Reírse (de uno Mism@)

Cualquiera que se tome demasiado en serio corre el riesgo de parecer ridículo. No ocurre lo mismo con quien siempre es capaz de reírse de sí mismo.
Václav Havel

Reírnos, de nosotros mism@s es, de hecho, uno de los mejores antídotos para el estrés o la tristeza. Esta capacidad de ver el lado humorístico de la situaciones, supuestamente más serias, es una de la mejores herramientas cotidianas para poder sobrellevar muchas circunstancias complicadas que se nos presentan en nuestro día a día.

Ser capaces de hacerlo es un signo de resiliencia y fortaleza mental. Y no se trata de encontrar el lado gracioso de una determinada experiencia -que es algo muy útil-, es algo todavía más profundo que requiere reflexión y atención hacia nosotros mismos. Es una capacidad que nos permite observarnos, sin juzgarnos y teniendo la suficiente compasión hacia nosotros mismos como para poder vernos más allá de nuestros fallos y errores. Es una magnífica herramienta de autoconocimiento que, cuando la empleamos, limpia muchas de los condicionantes mentales que el pasado suele llevar aparejado.

Esto no quiere decir que llorar sea algo malo. Al contrario. Está demostrada su importancia y necesidad. Pero la clave para encontrar el balance en nuestras vidas, como ya hemos comentado en muchas ocasiones, está en entender ambos que ambos extremos de nuestras emociones son igual de necesarios.

Quienes se ríen de si mism@s entienden perfectamente este concepto. Y son capaces de mirar hacia atrás con benevolencia, admitiendo posibles errores o fallos que puedan haber cometido.

Un efecto adicional que tiene reírnos de nosotros mismos es su incidencia en nuestra relación con otras personas. Al aprender a no juzgarnos, extendemos esta virtud a quienes nos rodean, y dejamos paso al aprendizaje que se produce tras los fracasos, abriendo la puerta de nuevo a la ilusión de un nuevo intento.

Por esto, además de poder afirmar con la fuerza de la evidencia científica, que reírnos de nosotr@s mism@s nos hace más felices, también podemos añadir que lleva aparejado el regalo del éxito. Principalmente porque nos hace avanzar más allá de lo que pueda haber salido mal, despojándolo de su carga dramática y de culpa. 

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¿Sentido del humor?

El sentido del humor es simplemente el sentido común bailando.
William James

No le veo la gracia. No se porque tengo que encontrarlo divertido.

Pues a mi me parece que lo es. Y mucho ¡No se porque te lo tomas así! No tienes sentido del humor.

¿Cuántas veces se han visto en una situación similar? Alguien que pretende hacerse el gracioso o la graciosa a costa de ustedes y, cuando le hacen ver que no les gusta, les contesta poniendo en duda su sentido del humor.

Que no nos gusten determinado tipo de bromas, o chistes, o cualquier otra circunstancia que implique que debamos tener una reacción de aprobación, compartiendo la intención de quien la produce, no es un problema nuestro. Lo es de quien intenta que nos riamos de algo que no tiene gracia, o que nos haga gracia que se rían de nosotros.

Es una de las confusiones más comunes del bromista. No contar con el conocimiento de la persona que se supone que debe compartir su chanza. Es una profunda falta de empatía que puede llevar a situaciones muy desagradables.

Y no se trata de que tengamos o no sentido del humor o no sepamos “encajar” las burlas o los chascarrillos. Es una cuestión de educación. Tiene que ver con el respeto entre las personas.

Reírnos con los demás es una forma maravillosa de relacionarse. Poder llegar a conocer a alguien para saber que le hace reír o que teclas podemos tocar para conseguirlo, es un arte. Exige un conocimiento mutuo que llegue a permitir que el sentido del humor se convierta en una parte esencial de la comunicación entre las personas.

Por esto el humor es algo tan serio. Por esto son muy pocas personas las que llegan a ese nivel de intimidad que permite que se manifieste de una forma natural.