El placer de conversar

Hemos perdido el arte de la conversación. No sé si será por la costumbre de de ver debates de mayor o menor calidad, en televisión o simplemente, Porque vivimos en un mundo donde escuchar a los demás no está de moda..

Hoy quería reflexionar con ustedes respecto a esta costumbre tan negativa que tenemos cuando estamos hablando con alguien. Piensen y, recuerden la última vez que tuvieron una buena conversación. Una de esas en las que estaban activados y el tiempo se les pasaba volando. Un rato de aquellos en los que disfrutaban compartiendo lo que sentían o lo que pensaban, y atendiendo a lo que otras personas les proponían. Maravilloso ¿verdad?

En muchas ocasiones no estamos escuchando. Simplemente, y si lo hacemos, estamos esperando a que la otra persona termine de hablar para exponer nuestra opinión. Es como un diálogo de sordos. No se trata de intercambiar pareceres, sino de exponer el nuestro y, en cierta forma, intentar que sea el ganador.

De esta forma nos cargamos la posibilidad de aprender. De ver si lo que la otra persona nos está diciendo puede enriquecer o variar, lo que nosotros pensamos u opinamos..

Continuar de esta forma, además de no permitirnos ese enriquecimiento, no consigue que nos comuniquemos de ninguna manera. No envíalo. No es escuchar. Simplemente son pequeñas micro charlas. Dedicadas, principalmente a los otros mismos. A nuestro Ego. Podemos cambiarlo. No es complicado. Simplemente aprendamos a escuchar si juzgar.

Recuerden que pueden dejar sus preguntas o sugerencias. Las escucharé (o leeré). Hasta el próximo jueves.

 

 

 

 

 

 

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¡Se como te sientes!

De como buscamos empatía y obtenemos otra cosa. Quizás ego

Todos en algún momento, hemos compartido algo con otra persona, buscando consuelo o complicidad, y lo que hemos obtenido es una respuesta totalmente contraria.
Me explico. Imaginen la situación. Hemos pasado una mala época en nuestro trabajo. Lo comentamos con un amigo. Y, en lugar recibir una respuesta de comprensión, recibimos una respuesta de su ego.

Algo así como:
“Estoy cansado de mi jefe. No hay forma que vea nada positivo. Solo se centra en lo negativo”, compartimos. 
Y nuestro amigo nos contesta. “Te entiendo, y también tengo un responsable que no nos deja trabajar”

Esta respuesta que, en principio, puede estar orientada a generar una cierta empatía con lo que estamos compartiendo, tiene un efecto totalmente opuesto.
Recibimos el comentario Como algo egoísta. Sentimos que a la persona con la cual estamos, lo que le decimos le importa más bien poco.

Esta dinámica que algún autor le ha el puesto nombre de “narcisismo conversacional”, no es sino otra muestra del ego.
No consigue, más bien todo lo contrario, que quien comparte su desdicha con nosotros se sienta mejor.

¿Qué podemos hacer en lugar de esto?

Muy sencillo. Se trata simplemente de escuchar. En lugar de responder con un “a mi también ..”, hagámoslo con un “siento mucho que te ocurra esto. ¿puedo hacer algo para ayudarte?

De esta forma si estamos consiguiendo establecer una conversación. Y ayudando a nuestro amigo o amiga.

Recuerden. El primer paso de la empatía siempre es escuchar.

¿No ponemos manos a la obra?

 

Una visión saludable del tiempo

El psicólogo Philip Zimbardo dice que la felicidad y el éxito se encuentran arraigados en un rasgo que la mayoría de nosotros no tenemos en cuenta: la forma en que nos orientamos frente al pasado, presente y futuro. Él sugiere que calibremos nuestra perspectiva del tiempo como un primer paso para mejorar nuestras vidas.

Silencio

Nuestro mundo es un continuo flujo de ruido. Teléfonos, televisiones, tráfico … estamos rodeados siempre por algún tipo de sonido. Es como una banda sonora desordenada que vivimos de forma totalmente inconsciente. Podemos decir que nos hemos acostumbrado a ella. Cuando no está, nos sorprende.

Vivimos en un entorno de sobre estimulación, y no solo sonora. Las pantallas que permanentemente nos rodean, también contribuyen a esta sensación. La cita que encabeza el artículo que proponemos hoy, parece estar avalada por diferentes estudios: el silencio es oro para nuestra salud mental. Estamos olvidando el impacto que tiene en nuestro bienestar y esto puede estar resultando muy pernicioso para nosotros.

Finlandia, un país de referencia en estas cuestiones, llevo a cabo una campaña publicitaria en la que invitaba a quienes visitaban su país a respetar el silencio. “Silencio, por favor” era la invitación que se hacía para escapar de un mundo ruidoso.

La ciencia respalda estas iniciativas. El silencio tiene múltiples beneficios para nuestr cerebro: desde la regeneración celular, el desarrollo de la habilidad de pensar profunda y conscientemente, el alivio del estrés y la ansiedad o el restablecimiento de nuestros recursos cognitivos.

Los estudios de la fisiología humana nos ayudan a entender como un fenómeno invisible puede tener un efecto físico tan pronunciado. Los ondas sonoras hacen vibrar los huesitos del oído, que transmite movimiento a la cóclea. Ésta convierte las vibraciones físicas en señales eléctricas que son recibidas por nuestro cerebro. El cuerpo humano reacciona inmediatamente a estas señales, incluso en la mitad de un sueño profundo. Los estudios neurofisiólogicos sugieren que estos impulsos activan la amigdala, localizada en los lóbulos temporales del cerebro, y que está asociada a la formación de nuestros recuerdos y a las emociones.

Esta activación provoca una liberación inmediata de hormonas del estrés, como el cortisol. Las personas que viven rodeadas por ruidos elevados, experimentan frecuentemente estrés y ansiedad.

El efecto del ruido es acumulativo. Podemos pensar que nos estamos acostumbrando a él, pero no es así. Pero al ruido de fondo en el que desarrolla nuestra vida cotidiana, se le añade el que sobresale a él. Y, en ocasiones, tenemos reacciones desmesuradas a un sonido aparentemente inofensivo, sin ser conscientes de que es provocado por una suma de ellos.

En el año 2011, la Organización Mundial de la Salud, llevo a cabo un estudio para tratar de cuantificar el impacto del ruido en los 340 millones de habitantes de la Europa Occidental.

La conclusión fue que el ruido que nos rodea está haciéndonos perder un millón de años de vida saludable. Incluso se llega a sugerir que 3000 muertes anuales por enfermedades del corazón eran, en sus orígenes, el resultado de un ruido excesivo.

El silencio es bueno por lo que no nos hace. No nos molesta, no nos despierta y no nos mata. Los profesionales de la salud mental cada vez somos más consciente de la importancia que tiene para el ser humano. No sería extraño que comenzásemos a recetar silencio como parte de los tratamientos psicológicos.

¿Sabes escuchar con empatía?

La empatía es la capacidad para ponerse en el lugar del otro y saber lo que siente o incluso lo que puede estar pensando.

Las personas con una mayor capacidad de empatía son las que mejor saben “leer” a los demás. Son capaces de captar una gran cantidad de información sobre la otra persona a partir de su lenguaje no verbal, sus palabras, el tono de su voz, su postura, su expresión facial, etc.

Una persona puede aumentar su capacidad de empatía observando con más detalle a los demás mientras habla con ellos, prestándoles toda su atención y observando todos los mensajes que esa persona transmite, esforzándose por ponerse en su lugar y “leer” lo que siente. Si mientras hablas alguien, estás más pendiente de tus propias palabras, de lo que dirás después, de lo que hay a tu alrededor o de ciertas preocupaciones que rondan tu mente, tu capacidad para “leer” a la otra persona no será muy alta.

Te dejamos algunas claves para desarrollar una escucha empática

No distraerse: la curva de la atención se inicia siempre en un punto muy alto, para descender y volver a subir hacia el final del mensaje. Hay que intentar mantener una atención regular para que nuestra atención no decaiga.

No juzgar al otro: cuando respondemos al otro con un juicio tras su mensaje, la comunicación se suele cerrar. De esta forma disminuyen las probabilidades de que nos vuelva a contar algo con total sinceridad.

No infravalorar: no debemos minusvalorar las emociones del otro (“no te preocupes que eso no es nada”), lo cual puede generar un rechazo.

No contraargumentar: no es una competición entre ambos, debemos dejarle expresarse. Si él se siente triste y nos lo está contando, no debemos responderle “yo yo también” o “pues yo más”.

No hay que darle la razón en todo: el darle la razón en todo puede conducir a que considere que tenemos poca credibilidad y que se planteé volver a sincerarse con nosotros.

No hay que interrumpir: con ello desviamos su atención. Solo debemos interrumpir con frases o preguntas cortas cuando precisamos que nos aclare algo o nos dé más información. La atención siempre debe ser del que habla.

No dar soluciones prematuras: en ocasiones las personas no quieren que les des la solución, solamente quieren a alguien que les escuche. Y escucharles ya les proporciona una buena ayuda. Si quieren más ayuda es muy probable que la pidan explícitamente.

No contar nuestra historia: cuando el otro necesita hablarnos, quiere que le escuchemos, no que le contemos nuestras cosas.

Hay que evitar el síndrome del experto: no tenemos que dar respuestas a los problemas de la otra persona, incluso antes de que nos los haya contado.

Hay que desconectarse de nuestra problemática: ser empático significa centrar nuestra atención en el otro, dejarnos llevar por sus palabras y sentimientos, apagando nuestra habla interna, y enfocando nuestros sentidos en el que tenemos en frente.

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¿Quieres aprender a hablar?¿Y a escuchar?

En estas dos magnificas, y breves charlas, el experto en comunicación Julian Treasure nos ayuda a saber escuchar, y a hablar de manera que merezca la pena que nos escuchen.

Con efectos de sonido, tanto placenteros como horribles, Julian Treasure muestra cómo el sonido nos afecta de cuatro maneras significativas. Preste atención a hechos impactantes que aquí se presentan sobre los bulliciosos entornos abiertos de oficinas. En un mundo lleno de ruido, comenta Julian Treasure, estamos perdiendo nuestra capacidad de escuchar. En esta pequeña y fascinante charla, nos ayuda a recuperarla. Son apenas ocho minutos que pueden cambiar algo de verdad. ¡Escucha atentamente!

¿Alguna vez te has sentido como que estás hablando, pero nadie está escuchando? Aquí está Julian Treasure para ayudar. En esta útil charla, el experto en sonido muestra los cómos del discurso poderoso, desde algunos ejercicios vocales útiles a consejos sobre cómo hablar con empatía. Una charla que quizá ayude al mundo sonoro a ser más hermoso.

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