Yo primero

Ser celoso es el colmo del egoísmo, es el amor propio en defecto, es la irritación de una falsa vanidad.

Honoré de Balzac

Nos llevan bombardeando, desde hace tiempo, con la idea de que nuestra felicidad, estabilidad emocional e, incluso, el amor, está íntimamente ligado a como nos queramos. O más bien, a si lo hacemos o no.

Hemos de admitir que, expresado de esta forma, queda muy bien. Si no te quieres a ti mismo, no podrás querer a nadie. ¿A que es atractiva la frase? Pero, -y esta es una pregunta que me hago en alto- ¿qué es quererse a uno mismo?.

Puede sonar a egoísmo ¿a qué si? De hecho hay quien lo entiende así y aplica aquello de yo “por delante de todo”. Una interpretación muy particular de la propuesta que sugiere la frase. Y también muy equivocada. No van por ahí los tiros.

Querernos a nosotros mismos es comenzar un camino adecuadamente. Es decir, no se trata que queramos a los demás y no a nosotros. De hecho, lo que ocurre es que no es posible querer si el punto de partida de ese amor no somos nosotros. Si no lo hacemos así, lo que estamos haciendo es buscando en otras personas lo que no somos capaces de hacer con nosotros. Y esto si es egoísmo. Además de la base del amor dependiente. Una relación asimétrica, en la cuál una persona intenta encontrar en la otra lo que no es capaz de darse a si misma.

Lo se. Parece un galimatías. Pero lo entenderemos fácilmente si admitimos el amor como igualdad. En ella somos capaces de ofrecer a la otra persona algo que conocemos y sabemos hacer. Algo que decidimos libremente, no por la necesidad que deriva de la carencia propia, sino por el deseo de compartir nuestro amor -propio-, con otra persona.

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¿Qué salió mal?

La felicidad proviene más de nuestra actitud, que de factores externos

Dalai Lama

Si te casas hoy, la probabilidad de que tu relación no dure es del 60%. ¿Es tan complicado encontrar el verdadero amor o es otra cosa?

Un interesante estudio llevado a cabo en la Universidad Heriot-Ward y que recoge la página TinyBuddha, descubrió que muchos personas tienen una visión distorsionada de la relación perfecta o expectativas no realistas respecto a su pareja. Los autores culpan de esto a la cultura de las películas románticas.

“Estas películas nos hacen buscar a Cenicienta o al Príncipe Encantado que llenará nuestras vidas para siempre”, comentan los investigadores. Pero, ¿realmente podemos esperar que nuestras parejas nos hagan tan felices? ¿Es esto justo?

AlguienFelizProbablemente sí y probablemente no. Esperar que con quien hemos decidido compartir nuestra vida nos haga feliz si, pero descansar toda nuestra felicidad en esta esperanza no. Es incluso injusto. Pero a pesar de ello, este es el mensaje preferido de cualquier trama romántica. Y es una gran trampa.

Estamos viviendo un deseo de nuestro ego, que nos dice que algo falta en nuestra vida y que lo mejor es encontrar a alguien que llene este vacío. Es decir, estamos volviendo a la consabida media naranja.

Una de las razones por las que una relación puede no salir como nos gustaría es que estemos demandando en lugar de compartiendo, nuestro amor. Si lo que estamos esperando es que nuestra pareja nos haga feliz, estamos demandando amor. Si eras feliz cuando estabas solo, es más probable que lo seas en tu relación. Te centrarás en compartir y no en demandar.

Otra de las trampas del amor dependiente, la constituyen las expectativas. Son una ilusión de amor que frecuentemente acaban con la relación. No esperar no significa no confiar en tu pareja. Solamente significa que no dependes de ella para sentirte mejor contigo mismo. Es una relación de igual a igual. Si no estamos a gusto con nosotros mismos, no podemos esperar que alguien nos saque de esta situación. Y mucho menos mantener una relación saludable. Debemos querernos para ser queridos.

El verdadero amor se eleva por encima de la dependencia. Es una aventura de crecimiento en común, en donde las dos partes aportan bagajes similares y que, juntas, se convierte en algo de un nivel superior. Las parejas que entienden que este es el mejor regalo que se pueden dar, recibirán como regalo el amor verdadero.

¿De qué hablamos cuando hablamos de amor?

En el amor, caemos. Nos abruma, nos extasía. Ardemos de pasión. El amor nos vuelve locos y nos enferma. Nuestros corazones duelen y se parten. Hablar de amor de esta manera nos da la guía de cómo vivirlo, dice Mandy Len Catron. En esta charla, para cualquiera que se haya enamorado locamente, Catron refleja una metafora diferente de amar que puede que nos ayude a encontrar la felicidad… y con menos sufrimiento.

El vestido

Los celos son siempre el instrumento certero que destruye la libertad interior y elimina en la compañía toda la felicidad posible.
Gregorio Marañon

¿Por qué te has puesto ese vestido?, comenta él.
Es muy cómodo ¿no te gusta?, responde ella.
Pues no, la verdad. Lo encuentro muy corto y digamos … despejado por arriba ¿no llevas sujetador?, vuelve a señalar él.
¿Perdona? ¡Javi, no estarás hablando en serio! Este vestido es el que tenía cuando nos conocimos. De hecho, ¡me dijiste que estaba radiante con él!, se queja amargamente Rosi. ¡No entiendo nada!

Desde aquí, ella puede tomar dos caminos. Volver sobre sus pasos a cambiarse de vestimenta, o pasar de sus comentarios y seguir con los planes. Las dos tienen consecuencias. Distintas es verdad, pero ambas pueden resultar igual de perjudiciales.

La primera -ceder ante las exigencias de su pareja-, es el comienzo de un complicado recorrido, que puede llevar a la dependencia emocional y, más adelante, al maltrato. La segunda -continuar con el vestido-, puede provocar el despliegue del mal humor de su pareja y convertir la cita en un rato muy desagradable.

En realidad, Rosi tiene una tercera opción. Suspender la cita con Javi, y plantearse seriamente su relación. Es decir, interpretar las señales que recibe de su pareja. Y que están apuntando a un peligroso camino de manipulación.

El enamoramiento es un proceso por el que, paradójicamente, nos atrae algo de otra persona, que luego queremos que acabe. Así, a Javi, le pudo resultar muy atractiva Rosi cuando la conoció, con su bonito vestido. Luego esto cambia. Pero ¿por qué ocurre?
Celos. Esa es la respuesta. Simple y preocupante. Una vez aparecen, su erradicación resulta muy complicada. Son como una plaga. En ningún caso son buenos y, especialmente en las relaciones de pareja, pueden llegar a ser letales.

Su uso común, como una justificación de actitudes como la que presento al principio de este post, ha conseguido que no lo veamos como el indicador que es. Un indicio de manipulación, que irá a peor si no lo cortamos, y que puede conducir a situaciones de abuso y humillación, justificadas en un supuesto amor.

Aclaremos. Durante el proceso de enamoramiento se dicen -y hacen-, muchas tonterías. Es así. Es el momento más cercano a nuestro pasado irracional. Hemos montado toda una cultura alrededor de él. Sin ti no soy nadie, me muero por ti, la vida no tiene sentido sin ti a mi lado … son muchas de las expresiones absurdas que sostienen esta visión dependiente del amor. Si somos conscientes de ello, quizás lleguemos a entender cuál es la salida que debe tomar Rosi.

Los celos no son amor, son todo lo contrario. Es la señal de la que debemos estar pendientes, si queremos anticiparnos a una relación tóxica que puede ir a mucho peor.

Enfado

Aferrarse a la rabia es como agarrar un carbón ardiendo con la intención de tirarlo a alguien; eres tú quien te quemas.
Buddha

Todas las personas nos enfadamos. Es natural. Una reacción a algo que no nos gusta, que consideramos injusto o nos molesta. Las razones pueden tan diversas como seres humanos hay.

La ira, el miedo o el asco pueden, en gran medida, determinar esta reacción de enfado. En cierta forma nos protege contra determinadas situaciones que nos pueden dañar a nosotros o a personas que queremos o por las que podemos sentir cercanía emocional.

Esta reacción forma parte de nuestro balance emocional. No es algo malo.
Siempre que no se convierta en nuestro modo de ser, claro. Seguro que se les viene a la cabeza ese amigo o amiga que está permanentemente “enfadado con el mundo”. Nada le parece bien, nada es suficiente, todo se hace en contra de él o ella. Unos cuantos conocemos ¿verdad? Ahora les hemos dado por llamar “personas tóxicas”, en un ejercicio de etiquetado que nos permite distanciarnos de ellas.

Además de la inoportunidad, inexactitud e injusticia de esta “marca”, deja poco espacio para la esperanza. Y va en contra de todo lo que la psicología científica conoce. Las personas cambian. Algunas consiguen salir del círculo del ego que supone el enfado permanente y aprenden que la vida tiene momentos buenos y malos. Y que, en muchas ocasiones, como nos gustaría que las cosas fuesen, no lo son. Y que esto, además, nos hace aprender. Por muy duro que parezca.

Cierto es que convivir a diario con una persona enfadada es una tarea dificil. Que solo se puede conjurar con altas dosis de compasión y paciencia. En ocasiones difícil. El grado en que estemos dispuestos a ello depende, en gran manera, de nuestro amor hacia ellos y hacia nosotros mismos. No siempre es sencillo conjugar ambas cuestiones.

Así no

En asuntos de amor, los locos son los que tienen más experiencia. De amor no preguntes nunca a los cuerdos; los cuerdos aman cuerdamente, que es como no haber amado nunca.
Jacinto Benavente

Puede que nos preguntemos porque nuestra relación de pareja no va. Las cosas no parecen tan divertidas y apasionantes como al principio. ¿Nos estamos dejando de querer?. Esta no es la pregunta que nos debemos hacer. En su lugar quizás sería mejor pensar en lo que estamos haciendo por querernos.

El modelo de pareja que nos han vendido está sustentado, casi exclusivamente, en el logro. Una vez hemos conseguido a la persona que queremos, ya está todo hecho. Aquí es donde comienza el final de una relación. ¡Si! justo en el momento en el que creemos que estaba comenzando.

Al pensar que el objetivo era vivir en pareja, casarnos o comprometernos, no nos planteamos que este, realmente, es el inicio -fascinante-, de un proyecto de vida juntos. Casi no hemos hecho nada. Todo está por ser trabajado.

Este modelo de enamoramiento, que son las primeras fases de una relación, no tiene mucho que ver con el amor que viene luego. Mientras uno está sustentado en una fiesta de hormonas, deseo y fantasía, el otro se convierte en una aventura. Y como tal, tiene sus momentos inolvidables, otros no tantos y circunstancias que lo pueden hacer zozobrar.

El mayor enemigo del amor es el aburrimiento. La sensación de predecibilidad que podemos estar experimentando en nuestra vida en pareja, es una señal de que las cosas no van por donde deben. Empeñemonos en buscar lo nuevo, lo excitante, lo diferente. Y compartirlo.

Otro de los malos hábitos que pueden estar socavando nuestra relación son las suposiciones. Creer que nuestra pareja debe hacer lo que nosotros pensamos. O que está haciendo lo que no queremos que haga. Ambas son una expresión de dependencia emocional. De intento de control de la vida de la otra persona. Una señal inequívoca que algo no va bien.

Debemos comprender que estar en pareja no significa renunciar a nuestra individualidad. Al contrario. Significa decidir estar juntos, desde nuestra propia identidad como personas. Quizás esto no sea suficiente para un amor duradero -hay mucho más, desde luego-. Pero, sin lugar a dudas, es absolutamente imprescindible.

Amor y adicción

Así de contundente se expresaba el profesor de psicobiología de la Universidad de La Laguna en las pasadas III Jornadas de Psicología Positiva, celebradas en el campus universitario el pasado fin de semana.

Esta es una idea que, el autor, desarrolla en su libro, que les invito a leer, Amor y Origen de la Humanidad, y que le pone letra y música a algo que me ronda la cabeza hace años. Y seguro que a muchos de ustedes ¿La concepción del amor que educamos, promovemos, escribimos o cantamos, no estará contribuyendo a la violencia contra las mujeres?

Según este autor hemos confundido el amor romántico, con el amor y, al mismo tiempo, le hemos asignado a éste el status de emoción. Cuando, en realidad, es un impulso fisiológico. De hecho, son muchos los investigadores que han establecido la naturaleza impulsiva y motivacional de este fenómeno que, dicen, mueve el mundo. El funcionamiento del amor -o de lo que llamamos amor-, se parece bastante más a una adicción que a un sentimiento o emoción, algo que ya recoge Stanton Peele en el clásico libro, Amor y Adicción.

Más allá de estas consideraciones científicas, que corroboran la idea que la concepción del amor, puede estar, cuando menos confundida, nos da pie para soportar la afirmación que proponemos como cita.

La concepción social que tenemos de amor, la que está tras muchas de las manifestaciones que leemos o escuchamos, puede estar tras la violencia que se ejerce contra las mujeres (u hombres, en el caso de parejas homosexuales). Puede resultar difícil de aceptar, pero muchas de las expresiones como -sin ti, no soy nada; eres mi vida; no puedo ser feliz si no estás-. pueden estar escondiendo una dependencia emocional que, en ocasiones, lleva a la violencia y en otras a la inacción frente a la misma.

Amarse, como ya hemos comentado en otras ocasiones, solo es posible desde la libertad. Desde la propia felicidad y el deseo de compartirla. Si no, no es amor. Es adicción.

Odio

El odio es una emoción negativa que se caracteriza por un disgusto extremo, que se dirige a un individuo, grupo, conductas o ideas. Puede ser tan simple como no gustarnos el café porque es amargo, o tan complejo como odiar a un grupo particular de personas por su cultura o su sexualidad. Pero ¿por qué odiamos? Quizás no podamos dar una sola respuesta.

Y seguro que hay muchas más de las que proponemos. Pero seguro que estos factores que les propongo pueden explicar un poco más, esta emoción. ¡Y ayudarnos a evitarla! de paso.

Las personas tememos lo desconocido. Es un instinto básico tener miedo y resistirse a algo que nos resulta extraño. Que nos hace salir de nuestra amada zona de confort. Un claro ejemplo lo tenemos en los odios raciales o religiosos. Tememos a quienes no tienen nuestra misma cultura o religión, sin molestarnos en conocerles.

Esto lo explica una de las diversas teorías de grupo, que postula que cuando los humanos se ven amenazados, se refugian naturalmente en el grupo propio, el que identifican como mecanismo de supervivencia. Los factores que motivan esta reacción son las emociones de amor y agresión. Amor hacia el grupo propio; y agresión hacia el grupo que se categoriza como amenazante o peligroso.

Hay que destacar que, en el caso del segundo grupo, no tiene ni porque existir. Lo crea nuestro propio odio. Es el caso de identificar a los refugiados con aquellos que los expulsan de sus casas y matan a sus familias.

Amenaza percibida. Esto suele ocurrir cuando odiamos algo, sin razón aparente. Sentimos que nos amenaza una determinada persona por su apariencia física, su forma de hablar o cualquier otra razón, sin mucho fundamento.
Esto es algo que podemos llamar proyección y se produce porque vemos en el otro algo que no nos gusta en nosotros mismos. Al odiarlo, creemos distanciarnos de ello. ¿A qué se les ocurren algunos ejemplos?

Esta carencia de autoaceptación, de vernos y querernos compasivamente como somos, nos lleva a odiar a otros. Y lo hacemos atacando. Es una de las fuentes más perversas de odio, que puede conducir a verdaderas atrocidades. No nos aceptamos e intentamos extirpar este auto rechazo utilizando a otras personas.

Este odio está profundamente enraizado en sentimientos de soledad y aislamiento emocional, que hacen que las personas busquen culpables de como se sienten, sin realmente mirar en su interior. Es, en cierta forma, una forma de distracción de una profunda insatisfacción con nosotros mismos.

El odio es una conducta aprendida. No nacemos con odio en nuestros corazones. A pesar de ser capaces de las mayores destrucciones, la capacidad humana de compasión, empatía y amor es infinitamente mayor. Trabajar desde pequeños en estos aspectos, que educan el respeto y la tolerancia, es el mejor antídoto del odio. Niños y niñas que viven y aprenden en entornos solidarios y generosos, propiciarán comunidades y sociedades inclusivas y colaboradoras. 
Sociedades en las que lo diferente se observe con curiosidad y con deseo de conocimiento, en lugar de con miedo y con intención de destrucción.

Es algo que nos toca a quienes tenemos la posibilidad de educar y de contar a las personas como ser más felices y tolerantes.

¿Qué está mal?

Solemos preguntar ¿qué está mal?, y al hacerlo es como si invitáramos a las dolorosas simientes de la pena a acudir y manifestarse. Sufrimos, nos apenamos, nos deprimimos y generamos más simientes negativas.

Seríamos más felices si intentáramos estar en contacto con las simientes sanas y alegres que residen en nosotros y en nuestro alrededor.
Tratemos de que aprender a preguntar ¿Qué no está mal?, y a estar en contacto con ello.

En el mundo y en nuestro interior existen muchos sentimientos, percepciones y conciencias saludables, frescas y reconfortantes.

Si nos bloqueamos, si permanecemos obstinadamente en la prisión de nuestro dolor, jamás estaremos en contacto con esos componentes saludables.

(Extraído de Hacia la Paz Interior, Thich Nhat Hanh)