La trampa positiva

La infelicidad reside en ese hueco entre nuestros talentos y nuestras expectativas
Sebastian Horsley

Estamos invadidos por una ola de positivismo incontrolable. Lo se, puede resultar algo exagerado, pero es lo que realmente creo. Si nos fijamos en muchas de las publicaciones que se etiquetan como “positivas” o “felices”, observamos como nos repiten, una y otra vez que debemos pensar en positivo -siempre-, si queremos ser felices.

Bien, pues no es cierto. Es más, podemos asegurar que hacerlo puede provocar todo lo contrario.

Esto es lo que sugiere un interesante estudio llevado a cabo por el equipo de la profesora G. Oetttingen, que concluye que fantasear con un futuro positivo, puede provocar depresión.

¿Cómo? Ahora resulta que ser personas optimistas, que piensan que lo mejor está por venir y que miran a la vida con una sonrisa ¿nos puede deprimir? ¿Alguien me lo explica por favor? ¡me da que me estoy perdiendo algo!

Este estudio encuentra que cuanto más positivamente fantaseamos acerca del futuro, más síntomas depresivos experimentaremos tras, aproximadamente, siete meses. Un torpedo directamente dirigido a la línea de flotación del ubicuo hit de la autoayuda popular ¡piensa en positivo!

El problema parece venir por la falta de esfuerzo que provocan estas fantasías positivas. Es decir, si pensamos que todo se arreglará, que lo que está por venir será mejor, o cualquier otra variación de la conocida canción, the best is yet to come (lo mejor está por llegar), corremos el peligro de dejar de intentar vivir un ahora feliz, esforzándonos en ello. Es más, caemos en una peligrosa trampa de las expectativas, -positivas-, que nos hacen bajar los brazos y esperar a que llegué lo bueno, sin ponernos a ello.

Es realmente una trampa … positiva. Porque lo cierto es que encarar la vida de forma constructiva, centrándonos en buscar soluciones a los problemas, reforzando nuestras fortalezas y potenciando nuestro auto conocimiento nos lleva, inevitablemente, a pensar que las cosas irán bien en el futuro. Pero esto estará basado no en “pensarlo”, sino en “hacerlo”. Es decir, nuestras previsiones estarán sustentadas en el entrenamiento actual, que estamos llevando a cabo. En el afrontamiento de las situaciones difíciles que hemos podido superar en el pasado, y en una forma de resolver los problemas, convirtiéndolos en retos. Nuestra historia previa nos dice que seremos capaces de salir adelante. Nos da una esperanza basada, podríamos decir, en el método científico. Lo conseguiremos en el futuro, porque lo hemos conseguido en el pasado y estamos esforzándonos por conseguirlo ahora, en el día a día.
Esto no tiene que ver, en absoluto, con el “pensamiento mágico”, que supone que las cosas se arreglarán, por si solas, en el futuro. Y que, además de persuadirnos de no ocuparnos ahora por hacerlo, nos intoxica con una forma de pensar dependiente, que no propicia que protagonicemos nuestra vida, sino que nos hace esperar a que sean otros los que “arreglen” nuestros problemas.

Un ejemplo práctico. Yo puedo esperar aprobar un examen, si lo he estudiado, si además lo he hecho como cuando he aprobado otros. Esto sería método científico. Basado en la experiencia anterior. Puede fallar, pero las probabilidades son mucho mayores de que no sea así y que volvamos a tener éxito en nuestra nueva prueba.

Esperar a aprobar el examen, sin estudiar, o sin esforzarnos lo suficiente, alivia nuestra tensión actual. ¡Podemos aprobar!, nos decimos. Y esto nos hace sentir mejor ahora. Pero puede conseguir -y lo hace muchas veces-, que dejemos de invertir el tiempo necesario en estudiar, y nuestra expectativa de éxito se convierta en una realidad de fracaso.
Los estudios plantean que si inflamos mucho la actitud positiva, y está nos hace plantearnos metas desajustadas, nuestro plan de vida se verá alterado, y nuestra autoestima, autoconfianza y autoeficacia disminuirán.

Ufff, ¿nos estás diciendo que, si tenemos una historia de fracasos, más vale que ni nos planteemos que las cosas pueden cambiar a mejor para nosotros? No, en absoluto. La clave de afrontar la vida en positivo es todo lo contrario. Se trata de comenzar a cambiar desde ahora mismo, poniéndonos manos a la obra y reconociendo nuestras fortalezas, y nuestras debilidades, para apoyarnos en ellas y construir paso a paso ese presente (y futuro) positivo, que todos deseamos.

Basado en el esfuerzo, en el compromiso, el conocimiento y la compasión. Y si está aderezado por un poco de buen humor y buen amor, mejor que mejor.

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