Nosotros Mismos

A menudo las personas dicen que aún no se han encontrado a sí mismas. Pero el sí mismo no es algo que uno encuentra, sino algo que uno crea.

Thomas Szasz

Nos podemos pasar toda la vida buscándonos. Y aún así no encontrarnos. Lo cierto es que, más allá de este repetido concepto, que podemos encontrar en muchos manuales de filosofía, libros de autoayuda y superación personal, llegar a comprender que puede significar para cada uno de nosotros, no es algo sencillo.

Quizás esto ocurra porque, desde que nacemos, nos van clasificando según diversas etiquetas. Algunas pueden tener sentido e incluso ser necesarias. Otras, simplemente, pueden ser una losa para descubrir nuestra propia identidad. No podemos definir, en un principio, según una serie cánones establecidos, que hacen referencia a nuestro género, nuestra raza, procedencia … Pero, en la medida en que permitamos que éstas características circunstanciales condicionen nuestra existencia, nos estaremos alejando de nuestro propio yo.

Conocernos es el trabajo de toda una vida. Y no es algo fácil. Especialmente porque implica esfuerzo y compasión. Lo primero, necesario para no caer en la trampa de identificarnos por comodidad con aquello que viene preestablecido por la sociedad o por cualquier grupo o persona. Lo segundo, porque es una tarea solitaria y paciente en la que podemos encontrar algunas cosas que no nos gustan y que deberemos observar con ecuanimidad, para poder cambiarlas.

Cada persona es genuina. Y cuanto más nos acercamos al reconocimiento y aceptación de nosotros mismos, más felices seremos. Hacerlo consigue que no nos sintamos desubicados continuamente, insatisfechos por no estar cubriendo alguna expectativa que se nos supone. Nos permite discernir con claridad que es lo que nos define y, por encima de todo, reconocer nuestro propio camino.

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Disconforme

El primer paso para sanar consistía en desprenderse de la energía negativa y el resentimiento; necesitaba una historia positiva que la conectara con la totalidad del universo y la luz divina.

Isabel Allende

Cualquiera de nosotros conoce alguien así. Es este tipo de persona que nunca va a ver positivo en algo. Su forma de comunicarse con los demás es una crítica permanente o disconformidad con todo lo que ocurre o con cualquier cosa que le propongamos.

Este comportamiento tóxico, corre el peligro de terminar calificando a la persona. Si permanentemente lo que recibimos son comentarios negativos, hirientes, irónicos, o de cualquier otro tipo que puedan estar reflejando una actitud incluso despectiva hacia algo que nosotros proponemos o que simplemente nos gusta, es muy normal que tendamos a apartarnos de esta persona.

Puede que no resulte algo justo, que incluso consiga esta persona se reafirme todavía más en sus comentarios y su forma de pensar, pero realmente es complicado desactivar este tipo de actitud.

Principalmente porque refleja una relación con el mundo que la persona percibe como asimétrica. Está fundamentada en el resentimiento. Esta es una de las emociones más tóxicas que el ser humano puede tener. Y que resulta muy difícil de cambiar.. Exige un reconocimiento sincero de nuestra propia incapacidad para relacionarnos de forma sana con lo que nos rodea. Refleja una profunda insatisfacción con nosotros mismos. No es sencillo aceptarlo. Especialmente porque no creemos que sea nuestra responsabilidad. Este sería quizás el primer paso para poder cambiar desde un enfoque negativo de la vida.

Este tipo de forma de pensar y actuar, también se deriva de la dependencia emocional. La persona no concibe que es ella la que debe cambiar. Que el mundo no confabula contra ella.

Cuanto antes lo haga, más pronto logrará ser feliz.

Ser yo

Era lo bastante listo para conocerse a sí mismo, lo bastante valiente para ser él mismo y lo bastante insensato para cambiarse a sí mismo y, al mismo tiempo, seguir manteniéndose auténtico.
Patrick Rothfuss

Una de las propuestas más escuchadas por parte de cualquier motivador que se precie ¡Sé tú!, nos dicen. Una llamada a la acción evidentemente atractiva y que puede impulsarnos -al menos durante un rato-, a pensar que es una buena idea.

Pero, si tras ese consejo tan apetecible, no vienen mal al menos una serie de orientaciones que nos permitan conseguir esa tan ansiada autenticidad. Es algo muy atractivo. ¿Qué pasaría si solamente pudieras “ser tú”?¿Si no tuvieses que preocuparte de lo que los demás piensan de ti?¿te resulta atractivo estas posibilidades?¿o te cuesta mucho considerarlo?

Supongo que, como a mi, todo depende. Indudablemente vivimos en un mundo en el que dependemos, en mayor o menor medida, de los demás. Y, nos guste o no, de lo que piensan de nosotros.

Desde luego que esto no es una invitación al postureo o las apariencias. Porque, sin duda, existen formas de conseguir ser nosotros mismos, conociéndonos y aceptándonos, sin necesidad de convertirnos en seres aislados, insensibles o maleducados.

Conseguirlo, combinando el respeto por nosotros mismos con el respeto a los demás es posible.

Ser uno mismo es incompatible con la mentira. Tanto con aquella que nos decimos a nosotros mismos, como la que usamos con otras personas. No nos educan para decirnos la verdad. No lo hacemos con nosotros ni con las personas que queremos … o no.

Mentir es estresante para nuestro cerebro. Ser auténtico es integridad. Es la coherencia entre lo que sentimos y como actuamos. Pero no es nada sencillo de conseguir. Más bien al contrario, puesto que no nos educan para ello. Nos educan para satisfacer a los demás, obviándonos nosotros.

Nos dicen que las mentiras piadosas están bien. Que no pasa nada. Pero es una forma de mentir, aunque sea para proteger a alguien. Y a nuestro cerebro no le gusta. Lo descoloca en cierta forma.

Entonces ¿qué podemos hacer?¿decimos siempre lo que pensamos u opinamos, pase lo que pase?

En absoluto. Existe una gran diferencia entre mentir y decir lo que se te pase por la cabeza. En muchas ocasiones simplemente no es necesario decir nada. El planteamiento sería saber si lo que podamos decir aporta algo al momento, soluciona un problema o mejora una situación. Aunque, en muchas ocasiones, no sea fácil de discernir.

Digamos, por ejemplo, que nuestra amiga nos pregunta que tal nos parece el vestido que lleva puesto en la boda a la que ambas estamos asistiendo. No nos gusta nada. No vemos que le quede bien. Pero sabemos que no es el momento (no puede cambiar el vestido) para contestarle lo que pensamos. ¿Qué respondemos? Lo adecuado sería no responder o cambiar habilmente el tema, pero no podemos evitar la pregunta. ¿les parece una buena opción fijarnos en lo que si nos gusta del vestido? Su color, su corte … etc. ¡Y pasar inmediatamente a preguntarle por que les parece el nuestro!

Otra situación completamente diferente es cuando nos vemos en una conversación en la que se nos pregunta acerca de nuestros valores, por ejemplo, respecto al feminismo. Si queremos satisfacer a nuestro interlocutor machista, simplemente podemos decidir no opinar, manifestando un silencio expresivo y claro. O, simplemente, decir lo que pensamos. Dejar claro que creemos que queda mucho camino por recorrer y que no debemos bajar la guardia en ningún momento. Si, esta es mi opinión.

En muchas circunstancias ser nosotros mismos se reduce a pensar en si lo que creemos cierto tiene que ver más con nuestro ego o, realmente, pensamos que puede aportar algo a las demás personas.

Tampoco es una decisión fácil. Lo sé.

Insultos

Quien me insulta siempre, no me ofende jamás.
Victor Hugo

Todo parece funcionar, incluso en las relaciones humanas, con el criterio de acción-reacción. Y puede que tenga algún sentido en otras ciencias, en psicología, no. Al menos, la parte mecánica de este proceso. Si damos una patada a una pelota, ésta se desplazará en sentido contrario (dependiendo de nuestra destreza, claro). Pero si lo que hacemos es proferir un insulto a alguien, las circunstancias pueden cambiar.

En primer lugar, podemos cosechar algo parecido a lo de la pelota. Recibiríamos un insulto, probablemente peor; en segundo lugar puede que recibamos algo más que un insulto, también parecido a la patada a la pelota; en tercer lugar podemos no recibir más que indiferencia, pero sabiendo que a la otra persona le ha molestado; en último lugar, podemos quedarnos con nuestro insulto puesto que lo que recibimos es bondad a cambio.

Difícil ¿verdad? En muchos casos imposible por condicionantes culturales y de historia personal. No estamos acostumbrados a esto de “la otra mejilla” o de la resistencia pacífica. Pero ¿y si les dijera que no es tan complicado? No siempre será posible, pero si alguien nos intenta faltar al respeto, lo cierto es que solo lo conseguirá en la medida en que nosotros aceptemos que sus palabras tienen un impacto sobre el respeto que nos tenemos a nosotros mismos.

Así, conseguir querernos, comprendernos y aceptarnos, se convierten en la piedra angular de nuestras reacciones. Aunque, de hecho, no las podríamos calificar así. Se me viene al teclado aquella historia que alguna vez les he contado, sobre el viejo samurai que aguantó, sin pestañear, la retahíla de insultos, improperios y provocaciones, de un joven guerrero que le retaba. Tras terminar el episodio, sus discípulos le preguntaron porque no reacciono a la enorme falta de respeto. Su respuesta resume lo que pretendo compartir hoy

“El venía con muchos regalos que, decidí no aceptar porque no me gustaban.

Y se ha vuelto a casa con ellos en la mochila”

Por esto les planteo si no será mejor reflexionar, dejar que pase a nuestro lado u ofrecerle un espejo a quien pretende insultarnos. De esta forma, se calificará el, no nosotros.

El Sabio

Alguien le preguntó a un sabio :

¿ Qué es Veneno ?

El sabio contestó : Cualquier cosa que sea más de lo que necesitamos, es  Veneno..

Puede ser Poder, Riqueza, Hambre, Ego, Codicia, Pereza, Lujuria, Ambición, Odio, o cualquier otra cosa.

¿ Qué es el Miedo ?

El Miedo es la no aceptación de la incertidumbre.

Si la aceptamos, la incertidumbre se convertirá en una aventura.

¿ Qué es la Envidia ?

La Envidia es la no aceptación de lo bueno que hay en los demás.

Si aceptáramos lo bueno que hay en los demás, entonces se convertiría en inspiración.

¿ Qué es la Ira ?

La Ira es la no aceptación de la cosas que están fuera de nuestro control.

Si las aceptamos, entonces se convertirá en tolerancia.

¿ Qué es el Odio ?

El Odio es la no aceptación de otra persona por su forma de ser.

Si aceptáramos a las personas de una forma incondicional, entonces se convertiría en amor.

Por lo tanto, todo es cuestión de aceptación….

Si nos resistimos a aceptar, eso nos creará estrés…en cambio, la aceptación nos libera del estrés.

¡Construye tu felicidad!

Ser feliz es una elección, pero no siempre sabemos como conseguir este objetivo. Es por esto que te proponemos algunas ideas que te inspiren a luchar por tu propia felicidad:

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No quiere decir que utilices la frase de “soy así” y dejes de responsabilizarte por lo que dices o haces. Aceptarte es saber tus virtudes así como tus defectos e intentar mejorar siempre.

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Aquí hay una verdad que aclarar: tu no puedes controlar a los demás, lo único que puedes manejar es tu propia expectativa acerca de ellos, lo que esperas que hagan o no hagan. Una vez que sepas esto te ahorrarás más de un disgusto y un sin fin de esfuerzos inútiles por intentar cambiar las cosas. Serás más feliz, estarás en paz con los demás y contigo mismo. No quiere decir que tengas que tragar con todo. Si alguna persona no te conviene simplemente aléjate.

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Y esto vale para todas las cosas, situaciones o personas en tu vida. Gastamos un tiempo precioso en pensar que existe alguna tipo de conspiración contra nosotros y, lo normal, es que no sea así.La mayoría de la gente es buena. Es un hecho.

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Siempre habrá a alguien a quien no le guste lo que hagas, lo que pienses o lo que digas en un momento determinado. Por lo que, ¿merece la pena molestarse tanto en agradar a los demás siempre?. La respuesta es un rotundo no.

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Según estudios recientes, hay una relación directa entre una vida activa y una más feliz.Cuando hacemos deporte segregamos endorfinas, las culpables de que nos sintamos contentos y plenos. Si no tienes tiempo para hacerlo, procura incorporar hábitos más saludables en tu día a día evitando ascensores y subiendo escaleras, yendo a pie siempre que puedas y utilizando menos el coche.

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No les des más vueltas cuando se presenten en tu camino. En vez de eso, busca una solución y, si no la tiene, bueno, recuerda el proverbio japonés:  “Si un problema tiene solución ¿para qué preocuparse? y si no lo tiene, ¿para qué preocuparse?”

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Tu tienes la ultima palabra de cuanto te rodea. No vale aquello de “las cosas pasan por algo”, “no puedo hacer nada”. Tú eres el único responsable de tus actos.

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La suerte o el azar, por desgracia, juegan un papel importante en tu vida. Aunque esto no contradice el anterior punto, ayuda saber que, a veces, simplemente, suceden cosas que no nos agradan y no podemos hacer nada por evitarlo.

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Porque lo harás, y más de una vez, a lo largo de tu vida. Cuando lo hagas, acéptalo e intenta aprender de los errores. Vivimos en un mundo donde intentamos evitar al máximo que los demás vean nuestros defectos y errores. Los grandes éxitos se publican en los medios sin contar todos los fracasos que han ido antes de ellos y que han sido fundamentales para alcanzar el objetivo. Al final pensamos que no tenemos derecho a equivocarnos o que somos inferiores por ello. Siéntete orgulloso de errar porque quiere decir que lo estás intentando.

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Llorarás de alegría, de tristeza. Te pasarán cosas muy buenas y, aceptémoslo, cosas realmente malas. Alguna vez pensarás que no hay salida, que no puedes más, que nunca te recuperarás de aquello pero, recuerda el punto 7 y ELIGE. Elige la vida, elige ser feliz. El tiempo lo cura todo, no hay más verdad que esa y nada es tan importante como para robarte la sonrisa.

Inadaptada

Para aquellos que sienten que no pertenecen a ninguna parte, existe belleza en ser inadaptado. La escritora Lidia Yuknavitch comparte su propio viaje díscolo en un collage íntimo de historias sobre pérdidas, vergüenza y el lento proceso de la autoaceptación. “Incluso en el momento de tu fracaso, eres hermosa”, dice ella. “Tú no lo sabes todavía, pero tienes la capacidad sin fin de reinventarte. Esa es tu belleza”.

Hay un mito en la mayoría de culturas acerca de seguir los sueños. Se llama el viaje del héroe. Pero yo prefiero un mito diferente, que está ligeramente al margen o por debajo del otro. Se llama el mito del inadaptado. Y dice así: incluso en el momento de tu fracaso, en ese momento, eres hermoso. Tú no lo sabes todavía, pero tienes la capacidad de reinventarte sin fin. Esa es tu belleza.

Puedes ser un borracho, un sobreviviente de violencia, puedes ser un exconvicto, puedes ser un sintecho, puede que pierdas todo el dinero el trabajo o a tu marido o esposa, o lo peor de todo, a un hijo. Puedes incluso perder tus canicas. Puedes estar en el punto muerto en el centro de tu fracaso y aún así, solo estoy aquí para decirte: Eres tan hermoso. Tu historia merece ser escuchada, porque eres un inadaptado raro y extraordinario.

Uds., personales especiales, son las únicas en la sala que puede contar su historia.

¿Te estás engañando?

¿Te cuesta enfrentar los hechos? Quizás estás en estado de negación. Refugiarse en este estado hace más sencillo nuestro día a día, aunque al final tengas que pagar el precio.

El autoengaño se define como “mantener dos ideas opuestas sin reconocer que existe un conflicto”. El precio que supone tal comportamiento incluye el riesgo de sufrir aislamiento, debido a la perdida de habilidad para conectarse con otros, que ocurre cuando tu inclinación a aceptar solo tu visión de la realidad es más grande que tu interés por la verdad.

Para los que no deseen enterrar su cabeza en la arena, conviene que se hagan la siguiente pregunta: ¿qué es peor, recibir una pequeña mala noticia sobre tu situación actual, o mantener una actitud de “aquí no está pasando nada” mientras tu empresa, dinero o carrera se van por el despeñadero?

No abordar los problemas puede afectar todos los aspectos de tu vida. La mayoría de nosotros hemos estado en este estado de negación en algún momento.

Etapas del engaño

El autoengaño tiene diversas etapas y puede convertirse en algo crónico. La primera etapa es el desconocimiento de hechos que no son placenteros, como emitir cheques sin fondo o pagar tus deudas con retraso.

Luego viene la fase donde todo es minimizado. Esta se origina cuando la persona admite el hecho, pero inmediatamente dice que todo está bien y entonces procede a racionalizar la acción.

Una tercera forma de mentirse así mismo es la proyección. Esto es cuando admites el problema, pero eludes la responsabilidad.

Admitir las verdades sobre nosotros mismos, y actuar en consecuencia, requiere valor y resolución. Es como cuando la cortina se abre repentinamente y puedes ver lo que realmente es.

Para ello, debemos empezar aceptando nuestro propio autoengaño. Lo primero que debes hacer es reconocer el problema y tomar la determinación de ser honesto contigo mismo, aunque duela.

En segundo lugar, deja a un lado la culpa. Se paciente contigo. No ayuda nada autocastigarte y darle vueltas a lo que ha ocurrido. Muchos de nuestros problemas de autoengaño vienen de pensar que todo tiene explicación. Es nuestra idea de que podemos controlarlo todo.

Date tiempo y espacio para poder ver la situación con perspectiva. Puede que te ayude la soledad o contactar con alguna persona que respetes o aprecies, pero que no esté en tu circulo más cercano.

En caso que te esté costando, puede ser adecuado que acudas a terapia psicológica. La ayuda profesional facilitará el necesario cambio que es necesario para superar el autoengaño y sus efectos.