Yo primero

Ser celoso es el colmo del egoísmo, es el amor propio en defecto, es la irritación de una falsa vanidad.

Honoré de Balzac

Nos llevan bombardeando, desde hace tiempo, con la idea de que nuestra felicidad, estabilidad emocional e, incluso, el amor, está íntimamente ligado a como nos queramos. O más bien, a si lo hacemos o no.

Hemos de admitir que, expresado de esta forma, queda muy bien. Si no te quieres a ti mismo, no podrás querer a nadie. ¿A que es atractiva la frase? Pero, -y esta es una pregunta que me hago en alto- ¿qué es quererse a uno mismo?.

Puede sonar a egoísmo ¿a qué si? De hecho hay quien lo entiende así y aplica aquello de yo “por delante de todo”. Una interpretación muy particular de la propuesta que sugiere la frase. Y también muy equivocada. No van por ahí los tiros.

Querernos a nosotros mismos es comenzar un camino adecuadamente. Es decir, no se trata que queramos a los demás y no a nosotros. De hecho, lo que ocurre es que no es posible querer si el punto de partida de ese amor no somos nosotros. Si no lo hacemos así, lo que estamos haciendo es buscando en otras personas lo que no somos capaces de hacer con nosotros. Y esto si es egoísmo. Además de la base del amor dependiente. Una relación asimétrica, en la cuál una persona intenta encontrar en la otra lo que no es capaz de darse a si misma.

Lo se. Parece un galimatías. Pero lo entenderemos fácilmente si admitimos el amor como igualdad. En ella somos capaces de ofrecer a la otra persona algo que conocemos y sabemos hacer. Algo que decidimos libremente, no por la necesidad que deriva de la carencia propia, sino por el deseo de compartir nuestro amor -propio-, con otra persona.

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Sentido

Las personas se autorrealizan en la misma medida en que se comprometen al cumplimiento del sentido de su vida.
Victor Frankl

 

Ser feliz. Una de las respuestas más habituales que me encuentro cuando pregunto que es lo que te gustaría. Independientemente de la edad, de la educación o de cualquier otra etiqueta que nos pongamos o nos pongan. Todas las personas, de una u otra forma, es lo que ansiamos: la felicidad.

La forma de conseguirlo es otro cantar. Hay quien la busca en ayudas externas, químicas o físicas, o en el consumo continuado de productos “empaquetados” de consejo, generalmente proporcionados por personas sin preparación, ni escrúpulos.

¿Por qué somos tan crédulos?¿Por qué pensamos que algo tan deseado, va a ser fácil?¿O permanente? Quizás por la cultura de la inmediatez en la que vivimos. Por la necesidad de que lo que queremos ocurra inmediatamente. Es como si volviésemos a los períodos más tempranos de nuestra existencia. Lloramos, y nos dan de comer. Estímulo y respuesta. Eso es lo que pretendemos. ¿Verdad?

Por esto, cuando alguien nos dice que esto de la felicidad es un camino sinuoso, intrincado y complejo, que realmente son momentos en los cuáles debemos estar conscientes para poder apreciarlos, que inevitablemente, habrá altibajos en el recorrido, nos entra la desesperanza.

Pero, hay un truco. La felicidad tiene que ver con el sentido de la vida. Es como la linterna que lo ilumina. Reflexionar sobre lo que hacemos, a quien queremos, decirlo, compartir, ayudar … son algunas de las herramientas necesarias para ello. En muchas ocasiones lo que estamos buscando, ya lo tenemos. Como cuando perdemos las gafas y las tenemos puestas.

La felicidad no es buscar el sentido de nuestra vida. Es el sentido, el significado de ella lo que nos hace felices.

 

Más que felicidad

Nuestra cultura está obsesionada con la felicidad, pero ¿y si hay un camino más satisfactorio? La felicidad va y viene, dice la escritora Emily Esfahani Smith, pero hallar sentido en la vida, servir a algo más allá de ti mismo y desarrollar lo mejor de ti, te da algo a lo que aferrarte. Escucha la diferencia entre ser feliz y hallar sentido de la mano de Esfahani Smith quien nos ofrece cuatro pilares para una vida llena de sentido y significado.

¿Qué salió mal?

La felicidad proviene más de nuestra actitud, que de factores externos

Dalai Lama

Si te casas hoy, la probabilidad de que tu relación no dure es del 60%. ¿Es tan complicado encontrar el verdadero amor o es otra cosa?

Un interesante estudio llevado a cabo en la Universidad Heriot-Ward y que recoge la página TinyBuddha, descubrió que muchos personas tienen una visión distorsionada de la relación perfecta o expectativas no realistas respecto a su pareja. Los autores culpan de esto a la cultura de las películas románticas.

“Estas películas nos hacen buscar a Cenicienta o al Príncipe Encantado que llenará nuestras vidas para siempre”, comentan los investigadores. Pero, ¿realmente podemos esperar que nuestras parejas nos hagan tan felices? ¿Es esto justo?

AlguienFelizProbablemente sí y probablemente no. Esperar que con quien hemos decidido compartir nuestra vida nos haga feliz si, pero descansar toda nuestra felicidad en esta esperanza no. Es incluso injusto. Pero a pesar de ello, este es el mensaje preferido de cualquier trama romántica. Y es una gran trampa.

Estamos viviendo un deseo de nuestro ego, que nos dice que algo falta en nuestra vida y que lo mejor es encontrar a alguien que llene este vacío. Es decir, estamos volviendo a la consabida media naranja.

Una de las razones por las que una relación puede no salir como nos gustaría es que estemos demandando en lugar de compartiendo, nuestro amor. Si lo que estamos esperando es que nuestra pareja nos haga feliz, estamos demandando amor. Si eras feliz cuando estabas solo, es más probable que lo seas en tu relación. Te centrarás en compartir y no en demandar.

Otra de las trampas del amor dependiente, la constituyen las expectativas. Son una ilusión de amor que frecuentemente acaban con la relación. No esperar no significa no confiar en tu pareja. Solamente significa que no dependes de ella para sentirte mejor contigo mismo. Es una relación de igual a igual. Si no estamos a gusto con nosotros mismos, no podemos esperar que alguien nos saque de esta situación. Y mucho menos mantener una relación saludable. Debemos querernos para ser queridos.

El verdadero amor se eleva por encima de la dependencia. Es una aventura de crecimiento en común, en donde las dos partes aportan bagajes similares y que, juntas, se convierte en algo de un nivel superior. Las parejas que entienden que este es el mejor regalo que se pueden dar, recibirán como regalo el amor verdadero.

¿Reto o amenaza?

Cuando afrontamos una situación de “alta tensión”, como puede ser hablar en público, hacer un examen o competir en una prueba deportiva, es normal que nos preguntemos si estamos o no preparados para ello. ¿Hemos entrenado suficiente?¿hemos descansado?¿nos acordaremos de nuestras notas?.

De acuerdo al modelo biopsicosocial de reto y amenaza, estas preguntas pueden conducirnos a construir la misma situación de diferentes formas. Si estamos preparados, lo veremos como un reto, si no es así, percibiremos la situación como una amenaza.
Estas percepciones diferentes no sólo tienen impacto en como identificamos o etiquetamos estas situaciones; su impacto fisiológico y resultados también son muy distintos.

Si percibimos la situación como un reto, nuestro corazón y nuestra resistencia se pondrán a nuestro favor, a nuestra disposición. Un atleta de elite o un experimentado orador nos dirá que es esencial para él estar en un correcto estado de activación para poder rendir a su entera satisfacción.

Si, por el contrario, percibimos esa misma situación como una amenaza, algo que no podemos abordar, ese estado de activación lo percibiremos como nerviosismo o stress y nos puede llegar a paralizar.

La buena noticia es que podemos aprender a reconstruir la forma en que nos acercamos a estas situaciones de alta exigencia emocional. De hecho, esta es uno de los objetivos que puede abordar la psicología. El modelo que hemos comentado más arriba sostiene que las personas construyen su percepción de las situaciones de una u otra forma según sea la percepción de sus propios recursos y competencias, pero esto no es inmutable.

En el camino de nuestro cambio personal, aquellas situaciones que nos resultan inabordables, pueden ser un magnífico comienzo. Si cambiamos y reformulamos las situaciones estresantes para convertirlas en retos, conseguiremos mejorar nuestro desempeño en aquello que nos propongamos. La ayuda de profesionales de la psicología en estos procesos puede ser muy importante, al menos para conseguir que consigamos ver las cosas desde otro punto de vista. A partir de ahí, viviremos nuestros retos como proyectos, nos prepararemos, aprenderemos a conocernos mejor y nuestro bienestar, físico y mental, mejorará.

Pasaremos de sentir ansiedad o presión, a sentir excitación. Nos sentiremos vivos, implicados, comprometidos con lo que hacemos. Esta es la diferencia entre alguien apasionado por lo que hace frente a alguien aprisionado por lo que hace.

Como un buen amigo dice, no es fácil, desde luego. ¡Pero si lo fuese, no sería un reto!

¿Cómo lo paramos?

El instrumento básico para la manipulación de la realidad es la manipulación de las palabras. Si tu puedes controlar el significado de las palabras puedes controlar a la gente que utiliza esas palabras.
Philip K. Dick

Vaya en primer lugar mi reconocimiento a todos los profesionales, que están en primera línea ayudando en cualquier situación de tragedia como la que hemos vivido recientemente en Barcelona.

En segundo lugar, que conste mi más absoluta ignorancia en como abordar una investigación policial, sea preventiva u operativa. No tengo ni idea. Mi campo es la salud mental. El bienestar psicológico que hace que a nadie se le pueda pasar por la cabeza tomar una decisión que atente contra la vida de las personas. De eso si se.

Comencemos siendo absolutamente sinceros. Es una lucha compleja y delicada. Se trata de cambiar muchas sensibilidades y dolores, que también pueden ser comprensibles, por una intervención psicosocial de gran envergadura. Y para ello hace falta un absoluto convencimiento y un decidido apoyo por parte de la administración.

No dejo de estar indignado por los continuos atentados en nombre de religiones o creencias. Y reclamo contundencia contra quien los perpetra, instiga o propicia. Pero lo que propicia el cambio a largo plazo va por otro lado. Educación e ir a la base del problema. Las personas se radicalizan porque no son felices. Eso les convierte en presa fácil de los adoctrinadores. Esto es valido para todo radicalismo. Por mucho que nos digan que las soluciones solamente pasan por las leyes o por las prohibiciones, recordemos que estas surgen de la incapacidad humana de resolver los conflictos de forma civilizada.

Sentirse mal por sentirse mal

Hay sonrisas que no son de felicidad, sino de un modo de llorar con bondad
Gabriela Mistral

La presión que podemos sentir -o hacernos sentir-, para estar siempre animados puede, de hecho, hacernos todavía sentir peor. Sin embargo, el reconocimiento de nuestra tristeza, a largo plazo, puede sernos hasta beneficioso. Esto es lo que concluye un estudio realizado en la UC Berkeley.

Encontramos que las personas que aceptan habitualmente sus emociones negativas, experimentan menos emociones de este tipo, lo que mejora sustancialmente su salud psicológica.”, comenta Iris Mauss, profesora de psicologia e investigadora principal de este estudio.

Este trabajo, publicado en el Journal of Personality and Social Psychology, examinó el vínculo entre la aceptación emocional y la salud mental en más de 1300 adultos.

Sus resultados sugieren que las personas que se resisten habitualmente a sus emociones más tristes, o se juzgan duramente pueden, de hecho sentirse todavía más estresados psicológicamente. En contraste, aquellos que generalmente aceptan y dejan ir estos sentimientos de tristeza, desilusión o resentimiento, señalan menos trastornos de humor que aquellas personas que se critican a si mismas por sentirlos.

Según los autores de este estudio, la forma en que entendemos nuestros propias reacciones negativas, es algo realmente importante para nuestro bienestar general. Quienes aceptan estas emociones sin juzgarlas o tratar de cambiarlas, parecen ser mucho más capaces de afrontar su estrés exitosamente.

Las emociones negativas surgen, por lo general, en reacción a algo que no nos gusta o percibimos que nos puede hacer daño. Son adaptativas, y por lo tanto, necesarias. Es nuestra costumbre de quedarnos con ellas, apegándonos, la que consigue que olvidemos para que sirven.

Esto, como ya hemos compartido en otras ocasiones, nos hace presa fácil de “soluciones mágicas”, mucho más peligrosas que entender, aceptar y no juzgar cuando nos sentimos mal. Y, además, como señalan estos estudios, añade un innecesario sentimiento de culpa por experimentarlas.

Optimismo realista

La felicidad es el estado natural de la mente. No es algo que perseguimos, es algo que permitimos
Allan Wallace

Todos queremos tener éxito y conseguir nuestros sueños. Pero en la mayoría de las ocasiones, no tenemos un plan realista para hacerlo. Somos optimistas por naturaleza. La vida es mejor cuando creemos que seremos capaces de conseguir aquello que nos proponemos. Desafortunadamente, en ocasiones, un excesivo optimismo nos puede conducir a predicciones poco realistas acerca de nuestra habilidad para completar una tarea o solucionar un problema, especialmente si no tenemos los conocimientos o capacidades para hacerlo. Esto es el Sesgo Optimista y puede ser un problema para nosotros y para aquellos que confíen en nuestras habilidades no contrastadas.

Las buenas noticias son que esto se puede solucionar, ¡si queremos!. La investigación sugiere que el sesgo optimista puede mitigarse simplemente complicando las cosas. Y la forma más simple de hacerlo es incrementando el número de pasos que suponemos necesitar entre el comienzo y finalización de esta tarea que nos planteamos.

En un reciente estudio realizado en la Universidad de Nueva Orleans, se solicitó a parejas recién comprometidas, que describiesen como completar un plan de boda (invitados, menús, música,..). Podían hacerlo en dos o cinco pasos, y luego debían hacer una estimación de la fecha en que completarían la tarea. Diez días después de la fecha que habían programado, los experimentadores se pusieron en contacto con los novios para preguntarles la fecha real en que habían concluido con su planificación. Resulto que aquellos que habían programado cinco etapas fueron bastante más precisos con la fecha que los que solo programaron dos.

Los autores concluyen que planear dificultades ayudó a disminuir el sesgo optimista. Las personas que programaron cinco etapas terminaron antes de la fecha programada mientras que los “optimistas” lo hicieron bastante después de sus estimaciones.
¿Significa esto que es cierto aquello de “piensa mal y acertarás”? No exactamente. Lo que puede concluirse de este estudio es que una programación más detallada provoca que tengamos que considerar más aspectos de nuestro plan que se nos escaparían si lo hacíamos al “tuntún”. Esto disminuye el optimismo “no realista” y nos hace conscientes de la necesidad de preparar determinadas circunstancias que no considerábamos previamente. Si no somos capaces de planear cinco etapas para la consecución de nuestro objetivo ¡mejor pedir ayuda!.
Esto resulta aplicable a muchas situaciones cotidianas. Desde pedir información detallada del solicitante de un préstamo sobre como va a devolverlo, hasta ser mucho más precisos con nuestro plan para bajar de peso o preparar la San Silvestre.

No puedes esperar terminar una carrera, si ni siquiera caminas para ir a buscar el pan. La experiencia de hacerlo sin seguir un plan de entrenamiento puede convertir un esperado rato de diversión en un auténtico calvario. La experiencia de la que careces te caerá de golpe encima y será muy frustrante. Sigue un plan adaptado a tu tiempo y condiciones físicas y conseguirás lo que te propongas

Tu habilidad progresará poco a poco y pronto conseguirás resultados. Puede tomarte tiempo, pero estarás cimentando tus planes de una forma realista, que te permitirá conseguirlos y disfrutar de tu proyecto.

Ir paso a paso, siguiendo un plan te proporciona dos importantes beneficios: Una sensación de avance y pericia que te dará confianza. Y en segundo lugar, reducirá tu incertidumbre, lo que aumentará tu capacidad de concentrarte en el próximo escalón hacia tu objetivo.

Te centras en lo que es relevante, con más energía y, de forma consciente y plena, vas creando un patrón de éxito regular que te permite disfrutar de todo el proceso.

Tener un plan realista, te permite cambiar lo probable por posible.

En compañía de la empatía

La empatía, la habilidad para ponerse en el lugar del otro y percibir lo que otra persona puede llegar a sentir en un momento determinado ha sido una capacidad denostada durante años. Sobre todo en el mundo de la empresa, donde los empleados pelean a menudo por evolucionar en un entorno competitivo y los jefes más tradicionales han dirigido durante mucho tiempo sus equipos con mano de hierro.

Ahora, la cosa está cambiando. La empatía ha pasado de ser un simple concepto relacionado con la inteligencia emocional a convertirse en una capacidad básica a la hora de dirigir a un grupo de personas o relacionarnos con los demás en nuestro puesto de trabajo. Un intangible muy apreciado en las compañías de más éxito que se encuentra íntimamente relacionado con el crecimiento, la consecución de los logros marcados, la productividad de los empleados y, por ende, la obtención de mayores beneficios económicos.
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