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Resaca emocional

No olvidemos que las pequeñas emociones son los capitanes de nuestras vidas y las obedecemos sin siquiera darnos cuenta

Vincent Van Gogh

Los sucesos emocionales pueden causar que nuestros neurotransmisores inunden el cerebro, afectando la forma en que recordamos dichas situaciones. Estas experiencias intensas nos pueden llevar a padecer lo que podríamos denominar “resacas emocionales”, que pueden medirse incluso cuando la situación hace rato que pasó. Estas resacas pueden tener una enorme influencia en la memoria de eventos posteriores.

Es lo que concluye la Dra L. Davachi, que especifica que la forma en que recordamos el mundo no es solo consecuencia de las experiencias externas que tengamos, sino que resulta fuertemente influenciado por nuestro estado interno. Y estos estados pueden persistir y colorear nuestras experiencias futuras, cambiándolas totalmente.

De hecho, cuando tenemos un intensa experiencia emocional, aquello posterior que no lleva una carga sentimental, lo recordamos con mayor facilidad. Como si se produjese un fenómeno de asociación que relaciona una circunstancia intensa con otras que no lo son tanto. En otras palabras, nuestro cerebro sigue “encendido”, aunque lo que ocurra luego no nos resulte tan excitante.

Por ejemplo, tras ver una película especialmente emotiva, la experiencia de una conocida vuelta a casa puede resultar totalmente diferente a la habitual. En otras palabras, nos dura el efecto de la “borrachera emocional” que hemos experimentado

La emoción es un estado mental y los resultados de las investigaciones de la Dra. Lavachi muestran una clara influencia de las mismas sobre nuestras cogniciones. Estos estado emocionales “alterados”, pueden persistir por mucho tiempo llegando a modificar totalmente las experiencias que las sigan.

Estos descubrimientos resultan de gran utilidad para comprender porque, en muchas ocasiones, habiendo vivido las mismas experiencias, éstas son recordadas de una forma totalmente diferentes por diversas personas.

Desde luego que una puesta de sol abrazados a la persona que amamos en un magnífico hotel, no será vista de la misma forma, por quienes trabajan en ese hotel, para los que la puesta de solo marca el comienzo del ajetreo para la cena.

Los circunstancias emocionales pueden, también, cambiar nuestra memoria de eventos acontecidos previamente, dándoles un significado diferente, según nos sintamos después.

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¿Qué te emociona?

Cuando digo controlar las emociones, quiero decir las emociones realmente estresantes e incapacitantes. Sentir emociones es lo que hace a nuestra vida rica.
Daniel Goleman.

No es algo que nos preguntemos con frecuencia. Es más, podemos decir que es todo lo contrario. Nos planteamos poco aquello que nos hace vibrar o que nos saca de quicio. Vivimos nuestra vida, la mayoría del tiempo, sin ser conscientes de ello. Y lo vamos olvidando.

Bien sea porque lo reprimimos, porque nos lo reprimen. O bien porque no nos enseñan o no aprendemos, las emociones siguen siendo las grandes olvidadas de la educación. ¿No será hora que esto cambie?

Preguntas que nos pueden surgir son, entre otras, ¿siempre ha sido así?¿estábamos hace siglos más en contacto con nuestras emociones que en la actualidad? Probablemente hace muchísimo tiempo, nuestras emociones estaban más a flor de piel. Eran más necesarias.

Respondían a instintos de supervivencia, de reproducción o alimentación. Pero, a medida, que han pasado los años -y estos instintos están más o menos resueltos o subrogados-, las emociones que nos hacían, paradójicamente, mas humanos, se han ido perdiendo.

Ahora nos enfrentamos a un importante desafío. Frente a los intentos de parcializar el entrenamiento emocional -ciñéndolo únicamente a las denominadas positivas-, con un movimiento que parece empujarnos a una visión edulcorada de la vida, se hace necesario un reconocimiento mayor de todas nuestras emociones.

Esto nos lleva a una necesaria reconducción de la educación emocional. Éstas son las que son, y el único camino para integrarlas en nuestra vida, es desde su aceptación. Comprendiéndolas, identificándolas, aprendiendo a dejarlas ir …

Porque sin el necesario balance emocional, seguiremos teniendo una pata que cojea. Quizás lo más certero puede ser saber que no hay emociones buenas o malas. Puede haber algunas que no nos gusten, y otras que si. Pero ambas son necesarias. ¿Qué tal si empezamos por ahí?

UNSPECIFIED - CIRCA 1970:  Photo of Leonard Cohen  Photo by Michael Ochs Archives/Getty Images

Leonard Cohen

Hace ya unos días que se fue el que probablemente es mi poeta y músico favorito. El que me acompaña en los momentos de tristeza y que, paradójicamente con sus sombrías letras, consigue que remonte el ánimo.

Leonard Cohen tenía esa particularidad. Conseguir con su música empática que no nos sintiésemos solos. Algo que en literatura también logran, para mí, Paul Auster o Ian McEwan.

La música puede influenciar el estado de ánimo de muchas maneras, pero muchas personas valoran la música principalmente porque les anima. Particularmente nos gusta el hecho de que puede hacernos sentir mejor incluso cuando ya estamos bien. Pero incluso la música triste puede causar placer, porque mucha gente disfruta la contradictoria mezcla de emociones que crea.

Y esta es la magia de Leonard Cohen.

Y aquí pueden escuchar el discurso de aceptación del Premio Príncipe de Asturias. Un bellísimo texto de agradecimiento a un país y a su gente.

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Lo que podía haber sido …

Las personas pasamos un montón de tiempo pensando acerca de las que cosas buenas que no ocurrieron pero pudieron haber ocurrido. Pero, ¿Qué pasa con las cosas buenas que si ocurrieron en las que no pensamos? Imaginemos que nunca conocimos a nuestra pareja, a nuestro mejor amigo o que no conseguimos ese trabajo. ¿Cómo sería la vida sin algunas de esas cosas que damos por hechas?
Pensar acerca de lo que no pudo haber sido puede ser tremendamente poderoso si se usa de la forma correcta. Este recordatorio de lo que somos, quienes nos quieren o que hemos conseguido aporta significado a nuestra vida además de ser un poderoso método  para estar en nuestro presente y disfrutar de él.
Te propongo un ejercicio para conseguirlo: extrae mentalmente algo o alguien bueno de tu vida. Imagina que no está … ¿Cómo sería tu vida? Es un buen momento para agradecerle a esa persona que esté en ella, o a ti por ser como eres para conseguir lo que aprecias.
La gratitud es una emoción poderosa que nos ayuda a disfrutar lo que tenemos,  por muy pequeño que sea. Practicarla incrementa la felicidad.
¡Qué tengas un magnífico día! Ahh ¡Y MUCHAS GRACIAS POR ESTAR AHÍ!
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Mi derecho a estar triste

Cuando alguien que nos importa está triste, la respuesta típica en la sociedad occidental es decir, “todo va a ir bien”. Esto, creemos, atenúa la percepción negativa de la situación. De esta forma creemos conseguir que la persona reduzca su tristeza a un nivel que posibilite una salida emocional positiva.

Sin embargo, investigaciones recientes muestran que disminuir excesivamente la negatividad de una situación puede ser algo contraproducente. Cuando intentamos confortar a alguien mostrándole que las circunstancias no son tan graves como piensa, el mensaje implícito es que su nivel de dolor no es socialmente aceptable.

Si estuviese bien su grado de tristeza, no estaríamos tratando de animarle. Las expectativas sociales percibidas acerca de cuando podemos estar tristes provocan que las emociones negativas empeoren. De esta forma, cuando las personas se sienten tristes y perciben que los demás no creen que deban estarlo, sus emociones negativas se amplifican.

La conclusión es que puede ser bueno recordarle a alguien porque debería sentir triste. Obviamente, no nos podemos ir al otro extremo y hacer que alguien que este triste se sienta aún peor, pero recapitular sobre algunas cosas puede ayudar a que la persona triste entienda que eso es lo que se espera de ellos.

Esto es esencialmente lo que hacemos cuando perdemos a alguien. Durante el duelo se destaca lo buena que era la persona, los buenos tiempos que pasamos con el o con ella. De esta forma legitimamos los sentimientos de tristeza. Nos hace sentir que lo que estamos experimentando es realmente como debemos sentirnos. A largo plazo, estos nos hace sentir bien.

El sufrimiento es el otro lado de la felicidad. Recordar porque nos sentimos tristes cierra un círculo emocional y nos hace comprender porque lo estamos.

Cómo Validar las Emociones desde el Mindfulness

 

tumblr_m7zetacpy51qk8205-2i37ou1Cuando una emoción agradable o desagradable surge en nuestro interior de manera casi inmediata y automática la clasificamos. Por lo general, ese discurso interno que sucede es para negar o refutar …

Origen: Cómo Validar las Emociones desde el Mindfulness

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Source: www.thedramateacher.com

Drama

Creía que un drama era cuando llora el actor, pero la verdad es que lo es cuando llora el público.
Frank Capra

No se si les ocurre igual. Pero, ultimamente, me cansa el drama. O quizás debería decir que lo que no estoy soportando es esta especie de postureo dramático, en el que muchas personas parecen vivir.

Lo se, puedo estar siendo injusto, y que muchos se sientan ofendidos o afectados por mis palabras. Pero, creánme, nada más lejos de mi intención.
Cuando hablo del drama, me estoy refiriendo a un tipo de comportamiento en el que la naturalidad o lo genuino, brilla por su ausencia. Las personas creen tener que expresar continuamente sus emociones, aunque no sea necesario, y nos invaden con tragedias el día a día.

Este modelo de comportamiento es tremendamente insolidario porque, quien lo practica, cierra toda posibilidad a la empatía o la compasión. Cualquier circunstancia dolorosa, se convierte en un motivo de aflicción para él o ella. Y, frecuentemente, olvidan los sentimientos de quien lo está padeciendo en primera persona.

De esta forma, nos encontramos quien se aflige por el fallecimiento de un amigo -más o menos cercano-, y pone sus sentimientos por delante de quien ha experimentado la pérdida. Olvidando las necesidades de éstos, de su apoyo y consuelo.
O quien se indigna con el drama de los refugiados y, se queda en esto, sin buscar vías para colaborar en la solución del problema.

En definitiva, este postureo dramático al que me refería al principio, no es sino otra manifestación indeseable del ego. Nos aleja de los demás y nos invalida en situaciones difíciles en las que es necesario evaluar, que papel debemos jugar en la cadena de apoyo.

Yo valoro mucho más a alguien que está cuando le necesito, que a otra persona que, continuamente, está diciéndome lo mal que ¡se siente! por mí.

Y no aparece por ningún lado.

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¿Cómo se desencadenan las emociones?

Son muchos los modelos que intentan dar cuenta de una manera precisa de la secuencia seguida por los distintos procesos que se desencadenan en las respuestas emocionales. Uno de los modelos que mejor engarza los diferentes componentes en una secuencia temporal es el propuesto por Klaus Scherer.

Su modelo está integrado por cinco componentes:

1. Procesamiento cognitivo de estímulos: en primer lugar, inevitablemente, ya sea con o sin conciencia de ello, ha de realizarse algún tipo de procesamiento de estímulos internos y/o externos sobre los cuales se genera una evaluación automática y genérica respecto a su tono hedónico, es decir, si, grosso modo, ese estímulo nos resulta bueno o malo de manera incondicionada o aprendida.

2. Procesos neurofisiológicos: dicha evaluación desencadena una serie de cambios neurofisiológicos en el sistema nervioso central y autónomo, neurohormonales, etc., cuya principal función es regular todo el sistema para facilitar la adaptación del organismo a la nueva situación que se presenta.

3. Tendencias motivacionales y conductuales: como consecuencia de esos cambios neurofisiológicos se generan una serie de tendencias motivacionales y conductuales que predisponen al organismo para actuar (o para no hacerlo, inhibiéndolo).

4. Expresión motora: es en este punto cuando se desencadenan las expresiones conductuales características de una u otra emoción, fácilmente reconocibles por todos y que, además, sirven como potente fuente de comunicación de intenciones.

5. Estado afectivo subjetivo: Finalmente, como resultado de toda esta serie de cambios se generarán un estado afectivo subjetivo que podrá ser procesado y registrado conscientemente. Este registro y reflexión sobre el estado en el que nos encontramos es lo que configura un determinado sentimiento. Hasta este punto, todas las respuestas desencadenadas por aquel estimulo inicial han podido darse por debajo del umbral de la conciencia y, muy probablemente, no será hasta este momento cuando se pueda tomar un control realmente voluntario de la respuesta emocional. Este control, por lo general, tan sólo será parcial puesto que muchas de las respuestas ya se han iniciado. Sin embargo, en este estadio se podrá llevar a cabo una mayor elaboración de la información relacionada y realizar nuevas reevaluaciones que permitan un mejor ajuste de la respuesta global del organismo a las condiciones concretas en las que se dé.

Las respuestas específicas que se terminen dando dependerán de las características del sujeto (temperamento, estado de ánimo, personalidad, objetivos, expectativas) y de la situación social y ambiental en la que se encuentre. Finalmente, la conducta emocional podrá afectar al estímulo que la desencadenó y generar un bucle retroactivo con el entorno cuyo objetivo, en condiciones normales, será aumentar el bienestar y adaptación del organismo.

¿Podemos decir entonces que las emociones son conductas inteligentes? Ciertamente creemos que sí (otra cosa será que haya sujetos más o menos eficientes en su manejo). Su objetivo es aumentar la supervivencia y el bienestar del organismo, y, desde luego, no podemos negar que a lo largo de la historia evolutiva hayan supuesto una ventaja adaptativa. Sin embargo, a medida que el contexto vital del ser humano se ha ido haciendo más complejo (y las organizaciones sociales en las hoy día vivimos son quizás el mejor ejemplo de ello), aquellas respuestas inteligentes, pero más o menos estereotipadas, se fueron quedando cortas y fue haciéndose necesaria una mayor flexibilidad cognitivo-conductual que permitiese diferenciar nuevos matices.

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Depresión oculta

Sufrir de depresión es algo que nos puede pasar a cualquiera de nosotros, no tenemos que tener cierta edad o ciertas situaciones pasándonos en la vida para poder caer en este sentimiento tan confuso. Desgraciadamente, muchas veces callamos lo que sentimos por diversas razones pero sobre todo por vergüenza a ser humillados y juzgados. Doug Leddin hizo un vídeo contándonos su historia y pidiendo a otros que no tengan miedo de contarlo.

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