Psicología de cabecera

Hoy me gustaría compartir con ustedes una grata noticia para mi. Comienzo una videocolaboración con el periódico Canarias7. Todos los jueves, recibirán, online, unos minutos de psicología. Les espero, con sus comentarios y sus sugerencias.

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Salir de la Zona

No somos las mismas personas que el año pasado, tampoco lo son aquellos a los que amamos. Es extraordinario que, cambiando, podamos seguir amando a alguien que también cambió.
William Somerset Maugham

Si estás bien donde estás. Si no crees que debas cambiar nada en tu vida. Si tu zona de confort es donde deseas vivir tu existencia, este artículo no es para ti. No pierdas el tiempo leyéndolo. No lo necesitas.

Ahora bien, si por lo contrario, te apetece cambiar algunas o muchas cosas de tu vida, de como piensas o de como te relacionas, puede que estos breves consejos te puedan ayudar a conseguirlo.

Y este es el primero, admítelo. Hacer un repaso a aquellos aspectos de tu vida que te gustaría cambiar. Comenzar con un reconocimiento honesto de nosotros mismos, desde la aceptación, sin juicios ni expectativas, puede ser un buen comienzo. Solo siendo desde donde partimos, podremos tener una idea de adonde queremos -y podemos- llegar.

El segundo paso se llama resiliencia. Cambiar no es algo sencillo. Vamos a tener momentos en los que deseáremos tirar la toalla, planteándonos si realmente vale la pena. Si no es mejor quedarnos como estábamos. Son pensamientos automáticos, que intentan evitar el esfuerzo. El principio de economía cerebral provoca que todo lo implique modificaciones en nuestra rutina, por muy aburrida que sea, se perciba como algo potencialmente peligroso o arriesgado.

Es tercer paso en este camino es la presencia, que te ayudará a conseguir lo que quieres, si no dejas de intentarlo. Para ello resulta esencial el compromiso, diario, con tus objetivos. Solo de esta forma siendo conscientes de lo que está ocurriendo en tiempo real, conseguirás salir del modo de inercia que tanto caracteriza a la zona de confort. Y, además, te permitirá saber que puedes modificar si es necesario, el recorrido que te hubieses propuesto.

Y esta sería la última clave del cambio, la flexibilidad. Entender que si estamos queriendo ir hacia un lugar diferente, pueden existir otras rutas. Esta abierto al cambio no es una decisión estática. Es una actitud de vida.

El cambio es algo natural. Es lo que somos. Lo contrario, es una fantasía.

Lo que no es

Supongo que es tentador tratar todo como si fuera un clavo, si la única herramienta que tienes es un martillo
Abraham Maslow

La psicología no se tiene, se estudia. El psicólogo o la psicóloga, no nacen, se hacen. La disciplina científica que estudia, explica y trata el comportamiento y, eventualmente, el pensamiento, emociones, sentimientos … tras el mismo, es la psicología.

Las prácticas de sugestión, creencias, costumbres, tradiciones … que pueden cambiar la conducta humana, no son psicología. De hecho, son objeto de estudio por parte de la misma. Entender porque las personas deciden seguir las más peregrinas sugerencias o indicaciones, sin ninguna evidencia, lideradas por los más pintorescos o peligrosos personajes que se nos pueda ocurrir, es una fuente de entendimiento del ser humano.

Realmente, quien aprende a manipularnos, puede llegar a hacerse rico. Prometiendo lo deseado, mediante la práctica de lo más increíble, llega a conseguir que las personas crean en la veracidad e, incluso, la base científica, de cualquier pantomima que se nos pueda ocurrir.

Pero eso no es psicología. En la psicología no se cree. No es algo que este en el mismo plano que la fe. Podemos ser religiosos e ir al psicólogo, no serlo e ir también. Incluso podemos confiar en nuestra intuición para resolver problemas. Pero no estamos haciendo psicología. Es otra cosa.

Quizás el ámbito más común de lo que, podríamos llamar, pseudopsicología, lo constituyen las personas que han pasado -o dicen haberlo hecho-, por experiencias difíciles en su vida y las comparten. Intentan hacernos creer, que siguiendo sus pasos, nosotros también podremos conseguirlo. No es algo extraño. Lo hacen los amigos y quienes tratan de ayudarnos, tendiendonos una mano. Pueden equivocarse, pero lo que importa es que están a nuestro lado y quieren que nos sintamos mejor.

Este es el truco del que se aprovechan muchos charlatanes que tratan de vivir de dar consejos, basados en su supuesta experiencia, a los demás. Extienden este mecanismo de confianza a muchas personas, escribiendo libros, impartiendo conferencias o, incluso usurpando la terapia psicológica.

No me estoy refiriendo a aquellos que nos inspiran genuinamente. Que son muchos. Y lo hacen sinceramente. Además de no necesitar revestirse de una autoridad que no tienen, mediante certificaciones dudosas o títulos excéntricos. Estas personas de verdad, nos cambian sin intentarlo. Sus actos, sus pensamientos, reflexiones o escritos, consiguen que veamos la vida de otra forma. Que usemos nuestro pensamiento crítico, que nos cuestionemos, que avancemos.

Son quienes hacen uso de esta capacidad de inspiración para su propio beneficio, y lo utilizan para sustituir lo que ofrece la psicología, los que hacen verdadero daño. Y no hablo del daño a la profesión, hablo del perjucio a la salud mental de las personas.

Son quienes nos quieren hacer creer que los cambios en nuestra vida se consiguen con extraños mejunjes, gestos o talleres de fin de semana. Quienes siguen perpetuando uno de los mayores problemas que tiene nuestro bienestar emocional: la dependencia.

Con estrategias más o menos elaboradas -hay algunas verdaderamente conseguidas-, nos cambian nuestra dependencia hacia entornos tóxicos o personas que nos manipulan, por una hacia sus propuestas. Previo paso por caja, por supuesto. Y sin garantías.

La psicología no se ha librado del fenómeno de las “dietas milagro“. Al contrario, ha propiciado que se creen otro tipo de “dietas emocionales“, que administran aprovechados “con mucha psicología“, pero sin la más mínima formación o evidencia contrastada. Y con muy pocos escrúpulos. 

Como me decía un viejo profesor de psicología hace tiempo, debemos ser conscientes que los cambios requieren esfuerzo y guía. La una sin la otra no tienen sentido y, además, son un engaño.

Nuestro papel como profesionales de la psicología está, entre otras cosas, en convencer a quien acude a nuestra consulta que su esfuerzo, con nuestra guía, le hará conseguir aquello que necesita o desea.

Si no lo hacemos bien, se nos seguirán colando por los resquicios quienes dan guía sin fundamento, y ofrecen cambios sin esfuerzo.

Apetito excesivo

Una teoría psicológica de las adicciones

De acuerdo con el psicólogo y experto en adicciones, Jim Orford, las adicciones pueden ser mejor entendidos como apetitos que se han convertido en excesivos, a través de un proceso psicológico. Es una perspectiva bastante diferente del punto de vista tradicional sobre las adicciones, que las ven principalmente como derivadas del consumo de una sustancia adictiva, como el alcohol, la cocaína o la heroína.

La idea central de esta teoría recoge que las adicciones son apetitos excesivos, más que formas de dependencia de sustancias psicoactivas. Los cinco apetitos centrales que Orford identificó en su teoría son: la ingesta de alcohol, el juego, consumo de drogas, comida y ejercicio. Estos ejemplos están tomados de los mejores y más documentados ejemplos del fenómeno de la adicción. Todos comunes y, en general, no problemáticos para la mayoría de las personas, pero que pueden resultar excesivos y problemáticos cuando se desarrolla un fuerte apego hacia ellos, en una minoría.

La perspectiva de los apetitos excesivos reconoce el alcohol y las drogas como ejemplos de adicción, más que catalogar la experiencia con una determinada sustancia como una adicción per se. De hecho, y según este modelo, los dramáticos problemas asociados a la adicción a drogas han eclipsado, en gran medida nuestra comprensión del fenómeno biopsicosocial que engloban las adicciones.

Más que un proceso puramente fisiológico, esta teoría explica las adicciones como un complejo proceso psicológico, que comprende muchos factores. Orford defiende la idea de delimitación del concepto para evitar llegar a los extremos de calificar a cualquier conducta como adicción.

En síntesis, su teoría recoge como cualquier conducta es susceptible de convertirse en una adicción, pero el hecho de practicarlas, en si, no es una adicción. En estos tiempos que tenemos la tendencia a etiquetar todo, esta visión dinámica y personalizada de lo son las adicciones más allá de a lo que se sea, tiene más relevancia que nunca.

El Ámbito

 

La capacitación para el ejercicio de una labor profesional, debe ser la garantía para que dicho ejercicio se ejecute en las mejores condiciones. O, al menos, esta debería se la teoría.

Si, además, nos vamos al entorno de lo público, este aval debe estar contrastado.
Pero, desafortunadamente, no siempre ocurre así. Recientemente, hemos leído, en la presentación del teléfono de atención al acoso escolar en España, que este iba a ser atendido por profesionales del “ámbito de la psicología”. No existe tal cosa. O te has licenciado en cualquiera de las ramas de esta ciencia o, eres otra cosa. Como hemos comenzado, debe existir una competencia para atender un recurso de estas características. Y esas las tiene un licenciado o licenciada en psicología, no en otra profesión, por muy respetable que sea.

Si lo que se pretende es revestir a un recurso tan importante, de una aureola de seriedad, flaco favor le han hecho. Su credibilidad puede cuestionarse desde su presentación. Si la linea, es un teléfono de orientación, consejo o, incluso, intervención en una crisis, la capacitación para ello la posee quien ha estudiado (y finalizado), los estudios de psicología.

A nadie se nos puede pasar por la cabeza que en una llamada al teléfono de urgencias 112, las indicaciones para saber como debemos actuar ante una emergencia médica, no te las de un profesional de la medicina.

Este caso, no es más que un nuevo ejemplo de la poca concienciación que se tiene respecto a la salud mental. Como es algo que ocurre dentro de nuestra cabeza, no lo vemos. Y pensamos que cualquiera puede opinar sobre ello.

Como última aclaración, hago extensivo esta reivindicación profesional a quienes, de una forma u otra también se ven afectados en su ejercicio laboral. Y, un último recordatorio: tampoco existen en los currículums el apartado de “curso estudios de …”, eufemismo frecuentemente utilizado para alguien que se matriculó en una determinada especialidad, y no se licenció en ella.

Tengo depresión y trastorno de ansiedad

Este magnífico cómic de Nick Seluk, publicado por Bored Panda y traducido por el equipo de Cultura Inquieta explica porque es tan difícil luchar contra la depresión y la ansiedad, dos trastornos de la salud mental, que cada día afectan a más personas. Muchas personas no lo entienden, no saben identificarlo e ignoran por lo que está pasando quien lo padece.

El dibujante creo esta historia en cómic,  junto a Sarah Flanagan, una lectora que le envió su historia para explicar cómo enfrentarse a estas enfermedades es una lucha diaria.

Aunque muchos de nosotros podamos haber sentido ansiedad o tristeza, hay personas que sufren la depresión y la ansiedad de forma permanente. Conviven con ello. Y se ven, muchas veces, enfrentados a la incomprensión de quienes no son capaces de entenderlo y les dicen frases como “anímate“, “no te pongas tan nervioso” o “es cuestión de cambiar de actitud“, mostrando una total ignorancia sobre su situación mental.

Este cómic puede contribuir a un mejor entendimiento de ella.

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Trastorno Obsesivo Compulsivo

El Trastorno Obsesivo Compulsivo es uno de los trastornos de ansiedad más comunes. Según el Manual Estadístico de los Desórdenes Mentales (DSM-IV, 1994) publicado por la Asociación Americana de Psiquiatría (APA), este trastorno implica la presencia de ideas obsesivas y compulsiones que generan un nivel de malestar significativo en la vida de la persona que las experimenta, ya que son concebidas como excesivas o irracionales, representan una pérdida de tiempo importante cada día, al interferir con la rutina diaria en distintos ámbitos de la vida, tales con las relaciones interpersonales, académicas y laborales.

Probablemente te estás preguntando qué son las ideas obsesivas. Se trata de pensamientos, impulsos o imágenes, que tienden a ser recurrentes y persistentes en el tiempo, que se experimentan como intrusas e inadecuadas, y provocan elevados niveles de ansiedad o malestar emocional. La persona que las experimenta, intenta ignorarlas, suprimirlas o neutralizarlas, ya que reconoce que son un producto de su mente y las considera excesivas. (APA, 1994)

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¿Será depresión?

En la sombra, lejos de la luz del día, la melancolía suspira sobre la cama triste, el dolor a su lado, y la migraña en su cabeza.
Alexander Pope

Según la Organización Mundial de la Salud, más de 350 millones de personas en el mundo sufren depresión y sigue en aumento. La mayoría de nosotros no pensamos que nos pueda afectar. La sociedad sigue apartando este trastorno mental, tan común, de su reconocimiento. Pero lo cierto es que la incidencia de depresión y ansiedad se ha multiplicado durante las últimas décadas.

¿Las razones? Probablemente muchas y muy individualizadas. Y la gran mayoría asociadas a nuestro estilo de vida. Nuestra salud mental no parece ser una prioridad. Y mientras cuidamos nuestro cuerpo, el cuidado de nuestro cerebro no parece ser una prioridad.

En un estudio, llevado a cabo en 2014 por J. Twenge, se muestra como los jóvenes de estos días tienen una probabilidad del 38% mayor de desarrollar depresión que las personas de su misma edad hace treinta años.

Los síntomas más comunes de depresión, desconocidos para la mayoría, incluyen: apetito pobre, problemas de sueño, dificultades de concentración, inquietud o sentirse abrumado.

A pesar de sufrir estos síntomas, no parecemos ser más proclives a admitir que estamos deprimidos, cuando se nos pregunta directamente. Lo que sugiere que, a pesar del incremento de la incidencia de este trastorno, admitir que lo sufrimos sigue siendo tabú

La depresión o la ansiedad siguen siendo, en pleno siglo XXI, una circunstancia incomprendida, que la mayoría que lo padece, oculta. Esta resistencia sigue dificultando el abordaje de este trastorno, y haciendo que muchas personas sientan estar viviendo una vida desgraciada, en soledad.

Si es tu caso, no temas contarlo a quien te puede apoyar. De la depresión se sale con tratamiento psicológico, no desaparece con el tiempo.