¿Reto o amenaza?

Cuando afrontamos una situación de “alta tensión”, como puede ser hablar en público, hacer un examen o competir en una prueba deportiva, es normal que nos preguntemos si estamos o no preparados para ello. ¿Hemos entrenado suficiente?¿hemos descansado?¿nos acordaremos de nuestras notas?.

De acuerdo al modelo biopsicosocial de reto y amenaza, estas preguntas pueden conducirnos a construir la misma situación de diferentes formas. Si estamos preparados, lo veremos como un reto, si no es así, percibiremos la situación como una amenaza.
Estas percepciones diferentes no sólo tienen impacto en como identificamos o etiquetamos estas situaciones; su impacto fisiológico y resultados también son muy distintos.

Si percibimos la situación como un reto, nuestro corazón y nuestra resistencia se pondrán a nuestro favor, a nuestra disposición. Un atleta de elite o un experimentado orador nos dirá que es esencial para él estar en un correcto estado de activación para poder rendir a su entera satisfacción.

Si, por el contrario, percibimos esa misma situación como una amenaza, algo que no podemos abordar, ese estado de activación lo percibiremos como nerviosismo o stress y nos puede llegar a paralizar.

La buena noticia es que podemos aprender a reconstruir la forma en que nos acercamos a estas situaciones de alta exigencia emocional. De hecho, esta es uno de los objetivos que puede abordar la psicología. El modelo que hemos comentado más arriba sostiene que las personas construyen su percepción de las situaciones de una u otra forma según sea la percepción de sus propios recursos y competencias, pero esto no es inmutable.

En el camino de nuestro cambio personal, aquellas situaciones que nos resultan inabordables, pueden ser un magnífico comienzo. Si cambiamos y reformulamos las situaciones estresantes para convertirlas en retos, conseguiremos mejorar nuestro desempeño en aquello que nos propongamos. La ayuda de profesionales de la psicología en estos procesos puede ser muy importante, al menos para conseguir que consigamos ver las cosas desde otro punto de vista. A partir de ahí, viviremos nuestros retos como proyectos, nos prepararemos, aprenderemos a conocernos mejor y nuestro bienestar, físico y mental, mejorará.

Pasaremos de sentir ansiedad o presión, a sentir excitación. Nos sentiremos vivos, implicados, comprometidos con lo que hacemos. Esta es la diferencia entre alguien apasionado por lo que hace frente a alguien aprisionado por lo que hace.

Como un buen amigo dice, no es fácil, desde luego. ¡Pero si lo fuese, no sería un reto!

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¿Cómo lo paramos?

El instrumento básico para la manipulación de la realidad es la manipulación de las palabras. Si tu puedes controlar el significado de las palabras puedes controlar a la gente que utiliza esas palabras.
Philip K. Dick

Vaya en primer lugar mi reconocimiento a todos los profesionales, que están en primera línea ayudando en cualquier situación de tragedia como la que hemos vivido recientemente en Barcelona.

En segundo lugar, que conste mi más absoluta ignorancia en como abordar una investigación policial, sea preventiva u operativa. No tengo ni idea. Mi campo es la salud mental. El bienestar psicológico que hace que a nadie se le pueda pasar por la cabeza tomar una decisión que atente contra la vida de las personas. De eso si se.

Comencemos siendo absolutamente sinceros. Es una lucha compleja y delicada. Se trata de cambiar muchas sensibilidades y dolores, que también pueden ser comprensibles, por una intervención psicosocial de gran envergadura. Y para ello hace falta un absoluto convencimiento y un decidido apoyo por parte de la administración.

No dejo de estar indignado por los continuos atentados en nombre de religiones o creencias. Y reclamo contundencia contra quien los perpetra, instiga o propicia. Pero lo que propicia el cambio a largo plazo va por otro lado. Educación e ir a la base del problema. Las personas se radicalizan porque no son felices. Eso les convierte en presa fácil de los adoctrinadores. Esto es valido para todo radicalismo. Por mucho que nos digan que las soluciones solamente pasan por las leyes o por las prohibiciones, recordemos que estas surgen de la incapacidad humana de resolver los conflictos de forma civilizada.

Sentirse mal por sentirse mal

Hay sonrisas que no son de felicidad, sino de un modo de llorar con bondad
Gabriela Mistral

La presión que podemos sentir -o hacernos sentir-, para estar siempre animados puede, de hecho, hacernos todavía sentir peor. Sin embargo, el reconocimiento de nuestra tristeza, a largo plazo, puede sernos hasta beneficioso. Esto es lo que concluye un estudio realizado en la UC Berkeley.

Encontramos que las personas que aceptan habitualmente sus emociones negativas, experimentan menos emociones de este tipo, lo que mejora sustancialmente su salud psicológica.”, comenta Iris Mauss, profesora de psicologia e investigadora principal de este estudio.

Este trabajo, publicado en el Journal of Personality and Social Psychology, examinó el vínculo entre la aceptación emocional y la salud mental en más de 1300 adultos.

Sus resultados sugieren que las personas que se resisten habitualmente a sus emociones más tristes, o se juzgan duramente pueden, de hecho sentirse todavía más estresados psicológicamente. En contraste, aquellos que generalmente aceptan y dejan ir estos sentimientos de tristeza, desilusión o resentimiento, señalan menos trastornos de humor que aquellas personas que se critican a si mismas por sentirlos.

Según los autores de este estudio, la forma en que entendemos nuestros propias reacciones negativas, es algo realmente importante para nuestro bienestar general. Quienes aceptan estas emociones sin juzgarlas o tratar de cambiarlas, parecen ser mucho más capaces de afrontar su estrés exitosamente.

Las emociones negativas surgen, por lo general, en reacción a algo que no nos gusta o percibimos que nos puede hacer daño. Son adaptativas, y por lo tanto, necesarias. Es nuestra costumbre de quedarnos con ellas, apegándonos, la que consigue que olvidemos para que sirven.

Esto, como ya hemos compartido en otras ocasiones, nos hace presa fácil de “soluciones mágicas”, mucho más peligrosas que entender, aceptar y no juzgar cuando nos sentimos mal. Y, además, como señalan estos estudios, añade un innecesario sentimiento de culpa por experimentarlas.

Optimismo realista

La felicidad es el estado natural de la mente. No es algo que perseguimos, es algo que permitimos
Allan Wallace

Todos queremos tener éxito y conseguir nuestros sueños. Pero en la mayoría de las ocasiones, no tenemos un plan realista para hacerlo. Somos optimistas por naturaleza. La vida es mejor cuando creemos que seremos capaces de conseguir aquello que nos proponemos. Desafortunadamente, en ocasiones, un excesivo optimismo nos puede conducir a predicciones poco realistas acerca de nuestra habilidad para completar una tarea o solucionar un problema, especialmente si no tenemos los conocimientos o capacidades para hacerlo. Esto es el Sesgo Optimista y puede ser un problema para nosotros y para aquellos que confíen en nuestras habilidades no contrastadas.

Las buenas noticias son que esto se puede solucionar, ¡si queremos!. La investigación sugiere que el sesgo optimista puede mitigarse simplemente complicando las cosas. Y la forma más simple de hacerlo es incrementando el número de pasos que suponemos necesitar entre el comienzo y finalización de esta tarea que nos planteamos.

En un reciente estudio realizado en la Universidad de Nueva Orleans, se solicitó a parejas recién comprometidas, que describiesen como completar un plan de boda (invitados, menús, música,..). Podían hacerlo en dos o cinco pasos, y luego debían hacer una estimación de la fecha en que completarían la tarea. Diez días después de la fecha que habían programado, los experimentadores se pusieron en contacto con los novios para preguntarles la fecha real en que habían concluido con su planificación. Resulto que aquellos que habían programado cinco etapas fueron bastante más precisos con la fecha que los que solo programaron dos.

Los autores concluyen que planear dificultades ayudó a disminuir el sesgo optimista. Las personas que programaron cinco etapas terminaron antes de la fecha programada mientras que los “optimistas” lo hicieron bastante después de sus estimaciones.
¿Significa esto que es cierto aquello de “piensa mal y acertarás”? No exactamente. Lo que puede concluirse de este estudio es que una programación más detallada provoca que tengamos que considerar más aspectos de nuestro plan que se nos escaparían si lo hacíamos al “tuntún”. Esto disminuye el optimismo “no realista” y nos hace conscientes de la necesidad de preparar determinadas circunstancias que no considerábamos previamente. Si no somos capaces de planear cinco etapas para la consecución de nuestro objetivo ¡mejor pedir ayuda!.
Esto resulta aplicable a muchas situaciones cotidianas. Desde pedir información detallada del solicitante de un préstamo sobre como va a devolverlo, hasta ser mucho más precisos con nuestro plan para bajar de peso o preparar la San Silvestre.

No puedes esperar terminar una carrera, si ni siquiera caminas para ir a buscar el pan. La experiencia de hacerlo sin seguir un plan de entrenamiento puede convertir un esperado rato de diversión en un auténtico calvario. La experiencia de la que careces te caerá de golpe encima y será muy frustrante. Sigue un plan adaptado a tu tiempo y condiciones físicas y conseguirás lo que te propongas

Tu habilidad progresará poco a poco y pronto conseguirás resultados. Puede tomarte tiempo, pero estarás cimentando tus planes de una forma realista, que te permitirá conseguirlos y disfrutar de tu proyecto.

Ir paso a paso, siguiendo un plan te proporciona dos importantes beneficios: Una sensación de avance y pericia que te dará confianza. Y en segundo lugar, reducirá tu incertidumbre, lo que aumentará tu capacidad de concentrarte en el próximo escalón hacia tu objetivo.

Te centras en lo que es relevante, con más energía y, de forma consciente y plena, vas creando un patrón de éxito regular que te permite disfrutar de todo el proceso.

Tener un plan realista, te permite cambiar lo probable por posible.

En compañía de la empatía

La empatía, la habilidad para ponerse en el lugar del otro y percibir lo que otra persona puede llegar a sentir en un momento determinado ha sido una capacidad denostada durante años. Sobre todo en el mundo de la empresa, donde los empleados pelean a menudo por evolucionar en un entorno competitivo y los jefes más tradicionales han dirigido durante mucho tiempo sus equipos con mano de hierro.

Ahora, la cosa está cambiando. La empatía ha pasado de ser un simple concepto relacionado con la inteligencia emocional a convertirse en una capacidad básica a la hora de dirigir a un grupo de personas o relacionarnos con los demás en nuestro puesto de trabajo. Un intangible muy apreciado en las compañías de más éxito que se encuentra íntimamente relacionado con el crecimiento, la consecución de los logros marcados, la productividad de los empleados y, por ende, la obtención de mayores beneficios económicos.
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El impacto de las emociones en el trabajo

Elige un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar ni un día de tu vida.

Confucio

Son muchas las personas que hablan -y venden- la felicidad. De hecho esto parece una moda. Parecida a la de estar delgado o la de no comer carne. Pero como todo en la vida, debemos acudir a quien realmente estudia la felicidad para saber de que estamos hablando: la psicología.

Las diferentes teorías nos señalan aspectos como el bienestar económico, o las conexiones sociales, entre otras, como las que más influyen en nuestra felicidad. Por supuesto, que son importantes. Pero ¿como afecta la felicidad a nuestro entorno laboral?

Empleamos la mayor parte de nuestra vida en el trabajo. Y, en muchas ocasiones, lo hacemos con un tono emocional digamos, neutro. Si, trabajamos, nos podemos ilusionar con determinados proyectos e incluso, podemos sentir momentos de intensa conexión con nuestro equipo. Hay momentos de felicidad. Pero, en la mayoría de las ocasiones, ocurre por casualidad.

Porque no asociamos trabajo a felicidad. Y este es el principio del problema. La cita que preside este artículo es un perfecto resumen de esta forma de pensar. Si preguntamos aleatoriamente a varias personas que trabajan, es más probable que nos digan que la felicidad la constituye el tener un puesto de trabajo. Que se consideran afortunadas por ello. Y que, mientras eso sea así, ser feliz mientras trabaja, es algo más bien secundario. Ya hacemos otras cosas para ser felices, nos dirían.

Pero, al no asociar nuestro trabajo a una posible felicidad ¿no estamos negando una importante parte de nuestra vida? Ir contento a trabajar incluso parece algo obsceno. No está bien visto que alguien lo pueda manifestar. Lo más suave que recibirá son comentarios referidos a la suerte que tiene. Además de otros muchos menos considerados.

Lo más curioso es que las investigaciones sobre la felicidad en el entorno laboral, encuentran como su influencia en la productividad, en la salud mental y física, son enormes. Quienes son felices trabajando, rinden más y tienen menos bajas.

Una encuesta llevada a cabo por Gallup en 2015, recoge como solo el 32% de los trabajadores americanos declaraba estar “activamente implicado” en sus trabajos. La mayoría (52%) no se sentía implicados y un 17% se consideraba totalmente desconectado de su entorno laboral.

Algo tendremos que hacer ¿no creen? Gran parte del problema es el aburrimiento. Y hacer lo mismo, una y otra vez es una garantía de estarlo permanentemente. Hastío y felicidad no cuadran juntos. Estos son los primeros cambios a hacer. Buscar la oportunidad de aprender nuevas estrategias y herramientas, facilitar la movilidad entre departamentos de la empresa, buscar lugares comunes de intercambio de ideas … parecen ser algunos de los mejores antídotos para combatir el aburrimiento y promocionar la felicidad en la empresa.

Otro factor que se asocia directamente con la felicidad en el entorno laboral tiene que ver con la rutina. Salir de la oficina a la hora del desayuno o de la comida, tener espacios de encuentro con compañeros de otros departamentos o empresas, potencia que nuestro cerebro se mantenga en un tono activo. Si además de esto, las empresas dedicasen parte de su tiempo a promocionar el ejercicio y el mindfulness, los efectos son espectaculares. Ya ocurre en las empresas que así lo hacen.

La reducción de los tiempos de las reuniones interminables, ajustándolas a un horario establecido y con un moderador que se encargue de distribuir los turnos, es también un potente elemento para disolver el aburrimiento. Presentaciones cortas. Preguntas cortas. Ciclos cortos de tareas. Esta parece ser la clave para mantener el músculo de la felicidad en forma.

Y sonreír. Y este va directo a nosotros. Hacerlo va íntimamente ligado a la felicidad. Puede parecer una obviedad. Pero es como propagar un rumor. Si sonreímos, estamos generando un efecto en quienes nos rodean. Habrá quien se resista -incluso activamente-, pero tendrá que sucumbir o encontrarse aislado.

Indudablemente, siempre tendremos a alguien que nos dirá que si no eres feliz con tu trabajo, lo dejes. Es una opción muy respetable. Complicada en los tiempos que corren, pero posible. Pero que viene de un punto de vista dependiente. El que nos dice que la felicidad proviene del exterior. Por lo tanto, mejor cambiemos de aires, que cambiarnos nosotros.

Si su opción es intentar lo segundo, les propongo algunas ideas que pueden resultar valiosas para comenzar a darle la vuelta a esto de la felicidad en el entorno laboral.

Conoce que te hace feliz – a ti. Parece fácil evaluar si somos o no felices. Y en que grado lo somos. Esto no quiere decir que lo hagamos. Aunque podríamos. Pero lo que si parece más complicado es definir que es lo que nos hace felices a nosotros, personalmente. Somos diferentes, únicos. Por lo que parece lógico que cada uno tengamos, digásmolo así, nuestra propia “huella feliz”. Aquello que nos hace íntimamente felices.

Esto no solo tiene que ver con el entorno laboral, aunque todo está interconectado sin duda. Saber que nos hace felices y recogerlo en una lista para ser conscientes de ello, es uno de los primeros ejercicios que te proponemos.

Tengamos en cuenta que la felicidad incluye tanto el placer como el propósito, y no solo es la emoción positiva que suponemos. Escribamos ambas cosas. Que nos hace sentir placer y que nos hace sentir implicados activamente en algo.

Construye la felicidad de forma activa en tu entorno laboral. La felicidad no solo ocurre. No solo necesitamos ser conscientes acerca de lo que nos hace felices, pasivamente. Necesitamos construirlo. Hacer que ocurra.

No es fácil. Especialmente cuando estamos muy ocupados. Es como encontrar el hueco para ir al gimnasio. Pero una vez lo haces ¡ya no puedes vivir sin él! Comienza poco a poco por las pequeñas cosas que te conectan con un sentido de propósito y pertenencia. Puede ser desayunar con un amigo en tu pausa para hacerlo, cuidar una planta que has traído al despacho, escuchar música mientras preparas un informe … son pequeñas cosas que añaden significado a tu entorno laboral. Lo haces tuyo.

Estos cambios aparentemente pequeños, pueden tener un impacto muy significativo en como te sientes en el tiempo laboral. Estás construyendo tu pequeño entorno de felicidad personal en el trabajo. Puedes empezar pensando en que te gustaría cambiar a partir de ahora mismo. Haz una lista con lo que dependa exclusivamente de ti, y otra que pueden ser propuestas para llegar a un consenso con tus compañeros o proponérselo a tus jefes.

Busca oportunidades que te hagan sentir propósito. Puede que, en la mayoría de las ocasiones, no tengamos la oportunidad de elegir lo que queremos hacer, los proyectos que desearíamos, con quienes trabajaríamos. Busquemos la forma de implicarnos en aquello que se nos asigna, además de no dejar de hacer ver a quien nos dirige cuales serían nuestros intereses. En que proyectos te gustaría estar. En cierta forma se trata de transmitir -y transmitirte-, interés e implicación. Si lo hacemos en algo que nos han asignado ¡que no haremos en algo que además nos entusiasmaría!.

Conoce que te da energía -y qué no-. En esto también somos únicos. A algunas personas colaborar y trabajar con otros para resolver retos, nos hace sentir vivos. A otras, ser capaz de dedicarle toda la atención a los detalles y verlo desde puntos de vista nos crea una sensación de flujo. Hay quien prefiere trabajar en equipo y quien no. Considera que te hace sentir con más energía. Es esencial que lo sepas. También aquello que no. Porque, en algunos momentos tendrás, inevitablemente, que hacerlo.

Paradójicamente cuando uno conoce ambos, rinde más -y es más feliz- tanto en las situaciones que nos gustan más como en las que no tanto. Al ser conscientes de las segundas, y eliminar las expectativas negativas hacia ellas, nos relajamos, y nos encontramos, sorprendentemente mucho mejor.

Identifica que te hace infeliz. Por supuesto que esto no es un camino de rosas. Hay momentos -días o temporadas-, que parece que todo va mal. Una mala jornada, marcada por una situación desagradable, puede hacer que nos sintamos realmente miserables.

Aunque lo intentemos cambiar, ocurrirá. Pero no debemos pensar que un mal día signifique una mala vida. Al contrario, reconocer los malos momentos nos hará apreciar aún más los buenos. Y trabajar por potenciarlos.

Las investigaciones sobre la influencia de la felicidad en nuestro entorno laboral sugieren que los beneficios de los entornos positivos en la empresa aumentan el rendimiento y la productividad, además de reducir las bajas por enfermedad. Y si además nos hace felices ¿por qué no estamos en ello ya?

Este artículo se aplica a cualquier realidad laboral que queramos. En algunos será más complicado, pero se consigue con dedicación y convencimiento. Y, además, si todos los niveles de la empresa están convencidos de ello, mucho

Publicado originalmente en Psicología y Mente

Conexión Social

La amistad es siempre una responsabilidad dulce, nunca una oportunidad.
Khalil Gibran

Cuando nos referimos al concepto de conexión social, estamos hablando del sentimiento de pertenencia a un grupo. De sentirnos cerca de otras personas. La evidencia científica sugiere que esta es una necesidad psicológica básica, esencial para sentirnos satisfechos con nuestra vida.

Los humanos somos sociales. Y nuestro impulso para conectar con otras personas nos viene de fabrica en nuestros genes y evolución. Comienza en el momento en el que nacemos, y con la relación que establecemos con quien nos cuida. Los efectos de esta relación pueden durar toda la vida. Cuando hemos sido queridos en la infancia, es más probable que nuestras relaciones de mayores sean más saludables y seguras.

Todavía más. Los placeres que nos proporciona nuestra vida social se registran en nuestro cerebro de una forma similar a como lo hacen los placeres físicos. Nuestra habilidad para conectar se expresa en las formas más básicas en las que los seres humanos nos comunicamos: expresiones faciales, tonos de voz o gestos físicos de contacto.

Los científicos creen que estamos diseñados para conectar con otras personas porque la selección natural favoreces a los humanos con una fuerte propensión a cuidar a los más pequeños y a organizarse en grupos.

Por esto resulta tan importante para nuestro bienestar mental. La conexión social nos hace sentir apreciados y queridos. Parte de algo que trasciende de nuestra propia impermanencia.