente, pensamos que puede aportar algo a las demás personas.

Tampoco es una decisión fácil. Lo sé.