Manipulación

Llénalos de noticias incombustibles. Sentirán que la información los ahoga, pero se creerán inteligentes. Les parecerá que están pensando, tendrán una sensación de movimiento sin moverse.
Ray Bradbury

La manipulación es una herramienta muy poderosa. Se lleva utilizando desde siempre para conducir opiniones y justificar atrocidades. Su fundamento es muy sencillo. Solo hace falta escoger de entre los diferentes argumentos o datos de que se disponga, y ordenarlos de la mejor forma que nos convenga. Es como una receta perversa. Si conocemos la forma de añadir los ingredientes, el sabor del plato puede resultar todo lo catastrófico que se nos pueda ocurrir.

Esta estrategia tiene como objetivo distraer a la opinión pública de la información veraz y contrastada. Pretende una visión del mundo y de la realidad que se adapte a los intereses de unos pocos. Generalmente con objetivos de enriquecimiento o de poder.

Quien la maneja puede hacernos creer prácticamente lo que quiera. Sobre personas, culturas, países, religiones … porque lo consigue llevar a los límites. Al enfrentamiento entre el bienestar -o la vida-, de nosotros o de los otros. Una falacia que no tiene fin. Pero que, al fundamentarse en el manejo del instinto de supervivencia y la dependencia emocional, resulta un arma enormemente poderosa para conseguir lo que queramos.

La utilización de los sesgos psicológicos es la base de esta manipulación. Son fenómenos casi imperceptibles que todas las personas tenemos. Unas somos conscientes de ellas, e intentamos desmontarlos, para ser más libres. Otras, les queda este recorrido todavía para conseguirlo.

Es un camino complicado, no lo niego. Pero resulta enormemente gratificante. Les invito a unirse a él. Las herramientas para conseguirlo son la empatía y la compasión. Además de un profundo respeto al ser humano.

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Pertenencia positiva

La verdadera educación no sólo consiste en enseñar a pensar sino también en aprender a pensar sobre lo que se piensa y este momento reflexivo -el que con mayor nitidez marca nuestro salto evolutivo respecto a otras especies- exige constatar nuestra pertenencia a una comunidad de criaturas pensantes.
Fernando Savater

Tener un sentimiento de pertenencia es una experiencia común. Significa aceptar y ser aceptado. Algo que exige, en ocasiones un enorme compromiso. El sentimiento de pertenencia es una necesidad humana, tanto como la comida, la bebida, el refugio o el sexo. Sentir que pertenecemos es algo importante que nos hace sentir valor, y nos ayuda en ocasiones afrontar situaciones o emociones complicadas.

Algunas personas encuentran las pertenencia en la religión, otras con amigos, otras con la familia, y otras en las redes sociales. El grado de pertenencia depende mucho de la persona: hay quien se ve conectada solo a otra persona, y hay quien se ve conectado al mundo, a todas las personas, o la humanidad. Otras personas luchan diariamente para encontrar esa sensación de pertenencia y su soledad llega ser físicamente dolorosa.

Hay quienes buscan la pertenencia excluyendo otras personas. Esto refleja la idea de que debe haber quien no pertenezca para que yo pueda hacerlo. Esta es un confusión habitual a la hora de construir una pertenencia que buscar pertenencia. Y un poderoso reclamo para quienes buscan aprovecharse de ello.

Una pertenencia, digamos sana, potencia la libertad individual, la empatía y la compasión. Tiene una incidencia directa en nuestra salud, física y mental. Nos hace más felices al conectar con otras personas. Porque, además, cuanto más conectemos más seremos capaces de ayudar y de ayudarnos. De sentir que no estamos solos. Esto es enormemente reconfortante.

Un modelo de pertenencia Basado en la exclusión es todo lo contrario. Suele estar basado en el miedo. Tememos, en el fondo, ser excluidos del grupo si no aceptamos todo lo que nos propone. Esto nos hace enormemente vulnerables y dependientes. Y fácilmente manipulables.

La pertenencia positiva es todo lo contrario. Realza y aprecia la diversidad, porque la entiende como una forma de crecimiento personal y comunitario. En este en este tipo de pertenencia integradora, encontramos apoyo y comprensión. No excluye incluye.

Es un modelo basado en encontrar los puntos en común, no los que nos separan. Y además añade un interesante aspecto: lo que nos podría separar, aquellas características individuales que no compartimos con muchos miembros del grupo, son objeto de curiosidad y de interés. De esta forma, las diferencias, también enriquecen a la comunidad.

¿Tienes paciencia?

La paciencia es la compañera de la sabiduría.
San Agustín

La paciencia, la que tenemos con nosotros mismos, es la que define cuanto y como nos queremos. Podemos elegir entre una actitud que nos juzga por lo que no somos, o podemos hacerlo por una que celebra lo que eres. Una lleva a amarte. La otra ya sabemos a donde te lleva.

Uno de las factores que influyen más en nuestra satisfacción vital es la paciencia. Desafortunadamente, en un mundo de inmediatez, no es tan siquiera popular hablar de ella como una virtud. Es normal, se ha retorcido su significado profundo y su importancia para nuestro aprendizaje, para utilizarla, en muchas ocasiones como una excusa de la incapacidad de otras personas para llevar a cabo sus responsabilidades.

Pero la paciencia es un ejercicio íntimo, nuestro. Casi podríamos decir que nos define como seres humanos, puesto que nos hace vivir el día a día en una actitud observadora, atenta, tratando de entender y aceptando los cambios, sin juzgar. Recuerden aquella famosa frase: “si tiene solución ¿por qué te preocupas?, si no la tiene ¿por qué te preocupas?” La paciencia determina como buscaremos soluciones.

Tener paciencia se confunde en muchas ocasiones con una actitud pasiva, que deja ocurrir lo que sea sin intervenir para cambiarlo. Pero es todo lo contrario. Es un proceso de reconocimiento del natural devenir de la vida, uniéndose a él, en lugar de tratando de acelerarlo. Tener paciencia se cultiva, y es un ejercicio que, a medida, que lo vamos manejando, nos da una maravillosa sensación de pertenencia. Formamos parte de lo que está ocurriendo. No intentamos cambiar nada. Somos parte de ese cambio.

La paciencia es, además, una magnifica forma de empatía. Al desarrollarla en nosotros, seremos capaces de hacerlo con las otras personas, respetando sus procesos, sin intentar modificarlo o adaptarlos a los nuestros.

Indudablemente, esta capacidad exige una enorme dedicación y continuos ajustes en un mundo frenético. Deberemos estar atentos para reconocer esos momentos en los que nos dejamos llevar por las prisas, por la impaciencia, para detenernos y devolvernos a nuestro propio ritmo.

Amor

Vengándose, uno se iguala a su enemigo; perdonándolo, se muestra superior a él.
Sir Francis Bacon

El pasado lunes vivimos el desenlace de uno de las situaciones más tristes que se pueden dar en nuestra sociedad. El asesinato de un niño. Esta vez muy cercano, quizás por esto lo sentimos tan profundamente.

Gabriel, de ocho años fue privado de su vida por alguien cercano, la pareja de su padre. Que, para asombro e indignación de quienes hemos estado siguiendo y sintiendo todo este proceso, se presentaba como afectada, al lado de la madre y del padre. Sin pudor.
No es mi intención intentar explicar como se puede llegar a tal vileza. No siento que sea el momento.

Porque lo que me ha conmovido, enormemente, ha sido la actitud de su madre, Patricia, en todo momento. Derramando y compartiendo, junto con el padre del niño, su amor por el pequeño. Haciéndonos sentirlo a nosotros, junto con su serenidad y, tras el fatal desenlace, redoblándolo, pidiendo mesura y tranquilidad, ante las muestras de rabia y odio en las que muchas personas han caído.

Frente a esto, hemos visto a una mujer que no quiere recordar a su hijo con rabia. No quiere asociarlo a la venganza. Que quiere sentirlo con todo el amor que les ha dado. Una lección impresionante. Por lo extraño en un mundo reaccionario y por como nos hace reflexionar.

Por esto quiero dedicar este espacio de psicología de hoy a dar las gracias a Patricia. Por hacernos ver lo mejor de una persona, en el peor de los momentos que puede estar pasando. Su agradecimiento. generosidad y compasión son ejemplares. Por decidir recordar desde el amor incondicional a Gabriel.

Lo que practicamos se fortaleca

En esta charla TED, Shauna Shapiro nos muestra como el mindfulness, puede cambiarnos, puede cambiar nuestro cerebro, nuestra forma de procesar. La practica refuerza nuestro cambio.

¿Sienten?

¿Qué pasa dentro de los cerebros de los animales? ¿Podemos saber qué piensan y sienten? Carl Safina cree que sí. Con el uso de descubrimientos y anécdotas que incluyen la ecología, la biología y las ciencias del comportamiento, enlaza historias de ballenas, lobos, elefantes y albatros para argumentar que así como nosotros pensamos, sentimos, usamos herramientas y expresamos emociones, también otras criaturas lo hacen, y mentes, con las que compartimos el planeta.

Enfado

Aferrarse a la rabia es como agarrar un carbón ardiendo con la intención de tirarlo a alguien; eres tú quien te quemas.
Buddha

Todas las personas nos enfadamos. Es natural. Una reacción a algo que no nos gusta, que consideramos injusto o nos molesta. Las razones pueden tan diversas como seres humanos hay.

La ira, el miedo o el asco pueden, en gran medida, determinar esta reacción de enfado. En cierta forma nos protege contra determinadas situaciones que nos pueden dañar a nosotros o a personas que queremos o por las que podemos sentir cercanía emocional.

Esta reacción forma parte de nuestro balance emocional. No es algo malo.
Siempre que no se convierta en nuestro modo de ser, claro. Seguro que se les viene a la cabeza ese amigo o amiga que está permanentemente “enfadado con el mundo”. Nada le parece bien, nada es suficiente, todo se hace en contra de él o ella. Unos cuantos conocemos ¿verdad? Ahora les hemos dado por llamar “personas tóxicas”, en un ejercicio de etiquetado que nos permite distanciarnos de ellas.

Además de la inoportunidad, inexactitud e injusticia de esta “marca”, deja poco espacio para la esperanza. Y va en contra de todo lo que la psicología científica conoce. Las personas cambian. Algunas consiguen salir del círculo del ego que supone el enfado permanente y aprenden que la vida tiene momentos buenos y malos. Y que, en muchas ocasiones, como nos gustaría que las cosas fuesen, no lo son. Y que esto, además, nos hace aprender. Por muy duro que parezca.

Cierto es que convivir a diario con una persona enfadada es una tarea dificil. Que solo se puede conjurar con altas dosis de compasión y paciencia. En ocasiones difícil. El grado en que estemos dispuestos a ello depende, en gran manera, de nuestro amor hacia ellos y hacia nosotros mismos. No siempre es sencillo conjugar ambas cuestiones.

Comprensión

Tenemos miedo. Seamos sinceros. Adentrarnos en las profundidades de algo, que sin conocer, rechazamos, nos aterra. Ocurre a diario.

Si algo no nos gusta, no nos paramos a intentar comprender porque es así. Parece como si no tuviésemos tiempo para ello. Sea la orientación sexual, la religión o el nacionalismo, es mucho más sencillo, rechazar. Adornándolo de todo tipo de argumentos que no son fruto de la comprensión propia. Más bien del aleccionamiento. Es algo muy peligroso, de verdad.

Porque cuando desenredamos los motivos por los cuales se produce el rechazo a aquello que es diferente, no encontramos fundamentos que estén basados en el conocimiento. Ni siquiera en sentimientos y si, muy frecuentemente, en el resentimiento de otros.

De esta forma nos vemos arrastrados a batallas que no son las nuestras, con argumentos que no comprendemos, en aras de un supuesto ideal que nos identifica. Pero si ahondamos profundamente en ello, y vamos a las raíces de muchas de nuestras creencias, seremos conscientes de, hasta que punto, no es así. De que lo que supuestamente pensamos no está basado en el conocimiento y en el estudio. Lo está en el adoctrinamiento.

¿Cómo podemos cambiar esto? Comencemos por escuchar, se aprende mucho haciéndolo. Aunque tendremos que entrenarnos para ello. Estamos acostumbrado a oír, esperando, con suerte, a que el otro acabe, para exponer lo que nosotros creemos. Y así es muy probable que no aprendamos nada. Un segundo paso, muy recomendable, es leer. Si es posible, de fuentes diversas, como diferentes periódicos o autores. Y, por último, y mi preferido, observar. Porque si somos capaces de permanecer en silencio, apreciando lo que ocurre a nuestro alrededor, sin juzgarlo, conseguiremos una suerte de sorprendente visión clara. Seremos capaces de apreciar los matices, lo que compartimos o no, y es así como nuestra opinión estará basada en nuestra propias fuentes y será única e individual. Nuestra. De verdad.