Nuestras emociones son cruciales para adaptarnos a los retos que nos enfrentamos en esta época convulsa. Cuando nos encontramos bien, somos capaces de abordar lo más complicado, cuando no es así, incluso la tarea más agradable y reforzante puede resultar tediosa y nada atractiva. Las emociones afectan también a las relaciones con los demás. Si un amigo nos cuenta una historia trágica, y nuestra reacción es indiferente, en lugar de mostrar tristeza o preocupación, pareceremos absolutamente insensibles. O si nos cuentan un chiste y bostezamos, podemos llegar a ofender a nuestro interlocutor.
El papel de las emociones en nuestra habilidad para triunfar o fracasar, es esencial. Mostrarlas y como lo hacemos, influencia de forma determinante como nos consideran los demás. Estas emociones son profundamente culturales, y dependen de normas explícitas o implícitas que, aparentemente, todos conocemos. Para ser considerados como miembros bien adaptados a nuestra sociedad deberemos adherirnos a estas normas o arriesgarnos a ser condenados al ridículo.
El psicólogo Paul Ekman (citado en Psychology Today), nos comenta que existen seis emociones básicas que comparten y reconocen todas las culturas (felicidad, tristeza, sorpresa, enfado, miedo y asco). Como y cuando expresamos estas emociones difieren radicalmente de acuerdo a las normas de cada una de nuestras culturas, las llamadas reglas evidentes.
Estas emociones no solo afectan a como otros nos tratan, también afectan a nuestra sensación subjetiva de bienestar personal. Tenemos la tendencia a pensar que, cuando experimentamos emociones positivas o negativas, estas reflejan fuerzas que están fuera de nuestro control. Culpamos a nuestros genes, o al tiempo. Pero no nos damos cuenta de que las emociones no están tan controladas por nuestra fisiología como nuestros reflejos. No estamos condicionados por el equipamiento emocional que esta programado en nuestro ADN.
La visión que la psicología tiene de las emociones ha cambiado mucho en los últimos cien años. Desde las teorías que asociaban directamente la reacción corporal (por ejemplo, temblar) con la emoción (el miedo), identificando la una con la otra, hasta la actualidad, con las teorías cognitivas en que el papel de nuestras sensaciones o percepciones se convierten en lo prioritario, hay un importante abismo.
De hecho, la idea de que nuestras emociones pueden ser controlables comienza su andadura con la teoría desarrollada por Schachter y Singer a principios de los sesenta. Estos investigadores consiguen demostrar el papel equivalente que tiene la respuesta fisiológica (la activación causada por la epinefrina) y el contexto, en el estado emocional del individuo. Sus estudios certifican que las emociones están influenciadas tanto por lo que ocurre a nuestro alrededor como por las emociones de las personas que nos rodean. Un ejemplo puede ser la llantina que le entra a algunos en una boda.
La teoría cognitiva va un paso más allá. Nuestras emociones no tienen porque parecerse a las de los demás. De hecho, la revolución que supuso la teoría cognitiva de A. Beck, mostró que las emociones podían ser provocadas incluso por nuestros pensamientos. Sus estudios con pacientes con depresión demostraron como las actitudes disfuncionales y los pensamientos automáticos se encuentran en el origen de la tristeza de los individuos. Una actitud disfuncional se centra en los aspectos negativos y poco realistas de nuestras experiencias. Un pensamiento automático negativo consiste en una creencia que se centra en nuestras debilidades más que en nuestras fortalezas. Juntos, crean lo que se denomina la “tríada negativa” que consiste en una visión negativa de nosotros mismos, de nuestro mundo y de nuestro futuro.
Incluso si no estás deprimido, puedes entender lo que te ocurre acudiendo a la teoría de Beck, y más en los tiempos que corren. Por ejemplo, la tristeza puede estar causada por la creencia de que hemos perdido o vamos a perder algo importante para nosotros, el enfado puede estar causado por la creencia de que alguien nos ha quitado algo, y la ansiedad puede estar basada en la creencia de que nos va a ocurrir algo malo.
La distorsión poco realista de nuestras experiencias produce que estos pensamientos nos conduzcan a emociones negativas.








6 respuestas
Me parece interesante tu entrada, pero hay un fondo con el que no consigo terminar de estar de acuerdo. en realidad sobre las emociones hay dos lineas de interpretación fundamentales. Una es la que tu propones, que se apoya en Aaron Beck que es la linea cognitivo conductual. Para esta línea en el fondo de las emociones hay pensamientos. Logisamente por tanto las emociones deben ser controladas desde la sede cognitiva, desde el pensamiento.
Hay una segunda linea de interpretación para la que las emociones constituyen las señales de un segundo sistema de conocimiento o información del entorno, diferente del pensamiento. para esta segunda linea, las emociones son un fuente de conocimiento o, si prefieres mayor precisión, de evaluación del entorno de la persona. Para esta segunda linea la clave no está en el control de las emociones, sino en el saber utillizar de modo inteligente la información que proporciona.
Tu estás en la primera linea, para mi la segunda es mucho más productiva y adecuada a lo que es la persona humana.
Antonio Esquivias
Gracias por tu aportación Antonio
En realidad, el acercamiento de Beck supone, para mí, una opción más cognitiva que cognitivp-conductual.
En cuanto a donde me enmarco, no es el objetivo de este espacio. Cámbiate intenta mostrar las diferentes opciones que la psicología ofrece a nivel divulgativo.
Creo que la ciencia de la psicología tiene mucho que ofrecer y, lamentablemente, no siempre sabe hacerlo.
Saludos
He vuelto a caer en este post y no recordaba tu respuesta. Me parece poco honesto que no digas donde te enmarcas, porque todos tenemos un marco, tu también. Evidentemente no enmarcarse permite primero dar una respuesta y luego la contraria. Con respecto a la disyuntiva que planteaba sobre los modos de interpretar las emociones se puede estar en una o en otra, pero no en las dos.
Con respecto a las emociones deberías leer a Leslie Greenberg, Univ. Toronto.
Gracias de nuevo por tus sugerencias Antonio.
Prefiero no contestar a tu comentario sobre la honestidad o no de mi respuesta. En cuanto a mi enmarque en la teoría de las emociones, te reitero que no es el objetivo que pretendo en este blog.
También te agradezco tu recomendación de Greenberg, al que he leído y conozco.
Saludos cordiales
Hay una interesante película que nunca se estrenó en España pero que recomiendo ENCARECIDAMENTE que os la descarguéis. La película se llama EQUILIBRIUM y la podréis encontrar en español con doblaje latino o en inglés subtitulada. La película trata sobre una sociedad del futuro, donde no hay crimen porque los habitantes toman una droga que inhibe las emociones humanas. Los rebeldes de esta sociedad son personas normales que defienden las emociones humanas protegiendo el arte, la cultura y todo aquello que nos hace sentir emociones puesto que esa sociedad perfecta prohibe los colores llamativos y las manifestaciones artísticas. Yo desde luego estaría en el lado de los «terroristas» que todavía defienden lo que realmente nos hace humanos; LAS EMOCIONES.
Lo haré Guayre. Muchas gracias por tu aportación!!!