No me toques … mi tristeza

Muchas personas se están sintiendo presionadas por una especie de dictadura de la felicidad. Parece como si la tristeza fuese una emoción proscrita de la cual avergonzarnos. En este video espero ayudarte a entender un poco más el necesario balance entre nuestras emociones.

 

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La historia de nuestras emociones

Las palabras que utilizamos para describir nuestras emociones afectan la manera en que sentimos, dice la historiadora Tiffany Watt Smith, y con frecuencia esas emociones han ido cambiando, a veces de forma muy drástica, en respuesta a nuevas expectativas e ideas culturales. La nostalgia, por ejemplo, que se definió por primera vez en el año 1688 como una enfermedad considerada mortal, hoy en día es vista como un mal considerablemente menos grave.

Esta fascinante charla sobre la historia de las emociones nos demostrará que el idioma utilizado para describirlas está en constante evolución, y nos enseñará también algunos términos nuevos usados en distintas culturas para plasmar esos fugaces sentimientos.

 

Triste Navidad

No hay nada más triste en este mundo que despertarse la mañana de Navidad y no ser un niño.
Erma Bombeck

Hay quien parece revivir en Navidad. Otras personas, simplemente, no quieren estar. Son a quienes estas fechas, la alegría de quienes les rodean, la oleada de consumo, les producen rechazo o tristeza. Lo pasan realmente mal.

Los motivos pueden ser muchos. La soledad, las pérdidas, la lejanía del hogar son, probablemente las más evidentes. Pero saber porque estas fechas tienen este efecto no se explica con un solo factor. Existen tantas tristezas navideñas como personas.

Las siguientes propuestas van dirigidas a ellas. A ti. Confío en que alguna de ellas te ayude a sobrellevar estas fechas complicadas.

Haz algo que no hayas hecho antes. Puedes ir a casa de un amigo o amiga a cenar, a ver una película, o a charlar. Otra alternativa es viajar a algún lugar donde no se celebren estas fiestas. Cambia las cosas.

Busca el significado original de estas fiestas. Participa en los actos religiosos que acontecen durante este período navideño. Averiguar como se celebran estas fechas en el entorno original, puede ser una magnifica forma de alejarnos del consumismo o los excesos.

Ayuda. Colabora con quien intenta que estos días, no sean todavía más duros para ottras personas, para quien no tiene posibilidades o vive en la calle. Acércate a comedores comunitarios, bancos de alimentos, asilos u organizaciones no gubernamentales. Son momentos en los que la ayuda es especialmente necesaria.

No te sientas presionado. Es el consejo más difícil. En Navidad muchas personas nos comentan que lo peor de llevar es la presión que sienten para participar. Como ocurre con personas o familiares, que no se ocupan de saber como están el resto de año, y pretenden hacerlo en Nochebuena o Fin de Año. No es obligatorio celebrar estas fiestas. Tampoco debes sentirte mal por no querer hacerlo.

Por último, mi propuesta para estas fechas, para quienes no le gustan es la previsión. Si están a tiempo, programen actividades alternativas como las que les proponemos. Pero, especialmente, intenten alejarse del espíritu contranavideño que termina siendo un auténtico calvario.

La felicidad de todos los días

El momento actual está lleno de alegría y felicidad. pero si no estás atento, no lo verás.
Thich Nat Hanh

Especulamos con todas las formas en que podemos ser felices. Nos hemos metido en una espiral en la que este objetivo parece algo esencial e ineludible. Y probablemente lo es. Pero quizás no de la forma en que nos están empujando a creer.

Nuestras emociones nos conforman, nos mueven y condicionan. Por esto, quizás deberíamos comenzar por un ejercicio de autoconocimiento, especialmente en los momentos en que peor nos sintamos. Las investigaciones del neurocientífico A. Korb nos pueden ayudar a ello.

Puede parecernos que en las circunstancias en las que nos encontremos más cansados, desmotivados o tristes, nuestro cerebro esté contra nosotros. Para entender lo que ocurre debemos saber un poco sobre él. Entre otras cuestiones es importante conocer que las emociones como la vergüenza, el orgullo o la culpa producen actividad cerebral en las mismas áreas. La satisfacción es la emoción más fuerte en estas regiones pero, cuando se activa el núcleo accumbens, la vergüenza y la culpa pueden literalmente anularla.

Esta área del cerebro se conoce por ser un centro de recompensa, lo que significa que si permitimos a los sentimientos negativos que tomen el control, nos sentiremos extrañamente confortados. Al menos por un período de tiempo. Es el mismo mecanismo que ocurre con la ansiedad. Ésta es una solución a corto plazo, y activa partes del cerebro que nos hace calmarnos.A corto plazo.

Porque lo que ocurre, tras hacernos sentir bien por un tiempo, es que todo resulta mucho peor. Este proceso está basado en un mecanismo de reacción que lo que consigue es que respondamos para hacernos sentir bien lo más rápido posible. Como hemos comentado, puede funcionar en primera instancia. Pero termina agotándose, puesto que no está yendo a la raíz de lo que nos provoca inestabilidad: el modo automático en el que vivimos nuestras vidas.

Al funcionar por inercia, nuestro cerebro solo reacciona ante aquello que le hace sentir mal. Lo que identifica como peligro. Y trata de controlarlo de la forma que sea. La ansiedad es un reflejo de esta reacción. Nos decimos que lo que queremos es sentirnos bien, cuando lo que realmente estamos queriendo decir es que queremos volver a ese estado automático en que nada nos importuna, o nos ilusiona.

Por esto, y aunque resulte paradójico, nuestros esfuerzos para no estar tristes pueden ser la mejor forma para continuar estándolo. Entonces ¿qué nos quieres decir?¿qué demos rienda suelta a nuestra tristeza si queremos ser felices?

Pues si y no. Como hemos comentado al principio de este artículo, somos todas nuestras emociones. Y aprendemos de ellas. La tristeza nos puede hacer ver aquello que apreciamos, porque lo estamos echando en falta. Pero no es suficiente. El siguiente paso lo tenemos que dar para salir del modo “zombie” en el que estamos mucha parte de nuestra vida. Y la receta es fácil. Hagamos lo mismo que los osos cuando hibernan.

Busquemos todo aquello que nos hace sentir bien, por lo que estamos agradecidos. Y apreciémoslo. Así en los momentos de escasez, tendremos en donde refugiarnos.

Este ejercicio de consciencia -que no de reacción-, nos descubrirá a personas maravillosas que están a nuestro lado o a lugares magníficos que transitamos todos los días, despertándonos de nuestro letargo en vida.

En definitiva, la felicidad parece ser la habilidad para apreciar lo que tenemos sin necesidad de esperar a perderlo para hacerlo.

Buen propósito para el nuevo año ¿verdad?.

Felicidad … más o menos

Vamos a decir que bien … es lo que muchas personas nos contestan cuando les preguntamos como se encuentran. En este ratito de televisión con Marta Modino y el profesor Juan Capafons, catedrático de Psicología Clínica de la Universidad de La Laguna, hablamos de felicidad … más o menos.

Más que felicidad

Nuestra cultura está obsesionada con la felicidad, pero ¿y si hay un camino más satisfactorio? La felicidad va y viene, dice la escritora Emily Esfahani Smith, pero hallar sentido en la vida, servir a algo más allá de ti mismo y desarrollar lo mejor de ti, te da algo a lo que aferrarte. Escucha la diferencia entre ser feliz y hallar sentido de la mano de Esfahani Smith quien nos ofrece cuatro pilares para una vida llena de sentido y significado.

Sentirse mal por sentirse mal

Hay sonrisas que no son de felicidad, sino de un modo de llorar con bondad
Gabriela Mistral

La presión que podemos sentir -o hacernos sentir-, para estar siempre animados puede, de hecho, hacernos todavía sentir peor. Sin embargo, el reconocimiento de nuestra tristeza, a largo plazo, puede sernos hasta beneficioso. Esto es lo que concluye un estudio realizado en la UC Berkeley.

Encontramos que las personas que aceptan habitualmente sus emociones negativas, experimentan menos emociones de este tipo, lo que mejora sustancialmente su salud psicológica.”, comenta Iris Mauss, profesora de psicologia e investigadora principal de este estudio.

Este trabajo, publicado en el Journal of Personality and Social Psychology, examinó el vínculo entre la aceptación emocional y la salud mental en más de 1300 adultos.

Sus resultados sugieren que las personas que se resisten habitualmente a sus emociones más tristes, o se juzgan duramente pueden, de hecho sentirse todavía más estresados psicológicamente. En contraste, aquellos que generalmente aceptan y dejan ir estos sentimientos de tristeza, desilusión o resentimiento, señalan menos trastornos de humor que aquellas personas que se critican a si mismas por sentirlos.

Según los autores de este estudio, la forma en que entendemos nuestros propias reacciones negativas, es algo realmente importante para nuestro bienestar general. Quienes aceptan estas emociones sin juzgarlas o tratar de cambiarlas, parecen ser mucho más capaces de afrontar su estrés exitosamente.

Las emociones negativas surgen, por lo general, en reacción a algo que no nos gusta o percibimos que nos puede hacer daño. Son adaptativas, y por lo tanto, necesarias. Es nuestra costumbre de quedarnos con ellas, apegándonos, la que consigue que olvidemos para que sirven.

Esto, como ya hemos compartido en otras ocasiones, nos hace presa fácil de “soluciones mágicas”, mucho más peligrosas que entender, aceptar y no juzgar cuando nos sentimos mal. Y, además, como señalan estos estudios, añade un innecesario sentimiento de culpa por experimentarlas.

¿Miedo a ser feliz?

Todos podemos entender el miedo a la serpientes, cucarachas o, incluso, a los payasos. Pero ¿El miedo a ser feliz? ¿Realmente es posible que alguien pueda temer serlo?

Un estudio publicado hace unos años exploró esta cuestión (Journal of Cross-Cultural Psychology) Los investigadores utilizaron una escala que medía hasta que punto asociaban sentirse felices con la posibilidad que algo malo ocurriese (como  consecuencia de su felicidad).

Este estudio arroja varias conclusiones. Las más evidentes, están relacionadas con el lógico miedo de las personas con depresión, a sentirse felices. Este trastorno provoca que las personas que lo sufren, teman que esta acabe y sentirse todavía peor. Una versión psicológica del dicho popular “virgencita, virgencita, déjame como estoy”.

Este estudio también muestra como las personas perfeccionistas, pueden temer sentirse felices, ya que asocian este estado con la vagancia o improductividad. Esto es algo que subyace a muchas de las concepciones relacionadas con la satisfacción laboral y el rendimiento. Precisamente la aplicación de la psicología positiva en la empresa está demostrando todo lo contrario. A mayor bienestar mental, mayor productividad.

Lo cierto es que, este miedo a ser felices, parece ser algo común. Si experimentamos una mala época tras momentos de felicidad, tenemos la tendencia a hacer una asociación causal. Sin embargo, cuando no ocurre nada despúes, no lo pensamos. Y lo cierto es que resulta mucho más habitual.

La explicación es bien sencilla. Si pasamos por una magnífica etapa de nuestra vida y nos sobreviene un disgusto, una catástrofe o una pérdida, la distancia emocional será mucho más grande. Algo que no ocurre si estamos en un estado emocional, digamos, neutro. De ahí esta aprensión a la felicidad.

En el fondo es la tendencia de nuestro cerebro a conservar energías. Si damos rienda suelta a la alegría, gastaremos mucha más emocionalidad para adaptarnos a otra situación. Si nos mantenemos en una meseta de ánimos, no tendremos esos sobresaltos, que gastan nuestras fuerzas.

¿Cómo podemos saber si tenemos miedo a ser felices

Las preguntas del estudio eran muy sencillas

¿Tienes miedo a ser demasiado feliz?¿crees que no mereces ser una persona feliz?¿Cuando lo eres, sospechas que algo malo va a ocurrir a continuación?

Cualquiera de estas preguntas respondidas afirmativamente, nos ponen una barrera invisible a disfrutar de lo bueno que nos ofrece la vida.

La pregunta es evidente ¿cómo puedo cambiar? También la contestación es sencilla. Empezando por lo más pequeño, y muchas veces obvio. Haciendo un repaso de todo lo que tenemos que agradecer justo en este momento a la vida. De ahí, seguir en un proceso de reconocimeinto diario, que nos permita tener “pequeñas dosis de felicidad“, repartidas en nuestro día a día.

No es algo sencillo. Y, en muchas ocasiones, si esta conducta temerosa de la felicidad se ha instaurado en nosotros, va a requerir terapia psicológica.

Tras esto, la felicidad se irá convirtiendo en un hábito cotidiano. También la tristeza. Y es este balance el que consigue que cambiemos y olvidemos nuestros miedos anticipatorios.

Música y emociones

En esta formidable charla, Michael Tilson Thomas analiza paso a paso el desarrollo de la música clásica a través del desarrollo de la anotación musical por escrito, el archivado y la re-mezcla.