¿Qué te motiva y qué no?

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Cuando miramos hacia atrás, ¿qué momentos de nuestra vida recordamos como más felices? ¿y los más tristes? Esto es lo que se les preguntó a cientos de personas en un interesante estudio.

A bote pronto, se nos pueden venir a la cabeza logros individuales, como un éxito profesional o aquel triste momento en el que fallamos en un examen. Aspectos asociados a lo que la sociedad occidental, define como triunfos. Pero no es así. Esta interesante investigación, llevada a cabo por la doctora Shira Gabriel, nos descubre algo quizás, no tan sorprendente. Los mejores y peores momentos de nuestra vida están relacionados con las personas. Con la relación que mantenemos con ellas, con la conexión emocional que sentimos entre nosotros.

Son esos momentos de alegría al conocer a nuestros hijos, al volver a ver a un amigo que no veíamos hace tiempo, o esos otros momentos en los que nos tenemos que despedir de alguien querido o nos enfadamos con nuestra pareja o amiga. La doctora Gabriel comenta:
“a pesar de que empleamos mucho tiempo y esfuerzo en logros individuales como el trabajo, aquello que nos hace más feliz a lo largo de nuestra vida, y también más tristes, son sociales, momentos en los que nos sentimos conectados con otros…”

Esta investigación puede explicar porque, a pesar de tener éxito, muchas personas son infelices. Lo importante no es lo que tienes o consigues, sino con quien puedes compartirlo. Quizás es el momento de empezar a actuar de acuerdo a lo que sentimos.

Dedicar más tiempo a las personas que queremos y nos quieren. Esa parece ser la clave.
No dejes pasar más tiempo sin hacerlo.

¿La pareja perfecta?

Por eso no seremos nunca la pareja perfecta, la tarjeta postal, si no somos capaces de aceptar que sólo en la aritmética el dos nace del uno más el uno

Julio Cortázar

Las relaciones no son sencillas en ocasiones. Esto es una realidad que cualquiera de nosotros hemos experimentado en primera persona. Requieren compromiso, trabajo duro y estabilidad para que nuestro amor permanezca vivo. Pero esto no quiere decir, ni de lejos, que tengamos que hacer un test diario del mismo. La consciencia de lo que es importante y lo que no lo es, puede ser una buena forma de cuidar nuestra relación. Para ello no es necesario hacer un master de relaciones de pareja.

Hay una serie de aspectos que debemos evitar si queremos que nuestra relación de pareja sea una fuente de amor y felicidad. Es sencillo. Solo hay que ponerse a ello. Eso si. Con determinación.

El marcador. Las parejas que hacen un seguimiento de lo que uno hace el otro no van por buen camino. Es una fantástica forma de conseguir pasar de “sentir” algo a tener quehacer algo. Desde luego que es muy importante notar que la persona amada se preocupa por nosotros, que tiene detalles, que nos considera. Pero de ahí a llevar una contabilidad, estaríamos cambiando el sentido de lo que significa una relación de pareja.

Y el esfuerzo debemos dedicarlo, más que un registro, a una búsqueda. De lo que a nuestro amor le puede gustar, sorprender o apasionar. Y esto es difícil de medir.

Darlo por hecho. Muchas parejas, funcionen bien o no, olvidan ocasionalmente lo que cuesta mantener la llama encendida. Parece como si pensásemos que todo el trabajo está ya hecho y que ya no hace falta esforzarse más por nuestra relación. Es uno de los mayores errores que se pueden cometer.

El amor es algo que se siente todos los días y debemos abordarlo con gratitud, haciéndole sentir al otro que estamos eligiéndole a diario. La apatía es uno de los mayores enemigos de nuestra relación.

Desconsideración. La irracionalidad de esta acción habla por si misma. Menospreciar a alguien es una muestra clara de falta de amor. Es al contrario. El amor se manifiesta en la admiración y apoyo a la persona amada. Más que la conocida frase de detrás de un gran hombre …” y su claro mensaje sexista, se trata más bien de estar uno al lado del otro, compartiendo ilusiones y proyectos.

¿Siempre juntitos? Al principio de una relación es muy normal que deseemos estar todo el tiempo con la persona amada. Estamos conociéndonos, todo es nuevo y queremos saber como somos juntos. Pero esto puede llegar a ser un problema cuando la relación va evolucionando.

Una de las claves por las cuales nos enamoramos de otra persona es porque nos gusta quien es, cómo es. Y si lo que hacemos es precisamente cambiar esto, sin dejar espacio abierto para la independencia de cada uno, nos estamos equivocando.

Las parejas felices tienen proyectos diferentes, disfrutan de independencia que les permite compartir cosas nuevas entre ellos.

Tener una vida en pareja no significa renunciar, significa compartir. Y esto es, precisamente el truco que hace que funcione. Se trata de elegir, como ya hemos comentado anteriormente, y de que la otra persona lo sepa y lo sienta.

Supervivientes

Un millón de personas se suicidan al año en todo el mundo. Una cifra terrible que, sin embargo, apenas se ve reflejada en los medios de comunicación. Las familias y amigos de los que se quitaron sus vidas viven su dolor en soledad, casi clandestinamente, rodeados por el estigma y los sentimientos de culpa y vergüenza. “Es como si fuera algo muy íntimo tuyo, es como si fuera un secreto que no te hace falta que sepa nadie”. Supervivientes es un documental en el que las voces de familiares de personas que se suicidaron y las de aquellos que fracasaron en su intento de quitarse la vida se alzan contra el tabú que aún rodea al suicidio

Lo puedes ver completo aquí 

Alerta: CiberBullying

Las cifras son alarmantes, se estima que tres cuartas partes de la población estudiantil han sido víctimas de ciberbullying al menos una vez durante el año escolar. Un grupo menor de adolescentes, pero igual de alarmante afirma ser víctima de acoso una o dos veces al mes. Un porcentaje menor, un 3% de los adolescentes denuncian sufrir ataques todos los días. Estas cifras muestran que este es un problema que se no se debe tomar a la ligera y que afecta a muchos más adolescentes de lo que se piensa. El problema es que la mayoría no denuncia.

La tecnología ha conectado a la sociedad de una forma que nunca antes se había visto. También ha creado un entorno en el que los niños y niñas, no son capaces de alejarse de quienes los atacan. Son muchas las amenazas que este nuevo mundo digital puede presentar.

El ciberbullying es una de ellas. Las víctimas están expuestas al maltrato a todas horas, sin importar donde se encuentren. En muchas ocasiones el acoso se vuelve viral, más personas se unen y se multiplica el efecto de indefensión y vulnerabilidad que experimenta el niño o niña acosado.

Ante estos, muchos padres y madres, se encuentran indefensos. No conocen el medio y la forma de poder abordar una amenaza de estas características.

Es importante que como progenitores seamos conscientes de lo que nuestros hijos e hijas hacen tanto en el mundo real como en el digital. Debemos estar al tanto de cómo se relacionan y qué tipo de trato dan y reciben. No sólo debemos velar porque estén a salvo del ciberbullying sino porque no sean ellos agentes de ningún tipo de acoso.

Cuando compramos a nuestros hijos o hijas un smartphone se debe especificar cuál es el uso que se espera que hagan de él y dónde están los límites del mismo. También es importante mantener una supervisión constante sobre la actividad online, para detectar posibles conductas inadecuadas cuanto antes y prevenir un problema mayor.

Se les debe hacer partícipes de que todas las acciones que llevan a cabo pueden afectar a otras personas y que está en sus manos elegir si quieren influir o negativa. Se debe insistir a los adolescentes es que todo lo que publican en internet es susceptible de ser utilizado para perjudicarlos en un futuro, por lo que deben aprender a ser cuidadosos sin necesidad de vigilancia constante. De ese modo se sentarán bases sólidas de confianza con los hijos que serán muy beneficiosas a largo plazo.

La mejor forma de contrarrestar el ciberbullying es la educación

Enseñarlos a tener un buen comportamiento tanto dentro como fuera de la red es fundamental para luchar contra el acoso a los menores. Establecer normas claras sobre lo que se considera un mal comportamiento en Internet puede ser determinante a la hora de evitar que sean participantes activos de situaciones de ciberbullying.

Además, se debe enseñar a ser solidarios y empáticos, de forma que puedan ayudar a posibles víctimas de ciberbullying o, en caso de ser ellos las víctimas, ofrecerles las herramientas y el apoyo que necesiten para salir de esa situación sin sufrir graves consecuencias.

La educación es la clave para conseguir que el ciberbullying no sea un problema grave para nuestros hijos e hijas y para que tengan una interacción saludable y provechosa con Internet.

¡No te equivoques! Tod@s estamos en Internet, de una u otra forma. En la siguiente infografía podrás encontrar algunas claves de este fenómeno que es el ciberbullying y como afrontarlo.

Fuente: Psicoglobalia.com

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Infografía de @Andyfgarcia08

Hoy es el día

Las únicas personas realmente ciegas en la época de Navidad son las que no la tienen en su corazón
Hellen Keller

La mayoría de nosotros pasaremos la Nochebuena en familia, comiendo y bebiendo un poco más de la cuenta. Es de esperar que para casi todos sea una noche de reencuentro y de alegría. Eso también es lo habitual.

Todo esto a pesar de las consabidas historias –no digo que no sean ciertas-, acerca de los cuñados, los chistes malos o las conversaciones fuera de tono, sobre fútbol o política. Ocurren, seguro. Y forman parte de la decoración navideña.

Este tipo de reencuentros familiares, no siempre deseados, pueden ser una bomba de relojería si no hemos ido preparados para ello. Pero hoy aquí, mi intención es ayudar en el caso que se produjese la temida explosión, no tengamos que arrepentirnos de lo que digamos o hagamos.

Puede ocurrir que, al anticipar que algo no nos va gustar: el tío que siempre bebe más de la cuenta, las pullas de la mujer de tu hermano o las inconveniencias de tu propio hijo, estemos, de hecho, predisponiéndonos a que prenda la mecha.

Si, estoy planteando que, en estas ocasiones, podemos ser nosotros quienes estemos catalizando los momentos desagradables o incómodos de la cena de Nochebuena. Al esperar que ocurra estamos de hecho, provocando que lo haga.

Porque, pensemos ¿qué es lo importante esta noche? Estar juntos, la familia. En esta noche tan especial en la que los más mayores se cuestionan si será su última, y los más pequeños la viven como el principio de un período de sueños que pueden cumplirse.

Por esto la propuesta de hoy es simple. Esta noche seamos simpáticos y tolerantes. Y si metemos la pata, simplemente ¡disculpémonos! Hagámoslo con quien podamos haber ofendido. Es sencillo.

Solo ¡lo siento! Sin esperar nada a cambio.

¿Cuál es tu actitud?

Una actitud es una forma de respuesta, a alguien o a algo aprendida y relativamente permanente.

El término “actitud” ha sido definido como “reacción afectiva positiva o negativa hacia un objeto, sujeto o proposición abstracto o concreto“.

Las actitudes son aprendidas. En consecuencia pueden ser diferenciadas de los motivos biológicos como el hambre, la sed y el sexo, que no son aprendidas. Las actitudes tienden a permaneces bastantes estables con el tiempo. Estas son dirigidas siempre hacia un objeto o idea particular. Las actitudes raras veces son asunto individual; generalmente son tomadas de grupos a los que tenemos simpatía.

Las actitudes se componen de 3 elementos: lo que se piensa (componente cognitivo), lo que siente (componente emocional) y su tendencia a manifestar los pensamientos y emocione (componente conductual).

Las emociones están relacionadas con las actitudes de una persona frente a determinada situación, cosa o persona. Entendemos por actitud una tendencia, disposición o inclinación para actuar en determinada manera. Ahora bien, en la actitud (preámbulo para ejercer una conducta), podemos encontrar varios elementos, entre los que descollarán los pensamientos y las emociones. Las emociones son así ingredientes normales en las actitudes.

Todos tenemos determinadas actitudes ante lo que conocemos, y formamos actitudes nuevas ante lo que es nuevo que vienen asociadas a sentimientos positivos o negativos en ambos casos.

Una vez formada una actitud, es muy difícil que se modifique. Ello depende en gran medida del hecho de que muchas creencias, convicciones y juicios se forman en l ámbito familiar. Las actitudes pueden haberse construido desde los primeros años de vida y haberse reforzado después. Otras actitudes se aprenden de la sociedad, como es el caso de las actitudes negativas ante el robo o el abuso. Y otras dependen directamente del individuo.

Pese a todo, las actitudes pueden modificarse, en cualquier sentido. Los cambios de actitudes negativas, basadas en sesgos hacia personas, religiones u orientaciones sexuales o políticas son un buen ejemplo. Se consigue principalmente aumentando la información y conocimiento del objeto hacia quien manteníamos una actitud intolerante.

Existen diferentes tipos de actitudes:

Cuando dos personas se tratan con afecto, se toca el estrato emocional de ambas. Esta se basa en el conocimiento intimo de la otra persona. El cariño, el enamoramiento y el amor son emociones de mayor intimidad, y van unidas a una actitud de benevolencia. Este tipo de actitud es la que se denomina emotiva.

Un segundo tipo es la actitud desinteresada, que no se preocupa, ni exclusiva ni primordialmente, por el propio beneficio, sino que tiene su centro de enfoque en la otra persona y que no la considera como un medio o instrumento, sino como un fin. Está compuesta por 4 cualidades: apertura, disponibilidad, solicitud y aceptación.

Opuesta a esta última, tenemos la actitud manipuladora, que solo ve al otro como un medio, de manera que la atención que se le otorga tiene exclusivamente como meta la búsqueda de un beneficio propio.

Un cuarto tipo de actitud es la interesada que puede considerarse como la consecuencia natural de una situación de necesidad ineludible (objetiva o construida) en la que la persona busca todos los medios posibles para satisfacerlas. Por ello, ve en las demás personas un recurso para lograrlo. Este tipo de actitud presenta tantos matices como necesidades pueda tener una persona, comprensibles o incomprensibles.

Por último tenemos la actitud integradora que es aquella en la que la comunicación de sujeto a sujeto, además de comprender el mundo interior de la otra persona y de buscar su propio bien, intenta la unificación o integración de ambas.

Como vemos las actitudes son una parte esencial de como nos relacionamos con los demás. Y determinan, en gran forma, nuestro carácter e imagen proyectada. Tienen un inconveniente: son difíciles de disimular. Así, si no estamos conformes con una de ellas en nosotros, la labor que nos toca es cambiarla.