Límites saludables

Si quieres ser respetado por los demás, lo mejor es respetarte a ti mismo. Sólo por eso, sólo por el propio respeto que te tengas, inspirarás a los otros a respetarte.

Fiódor Dostoievski

 

La lucha para establecer límites en nuestras relaciones y en la vida en general es una de las cuestiones más comunes cuando hablamos de las interacciones entre personas. Muchas personas manifiestan no saber como hacerlo y verse, en muchas ocasiones, en situaciones en las que no quieren estar. Son momentos en los que te encuentras haciendo algo por alguien, de forma continuada, sin querer hacerlo o sin que te lo agradezcan. Parece como si ya fuese tu obligación, aunque no sea así.

Cuando tenemos límites poco claros, es prácticamente imposible que prioricemos nuestras necesidades, deseos u obligaciones. Estamos siempre en último lugar de la lista. Para muchas personas los límites personales resultan difíciles de establecer por su propia historia educativa. Nos han enseñado que es egoísmo. Estos límites y situaciones presentan, además, un problema añadido: en muchas ocasiones son invisibles, pueden variar y son únicos para cada persona

Para poder cambiar esta situación y aprender a quererte más, es vital que entiendas y expreses tu límites, ya que te protegen y te ayudan a cuidar de ti mismo. Tenerlos (y mantenerlos) es una parte vital de las relaciones felices y saludables, especialmente las románticas.

Estas fronteras, establecen donde terminas tu y donde comienza la otra persona, tanto física como emocionalmente. Tenerlas y mantenerlas es un acto de respeto hacia ti. Cuando no es así estamos, básicamente, cediendo nuestro derecho a elegir, a decidir.

Como hemos dicho, nuestra habilidad para establecer límites, especialmente en las relaciones amorosas, está profundamente influenciada por lo que hemos vivido en nuestra familia. Veíamos a nuestra madre estar siempre a disposición de todos y no la recordamos haciendo cosas que fueran propias. Esto nos condiciona a pensar que esa es la forma correcta. Que así es como debe ser para que todo vaya bien en nuestra familia.

Los límites personales van de cambiar esto. Reflexionando sobre ello y decidiendo que tipos de comunicación, conductas o interacciones son aceptables o no. Si no lo hemos aprendido de pequeños, esto es un verdadero reto. Si ponemos unos límites muy difusos, nos encontraremos permitiendo que otras personas se los salten una y otra vez. Si establecemos unos muy rígidos, tendremos serios problemas de intolerancia y de control. El primer paso de este, no nos equivoquemos, difícil camino, es la conciencia de que tenemos que iniciarlo.

A partir de ahí, podríamos comenzar haciéndonos unas sencillas preguntas que nos pueden ayudar a saber -y a cambiar- nuestros límites personales para que sean saludables.

La primera es: ¿dices que si cuando realmente quieres decir que no?. Aunque no siempre hacer algo que no deseas, significa que no tengas límites, valorar porque hacemos algo que no queremos, debe formar parte de esta conciencia para cambiar. Puede ser algo en el trabajo, o por nuestros hijos. Siempre que no tengamos la sensación de que es una obligación, sino una elección, estaremos trabajando por nuestros límites saludables.

Una segunda pregunta a hacernos es si nos disculpamos con frecuencia. ¿Lo hacemos aunque no lo sintamos?¿Realmente estamos enfadados? Un indicador de limites poco saludables tiene que ver con sentirnos responsables de la felicidad de otras personas, siempre. De querer continuamente su aprobación. Si queremos cambiar, no podemos disculparnos por hacerlo.

Relacionada con la anterior pregunta, esta el intentar evitar la confrontación. No queremos que las otras personas se molesten y cedemos a la primera de cambio en nuestro intento de recuperación de nuestro espacio vital. Es complicado cuando los demás no están acostumbrados a que lo hagas.

Establecer nuestros límites personales es un trabajo complejo. Pero se puede conseguir con paciencia y con perseverancia. En muchas ocasiones, veremos caras de sorpresa y asombro por parte de quienes no están acostumbrados a ello. ¡Buena señal! Lo estás consiguiendo.

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Quererse

Una guía para el autocuidado emocional

Una serie de propuestas, susceptibles de utilizar en todo o en algún momento, que incrementarán tu apreciación por ti mism@. Nótese que su uso es opcional y no es necesario utilizarlas todas. Ese sería la primera sugerencia.
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Elegirnos, incluso si significa no gustarle a otras personas o no ser popular. Inclusa si significa dejar la fiesta antes que acabe porque nos aburrimos, estamos cansados o estamos hartos de la multitud
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Decir lo que creemos que es cierto. Y no tragarnos lo que sentimos, pensamos o queremos hacer.
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Darle a nuestro cuerpo el alimento, descanso, ejercicio y confort que necesite, para convertirlo en nuestro mejor aliado
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Utilizar ropas que nos hagan sentir cómod@s, en lugar de vestirnos a la moda o como otras personas creen que debemos hacerlo
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Construir una vida que amemos y que nos haga felices en lugar de esperar a nuestr@ príncipe o princesa para descubrirlo
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Aceptarnos a nosotr@s mism@s, con lo bueno, lo malo, lo feo, lo sexy o lo no tan sexy, siendo conscientes que todo es lo que nos define
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Encontrar tiempo para hacer lo que nos gusta, para jugar, para disfrutar, sin preocuparnos de estar perdiendo el tiempo.
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Ser l@s propietari@s de nuestra belleza interior y exterior, gustándonos sin sentirnos culpables, arrogantes o presuntuosos.
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No reeditar nuestros errores pasados y llevarnos a un oscuro lugar en el cuál no podemos cambiar nada. Recordar que del pasado solo se aprende, no se puede cambiar.
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Pasar tiempo de calidad, conectad@ con nosotr@s mism@s en lugar de desconectados viendo la televisión o navegando sin rumbo en Internet.
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Ser discret@s cuando compartimos nuestros sentimientos, emociones y sueños con otras personas. No todo el mundo está preparad@ para oírlo o lo merece.
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Confiar en nosotr@s mismos y hacer un esfuerzo genuino para ser quien guíe nuestra vida.
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No culpar a nuestros padres por nuestros problemas actuales, y buscar la forma de curar nuestrar heridas y cambiar aquello que no nos gusta, buscando ayuda profesional si así lo necesitamos.
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Seguir nuestra intuición en lugar de vivir dirigid@s por nuestro ego o el de otras personas.
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Ser integr@s, tanto cuando se refiera a nosotros mismos o en nuestra relación con el mundo. Ser conscientes de la manipulación, mentiras, codependencia que conllevan algunas situaciones sociales.
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Permitirnos soñar en grande, sin contaminar estos sueños con juicios, auto limitaciones o una sensación de inmerecimiento.
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Conocer donde estamos empleando nuestra energía emocional, mental, financiera o física, y saber si estas actividades nos están resultando placenteras, o si le dan a nuestra vida conexión, conocimiento, pasión, o creatividad.
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Ser responsables de nuestras de nuestras experiencias. Saber que tenemos la habilidad para conocernos a nosotr@s mism@s, cuando toca tomar decisiones importantes en nuestra vida.
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No etiquetarnos con las opiniones o juicios de otras personas, teniendo el coraje de mirar en nuestro interior para saber que es lo que estamos proyectando al mundo
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Aprender a poner límites que protejan y nutran nuestras relaciones, con nosotr@s mism@s y l@s demás.
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Permitirnos cometer errores y no castigarnos por haberlo hecho. En lugar de esto, aprender de ellos, apreciando nuestra capacidad para hacerlo.
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Rechazar pedir permiso o aprobación para se nosotr@s mismos. Reconocer que, como cualquier persona, merecemos tener nuestro espacio mental y físico en este mundo.
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Y, por último
Aceptarnos y amarnos, aunque, en ocasiones, no seamos capaces de querernos como deberíamos.
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No necesitas su aprobación

Era como un niño pequeño exhibiendo sus juguetes, deseoso de obtener la aprobación de los demás.

P.D. James

En un mundo en que las apariencias imperan, la aprobación de los demás se ha convertido, prácticamente, en una obsesión. La buscamos permanentemente. Es una necesidad que, poco a poco, nos aleja de nosotros mismos. De quienes somos y de quienes podemos ser.

Quizás viene del hecho de estar exponiéndonos permanentemente. Es casi un estilo de vida construir (al menos hacia afuera) una timeline admirable. Si no recibimos la atención que buscamos, nos entristecemos, enfadamos o nos ponemos tremendamente nerviosos. Y lo que resulta peor, comenzamos a imaginar que existe una causa perversa tras ello. Que nos están juzgando y hablando de nosotros. Que no gustamos.

Podemos decir que es el ego el que está detrás de esto. No nos equivocamos. Lo está. Pero, asimismo, esta constante necesidad de atención revela una importante carencia de autoestima. De conocimiento y de aceptación de quienes somos.

Quien se mueve en este vaivén de aprobaciones y reprobaciones externas, raramente consigue desarrollar un sentido de si mismo. Siempre estará buscando una referencia. Una comparación con otras personas o grupos que le validen. Si se sale de ahí, hay problemas.

Por esto es necesario ese trabajo propio que tanto repetimos y proponemos. El que lleva a reconocernos y comprendernos. El que nos conduce a querernos y vernos como personas valiosas y felices.

Para ello debemos empezar, desde ya, a identificar aquello que nos define. Nuestras fortalezas, debilidades (que no lo son tanto a veces), nuestras pasiones y nuestras habilidades. El primer paso para ser la persona que podrías ser, es aceptar y conocer a la persona que eres. Difícil va a ser que llegues a ningún lado si no sabes de donde partes.

Y esto solo lo sabes tú. Es física. No puede haber dos cuerpos ocupando el mismo lugar.

¿Quién eres en realidad?

¿Qué define quién eres? A Los psicólogos les gusta hablar sobre nuestros rasgos o características definidas que determinan quienes somos, Pero Brian Little está más interesado en los momentos en los que trascendemos esos rasgos, a veces porque nuestra cultura nos lo exige, y a veces por nuestra propia exigencia. Únete a Little mientras examina las sorprendentes diferencias entre introvertidos y extrovertidos; a la par que explica por qué tu personalidad podría ser más maleable de lo que crees.

Autoestima de verdad

La autoestima puede jugar un papel importante en nuestra felicidad. El éxito en nuestra vida depende, en gran manera, de ella. Esta afirmación, que no parece estar apoyada en ninguna evidencia científica, se basa en la premisa que una alta autoestima conduce a grandes logros.

Esto nos ha llevado a preocuparnos de los peligros de una baja autoestima, y su relación con el poco rendimiento, falta de iniciativa, aislamiento social o incluso depresión o autolesiones. De esta forma, mucha de la literatura de autoayuda, está centrada en como aumentarla. Esta baja autoestima se ha asociado al fracaso o a la no consecución de los objetivos propuestos.

Pero la competencia es una realidad vital, y el miedo a que la gente se sienta mal por no conseguir los resultados esperados, puede resultar contraproducente. Minimiza el esfuerzo personal o colectivo realizado para conseguir un objetivo. Transmite la sensación de que se ha ganado un sorteo, mas que haber obtenido un reconocimiento al trabajo desarrollado.

Muchos niños o niñas están tan convencidos que son pequeños genios, que no ponen mucho esfuerzo en su trabajo. O están tan presionados con las alabanzas que se convierten en niños problemáticos o ansiosos. La solución a este dilema parece sencilla. Si queremos autoestima ¡hagamos cosas estimables!. Los logros no se pueden extraer de una chistera o “descargarse” de internet. El conocimiento se adquiere estudiando, las habilidades ejercitándolas y los logros personales se obtienen con una adecuada mezcla de tesón, motivación y esfuerzo.
Es este empeño el que genera esa sensación de orgullo y estima propia, personal. Podemos solucionar el puzzle que está haciendo nuestra hija o podemos ayudarla a que lo consiga por si misma. La sensación que experimentará será bien diferente.

Son numerosos los estudios que confirman que la satisfacción es un sentimiento interno. Mientras la subida de dopamina asociada a un premio es efímera, el esfuerzo que lleva a conseguirlo es bastante mas duradero. Este esfuerzo compromete al individuo de una forma personal que, a veces, tiene poco que ver con las recompensas que se obtengan. El reconocimiento propio de nuestras capacidades es un sentimiento que nos acompaña a lo largo de nuestra vida.

La verdadera autoestima nos hace sentir bien porque esta basada en el orgullo. Y éste se sustenta en la confianza y la capacidad. La estima y las emociones relacionadas provocan una sensación de éxito y confianza en lo que hacemos. Es un sentimiento muy agradable que no se puede conseguir, sin embargo, sin esfuerzo y disciplina.

El otro lado de la autoestima no es el fracaso. Todo lo contrario, el fracaso forma parte del juego. Se aprende de él, se genera tolerancia y se sigue intentándolo hasta que conseguimos aquello que buscamos, aprendiendo a disfrutar del proceso, de sus contraluces.

La autoprotección excesiva es contraproducente para una autoestima genuina. Es algo que se construye sobre los cimientos de los errores superados, de los obstáculos traspasados. Nunca sobre una camino fácil o sin dificultades.

Mi Identidad

Importa mucho más lo que tú piensas
de ti mismo que lo que los otros piensen de ti.
Lucio Anneo Séneca

Emplear nuestro tiempo y esfuerzo, para negar lo que no somos, es una pérdida de tiempo. Pero, sin embargo, lo hacemos. Nuestra preocupación por las apariencias, nos atenaza y, lo que es peor, nos separa de nuestra propia identidad.

¿Y esto porque ocurre? Muy sencillo. Al estar pendientes de lo que dicen de nosotros otras personas, es como si tuviésemos que salir de nuestro propio camino pudiendo ser, que no volvamos a encontrarlo. Si empleamos esta energía que debería estar destinada a conocernos, a profundizar en nosotros, en todo lo contrario, nos distraemos.

maxresdefaultPero ¿Cómo podemos cambiar esta forma de actuar? No es sencillo. Vivimos en una sociedad en que nuestra reputación juega un importante papel. Y cualquier opinión que la pueda afectar, puede llegar a causarnos daño. Pero caer esclavos de este juego puede resultar aún peor. 
 Puestos a tomar una decisión creo que el punto en el cual empieces a cambiar tu vida y mejorarla, será aquél en que seas libre de lo qué digan o piensen los demás. Cuando estás por encima de eso empiezas a ser mucho más independiente y más feliz, empiezas a hacer lo que realmente siempre has deseado o te gusta. Y es, en ese momento, en que tu reputación depende de ti, y no lo de lo que digan los demás de tí, cuando empezarás a aceptarte y a vivir la vida que tu quieres.

Como ya hemos comentado en alguna otra ocasión, no es fácil hacerlo. Pero resulta imprescindible si queremos construir nuestra propia existencia. Un sencillo ejercicio para conseguirlo es simplemente, parar. Detenerte y pensar ¿quiero hacer esto? Si no es así, si no sientes que tenga nada que ver contigo, simplemente ignóralo. Dedica esas energías de negación a algo más productivo y que te haga sentir más feliz.

 

 

¿Conoces tu cerebro?

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¿Qué le gusta?

1. Objetivos concretos

En cuanto te propongas un objetivo concreto o una tarea exacta, empezarán los milagros. Encontrarás recursos económicos, oportunidades y tiempo para lograrlo. Si al formular tu tarea principal puedes fraccionarla en partes más pequeñas, y poco a poco empiezas a dar un paso adelante hacia tu objetivo, ningún problema podrá resistir ante ti.

2. Emociones positivas

Nos estimulan a la acción. Empieza por buscar sencillas alegrías de la vida, y tu cerebro se sentirá estimulado, empezará a liberar al organismo mayores dosis de endorfinas, es decir, hormonas de placer, por lo tanto, experimentaremos aún más emociones positivas que aumentarán tu productividad. Los seres humanos tendemos a buscar la alegría, así es como funciona nuestro instinto de conservación.

3. Movimiento y aire libre

Las actividades al aire libre saturan de oxígeno nuestra sangre y lo llevan más rápidamente a las células del cerebro, se mejora el proceso de oxidación y el metabolismo, y como resultado, se libera la energía que tanto necesitamos. Nuestro cerebro nos obliga a ser más activos para protegerse a sí mismo y a nosotros también.

4. Comida sencilla en cantidades moderadas

La comida sencilla es más fácil de obtener, cocinar y digerir. Especialmente son saludables los caldos. Tu cerebro te dice (si tan solo quisieras escucharlo): «Amigo, el 50% de toda la energía recibida se destina a la visión, el 40% a la digestión y la desinfección de las toxinas alimenticias, y solamente un 10% queda para el movimiento, funcionamiento del sistema nervioso y la lucha contra miles de millones de microbios. Si te la pasas comiendo todo el tiempo, ¿cuándo tendrás tiempo de pensar?».

5. Sueño y descanso

El cerebro, como todo el organismo del ser humano, necesita un buen descanso, sobre todo, un sueño de calidad. Antes de que te vayas a dormir, puedes darle un comando al cerebro: quiero y necesito tener un sueño agradable. Verás cómo todas las impresiones negativas del día simplemente se eliminarán con el sistema de autoprotección nocturna del cerebro.

6. Adaptación

Nuestro cerebro no puede adaptarse al instante a cualquier tipo de cambios bruscos, por lo tanto, empieza cualquier actividad poco a poco, tranquilamente, acostumbrándose a ella. Al hacer cada día lo más que puedas, alcanzarás lo imposible. Los hábitos de estudiar y trabajar no aparecen en un día de la nada, para ello, necesitas ser constante en tus esfuerzos. No existen resultados instantáneos. No por nada existe la expresión: «todo a su tiempo».

7. Libertad

A nuestro cerebro le gusta sentirse libre de miedos y estereotipos. Le encanta la libertad de no tener miedo a pensar a tu manera, a defender tu forma de ser, tu aspecto físico, a tus seres queridos. No culpar todo el mundo porque no entienden lo único e inolvidable que eres. Y aceptar que los demás no tengan las mismas convicciones, estilo de vida o pensamientos que tú.

8. Creatividad

Este es el pasatiempo favorito del cerebro. Un enfoque creativo en cualquier actividad científica permite salir con nuevas ideas ingeniosas y realizarlas a continuación. En el arte, la creatividad unifica a las personas: un escritor al compartir su vida, sus sentimientos y al describir a las demás personas muestra que no estamos solos en nuestras penas.

9. División, comunicación y abrazos

La vida es una constante división de las células y un interminable intercambio de información. Si estudias bien cómo se comportan las neuronas, verás que siempre «se abrazan» al tocarse con dendritas una a la otra, intercambian la energía (los impulsos nerviosos) y la información sobre todo (mediante los compuestos bioquímicos). Por lo tanto, compartir emociones, experiencias, conocimiento y sentimientos, no es malo. Al contrario, hay que procurar buscar más comunicación con el mundo exterior y hacer nuevos amigos.. A nuestro cerebro le encanta eso.

¿Qué no le gusta?

1. Miedo

Cuando sentimos miedo, el instinto de autoprotección nos gana, y aquellas áreas de nuestro cerebro que responden por la creatividad se deshabilitan. De hecho, nos quedamos «paralizados» y sin poder pensar claramente.

2. Fuertes emociones de cualquier tipo

Las emociones fuertes frenan drásticamente la habilidad reflexiva de nuestro cerebro. Tanto una gran alegría como una gran pena pueden privarnos por un tiempo de la habilidad de pensar.

3. Oscuridad y soledad

A nuestro cerebro ambas le caen mal porque ponen en marcha el instinto de conservación. Las emociones negativas se sienten aún más libres cuando nuestro cerebro está indefenso: la oscuridad puede ocultar a un enemigo; y como seres sociables de naturaleza, sentimos miedo y peligro al quedarnos solos. Sin embargo, la soledad nos afectará de manera positiva si tan solo la vemos como un aislamiento voluntario. No olvides que tal vez solo seas una persona en este mundo, pero para alguien tú eres todo el mundo.

4. Estereotipos

El cerebro crea estereotipos pero también lucha contra ellos porque quiere ser único. Los estereotipos y clichés arruinan nuestras relaciones con las personas cuando aquellas se comportan en contra de nuestros estereotipos. No temas renunciar a tus viejas percepciones de ciertas personas. Crea nuevos estereotipos tomando en cuenta nuevos datos. Permite a la gente cambiar y ser diferente.

Fuente: megamozg
Adaptación de un texto de Genial.guru

17 preguntas

Todos aspiramos siempre a más. Tú aspiras a ser más de lo que eres, a ir más allá de donde estás.

El primer paso para saber cuáles son tus sueños y cambiar tu vida es tomarte un tiempo en responder a estas preguntas.

1. ¿Cuáles son tus puntos fuertes? 
Saber qué se te da bien te ayuda a reconocer aquello que te motiva. Cuando haces algo que se te da bien tu satisfacción, autoestima y percepción de valía aumentan y te crean bienestar. Reconoce tus talentos y no temas en potenciarlos al máximo.

2. ¿Cuáles son tus debilidades?
Reconocer los puntos débiles es incluso más importante que saber cuáles son tus talentos. Nadie es perfecto, y mejorar es un paso esencial para cambiar tu vida.

3. ¿Cuál es tu hobby? 
Las cosas que te gusta hacer en tu tiempo libre dicen mucho de ti. Ellas te ayudarán a identificar lo que te hace sentir bien, lo que te motiva..Y esto a la vez te ayudará a identificar por dónde quieres enfocar tu vida.

4. ¿Dónde te gusta trabajar? 
Reconoce el entorno donde eres más productivo trabajando: en la oficina, en la calle, en casa..Intenta pasar la mayor parte de tu tiempo de trabajo allí. Un entorno de trabajo en el que no disfrutas te daña progresivamente.

5. ¿Con quién te gusta trabajar? 
Piensa en la gente con la que trabajas, y si es ese realmente el círculo de trabajo que deseas tener. El trabajo ocupa gran parte de tu vida, y es importante que te sientas satisfecho con él. Si no lo estás, no tengas miedo de hacer los cambios necesarios para que consigas estar satisfecho. Quizá no es lo que realmente te apasiona, por eso es importante la siguiente pregunta.

6. ¿Cuáles son tus pasiones? 
¿Qué es lo que realmente te hace feliz? ¿Qué es lo que te hace seguir adelante con más fuerzas que ayer? Identifica tus pasiones y pasa todo el tiempo que puedas haciéndolas. Luego responde a esto:

7. ¿Cómo puedo convertir mis pasiones en mi trabajo? 
Hay personas que viven por y para su trabajo. Y es que estas personas no consideran su trabajo como tal, es una auténtica pasión lo que sienten por lo que hacen. Les llena, les complace, les motiva. Debes convertir tu trabajo en tu pasión, y si el trabajo que tienes no es acorde a ti reflexiona acerca de ello. Tu trabajo es algo con lo que vivirás toda tu vida.

8. ¿Qué has superado? 
Seguro que has superado grandes obstáculos y no siempre las cosas fueron fáciles. Y mira dónde estás ahora. Si has superado todo eso, puedes con cualquier cosa. Créetelo, mira todo lo que has conseguido.

9. ¿Cómo te motivas? 
La motivación es poderosa. Pero si no sabes cómo motivarte nunca conseguirás avanzar. ¿Qué te detiene a avanzar? Todos estamos encadenados a unos hábitos de conducta y pensamientos que pueden ser dañinos para nosotros. No está de más cuestionarlos y buscar una forma constructiva de pensar y actuar.

10. ¿Cómo reaccionas a lo que otros te dicen? 
Puedes hacer de dos maneras: constructiva o destructivamente. Y eso únicamente depende de ti. No importa si lo que te dicen es positivo o negativo. Úsalo siempre a tu favor, haz de un ataque un paraguas contra las ofensas. Tú no eres como dicen los demás que eres.

11. ¿Por qué estás en el mundo? 
¿Cuál es tu sentido en la vida? ¿Qué le da razón a tu existencia? Es una pregunta compleja que no tienes porqué saber aún, ya que sólo lo sabrás cuando lo encuentres. No hay que buscarlo, él llegará a ti y tú llegarás a él. Por ello, no tengas miedo a experimentar. Exprime la vida.

12. ¿A quién admiras? 
Inspírate en aquéllos que admiras. A pesar de todo lo malo que pasa en el mundo, todavía hay héroes, soñadores, auténticos líderes que inspiran a otros a ser mejores. Toma ejemplo.

13. ¿Qué metas tienes? 
Piensa en lo que quieres lograr en tu vida. Estos objetivos deben conducir a acciones para lograrlos. Hablando de acciones…

14. ¿Cómo planeas lograr tus objetivos? 
No tiene sentido ponerse objetivos sin hacer un plan para cumplirlos. Anota en una hoja tus objetivos a corto y largo plazo y las acciones a corto y largo plazo que debes hacer para cumplir esos objetivos. Mucha gente no hace esto, y puede significar la diferencia entre un lo conseguí y un fallé.

15. ¿De qué estas agradecido? 
Todos los días hay algo por lo que dar las gracias. ¿Tú lo haces? Agradecido por lo que tienes, por lo que eres, porque tienes la capacidad de poder sentir y pensar ahora mismo. Estar vivo es un regalo que debes aprovechar.

16. ¿Cómo puedes hacer de ti alguien mejor? 
Lo que nos pasa en la vida no lo elegimos nosotros, pero sí elegimos la forma de reaccionar ante ello. Si no te gusta algo que hay en tu vida busca la manera de cambiarlo. No te resignes, lucha por lo que tú crees que será lo mejor para ti y provoca ese cambio. Sin acción no hay cambio, recuérdalo.

17. ¿Cómo puedes hacer del mundo un lugar mejor? 
Si no sabes la respuesta, une todas las anteriores y tendrás una idea mucho más aproximada. Tienes el poder de hacer que las cosas sean increíbles, de hacer que las cosas sucedan. No te lo tomes a la ligera.

PREGUNTAS
Y a ti, ¿qué te inspira a cambiar tu vida? Pueden ser personas (líderes, deportistas, artistas …) o proyectos (empresas, iniciativas, …) o personas cercanas. Compártelo conmigo.

¿Cómo lo hago?

Puedo enseñarle a cualquier persona cómo conseguir lo que quiere en la vida. El problema es que no puedo encontrar a quien pueda decirme qué es lo que quiere
Mark Twain

Lo prometido es deuda. La pasada semana hablamos sobre el control. De como esta ilusión que tenemos la mayoría de las personas de la posibilidad de manejar a nuestro antojo todo o a todos, termina siendo una de nuestras mayores fuentes de frustración.

Hoy les propongo precisamente todo lo contrario. Aprender a conocernos, a conectar con nosotros mismos, para no sentir esta necesidad de controlar. Conectar con nosotros mismos es un viaje apasionante y, porque no decirlo, solitario. Es sentirnos capaces, fuertes, compasivos, a través de la aceptación propia. Es un sentido de autoconocimiento y sabiduría que es absolutamente genuino a cada una de nosotros.

Si bien, fantástico pero ¿cómo lo consigo? En primer lugar, no juzgándonos. Esta es la primera piedra de un verdadero camino hacia el auto conocimiento. Juzgarnos lleva, en si, una pequeña bomba de relojería que es capaz de desactivar cualquier intento de cambiar. Son las expectativas. Creer que deberíamos o no deberíamos hacer o haber hecho, es un lastre asociado a nuestro modo de relacionarnos íntimamente. Y nos detiene nada más empezar. Los juicios no nos permiten “pensar fuera de la caja” o “salir de nuestra zona de confort”. En gran parte porque dan por hecho que vamos a fracasar o que no sirve de nada. Conclusión: no lo intentamos.

Por esto esta propuesta que les hago es personal. Siéntanse libres de adaptarla a su propia conveniencia. Y, si les apetece, estaría genial que lo compartieran.

Siéntate. Jajajajaja. También me pasó lo mismo que a ustedes al escucharlo por primera vez. Me preguntaba: Si quiero cambiar ¿voy a empezar sentado? Pero esto se refiere a algo que se ha convertido en una parte esencial de mi día a día. Meditar. No se trata de comenzar una vida de contemplación y espiritualidad. Es, simplemente, aprender a estar unos minutos, en una posición cómoda observando los pensamientos que pasan por nuestra cabeza, sin juzgarlos. Diez minutos al comenzar el día es más que suficiente. En un próximo artículo les propondré algunas formas de comenzar a hacerlo.

Obsérvate. Si, lo se. Otra de las cosas que nos han dicho que no debemos hacer. ¡No te contemples demasiado! Te hace vanidoso o hipocondríaco. Curioso es el ser humano, que pretende conocerse y no se mira en un espejo. Hablo del emocional, por supuesto. Es un gran ejercicio. Y tiene que ver con ese miedo a no saber quien somos, simplemente porque no nos lo preguntamos con frecuencia. Prueben a meter un momento de reflexión en una supuesta reacción “normal” que tienen todos los días ¡Se llevarán una sorpresa! A lo largo del día acumulamos automatismos. Ya es hora de cuestionarnos el ¡siempre lo he hecho así!

(Des)conecta. Una buena forma de hacerlo es dejar la tecnología de lado por un rato. Salir a pasear sin el móvil. Hacer ejercicio habiéndolo dejado en casa. Leer (un libro, de los de papel). O simplemente sentarse a tomar un cafe viendo al mundo pasar. De esto tienen mucho que enseñarnos nuestros mayores ¿verdad?

Naturaleza. Pasa tiempo en ella. Es algo maravilloso como ayuda caminar en el monte o en la playa, para que nuestros pensamientos se ordenen y veamos las cosas de otra forma. Aunque a algunas personas les pueda resultar naif, el poder de la naturaleza para conseguir que conectemos con nosotros mismos es impresionante. Es algo que recomiendo fervientemente siempre que sea posible.

Estos son algunas de las cosas que me ayudan a conocerme, a no tener la necesidad de controlar lo que sucede a mi alrededor. Pero por supuesto, no siempre lo consigo. No pasa nada. Se vuelve a intentar. Lo importante es conocer las claves que permiten hacerlo a ti.

¿Qué felicidad queremos?

Sólo hay un camino para llegar pronto y fácilmente a la inmortalidad. Consiste en amar la vida y vivirla todo lo alegre, valerosa y fielmente que seamos capaces.
Henry Van Dike

¿Se te ha pasado por la cabeza dejar la ciudad e irte a vivir al campo? Me refiero a hacerlo totalmente. Cambiar tu estilo de vida e irte, con toda tu familia, a vivir en un pueblo o en una casita aislada. ¿Lo harías si pudieses? Piensa. Imaginemos que puedes dejar tu trabajo actual y vivir de lo que da la tierra o de cualquier otra cosa que se te pudiese ocurrir en un entorno rural.

Sigamos imaginando. Dejarías los ruidos molestos de la ciudad, las prisas, las eternas jornadas de trabajo frente al ordenador … y no te sentirías culpable de pasar tiempo con tus amigos o disfrutando de tus aficiones.

Todo esto es algo utópico, claro. Vivir en el campo de una forma simple tiene sus inconvenientes también. Pero la pregunta que te hacemos es si te atreverías o te atraería hacerlo.

Quizás abandonar esta vida tecnológica nos haría más felices. Después de todo, aunque ha hecho nuestra vida más fácil, lo cierto es que no parece que seamos más felices con nuestros móviles, tabletas y ordenadores.

Pero ¿realmente sería así?

Leyendo el blog de alguien que lo hizo (en este caso, desconectar totalmente de internet y del mundo virtual durante un año), no parece que obtuviese aquello que buscaba. Paul, así se llama el muchacho, no encontró lo que buscaba en su aislamiento de lo virtual.

Sentía que internet estaba evitando que supiese quien era de verdad. No dejaba salir a mi verdadera intimidad … Los primeros meses fue genial, pasaba más tiempo con los amigos y hice muchas cosas nuevas, leía y salía más.

Pero, tras un tiempo, se aburría, no conseguía mantener el contacto con los amigos a través del correo ordinario, no estaba al tanto de los conciertos u obras de teatro …

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El ejemplo de Paul nos sirve para entender lo que significa cambiar para ser feliz. Si pensamos que lo que nos hace infelices viene de fuera, haremos lo que hizo él, cambiar los estímulos, lo externo. Si queremos buscar otra vía, quizás lo que nos tendremos que plantear es cambiar nosotros, aceptándonos y siendo conscientes de aquello que nos hace felices.

Tenemos una tendencia a la media. Es decir, nuestra vida se compone de momentos de tristeza y alegría que se van alternando. Somos muy felices en un momento determinado, lo disfrutamos, para luego volver a un estado medio, en el cual no podemos decir que estemos mal o bien. Buscar una fuente externa de felicidad, que es lo que habitualmente hacemos, nos lleva a disfrutar el momento, mientras dura la novedad, para luego volver a nuestro estado anterior.

Este es el modelo de sociedad en el que vivimos. Esperamos que las soluciones vengan de fuera y eso provoca, paradójicamente, que cuando vienen no nos cambian, al menos no sustancialmente. Es el mismo modelo de indefensión que definió Martin Seligman hace unas décadas y que explicaba muchos de los procesos depresivos.

Cambiar, al menos como lo entendemos aquí, consiste en un viaje interior. En buscar en nosotros lo que nos hace felices para explorarlo, para potenciarlo. Tiene mucho que ver con lo que se propone desde la atención plena o mindfulness, un acercamiento psicológico que nos propone vivir en nuestro presente, siendo conscientes de cada momento y siendo capaces de experimentarlo individualmente.

En un mundo en cambio, quizás este sería un buen momento para planteárnoslo. Este viaje hacia nuestro interior que nos haga capaces de vivir plenamente cada experiencia que tengamos.

Publicado originalmente el 17 de agosto de 2013