Ya no hay quien sepa el arte de la conversación, es decir, de la discusión. Conversar es entrar en el surco que ha trazado el otro, y proseguir en el trazo y perfección de aquel surco; diálogo es colaboración.
Massimo Bontempelli

En muchas ocasiones me preguntan cómo conseguir tomarnos la vida con un poco más de calma. No es algo que resulte fácil, ni que tenga que ver con una receta que podamos poner en práctica de forma automática.

Pero hoy me gustaría compartir con ustedes, los resultados de una serie de investigaciones, que han descubierto que una forma muy efectiva de conseguir la calma, es aprendiendo a conversar. Sí, muchos de nosotros podemos pensar que ya sabemos hacerlo, pero el proceso necesario para desarrollar una conversación, es mucho más complejo de lo que podríamos imaginar. Y no nos hemos entrenado para ello.

Pongamos un ejemplo. Le pedimos a alguien que nos explique, brevemente (aquí estamos poniendo una condición a su explicación), cómo funciona un determinado aparato.

La persona nos lo comienza explicar, hasta un punto en el que nosotros creemos que ya lo entendemos. Entonces se produce un fenómeno en la conversación que nos distrae de lo que estamos escuchando y pasamos, simplemente, a desear que la persona acabe de hablar. Esto simplemente consigue que nos distraigamos, que perdamos la conexión con quien estamos hablando, y que además resultemos muy desagradecidos. Si le hemos pedido alguien que nos explique algo, la forma en que lo va hacer, forma parte de esa explicación. Y lo debemos respetar.

Hoy les propongo una sencilla técnica para conseguir que nuestra impaciencia no dinamite nuestras conversaciones y nuestra forma de relacionarnos con los demás. Son simplemente dos pasos: identificación, respiración y repetición.

En lugar de estar solo pendientes de lo que la persona está explicándonos, dediquemos también atención a la aparición de estos momentos de impaciencia propia, en los que deseamos interrumpir, y dejamos de escuchar. Cuando esto ocurre, simplemente debemos tomar una o dos respiraciones profundas. Una vez hecho, planteen una pregunta sobre lo que la persona acaba de decirles. Un truco fácil es repetir lo último que ha dicho. Esto consigue que transmitamos interés, además de facilitarnos el abrir un diálogo sobre lo que estemos hablando.

Prueben. Y me lo cuentan. Les escucharé atentamente.

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