La capacidad de sobreponernos

Seguro que si les preguntase que es resiliencia, me mirarían con cara de ¿que estás diciendo?

Otro bonito palabro, de estos que nos gusta usar en psicología. Y que es mucho más fácil de explicar, si lo hacemos de forma sencilla.

La resiliencia es nuestra capacidad de aguantar, o mejor, de afrontar, las circunstancias más adversas.

Es algo innato. Todas las personas lo poseemos. Desafortunadamente, nos venimos a dar cuenta, sólo cuando enfrentamos circunstancias difíciles.

Es, en ese momento, cuando encontramos una fuerza, que desconocíamos tener.

Aparece cuando no nos queda otro remedio que actuar, que ponernos manos a la obra, y abordar las dificultades que nos vienen encima.

Esta capacidad humana nos hace ver lo mejor de nosotros mismos, paradójicamente, en los momentos más adversos.

Pero no tiene ningún misterio. Las personas somos capaces de mucho más, de muchísimo más, de lo que pensábamos.

Y, aunque la resiliencia, se refiere a momentos complicados, su cultivo en cualquier momento de nuestra vida, no hará reconocer capacidades que no pensábamos tener.

Por esto, el consejo de hoy desde este video espacio es el siguiente:

Confíen en ustedes. Son capaces. Pueden conseguirlo.

No hay porque esperar a los malos momentos. Háganlo ahora.

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(Pre) Ocupaciones

La vida sería un tormento horroroso si me la tuviera que pasar preocupada por algo que no ha sucedido.
Edgar Rice Burroughs

Tenemos una energía limitada. Malgastarla en preocuparnos hace que merme. Y no nos permite poder abordar la situación que provoca nuestra atención. Dicho así queda muy bien, pero ¿como lo podemos conseguir?

Vaya en primer lugar, que la preocupación es una reacción normal ante la adversidad. Es una alerta. Intentar evitarla nos aleja de nuestra realidad. Esta reacción que tenemos ante algo inesperado, o inevitable, constituye el primer paso de nuestra forma de abordar el problema. Nos hace entender que es algo, que va a necesitar nuestra atención.

Un segundo paso, tras la activación que supone la noticia, el cambio o la nueva circunstancia; es la actitud ante ella. Si nos quedamos en la preocupación, no avanzaremos. Es más, probablemente nos estancaremos en una situación de inacción que nos inhabilita rá para poder afrontar lo que nos preocupa.

Es entonces cuando comenzamos a ocuparnos. Cuando entendemos que, más allá de nuestras lógicas emociones, debemos actuar. Esto no significa, ni mucho menos, que desaparezca nuestra preocupación. Supone que vamos a dedicar nuestro esfuerzo a solucionar, no a lamentarnos. A encontrar la estrategia que nos permite convertir una situación difícil en un reto. En algo que podemos enfrentar. Este sería el tercer paso, que podemos llamar consciencia.

El paso siguiente es la consolidación. Muchas veces cuando llegamos a él, no nos damos cuenta de haberlo hecho. Es el momento en el que, quien nos ve de fuera, nos felicita por la manera en que estamos “sobrellevando la situación”. Y, a nosotros, nos hace preguntarnos porque nos lo dicen. Es el momento en el que ya hemos incorporado lo que nos preocupaba a nuestra vida diaria. Hemos cambiado, adaptándonos a una nueva situación.

Todos estos pasos no significan que la inquietud no esté ahí. Pero hemos decidido, en ocasiones sin ser conscientes de ello, que no podemos permitir que nos paralice. Y actuamos. Como hemos comentado al principio, es un balance de energía. Si seguimos instalados en la preocupación, no tendremos espacio para la ocupación.

 

Como ser resiliente

En psicología, la resiliencia es la capacidad que tiene una persona para superar circunstancias traumáticas como la muerte de un ser querido, un accidente, etc. Es algo que se puede entrenar, día a día, como propone Isabel J. Muriel en esta infografía.

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¿Adicción o Libertad?

¿Estamos dedicando todo nuestro esfuerzo a evitar las adicciones?¿Educamos a nuestros niños y niñas para ser felices y no necesitar sustancias externas para conseguirlo?
Este es el objetivo de esta ponencia-reflexión en la que se propone trabajar la resiliencia y el agradecimiento como forma de promoción del bienestar mental.

Presentado en las, IX Jornadas Jóvenes, Ocio y Tiempo Libre sobre prevención en drogodependencias, organizada por el Cabildo de  Fuerteventura el pasado 19 de Mayo de 2016, en Puerto del Rosario.

La Resiliencia. Mi Fuerza Interior

Ponencia presentada en el Congreso de ÁMATE, Asociación de Mujeres con Cáncer de Mama de Tenerife, en el día de ayer, en el Iberostar Gran Hotel Mencey. Fue un gran honor y placer poder compartir este rato de reflexión con quien estuvo allí

Mi fuerza interior

En mitad del invierno,
finalmente aprendí que había en mi un verano invencible
Albert Camus

Todas las personas la tenemos. Sin la menor duda. Esta fuerza interior aparece en los momentos que más la necesitamos. Muchos ni sabemos que está ahí, otros ni siquiera lo sabrán, bien porque no la necesitarán (o eso piensan) o porque, desafortunadamente, dan la batalla por perdida antes de que empiece.

Este superpoder oculto lo vemos, sin embargo, todos los días. En personas que, estando en circunstancias difíciles, son capaces de esbozar una sonrisa, que es el nivel uno de la fuerza o, nos sorprenden animándonos a todos los que estamos alrededor, con una potencia indescriptible, que es el nivel máximo. Con una intensidad emocional tan fuerte, que nos permite a los demás, si tenemos abierto el corazón y el cerebro, entender lo que es importante de verdad en la vida. Que no es otra cosa que tener la capacidad de seguir viviéndola, disfrutándola a cada momento.

Porque esta maravillosa virtud, que la psicología ha bautizado como resiliencia, aparece como una luz en nuestros (supuestamente) peores momentos. Y, en ocasiones, diría que muchas, nos cambia. Nos hace afrontar una situación nueva como un reto, nunca como un problema, nos enseña a abordarla minuto a minuto, aprendiendo a recargar nuestras pilas emocionales con el apoyo de las personas que nos quieren. Y, además, se produce un efecto mágico de retroalimentación. Las personas que expresan esta fuerza interior son capaces de hacer sentir a los demás la vida en toda su magnitud. Con lo que, paradójicamente, quien quizás, habiéndose acercado a ayudar, termina enredado en una magnifica ola de posibilidades y amor a la vida.

princess-of-mars-820727_640Recuerdo como en casa, siempre que se hablaba de cáncer, lo llamaban, “algo malo”, un claro reflejo de la costumbre social al uso, de ocultar la supuesta debilidad, sin entender que es ahí donde reside la verdadera fortaleza. No es raro, ha pasado con la lepra, el SIDA, y muchas otra enfermedades que nos hacían temer por nuestra vida o la de seres queridos.

Afortunadamente, y ya hace unos cuantos años, llegó la psicooncología. O lo que es lo mismo, la psicología comenzó a demostrar la importancia de los factores emocionales en los procesos de cáncer, y de otras muchas enfermedades. En estos tiempos, esto es algo incuestionable y sustentado científicamente, estudio tras estudio.

Podemos decir que ha ido calando el mensaje de la importancia de que la persona conozca su enfermedad, que la comparta si así lo desea, y que reciba apoyo profesional a todos los niveles.

Es un cambio que se ha consolidado en los últimos tiempos, y que todavía sigue requiriendo de un apoyo decidido por parte de la administración sanitaria, quizás demasiado enrocada en el concepto de enfermedad y de paciente. Porque las personas que yo he ido conociendo en estos años se les podía llamar de todo, menos eso. Son personas activas, conscientes de su enfermedad, que han dado un paso adelante para dejarse ver y apoyarse mutuamente. Algunas como mi amiga y compañera de trabajo Carmen, que fue la que me hizo conocer Ámate, y sus desfiles desenfadados de moda, y otras más cercanas como mi tía Rita, la guapa. Son un ejemplo para todos nosotros.

Y un modelo. Porque lo que hacen día a día consigue que, en este caso el cáncer de mama, se entienda como un proceso, como algo que hay que vivir, enfrentándolo, entendiéndolo, y compartiéndolo.

Por esto estoy hoy con un montón de mujeres, en el Congreso de Ámate, en el Hotel Mencey de Santa Cruz de Tenerife. Y serán dos días muy intensos, en los que aprenderé mucho y, seguro, me reiré un montón.

Porque ese es uno de los efectos colaterales de la resiliencia, incontrolables ataques de buen humor y amor a la vida. Por eso es un superpoder.

Dejarse ver

Cuidado, responsabilidad, respeto y conocimiento son mutuamente interdependientes.
Erich Fromm

Hace ya muchos años que hemos aprendido. O eso quiero creer. La psicología nos dice que la mejor forma de perderle el miedo a algo es conociéndolo. Y esto es valido para todo aquello que desconozcamos. Esta reflexión de hoy viene a colación de mi participación, este fin de semana, en el Congreso de Ámate, la asociación de mujeres con cáncer de mama, de Tenerife. Su lucha por hacer visible su realidad, es un éxito. Y con consecuencias realmente espectaculares para muchas personas, y sus familias.

Ser diagnosticado con esta enfermedad, hace no demasiados años, era un estigma. Provocaba que la persona que lo sufría, además de su enfermedad, se sumiese en un aislamiento social incomprensible. Algo que iba totalmente en contra de lo más necesario para ella. La sensación de apoyo, de comprensión y aceptación que podía recibir de muchísimas personas, diagnosticadas o no.

Es una gran lección a todos los niveles. Nos ayuda a ponernos en el lugar de otros, a tener una visión amplia, tolerante y respetuosa de las circunstancias y decisiones de los demás.

Porque esto es lo que es. Cada cuál decide como abordar su vida. Y los demás, no tenemos derecho a juzgarle. Ya ¡lo se! siempre y cuando no nos afecte. Pero es precisamente a esto a lo que me quiero referir ¿Nos afecta?¿O es que juzgamos tanto, que tenemos que “aprobar” todo lo que hacen los demás? Los límites los pone la convivencia y esta, a su vez, la determinan las personas.

Por esto, esta oportunidad que me brindan las mujeres de Ámate, es un canto a muchas cosas. La libertad por encima de todas ellas.

Gracias de corazón por dejarme participar en esta fiesta. Prometo no desentonar.

¿Seré capaz?

Al principio, tenía miedo, estaba petrificada.
Seguía pensando que nunca podría vivir sin ti a mi lado.
Pero luego, pasé tantas noches solamente pensando en cómo me habías herido.
Y me volví fuerte.

I Will Survive
 – Gloria Gaynor

La capacidad que tenemos de enfrentar situaciones complicadas se llama resiliencia, en psicología. Define estas actitudes y acciones que encontramos en el ser humano, cuando su vida cambia de forma brusca. Puede ser un accidente, una enfermedad o la pérdida del puesto de trabajo. En la mayoría de las ocasiones, no sabemos que poseemos esta cualidad ¿qué curioso verdad? Porque parece que sería muy conveniente ser consciente de ella. Y no solo esperar a que llegue cuando vivimos un evento traumático.

Evitar las dificultades es una de las claves que se han asociado a la civilización. Nuestra vida cotidiana se ha desarrollado a lo largo de lo años evitand el dolor. Y esto tiene sus efectos colaterales. Al hacerlo, perdemos la sensación de poder abordar las situaciones complicadas.

Hemos, en cierta forma, externalizado nuestra resiliencia natural. Lo hacemos desde pequeños, protegiendo a nuestros hijos de todo, literalmente todo, lo que les pueda ocurrir. Y no estoy sugiriendo que esto sea intrínsecamente malo. Simplemente, que consigue adormecer esta capacidad y nos convierte en dependientes. En ocasiones emocionales, cuando es de otras personas, o de sustancias que nos recetan o, simplemente de soluciones mágicas sin ningún tipo de fundamento científico.

Explorar nuestra resiliencia es un trabajo propio fascinante. Forma parte de ese viaje interior en que nos descubrimos encontrando secretos íntimos que no conocíamos. Pero, no nos equivoquemos, como todo viaje tiene sus momentos buenos y malos.

Y es ahí donde iremos viendo como funciona nuestra secreta capacidad de resistencia frente a la adversidad, junto a la capacidad para reconstruirnos saliendo fortalecidos del conflicto. Es lo que caracteriza a la resiliencia. Una actitud vital positiva a pesar de las circunstancias difíciles, que representa el lado positivo de nuestra salud mental.