Reírse (de uno Mism@)

Cualquiera que se tome demasiado en serio corre el riesgo de parecer ridículo. No ocurre lo mismo con quien siempre es capaz de reírse de sí mismo.
Václav Havel

Reírnos, de nosotros mism@s es, de hecho, uno de los mejores antídotos para el estrés o la tristeza. Esta capacidad de ver el lado humorístico de la situaciones, supuestamente más serias, es una de la mejores herramientas cotidianas para poder sobrellevar muchas circunstancias complicadas que se nos presentan en nuestro día a día.

Ser capaces de hacerlo es un signo de resiliencia y fortaleza mental. Y no se trata de encontrar el lado gracioso de una determinada experiencia -que es algo muy útil-, es algo todavía más profundo que requiere reflexión y atención hacia nosotros mismos. Es una capacidad que nos permite observarnos, sin juzgarnos y teniendo la suficiente compasión hacia nosotros mismos como para poder vernos más allá de nuestros fallos y errores. Es una magnífica herramienta de autoconocimiento que, cuando la empleamos, limpia muchas de los condicionantes mentales que el pasado suele llevar aparejado.

Esto no quiere decir que llorar sea algo malo. Al contrario. Está demostrada su importancia y necesidad. Pero la clave para encontrar el balance en nuestras vidas, como ya hemos comentado en muchas ocasiones, está en entender ambos que ambos extremos de nuestras emociones son igual de necesarios.

Quienes se ríen de si mism@s entienden perfectamente este concepto. Y son capaces de mirar hacia atrás con benevolencia, admitiendo posibles errores o fallos que puedan haber cometido.

Un efecto adicional que tiene reírnos de nosotros mismos es su incidencia en nuestra relación con otras personas. Al aprender a no juzgarnos, extendemos esta virtud a quienes nos rodean, y dejamos paso al aprendizaje que se produce tras los fracasos, abriendo la puerta de nuevo a la ilusión de un nuevo intento.

Por esto, además de poder afirmar con la fuerza de la evidencia científica, que reírnos de nosotr@s mism@s nos hace más felices, también podemos añadir que lleva aparejado el regalo del éxito. Principalmente porque nos hace avanzar más allá de lo que pueda haber salido mal, despojándolo de su carga dramática y de culpa. 

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El coraje emocional

La psicóloga Susan David comparte cómo la manera en que manejamos nuestras emociones determina todo lo que nos importa: nuestras acciones, carreras, relaciones, salud y felicidad. En esta charla profundamente conmovedora, humorística y potencialmente transformadora de la vida, desafía a una cultura que aprecia la positividad por encima de la verdad emocional y discute las poderosas estrategias de la agilidad emocional. Una charla para compartirse.

Siempre positivo

La vida es dura, y tiene sus partes buenas, claro.

Yo creo que ya es hora que pongamos las cosas en su sitio. La felicidad no se consigue solo teniendo una actitud positiva, pensando en positivo, viendo el lado bonito de la vida, o cualquier otra frase que se les pueda ocurrir.

Ser feliz depende de muchas cosas.Y la vida, si la vida, no es fácil. Es cierto que enfrentarla de una manera activa, en este sentido, si positiva, cambia mucho las cosas.

Pero no es lo único que ayuda. La perseverancia, El esfuerzo, la tolerancia a los momentos difíciles a la frustraciones, la capacidad de ver un poquito más allá de donde estamos, de vivir en el presente teniendo claro que el presente es lo que va a cimentar nuestro futuro….

Todas estas cosas, y seguro que muchas más que ustedes se les puedan ocurrir, son las que construyen nuestra felicidad..

Pensar que, por arte de magia, por leer un libro determinado, por ver una película determinada, asistir a un taller de fin de semana, nuestra vida va a cambiar, no es realista. Y lo peor es que nos puede llevar a un lugar incluso anterior al que estábamos antes empezar. aparte.

Por eso para averiguar cómo encontrar nuestra felicidad lo primero es la sinceridad con nosotros mismos. Esto se llama aceptación. Empezar desde que lo que tenemos. Y a partir de ahí construir.

Seguiremos hablando de cómo hacerlo.

Muchas gracias. Les espero el próximo jueves.

Permiso para estar tristes

De como nos empujan a tapar como nos sentimos. La tristeza no es algo malo. Es una reacción normal a la que todos los seres humanos tenemos derecho. Hoy en

Permiso para estar tristes. De como nos empujan a tapar como nos sentimos

La tristeza no es algo malo. Es una reacción humana normal a la que todos los seres humanos tenemos derecho.

Se produce, principalmente, ante una situación emocional difícil. Como una pérdida, una decepción o un fracaso. Que nos pongamos tristes es lo lógico.

Estar triste no es estar deprimido. Las personas tenemos emociones. Y están aquí por algo. Desde la psicología, y desde este espacio semanal especialmente, les ayudaremos a entenderlas, a aceptarlas y, si es posible, a controlarlas.

Lo cierto es que el mundo en el que vivimos, parece haber convertido a la tristeza en una emoción casi prohibida. Nos impulsan continuamente a que estemos alegres y contentos.

A que tengamos una sonrisa en la cara ante cualquier contratiempo que se nos presente. Difícil ¿verdad?. Si no lo hacemos, nos sentimos mal, incluso, culpables. Es algo alucinante.

Esto es lo que se podría llamar “la dictadura de la felicidad”, que bien poco tiene que ver con la psicología. Y mucho menos aún con la psicología positiva.

La tristeza, como hemos comentado, significa que algo nos importa. Que nos sentimos mal porque no está, porque se acabo o porque no lo hemos conseguido.

Esta sensación puede durar más o menos, según la persona o lo que le ocurriese. Y es esto, precisamente, lo que debemos aprender a respetar. En nosotros y en los demás.

Si no lo hacemos así, podremos estar contribuyendo a un malestar aún mayor. El que la persona puede sentir al percibir que como se siente, no es como debería sentirse.

Quien está triste no necesita que lo animen. Al menos no que le estén repitiendo, continuamente, que lo haga. Quien está triste necesita nuestro apoyo, comprensión y compañía. Solo eso.

El secreto de la felicidad

Algún día en cualquier parte, en cualquier lugar indefectiblemente te encontrarás a ti mismo, y ésa, sólo ésa, puede ser la más feliz o la más amarga de tus horas.
Pablo Neruda

El secreto de la felicidad no va de llenar nuestra cabeza con arcoiris o unicornios.

Tampoco lo es mirar el mundo con gafas de color rosa. Va de conocer, comprender y experimentar nuestras emociones -incluso las mal llamadas negativas-. Hacerlo con franqueza, entendiendo porque ocurren, es la mejor forma de conocernos y de aceptarnos. Y esto si nos hará más felices.

Un estudio reciente lleva la contraria a la linea tradicional que asocia la felicidad a las emociones placenteras. Los autores recuerdan a Aristóteles que sentenciaba que cuando más experimentemos las emociones que queremos sentir, más felices seremos.

“Querer ser feliz todo el tiempo no es realista”, señala la directora del estudio. “No querer sentir tristeza, enfado o miedo es, de hecho, un problema”. Si somos capaces de aceptar, e incluso celebrar nuestras emociones, sean del tipo que sean, es mucho más probable que estemos más satisfechos y seamos más felices.

Esto tiene una sencilla explicación. La búsqueda de la felicidad mediante la represión de una parte de nosotros, nos lleva a una pantomima muy alejada de quienes somos. Este enfoque simplón, que nos incita a poner siempre una sonrisa y echar a un lado la tristeza nos puede llevar, de hecho, a todo lo contrario.

La felicidad o más específicamente, nuestra felicidad, es algo individual. Y puede ser compartida, por supuesto, con otras personas, especialmente con aquellas que queremos o nos quieren. No es algo prefabricado que se consiga sin esfuerzo. Y lo más sorprendente, nunca será algo que podamos conseguir sin experimentar todas nuestras emociones, incluso las que no nos gustan, como la tristeza.

No me toques … mi tristeza

Muchas personas se están sintiendo presionadas por una especie de dictadura de la felicidad. Parece como si la tristeza fuese una emoción proscrita de la cual avergonzarnos. En este video espero ayudarte a entender un poco más el necesario balance entre nuestras emociones.

 

La historia de nuestras emociones

Las palabras que utilizamos para describir nuestras emociones afectan la manera en que sentimos, dice la historiadora Tiffany Watt Smith, y con frecuencia esas emociones han ido cambiando, a veces de forma muy drástica, en respuesta a nuevas expectativas e ideas culturales. La nostalgia, por ejemplo, que se definió por primera vez en el año 1688 como una enfermedad considerada mortal, hoy en día es vista como un mal considerablemente menos grave.

Esta fascinante charla sobre la historia de las emociones nos demostrará que el idioma utilizado para describirlas está en constante evolución, y nos enseñará también algunos términos nuevos usados en distintas culturas para plasmar esos fugaces sentimientos.

 

Triste Navidad

No hay nada más triste en este mundo que despertarse la mañana de Navidad y no ser un niño.
Erma Bombeck

Hay quien parece revivir en Navidad. Otras personas, simplemente, no quieren estar. Son a quienes estas fechas, la alegría de quienes les rodean, la oleada de consumo, les producen rechazo o tristeza. Lo pasan realmente mal.

Los motivos pueden ser muchos. La soledad, las pérdidas, la lejanía del hogar son, probablemente las más evidentes. Pero saber porque estas fechas tienen este efecto no se explica con un solo factor. Existen tantas tristezas navideñas como personas.

Las siguientes propuestas van dirigidas a ellas. A ti. Confío en que alguna de ellas te ayude a sobrellevar estas fechas complicadas.

Haz algo que no hayas hecho antes. Puedes ir a casa de un amigo o amiga a cenar, a ver una película, o a charlar. Otra alternativa es viajar a algún lugar donde no se celebren estas fiestas. Cambia las cosas.

Busca el significado original de estas fiestas. Participa en los actos religiosos que acontecen durante este período navideño. Averiguar como se celebran estas fechas en el entorno original, puede ser una magnifica forma de alejarnos del consumismo o los excesos.

Ayuda. Colabora con quien intenta que estos días, no sean todavía más duros para ottras personas, para quien no tiene posibilidades o vive en la calle. Acércate a comedores comunitarios, bancos de alimentos, asilos u organizaciones no gubernamentales. Son momentos en los que la ayuda es especialmente necesaria.

No te sientas presionado. Es el consejo más difícil. En Navidad muchas personas nos comentan que lo peor de llevar es la presión que sienten para participar. Como ocurre con personas o familiares, que no se ocupan de saber como están el resto de año, y pretenden hacerlo en Nochebuena o Fin de Año. No es obligatorio celebrar estas fiestas. Tampoco debes sentirte mal por no querer hacerlo.

Por último, mi propuesta para estas fechas, para quienes no le gustan es la previsión. Si están a tiempo, programen actividades alternativas como las que les proponemos. Pero, especialmente, intenten alejarse del espíritu contranavideño que termina siendo un auténtico calvario.

La felicidad de todos los días

El momento actual está lleno de alegría y felicidad. pero si no estás atento, no lo verás.
Thich Nat Hanh

Especulamos con todas las formas en que podemos ser felices. Nos hemos metido en una espiral en la que este objetivo parece algo esencial e ineludible. Y probablemente lo es. Pero quizás no de la forma en que nos están empujando a creer.

Nuestras emociones nos conforman, nos mueven y condicionan. Por esto, quizás deberíamos comenzar por un ejercicio de autoconocimiento, especialmente en los momentos en que peor nos sintamos. Las investigaciones del neurocientífico A. Korb nos pueden ayudar a ello.

Puede parecernos que en las circunstancias en las que nos encontremos más cansados, desmotivados o tristes, nuestro cerebro esté contra nosotros. Para entender lo que ocurre debemos saber un poco sobre él. Entre otras cuestiones es importante conocer que las emociones como la vergüenza, el orgullo o la culpa producen actividad cerebral en las mismas áreas. La satisfacción es la emoción más fuerte en estas regiones pero, cuando se activa el núcleo accumbens, la vergüenza y la culpa pueden literalmente anularla.

Esta área del cerebro se conoce por ser un centro de recompensa, lo que significa que si permitimos a los sentimientos negativos que tomen el control, nos sentiremos extrañamente confortados. Al menos por un período de tiempo. Es el mismo mecanismo que ocurre con la ansiedad. Ésta es una solución a corto plazo, y activa partes del cerebro que nos hace calmarnos.A corto plazo.

Porque lo que ocurre, tras hacernos sentir bien por un tiempo, es que todo resulta mucho peor. Este proceso está basado en un mecanismo de reacción que lo que consigue es que respondamos para hacernos sentir bien lo más rápido posible. Como hemos comentado, puede funcionar en primera instancia. Pero termina agotándose, puesto que no está yendo a la raíz de lo que nos provoca inestabilidad: el modo automático en el que vivimos nuestras vidas.

Al funcionar por inercia, nuestro cerebro solo reacciona ante aquello que le hace sentir mal. Lo que identifica como peligro. Y trata de controlarlo de la forma que sea. La ansiedad es un reflejo de esta reacción. Nos decimos que lo que queremos es sentirnos bien, cuando lo que realmente estamos queriendo decir es que queremos volver a ese estado automático en que nada nos importuna, o nos ilusiona.

Por esto, y aunque resulte paradójico, nuestros esfuerzos para no estar tristes pueden ser la mejor forma para continuar estándolo. Entonces ¿qué nos quieres decir?¿qué demos rienda suelta a nuestra tristeza si queremos ser felices?

Pues si y no. Como hemos comentado al principio de este artículo, somos todas nuestras emociones. Y aprendemos de ellas. La tristeza nos puede hacer ver aquello que apreciamos, porque lo estamos echando en falta. Pero no es suficiente. El siguiente paso lo tenemos que dar para salir del modo “zombie” en el que estamos mucha parte de nuestra vida. Y la receta es fácil. Hagamos lo mismo que los osos cuando hibernan.

Busquemos todo aquello que nos hace sentir bien, por lo que estamos agradecidos. Y apreciémoslo. Así en los momentos de escasez, tendremos en donde refugiarnos.

Este ejercicio de consciencia -que no de reacción-, nos descubrirá a personas maravillosas que están a nuestro lado o a lugares magníficos que transitamos todos los días, despertándonos de nuestro letargo en vida.

En definitiva, la felicidad parece ser la habilidad para apreciar lo que tenemos sin necesidad de esperar a perderlo para hacerlo.

Buen propósito para el nuevo año ¿verdad?.

Felicidad … más o menos

Vamos a decir que bien … es lo que muchas personas nos contestan cuando les preguntamos como se encuentran. En este ratito de televisión con Marta Modino y el profesor Juan Capafons, catedrático de Psicología Clínica de la Universidad de La Laguna, hablamos de felicidad … más o menos.