Nostalgia

No hay nada más bello que lo que nunca he tenido, nada más amado que lo que perdí. Perdóname si hoy busco en la arena, una luna llena, que arañaba el mar
Joan Manuel Serrat

Cuando la mayoría de las personas se refieren a la nostalgia, están haciéndolo a una experiencia predominantemente positiva, que ocurrió en su pasado y que evoca memorias placenteras, asociadas a personas, lugares y momentos, con un significado emocional especial.

Sin embargo, la nostalgia puede ser un arma de doble filo. Es indudable que si nos perdemos en ella, añorando que ya no estén, puede ser una trampa complicada de superar. Viviríamos en el pasado, con una sensación inevitable de pérdida.

Estas fechas son proclives a esta circunstancia. El recuerdo, especialmente de personas, provoca sentimientos contradictorios que, en muchas ocasiones, no deseamos tener. Porque la nostalgia tiene esa característica. Nos hace recordar lo bueno y lo especial.

Pero, inevitablemente, también consigue que seamos conscientes que no se va a repetir.
No a todas las personas esta experiencia le resulta placentera. Muchos huyen de ella, otros simplemente la rechazan. No poder repetirlas, siendo conscientes del paso inexorable del tiempo, les resulta muy doloroso. La navidad contribuye a esta sensación.

Por esto quizás la nostalgia es una de las experiencias más enriquecedoras que podemos sentir. Nos hace ser conscientes de la fortuna que hemos tenido al compartir nuestra vida con seres excepcionales, vivido momentos maravillosos y visitado lugares fantásticos. Y, al mismo tiempo, nos hace sentir tristes de que no estén ocurriendo ahora, echándolos de menos. Es puro aprendizaje emocional. La paradoja de la alegría y de la tristeza en una misma sensación. Es, en suma, la vida, condensada en unos minutos.

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Triste Navidad

No hay nada más triste en este mundo que despertarse la mañana de Navidad y no ser un niño.
Erma Bombeck

Hay quien parece revivir en Navidad. Otras personas, simplemente, no quieren estar. Son a quienes estas fechas, la alegría de quienes les rodean, la oleada de consumo, les producen rechazo o tristeza. Lo pasan realmente mal.

Los motivos pueden ser muchos. La soledad, las pérdidas, la lejanía del hogar son, probablemente las más evidentes. Pero saber porque estas fechas tienen este efecto no se explica con un solo factor. Existen tantas tristezas navideñas como personas.

Las siguientes propuestas van dirigidas a ellas. A ti. Confío en que alguna de ellas te ayude a sobrellevar estas fechas complicadas.

Haz algo que no hayas hecho antes. Puedes ir a casa de un amigo o amiga a cenar, a ver una película, o a charlar. Otra alternativa es viajar a algún lugar donde no se celebren estas fiestas. Cambia las cosas.

Busca el significado original de estas fiestas. Participa en los actos religiosos que acontecen durante este período navideño. Averiguar como se celebran estas fechas en el entorno original, puede ser una magnifica forma de alejarnos del consumismo o los excesos.

Ayuda. Colabora con quien intenta que estos días, no sean todavía más duros para ottras personas, para quien no tiene posibilidades o vive en la calle. Acércate a comedores comunitarios, bancos de alimentos, asilos u organizaciones no gubernamentales. Son momentos en los que la ayuda es especialmente necesaria.

No te sientas presionado. Es el consejo más difícil. En Navidad muchas personas nos comentan que lo peor de llevar es la presión que sienten para participar. Como ocurre con personas o familiares, que no se ocupan de saber como están el resto de año, y pretenden hacerlo en Nochebuena o Fin de Año. No es obligatorio celebrar estas fiestas. Tampoco debes sentirte mal por no querer hacerlo.

Por último, mi propuesta para estas fechas, para quienes no le gustan es la previsión. Si están a tiempo, programen actividades alternativas como las que les proponemos. Pero, especialmente, intenten alejarse del espíritu contranavideño que termina siendo un auténtico calvario.

Juguetes

La Navidad es la época del año en que se nos acaba el dinero antes que los amigos
Larry Wilde

De nuevo estamos en en Navidad. Es el tiempo de los excesos. Los momentos que dedicamos a comer mucho más de la cuenta. Y a beber. Pero esto no es de lo que quiero hablarles hoy.

La Navidad es también tiempo de regalos. Especialmente para los más pequeños.A los niños y niñas, los invadimos con un montón de obsequios, que reciben de Papá Noel o de los Reyes Magos. Y digo un montón porque ,quizá lo más característico de los regalos navideños es su desmesura.

Nuestros hijos, nuestros nietos, nuestros sobrinos, se ven invadidos por infinidad de regalos que llegan todos al mismo tiempo. Muchos de ellos ni siquiera serán abiertos. Y si lo son, serán aparcados a un lado, desde que llegue el siguiente regalo.

La capacidad de procesamiento de nuestros más pequeños se ve absolutamente desbordada. No son capaces de digerir mentalmente lo que está ocurriendo. Podemos llegar, a provocarles un shock que les hace no entender que lo que están recibiendo es lo que alguien que les quiere les ha regalado, con toda su dedicación y posibilidades.

La fantasía de la Navidad no contribuye a que esto pueda entenderse. Si lo vemos fríamente ¿por qué razón reciben más regalos quienes sus familias tienen más posibilidades económicas?¿por qué no todos los niños y niñas, en este tiempo de celebración, no están en la mismas condiciones?

Lo se. Puede ser demagógico mi reflexión de hoy. Sin duda. Pero si hay algo que la psicología sabe hace tiempo es que, desde niños, procesamos a diferentes niveles, más o menos conscientes. Y esto que les planteo, no escapa a un nivel de procesamiento determinado. Y envía un mensaje contrario al que nos gustaría que recibiesen los más pequeños. El de la justificación de la desigualdad, la insolidaridad y la desesperanza.

Se que puede ser tarde ya. Las fechas están aquí. Pero quizás tengamos tiempo de reflexionar sobre aquello que vamos a regalar, valorar que significa para nosotros y para quien lo va a recibir. Y comenzar a escapar de esta absurda competición del número de obsequios que ha recibido mi hijo o mi hija.

Tolerancia Navideña

No existe la Navidad ideal, solo la que usted decida crear como reflejo de sus valores, deseos, personas queridas y tradiciones.
Bill McKibben

Se acercan los tiempos de encuentros y reencuentros. La navidad es la fecha por excelencia de los mismos. Tanto las reuniones de empresa, de amigos, como las propias de las festividades navideñas, son momentos de recuerdos, de diversión y … de problemas.

En estas ocasiones grupales se unen muchas emociones que, regadas por el alcohol, suelen derivar en circunstancias cuando menos incómodas. Sean compañeros de trabajo que deciden manifestar lo que piensan de sus iguales, o de sus superiores, o familiares que solamente vemos en estas fechas, los encuentros navideños pueden ser un auténtico calvario para muchas personas.

El primer consejo para afrontar estas situaciones no puede ser otro que la consciencia. Saber como nos sentimos, con quien vamos a estar, y repasar todo aquello que nos une y nos separa. Es importante dejar aflorar lo que nos puede estar incomodando o molestando en un ámbito individual o íntimo. Contarle a alguien de confianza lo que nos hace sentir el tener que compartir mesa con personas que no son santo de nuestra devoción. Digamos que sería una primera descompresión, para poder identificar una posible salida de tono o evitar interacciones conflictivas en estas reuniones.

Nuestra segunda recomendación es todavía más lógica: La moderación. O incluso la evitación del consumo de alcohol u otras sustancias, que pueden hacer caer las barreras emocionales y provocar que nos podamos arrepentir después de ello. Se que no es sencillo, pero puede llegar a solucionar gran parte del estrés navideño.

La tercera -y última-, es quizás la más complicada: La tolerancia. Es el mínimo requisito para una navidad en compañía. Si la practicamos estaremos contribuyendo, además, a salir de la ecuación de los problemas navideños, para incorporarnos al grupo de las soluciones. Quienes se preocupan de lo que podemos pensar, decir o hacer, dejarán de tener que hacerlo.

Es una buena época para ejercer nuestra compasión, entrenar el perdón, evitar los juicios y olvidarnos de nuestro ego.

Estrés navideño

La Navidad está construida sobre una hermosa e intencional paradoja: que el nacimiento de las personas sin hogar se debe celebrar en cada hogar
G. K. Chesterton

Bienvenidos a las Navidades. Esta espiral de compras (muchas sin sentido, admitámoslo), no solo tiene efecto en nuestra maltrecha economía. Es una fuente de estrés que provoca que muchas personas, terminen odiando estas fechas. Analicemos que ocurre para que, una ocasión de celebración familiar, se convierta en un periodo de tristeza.

Queremos abarcar mucho. Es evidente que se unen preparativos de comidas más regalos, dificultades de conciliación (no todas las personas pueden tomar vacaciones), junto a una sensación de sentirse obligado a estar alegre. Ordenar lo que queremos hacer, consciente y ordenadamente, es una forma de desactivar esta fuente de agobio festivo. No podremos brindar con todos los que querríamos, o acudir a todas las cenas. No pasa nada. Apunta quien te falta y llámala tras las fiestas.

No hemos hecho lo que hubiésemos querido. Inevitablemente, nos encontramos con el mismo sobrepeso que el año anterior (o más), no hemos aprendido inglés o dejado el tabaco. Esto nos frustra y consigue que este período lo asociemos a fracaso. ¡Démosle la vuelta! Seamos conscientes e intentemos abordar aquello que si podemos. Hagamos proyectos pequeños, a corto plazo, inmersos en un plan general que no este sujeto a fechas marcadas socialmente. Nos irá mejor.

Comemos, bebemos mucho. Mucha comida, muchas celebraciones además de alimentos y bebidas a las que no estamos acostumbrados, ni por sus horas ni por su frecuencia, hacen que tengamos una permanente sensación de pesadez en el estomago. Esto consigue que nuestras sensaciones, anímicas y físicas, sean de incomodidad, lo que no contribuye a nuestro sosiego interior. Seamos conscientes de ello y dosifiquemos. Puede ser incluso un buen entrenamiento para nuestro plan de comida sana.

Gastamos mucho. Otra forma de decir que compramos muchas cosas que no necesitamos o que no necesitan a quienes se las regalamos. Los regalos infantiles llegan a ser tan abundantes que el mensaje que reciben nuestros pequeños es muy contradictorio. y agobiante. Pongámonos de acuerdo e intentemos que los presentes sean más de calidad (y no por su precio), que de cantidad. Busquemos juguetes que propicien valores y fomenten la comunicación entre personas.

Demasiado juntos. Estas fechas nos reencontramos con muchas personas que deseamos ver. Familiares que viven lejos, amigos que regresan por Navidad … pero también es el momento de los encuentros incómodos, de vernos “obligados” a compartir mesa con quien no nos apetece. Una fuente de fricción que nos puede afectar emocionalmente. Decidamos, Evitar estar con quien no queremos, puede conseguir que no estemos con quien si deseamos compartir. Es un buen momento para aparcar nuestro ego y ejercitar nuestra tolerancia.

Soledad. En el otro extremo está la soledad que se produce en aquellas personas que no tienen a la familia cerca o, simplemente, no tienen con quien compartir estas fiestas.

Tengámoslo en cuenta a la hora de decidir quien recibe nuestro regalo o invitamos a nuestra mesa. Otro momento genial para ejercer la generosidad.

Por último, lo mejor del estrés navideño es su predictibilidad. Sabemos cuando empieza y cuando acaba, ya que está determinado en el tiempo. Esto facilita programar con antelación como abordarlo, de forma que podamos aplicar lo propuesto anteriormente.

Si me permiten un último mensaje, reserven un hueco en su corazón para quienes trabajan estas fiestas, y para quien no lo hace, porque no puede. A aquellas personas que estarán hasta altas horas de la noche, en jornadas interminables, haciendo que nuestras fiestas sean más dichosas, seguras y sanas.

Hoy es el día

Las únicas personas realmente ciegas en la época de Navidad son las que no la tienen en su corazón
Hellen Keller

La mayoría de nosotros pasaremos la Nochebuena en familia, comiendo y bebiendo un poco más de la cuenta. Es de esperar que para casi todos sea una noche de reencuentro y de alegría. Eso también es lo habitual.

Todo esto a pesar de las consabidas historias –no digo que no sean ciertas-, acerca de los cuñados, los chistes malos o las conversaciones fuera de tono, sobre fútbol o política. Ocurren, seguro. Y forman parte de la decoración navideña.

Este tipo de reencuentros familiares, no siempre deseados, pueden ser una bomba de relojería si no hemos ido preparados para ello. Pero hoy aquí, mi intención es ayudar en el caso que se produjese la temida explosión, no tengamos que arrepentirnos de lo que digamos o hagamos.

Puede ocurrir que, al anticipar que algo no nos va gustar: el tío que siempre bebe más de la cuenta, las pullas de la mujer de tu hermano o las inconveniencias de tu propio hijo, estemos, de hecho, predisponiéndonos a que prenda la mecha.

Si, estoy planteando que, en estas ocasiones, podemos ser nosotros quienes estemos catalizando los momentos desagradables o incómodos de la cena de Nochebuena. Al esperar que ocurra estamos de hecho, provocando que lo haga.

Porque, pensemos ¿qué es lo importante esta noche? Estar juntos, la familia. En esta noche tan especial en la que los más mayores se cuestionan si será su última, y los más pequeños la viven como el principio de un período de sueños que pueden cumplirse.

Por esto la propuesta de hoy es simple. Esta noche seamos simpáticos y tolerantes. Y si metemos la pata, simplemente ¡disculpémonos! Hagámoslo con quien podamos haber ofendido. Es sencillo.

Solo ¡lo siento! Sin esperar nada a cambio.

¿Qué le pido a los reyes?

La Navidad es la época del año
en que se nos acaba el dinero antes que los amigos.
Larry Wilde

Uff ¡Qué momentos! Estamos en la época navideña en la que nos bombardean por todos lados sugiriendo (es un decir), juguetes, regalos, cachivaches y un montón de cosas más que debemos comprar para ser felices, o para que lo sean los más pequeños de la casa.

Este tiempo es quizás el mejor exponente de nuestra sociedad de consumo. Regalaremos muchas cosas que no saldrán de la caja; otras que si, pero que apenas se usarán. Y, además, se repetirán los regalos en diferentes casas, dependiendo de lo amplia que sea la familia.

Siendo psicólogo se supone que yo no he caído en esto. Que me sabía la lección ¡Qué va! ¿Recuerdan aquello de “en casa del herrero”? Pues eso. Por supuesto que me he visto yendo de casa en casa recogiendo regalos que apenas caben en el coche, llevando de la mano a hijo o hija, con su regalo preferido de los “de casa”. Y poniendo cara de póquer cuando llegaba alguno que no era lo esperado o, peor aún, lo aconsejado.

Pero bueno, será por los años y por la profesión, que uno termina aprendiendo mucho de esto de los regalos de Navidad y Reyes. Comparto con ustedes algunos de mis descubrimientos y, si me permiten, algunos consejos para quienes todavía están en la tesitura de enviar la carta.

  1. ¿Estás seguro que quiere un robot de cocina? Esto es lo primero que debemos tener en cuenta. Les aseguro que no son los únicos en descubrir que, aunque el niño quiera una aparato de estos para cocinar, como su padre o su madre no sean unos cocinillas, el regalo quedará apartado a las primeras de cambio. Y esto es valido para la caña de pescar, la caja de herramientas o cualquier otra cosa que implique que papá o mamá tomen un papel activo en su uso.
  2. Ya tiene una consola. Como es lógico, todos los años aparecen nuevas consolas de juegos en el mercado más nuevas que la que tenemos en casa. Pero, creanme, con una es suficiente para la infancia y adolescencia de sus hijos e hijas. Si no, se verán con un montón de trastos contaminantes en casa, después de unos años. Esto es experiencia.
  3. ¿Has leído las etiquetas? Es esencial que lo hagamos. Son una fuente de sabiduría que ahora también pueden consultarlas en internet. Es importante que conozcamos de que están hechos y a las edades que se destinan. Si obviamos esto, quejarse luego no tiene sentido alguno ¡Ya te lo habían dicho!
  4. ¿Refleja con tus valores? Es, para mi, lo esencial. Y lo más complicado. Regalar juguetes no sexistas, ecológicos y que promuevan el compañerismo y la bondad es, en ocasiones, una decisión solitaria. Es como luchar contra el resto del mundo. Pero, recordemos: el principal lugar para la educación está en casa. Y los juguetes forman parte esencial de ésta.
  5. No necesita un móvil. Una de las decisiones más complicadas. Este aparato tan útil, se ha convertido en un juguete más, que se regala desde la más tierna infancia. Sus hijos le dirán que lo tienen todos sus amigos y amigas (como ha ocurrido siempre). Pero lo cierto es que lo que pueden hacer con un smartphone, también lo podrán hacer con un ordenador, que además les será útil para clase.

Resumiendo, este período puede realmente sacarnos de nuestras casillas por muchas razones. Pero si aplicamos un poco de sentido común a la hora de comprar los regalos aseguraremos que el daño sea mínimo.

POLAR EXPRESS

Polar Express relata las aventuras que vive un niño, de ocho años de edad, en la noche del 24 de diciembre (Nochebuena), justo cuando comienza a perder la esperanza de continuar creyendo en la existencia de Santa Claus y el espíritu que conlleva celebrar la Navidad.

Al prepararse para dormir, un estruendoso ruido se escucha frente a su habitación provocando una breve perturbación sismica ocasionada por un enorme tren que se ha detenido justo enfrente de la puerta de su hogar.
El niño sale impresionado de su habitación y, mientras está explorando el exterior del misterioso tren, es invitado a abordarlo por el conductor del mismo y, aunque se niega primeramente, al final termina corriendo para subirse a bordo.

Ya dentro del tren conoce a un selecto grupo de niños.
El Expreso Polar transportará, a todos esos niños en un recorrido de ida y vuelta rumbo al Polo Norte, donde tendrán la oportunidad, tanto de conocer en persona a Santa y sus duendes trabajadores como de ser elegidos para recibir el primer obsequio de la noche.

¿FELIZ NAVIDAD?

No existe la Navidad ideal, solo la Navidad que usted decida crear como reflejo de sus valores, deseos, queridos y tradiciones

Bill McKibben

La Navidad puede ser un tiempo muy especial. Nos reunimos con amigos y familia y compartimos experiencias para recordar, para guardar en la memoria. Pero, para algunas personas esto no es así. Es un momento de echar de menos a los que no están, de sentirse “empujados” a comprar, de soportar a esos familiares que no soportamos que, además, se acrecienta con la presión que sentimos a encontrarnos “felices”. Puede resultar algo realmente agobiante y difícil de sobrellevar.

Esto que ocurre a muchas personas no es algo extraño. Las navidades suponen un gran impacto emocional concentrado en un corto espacio de tiempo. Y no resulta sencillo de abordar para todo el mundo. En muchos casos puede ser incluso aconsejable buscar el apoyo profesional que nos permita programar este tiempo del año para no sentir que nos cae encima como una losa inevitable. Siguiendo el consejo de expertos en depresión y ansiedad, asociada a este tipo de celebraciones, les proponemos una serie de ideas para conseguir afrontarlo e, incluso cambiarlo. Para aquellos que sufren este desorden estacional, esto puede significar la posibilidad de disfrutar de un poco de la magia navideña.

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Acéptate

Cualesquiera que sean las circunstancias que evitan que disfrutemos las fiestas navideñas, es importante que hagamos un ejercicio de reconocimiento, que nos permita saber que podemos y que no podemos controlar. Debemos evitar culparnos y castigarnos respecto a nuestro estado de ánimo. Hay que identificar aquello que nos produce esta tristeza y aceptarlo. No significa perder la esperanza, solo es aislar aquello que no nos deja disfrutar, y no permitir que nos invada lo que si nos puede gustar de estas fechas.

Cuídate

Asegúrate de comer y dormir bien. Aprovecha para hacer ejercicio, o también para relajarte o meditar (es un buen momento para empezar a hacerlo). Mímate un poco. Toma ese baño que nunca tienes tiempo de hacer. Ve al cine a ver una buena comedia. Incluso en los peores momentos –especialmente en estos- es muy importante que nos consideremos como alguien importante a cuidar.

Implícate con las personas y actividades que amas

Llama a un viejo amigo o amiga. Vete a dar una vuelta y observar la navidad con él o ella. Incluso si debes quedarte en casa por cualquier razón, rodéate de aquellas cosas que te hacen sentir bien. Un buen libro no es una mala idea. Un concierto en DVD de ese grupo que te gusta, sería fantástico. Haz que tu ambiente sea un lugar confortable, cálido.

Ilumina la situación

Si te agobian los días tristes o grises, busca los espacios abiertos. La playa es una fantástica idea en esta tierra donde vivimos. Visitar los montes o apuntarnos a rutas de senderismo navideño puede ser fantástico. La luz del día tiene un importante efecto en nosotros. Usemos sus efectos.

Encuentra alguna forma de ser generoso

Es muy fácil caer en la trampa de sentir lástima por nosotros mismos durante las fiestas. Y a pesar de que nos pueda parecer una algo extraño, siempre resulta muy útil con este estado de ánimo, encontrar la forma de ayudar a los demás. No es solamente una cuestión estacional, hacerlo puede significar un verdadero cambio para nosotros implicarnos en un proyecto que impacte positivamente a otras personas.

Para aquellos que no sufren de esta tristeza navideña, puede resultar algo difícil de entender. Pero la mejor forma de poder ayudar a quienes la padecen es aceptando su realidad, entendiéndola y poniendo todo de nuestra parte para conseguir transmitir las emociones que nos producen estas fiestas a nosotros.

Les deseo una Feliz Navidad.