Soledad

La soledad es buena pero necesitas a alguien que te diga que la soledad es buena.

Honoré de Balzac

En otras palabras, la soledad puede ser buena, si la elegimos. Pero lo cierto es que el aislamiento social forzado y no querido, se ha asociado con efectos perniciosos sobre nuestra salud mental, estudio tras estudio. Esto ha llevado a algunos investigadores a considerar el aislamiento duradero tan pernicioso para nuestra esperanza de vida como lo puede ser el tabaco. Parecen demostrarse su asociación con el incremento del riesgo de enfermedad cardiovascular, infarto o Alzheimer. Podemos decir que el aislamiento social nos puede matar.

No estamos hablando de la necesidad de estar a solas de vez en cuando, habiéndolo elegido, por supuesto. Lo hacemos de no sentirnos parte de este mundo, de no tener conexiones sociales o de no sentirnos apreciados o queridos.

El primer problema del aislamiento social es admitir que lo padecemos. No es algo fácil. De hecho es algo que puede ser insalvable. Al hacerlo sentimos que somos unos fracasados, que somos los responsables que ocurra. Que poco podemos hacer para remediarlo.

Por ello es importante el reconocimiento de esta señal, que no es solo un sentimiento. Una vez seamos conscientes de ello, nos toca elaborar un plan. Será nuestro programa de reconexión.

Empezar por nuestros viejos amigos, por las personas con las que, con el paso de los años perdimos contacto, puede ser una primera opción. Puede funcionar. Una segunda parte de este plan es el establecimiento de nuevas conexiones. Conocer personas puede ser complicado si nos quedamos en nuestra zona de confort.

En un gimnasio, acudiendo a eventos culturales, o participando en reuniones que se planeen a través de las redes sociales, pueden ser otras opciones que nos ayuden a no seguir aislados de nuestro mundo.

Estas, y otras posibilidades, debemos estructurarlas. Es esencial incluirlas en nuestra agenda de vida, y no saltarnos lo planeado. Al principio puede resultar difícil, e incluso sentirnos fuera de lugar. Es normal. Estamos desentrenados. Pero, a medida que vamos haciéndolo, estableciendo conversaciones y hablando con otras personas, iremos acostumbrándonos a ello y considerándolo una parte esencial de nuestra vida.

Ahh, un último consejo para reconectar. Recuerda que escuchar atentamente es la mejor forma de comunicar con otras personas.

No te avergüences de hablar de tu salud mental

Ser honest@s acerca de como nos sentimos, no nos hace débiles. Nos hace humanos.

Sangu Delle

En esta magnífica charla Sangu Delle, nos habla de Salud Mental, es estigam, de sufrimiento, de incomprensión, de dolor … De como en Africa (Nigeria), el miedo a estar loco, termina aislando a las personas.

Una corta charla que quizás nos ayude a entender y a entendernos un poco más.

 

Respeto

Poderoso discurso de Meryl Streep el pasado fin de semana al recibir el premio a una carrera dedicada a hacernos sentir. Una intervención consagrada a valores esenciales para el ser humano, que cada vez están más en cuestión.

El arte, junto con el periodismo, son baluartes que reflejan cual es la salud mental de una sociedad. Por esto son los primeros receptores de las iras de las mentes totalitarias. A quien no respeta, no le gusta que le lleven la contraria.

Por esto es especialmente relevante que recordemos la importancia de la expresión artística, en todas sus variantes, en el bienestar humano. Que lo reivindiquemos en la educación y que exigamos su protección a quienes tienen la responsabilidad de facilitarlo desde el ámbito público.

El arte, como el periodismo, son expresiones de la libertad. Y no tienen, en ocasiones, porque ser comprendidos o compartidos en sus diferentes manifestaciones. Solo respetados. Es así de sencillo.

Porque cuando se pierde el respeto, como señala Meryl Streep en su intervención, es contagioso. Cuando quien debe dar ejemplo, actúa como un matón burlón de patio de colegio, corremos el peligro que esto se entienda como un permiso para hacerlo también.

Si queremos un mundo mejor, más sano mentalmente, no podemos permitir que se silencie la voz de quienes nos hacen emocionar con sus expresiones artísticas. Tampoco podemos desproteger a quienes se empeñan en contarnos lo que ocurre a nuestro alrededor. Nos aislaríamos emocionalmente del mundo. Y hacerlo, por más que nos intenten convencer de lo contrario, es el comienzo de nuestra autodestrucción como raza humana.

Tengo depresión y trastorno de ansiedad

Este magnífico cómic de Nick Seluk, publicado por Bored Panda y traducido por el equipo de Cultura Inquieta explica porque es tan difícil luchar contra la depresión y la ansiedad, dos trastornos de la salud mental, que cada día afectan a más personas. Muchas personas no lo entienden, no saben identificarlo e ignoran por lo que está pasando quien lo padece.

El dibujante creo esta historia en cómic,  junto a Sarah Flanagan, una lectora que le envió su historia para explicar cómo enfrentarse a estas enfermedades es una lucha diaria.

Aunque muchos de nosotros podamos haber sentido ansiedad o tristeza, hay personas que sufren la depresión y la ansiedad de forma permanente. Conviven con ello. Y se ven, muchas veces, enfrentados a la incomprensión de quienes no son capaces de entenderlo y les dicen frases como “anímate“, “no te pongas tan nervioso” o “es cuestión de cambiar de actitud“, mostrando una total ignorancia sobre su situación mental.

Este cómic puede contribuir a un mejor entendimiento de ella.

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¿Bien de la cabeza?

El bienestar mental es, en cierto modo, una experiencia individual,en la que cada persona es consciente de su propio potencial, puede abordar las dificultades habituales del día a día, puede trabajar productivamente y es capaz de contribuir a su comunidad.
Organización Mundial de la Salud

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Para estar saludables mentalmente debemos valorarnos y aceptarnos a nosotros mismos. Se trata, además, de trabajar para estar bien y no solo para no estar mal.

A todos nos gusta sentirnos bien con nosotros mismos y con los demás, y sacar lo mejor de nuestras vidas. La evidencia muestra, asimismo, que nuestro salud mental tiene una influencia directa en nuestro bienestar físico.

Cuando hablamos de bienestar mental estamos refiriéndonos a algo más que ser felices. Consiste en un estado que implica tanto a la mente como al cuerpo. Y, aunque la felicidad es una parte importante de la fórmula, dista mucho de ser el único ingrediente de la misma.

Estamos hablando de vivir de una forma que sea buena para ti y para quienes te rodean. Sentimientos como la satisfacción, el gozo, la confianza o el compromiso con el mundo, forman parte imprescindible de los ingredientes, así como la autoestima y la autoconfianza. Esto no significa que no pasemos por momentos complicados o situaciones difíciles en momentos determinados de nuestras vidas, pero tendremos la resiliencia necesaria para afrontarlos.

Si tienes bienestar mental

Te preocupas por ti y te cuidas. Te quieres, no te odias. Cuidas tu cuerpo – comes bien, duermes bien, haces ejercicio y te lo pasas bien.

Te ves como una persona valiosa por derecho propio. No tienes que ganar el derecho a existir. Existes, luego tienes derecho a ello.

Te juzgas en base a estándares razonables. No te planteas metas imposibles y no te castigas si no consigues estos objetivos.

Si no te valoras y aceptas, tendrás miedo que otros te rechacen. Para evitar serlo, te aíslas y te encuentras asustado y solo. Si te valoras no esperas que te rechacen. No tienes miedo de otras personas.

Si te valoras y aceptas, te relajas y disfrutas de ti, sin sentirte culpable. Cuando enfrentas una crisis, sabes, que a pesar de que pueda ser muy complicada conseguirás manejarla. Como nos vemos a nosotros mismos, es algo central para cada decisión que tomamos. Las personas que se valoran y aceptan a si mismas afrontan la vida con plenitud.

Cinco pasos para el bienestar mental

La evidencia sugiere que podemos seguir estos cinco pasos para mejorar nuestro bienestar mental. Si los asumimos con mente abierta y tratamos de seguirlos, podremos juzgar sus resultados.

Conecta. Con las personas que te rodean: tu familia, amigos, colegas, vecinos. Invierte tiempo en cultivar estas relaciones.

Actívate. Camina, coge la bici o juega al fútbol. Encuentra la actividad que te gusta y hazla parte de tu vida. Acude a un gimnasio.

Aprende. Adquiere nuevas habilidades y conocimientos. Te proporcionará sentimientos de logro y estimulará tu curiosidad. Esto mantiene tu cerebro activo y joven.

Da. Incluso el más pequeño de los actos cuenta, una sonrisa, un agradecimiento o una palabra amable. La generosidad te hará más feliz.

Se consciente. Estate atento al momento presente, a tus sentimientos o pensamientos, tu cuerpo y el mundo que te rodea. Puede cambiar positivamente tu vida y como afrontas tus retos.

El despertador

Mañana toca, para muchos de nosotros, volver a despertarnos temprano.

Jueves 1 de Septiembre. 6 de la mañana. Suena la alarma del despertador. ¿Te levantas de inmediato o le das al botón y te quedas en la cama “cinco minutos más”?

Si perteneces al segundo grupo, tienes más motivos de los que tal vez te imaginas para empezar a romper el hábito. Según una encuesta llevada a cabo en Reino Unido por un equipo del programa Body Positive,de la BBC, un 46% de los consultados no se levanta cuando suena la alarma y prefiere quedarse en la cama, posponiendo la alarma, a menudo, varias veces. Y eso nos ocurre a muchos de nosotros en otras partes del mundo. ¿Por qué lo hacemos? Unos dicen que les resulta menos duro afrontar el despertar de esta manera, mientras que otros encuentran placentero “alargar” esos minutos de descanso.

Pero, según el Dr J. Santos, presidente de la Sociedad Española de Sueño (SES), la clave está en “la falta de sueño” que sufre gran parte de la sociedad.

Entonces, ¿es perjudicial posponer la alarma? ¿Cómo nos afecta?
BBC Mundo consultó a varios expertos en medicina del sueño para dar con la respuesta.

Ciclos interrumpidos

Aunque puedas pensar que retrasar la alarma del despertador hará que finalice tu ciclo natural del sueño y te despiertes descansado, eso no es exactamente lo que sucede.

Nuestro cuerpo tiene ciclos de sueño que se ven afectados por la luz y por otros factores.

 Al contrario: cuando activas el botón de posponer, tu cerebro comienza de nuevo su ciclo de sueño. Y cuando despiertas, varios minutos más tarde, a menudo te sientes todavía más cansado que cuando lo hiciste la primera vez.

Aquí es cuando entran en juego los “mecanismos químicos” que tiene nuestro cuerpo no sólo para ponernos a dormir, sino también para despertarnos; aumenta la temperatura corporal, el sueño se vuelve más ligero y se liberan algunas hormonas, que nos proporcionan energía para empezar el día.

Según el doctor Terán, no existe “una respuesta científica absoluta” sobre los posibles efectos adversos de posponer la alarma del despertador.
Sin embargo, hay un cierto nivel de conocimiento en base a las observaciones que se han hecho sobre los ritmos biológicos del sueño“, señala este experto.

El hecho de utilizar un despertador cada mañana ‘corta’ abruptamente el sueño y no es lo más recomendable“, comenta a BBC Mundo el doctor Joaquín Segarra, neuropsicólogo y experto en medicina del sueño, que además señala “el hecho de utilizar un despertador cada mañana ‘corta’ abruptamente el sueño y no es lo más recomendable“.”Si además lo hacemos varias veces de forma repetida empeoramos la situación“, agrega este experto.

Lo ideal es despertarse espontáneamente, en respuesta al estímulo lumínico.

Lo mejor sería despertarse espontáneamente o que nuestro despertador imite el efecto de la luz.

Cuando apagamos la alarma, nuestro cerebro comienza de nuevo su ciclo de sueño. Y cuando la apagamos por segunda vez, es probable que ya estemos en una etapa más profunda, de manera que no se activan por completo los mecanismos de vigilia y esa somnolencia o aturdimiento se prolonga.

También es importante destacar que “aunque retrasar la alarma del despertador no sea beneficioso, no significa realmente que provoque problemas a nuestra salud”, comenta Segarra.
El mensaje que debería trasmitirse es que no es la forma ideal de empezar el día, ya que nuestro cuerpo organiza los ritmos circadianos de sueño y vigilia de forma gradual, nunca de forma brusca“, advierte este especialista.

El doctor Terán señala la importancia de tener “una buena higiene de sueño“. Y advierte que “lo ideal es despertarse espontáneamente, en respuesta al estímulo lumínico; el ciclo de luz y oscuridad”. Es fundamental tener en cuenta el ritmo circadiano por el que se rige nuestro cuerpo. Pero también la “presión de la vigilia“, que se da desde que nos despertamos y que aumenta a lo largo del día.

Si rompemos ese ritmo o alteramos la presión aparecen problemas ligados a la falta de sueño“, comenta el Dr. Terán.

Los ritmos de sueño ayudan: es aconsejable tener una rutina de sueño regular que ayude a los ciclos de nuestro organismo. “Lo ideal seria despertarnos con una luz-despertador que fuera incrementando progresivamente la intensidad, imitando el amanecer“, nos cuenta el doctor Segarra.

Y es que al cuerpo le gusta la predictibilidad y las rutinas.

Por eso sería mejor que nos despertásemos a la misma hora cada mañana, incluyendo los fines de semana para que el cuerpo se acostumbre a mantener un ritmo de sueño.

Aunque nos sintamos cansados por la mañana, debemos tratar de resistir la tentación de posponer la alarma. Puede que esos “cinco minutos más” nos pasen factura más adelante.

Adaptado de BBC Mundo

La felicidad de la generosidad

 

Los actos de generosidad dirigidos a los demás hacen que nos sintamos mejor, explica K. Nelson, psicóloga de la Universidad del Sur de Sewanee (Tennessee, Estados Unidos) y principal autora de un estudio, que así lo comprueba.

Me esperaba unos resultados que mostraran que los comportamientos prosociales llevan a la gente a sentir más emociones positivas y, por tanto, a sentirse más realizados”, añade. “Sin embargo, me sorprendió ver que cuando sólo nos ocupamos de nosotros, no constatamos ninguna mejora de las emociones positivas o negativas, ni plenitud psicológica. Me parece importante, porque a menudo se anima a la gente a‘darse pequeños caprichos para sentirse mejor, pero nuestros resultados sugieren que lo mejor que podemos hacer es complacer a alguien“.

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En el estudio participaron 473 voluntarios divididos en cuatro grupos, que tenían que cumplir diferentes tareas en un período de seis semanas. El primero tenía que hacer algo por mejorar el mundo, como por ejemplo, recoger basura. El segundo grupo debía mostrarse atento con otras personas: pagar un café a un amigo, ayudar a un familiar a preparar la cena, etcétera. El tercero tenía que darse un capricho, por ejemplo, cogiéndose un día de vacaciones. El cuarto y último servía de testigo y no cambió nada de su día a día.

Los participantes rellenaron un cuestionario antes y después del estudio para evaluar su nivel de bienestar psicológico, afectivo y social. A lo largo del estudio, también anotaron sus propias emociones positivas y negativas.

Los investigadores revelaron que los participantes que habían sido más atentos, ya fuera con alguien en concreto o con el mundo en general, notaron una mejora en su ánimo en una mayor proporción que los que habían tenido un comportamiento neutro o centrado en sí mismos. Por otro lado, las personas que sólo tenían que preocuparse de sí mismas no notaron mejora en su bienestar ni ninguna emoción positiva.

Hacer algo por los demás permite sentir más emociones positivas, como alegría, satisfacción y amor“, indica la doctora Nelson. “La gente, al mostrarse atenta con los demás, suele sentirse mejor mentalmente. Por eso cultivamos las relaciones sociales o nos sentimos valorados cuando realizamos una buena acción“.

Adaptado de un  artículo publicado originalmente en ‘The Huffington Post’  traducido por Marina Velasco Serrano