f12603fe51178246201b821d5d08e806cabb4c2b_2880x1620

¿Sabemos conversar?

Cuando tu empleo depende de cuán bien le hablas a la gente, aprendes mucho sobre como entablar conversaciones, y la mayoría de nosotros no conversa muy bien. Celeste Headlee ha trabajado como entrevistadora en la radio durante décadas, y conoce los ingredientes para una excelente conversación: Honestidad, brevedad, claridad y una saludable dosis de escucha. En esta valiosa charla, comparte 10 reglas útiles para tener mejores conversaciones. “Sal, háblale a la gente, escúchala”, dice. “Y, lo más importante, prepárate para asombrarte”.

Les dejo parte de su charla (las diez reglas para una buena conversación), transcritas.

Muchos ya han escuchado varios consejos sobre esto, cosas como mirar a la gente a los ojos, pensar en temas interesantes para discutir con anticipación, mirar, asentir y sonreír para mostrar que prestan atención, repetir justo lo escuchado o resumirlo. Así que, quiero que olviden todo eso. Es una estupidez.

No hay razón para aprender a mostrar que se presta atención si de hecho se está prestando atención.

Ahora, yo uso las mismas capacidades como entrevistadora profesional que las que uso en mi vida diaria. Así que, les enseñaré cómo entrevistar a la gente, y eso en realidad va a ayudarles a aprender a ser mejores conversando. Aprender a tener una conversación sin desperdiciar su tiempo, sin aburrirse, y, ¡por Dios!, sin ofender a nadie.

Todos hemos tenido grandes conversaciones. Las hemos tenido antes. Sabemos cómo son. El tipo de conversación donde te marchas sintiéndote involucrado e inspirado, o donde sientes que has hecho una conexión real o has entendido perfectamente. No hay razón para que muchas de sus interacciones no puedan ser así.

Así que tengo 10 reglas. Y los guiaré a través de ellas. pero honestamente, si solo eligen una de ellas y la dominan, Uds. ya disfrutarán de mejores conversaciones.

Número uno: No sean multitareas. Y no solo quiero decir que dejen su móvil, su tablet, las llaves del auto o lo que tengan en las manos. Quiero decir, estén presentes. Estén en “ese” momento. No piensen en la discusión que tuvieron con su jefe. No piensen en lo que van a comer para cenar. Si desean salir de la conversación, abandonen la conversación, pero no estén mitad presente y mitad ausente.

Número dos: No sean dogmáticos. si quieren establecer su opinión sin oportunidad a réplica, discusión, aportación o crecimiento, escriban un blog.

Ahora, hay una buena razón por la que no permito sabiondos en mi show: Porque son realmente aburridos. Si son conservadores, odian a Obama, al programa de comida y al aborto. Si son liberales, odiarán a los bancos, las empresas las petroleras y a Dick Cheney. Totalmente predecibles. Y Uds. no querrán ser así. Uds. deben iniciar una conversación suponiendo que tienen algo que aprender. El afamado terapeuta M. Scott Peck dijo que la escucha sincera requiere de ponerse uno mismo a un lado. Y a veces eso significa dejar a un lado las opiniones personales. Él dijo que al sentir esta aceptación, quien habla estará cada vez menos vulnerable y cada vez más dispuesto a abrir las represiones interiores de su mente al que escucha. Una vez más, supongan que tienen algo que aprender.

Bill Nye: “Cada persona que llegues a conocer, sabrá algo que tú no conoces”. Yo lo puse en este modo: Todos son expertos en algo.

Número tres: Usen preguntas abiertas. En este caso, observen a los periodistas. Inicien preguntas con quién, qué, cuándo, dónde, por qué o cómo. Si lo ponen en una pregunta complicada, van a obtener una respuesta simple. Si les pregunto, “¿Se asustaron?”. Responderán a la palabra más enérgica en esa oración, la cual es “asustarse”, y la respuesta sería Sí o No me asusté. “¿Estabas molesto?”. “Sí, lo estaba”. Déjalos describirlo. Son los que saben. Intenten preguntar cosas como, “¿Cómo fue eso?”. “¿Qué sintieron?”. Porque entonces puede que tengan que detenerse un tiempo y pensar en ello, y van a tener una respuesta mucho más interesante.

Número cuatro: Sigan el ritmo. Eso significa que vendrán pensamientos a su mente y necesitan permitirles salir de su mente. A menudo, hemos escuchado entrevistas en la que un invitado está hablando por minutos y luego el presentador vuelve y hace una pregunta que parece haber salido de la nada, o que ya ha sido contestada. Allí es probable que él haya dejado de escuchar hace 2 minutos porque pensaba en esta pregunta realmente ingeniosa, y estaba convencido y determinado a decirla. Y nosotros hacemos exactamente lo mismo. Estamos sentados conversando con alguien, y recordamos la vez que encontramos a Hugh Jackman en una cafetería.

Y dejamos de escuchar. Les vendrán historias e ideas. Deben dejarlas venir y dejarlas ir.

Número cinco: Si no saben, digan que no lo saben. Ahora, la gente en la radio, especialmente en NPR es mucho más consciente de que está siendo grabada, y es más prudente sobre los temas en lo que aseguran ser expertos y sobre lo que afirman saber con seguridad. Hagan eso. Pequen de precavidos. La charla no debería ser común.

Número seis: No equiparen sus experiencias con las de ellos. Si hablan sobre la perdida de un familiar, no empiecen a hablar de la vez que perdieron un familiar. Si hablan de problemas laborales, no les cuenten cuánto odian su empleo. No es lo mismo. Nunca es lo mismo. Toda experiencia es individual. Y, lo más importante, no es sobre Uds. No necesitan usar ese momento para probar cuán sorprendente son o cuánto han sufrido. Una vez preguntaron a Stephen Hawking cuál era si CI, y él dijo: “Ni idea. El que fanfarronea sobre su CI es un perdedor”.

Las conversaciones no son una oportunidad promocional.

Número siete: Procuren no ser repetitivos. Es condescendiente, y es en verdad aburrido, y tendemos a hacerlo mucho. Especialmente en conversaciones de trabajo o con nuestros hijos. Cuando tenemos una idea, la seguimos parafraseando una y otra vez. No hagan eso.

Número ocho: Eviten los detalles. Francamente, la gente no está interesada en los años, los nombres, las fechas, todos esos detalles que luchan por traer a su mente. A ellos no les importan. Les importan Uds. les importa cómo son, qué tienen en común. Así que, olviden los detalles. Déjenlos.

Número nueve: esta no es la última, pero es la más importante. Escuchen. No puedo decirles cuántas personas importantes han dicho que escuchar tal vez sea la capacidad más importante que podrían desarrollar. Buddha dijo, y estoy parafraseando, “Si tu boca está abierta, no estás aprendiendo”. Y Calvin Coolidge dijo: “Nadie ha sido despedido por escuchar demasiado”.

¿Por qué no escucharse mutuamente? Número uno, nosotros preferimos hablar. Cuando hablo, estoy en control. No tengo que escuchar en lo que no esté interesado. Soy el centro de atención. Puedo reafirmar mi propia identidad. Pero hay otra razón: Que nos distraemos. La persona promedio habla unas 225 palabras por minuto, pero podemos escuchar hasta 500 palabras por minutos. Así que nuestras mentes están llenando esas otras 275 palabras. Y miren, sé que requiere esfuerzo y energía realmente prestar atención a alguien, pero si no pueden hacer eso, no están en una conversación. solo son dos personas gritando oraciones apenas relacionadas en el mismo lugar.

Tienen que escucharse el uno al otro. Stephen Covey lo dijo muy bien. Dijo: “Muchos de nosotros no escuchamos con la intención de entender. Escuchamos con la intención de responder”.

Una regla más, número diez, y es esta: Sean breves.

Hablar con extraños

Cuando hablamos con extraños, hacemos bellas interrupciones a la narrativa diaria de nuestras vidas… y las de ellos“, dice Kio Stark. En esta charla deliciosa, Stark explora los beneficios ignorados de sobrepasar la molestia cuando se trata de extraños y acoger los momentos profundamente bellos de conexión auténtica.

pablo2016_0152

Sobran las palabras

Uno de los procesos más terribles por el que podemos pasar es la pérdida de un ser querido. Algo para lo que nadie nos puede preparar. Y quienes estamos al lado de quien la sufre creemos que debemos hacer todos nuestros esfuerzos para hacer que estos momentos sean más llevaderos.

Esto nos puede llevar a cometer errores. A “meter la pata”, en unas circunstancias en que nosotros creemos que debemos actuar y hacer todo lo posible por aliviar el dolor. Nos ponemos nerviosos, hablamos más de la cuenta … y decimos cosas que no ayudan para nada.

Estos ejemplos les darán una idea de a lo que nos referimos.

Si es el caso de un fallecimiento por accidente, comentarios del tipo “murió haciendo lo que le gustaba”, “vaya mala suerte”, “podría haberle pasado a cualquiera” o “mejor antes que se pusiese peor”, son profundamente insensibles. Parece que buscamos una justificación o una responsabilidad para la pérdida. No ayudan. Son comentarios que solo pueden salir de quien directamente está sufriéndola.

“Al menos ya no está sufriendo. Ya descansa en paz”. Estas palabras pueden hacer entender que la persona que sufre la pérdida debe estar contenta o agradecida por que ocurriese antes que las circunstancias se pusiesen peor.

“Entiendo perfectamente como te sientes porque …” No es así. Tu no puedes entender como se siente otra persona, incluso aunque sufrieses una pérdida similar. La relación entre personas es única. No se pueden comparar con las nuestras. Además, esto no va de nuestra experiencia con las pérdidas. Es el duelo de otra persona. Sólo necesita que estemos allí.

Está con Dios”o “ahora está con los ángeles” o cualquier otro consuelo religioso que se te pueda ocurrir, tampoco es muy buena idea. Incluso si piensas que la persona tiene tus mismas creencias, esto no significa que comparta tu forma de abordarlas. El momento puede no ser el adecuado para comprobarlo.

“Si puedo hacer algo, sólo llámame”. ¿Realmente pensamos que lo harán? Nunca. Si es alguien excepcionalmente cercano, puedes organizarte para ayudar con los detalles que sean necesarios, administrativos o familiares. Llevarte a los niños al cine con los tuyos, puede ser una de las opciones, entre otras. Se trata de hacer cosas específicas que faciliten estos momentos difíciles. No un vago “alguna cosa”. Puede quedar bien, pero no tiene ningún significado. Y siempre de acuerdo con la persona.

Los momentos de duelo son íntimos. Es un tiempo de escuchar. De estar al lado de quien lo está pasando mal. Compañía. De eso se trata.

pablo2016_0150

Agradecimiento

Si se siente gratitud y no se la expresa es como envolver un regalo y no darlo.
William A. Ward

Para muchas personas, la gratitud es difícil. Quizás porque la vida lo es. Incluso más allá de la deprivación o la depresión, hay muchas circunstancias comunes en las cuales no resulta sencillo ser agradecido.

Sin embargo, y bajo las peores circunstancias, algunas personas son naturalmente más agradecidas que otras. Un artículo publicado en una prestigiosa revista de neurociencia identificaba la variación en un gen, (CD38) como asociado a la gratitud.

Al parecer estas personas tienen una mayor tendencia genética a experimentar, en palabras de los investigadores “una satisfacción relacional global, una capacidad para apreciar los esfuerzos de los demás y emociones positivas”. Es decir, esas personas raras que parecen estar agradecidas todo el tiempo ¡pueden ser mutantes!

Lo cierto es que somos mucho más, afortunadamente, que esclavos de nuestros sentimientos, circunstancias o genes. La evidencia sugiere que podemos elegir activamente practicar el agradecimiento. Y hacerlo aumenta nuestra felicidad.

Esto no es solo una máxima de crecimiento personal. De hecho es algo que se puede entrenar y tiene un efecto relativamente rápido sobre nuestro estado de  ánimo. Así lo demuestra un estudio llevado a cabo en 2003 en California, en el que se asociaba la gratitud al bienestar subjetivo. Para ello pidieron a un grupo de estudiantes que llevasen un “diario de agradecimiento”, durante diez semanas, y compararon sus indicadores de felicidad, con otro grupo que recogía lo que desease, en su propio diario.

Los resultados fueron claros. El grupo experimental manifestaba sentirse mucho más satisfecho, motivado y feliz, que el grupo control.

Lo se, parece de cajón. Si nos acostumbramos a agradecer, seremos conscientes de la cantidad de personas o circunstancias, que lo merecen a diario. Esto nos hace sentir mejor, que duda cabe.

Pero los efectos van mucho más allá. Al ser conscientes de ello, agradecer abiertamente a otras personas, se hace más sencillo. Y la gratitud es una potente herramienta de relación interpersonal. Digamos que el otro, al ser consciente que apreciamos lo que hace, -su trabajo, por ejemplo- lo valorará más. Y se valorará todavía más a él mismo.

Así que además de ser una potente herramienta para sentirnos conectados con el mundo, consigue que la vida de los demás también sea mucho mejor.

En psicología, las ventajas que puede tener a nivel personal, social o comunitario, enseñar gratitud, son infinitas. Estamos enseñando empatía. Aprendiendo a apreciar lo que otras personas hacen por nosotros, directa o indirectamente. Bien sea por su trabajo o por una decisión personal.

Es una magnífica forma, por otro lado, de sacudirnos nuestra egoísta costumbre de mirarnos el ombligo. Y, además, posee la maravillosa virtud de conseguir que nos sintamos parte de algo que se sostiene por el esfuerzo de muchas personas.

En definitiva, el refrán –es de bien nacidos, ser agradecidos-, puede tener una lectura mucho más amplia y hacernos ver el agradecimiento como una forma de comunicación humana que consigue una mejor sociedad a través de unos mejores individuos.

Les propongo hacer lo mismo que el experimento. Comenzar nuestro propio ejercicio de agradecimiento diario, hasta que lo convirtamos en una costumbre. Si, además, quieren compartirlo, sean bienvenidos. El espacio para comentarios es un buen lugar para hacerlo.

Pablo2016_0112

¿Me escuchas?

No esperes a que te toque el turno de hablar, escucha de veras y seras diferente.
Charles Chaplin

 

Nos quejamos continuamente de no ser escuchados. Puede ser cierto. Pero, y nosotros, ¿lo hacemos?

Seamos sinceros ¿Cuántas veces nos hemos visto en una conversación que más parece un partido de tenis? Esas de las que se ve claramente que uno espera a que el otro acabe (si lo hace) para hablar, sin tan siquiera plantearse responder a la otra persona.

Es como si tuviésemos un argumentario propio del que no nos queremos bajar. Como si nos diese seguridad. Es territorio conocido, y ahí preferimos quedarnos.

Pero venimos equipados con dos orejas, que además no tienen mecanismo de cierre. Y con una boca que si lo tiene. ¿Por qué no hacemos caso de nuestra naturaleza?

Escuchar es un todo un territorio desconocido. Fascinante. A medida que lo vas conquistando, apreciarás como aprendes cada vez más. Y tiene un maravilloso efecto secundario ¡te escuchan a ti también!. Porque se contagia. A veces puede tardar, no olvidemos que no es una costumbre muy común, pero se consolida poco a poco.

Si quieres empezar con ello te propongo algunos trucos que te pueden ayudar.

Cuando escuches, piensa que lo que te están diciendo lo vas a tener que contar tu luego a alguien. De esta forma permites que lo que dice la otra persona llegue a ti y tu cerebro deba procesarlo. Es algo que solo puedes hacer en silencio. Escuchando activamente. Y como efecto adicional, para comprender lo que la otra persona dice, harás preguntas. Sin darte cuenta estarás en una conversación. No tratas de responder, tratas de entender. El cambio en la calidad de tu conversación es espectacular.

No pierdas el contacto visual. Hacerlo parece indicar que no estás prestando atención a quien habla. Costumbre que muestran, por cierto, algunos entrevistadores profesionales. Un truco para conseguirlo, como hemos comentado en otro artículo, es tratar de averiguar el color de los ojos de quien habla. Con todos sus matices.

Aparta el teléfono móvil. Es imposible escuchar atentamente a otra persona e intentar estar al tanto de lo que llega a través de la mensajería o notificaciones. Siempre que sea posible, silenciálo y ponlo boca abajo. O déjalo en otro lugar. No te autoconvenzas que algo urgente puede ocurrir. No es cierto. Y si pasa, podrás abordarlo mirando el teléfono cada cuarto de hora, en lugar de cada diez segundos.

Se honesto. En ocasiones se hace muy difícil escuchar a la otra persona con atención. No tenemos tiempo, estamos cansados o el día ha sido especialment difícil. Decírselo a la otra persona es una forma de hacerle ver lo importante que es su conversación para nosotros. Por supuesto, esto debe ir acompañado de un compromiso serio para hablar en otro momento.

Estos son solo algunos consejos que pueden ser de utilidad para mejorar la calidad de tus conversaciones. Tienen la magnífica ventaja de conseguir, además, estrechar lazos con quien hablas a la par que aprender mucho de lo que dice.

pablo2016_0109

¿Qué decimos cuando no hablamos?

Nos comunicamos no sólo con las palabras, también con los gestos, la mirada, la sonrisa; todo nuestro cuerpo y todo nuestro comportamiento habla en todo momento.

Son los componentes no verbales los que apoyan a la parte verbal, normalmente nuestro cuerpo apoya lo que comunica nuestra voz. Prueba a negar con la cabeza y al tiempo decir que sí, ¿necesita cierta concentración verdad?

La comunicación no verbal hace que lo que decimos sea más convincente y efectivo. no sólo facilita la comprensión, hace que la conversación sea más amena, divertida, interesante, es más fácil para nosotros expresar los sentimientos a través de ella.

Si desmenuzamos los elementos no verbales más importantes podemos agruparlos en cinco: La mirada, los gestos de la cara, los gestos de las manos y los brazos, la postura corporal y la distancia. En cada uno de ellos hay un sinfín de matices.

Por otro lado están los elementos paralingüisticos, que se refieren al manejo de la voz, pausas, tono, volumen, entonación… ¿Quién no ha asistido una clase magistral de contenidos con alguien soso que aburre hasta las piedras?

¿Qué pasaría si hay una incoherencia entre lo que decimos y lo que expresan nuestros gestos? nos delata y nos contradice, ¿a qué haríamos caso? Imagina que estás en clase diciendo al profesor que tú no estás distraído, que estás muy atento, pero estás sentado en la silla un poco desparramado, se te abre la boca, mirabas por la ventana. La comunicación no verbal te delata.

¿Cómo puedes convencer a alguien de que lo que escuchas no te gusta, si le miras con una sonrisa de oreja a oreja y le asientes con la cabeza? ¿Cómo convencer de que el regalo que te acaban de hacer te gusta si lo has dicho en voz baja, mirando al suelo, sin sonreír, sin ningún tono exclamativo sino monótono, sin acercarte a estrecharle fuerte, darle dos besos y repetir que te encanta? No hay verdades absolutas, cada gesto debe leerse en su contexto porque puede significar cosas bien distintas según cuándo, dónde y cómo se produzca.

La mirada: mirar a quien habla demuestra interés y escucha, pero mantener la mirada directamente durante todo el tiempo puede resultar agresivo.

La postura del cuerpo: la norma fundamental es la que distingue entre la cerrazón y la apertura, las posturas cerradas demuestran protección, encorsetamiento; imagina, por ejemplo, que una persona está sentada con los brazos y las piernas cruzadas. Sin embargo, las posturas abiertas demuestran relajación. Pero, ¡ojo! Si estamos varias personas sentadas en el instituto, o en el trabajo, una postura demasiado abierta (sentarse con las piernas demasiado abiertas, o cruzadas con el tobillo sobre la rodilla) puede transmitir desinterés o falta de educación. Inclinarse ligeramente hacia la otra persona, sin invadir su espacio es lo más correcto. La postura suele evolucionar a lo largo de la conversación siendo cada vez más distendida.

Los movimientos de la cabeza: asentir y situarla ligeramente inclinada hacia delante indican escucha e interés por la conversación.

Las manos: juguetear en exceso con ellas pueden indicar nerviosismo. Es importante controlarlas en situaciones donde te sientas tenso, al igual que el movimiento de las piernas. Utiliza gestos que apoyen tu comunicación verbal para ser más expresivo.

El contacto físico: Es mayor en función de la relación de intimidad con la otra persona. Tocar a un desconocido es arriesgado, le puede resultar incómodo. Todas las personas tenemos un espacio personal que normalmente sólo dejamos que nos invadan aquellos a quien tenemos un afecto especial.

La imagen: tu vestido, tu higiene personal, tu olor, tu pelo… dicen también mucho de ti. Apuntarse a una o a otra tendencia forma parte de tu libertad y también te identifica con unos gustos, ideas, es una forma de expresión; eso también marca la relación por las afinidades.

Es un error querer controlar el cien por cien de nuestro cuerpo, sólo haría que nos pusiéramos más nerviosos, pero tampoco nos podemos olvidar de él.

Hay determinadas situaciones en las que es normal un cierto nivel de ansiedad. Trata de mantener la calma, y ten en cuenta que todo el mundo valora mucho la franqueza y la educación. Por increíble que parezca ¡Intenta disfrutar!, exhibe tus capacidades. Si vas con esta mentalidad positiva, puedes preocuparte menos por tus gestos, seguro que son los adecuados.

Extraído de El Arte de Relacionarse

Pablo2016_0087

Antes de hablar

Buenos días

Tod@s hemos metido la pata en alguna ocasión y dicho algo de lo que nos arrepentimos casi al instante. Pero hay tres preguntas que nos pueden hacer mejorar nuestra comunicación consciente, cuando hablamos, enviamos un mensaje o un correo electrónico, tanto a nuestra familia, amig@s, compañeros de trabajo o extraños.

Antes de hablar dejemos que nuestras palabras atraviesen estas tres puertas

¿Es verdad?
¿Es necesario?
¿Es amable?

Utilicémoslo a diario y podremos comprobar como la calidad de nuestra comunicación aumenta. ¡Que tengan un gran día!

¿Quieres aprender a hablar?¿Y a escuchar?

En estas dos magnificas, y breves charlas, el experto en comunicación Julian Treasure nos ayuda a saber escuchar, y a hablar de manera que merezca la pena que nos escuchen.

Con efectos de sonido, tanto placenteros como horribles, Julian Treasure muestra cómo el sonido nos afecta de cuatro maneras significativas. Preste atención a hechos impactantes que aquí se presentan sobre los bulliciosos entornos abiertos de oficinas. En un mundo lleno de ruido, comenta Julian Treasure, estamos perdiendo nuestra capacidad de escuchar. En esta pequeña y fascinante charla, nos ayuda a recuperarla. Son apenas ocho minutos que pueden cambiar algo de verdad. ¡Escucha atentamente!

¿Alguna vez te has sentido como que estás hablando, pero nadie está escuchando? Aquí está Julian Treasure para ayudar. En esta útil charla, el experto en sonido muestra los cómos del discurso poderoso, desde algunos ejercicios vocales útiles a consejos sobre cómo hablar con empatía. Una charla que quizá ayude al mundo sonoro a ser más hermoso.

429065491_640

¿VACACIONES?

Las vacaciones son no tener nada que hacer y todo el día para hacerlo.

Robert Orben

 Estamos en verano. Es probable que muchos de ustedes estén programando sus vacaciones mientras leen este artículo. Disfrútenlas. ¿O no es eso de lo que se trata?

Es la época de hacer aquellas cosas que no solemos hacer mientras estamos trabajando, y que nos gustaría. Pero entonces ¿por qué no me siento afortunado?. Debería ser así. Estoy con mi familia. Puedo dedicar tiempo a leer, a salir a horas que no suelo, a hacer algo de ejercicio … pero no lo consigo.

Si se identifican con lo que acaban de leer, les diré que no es algo que les pase solamente a ustedes, lo compartimos muchos. Estamos esperando con tantas ganas que lleguen el período de descanso que, cuando llega, no sabemos manejarlo. Queremos hacer un montón de cosas, y ese es el primer error.

US-FLO-HOLIDAYS-817-114197-rhard-760x350

Para que nuestro descanso sea fructífero y realmente consigamos pasarlo bien, es necesario que lo programemos, que sepamos que es lo que queremos hacer. Y esos planes deben ser realistas, con pequeños objetivos para cada día, que nos hagan sentir que hemos hecho algo distinto, que el día ha sido provechoso, que ha valido la pena. No es sencillo, porque tenemos la tendencia a programarnos un montón de tareas para el verano. Desde las más lúdicas hasta las más logísticas. Queremos ir a la playa y queremos pintar tres cuartos de la casa, queremos … y ese es el problema. Queremos hacer demasiadas tareas. Y no es posible.

Papá cree que mamá lo que quiere es arreglar la habitación de la niña y pintarla de otro color, pues lleva todo el invierno diciendo que el que tiene es muy infantil. Compra la pintura, las brochas y todo lo que hace falta para cumplir esta tarea. Y, por supuesto, le dice a su hija que, dado que es su cuarto, debe ayudarle a hacerlo. ¿Qué falla aquí? ¿realmente era esto lo que mamá quería hacer? Probablemente no. Pero lo hemos dado por supuesto. No hemos puesto nada en común y nos podemos encontrar haciendo una tarea que el único que parece tener en su agenda es papá.

Por eso es imprescindible que hagamos una lista. Quizás la mejor opción es que cada miembro de la familia la haga y luego se ponga en común. Lo se, no es sencillo, pero una de los mayores fuentes de frustración durante la época estival proviene de que cada uno tiene unos planes “ocultos” que no comparte. Y al no ser comunes, se convierten en una de las principales fuentes de problemas en este período.

Por eso es esencial que compartamos nuestros planes y, de paso, recuperemos la necesaria comunicación que se va perdiendo en la época de trabajo en la que apenas nos vemos.