Como abordar el odio

Todos estamos en contra del odio. Lo reconocemos como un problema, pero como un problema ajeno, no propio. Sally Kohn dice que todos odiamos –algunos de manera sutil; otros, de formas más obvias. A partir de una dura historia vivida en carne propia, Kohn comparte una serie de ideas para poder reconocer y cuestionar el odio instalado en nuestras instituciones y en nosotros mismos, y para curarnos de ese sentimiento.

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La realidad

Querida imaginación, lo que amo sobre todo en ti es que no perdonas.” 

André Breton

Socorrido concepto el de la realidad. En muchas ocasiones parece como un antídoto perverso de la ilusión o de los sueños. En otras, un arma para desactivar cualquier visión positiva o de cambio, de la vida.

Lo paradójico de “la realidad” -como el sentido común- es que, a pesar de que se maneja como algo objetivo, no lo es en absoluto. De hecho es probablemente uno de los más subjetivos, junto con “la verdad”.

Quien lo usa con frecuencia lo hace, muchas veces, con la intención de justificar la propia incapacidad o intención de decidir. Se dice a si mismo que para que hacer nada, cuando “la realidad”, nos va a poner en nuestro sitio.

Son quienes esperan que “las cosas cambian” y no asumen ningún tipo de responsabilidad en dicho cambio. Quienes se pasan la vida esperando que sean otras personas quienes modifiquen lo que no le parece bien o es, simplemente, injusto.

También encontramos como estas personas minimizan cualquier intento de otros por alterar la supuesta realidad. Argumentos como, “las cosas son como son”, terminan dando carta de naturaleza a la pasividad, al conformismo y al aburrimiento vital. Cuando no consiguen que nuestra vida se convierta en un continua expresión de la dependencia externa.

Pero lo cierto es que la realidad no existe. O al menos es lo que piensan quienes la han cambiado, y la están cambiando. Es entonces cuando los inmovilistas intentan explicar lo que ha ocurrido aludiendo a unos supuestos superpoderes que siempre tienen los otros.

Porque pensar que cualquiera de nosotros puede hacer algo por cambiar sus circunstancias es la única realidad. Desde lo más pequeño a lo más grande. Todo comienza con la intención, el primer paso para actuar, y la perseverancia para seguir haciéndolo.

Es entonces, cuando te acostumbras, cuando eres consciente de que, casi siempre “la realidad”, es un muro que nos autoimponemos para no asumir el control sobre nuestras vidas.

Lo que practicamos se fortaleca

En esta charla TED, Shauna Shapiro nos muestra como el mindfulness, puede cambiarnos, puede cambiar nuestro cerebro, nuestra forma de procesar. La practica refuerza nuestro cambio.

Autoengaño

Como nos cuesta aceptar la realidad

¿Te cuesta enfrentar los hechos? Quizás estás en estado de negación. Refugiarse en este estado puede hacer más sencillo nuestro día a día, aunque al final tengamos que pagar el precio.

El autoengaño se define como “mantener dos ideas opuestas sin reconocer que existe un conflicto”. El precio que supone tal comportamiento incluye el riesgo de sufrir aislamiento, debido a la perdida de habilidad para conectarse con otros, que ocurre cuando tu inclinación a aceptar solo tu visión de la realidad es más grande que tu interés por la verdad.

No abordar los problemas puede afectar todos los aspectos de tu vida. La mayoría de nosotros hemos estado en este estado de negación en algún momento.

El autoengaño tiene diversas etapas y puede convertirse en algo crónico.

La primera etapa es el desconocimiento de hechos que no son placenteros.

Luego viene la fase donde todo es minimizado. Admitimos el hecho, pero lo obviamos, y nos decimos que no es para tanto.

Una tercera forma de mentirse así mismo es la proyección. En este caso, admitimos el problema, pero eludes la responsabilidad.

Admitir las verdades sobre nosotros mismos, y actuar en consecuencia, requiere valor y resolución.

Para ello, debemos empezar aceptando nuestro propio autoengaño. Lo primero que debemos hacer es reconocer el problema y tomar la determinación de ser honesto contigo mismo, aunque duela.

En segundo lugar, olvidemos la culpa. No ayuda nada autocastigarte y darle vueltas. Muchos nuestros autoengaños vienen de pensar que todo tiene explicación. Que podemos controlarlo todo.

Date tiempo y espacio para poder ver la situación con perspectiva. Puede que te ayude la soledad o hablar con alguien que respetes o aprecies.

En caso que te esté costando, acude a consulta psicológicos. La ayuda profesional facilitará el necesario cambio que es necesario para superar el autoengaño y sus efectos.

Salir de la Zona

No somos las mismas personas que el año pasado, tampoco lo son aquellos a los que amamos. Es extraordinario que, cambiando, podamos seguir amando a alguien que también cambió.
William Somerset Maugham

Si estás bien donde estás. Si no crees que debas cambiar nada en tu vida. Si tu zona de confort es donde deseas vivir tu existencia, este artículo no es para ti. No pierdas el tiempo leyéndolo. No lo necesitas.

Ahora bien, si por lo contrario, te apetece cambiar algunas o muchas cosas de tu vida, de como piensas o de como te relacionas, puede que estos breves consejos te puedan ayudar a conseguirlo.

Y este es el primero, admítelo. Hacer un repaso a aquellos aspectos de tu vida que te gustaría cambiar. Comenzar con un reconocimiento honesto de nosotros mismos, desde la aceptación, sin juicios ni expectativas, puede ser un buen comienzo. Solo siendo desde donde partimos, podremos tener una idea de adonde queremos -y podemos- llegar.

El segundo paso se llama resiliencia. Cambiar no es algo sencillo. Vamos a tener momentos en los que deseáremos tirar la toalla, planteándonos si realmente vale la pena. Si no es mejor quedarnos como estábamos. Son pensamientos automáticos, que intentan evitar el esfuerzo. El principio de economía cerebral provoca que todo lo implique modificaciones en nuestra rutina, por muy aburrida que sea, se perciba como algo potencialmente peligroso o arriesgado.

Es tercer paso en este camino es la presencia, que te ayudará a conseguir lo que quieres, si no dejas de intentarlo. Para ello resulta esencial el compromiso, diario, con tus objetivos. Solo de esta forma siendo conscientes de lo que está ocurriendo en tiempo real, conseguirás salir del modo de inercia que tanto caracteriza a la zona de confort. Y, además, te permitirá saber que puedes modificar si es necesario, el recorrido que te hubieses propuesto.

Y esta sería la última clave del cambio, la flexibilidad. Entender que si estamos queriendo ir hacia un lugar diferente, pueden existir otras rutas. Esta abierto al cambio no es una decisión estática. Es una actitud de vida.

El cambio es algo natural. Es lo que somos. Lo contrario, es una fantasía.

Triste Navidad

No hay nada más triste en este mundo que despertarse la mañana de Navidad y no ser un niño.
Erma Bombeck

Hay quien parece revivir en Navidad. Otras personas, simplemente, no quieren estar. Son a quienes estas fechas, la alegría de quienes les rodean, la oleada de consumo, les producen rechazo o tristeza. Lo pasan realmente mal.

Los motivos pueden ser muchos. La soledad, las pérdidas, la lejanía del hogar son, probablemente las más evidentes. Pero saber porque estas fechas tienen este efecto no se explica con un solo factor. Existen tantas tristezas navideñas como personas.

Las siguientes propuestas van dirigidas a ellas. A ti. Confío en que alguna de ellas te ayude a sobrellevar estas fechas complicadas.

Haz algo que no hayas hecho antes. Puedes ir a casa de un amigo o amiga a cenar, a ver una película, o a charlar. Otra alternativa es viajar a algún lugar donde no se celebren estas fiestas. Cambia las cosas.

Busca el significado original de estas fiestas. Participa en los actos religiosos que acontecen durante este período navideño. Averiguar como se celebran estas fechas en el entorno original, puede ser una magnifica forma de alejarnos del consumismo o los excesos.

Ayuda. Colabora con quien intenta que estos días, no sean todavía más duros para ottras personas, para quien no tiene posibilidades o vive en la calle. Acércate a comedores comunitarios, bancos de alimentos, asilos u organizaciones no gubernamentales. Son momentos en los que la ayuda es especialmente necesaria.

No te sientas presionado. Es el consejo más difícil. En Navidad muchas personas nos comentan que lo peor de llevar es la presión que sienten para participar. Como ocurre con personas o familiares, que no se ocupan de saber como están el resto de año, y pretenden hacerlo en Nochebuena o Fin de Año. No es obligatorio celebrar estas fiestas. Tampoco debes sentirte mal por no querer hacerlo.

Por último, mi propuesta para estas fechas, para quienes no le gustan es la previsión. Si están a tiempo, programen actividades alternativas como las que les proponemos. Pero, especialmente, intenten alejarse del espíritu contranavideño que termina siendo un auténtico calvario.

La posibilidad del cambio

El progreso es imposible sin cambio, y aquellos que no pueden cambiar sus mentes no pueden cambiar nada.
George Bernard Shaw

El cambio personal es algo que, culturalmente, no parece estar muy aceptado. La “sabiduría popular”, está llena de frases o refranes que no lo apoyan. Y esto puede calar profundamente en nuestra forma de pensar, haciendo que nos conformemos. Pensamos que si nos toca ser de una determinada forma, es así como se desenvolverá nuestra vida.

Pero es la propia vida la que se encarga de mostrarnos precisamente todo lo contrario.

Vivimos rodeados de personas que se encargan de romper estas hipótesis no contrastadas. Hombres y mujeres que cambian su destino, con tesón, perseverancia e ilusión. Esta es la base del cambio. Y creérselo.

Es lo que muestran los resultados de un estudio. Las personas que creen que se puede cambiar, son precisamente las que lo hacen. Parece curioso ¿verdad? ¿O no tanto?

Lo cierto es que, así como si pensamos continuamente que las cosas pueden ir mal irán mal, lo contrario es perfectamente valido también. Esto tiene un nombre. Confianza. Que debe ir acompañada, de forma inseparable, de esfuerzo. Porque esta parece ser la base del cambio real. Que lo produzcamos nosotros. Es lógico. Si las cosas cambian pero no sentimos tener ninguna responsabilidad en ello, para bien o para mal, difícil será que pensemos que nosotros tenemos algo que ver en ello. Más bien se lo achacaremos al azar. Y seguiremos pensando que nada depende de lo que nosotros hagamos.

Podemos discutir por horas la enorme cantidad de cosas que no se pueden cambiar. En algunas incluso, podríamos estar de acuerdo. Pero hay algo que parece ser fundamental para conseguir variar el rumbo hacia nuestro propio cambio, hacia nuestra felicidad: La actitud.

Si mantenemos una actitud sumisa y conformista ante la vida, donde todo lo que nos ocurre, bueno o malo, es responsabilidad de otros, el grado de control que sentiremos sobre nuestra existencia será ínfimo.

Por otro lado, si pensamos en que parte de lo que ocurre tiene que ver con la forma en que lo vemos o como actuamos iremos, progresivamente, sintiendo que somos los protagonistas de esta película que es nuestra vida. Y además, seremos más felices.

 

¿Reto o amenaza?

Cuando afrontamos una situación de “alta tensión”, como puede ser hablar en público, hacer un examen o competir en una prueba deportiva, es normal que nos preguntemos si estamos o no preparados para ello. ¿Hemos entrenado suficiente?¿hemos descansado?¿nos acordaremos de nuestras notas?.

De acuerdo al modelo biopsicosocial de reto y amenaza, estas preguntas pueden conducirnos a construir la misma situación de diferentes formas. Si estamos preparados, lo veremos como un reto, si no es así, percibiremos la situación como una amenaza.
Estas percepciones diferentes no sólo tienen impacto en como identificamos o etiquetamos estas situaciones; su impacto fisiológico y resultados también son muy distintos.

Si percibimos la situación como un reto, nuestro corazón y nuestra resistencia se pondrán a nuestro favor, a nuestra disposición. Un atleta de elite o un experimentado orador nos dirá que es esencial para él estar en un correcto estado de activación para poder rendir a su entera satisfacción.

Si, por el contrario, percibimos esa misma situación como una amenaza, algo que no podemos abordar, ese estado de activación lo percibiremos como nerviosismo o stress y nos puede llegar a paralizar.

La buena noticia es que podemos aprender a reconstruir la forma en que nos acercamos a estas situaciones de alta exigencia emocional. De hecho, esta es uno de los objetivos que puede abordar la psicología. El modelo que hemos comentado más arriba sostiene que las personas construyen su percepción de las situaciones de una u otra forma según sea la percepción de sus propios recursos y competencias, pero esto no es inmutable.

En el camino de nuestro cambio personal, aquellas situaciones que nos resultan inabordables, pueden ser un magnífico comienzo. Si cambiamos y reformulamos las situaciones estresantes para convertirlas en retos, conseguiremos mejorar nuestro desempeño en aquello que nos propongamos. La ayuda de profesionales de la psicología en estos procesos puede ser muy importante, al menos para conseguir que consigamos ver las cosas desde otro punto de vista. A partir de ahí, viviremos nuestros retos como proyectos, nos prepararemos, aprenderemos a conocernos mejor y nuestro bienestar, físico y mental, mejorará.

Pasaremos de sentir ansiedad o presión, a sentir excitación. Nos sentiremos vivos, implicados, comprometidos con lo que hacemos. Esta es la diferencia entre alguien apasionado por lo que hace frente a alguien aprisionado por lo que hace.

Como un buen amigo dice, no es fácil, desde luego. ¡Pero si lo fuese, no sería un reto!

Bloqueo

No olvidemos que las pequeñas emociones son los grandes capitanes de nuestras vidas y las obedecemos sin darnos cuenta.
Vincent Van Gogh.

¿Quién no se ha sentido bloqueado en alguna ocasión? Puede ser que nos ocurra durante un rato o se prolongue más allá de los deseable. En algunos momentos es, precisamente, lo que necesitamos para encontrarnos. Nos perdemos y, de repente, nos encontramos haciendo algo totalmente diferente ¡y maravilloso! A veces, ese bloqueo es precisamente lo que necesitábamos para avanzar. El cambio es algo necesario, pero en pocas ocasiones es sencillo.

Por esto es importante que, cuando nos sintamos así, o cuando empecemos a tener la sensación de que estamos perdiendo el control -o la ilusión del mismo-, es conveniente recordar que:

La vida es un viaje, no un destino.
No hay meta final y no hay un punto que marque que hemos llegado a ningún sitio. Como plantea Alan Watts, “no bailamos para llegar a ningún sitio, el asunto de bailar es precisamente, bailar“.

Todos los días aprendemos algo. Y aprender es una de las actividades más satisfactorias en las que nos podemos implicar ¡y no tiene fin! Crecemos con la experiencia, con el conocimiento. Si no, no valdría la pena estar aquí. Tómatelo con calma. Estás en el sitio que debes estar en el momento en el que estás.

Confía en ti.
Eres la única persona que sabes lo que estás buscando. Aunque a veces resulte complicado, dedícate tiempo y paciencia y encuentra aquello que te hace vibrar. Cuando llega el cambio es porque es necesario.

Puede parecer una catástrofe. Algo que no deseas que ocurriese. Pero con tiempo y perspectiva serás consciente de que tenía que ocurrir. Y porque.

Se vulnerable
La vulnerabilidad es el primer paso del coraje. Y el fundamento de la auto-confianza. Pero ¿quien quiere verse en una posición en la que siente no tener el control de nada? Seguro que nadie

Aprender a dejar ir se convierte en una batalla entre nosotros y nuestro ego. Éste último lucha por permanecer en control, mientras que vamos siendo conscientes que ha llegado el momento de evolucionar y cambiar. Una elaborada estructura que nos conduce a buscar la rutina por conocida, nos previene de conseguirlo.

Aceptar que necesitamos cambiar, respetándonos pero siendo firmes en nuestro deseo, es el primer paso para conseguirlo. Un camino siempre se construye a partir de un primer paso.

Arriésgate.
Nunca lo sabrás si no lo intentas. La mayor parte del cambio sucede cuando se cierra una puerta para que otras se pueda abrir. La vida no te va a dejar sin opciones, pero te toca a ti elegir aquellas que te interesen e ir a por ellas.

Bloquéate.
En ocasiones, es la opción mejor. Si tras muchos esfuerzos intentando cambiar sin éxito, llega el tiempo de detenerte y observar. Quizás el movimiento no te ha dejado ver lo más evidente, lo que te rodea. Aquello que no parecía hecho para ti, pero que puede ser la mejor opción. No es extraño que, en nuestro intento de ver más allá del horizonte, no veamos el paisaje que tenemos ante nuestros ojos.

Finalmente, no olvides que el cambio es algo natural. Es lo que ocurre si nos dejamos conducir. Es nuestra decisión si queremos ser los protagonistas de él o no. En ambas situaciones, nuestro grado de satisfacción con nosotros mismos es totalmente diferente.