¿Verdad o consecuencia?

Gobernar es el arte de crear problemas con cuya solución mantiene a la población en vilo.
Ezra Pound

Últimamente, me sorprende ver como personas de relevancia, generalmente en la política y otros ámbitos públicos, parecen haber hecho hecho un curso acelerado de psicología. Esto, que podría ser algo maravilloso, un enorme avance en la forma de abordar el servicio y la comunicación pública, sin embargo, presenta una grave deficiencia.

El programa de este hipotético curso incluye exclusivamente psicología de la manipulación. Un temario acelerado de como decir o hacer lo que nos venga en gana, sin incluir empatía, solidaridad o cualquier otra sensibilidad social. Se incluyen, eso si, un exhaustivo repaso a diferentes sesgos psicológicos que consiguen desviar la atención sobre nuestros actos, centrándolos en la persona que los pone en evidencia.

Así nos encontramos a quienes, ostentando una cargo público, insulta a toda una franja de edad, y pretende que sus afirmaciones se consideren como fuera de contexto. Por si esto no fuera suficiente, esta persona no se disculpa o deja su cargo. Al contrario, vemos como se intentan enmarcar sus palabras en un “lapsus”, que en psicología básica se consideran una expresión inadecuada de algo que realmente sentimos.

Algo similar ocurre cuando a alguien se le recuerdan sus comentarios xenófobos o despectivos a una parte de la población a la que aspira a representar. En este caso nos encontramos como la respuesta alude a las disculpas pedidas por ello. Y, en una suerte, de vuelta de tuerca que sería de risa, si no fuera patética, se destaca la capacidad de dicho responsable político para rectificar.

Lo que ocurre es que -y esto es psicología básica-, se está jugando con algo que no es fácil manejar: la confianza. No resulta sencillo que, si hemos sido traicionados, insultados, o vejados, perdonemos y establezcamos el nivel de confianza en la línea de salida de nuevo.

Por esto dejo aquí una lección sencilla de psicología para estas ocasiones. Se puede pedir perdón, pero hay que acompañarlo con un gesto -en este caso una renuncia al cargo que se ostente-. Esto si funciona. Después de un tiempo, el público recordará este gesto. Y ahí, es posible que se recupere parte de la confianza perdida.

Anuncios

Como detectar mentiras

Decir una pequeña mentira piadosa podría aplacar los ánimos, pero encubrir un complot de asesinato o retener información sobre células terroristas puede devastar a las personas y a la sociedad en su conjunto. Sin embargo, detectar engaños suele desconcertar a los más experimentados policías, jueces, funcionarios de aduana y otros profesionales forenses. La psicología presta “sus locuras” a los encargados del cumplimiento de la ley para ayudarles a descubrir quién está mintiendo.

Detectar las mentiras puede resultar difícil. Las pruebas del polígrafo se consideran poco fiables. Por ese motivo, la psicología ha ido catalogando las pistas del engaño, como expresiones faciales, lenguaje corporal y elección de palabras, para ayudar a detectar a las personas que mienten. A partir de estas investigaciones, se están desarrollando nuevas herramientas de detección, tales como programas informáticos, para analizar las expresiones faciales y el estilo de escritura.

También capacitan a expertos de los cuerpos de seguridad, en aeropuertos, agentes antiterroristas, funcionarios de relaciones exteriores y  policías.

Saber cuándo alguien está mintiendo no es una ciencia exacta. No obstante, algunos psicólogos dicen que las personas que mienten tienen las pupilas ligeramente dilatadas, un indicativo de tensión y concentración. Los mentirosos parecen más nerviosos que los que dicen la verdad, tal vez porque sus voces tienen un tono más alto. También es más probable que presionen sus labios si se les compara con quienes dicen la verdad.

Sin embargo, a pesar de lo que muchos creen, los mentirosos no son más inquietos, ni parpadean más, ni se ven más tensos que aquellas personas que dicen la verdad. Sólo cuando tienen mucho que perder, como su cónyuge, dinero o su reputación, parecen excepcionalmente tranquilos y el contacto visual con quienes los escuchan es notablemente menor.

Las expresiones faciales no son la única pista. Debido a que el engaño es un acto social que implica lenguaje, los investigadores también estudian lo que los mentirosos dicen y escriben.

Los mentirosos tardan más en comenzar a responder a preguntas que quienes dicen la verdad, pero cuando tienen tiempo para planificar, en realidad comienzan a responder con mayor rapidez; y hablan menos. En general, para otras personas, los mentirosos parecen más negativos, más nerviosos  y menos cooperativos, que quienes dicen la verdad.

Un programa informático estudia lo que escribe una persona para ayudar a la policía a predecir si alguien está mintiendo. El programa analiza el hecho de que los mentirosos evitan los pronombres en primera persona como “mi” o “mío”, usan más palabras que connotan emociones negativas como “odio” y “triste”, y usan menos palabras como “excepto”, “pero” o “no” que indican que pueden marcar la diferencia entre lo que hicieron y lo que no hicieron. Los desarrolladores del programa dicen que tiene un índice de exactitud del 67%.

Los programas informáticos no son los únicos métodos para detectar mentiras. Algunos científicos creen que puede capacitarse a las personas, como a los agentes de las fuerzas del orden, para que reconozcan a los mentirosos mediante su conducta. Les están enseñando a buscar indicadores conductuales de la mentira, como pensar demasiado cuando una respuesta no lo exige o emociones que no coinciden con lo expresado.

A la larga, la psicología señala que detectar engaños tiene que ver con la honestidad, es más difícil descubrir la verdad que descubrir una mentira.

INTEGRIDAD

Discurso final del personaje de Al Pacino en Esencia de Mujer, una recomendable película de hace unos años

El Coronel retirado que interpretaba estaba defendiendo al estudiante que interpretaba Chris O’Donell en el colegio de élite donde estudiaba, y donde le habían acusado de cierto escándalo, el cual no había provocado. La culpa era de otro compañero, que partía con la ventaja de tener a su papi adinerado para ayudarle. Y claro, O’Donell no tenía prestigio familiar para ayudarle a salir del atolladero. Pero lo que no sabían los demás, es que sí tenía a un peso pesado como Al Pacino para ponerlos en su sitio.

Y eso, amigos míos, se llama integridad. Eso se llama valor. Y esa es la pasta de la que deben estar hechos los líderes. Yo he llegado a muchas encrucijadas en mi vida. Siempre he sabido cual era el camino correcto. Sin excepción. Lo he sabido, pero nunca lo he tomado. ¿Saben por qué? Porque era jodidamente duro. Aquí tienen a Charlie. Ha llegado a la encrucijada. Ha escogido un camino. Es el camino correcto. Es un camino hecho por el principio que conforma un carácter. Dejémosle continuar su andadura.