Razonamiento

Ya no hay quien sepa el arte de la conversación, es decir, de la discusión. Conversar es entrar en el surco que ha trazado el otro, y proseguir en el trazo y perfección de aquel surco; diálogo es colaboración.
Massimo Bontempelli


Nuestra tendencia natural a razonar puede, en ocasiones, jugar en nuestra contra. Me explico. No es que les esté proponiendo que no busquemos la forma de debatir o de contradecir algo con lo que no estamos de acuerdo. Se trata de saber cuándo debemos parar esta conversación, para no terminar contaminados y agotados emocionalmente por ella.

Si continuamente intentamos razonar aquello que no nos parece adecuado, exacto, fiable, fundamentado en la ciencia…, corremos el peligro de estar, a su vez, permanentemente en estado de discusión. Este estado de alerta permanente, paradójicamente, nos lleva a dejar de ser razonables. A perder nuestra paciencia y entrar en un estado totalmente competitivo, en el que pronto, los argumentos dejan de tener sentido o valor, para pasar a tenerlo los gestos, volumen de la voz, chascarrillos … Nada que no podamos ver en cualquier programa mal llamado de debate de la televisión.

Porque, si nos empeñamos en razonar con quien no está dispuesto a hacerlo, terminaremos enfangados en las emociones que nos causa esta misión imposible.

No estamos planteando, en absoluto, que dejemos de manifestar nuestro desacuerdo, cuando lo estimamos conveniente o adecuado. Lo que sugiero, y es una táctica de supervivencia emocional, es que no esperemos o tengamos expectativas, de que nuestra opinión vaya a conseguir que la otra persona cambie su forma de pensar o de actuar.

Anuncios

Reírse (de uno Mism@)

Cualquiera que se tome demasiado en serio corre el riesgo de parecer ridículo. No ocurre lo mismo con quien siempre es capaz de reírse de sí mismo.
Václav Havel

Reírnos, de nosotros mism@s es, de hecho, uno de los mejores antídotos para el estrés o la tristeza. Esta capacidad de ver el lado humorístico de la situaciones, supuestamente más serias, es una de la mejores herramientas cotidianas para poder sobrellevar muchas circunstancias complicadas que se nos presentan en nuestro día a día.

Ser capaces de hacerlo es un signo de resiliencia y fortaleza mental. Y no se trata de encontrar el lado gracioso de una determinada experiencia -que es algo muy útil-, es algo todavía más profundo que requiere reflexión y atención hacia nosotros mismos. Es una capacidad que nos permite observarnos, sin juzgarnos y teniendo la suficiente compasión hacia nosotros mismos como para poder vernos más allá de nuestros fallos y errores. Es una magnífica herramienta de autoconocimiento que, cuando la empleamos, limpia muchas de los condicionantes mentales que el pasado suele llevar aparejado.

Esto no quiere decir que llorar sea algo malo. Al contrario. Está demostrada su importancia y necesidad. Pero la clave para encontrar el balance en nuestras vidas, como ya hemos comentado en muchas ocasiones, está en entender ambos que ambos extremos de nuestras emociones son igual de necesarios.

Quienes se ríen de si mism@s entienden perfectamente este concepto. Y son capaces de mirar hacia atrás con benevolencia, admitiendo posibles errores o fallos que puedan haber cometido.

Un efecto adicional que tiene reírnos de nosotros mismos es su incidencia en nuestra relación con otras personas. Al aprender a no juzgarnos, extendemos esta virtud a quienes nos rodean, y dejamos paso al aprendizaje que se produce tras los fracasos, abriendo la puerta de nuevo a la ilusión de un nuevo intento.

Por esto, además de poder afirmar con la fuerza de la evidencia científica, que reírnos de nosotr@s mism@s nos hace más felices, también podemos añadir que lleva aparejado el regalo del éxito. Principalmente porque nos hace avanzar más allá de lo que pueda haber salido mal, despojándolo de su carga dramática y de culpa. 

El coraje emocional

La psicóloga Susan David comparte cómo la manera en que manejamos nuestras emociones determina todo lo que nos importa: nuestras acciones, carreras, relaciones, salud y felicidad. En esta charla profundamente conmovedora, humorística y potencialmente transformadora de la vida, desafía a una cultura que aprecia la positividad por encima de la verdad emocional y discute las poderosas estrategias de la agilidad emocional. Una charla para compartirse.

Adolescencia. Manual de interpretación

La adolescencia no es una enfermedad.Tampoco es un delito. Es una etapa de la vida que puede ser molesta … para los demás

Nuestro reto consiste en entender esta etapa, para aprender como educarla, apreciando sus cambios y aceptándolos. No se trata de prohibir. Se trata de conocer para saber como y donde es posible y podemos establecer límites. Para ello debemos entender algunos hechos y circunstancias que acompañan a la adolescencia, para sabe ¿Desde dónde estamos viendo a nuestra adolescencia?

Riesgos

esteban-lopez-482093-unsplash

Todos los adolescentes asumen riesgos estúpidos. Si un día mirasen atrás se preguntarían porque lo hicieron. Son varios los estudios que encuentran que no es que los adolescentes no estén pensando en lo que pueda ocurrir, es porque piensan bastante más en ello, que lo que hacen los adultos.

Si es cierto: esto puede parecer ilógico. Pero piensen un momento: si ves un trozo de tarta de chocolate, y estás a dieta ¿como es más fácil que termines comiendo? ¿si lo miras y sigues adelante o si te quedas pensando si puedes comértela?.

Lo mismo ocurre con el cerebro adolescente. Nuestro cerebro tarda mucho más en formarse de lo que pensábamos. De hecho, en los adolescentes el lóbulo frontal, (donde tomamos decisiones) no está tan conectado al resto del cerebro como más adelante en la vida.

Esto significa, literalmente que los adolescentes no pueden tomar una decisión tan rápido, como los adultos. De hecho tardan una media de 170 ms más en valorar las consecuencias de la decisión, lo que puede terminar consiguiendo que decidan que el riesgo vale la pena.

Presión de grupo

brooklyn-morgan-390-unsplash

Si además le añadimos amigos y amigas a la mezcla, este efecto se multiplica..

Los adultos nos preguntamos porque nuestros adolescentes son tan influenciables. Esto también tiene que ver con la madurez cerebral. También son varios los estudios que utilizando técnicas de resonancia magnética, comprobaron como los cerebros adolescentes reaccionan de una forma totalmente diferente en presencia de sus amistades, a lo que lo hacen en ausencia de las mismas, o en presencia de sus padres y madres… Eran mucho más propensos a asumir riesgos en presencia de sus amigos que a solas.

Se observaba como la actividad de los centros de recompensa del cerebro se incrementaba cuando estaban en grupo. Esto quiere decir que los adolescentes además de emplear más tiempo para decidir qué decisión tomar, también están luchando contra la intensa motivación interna que les lleva a hacer cosas que les hacen sentir bien.
A medida que el cerebro se desarrolla en la edad adulta, sin embargo, esta conexión parece terminar y no sentimos aparentemente ningún placer en complacer al grupo.

Concentración

jordan-whitfield-97337-unsplash

Mientras los adolescentes pueden parecer más adultos que niños, para un neurocientífico su cerebro es precisamente lo contrario.Y es esto en parte lo que explica que nos parezca que los adolescentes vuelvan actuar como niños alrededor de los 14. Mientras sus cuerpos están creciendo, su cerebro se está reorganizando de forma que temporalmente actúan de la misma manera cuando eran jóvenes.

Cuando se observa cómo funcionan los cerebros adolescentes durante las distracciones, en una determinada tarea asignada, se encuentra mucha más actividad en el lóbulo frontal que en el cerebro adulto. Los adolescentes tienen mucho más materia gris activa, algo que decrece a medida que se hacen mayores.

Esto significa que su cerebro está realmente procesando todo lo que pasa alrededor. Y literalmente se sobrecarga. A medida que nos vamos haciendo mayores nuestra capacidad de abstraernos de lo que nos rodea, para concentrarnos en lo que nos interesa, se incrementa.

Para aquellos que todavía están en sus 20 años y se sienten igual de distraídos, decirles qué está reorganización del caos cerebral no se asienta totalmente hasta los 30 y pocos.

Emociones

sam-manns-379040-unsplash

En muchas ocasiones, puede parecer que a los adolescentes no les importan los sentimientos de los demás, o que sus emociones se disparan por cualquier cosa. Esto no es porque sean los reyes o reinas del drama.

De hecho los estudios neuro lingüísticos han mostrado que los adolescentes lo pasan realmente mal y tienen serias dificultades interpretando las inflexiones vocales y las expresiones faciales. Mucho más que los adultos. Esto, en parte puede explicar sus reacciones racionales a situaciones emocionales.

Los estudios de MRI, en estas situaciones muestran que los adultos y los adolescentes utilizan áreas diferentes de su cerebro para decidir cuál es la emoción que otra persona puede estar sintiendo. Los adolescentes utilizan la amígdala que controla las emociones, mientras que la parte más activa del cerebro adulto era aquella que controla la lógica y la razón.

Esto significa que si estás expresando una emoción, por ejemplo desilusión, tienes un 50% de opciones que el cerebro adolescente lo interprete como una emoción diferente, como puede ser el enfado.
Esto puede llevarles a reaccionar irracionalmente basándose en este juicio equivocado.

… con lo list@ que era

park-troopers-221402-unsplash

Muchos padres y madres se preguntan frecuentemente que ocurrió con ese niño brillante que era su hij@.¿Como alguien que tenía buenas notas, pasó a suspender o aprobar de forma raspada?

De nuevo, los cambios en el cerebro son los culpables. Nuestra inteligencia cambia a lo largo de nuestra vida. Y puede fluctuar enormemente en la adolescencia. Toda la materia gris extra de la que hemos estado hablando empieza morir a medida que crecemos.

Cuando somos jóvenes, esta materia gris tiene un montón de sinapsis extra que ayudan al cerebro a almacenar y procesar la información. Pero a medida que crecemos nuestro cerebro comienza a recortar todo aquello que sobra y que no se utiliza.

Los científicos creían que esto es solo de corría cuando éramos niños pero parece que ocurre principalmente en la adolescencia. Esto tiene sentido biológicamente ¿por qué iba el cerebro a gastar energía recordando cosas que no son necesarias para nuestro día día?

Esta es una de las razones por las cuales l@s niñ@s pueden aprender una segunda lengua mucho más rápido que los adultos.

Tiene muchas más sinapsis para almacenar esta información. Y si continúan hablando ese segundo idioma a menudo, lo recordarán el resto de sus vidas. Pero si hay algo en lo que no se concentran a menudo, como las matemáticas, comienzan a olvidarla.

Es como si el cerebro estuviese borrando información.
Haciendo espacio en su disco duro.

Entrenamiento emocional

El cerebro emocional responde a un evento más rápidamente que el cerebro racional.
Daniel Goleman

Las emociones, en la gran mayoría de las ocasiones, determinan cómo nos sentimos, teniendo un impacto real, en la forma en que experimentamos una situación concreta. Esto influye en cómo sentimos, en cómo nos relacionamos, como aprendemos, y otros muchos aspectos de nuestra vida. Obviar este realidad, nos lleva en muchas ocasiones, a sentirnos mal, y no saber porqué.

Las emociones, en cierta medida, categorizan como nos sentimos. Podemos estar enfadados, podemos estar calmados, podemos estar tristes, o alegres. Y eso puede ocurrir en cualquier situación, con cualquier persona, o estando a solas. Pero si hay algo que parece caracterizarlas es su imprevisibilidad. Aparecen y, en muchas ocasiones, no somos capaces de entender porque lo han hecho. A veces ni tan siquiera lo somos de identificarlas. Esto nos puede hacer sentir realmente vulnerables, nos sentimos como si nuestras propias reacciones nos estuviesen manipulando. En parte esto puede deberse a la carencia de entrenamiento emocional que tenemos. No es algo que nos educasen en las escuelas. En muchos casos tampoco en nuestra familia.

Hasta ahora hemos visto muchos programas que proponen entrenamientos en control de las de las emociones. No están mal. Pero quizá carecen de algo que puede ser básico para aprender realmente a conducir muestra emociones. El reconocimiento de las mismas, con aceptación y sin juicio. Esta es la única forma de tener una relación saludable con ellas. Y además, sacarles partido. Si sabemos que estando alegres, rendimos más en un trabajo intelectual, por ejemplo. ¿por qué no buscar la forma de aprovechar esos momentos de alegría durante la jornada laboral para producir? O, si sabemos que llevamos un mal día o que estamos tristes. O enfadados por cualquier razón, ¿no será mejor aprender a identificar la emoción, pararla, o entenderla, para seguir adelante?. Un entrenamiento adecuado puede conseguirlo. Pero no todo vale ni es del todo saludable, mentalmente hablando.

¿Y si me enfado?

Los límites de las rabietas

El enfado es una emoción humana totalmente normal y por lo general, saludable. Sin embargo, cuando perdemos su control, y se vuelve destructiva, nos puede ocasionar muchos problemas.

Enfadarnos viene como una reacción a algo que nos parece injusto o, simplemente, no nos gusta. Es algo natural que puede suceder más o menos frecuentemente.

Y aquí estaría la clave. Recordemos que las emociones humanas nos están indicando algo. En este caso, el enfado es un síntoma que puede esconder insatisfacción. Es aquí donde debemos indagar.

Saber porque nos enfadamos, entendiendo si son motivos que, de alguna forma, podemos justificar, nos ayudará a modificar o evitar lo que lo produce.

Recordemos, es algo adaptativo. No tiene ningún sentido si siempre nos estamos molestando por lo mismo y no le ponemos alguna solución.C orremos el peligro de “encariñarnos” con el enfado y convertirlo en una característica propia. Es decir, de estar enfadados por algo, pasamos a estarlo por prácticamente todo.

Esta actitud ante el mundo, se termina convirtiendo en una conducta tóxica, que nos hace mucho daño, a nosotros y a las personas que nos rodean. Añadido a esto, un permanente estado de enfado nos pone mucho más cerca de algo incontrolable, la ira. Una forma de reaccionar que puede derivar en serios problemas.

Por esto es importante que, aunque nos enfademos, intentemos entender porque ocurre. Y en que medida podemos ponerle remedio. Bien a nuestro enfado o bien a lo puede estar causándolo.

Encontraremos, en ocasiones, que este análisis, nos ayuda a entendernos mucho más de lo que pensábamos. Recuerden que nuestras emociones están aquí por algo. Solo debemos aprender a leerlas. Sin juzgarnos.

Permiso para estar tristes

De como nos empujan a tapar como nos sentimos. La tristeza no es algo malo. Es una reacción normal a la que todos los seres humanos tenemos derecho. Hoy en

Permiso para estar tristes. De como nos empujan a tapar como nos sentimos

La tristeza no es algo malo. Es una reacción humana normal a la que todos los seres humanos tenemos derecho.

Se produce, principalmente, ante una situación emocional difícil. Como una pérdida, una decepción o un fracaso. Que nos pongamos tristes es lo lógico.

Estar triste no es estar deprimido. Las personas tenemos emociones. Y están aquí por algo. Desde la psicología, y desde este espacio semanal especialmente, les ayudaremos a entenderlas, a aceptarlas y, si es posible, a controlarlas.

Lo cierto es que el mundo en el que vivimos, parece haber convertido a la tristeza en una emoción casi prohibida. Nos impulsan continuamente a que estemos alegres y contentos.

A que tengamos una sonrisa en la cara ante cualquier contratiempo que se nos presente. Difícil ¿verdad?. Si no lo hacemos, nos sentimos mal, incluso, culpables. Es algo alucinante.

Esto es lo que se podría llamar “la dictadura de la felicidad”, que bien poco tiene que ver con la psicología. Y mucho menos aún con la psicología positiva.

La tristeza, como hemos comentado, significa que algo nos importa. Que nos sentimos mal porque no está, porque se acabo o porque no lo hemos conseguido.

Esta sensación puede durar más o menos, según la persona o lo que le ocurriese. Y es esto, precisamente, lo que debemos aprender a respetar. En nosotros y en los demás.

Si no lo hacemos así, podremos estar contribuyendo a un malestar aún mayor. El que la persona puede sentir al percibir que como se siente, no es como debería sentirse.

Quien está triste no necesita que lo animen. Al menos no que le estén repitiendo, continuamente, que lo haga. Quien está triste necesita nuestro apoyo, comprensión y compañía. Solo eso.

El secreto de la felicidad

Algún día en cualquier parte, en cualquier lugar indefectiblemente te encontrarás a ti mismo, y ésa, sólo ésa, puede ser la más feliz o la más amarga de tus horas.
Pablo Neruda

El secreto de la felicidad no va de llenar nuestra cabeza con arcoiris o unicornios.

Tampoco lo es mirar el mundo con gafas de color rosa. Va de conocer, comprender y experimentar nuestras emociones -incluso las mal llamadas negativas-. Hacerlo con franqueza, entendiendo porque ocurren, es la mejor forma de conocernos y de aceptarnos. Y esto si nos hará más felices.

Un estudio reciente lleva la contraria a la linea tradicional que asocia la felicidad a las emociones placenteras. Los autores recuerdan a Aristóteles que sentenciaba que cuando más experimentemos las emociones que queremos sentir, más felices seremos.

“Querer ser feliz todo el tiempo no es realista”, señala la directora del estudio. “No querer sentir tristeza, enfado o miedo es, de hecho, un problema”. Si somos capaces de aceptar, e incluso celebrar nuestras emociones, sean del tipo que sean, es mucho más probable que estemos más satisfechos y seamos más felices.

Esto tiene una sencilla explicación. La búsqueda de la felicidad mediante la represión de una parte de nosotros, nos lleva a una pantomima muy alejada de quienes somos. Este enfoque simplón, que nos incita a poner siempre una sonrisa y echar a un lado la tristeza nos puede llevar, de hecho, a todo lo contrario.

La felicidad o más específicamente, nuestra felicidad, es algo individual. Y puede ser compartida, por supuesto, con otras personas, especialmente con aquellas que queremos o nos quieren. No es algo prefabricado que se consiga sin esfuerzo. Y lo más sorprendente, nunca será algo que podamos conseguir sin experimentar todas nuestras emociones, incluso las que no nos gustan, como la tristeza.

La historia de nuestras emociones

Las palabras que utilizamos para describir nuestras emociones afectan la manera en que sentimos, dice la historiadora Tiffany Watt Smith, y con frecuencia esas emociones han ido cambiando, a veces de forma muy drástica, en respuesta a nuevas expectativas e ideas culturales. La nostalgia, por ejemplo, que se definió por primera vez en el año 1688 como una enfermedad considerada mortal, hoy en día es vista como un mal considerablemente menos grave.

Esta fascinante charla sobre la historia de las emociones nos demostrará que el idioma utilizado para describirlas está en constante evolución, y nos enseñará también algunos términos nuevos usados en distintas culturas para plasmar esos fugaces sentimientos.

 

La felicidad de todos los días

El momento actual está lleno de alegría y felicidad. pero si no estás atento, no lo verás.
Thich Nat Hanh

Especulamos con todas las formas en que podemos ser felices. Nos hemos metido en una espiral en la que este objetivo parece algo esencial e ineludible. Y probablemente lo es. Pero quizás no de la forma en que nos están empujando a creer.

Nuestras emociones nos conforman, nos mueven y condicionan. Por esto, quizás deberíamos comenzar por un ejercicio de autoconocimiento, especialmente en los momentos en que peor nos sintamos. Las investigaciones del neurocientífico A. Korb nos pueden ayudar a ello.

Puede parecernos que en las circunstancias en las que nos encontremos más cansados, desmotivados o tristes, nuestro cerebro esté contra nosotros. Para entender lo que ocurre debemos saber un poco sobre él. Entre otras cuestiones es importante conocer que las emociones como la vergüenza, el orgullo o la culpa producen actividad cerebral en las mismas áreas. La satisfacción es la emoción más fuerte en estas regiones pero, cuando se activa el núcleo accumbens, la vergüenza y la culpa pueden literalmente anularla.

Esta área del cerebro se conoce por ser un centro de recompensa, lo que significa que si permitimos a los sentimientos negativos que tomen el control, nos sentiremos extrañamente confortados. Al menos por un período de tiempo. Es el mismo mecanismo que ocurre con la ansiedad. Ésta es una solución a corto plazo, y activa partes del cerebro que nos hace calmarnos.A corto plazo.

Porque lo que ocurre, tras hacernos sentir bien por un tiempo, es que todo resulta mucho peor. Este proceso está basado en un mecanismo de reacción que lo que consigue es que respondamos para hacernos sentir bien lo más rápido posible. Como hemos comentado, puede funcionar en primera instancia. Pero termina agotándose, puesto que no está yendo a la raíz de lo que nos provoca inestabilidad: el modo automático en el que vivimos nuestras vidas.

Al funcionar por inercia, nuestro cerebro solo reacciona ante aquello que le hace sentir mal. Lo que identifica como peligro. Y trata de controlarlo de la forma que sea. La ansiedad es un reflejo de esta reacción. Nos decimos que lo que queremos es sentirnos bien, cuando lo que realmente estamos queriendo decir es que queremos volver a ese estado automático en que nada nos importuna, o nos ilusiona.

Por esto, y aunque resulte paradójico, nuestros esfuerzos para no estar tristes pueden ser la mejor forma para continuar estándolo. Entonces ¿qué nos quieres decir?¿qué demos rienda suelta a nuestra tristeza si queremos ser felices?

Pues si y no. Como hemos comentado al principio de este artículo, somos todas nuestras emociones. Y aprendemos de ellas. La tristeza nos puede hacer ver aquello que apreciamos, porque lo estamos echando en falta. Pero no es suficiente. El siguiente paso lo tenemos que dar para salir del modo “zombie” en el que estamos mucha parte de nuestra vida. Y la receta es fácil. Hagamos lo mismo que los osos cuando hibernan.

Busquemos todo aquello que nos hace sentir bien, por lo que estamos agradecidos. Y apreciémoslo. Así en los momentos de escasez, tendremos en donde refugiarnos.

Este ejercicio de consciencia -que no de reacción-, nos descubrirá a personas maravillosas que están a nuestro lado o a lugares magníficos que transitamos todos los días, despertándonos de nuestro letargo en vida.

En definitiva, la felicidad parece ser la habilidad para apreciar lo que tenemos sin necesidad de esperar a perderlo para hacerlo.

Buen propósito para el nuevo año ¿verdad?.