¿Vacaciones en familia?

 

                          Como gestionar las vacaciones en familia

Pues bien, ha llegado el verano. Y aparte del calor, de que los más pequeños no tienen clase, y de que parece un poco más fácil conducir en la ciudad, se supone que ahora toca algo de vacaciones.

En la mayoría de los casos esto significa que vamos a experimentar una época totalmente nueva y diferente de la que estamos acostumbrados a vivir casi todo el año.

Es el momento de desconectar, nos dicen. El momento de recargar las pilas. Pero ¿esto es así?

Las vacaciones para muchas personas pueden llegar a convertirse en un verdadero problema. Son momentos en los cuales volvemos a encontrarnos con esas personas que viven bajo nuestro mismo techo.

No exagero. Durante la mayoría del tiempo en el año escolar, las familias se ven muy poco. Las parejas también. Por eso no es extraño que el verano sea un momento especialmente complicado en el cual se producen muchos divorcios y muchas separaciones.

¿Qué podemos hacer? Quizás lo más importante es darnos cuenta de que esto ocurre.

Así podremos aprovechar el verano para conectar de nuevo. Para estar más tiempo con las personas que queremos, para hablar de aquellas cosas que a lo mejor durante el año cuesta más hablar, porque no hay tiempo.

Aunque todos nos gusta ir en verano de viaje, a conocer sitios nuevos, hacer lo que no podemos hacer durante el periodo laboral, dediquemos al menos parte de este tiempo a restablecer los lazos que nos unen a las personas que queremos.

Les aseguro que esas, si serán unas verdaderas vacaciones. De las que no nos olvidaremos jamás.

Mi propuesta para las vacaciones es bien sencilla. Aprovéchenlas para ser conscientes de ello. Este es un buen momento para planear lo que podemos hacer para estar más conectados con nosotros mismos. Y con los demás. Durante todo el año.

Hasta la próxima semana.

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La depresión que no es

La vida es muy simple, pero insistimos en complicarla.
Confucio

La patologización de la vida cotidiana está llegando a límites insospechados. Y quizás una de las muestras más claras de ello, muy popular en estas fechas, es el síndrome o depresión postvacacional.

Esta serie de emociones e incomodidades que muchas personas experimentamos, al volver de un prolongado periodo de vacaciones, no es un trastorno psicológico. Puede que sea molesto, que nos ponga tristes, que nos quite el sueño o que nos haga estar especialmente irascibles. Pero no responde a ningún criterio diagnóstico avalado por la comunidad científica.

Quizás es más producto de esta costumbre que hemos ido adquiriendo de buscar una causa externa a todo lo que ocurre en nuestro interior. E intentar solucionarlo, etiquetándolo como un problema de salud mental, para que sea tratado, con terapia o medicación.

Este modelo de comportamiento dependiente, termina consiguiendo que nuestra vida sea como una permanente huida de un problema externo a otro. Sin aceptar que la tristeza, la incomodidad o la dificultad transitoria para dormir es, sencillamente, un proceso natural de adaptación a una realidad más estructurada.

Si hay que poner una salvedad a esta situación. Es, cuando volver trabajo, nos produce una intensa angustia o ansiedad. Quizás provocada por una situación de acoso laboral o de estrés laboral. Pero esto, que si debe ser abordado, no es producto de la reincorporación. Es algo que sufríamos antes de las vacaciones. Y que en ellas, simplemente, olvidamos.

Especialmente preocupante puede ser esta situación si la observamos en los más pequeños. Si volver al cole, les produce miedo, o cualquier otro síntoma de ansiedad -más allá de la excitación de los primeros días-, deberemos plantearnos si puede existir alguna situación de bullying, sobre la que tengamos que intervenir.

Como hemos comentado al principio, volver al trabajo, es un proceso normal. Uno al que muchas personas quisieran tener la oportunidad de acceder.

A pesar del “síndrome postvacacional” de marras.

Les dejo mi intervención en Buenas Días Canarias, sobre este tema

Estrés navideño

La Navidad está construida sobre una hermosa e intencional paradoja: que el nacimiento de las personas sin hogar se debe celebrar en cada hogar
G. K. Chesterton

Bienvenidos a las Navidades. Esta espiral de compras (muchas sin sentido, admitámoslo), no solo tiene efecto en nuestra maltrecha economía. Es una fuente de estrés que provoca que muchas personas, terminen odiando estas fechas. Analicemos que ocurre para que, una ocasión de celebración familiar, se convierta en un periodo de tristeza.

Queremos abarcar mucho. Es evidente que se unen preparativos de comidas más regalos, dificultades de conciliación (no todas las personas pueden tomar vacaciones), junto a una sensación de sentirse obligado a estar alegre. Ordenar lo que queremos hacer, consciente y ordenadamente, es una forma de desactivar esta fuente de agobio festivo. No podremos brindar con todos los que querríamos, o acudir a todas las cenas. No pasa nada. Apunta quien te falta y llámala tras las fiestas.

No hemos hecho lo que hubiésemos querido. Inevitablemente, nos encontramos con el mismo sobrepeso que el año anterior (o más), no hemos aprendido inglés o dejado el tabaco. Esto nos frustra y consigue que este período lo asociemos a fracaso. ¡Démosle la vuelta! Seamos conscientes e intentemos abordar aquello que si podemos. Hagamos proyectos pequeños, a corto plazo, inmersos en un plan general que no este sujeto a fechas marcadas socialmente. Nos irá mejor.

Comemos, bebemos mucho. Mucha comida, muchas celebraciones además de alimentos y bebidas a las que no estamos acostumbrados, ni por sus horas ni por su frecuencia, hacen que tengamos una permanente sensación de pesadez en el estomago. Esto consigue que nuestras sensaciones, anímicas y físicas, sean de incomodidad, lo que no contribuye a nuestro sosiego interior. Seamos conscientes de ello y dosifiquemos. Puede ser incluso un buen entrenamiento para nuestro plan de comida sana.

Gastamos mucho. Otra forma de decir que compramos muchas cosas que no necesitamos o que no necesitan a quienes se las regalamos. Los regalos infantiles llegan a ser tan abundantes que el mensaje que reciben nuestros pequeños es muy contradictorio. y agobiante. Pongámonos de acuerdo e intentemos que los presentes sean más de calidad (y no por su precio), que de cantidad. Busquemos juguetes que propicien valores y fomenten la comunicación entre personas.

Demasiado juntos. Estas fechas nos reencontramos con muchas personas que deseamos ver. Familiares que viven lejos, amigos que regresan por Navidad … pero también es el momento de los encuentros incómodos, de vernos “obligados” a compartir mesa con quien no nos apetece. Una fuente de fricción que nos puede afectar emocionalmente. Decidamos, Evitar estar con quien no queremos, puede conseguir que no estemos con quien si deseamos compartir. Es un buen momento para aparcar nuestro ego y ejercitar nuestra tolerancia.

Soledad. En el otro extremo está la soledad que se produce en aquellas personas que no tienen a la familia cerca o, simplemente, no tienen con quien compartir estas fiestas.

Tengámoslo en cuenta a la hora de decidir quien recibe nuestro regalo o invitamos a nuestra mesa. Otro momento genial para ejercer la generosidad.

Por último, lo mejor del estrés navideño es su predictibilidad. Sabemos cuando empieza y cuando acaba, ya que está determinado en el tiempo. Esto facilita programar con antelación como abordarlo, de forma que podamos aplicar lo propuesto anteriormente.

Si me permiten un último mensaje, reserven un hueco en su corazón para quienes trabajan estas fiestas, y para quien no lo hace, porque no puede. A aquellas personas que estarán hasta altas horas de la noche, en jornadas interminables, haciendo que nuestras fiestas sean más dichosas, seguras y sanas.

El despertador

Mañana toca, para muchos de nosotros, volver a despertarnos temprano.

Jueves 1 de Septiembre. 6 de la mañana. Suena la alarma del despertador. ¿Te levantas de inmediato o le das al botón y te quedas en la cama “cinco minutos más”?

Si perteneces al segundo grupo, tienes más motivos de los que tal vez te imaginas para empezar a romper el hábito. Según una encuesta llevada a cabo en Reino Unido por un equipo del programa Body Positive,de la BBC, un 46% de los consultados no se levanta cuando suena la alarma y prefiere quedarse en la cama, posponiendo la alarma, a menudo, varias veces. Y eso nos ocurre a muchos de nosotros en otras partes del mundo. ¿Por qué lo hacemos? Unos dicen que les resulta menos duro afrontar el despertar de esta manera, mientras que otros encuentran placentero “alargar” esos minutos de descanso.

Pero, según el Dr J. Santos, presidente de la Sociedad Española de Sueño (SES), la clave está en “la falta de sueño” que sufre gran parte de la sociedad.

Entonces, ¿es perjudicial posponer la alarma? ¿Cómo nos afecta?
BBC Mundo consultó a varios expertos en medicina del sueño para dar con la respuesta.

Ciclos interrumpidos

Aunque puedas pensar que retrasar la alarma del despertador hará que finalice tu ciclo natural del sueño y te despiertes descansado, eso no es exactamente lo que sucede.

Nuestro cuerpo tiene ciclos de sueño que se ven afectados por la luz y por otros factores.

 Al contrario: cuando activas el botón de posponer, tu cerebro comienza de nuevo su ciclo de sueño. Y cuando despiertas, varios minutos más tarde, a menudo te sientes todavía más cansado que cuando lo hiciste la primera vez.

Aquí es cuando entran en juego los “mecanismos químicos” que tiene nuestro cuerpo no sólo para ponernos a dormir, sino también para despertarnos; aumenta la temperatura corporal, el sueño se vuelve más ligero y se liberan algunas hormonas, que nos proporcionan energía para empezar el día.

Según el doctor Terán, no existe “una respuesta científica absoluta” sobre los posibles efectos adversos de posponer la alarma del despertador.
Sin embargo, hay un cierto nivel de conocimiento en base a las observaciones que se han hecho sobre los ritmos biológicos del sueño“, señala este experto.

El hecho de utilizar un despertador cada mañana ‘corta’ abruptamente el sueño y no es lo más recomendable“, comenta a BBC Mundo el doctor Joaquín Segarra, neuropsicólogo y experto en medicina del sueño, que además señala “el hecho de utilizar un despertador cada mañana ‘corta’ abruptamente el sueño y no es lo más recomendable“.”Si además lo hacemos varias veces de forma repetida empeoramos la situación“, agrega este experto.

Lo ideal es despertarse espontáneamente, en respuesta al estímulo lumínico.

Lo mejor sería despertarse espontáneamente o que nuestro despertador imite el efecto de la luz.

Cuando apagamos la alarma, nuestro cerebro comienza de nuevo su ciclo de sueño. Y cuando la apagamos por segunda vez, es probable que ya estemos en una etapa más profunda, de manera que no se activan por completo los mecanismos de vigilia y esa somnolencia o aturdimiento se prolonga.

También es importante destacar que “aunque retrasar la alarma del despertador no sea beneficioso, no significa realmente que provoque problemas a nuestra salud”, comenta Segarra.
El mensaje que debería trasmitirse es que no es la forma ideal de empezar el día, ya que nuestro cuerpo organiza los ritmos circadianos de sueño y vigilia de forma gradual, nunca de forma brusca“, advierte este especialista.

El doctor Terán señala la importancia de tener “una buena higiene de sueño“. Y advierte que “lo ideal es despertarse espontáneamente, en respuesta al estímulo lumínico; el ciclo de luz y oscuridad”. Es fundamental tener en cuenta el ritmo circadiano por el que se rige nuestro cuerpo. Pero también la “presión de la vigilia“, que se da desde que nos despertamos y que aumenta a lo largo del día.

Si rompemos ese ritmo o alteramos la presión aparecen problemas ligados a la falta de sueño“, comenta el Dr. Terán.

Los ritmos de sueño ayudan: es aconsejable tener una rutina de sueño regular que ayude a los ciclos de nuestro organismo. “Lo ideal seria despertarnos con una luz-despertador que fuera incrementando progresivamente la intensidad, imitando el amanecer“, nos cuenta el doctor Segarra.

Y es que al cuerpo le gusta la predictibilidad y las rutinas.

Por eso sería mejor que nos despertásemos a la misma hora cada mañana, incluyendo los fines de semana para que el cuerpo se acostumbre a mantener un ritmo de sueño.

Aunque nos sintamos cansados por la mañana, debemos tratar de resistir la tentación de posponer la alarma. Puede que esos “cinco minutos más” nos pasen factura más adelante.

Adaptado de BBC Mundo

¿Volvemos?

Nadie necesita más unas vacaciones que el que acaba de tenerlas
Elbert Hubbard

Hemos vuelto de vacaciones. Unos días de cambio, de dedicación a los tuyos y a lo que te gusta. En muchos casos reencuentro con viejos amigos o costumbres olvidadas o visitas a nuevos lugares especiales y excitantes. Para eso son estos tiempos, cada vez más difíciles de disfrutar por una u otra razón, pero siempre necesarios y mas que anhelados por todos.

Si todo ha ido bien, hemos reído, hecho más ejercicio, conocido gente nueva, visto nuevos lugares … y hemos desconectado.

Es necesario hacerlo, no nos llevemos a engaño. Pero la vuelta se hace dura, en ocasiones, muy dura. Antes de que tengamos tiempo para reaccionar, la rutina nos golpea en la cara como la arena en el peor día de playa. Con la diferencia que ahora no podemos meternos en el agua. La re-entrada puede resultar brutal. Nos podemos sentir agobiados, tristes, indefensos … Es natural. No debemos ignorarlo pero tampoco debemos dejar que nos controle, que nos lleve a donde no deseamos ir.

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¿Cómo podemos conseguir una vuelta que no comprometa nuestra salud mental?
Pues bien, les dejo algunas posibilidades. Pueden interpretarlas como pasos a seguir o adaptarlos a su propia realidad. Simplemente con seguir uno de ellos conseguirán ser conscientes del proceso y cambiar la sensación de indefensión que puede llegar a producir este brusco salto que nos autoimponemos.

Tiempo de descompresión. Siempre que sea posible, evita reincorporarte a trabajar inmediatamente tras un viaje de vacaciones. Es aconsejable que programes uno o dos días para hacerte con la casa, preparar la ropa, reponer despensa y nevera, para no tener la sensación de descontrol que nos invade cuando llegamos y nos incorporamos inmediatamente.

Recupera tu ritmo de sueño. Además del consabido jetlag que puede sufrir quien ha cambiado su zona horaria para las vacaciones, es muy normal que durante la temporada de descanso cambiemos, a veces radicalmente, nuestro ritmo de sueño. Nos acostamos mucho más tarde, nos levantamos mucho más tarde y esto es un serio trastorno cuando debemos volver a nuestra agenda de trabajo.
Es aconsejable que regulemos nuestro sueño un par de días antes de volver, como un entrenamiento para la normalidad. Facilita mucho el comienzo del nuevo año laboral, se los puedo asegurar.

No quieras hacer todo de golpe. Es uno de los errores más habituales. Intentamos lavar toda la ropa, limpiar toda la casa, el coche y queremos recoger las plantas que le dejamos al vecino, el mismo día que nos incorporamos.
Si podemos hacerlo, escalonemos nuestra reconstrucción doméstica en varios días. Si no, el agotamiento va a ser nuestro compañero durante un par de semanas.

La dieta y el gimnasio, poco a poco. Si, lo se, antes de vacaciones aguantabas perfectamente la clase de spinning, y además ibas a nadar tres días a la semana. En tu día a día no faltaba la fruta y las abundantes ensaladas. ¿Cómo puede ser que en tan poco tiempo haya perdido mi forma y esté añorando las calorías de unos calamares fritos con una cervecita?
Pues porque nos gusta la buena vida, es sencillo. Al igual que con el resto de nuestros hábitos, es mejor que hagamos una vuelta progresiva a estos sanos hábitos o corremos el peligro de añadir agotamiento y hambre a la ecuación de nuestra vuelta al cole.

Date una alegría. No todo puede ser la inmersión total en la rutina. Es bueno que te des alguna alegría en estos primeros días. Un buen masaje o un circuito termal puede ser una magnífica opción. Tampoco es mala idea ir a ver una buena película y salir con los amigos para quejarse de lo duro que está resultando la vuelta a la realidad.

Deja tus fotos. No estés reviviendo una y otra vez tus vacaciones. No es el momento. Ya tendrás tiempo de hacerlo dentro de unas semanas. Ahora es momento de intentar recuperar aquello que te gusta de tu vida diaria.

Planea tus próximas vacaciones. En lugar de mirar al pasado con nostalgia, comienza a pensar en las oportunidades que tienes frente a ti. Una buena idea es investigar que te gustaría hacer cuando tengas unos días libres. Tiene la ventaja, además, de que te ahorrarás dinero si reservas tus pasajes y estancia con tiempo de antelación.

En resumen, volver de las vacaciones puede provocarnos tristeza en la medida en que no seamos capaces de disfrutar nuestro día a día. Y ser conscientes de esto no es sencillo.

Publicado originalmente en Agosto de 2013

¡No quiero volver!

En la tranquilidad hay salud, como plenitud, dentro de uno. Perdónate, acéptate, reconócete y ámate. Recuerda que tienes que vivir contigo mismo por la eternidad.
Facundo Cabral

Vivimos rodeados de ruido. Bueno, quizás ahora no. Puede que lean esto relajados en la playa o en una magnífica casita rural perdida. Pero lo cierto es que volveremos al ruido, más pronto o más tarde. Y no es solo este molesto aspecto de la vida comunitaria lo que nos hace pensar seriamente en abandonarlo todo e irnos al campo a cultivar papas. Que, dicho sea de paso, de idílico tiene poco. Son las prisas, propias y ajenas, las que de provocan que, en muchas ocasiones, nos sintamos desorientados en el día a día.

Después de que me maldigan por recordarles la vuelta a la rutina no les puedo dejar así. En un magnífico libro, el psicólogo clínico J. Kaplan, nos ofrece algunas claves para vivir mejor desde la conciencia y la atención plena.

El propio Kaplan define la atención plena (mindfulness) como ser consciente de tus pensamientos, sentimientos y acciones sin juzgarnos o criticarnos. También consiste en observar de forma abierta y sin automatismos lo que ocurre a nuestro alrededor. En definitiva, cambiar nuestra forma de relacionarnos con nosotros, con los demás y con nuestro entorno.

Kaplan señala que, en ocasiones podemos encontrar a nuestros mejores entrenadores en atención plena en nuestra propia casa. Los niños se enfrascan en aquello que hacen, disfrutan plenamente de ello y es un verdadero placer observarles. Podríamos aprender mucho de cómo lo hacen. Jugar con ellos, sin mirar el reloj es una buena manera de comenzar. En vacaciones podemos comenzar este entrenamiento ¿no creen?. Se trata de “reaprender” a disfrutar de las pequeñas cosas, de los momentos que dejamos que pasen sin darnos cuenta, día a día.

feet-717507_640Un segundo paso hacia nuestra propio bienestar mental está relacionado con el ejercicio. Y, más específicamente, con nuestra actitud hacia él. Desarrollar una actitud positiva hacia el ejercicio más que obligación de hacerlo, es la clave para integrarlo de una forma natural en nuestra vida.

Eso implica encontrar aquello que nos gusta, que disfrutamos, y no lo que está de moda. Y hacerlo. Una vez estemos en él es importante que lo experimentemos momento a momento, sin marcarnos metas inalcanzables, sean kilómetros o kilos. Estamos haciendo ejercicio porque nos gusta, en si. Lo aceptamos como una forma más de tener una vida plena. Si se convierte en una fuente de frustración, no sirve.

Un tercer paso lo constituye lo verde. No se asusten, no estamos hablando de comida, hablamos de pasear por el campo, por el parque, por sitios que tenemos en nuestras ciudades o cerca de ellas que nos permiten desconectar de los ruidos y de los pasos apresurados de lo cotidiano. Y no es un consejo naif, son muchas las investigaciones sobre bienestar mental las que comprueban la influencia positiva de estos ambientes.

Programar paseos por ellos o, incluso, introducir en nuestra rutina diaria, cruzar el parque cercano o caminar al lado del mar, provocan una sensación de quietud que es difícilmente alcanzable en medio de una calle abarrotada.

Un cuarto paso lo constituye la cultura. Incorporar eventos de este tipo en nuestra agenda nos ayuda a conectar de otra forma con lo que nos rodea. Las exposiciones, conciertos, obras de teatro tienen una influencia muy beneficiosa en nuestras vidas permitiéndonos, entre otras cosas, ver la vida como la ven otras personas y esto nos acerca mucho más a nosotros mismos.

Por último, y quizás lo más complejo para conseguir, es sentir sosiego en nuestro puesto de trabajo, especialmente si llevamos mucho tiempo en el y estamos acostumbrados a una determinada rutina. No nos planteamos que, modificando pequeños aspectos de nuestro entorno laboral conseguiremos que este sea más agradable y pleno.

Un cuadro o fotografía estimulante, unos caramelos, un poco de música, plantas u otros objetos consiguen que nuestro entorno laboral sea algo personalizado.

Conseguir vivir en el presente, disfrutando el momento, ¡de eso se trata!

¿Vacaciones?

Las vacaciones son no tener nada que hacer y todo el día para hacerlo.

Robert Orben

Estamos en verano. Es probable que muchos de ustedes estén programando sus vacaciones mientras leen este artículo. Disfrútenlas. ¿O no es eso de lo que se trata?

Es la época de hacer aquellas cosas que no solemos hacer mientras estamos trabajando, y que nos gustaría. Pero entonces ¿por qué no me siento afortunado?. Debería ser así. Estoy con mi familia. Puedo dedicar tiempo a leer, a salir a horas que no suelo, a hacer algo de ejercicio … pero no lo consigo.

Si se identifican con lo que acaban de leer, les diré que no es algo que les pase solamente a ustedes, lo compartimos muchos. Estamos esperando con tantas ganas que lleguen el período de descanso que, cuando llega, no sabemos manejarlo. Queremos hacer un montón de cosas, y ese es el primer error.

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Para que nuestro descanso sea fructífero y realmente consigamos pasarlo bien, es necesario que lo programemos, que sepamos que es lo que queremos hacer. Y esos planes deben ser realistas, con pequeños objetivos para cada día, que nos hagan sentir que hemos hecho algo distinto, que el día ha sido provechoso, que ha valido la pena. No es sencillo, porque tenemos la tendencia a programarnos un montón de tareas para el verano. Desde las más lúdicas hasta las más logísticas. Queremos ir a la playa y queremos pintar tres cuartos de la casa, queremos … y ese es el problema. Queremos hacer demasiadas tareas. Y no es posible.

Papá cree que mamá lo que quiere es arreglar la habitación de la niña y pintarla de otro color, pues lleva todo el invierno diciendo que el que tiene es muy infantil. Compra la pintura, las brochas y todo lo que hace falta para cumplir esta tarea. Y, por supuesto, le dice a su hija que, dado que es su cuarto, debe ayudarle a hacerlo. ¿Qué falla aquí? ¿realmente era esto lo que mamá quería hacer? Probablemente no. Pero lo hemos dado por supuesto. No hemos puesto nada en común y nos podemos encontrar haciendo una tarea que el único que parece tener en su agenda es papá.

Por eso es imprescindible que hagamos una lista. Quizás la mejor opción es que cada miembro de la familia la haga y luego se ponga en común. Lo se, no es sencillo, pero una de los mayores fuentes de frustración durante la época estival proviene de que cada uno tiene unos planes “ocultos” que no comparte. Y al no ser comunes, se convierten en una de las principales fuentes de problemas en este período.

Por eso es esencial que compartamos nuestros planes y, de paso, recuperemos la necesaria comunicación que se va perdiendo en la época de trabajo en la que apenas nos vemos.