¿Qué estrés tengo?

La ansiedad es un chorro fino de miedo circulando por la mente. Si es alentado, abre un canal  que drena todos los otros pensamientos .
Arthur Somers Roche

Hay tres tipos de estrés a los que nos podemos enfrentar en nuestra vida diaria, y cada uno nos afecta de diferente forma.

El estrés es la reacción de nuestro cuerpo a situaciones, pensamientos o ideas que nos desconciertan y, en cierto modo, nos asustan. Es un sentimiento de incomodidad que nos atrapa y tiene una naturaleza bastante subjetiva. El estrés es algo personal, totalmente dependiente de la forma que tenemos cada uno de interpretar lo que pueda estar ocurriéndonos.

El estrés sin embargo, ha sido malignizado, aún sabiendo que no todos los tipos de estrés son perjudiciales para nosotros. De hecho un nivel moderado de estrés, puede ayudar a nuestra eficiencia e incrementar nuestros niveles de alerta. Podríamos decir este es un estrés positivo que nos estimula para conseguir aquello que queremos.

Pero es el estrés negativo, el que lleva a la constante preocupación y sus consecuencias se pueden manifestar tanto física como emocionalmente, provocando que la persona se sienta atrapada e indefensa.

Este tipo de estrés, se divide en tres grandes categorías, que actúan de forma diferente. Tienen consecuencias diferentes para nosotros, Y por lo tanto deben ser acordadas de una forma diferencial. Es importante que conozcamos y entendamos las diferencias existentes entre estos diferentes tipos. Estas son las tres categorías de estrés, según la asociación de psicología americana.

Estrés agudo

El estrés agudo lo sentimos prácticamente a diario. Es el tipo más común de estrés está habitualmente inducido somo resultado determinados cambios en nuestro entorno O de emergencias de diferentes tipos, que nos hacen reaccionar negativamente.

Este tipo de estrés  no puede decirse que sea totalmente negativo, ya que puede ser estimulante en determinadas dosis. Una montaña rusa, por ejemplo, crea un estrés agudo, pero en una forma que realmente no compromete nuestra salud.

El estrés agudo, sin embargo, comienza a ser peligroso cuando progresa en intensidad Y en la frecuencia con que aparece. Nuestra mente y cuerpo están acostumbrados generalmente, a este tipo de estrés, y saben cómo reaccionar. Hasta que te empieza a progresar. El trastorno de estrés agudo es una de las consecuencias a largo plazo del estrés Y se convierte en un problema de salud, cuando nuestro cuerpo y nuestra mente no son capaces de manejarlo con la misma eficiencia que lo hacían al principio.

Estrés agudo episódico

Este segundo tipo de estrés ocurre cuando experimentamos un período prolongado de estrés agudo, y puede tener consecuencias muy negativas para la persona. El estrés episó.dico ocurre frecuentemente Y permanecer por períodos más largos de tiempo, ejerciendo una gran presión sobre quien lo padece

La sobre activación es uno de los efectos más relevantes de este estrés, Y las personas que lo sufren están frecuentemente frustradas, irritadas, nerviosas y con una sensación de estar al borde de la ansiedad en todo momento.

Resulta muy común estén preocupadas en todo momento por una gran diversidad de razones, incluso las más triviales. Pueden ponerse agresivas, irritable e incluso extremadamente competitivas, empujándose a ellas mismas a un nivel de exigencia mental insano.

Estrés crónico

El estrés crónico es una de las formas más agónicas de estrés puede, literalmente, engullir a una persona. La hace sentir, de forma gradual, pero continua, indefensa, atrapada y completamente perdida en su dolor. Es algo muy desesperante.

Es el estrés de la pobreza, el de aquellas personas que viven en la guerra o de quienes son continuamente maltratados. Lo experimentan quienes viven en una familia disfuncional o se ven atrapados en un matrimonio infeliz. Sin sentir que puedan escapar de ello.

Se cree que lo peor de este estrés no es la tensión continua que supone, sino el hecho de que la persona se acostumbra a ir con el tiempo. Lo vive como algo normal y deja de intentar confrontarlo o manejarlo.

No hay que decir que los efectos de este último tipo de estrés pueden ser devastadores para la persona. Pueden conducirle al suicidio, infarto, o a cualquier otro tipo de consecuencias física en su organismo.

Conocer que tipo de estrés tenemos exige la evaluación por parte de un profesional de la salud mental. Su abordaje y tratamiento es algo complejo que no podemos manejar sin su ayuda.

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Ansiedad

Ningún Gran Inquisidor tiene preparadas torturas tan terribles como la angustia; ningún espía sabe cómo atacar con tanta astucia al hombre del que sospecha, escogiendo el momento en que se encuentra más débil, ni sabe tenderle tan bien la trampa para atraparlo como sabe hacerlo la angustia, y ningún juez, por perspicaz que sea, sabe interrogar y sondear al acusado como lo hace la angustia, que no lo deja escapar jamás, ni con distracciones y bullicio, ni en el trabajo ni el ocio, ni de día ni de noche.
Soren Kierkegaard.

 

Tener ansiedad es principalmente temer. Es un trastorno, que cuando se consolida, se apodera de la vida de quien lo padece. Está permanentemente ahí, no aparece cuando queremos cuando creemos que puede aparecer. Lo hace de forma imprevisible. No te avisa, ni te permite anticiparlo.

La ansiedad, o en este caso el trastorno de ansiedad generalizado, es algo que nos puede tocar a cualquiera Y no tiene edad. Las causas pueden ser múltiples, incluso se llegado a plantear causas genéticas..

Lo cierto es que la ansiedad es un trastorno que se auto alimenta. No nos sentimos bien, no podemos hacer aquello que queremos hacer, y no sentimos bien por qué no podemos hacerlo. Es un círculo vicioso del que es muy complicado salir ayuda profesional.

El primer paso para conseguirlo es, evidentemente, reconocerlo. Es en esta etapa donde más daño se puede hacer la persona que tiene ansiedad. Generalmente se tarda mucho en hacerlo. Pensamos que podemos solucionarlo, e incluso parece que pensarlo nos hace sentir mejor durante un rato. Esto provoca que las decisiones de acudir la terapia se dilaten, se pospongan, o se anulen.

En este momento el papel de las personas que nos rodean, de quienes nos quieren, es esencial. Entender que de este proceso no se sale con voluntad y que no es algo que esté bajo el control de quien lo sufre, es nuestra principal herramienta de ayuda..

La ansiedad exige tratamiento psicológico. No se pasa, no es una fase, ni tampoco es un capricho de quien lo sufre.

¿Debo ir a terapia?

Que señales son las que me lo pueden indicar.

Todas las personas, en algún momento, experimentamos periodos de stress, pena o conflicto. Lo que puede resultarnos más difícil es saber cuando, si nos encontramos mal, debemos acudir a terapia psicológica.

Generalmente, o no vamos o dejamos que pase mucho tiempo con la esperanza de que el tiempo lo cure. Estamos hablando de trastornos moderados que, muchas veces solo requieren orientación o unas pocas sesiones.

Puede que todavía sigamos viviendo el estigma que se asocia a acudir a terapia. Si tenemos que ir es porque estamos mal de la cabeza, o porque somos débiles y no podemos manejar nuestra vida. Asociado a esto, también nos encontramos con el miedo a que el tratamiento sea muy caro o que nos lleve mucho tiempo.

Pero ¿cómo se si tengo que ir a terapia?

Les dejo algunas orientaciones, que pueden servir para no dejar que la madeja se enrede más de lo necesario.

Si un problema, tanto sea tu trabajo, en tu ocio o en tus relaciones sociales, altera permanentemente tu vida, quizás sea el momento de acudir a recibir orientación.

Lo hemos intentado todo -o eso creemos- pero nada de lo que has hecho, ha conseguido una mejora. Nos metemos en una espiral de desesperanza que lo que puede conseguir es, precisamente, agravar nuestro problema. La terapia psicológica te puede ayudar.

Comienzas a abusar de sustancias o medicamentos. ¡Cuidado!, esto puede dar paso a una espiral de dependencia que coloca la solución de nuestro problema fuera de nuestro alcance.

Estos y otros síntomas pueden indicarnos la necesidad de acudir a terapia. Si lo hacemos pronto, solucionarlo será más sencillo y aumentará nuestra capacidad de manejarlo en situaciones futuras.

Pensamientos negativos automáticos

En nuestro día a día el cerebro interpreta de forma automática todo lo que nos rodea y, aunque en la mayoría de los casos los mensajes que nos ofrece son positivos y útiles, también puede confundirnos. Los psicólogos han estudiado en profundidad lo que se conoce como “pensamientos negativos automáticos” (PNA) : ideas perniciosas que aparecen en nuestra cabeza sin que las busquemos y constituyen una peligrosa fuente de emociones perturbadoras.

Aunque los PNA han sido objeto de estudio de numerosos psicólogos y psiquiatras, fue uno de los fundadores de las terapias cognitivas, el psiquiatra estadounidense Aaron T. Beck, quién más contribuyó a su definición en los años 60. Beck creía que los PNA eran determinantes en nuestro bienestar, o más bien en nuestro malestar. En su opinión, estos pensamientos negativos sabotean lo mejor de nosotros mismos y, si no sabemos controlarnos, acaban creando una situación de inseguridad, ansiedad e ira que, a su vez, genera nuevos PNA. Un círculo vicioso del que no es fácil salir, en el que los pensamientos negativos se repiten una y otra vez.

Estos pensamientos negativos sabotean lo mejor de nosotros mismos y, si no sabemos controlarnos, acaban creando una situación de infidelidad e ira

Por suerte, hay técnicas para escapar de este peligroso entramado cerebral. La plasticidad neuronal, que cada vez conocemos mejor, demuestra que el cerebro es voluble: todos podemos acabar con los ANT y poner en su lugar pensamientos positivos. Pero para ello, lo primero que tenemos que hacer es identificar estos y entender que se trata de pensamientos de los que no somos responsables (al menos no de forma consciente).

Desenmascarando a nuestro crítico interior

Detrás de la mayoría de sensaciones de malestar se encuentran uno o varios ANT, de los que no siempre es fácil percatarse. Para identificarlos, primero debemos saber qué tres características principales cumplen estos pensamientos:

  • Son mensajes específicos

Los PNA suelen tener una forma específica y recurrente, fácilmente identificable en nuestro discurso interior. Dado que nuestro Pepito Grillo maligno siempre habla de la misma forma, es fácil desenmascararle. En general se trata de mensajes que parecen taquigrafiados, compuestos por una frase corta que aparece en nuestra cabeza una y otra vez, en forma de recuerdos, suposiciones o autorreproches, como la reconstrucción de un suceso pasado (“si hubiera hecho x, no habría pasado x”), la creación ficticia de un suceso futuro (“siempre hago mal x, y en futuro volverá a ocurrir lo mismo”), o una exigencia culpabilizadora (“tendría que haber hecho x, debería hacer x…”).

  • Son mensajes creíbles

Los PNA surgen de forma automática, espontánea: entran de forma brusca en la mente, sin que hayamos hecho ningún juicio previo de la situación. Pero, pese a lo poco sólido de sus argumentos, los percibimos como verdades absolutas, como ideas que llevamos reflexionando mucho tiempo; y es ahí donde reside su peligrosidad: damos por cierto algo que no lo es.

Si logramos identificar estos pensamientos, para analizarlos en frío, lograremos darnos cuenta de lo ridículos que resultan en la mayoría de ocasiones

Aunque desde fuera los PNA puedan parecer ridículos, la persona que los sufre los considera muy reales y creíbles, precisamente porque no se para a analizarlos (de ahí lo positivo que resulta compartir estos con terceras personas). Los damos por válidos, sin cuestionarlos, pues se viven como verdades absolutas espontáneas, algo que se puede solucionar si aprendemos a analizarlos con lógica para comprobar que sus conclusiones son exageradas.

  • Son mensajes irreflexivos

Para saber mantener a raya estos pensamientos negativos (acabar con ellos por completo es imposible), debemos darnos cuenta de que nuestra voz interior sólo nos ofrece un punto de vista: los PNA responden a una automatización del cerebro, que no incluye una reflexión previa del juicio emitido, pero que parece de lo más lógica. Si logramos identificar estos pensamientos, para analizarlos en frío y con cautela, lograremos darnos cuenta de lo ridículos que resultan en la mayoría de ocasiones, y conseguiremos neutralizarlos.

Los 10 pensamientos negativos más comunes

Aunque los PNApueden ser de muchos tipos, y varían enormemente en función de cada persona, lo cierto es que suelen encajar en determinadas categorías. Al final, como ocurre siempre en estos casos, los seres humanos no somos tan distintos y nuestras preocupaciones se parecen.

Nuestro bienestar depende en gran medida de que aprendamos a identificar estos pensamientos perniciosos y logremos relativizar su importancia

El periodista John Paul Flintoff, autor del libro Cómo cambiar el mundo (B de Books) y profesor de The School of Life, ha estudiado el asunto con detenimiento y ha llegado a la conclusión de que existen 10 PNA principales, que todos sufrimos en un momento dado, y las ha compartido en The Guardian. Nuestro bienestar depende en gran medida de que aprendamos a identificar estos pensamientos perniciosos y logremos relativizar su importancia.

1. Pensar sólo en blanco y negro

Estas PNA no dejan lugar a los grises, si algo malo ha ocurrido es sólo por tu culpa, y no hay solución: “He fallado por completo”, “cualquier otro podría hacerlo”, “esto sólo me pasa a mí”…

2. Leer la mente de otras personas

Estamos acostumbrados a castigarnos por lo que piensan otras personas de nosotros o nuestros actos, cuando en realidad es imposible que sepamos lo que piensan. Pensamientos tan comunes como “creen que soy aburrido” o “piensan que soy un torpe” son PNA en toda regla.

3. Adivinar el futuro

El complejo de adivino está detrás de numerosas PNA. Pensamos que el futuro va a desarrollarse de tal o cual manera, cuando en realidad no tenemos ni idea. “No tiene sentido intentarlo”, nos decimos. “No va a funcionar”. Un pensamiento negativo muy frecuente y que lleva al inmovilismo.

4. Generalizar

Otro de los pensamientos negativos que todos hemos experimentado en una ocasión. Sin pararnos a pensar, pensamos que, si algo ha pasado una vez, volverá a repetirse. “Siempre pierdo las gafas de sol, así que las volveré a perder”, decimos. Puede ser, pero también puede que nos duren toda la vida.

5. Minimizar las cosas positivas

Ni cuando nos ocurre algo bueno estamos contentos. “Sí, me ha salido bien el examen, pero cualquiera puede hacerlo mejor”. Vale, es cierto, siempre hay alguien mejor que nosotros, pero no hay razón para minusvalorar las cosas que hacemos bien.

6. Dramatizar

Hacerse la víctima, y crear melodramas innecesarios, es también algo muy propio de los pensamientos automáticos. “No encuentro mi bolso. Me estoy haciendo vieja”. ¿Cuántas veces hemos oído una frase como esta a nuestras madres o abuelas? No existe una relación causal en esa afirmación, pero aun así nos lo creemos.

7. Tener expectativas poco realistas

Todos tenemos un límite, y aunque pensar que no lo tenemos puede ser positivo para alcanzar determinadas metas, también puede ser contraproducente. ¿Cuántos deportistas o conductores han pensado “tengo que seguir, aunque esté agotado” y han acabado lesionándose o en la cuneta?

8. Insultar, a nosotros mismos y al resto

Dado que los PNA son mensajes telegráficos y específicos muchas veces, demasiadas, aparecen en nuestra mente en forma de insultos: “soy un inútil”, “mi compañero es imbécil”, “mi jefe es tonto”… Todos caemos en este juego día sí y día también, el problema es que, en muchas ocasiones, nos creemos lo que pensamos, y acabamos tratándonos a nosotros mismos o a los que nos rodean de forma acorde al insulto que les estamos dedicando.

9. Autoculparse

Aunque la mayoría de nosotros tendemos a culpar al resto de nuestros errores, hay personas que se culpan de todo, incluyendo cosas sobre las que no han tenido ninguna responsabilidad. “Parece enfadada, seguro que es por mi culpa” es una frase que ha acabado con numerosas relaciones.

10. Ser catastrofista

Una de los PNA más extremas, y más propias de las personas que acaban padeciendo depresión, se caracteriza por pensar que todo lo que nos rodea va acabar mal. Lo triste es que, si entramos en ese círculo vicioso, pensaremos realmente que todo nos va mal, y al final, tendremos razón.

Artículo de @mayusorejas en @ecvida Original aquí

La mejor forma de combatir estos pensamientos es ser consciente de que están ahí, no negándolos, pero a continuación reflexionar sobre ellos. Para esto te ayudará el hacerte algunas preguntas que te van a obligar a abordar la autenticidad de esos pensamientos y su poder sobre ti de un modo más racional. Aquí te dejo una lisa de esas preguntas agrupadas en cuatro bloques temáticos:

  1. Preguntas sobre la racionalidad/realidad de los pensamientos.
    ¿Es verdadero?, ¿cuáles son las evidencias a favor y en contra?, ¿hay otras explicaciones más razonables o realistas?, ¿qué pasos debería dar para saber si este pensamientos es verdadero o falso?
  2.  Preguntas que te ayudan a cambiar la perspectiva para tener un enfoque más objetivo.
    ¿Qué le diría sobre este modo de pensar a un amigo?, ¿estaría de acuerdo con mi interpretación de esta situación un tribunal imparcial?, ¿qué argumentos daría este tribunal a favor y en contra?
  3. Preguntas que giran alrededor de las ventajas y desventajas de mantener ese o esos pensamientos.
    ¿Cuáles son las ventajas y desventajas de mantener este pensamiento a corto y largo plazo?, ¿me gustan?, ¿estoy dispuesto a asumir las posibles desventajas a cambio de evitar el esfuerzo de debatir con mis pensamientos?
  4. Reflexiones en torno a tu sentido de capacidad para abordar la situación que deberías abordar si deduces que tus pensamientos automáticos negativos no coinciden completamente con la realidad.
    Si deduzco que algunos pensamiento sobre la realidad no son “realistas”, ¿estoy dispuesto a hacer lo que debería hacer para cambiar la situación?, ¿estoy dispuesto a aceptarla si deduzco que no puedo hacer nada para cambiarla?, ¿necesitaría algún tipo de recurso o ayuda para afrontarla?

Extraído de Escuela de Emociones

Timidez

Cuando quien la sufre, sufre

La elusión e inhibición incluyen:
  • Cancelar compromisos sociales en el último momento.
  • Evitar situaciones que ofrecen una interacción social positiva.
  • Tener pocos amigos o ninguno.
  • Evitar actividades que de otro modo resultan placenteras. Ser pasivo, pesimista y tener baja la autoestima.
  • Generar preocupación en amigos, familiares, docentes y mentores.
  • Usar excesivamente el ordenador, que no permite socializar por naturaleza, y tener contacto personal.
Las investigaciones muestran que la inhibición, elusión y angustia pueden ser causadas por:
Influencias temperamentales o biológicas
  • Ser retraído, elusivo y excesivamente reactivo desde el punto de vista emocional.
  • Ser muy sensible, cuando no se tiene el apoyo social adecuado.
  • Tener poca integración emocional con miembros de la familia o en otros ambientes.
Sucesos estresantes de la vida
  • Experiencias vergonzosas.
  • Cambios significativos de escuela o ciudad.
  • Cambios abruptos o alteraciones a la vida familiar.
Interacciones familiares negativas
  • Frecuentes críticas o situaciones en las que los padres avergüenzan a los niños con el fin de obligarles a que cumplan con las normas de conducta. (Mucho control de los padres con poca expresión de afecto).
  • Interacciones familiares caóticas o de abandono.
Ambientes estresantes en la escuela o el trabajo
  • Ambientes muy competitivos, críticos u hostiles.
  • Situaciones de vergüenza en público por mal desempeño.
  • Se recompensa a las conductas de dominación y se ignoran o alientan las burlas o intimidaciones.
Cómo pueden ayudar los seres queridos, los amigos y los mentores
  • Mantenga expectativas adecuadas a la vez que expresa empatía por las emociones de sufrimiento de la persona tímida.
  • Aliéntele a que le cuente sobre sus experiencias cotidianas y cómo se siente al respecto.
  • Reconozca el conflicto entre las necesidades de pertenencia y los temores al rechazo. Simule situaciones desafiantes con la persona tímida.
  • Ayude a la persona tímida a fijarse objetivos de conducta manejables y específicos, y lleguen a un acuerdo sobre los medios razonables para lograrlos.
  • Ayúdele a cuestionar los pensamientos negativos frecuentes sobre sí mismo y sobre los demás, así como también a desarrollar alternativas constructivas.
  • Evite catalogar o etiquetar negativamente y presionar de manera intensa con relación al desenvolvimiento social.
  • Recuerde que la timidez y la ansiedad social son experiencias comunes y universales para la mayoría de las personas de todas las edades.
¿Qué puede hacer la psicología?

Con terapia de grupo se brinda un espacio para explorar, experimentar, probar las hipótesis pesimistas acerca de sí mismo y la interacción social, así como también para desarrollar estilos de interacción adaptativa.

La terapia disminuye las barreras que inhiben la acción y aumenta en forma adecuada la toma de riesgos y la autoestima. También aumenta la capacidad para seleccionar voluntariamente espacios sociales y/o situaciones que se ajusten al temperamento propio.

La terapia individual ofrece un espacio para explorar las necesidades propias, actitudes, creencias y conductas, sin la presión de los demás.

La terapia individual y de grupo ayuda a que los pacientes desarrollen una mayor empatía por el prójimo y por ellos mismos, reduciendo así los pensamientos negativos sobre sí mismos, la propia culpa y la vergüenza, a la vez que genera perspectivas positivas y patrones de conducta eficaces.

Fuente: American Psychological Association

¿Qué provoca la adicción?

Quizás todo lo que creías está mal

¿Qué provoca la adicción? desde la cocaína hasta los teléfonos inteligentes, ¿y cómo podemos superarla? Johann Hari nos plantea como muchos de los métodos actuales han fallado, al estar firmemente basados en un modelo moral, especialmente los que incluyen medidas punitivas para los adictos.

Este autor, al ver a sus seres queridos luchar por controlar sus adicciones, empezó a preguntarse por qué tratamos a los adictos de la manera como lo hacemos… y si podría haber una mejor forma.

Nos cuenta en esta charla profundamente personal, como sus preguntas lo llevaron por el mundo para descubrir algunas sorprendentes y esperanzadoras formas de pensar sobre este antiguo problema.

¿Qué ocurre con la adicción entonces?¿Qué la causa? Sencillo. La provocan las drogas (en el caso de las drogodependencias, al menos), ¿verdad? Pues bien, la historia puede no ser tan sencilla como nos han hecho creer.

Este video, adaptado del libro de Johan Hari, Tras el Grito”, te puede ayudar a ver las cosas desde otro punto de vista

 

Agorafobia

La agorafobia es un trastorno de ansiedad caracterizado por la angustia en situaciones en las que la persona percibe un ambiente como peligroso, incómodo o inseguro. Estas situaciones pueden incluir espacios abiertos, las situaciones sociales incontrolables, lugares desconocidos, centros comerciales, aeropuertos, puentes … Suele empezar con una crisis de angustia o ataque de pánico.

Posteriormente, para evitar que esa crisis se repita, el agorafóbico deja de frecuentar el lugar donde se desarrolló la primera crisis. Porque existe un miedo a que esa situación se vuelva a repetir. Se desarrolla una ansiedad ante la posibilidad de tener otro ataque. Con el tiempo es posible que la persona comience a generalizar su miedo a otras situaciones (se va acogiendo cada vez mas a sagrado) hasta que su vida va tornándose cada vez mas limitada.

Por lo tanto la agorafobia es un conjunto de fobias, un conjunto de miedos que se desencadenan cuando la persona no se halla en ese lugar seguro. La persona sabe que su miedo es irracional, pero en el fondo no se termina de creer que no le ocurrirá nada fuera de ese lugar seguro, por muchas veces que intenten repetírselo. Explicar la teoría es muy fácil, otra cosa es llevarlo a la práctica. Pero hay que tener en cuenta que los procesos de las personas son diferentes, y que cada uno tiene su propio ritmo.

Agorafobia.png

Fuentes: Agorafobia Online

¿Será depresión?

En la sombra, lejos de la luz del día, la melancolía suspira sobre la cama triste, el dolor a su lado, y la migraña en su cabeza.
Alexander Pope

Según la Organización Mundial de la Salud, más de 350 millones de personas en el mundo sufren depresión y sigue en aumento. La mayoría de nosotros no pensamos que nos pueda afectar. La sociedad sigue apartando este trastorno mental, tan común, de su reconocimiento. Pero lo cierto es que la incidencia de depresión y ansiedad se ha multiplicado durante las últimas décadas.

¿Las razones? Probablemente muchas y muy individualizadas. Y la gran mayoría asociadas a nuestro estilo de vida. Nuestra salud mental no parece ser una prioridad. Y mientras cuidamos nuestro cuerpo, el cuidado de nuestro cerebro no parece ser una prioridad.

En un estudio, llevado a cabo en 2014 por J. Twenge, se muestra como los jóvenes de estos días tienen una probabilidad del 38% mayor de desarrollar depresión que las personas de su misma edad hace treinta años.

Los síntomas más comunes de depresión, desconocidos para la mayoría, incluyen: apetito pobre, problemas de sueño, dificultades de concentración, inquietud o sentirse abrumado.

A pesar de sufrir estos síntomas, no parecemos ser más proclives a admitir que estamos deprimidos, cuando se nos pregunta directamente. Lo que sugiere que, a pesar del incremento de la incidencia de este trastorno, admitir que lo sufrimos sigue siendo tabú

La depresión o la ansiedad siguen siendo, en pleno siglo XXI, una circunstancia incomprendida, que la mayoría que lo padece, oculta. Esta resistencia sigue dificultando el abordaje de este trastorno, y haciendo que muchas personas sientan estar viviendo una vida desgraciada, en soledad.

Si es tu caso, no temas contarlo a quien te puede apoyar. De la depresión se sale con tratamiento psicológico, no desaparece con el tiempo.

¿Por qué no pedimos ayuda?

Nuestra salud mental es tan importante como la física. Entonces porque no cuidamos nuestro cerebro como lo hacemos con nuestro cuerpo. ¿Por qué no pedimos ayuda profesional cuando la necesitamos?

Hay muchos motivos por los cuales no buscamos ayuda para resolver sus problemas de salud mental. El temor, la pena y la vergüenza impiden con frecuencia que las personas y sus familias hagan algo.

A veces ser capaces de buscar la ayuda, el apoyo o el tratamiento profesional que necesitamos, es una cuestión de cambio de enfoque. Cambiar la opinión acerca de la salud mental y cambiar el modo en que reaccionamos ante estos problemas.

Te presentamos algunos puntos importantes para recordar:

  • La salud mental es igual de importante que la salud física. De hecho, las dos están estrechamente relacionadas.
  • Los problemas de salud mental son reales y merecen ser tratados.
  • No es culpa de la persona si tiene problemas de salud mental. No se debe culpar a nadie.
  • Los problemas de salud mental no son signos de debilidad. No son algo de lo que usted pueda salir solo incluso si lo intenta.
  • No importa si es hombre o mujer, está bien pedir ayuda y obtenerla.
  • Hay esperanza. Las personas mejoran y se recuperan con ayuda del tratamiento y son capaces de disfrutar de vidas más felices y más sanas.

Hay muchas situaciones como, por ejemplo, un divorcio en la familia o relaciones tensas con amigos, que pueden provocar estrés emocional. Las situaciones difíciles, pueden hacer que te sientas triste o desanimado durante un tiempo. Eso es diferente a tener problemas de salud mental como la depresión. Por ejemplo, las personas jóvenes que tienen depresión suelen experimentar una sensación abrumadora de impotencia y desesperanza durante períodos prolongados. Esta depresión puede conducir a sentimientos de suicidio.

Determinadas experiencias, pensamientos y sentimientos indican la presencia de una diversidad de problemas de salud mental o la necesidad de recibir ayuda. Es importante reconocer las siguientes señales:

  • Encontrar poco o ningún placer en la vida.
  • Sentirse inútil o sumamente culpable.
  • Llorar mucho sin ningún motivo en particular.
  • Aislarse de otras personas.
  • Experimentar ansiedad grave, pánico o miedo.
  • Tener grandes cambios en el estado de ánimo.
  • Experimentar un cambio en los patrones de alimentación o sueño.
  • Tener muy poca energía.
  • Perder el interés en los pasatiempos y las actividades placenteras.
  • Tener demasiada energía, tener problemas para concentrarse o continuar con planes trazados.
  • Irritarse o enojarse con facilidad.
  • Experimentar un ritmo acelerado de pensamientos o agitación.
  • Escuchar voces o ver imágenes que otras personas no experimentan.
  • Creer que los demás se confabulan contra usted.
  • Querer hacerse daño o querer hacérselo a otra persona.

No es necesariamente fácil detectar estas señales o darse cuenta de lo qué significan. Los profesionales de la salud mental cualificados están capacitados para hacer un diagnóstico preciso.

Como regla general: cuanto más tiempo duran las señales, más graves son; y cuanto más interfieren con la vida diaria, mayor es la posibilidad de que sea necesario un tratamiento profesional.

Fuente: Asociación Americana de Psicología.

¿Depresión?¡No, gracias!

Gandhi la definió“como la experiencia de sentir como se te seca el corazón y querer huir del mundo”. El Dalai Lama se refiere a este trastorno “como los pensamientos y emociones que alteran nuestra paz interior”. El escritor John Keats comentaba la desesperanza que provocaba en su alma: “Si estuviese bajo el agua, apenas intentaría nadar para no ahogarme”.

Cada parte de nuestra mente y cuerpo puede sentir su peso. Sabotea nuestros pensamientos y sentimientos, influencia nuestra conducta o elecciones y se traga nuestra salud física y mental.

Puede ser un serio trastorno psicológico que nos roba la felicidad, y cubre de oscuridad a quien la sufre. Nos afecta a todos, directa o indirectamente.

La depresión tiene muchas caras. Algunas personas deprimidas funcionan de una forma relativamente normal a pesar de un permanente sentimiento de infelicidad crónica. Otras están incapacitadas con continuos pensamientos negativos que convierten su cerebro en un laberinto del que es imposible escapar. Algunos descubren que actividades que les gustaba hacer o personas que querían tener cerca, ya no les resultan satisfactorias o deseables. Parecen haber perdido toda capacidad para controlar sus pensamientos o acciones.

Puede que esto les resulte familiar en parte, o totalmente. Quizás lo han sufrido en el pasado, incluso varias veces, o lo están sufriendo ahora. O tal vez tienen una sensación inexplicable que les, dificulta concentrarse, que les quita la motivación, les aburre, o produce fatiga, introduciéndoles en un incesante círculo mental de pensamientos negativos. Quizás han considerado incluso quitarse la vida.

¿Qué sentido tiene vivir?, puedes preguntarte. Nadie puede ayudarme. Nunca cambiará nada. Puede hacerte sentir tal desesperación que, como Keats, apenas intentarás nadar hacia la superficie. Tus pensamientos son reales. Cuando estás deprimido, te sientes desesperado. Pero esto no significa que tu situación lo sea.

Es lo que ocurre con la depresión. Te engaña. Te hace creer que tus pensamientos son hechos. Puede arrebatarte hasta el último ápice de esperanza. Pero la hay. Por supuesto. Puedes sentirte mejor. Puedes volver a controlar tu mente, tu humor, tu vida.

La ciencia está demostrando que tenemos antidepresivos naturales en nuestro cerebro. Son sistemas mentales (pensamientos y conductas) que construyen en lugar de destruir. Que nos permiten ayudarnos a nosotros mismos a mejorar nuestro ánimo.

Desde luego que no es sencillo que nos acostumbremos a utilizarlos. Por un lado, debido a la dificultad que entraña ponernos a hacer algo cuando estamos deprimidos. Por otro, porque nuestra cultura de lo rápido y la no consciencia, nos empuja a acordarnos de las soluciones, solo cuando los problemas aparecen. No cultivamos nuestra salud, ni la física y mucho menos la mental. Los sistemas que propone E. Goldstein en su libro Uncovering Happiness son los siguientes:

Mindfulness: Un estado mental flexible y no sesgado, en el que estamos abiertos y curiosos a lo que está presente, tenemos perspectiva, y somos conscientes de nuestras opciones.

Autocompasión: Un estado en el que comprendemos nuestro propio sufrimiento y utilizamos la atención plena, el cariño y la comprensión para hacerlo sin juzgarnos, considerándolo parte de la condición humana.

Propósito: Consiste en implicarnos activamente en vivir de acuerdo a nuestros valores, sintiendo compasión por los demás y siendo consciente de la contribución de nuestra existencia al mundo.

Juego: Un estado flexible de la mente en el que estamos implicados y presentes en alguna actividad aparentemente sin propósito, que encontramos interesante, agradable y satisfactoria.

Maestría: Sentimos un control personal y confianza y estamos implicados en aprender para mejorar en algo que nos importa de verdad.

Mediante el desarrollo de estos cinco antidepresivos naturales podremos fortalecer nuestra habilidad cerebral para actuar como nuestros propios medicamentos naturales que pueden ser tan -o incluso más- poderosos, que la medicación antidepresiva.