Hay una frase que escucho a menudo en consulta: “Es que no me gusto…”. Y cada vez que alguien la pronuncia, algo se encoge por dentro. Porque cuando no nos gustamos, cuando no nos valoramos, empezamos a caminar por la vida con una carga invisible que nos aleja de los demás… y también de nosotros mismos.
La autoestima no es simplemente quererse mucho o tener siempre pensamientos positivos. Es algo más profundo: es el vínculo que construimos con nosotros a lo largo del tiempo. Tiene que ver con cómo nos hablamos, cómo nos tratamos, cómo nos miramos cuando nadie más está mirando.
Y sí, tiene mucho que ver con la imagen que proyectamos. Porque si tú no te sientes digno de amor, respeto o admiración… ¿Cómo vas a creer que alguien más lo sienta por ti?
¿De qué depende que me guste?
A menudo creemos que sentirnos bien con nosotros mismos es el resultado de alcanzar ciertas metas, de vernos de determinada manera o de recibir aprobación de los demás. Pero en realidad, gustarte empieza mucho antes y mucho más adentro. Empieza cuando decides dejar de pelear contigo mismo.
Gustarte no significa encajar ni cumplir expectativas externas, sino abrazar aquello que ya eres. Tu cuerpo, tus decisiones pasadas, tus emociones y hasta lo que llamas tus fracasos son piezas de un mismo puzzle. Negarlas o esconderlas es como arrancarte pedazos y seguir esperando sentirte completo.
Cuando te permites mirarlas, reconocerlas y aceptarlas, empiezas a construir un vínculo más sólido contigo. Y ahí es cuando, poco a poco, la relación contigo mismo cambia de raíz.
Habla bien de ti… cuando hables contigo mismo
Una de las formas más potentes de empezar a gustarnos —un poquito más, cada día— es observar el lenguaje que usamos con nosotros mismos. ¿Te has fijado en cómo te hablas cuando algo te sale mal? ¿O cuando te miras al espejo?
Cambiar ese diálogo interno es una herramienta poderosa. Poner foco en nuestras fortalezas. Cuidar las palabras que usamos. Evitar las autoetiquetas limitantes como “soy un desastre”, “no valgo para esto” o “seguro que nadie me va a querer así”.
Hablar en positivo no es engañarse. Es empezar a construir una mirada más amable, más realista, más compasiva.
✨ “Aceptar no es rendirse, es reconocer quién eres hoy para construir quién quieres ser mañana.”
Aceptar no es conformarse
Aceptar no significa rendirse ni dejar de crecer. No se trata de mirarte al espejo y repetirte a la fuerza: “¡me encanta todo de mí!”. Aceptar es mucho más profundo y genuino. Es poder mirarte con honestidad y decir: “Esto soy. Con mis luces, mis sombras, mis errores y mis aciertos. Y aun así merezco respeto, afecto y cuidado”.
Aceptar es el punto de partida para cualquier cambio real. Cuando te niegas a ti mismo, gastas energía en pelear con lo que eres. En cambio, cuando aceptas, te das permiso para mejorar desde un lugar de comprensión, no desde la exigencia ni la culpa.
No significa quedarte donde estás ni justificar aquello que te hace daño. Significa reconocer tu historia, tus decisiones y tus emociones sin huir de ellas. Significa mirarte sin máscaras, sin compararte con los demás, y entender que eres valioso incluso con todo lo que todavía estás aprendiendo.
La autenticidad nace justo ahí: cuando dejamos de escondernos y empezamos a mostrarnos como somos, sin miedo a no encajar en un ideal imposible. Y es en esa autenticidad donde surge la verdadera fuerza para crecer, para tomar decisiones nuevas, para cuidar de nosotros mismos y, desde ese lugar, relacionarnos de forma más sana con los demás.
Aceptar no es un final. Es el primer paso de un camino donde puedes reconstruirte con amor propio y avanzar hacia quien quieres ser. Porque desde la aceptación nace la posibilidad de transformación.
Pasos para empezar a valorarme
A veces escuchamos eso de “quiérete más” y no sabemos ni por dónde comenzar. Valorarme no es un acto único, es un entrenamiento diario. Aquí tienes un camino sencillo para empezar:
1. Obsérvate sin juicio
Dedica unos minutos al día a mirarte por dentro. Pregúntate cómo te sientes, qué necesitas, sin criticarte ni etiquetarte. Solo observa, como si fueras tu mejor amigo escuchándote.
2. Cambia tu diálogo interno
Revisa las palabras que usas contigo mismo. Sustituye frases duras como “soy un desastre” por otras más amables y realistas: “estoy aprendiendo”, “puedo mejorar”. Tu mente escucha cada palabra.
3. Reconoce tus logros diarios
Anota tres cosas que hayas hecho bien cada día, por pequeñas que sean. Este hábito te enseña a enfocar la mirada en tus fortalezas y no solo en tus fallos.
4. Rodéate de personas que te sumen
Busca espacios y relaciones donde te sientas aceptado y apoyado. La compañía adecuada potencia tu autoestima, no la drena.
5. Permítete ser imperfecto
Recuerda que valorarte no significa ser perfecto, sino aceptar tus procesos, tus aprendizajes y tus ritmos. La autenticidad vale mucho más que cualquier máscara.
6. Cuida tu cuerpo y tu mente
El descanso, la alimentación, el movimiento y los momentos de calma son una forma de decirte a ti mismo: “me importo”.
7. Pide ayuda cuando la necesites
Si sientes que el camino se hace cuesta arriba, busca apoyo. A veces una conversación profesional abre puertas que no habías visto antes.
Empieza con un solo paso, hoy mismo. Porque aprender a valorarte no es un destino lejano, es un gesto que puedes elegir cada día. ✨💛
¿Y si empezamos por ahí?
Tal vez gustarse no sea un punto de partida inmediato. A veces es un proceso, a veces un reencuentro. Pero si al menos podemos comenzar por tratarnos con el mismo respeto con el que tratamos a quienes amamos… ya habremos dado un paso gigante.
Porque al final, no se trata de encajar, de gustar o de demostrar. Se trata de reconocerse y aceptarse.
¿Sientes que te cuesta mirarte con cariño o estás atravesando un momento de baja autoestima?
Podemos trabajarlo juntos. Reserva una cita conmigo y empecemos a cuidar ese vínculo contigo mismo. Porque el poder de transformar está dentro de ti.








Un comentario
Reblogueó esto en Cámbiatey comentado:
¿Te estás queriendo? En serio ¿Estás haciendo todo lo posible?
Si no es así ¿A que esperas? #cámbiate2015 #autoestima