El puente entre el suicidio y la vida

Durante muchos años el sargento Kevin Briggs tuvo un trabajo oscuro, inusual y, a veces, extrañamente gratificante: patrullaba el extremo sur del puente Golden Gate de San Francisco, un sitio popular por sus intentos de suicidio.

En una charla seria y sumamente personal Briggs comparte las historias de aquellos a los cuales ha hablado — y escuchado — cuando estaban al borde de la muerte. Él le da un poderoso consejo para los que tienen seres queridos que estén contemplando la posibilidad del suicidio.

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Confesiones desde la depresión

Kevin Breel no parecía un chico deprimido: capitán del equipo, presente en cada fiesta, divertido y seguro de sí mismo. Sin embargo, nos cuenta la historia de la noche en que se dio cuenta de que, para salvar su vida, tenía que pronunciar solo dos palabras.

Entenderlo

Si de veras llegásemos a poder comprender, ya no podríamos juzgar
André Malraux

Los trastornos mentales existen. Esa es la verdad. Sin paliativos. Quien los padece, sufre un verdadero calvario que le lleva, en muchos casos, a tirar la toalla al buscar apoyo y comprensión.

A pesar de los múltiples testimonios, documentales y escritos, nos cuesta admitir que una persona puede tener un trastorno mental como ansiedad, depresión o cualquier otro y que no puede hacer nada por remediarlo. Al menos sin el adecuado apoyo psicológico.

Seguimos diciendo “tranquilo” al ansioso o “todo irá mejor” al depresivo. Y seguimos pensando que esto le ayuda cuando, frecuentemente, lo que consigue es que se ahonde su problema. Al hacerlo estamos haciéndole creer que tiene algún control sobre lo que le ocurre. Y que puede cambiarlo con fuerza de voluntad. Todavía peor. Conseguimos que alguien que lo está pasando realmente mal, piense que es responsable de ello.

Es, y ha sido así desde hace mucho tiempo, uno de los mayores problemas del bienestar mental. No lo percibimos en otras personas como algo que debe ser tratado. Creemos que es algo que debe ser superado ¡a solas!

¿Cómo cambiamos esto? Es muy sencillo. Al menos escribirlo lo es. Llevarlo a cabo es lo complicado. Se trata de cambiar juicios por aceptación. Es decir, no tenemos porque “entender” lo que le ocurre a la persona que lo padece. De hecho intentarlo, consigue, en muchas ocasiones que lo empeoremos, queriendo ayudar.

El proceso por el que alguien puede llegar a sufrir un trastorno mental no forma parte de lo que si podemos hacer: apoyarle. Y esto se hace estando presente cuando sea necesario y conduciéndole amablemente a buscar ayuda profesional. Es así de simple. Y complejo.

Porque, no nos llevemos a engaño, en muchas ocasiones quien sufre un trastorno mental es el primero que no sabe que necesita ayuda. Y que nos puede llevar a intentar cambiar las circunstancias por las cuales cree estar padeciéndolo.

La única forma de ayudar es aconsejando ayuda psicológica. Ya después, será el profesional quien nos pueda orientar sobre como apoyarle. Y, eventualmente, consigamos “entender”, si todavía es necesario, que ha ocurrido.

Soledad

La soledad es buena pero necesitas a alguien que te diga que la soledad es buena.

Honoré de Balzac

En otras palabras, la soledad puede ser buena, si la elegimos. Pero lo cierto es que el aislamiento social forzado y no querido, se ha asociado con efectos perniciosos sobre nuestra salud mental, estudio tras estudio. Esto ha llevado a algunos investigadores a considerar el aislamiento duradero tan pernicioso para nuestra esperanza de vida como lo puede ser el tabaco. Parecen demostrarse su asociación con el incremento del riesgo de enfermedad cardiovascular, infarto o Alzheimer. Podemos decir que el aislamiento social nos puede matar.

No estamos hablando de la necesidad de estar a solas de vez en cuando, habiéndolo elegido, por supuesto. Lo hacemos de no sentirnos parte de este mundo, de no tener conexiones sociales o de no sentirnos apreciados o queridos.

El primer problema del aislamiento social es admitir que lo padecemos. No es algo fácil. De hecho es algo que puede ser insalvable. Al hacerlo sentimos que somos unos fracasados, que somos los responsables que ocurra. Que poco podemos hacer para remediarlo.

Por ello es importante el reconocimiento de esta señal, que no es solo un sentimiento. Una vez seamos conscientes de ello, nos toca elaborar un plan. Será nuestro programa de reconexión.

Empezar por nuestros viejos amigos, por las personas con las que, con el paso de los años perdimos contacto, puede ser una primera opción. Puede funcionar. Una segunda parte de este plan es el establecimiento de nuevas conexiones. Conocer personas puede ser complicado si nos quedamos en nuestra zona de confort.

En un gimnasio, acudiendo a eventos culturales, o participando en reuniones que se planeen a través de las redes sociales, pueden ser otras opciones que nos ayuden a no seguir aislados de nuestro mundo.

Estas, y otras posibilidades, debemos estructurarlas. Es esencial incluirlas en nuestra agenda de vida, y no saltarnos lo planeado. Al principio puede resultar difícil, e incluso sentirnos fuera de lugar. Es normal. Estamos desentrenados. Pero, a medida que vamos haciéndolo, estableciendo conversaciones y hablando con otras personas, iremos acostumbrándonos a ello y considerándolo una parte esencial de nuestra vida.

Ahh, un último consejo para reconectar. Recuerda que escuchar atentamente es la mejor forma de comunicar con otras personas.

No te avergüences de hablar de tu salud mental

Ser honest@s acerca de como nos sentimos, no nos hace débiles. Nos hace humanos.

Sangu Delle

En esta magnífica charla Sangu Delle, nos habla de Salud Mental, es estigam, de sufrimiento, de incomprensión, de dolor … De como en Africa (Nigeria), el miedo a estar loco, termina aislando a las personas.

Una corta charla que quizás nos ayude a entender y a entendernos un poco más.

 

Respeto

Poderoso discurso de Meryl Streep el pasado fin de semana al recibir el premio a una carrera dedicada a hacernos sentir. Una intervención consagrada a valores esenciales para el ser humano, que cada vez están más en cuestión.

El arte, junto con el periodismo, son baluartes que reflejan cual es la salud mental de una sociedad. Por esto son los primeros receptores de las iras de las mentes totalitarias. A quien no respeta, no le gusta que le lleven la contraria.

Por esto es especialmente relevante que recordemos la importancia de la expresión artística, en todas sus variantes, en el bienestar humano. Que lo reivindiquemos en la educación y que exigamos su protección a quienes tienen la responsabilidad de facilitarlo desde el ámbito público.

El arte, como el periodismo, son expresiones de la libertad. Y no tienen, en ocasiones, porque ser comprendidos o compartidos en sus diferentes manifestaciones. Solo respetados. Es así de sencillo.

Porque cuando se pierde el respeto, como señala Meryl Streep en su intervención, es contagioso. Cuando quien debe dar ejemplo, actúa como un matón burlón de patio de colegio, corremos el peligro que esto se entienda como un permiso para hacerlo también.

Si queremos un mundo mejor, más sano mentalmente, no podemos permitir que se silencie la voz de quienes nos hacen emocionar con sus expresiones artísticas. Tampoco podemos desproteger a quienes se empeñan en contarnos lo que ocurre a nuestro alrededor. Nos aislaríamos emocionalmente del mundo. Y hacerlo, por más que nos intenten convencer de lo contrario, es el comienzo de nuestra autodestrucción como raza humana.

Tengo depresión y trastorno de ansiedad

Este magnífico cómic de Nick Seluk, publicado por Bored Panda y traducido por el equipo de Cultura Inquieta explica porque es tan difícil luchar contra la depresión y la ansiedad, dos trastornos de la salud mental, que cada día afectan a más personas. Muchas personas no lo entienden, no saben identificarlo e ignoran por lo que está pasando quien lo padece.

El dibujante creo esta historia en cómic,  junto a Sarah Flanagan, una lectora que le envió su historia para explicar cómo enfrentarse a estas enfermedades es una lucha diaria.

Aunque muchos de nosotros podamos haber sentido ansiedad o tristeza, hay personas que sufren la depresión y la ansiedad de forma permanente. Conviven con ello. Y se ven, muchas veces, enfrentados a la incomprensión de quienes no son capaces de entenderlo y les dicen frases como “anímate“, “no te pongas tan nervioso” o “es cuestión de cambiar de actitud“, mostrando una total ignorancia sobre su situación mental.

Este cómic puede contribuir a un mejor entendimiento de ella.

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