¿Por qué pasa el tiempo tan rápido?

El tiempo pasa más rápido a medida que nos hacemos mayores ¿Por qué? En este breve video de BBC Mundo nos explican porque tenemos esta sensación.

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¿Qué cambios?

Comienza un nuevo año. Y con él, nuevos (o viejos) propósitos. Desde Cámbiate, queremos proponerte algunos -pequeños- cambios que pueden implicar un gran cambio en tu vida. Recuerda, se trata tanto de hacer como de dejar de hacer. O dicho de otra forma: si no eres consciente de lo que te sobra, nunca sabrás lo que te falta.

Agenda

No llenes tu agenda de cosas que hacer. Deja espacios en blanco, verás lo liberador que es.

Redes

Elimina tiempo innecesario en las redes sociales y dedícalo a hacer otras cosas.

3

Elabora un diario donde anotar en que empleas tu tiempo. Te llevarás más de una sorpresa.

4

Planifica tu compra semanal. Te ahorrarás unos cuantos viajes al supermercado.

5

Haz pequeños descansos de 15-20 minutos para hacer cosas que te gustan: leer un libro, darte un baño, llamar a un amigo, dar un paseo, prepararte un té, dibujar algo, meditar en silencio … Tu productividad aumentará como la espuma.

6

Aprovecha tus tiempos de traslado. En guagua, metro o andando … puedes escuchar música, leer, escribir o simplemente, observar lo que te rodea.

7

Chequea tu correo sólo en momentos concretos del día. 2-3 veces al día es suficiente.

8

Marca tus objetivos para cada día. y cúmplelos.

9

No intentes hacer todo en un sólo día. Y sobre todo, evita la multitarea. 
Céntrate en una cosa cada vez, termínala y empieza otra
.

10

Reduce el consumo de televisión. Es una manera de liberar tiempo para hacer otras cosas, relajarte o dedicarlo a la familia.

Una visión saludable del tiempo

El psicólogo Philip Zimbardo dice que la felicidad y el éxito se encuentran arraigados en un rasgo que la mayoría de nosotros no tenemos en cuenta: la forma en que nos orientamos frente al pasado, presente y futuro. Él sugiere que calibremos nuestra perspectiva del tiempo como un primer paso para mejorar nuestras vidas.

Tiempo de Cambio

La excelencia moral es resultado del hábito. Nos volvemos justos realizando actos de justicia; templados, realizando actos de templanza; valientes, realizando actos de valentía.
Aristóteles

Algunas investigaciones recientes muestran una relación “curva” entre la práctica y el automatismo. Si queremos crear un nuevo hábito, sea comer de forma mas saludable o escribir un blog, ¿cuánto tiempo necesitamos para que se consolide?

Obviamente, esto dependerá del hábito que queramos instaurar y de nuestra determinación y dedicación a ello.

Si acudimos a Internet, encontraremos una cifra “mágica” que puede estar alrededor de los 21-28 días. ¿Tan poco? Esta cifra proviene de los resultados propuestos por un cirujano plástico en los años 60 y es relativo al ajuste necesario para adaptarse a la amputación de un miembro y no parece especialmente relevante para lo que nosotros proponemos.

Ciñéndonos más a lo que nos compete, una reciente investigación llevada a cabo por Phillipa Lally en Londres, nos sugiere que se alcanza una meseta de estabilización en la formación de un hábito, alrededor de los tres meses.

Los hábitos se definían como aquellas actuaciones que se hacían “sin pensar”, es decir, que el individuo las tenía integradas de forma automática en su quehacer diario. Incluso con los “pequeños” hábitos como comer fruta una vez al día o salir a caminar todos los días, el tiempo de consolidación no bajaba de los dos meses.

Su investigación encuentra que, aunque estos tres meses son aplicables a la media de la población estudiada, algunas personas necesitan mucho más tiempo para consolidar su cambio. Además este tiempo puede estar asociado al tipo de nuevo hábito que queramos establecer.

Es recomendable, cuando queramos cambiar aspectos o conductas en nuestras vidas, que asumamos que es un trabajo que requiere tesón y tiempo y que, aunque un pequeño olvido en el proceso no tiene la mayor relevancia, la construcción de un cambio es un camino que requiere esfuerzo y concentración por nuestra parte.

¿Estás viviendo tu tiempo?

Manejar tu tiempo puede ser difícil: lo que es urgente y lo que es importante son habitualmente cosas diferentes y muchas veces no lo apreciamos así. Esto se refleja especialmente en tu salud, donde los temas importantes casi nunca parecen realmente urgentes aunque tu vida dependa de ellos.

No, ir al gimnasio hoy no es urgente, pero es importante para tu salud a largo plazo. No, no morirás de stress hoy, pero si no cambias este hábito pronto, quizás a largo plazo sí. No, comer comida real y no procesada no es necesario para que sigas viviendo hoy, pero reducirá tu futuro riesgo de enfermedades y cáncer.

¿Hay algo que podamos hacer al respecto? Si todos tenemos 24 horas en un día, ¿cómo podemos usarlas de manera más efectiva? Y todavía más importante, ¿cómo podemos manejar nuestro tiempo para vivir más saludables y más felices, para hacer las cosas que sabemos que son importantes y aún tener tiempo para manejar las responsabilidades que son urgentes? Estoy batallando para obtener una repuesta, tal como tú, pero en mi experiencia hay 3 consejos para manejar tu tiempo que funcionan en la vida real y te ayudarán a mejorar tu salud y productividad.

1. Elimina el trabajo a medias a cualquier precio

En nuestra era de distracción constante es realmente fácil dividir nuestra atención entre lo que debiéramos estar haciendo y las cosas con las que la sociedad nos bombardea. Usualmente, nos encontramos balanceando la necesidad de enviar  mensajes, e-mails, las listas con cosas por hacer y al mismo tiempo tratando de terminar cosas. Es algo muy raro que nos encontremos totalmente focalizados en la tarea que estamos realizando.

A esta división de tiempo y energía lo llamo “trabajo a medias”. Aquí hay algunos ejemplos de trabajos a medias…

Comienzas a escribir un informe, pero en un momento, paras para revisar su teléfono o sin ninguna razón abres Facebook o Twitter.

Intentas una nueva rutina de ejercicios, pero dos días después lees sobre una ‘nueva’ rutina e intentas un poco de esa también. No obtienes mucho progreso en ninguno de los dos programas y comienzas a buscar algo mejor.

Tu mente se pone a pensar en la bandeja de entrada de tu e-mail cuando hablas con alguien por teléfono.

Independientemente de dónde o cómo caes en la trampa del trabajo a medias, el resultado siempre es el mismo: nunca estás totalmente focalizado en la tarea que estás realizado, rara vez te comprometes con una tarea por periodos largos de tiempo y te toma el doble de tiempo el lograr la mitad de lo que quieres conseguir.

El trabajo a medias es la razón por la cual te es posible terminar más trabajos en los últimos días antes de irte de vacaciones (cuando realmente te concentras) que en las dos semanas previas (cuando estas constantemente distraído).

Como la mayoría de las personas, también lidio con este problema todo el tiempo y la mejor forma que he encontrado para superarlo es dejar una cantidad significativa de tiempo para focalizarme en un proyecto y eliminar todo lo demás.

Dejo un par de horas (o a veces un día entero) para sumergirme en un proyecto importante. Dejo mi teléfono en otra habitación y cierro mi e-mail, Facebook y Twitter.

Esta eliminación total de las distracciones es la única manera en la que puedo trabajar de manera focalizada y profunda, y evitar sesiones fragmentadas donde realmente estás haciendo todo a medias.

¿Cuánto más podrías lograr si hicieras lo que necesitas hacer, de la manera que necesitas hacerlo y eliminaras el trabajo a medias con el que lidiamos todos los días?

2. Haz las cosas importantes primero

El desorden y el caos tienden a incrementar a medida que pasa el día. Al mismo tiempo, las decisiones que tomas a lo largo del día tienden a llevarse parte de tu fuerza de voluntad: es menos probable que tomes buenas decisiones al final del día.

He descubierto que esto mismo se aplica en mis rutinas. A medida que voy avanzando tengo menos y menos fuerza de voluntad para terminar, o realizar tareas difíciles. Por todas esas razones, trato de asegurarme que si hay algo importante que tengo que hacer, lo hago al principio de mi día.

Si tengo un informe importante que escribir, tomo un vaso de agua y me pongo  a escribir apenas empiezo el día. Si haces lo más importante primero nunca tendrás un día donde dejaste de lado algo que realmente debías hacer. Al seguir esta simple estrategia, usualmente terminarás teniendo días productivos incluso si no todo sale acorde a tu plan.

3. Reduce el alcance pero sigue la programación

Ya he escrito sobre la importancia de una cierta programación. Hay ocasiones en las que las fechas de entrega tienen sentido, pero estoy convencido que cuando se trata de trabajo importante a largo plazo, seguir una programación es mucho más efectivo.

Sin embargo, cuando se trata del día a día, seguir un cierto horario no es tan fácil: Pregúntale a cualquiera que se propone ejercitar todos los lunes, miércoles y viernes y te pueden contar lo difícil que es realmente apegarse a ese plan  y no fallar.

Para contrarrestar las distracciones que salen de la nada y superar la tendencia de no hacer lo que tengo que hacer, planifica primero, día a día.  Así será mucho más sencillo saber cuanto te has podido separar de tu programa y reestructurar lo necesario para volver al camino trazado.

Por ejemplo, digamos que te despiertas hoy con la intención de correr 5 kilómetros en la tarde. Durante el día todo se disparata y el tiempo se empieza a acabar: Ahora sólo tienes 20 minutos para hacer ejercicio.

En este punto, tienes dos opciones: La primera es decir, “No tengo suficiente tiempo para correr hoy,” y ocupar el tiempo que te queda trabajando en otra cosa. Esto es lo que solía hacer.

La segunda opción es reducir el alcance pero seguir con tu rutina: en vez de correr 5 kilómetros, corres menos o haces 5 repeticiones cortas de velocidad: Te ciñes a tu planificación y ejercitas sin importar cuánto.  Esta última visión es mucho más efectiva que la primera. No importa cuáles sean las circunstancias o lo pequeño que sea el ejercicio que harás, sabes que vas a terminar lo que tienes que hacer hoy. Esa es la manera en que pequeñas metas se convierten en hábitos diarios en tu vida.

Termina algo hoy, incluso si el alcance es mucho más pequeño de lo que habías anticipado.

¿Cómo me organizo?

study-1376492_640Comienza el curso escolar y con ello tenemos que cambiar, radicalmente, muchas de nuestras rutinas. Es un buen momento para tener en cuenta algunas indicaciones que nos pueden ayudar a sacar un mayor rendimiento de nuestro tiempo. Y no solo para los estudiantes

¡Vale para todos nosotros!

Alcanzar nuestras metas probablemente nos exija un nivel de aprovechamiento del tiempo que no hemos alcanzado, ni necesitado, antes. La manera en que empleamos nuestro tiempo es una cuestión de hábitos. Aquí te sugerimos algunas estrategias básicas que, con algo de esfuerzo, pueden ayudarte a organizar y aprovechar tu tiempo.

Algunas técnicas para organizar eficazmente el tiempo

Crea un espacio para ti, libre de distracciones y comprométete a permanecer allí trabajando por periodos de entre 1 y 2 horas.
Reconoce que tus obligaciones son tan importantes como las necesidades y requerimientos de los demás. Establece límites en cuanto a que te interrumpan o alteren tu horario de trabajo.

Diseña un horario personal de trabajo, y utiliza un calendario visible. Puedes seguir estas pautas:

  1. Haz una lista de todos los trabajos, exámenes y entregas con sus respectivas fechas.
    Divide las tareas complejas en fases o sub-tareas, con objetivos más fáciles de alcanzar, y asigna fechas límite para completarlas.
  2. Prioriza tus actividades. Ordena lo que debes hacer según su importancia.
    Evalúa tu progreso en esas sub-tareas. Si surge un problema intenta solucionarlo rápidamente. Si es necesario, reconsidera tus propias fechas límite.
  3. Identifica tus horas de mayor energía. Planifica las tareas y actividades que exigen mayor esfuerzo durante las horas en las que tienes más energía, y reserva tus horas de menos energía para el descanso y las actividades más relajadas, como por ejemplo hacer la colada.
  4. Planifica tu tiempo hora por hora. Recuerda incluir tiempo diario de sueño, comidas, vida social y un poco de ejercicios y/o relajación. Es importante que elabores un horario realista.
  5. Sé razonable en lo que esperas de ti mismo. Expectativas perfeccionistas o sumamente estrictas pueden hacer que te rebeles o pueden sabotear tu progreso.
  6. Prueba el horario que has diseñado. Como estás intentando algo nuevo, es lógico y recomendable ajustarlo tras ponerlo a prueba por una semana.
  7. Recompénsate por el trabajo bien hecho y por cumplir el horario. Te ayudará a no sentir resentimiento hacia la tarea hecha y hacia lo que aún te queda por hacer.

Obstáculos para organizar el tiempo

Mal cálculo del tiempo y la consiguiente sobrecarga de tu agenda

Aunque pueda resultar algo tedioso, intenta observarte y estimar con precisión el tiempo que te lleva cada una de tus actividades.

  • Examina tus prioridades. A veces tendemos a hacer las tareas menos prioritarias en vez de hacer cosas más importantes (ej. limpiar el cuarto vs. estudiar).
  • Pregúntate con frecuencia “¿Cuál el mejor uso que puedo darle a mi tiempo?”

Estar demasiado disponible

Intenta controlar el “tráfico”: no respondas el teléfono, cierra la puerta, usa un cartel de “no molestar”.

  • Revisa tus motivaciones: ¿Estás intentando «darle el gusto» a todos para ser aceptado? ¿Temes no agradarles? Intenta distinguir qué es lo más importante.
  • Intenta comunicarte asertivamente: “Realmente me gustaría salir contigo esta noche, pero debo leerme estos capítulos sin falta».

La tiranía de lo urgente

Tanto la tarea de mañana como una llamada telefónica requieren nuestra atención. Ambos son urgentes, pero ¿cuál es más importante?

  • Si estás siempre corriendo para completar tareas urgentes, probablemente significa que estás teniendo problemas para administrar tu tiempo, para identificar tus prioridades o acostumbrándote a «dejar las cosas para luego».
  • Aprende a delegar, o ignorar, las tareas que son urgentes pero no prioritarias. Ej. Si un amigo necesita un libro tuyo urgentemente, que venga él a buscarlo, o que se espere hasta mañana: tu “ahora” no puedes dejarlo todo para llevárselo.

Distractibilidad

Mantener altos niveles de atención y concentración requiere a veces mucho esfuerzo.
Intenta entrenar tu concentración mediante periodos breves e intensos de atención y esfuerzo. Diez buenos minutos de esfuerzo, con objetivos a corto plazo, pueden ser muy productivos.

El hábito de la postergación: «Dejarlo para después»con demasiada frecuencia

Todos postergamos nuestras responsabilidades de vez en cuando. La clave está en saber qué cosas «dejamos para luego», cómo y por qué. ¿Qué tareas son las que más evitas? ¿Cuál es tu excusa favorita para postergarlas? ¿La televisión, Internet, las labores domésticas?

  • Algunas cosas las posponemos fácilmente porque son relativamente poco importantes, otras por nuestra inseguridad acerca de cómo deberíamos hacerlas, otras porque son sumamente importantes o particularmente difíciles. Revisa tus motivaciones.
  • Algunas personas temen fracasar debido a la importancia o dificultad de la tarea.
  • Algunas temen al éxito, porque hacerlo bien implicaría nuevas y mayores exigencias. Otras resienten la autoridad y se resisten a cumplir sus demandas. Algunas personas son perfeccionistas y se niegan a intentarlo si no están seguros de un resultado perfecto. Algunos tienen muy baja tolerancia a la frustración y prefieren evitar el mal rato. ¿Te identificas con alguno?

Si el hábito de postergar tus tareas se convierte en un problema serio, deberías buscar la ayuda de un profesional.

Miedo al fracaso

Nuestras autocríticas o descalificaciones “automáticas”, esa voz crítica en tu cabeza, aumenta el estrés, puede disminuir la motivación y la acción, distraer tu atención y concentración, reducir tu eficacia y, finalmente, brindarte una excusa para un mal resultado.

  • Analiza lo que te dices a ti mismo… ¿Te motiva o te pone más ansioso? ¿Te aleja o te acerca de tu objetivo?
  • Reemplaza esas críticas automáticas, esas luchas internas de pensamientos por acciones (¡siéntate y hazlo!). Es la única manera de avanzar y sentirte bien.

Perfeccionismo

El perfeccionismo sirve para inhibir la acción, evitar complicaciones, liberar ansiedad, y finalmente, te brinda una excusa para un mal rendimiento… (“Realmente no lo he intentado, así que no es un indicador fiable de mi capacidad.”). Refleja un pensamiento tipo todo-o-nada.

  • Examina la motivación que subyace a tu perfeccionismo: ¿estás intentando evitar la acción por inseguridad o miedo?
  • Examina el valor relativo de lo que estás intentando hacer. Algunas cosas son suficientemente importantes como para que las hagamos a la perfección, pero la mayoría se satisfacen con un esfuerzo «bastante bueno».

Algunos trucos para ahorrar tiempo

  • Lleva siempre algo que leer en la mochila («trabajo de bolsillo»).
  • Protégete de la «Ley de Parkinson»: el trabajo se alarga hasta ocupar todo el plazo de tiempo disponible.
  • Combate la somnolencia. No te eches siestas, sal a caminar.
  • Tómate descansos (y no al revés); un receso de 5 minutos es motivador y el material estudiado tiene tiempo de asentarse. Haz un repaso antes de cada receso.
  • Utiliza recordatorios para saber dónde retomar el trabajo la próxima vez, y para no olvidar las cosas que debes hacer.

Cinco minutos

¿Que estás haciendo? ¿Deberías estar haciendo otra cosa? ¿Quizás leyendo ese magnífico libro, ese email que llevas retrasando hace días, plancharte unas camisas… etc.? Cualquier cosa menos estar perdiendo el tiempo frente a la pantalla de tu ordenador ¿verdad? Bueno, vamos a aprovechar al menos estos minutos que nos dedicas a leer esto que te proponemos.

Somos auténticos expertos en auto sabotaje. Lo hacemos continuamente. Pero quizás, procrastinar (perder el tiempo), es una de nuestras preferidas. Lo hacemos por una variedad de razones. Por ansiedad, falta de motivación, perfeccionismo, culpa, pocas habilidades de decisión… pueden ser algunas de ellas. Y, en muchas ocasiones, son fuente de verdaderos problemas. Como cuando no somos capaces de entregar un proyecto a tiempo o salimos a recoger a nuestro hijo en el último minuto, sin contar con el tráfico. Y lo más curioso de todo esto, es que ¡algunos lo tienen a gala! No es extraño oír aquello de: ¡me gusta trabajar con presión! o ¡al final siempre lo termino consiguiendo!

Pero si esto último no es tu caso, te proponemos un pequeño ejercicio. Dando por sentado que puedas estar perdiendo el tiempo frente al ordenador sin hacer nada productivo o que te sientes frente al televisor más tiempo del que desearías, ¿tendrás cinco minutos?

Tus primeros los vas a dedicar a hacer una lista de lo que tienes que hacer (recoger la cocina, ordenar el correo, llamar a tus padres,… etc.). Bien, una vez hecho, puedes continuar perdiendo el tiempo. Un rato después (el tiempo lo decides tu), levántate y haz durante cinco minutos una de las tareas. Vuelve a tu remoloneo. Y así hasta que consigas dedicarle al menos cinco minutos a cada una de las que te has propuesto.

Y ¿esto funciona? Pues si. Te cuento un truco. Es muy posible que no consigas terminar tus ciclos de cinco minutos, ya que alguna de las tareas te sacará de tu abotargamiento y conseguirá que comiences a producir. ¿Probamos?

La relatividad del tiempo

¿No te ha ocurrido alguna vez? Coges un barco o avión para ir a ver a tu familia. Un viaje de horas hasta llegar. Unos días con ellos y luego el viaje de vuelta, que se hace enormemente largo, al contrario que la ida.

Esto tiene que ver con la forma de procesar la información, en este caso temporal, que tengamos. Nuestra experiencia sobre el tiempo es relativa, no absoluta. P. Zimbardo, autor del libro La Paradoja Temporal, nos comenta como existen ilusiones temporales al igual que ilusiones visuales.

En el caso del tiempo tiene que ver con el procesamiento mental que requiere una determinada tarea. Cuanto más pasos, más tiempo pensaremos que ha pasado Si tenemos que detenernos para pensar cada etapa, sentiremos que la tarea nos está llevando mucho tiempo. El procesamiento mental hace que el tiempo parezca más largo.

La percepción del tiempo también tiene que ver con nuestras expectativas. Si en ocasiones para terminar un tarea tardamos un tiempo determinado y, un día en particular, se alarga, aunque solo sea unos minutos, nos parecerá una eternidad. Pensemos en el trayecto que estamos acostumbrados a hacer para llegar en coche al trabajo y que, un día en particular, se alarga por un accidente. Aunque solo sean cinco minutos más, es probable que nos desesperemos pensando que ha pasado mucho más tiempo.

Por último, nuestra percepción del tiempo también cambia con los años. Recordemos como hace una década, que una página tardase treinta segundos en cargar en nuestro ordenador nos parecía normal. Ahora si tarda más de 3 segundos, pensaremos que la conexión se ha fastidiado.

Ser consciente de que estos condicionantes existen, nos podrá ayudar a manejar mejor nuestro tiempo, en cada momento. A disfrutar de él.