Resistencia

El coraje no es la ausencia de miedo, sino el juicio de que algo es más importante que el miedo.
Ambrose Redmoon

Cuando alguien nos dice que hemos cambiado, nos surge una pregunta: ¿querrá decir para bien o para mal? Intentamos averiguarlo fijándonos en el contexto de la conversación, en el momento o, simplemente, pidiéndole que nos lo aclare.

Porque lo cierto es que cambiar, no siempre tiene buena prensa. Lo aplicamos cuando alguien se le agria el carácter, deja de se una persona buena o, cuando ya no actúa como nos tenía acostumbrados o esperábamos que hiciese. Podemos decir que notamos que alguien ha cambiado cuando no cumple lo que nosotros preveíamos que iba a ser. Paradójico ¿verdad? Definimos los cambios de las personas basándonos en nuestras expectativas. Algo que, generalmente, no está fundamentado más que en nuestros juicios. Algo que no tiene que ver con la realidad de la otra persona.

Los cambios son procesos naturales. Se producen en las personas, en las comunidades y en los países. Lo que falla no es el cambio. Lo hace nuestra resistencia (e incomprensión), del mismo.

Ya hace unos pocos años, alguien me dijo que -no creía en los ordenadores-, que iba a ser una moda pasajera y que se quedaría en algo residual en nuestras vidas. Desde luego, ¡dió plenamente en el clavo!, con su predicción.

Lo que escondía esta sentencia no era más que el miedo al cambio que todas las personas compartimos. Culturalmente, nos inculcan esto. Buscar la estabilidad. Que nada cambie. Aunque pueda ser para bien.

La implicación que tiene en nuestras vidas es tremenda. Dedicamos mucho más tiempo a resistirnos a cambiar, que a intentar hacernos con él. Con las implicaciones psicológicas que esto tiene. Porque, paradójicamente, si nada cambia, nos aburrimos, nos ponemos tristes o, todavía más, nos deprimimos y no le encontramos sentido a la vida.

Por esto es tan importante entender que es mucho más sencillo subirse a la ola de los cambios inevitables, tratar de comprenderlos, buscar nuestro lugar en ellos, y protagonizar la parte que nos toque, que resistirnos a algo que ocurrirá. Con o sin nosotros.

Anuncios

Consciencia

Mi experiencia es lo que estoy de acuerdo en atender
William James

¡No hago más que ver mujeres embarazadas por todos lados!, me decía una buena amiga que está esperando su tercer hijo. ¿Será una epidemia?, añadía bromeando.
Este fenómeno, que ocurre con frecuencia, y no solamente con el embarazo, es algo fácilmente comprensible, desde el punto de vista de la psicología.

Lo explica el sesgo de confirmación, que no es otra cosa que la búsqueda inconsciente de argumentos (en este caso, situaciones), que confirmen o corroboren la nuestra. Se aplica a alguien que no nos cae bien, y solamente veremos aquello que no nos gusta de él o de ella.
Ocurre lo mismo, por extensión, cuando vivimos una circunstancia como un embarazo, una boda, un divorcio, o una graduación de nuestros hijos. Es una elección sesgada de atención que provoca que pensemos que la única realidad es la que estamos viendo nosotros.

Habitualmente perdemos más del 90% de lo que pasa a nuestro alrededor, no lo vemos. Es como el angulo muerto del espejo del coche. Pero con la vida.

Es por esto que este fenómeno que nos ocurre con el sesgo de confirmación se convierte en una magnífica excusa para llamar la atención sobre nuestro “piloto automático vital”, que no es otra cosa que un abandono de la experiencia misma de vivir.

Mi propuesta de hoy, va por ahí. Intentemos ser conscientes ¡lo más posible! Disfrutar intensamente de cada momento que nos regala la vida. No sabremos nunca lo que nos estamos perdiendo hasta que, desafortunadamente, no esté. Y esto es aplicable a personas queridas, juventud, oportunidades de trabajo … o al recorrido que hacemos a diario para ir a nuestro puesto de trabajo.

A veces es tan sencillo como levantar la vista y mirar, abrir los oídos y escuchar … para darnos cuenta que mucho de lo que anhelamos, ya lo tenemos.

¿Empezamos el cambio?

Asumimos que nuestros pensamientos, actos y sentimientos son inevitables, que no tenemos elección, cuando en realidad si que podemos elegir

vegetarian-774860_640

En el Guerrero Pacífico, Dan Millman narra una historia que le había contado su mentor:

Cuando sonaba el silbato para el descanso de la comida, los trabajadores se sentaban todos juntos a comer. Y cada día, Sam abría su fiambrera y protestaba. 4, iHijo de su madrel- lloraba. Otra vez bocadillos de mermelada y mantequilla de cacahuete. iOdio la mantequilla de cacahuete y la mermelada Se lamentó de sus bocadillos de mermelada y mantequilla de cacahuete hasta que uno de sus compañeros de trabajo le preguntó : (por Dios, Sam, si tanto odias la mermelada y Ia mantequilla de cacahuete, ¿por qué no le dices a tu parienta que te haga otra cosa?.
¿Qué quieres decir con decírselo a mi parienta, contestó Sam.
No estoy casado. Soy yo el que hace los bocadillos.

A veces es simplemente tomar consciencia de lo que estamos pensando, haciendo y sintiendo, para darnos cuenta de que lo que depende de nosotros y de la capacidad que tenemos para cambiarlo si queremos.
Por supuesto este no es más que el primer paso de nuestra “desautomatización”. Luego viene la reconstrucción a nuestro deseo. Desde el principio.

¿POR QUÉ TE ABURRES?

Cuando uno se halla habituado a una dulce monotonía, ya nunca, ni por una sola vez, apetece ningún género de distracciones, con el fin de no llegar a descubrir que se aburre todos los días.

Germaine de Staël 

Todos tenemos amigos y amigas que nunca se aburren. ¡El mundo es maravilloso!, nos dicen. Y sonríen. Y nosotros nos quedamos con cara de no entender nada, pensando que nuestro amigo tiene pajaritos en la cabeza o, simplemente, no vive en este mundo.

url

Vivimos rodeados de rutinas, de hábitos. En la mayoría de las ocasiones esto nos hace sentir bien, seguros. Pero en otros momentos nos produce hastío y aburrimiento. Según algunas estimaciones, aproximadamente el 50% de nosotros nos sentimos aburridos en alguna ocasión. Obviamente para los adolescentes este dato queda claramente por debajo de la media. Se aburren mucho más … ¡eso dicen!

¿Cuál es la mejor estrategia que puede proponer la psicología para evitar el aburrimiento?

El aburrimiento no debe ser tomado a la ligera. Existen evidencias que nos muestran los peligros que puede acarrear, especialmente en la población adolescente. Un estudio publicado en el International Journal of Epidemiology concluye que aquellos que informaban estar aburridos frecuentemente tenían más posibilidades de morir jóvenes, comparando con lo que no se aburrían tanto. Estar aburrido puede disparar otros muchos factores de riesgo y hacer aparecer conductas perniciosas como consumo de drogas, o conducción temeraria. Y no solo en adolescentes. El aburrimiento en pilotos de avión o personal militar multiplica los errores que pueden cometer, como recogen diversos estudios. Disminuye el necesario nivel de activación para desarrollar la tarea y puede llegar a provocar fatales consecuencias.

Un equipo de psicólogos de la Universidad de York describen la experiencia del aburrimiento como algo frustrante — por la incapacidad para comprometerse en algo satisfactorio o interesante —, y sin significado — desde un punto de vista existencial —. Sentimos que todo lo que nos rodea es aburrido, tanto las personas como el entorno.

Un estudio publicado en 2009, nos acerca las estrategias que utilizamos más comúnmente para afrontar el aburrimiento.

  1. Replanteamiento. Trabajar mentalmente para incrementar el valor y la importancia de la situación o acitividad que nos aburre.
  2. Crítica. Cambiar la situación para disipar el aburrimiento.
  3. Evasión. Distraernos con otra actividad.

El estudio concluye que la estrategia más efectiva es replantearnos el aburrimiento, mientras que las otras dos parecen tener menos impacto a largo plazo.

Por supuesto que todos utilizamos estas estrategias y las conocemos. Pero la cuestión importante es reconocer cuando debemos hacerlo. En ocasiones no es sencillo identificar nuestros momentos aburridos. Podemos simplemente dejarnos ir, sin ser conscientes de ello.