Críticas

Las críticas se evitan muy fácilmente si no decimos nada, no hacemos nada y no somos nada.
Aristóteles

Vivimos en un mundo donde la crítica es constante. Siempre habrá alguien haciéndolo. Opinando sobre lo que hacemos, que vestimos, de lo que hablamos o, incluso como somos. Si viviésemos nuestra vida continuamente pendientes de ellas nuestra vida sería un verdadero infierno. Pero a pesar de ello, el impacto de las opiniones de otras personas no es fácil de desactivar.

Quizás aquí sería importante distinguir entre críticas constructivas o negativas. O incluso entre aquellas solicitadas o no. Si le pedimos a alguien su opinión, estamos sujetos a que nos conteste según sus valores o esquemas. Y así debemos aceptarlo. Si no se la pedimos, es simplemente inapropiado que nos la den. Quien lo hace se califica a si mismo.

Pero, yendo más allá de lo que hagan los demás, la desactivación de las críticas o más específicamente, su impacto sobre nosotros, puede conseguirse siguiendo estos sencillos pasos.

En primer lugar siendo conscientes que es nuestra vida y que somos nosotros quienes decidimos quien entra a formar parte de ella. Esta es una decisión temporal y condicionada. Las personas que permitimos entrar en nuestro espacio personal, deben saberlo. No tienen carta blanca para criticar u opinar, por el hecho de estar en nuestro círculo afectivo. ¡Excepto nuestras madres, claro está!

En segundo lugar, debemos tener en cuenta que somos nosotros quienes validamos la crítica al prestarle atención. Cultivar el noble arte de ignorar a quien no nos respeta incrementará notablemente nuestra calidad de vida.

Por último estaría el deshacernos de la necesidad de contentar a todo el mundo. No es posible. Es como si estuviésemos intentando recorrer caminos en diferentes direcciones ¡al mismo tiempo! Terminaríamos mareados y perdidos.

En resumen y como bien dice la canción ¡It´s my life! O traducido “Es mi vida”.

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No necesitas su aprobación

Era como un niño pequeño exhibiendo sus juguetes, deseoso de obtener la aprobación de los demás.

P.D. James

En un mundo en que las apariencias imperan, la aprobación de los demás se ha convertido, prácticamente, en una obsesión. La buscamos permanentemente. Es una necesidad que, poco a poco, nos aleja de nosotros mismos. De quienes somos y de quienes podemos ser.

Quizás viene del hecho de estar exponiéndonos permanentemente. Es casi un estilo de vida construir (al menos hacia afuera) una timeline admirable. Si no recibimos la atención que buscamos, nos entristecemos, enfadamos o nos ponemos tremendamente nerviosos. Y lo que resulta peor, comenzamos a imaginar que existe una causa perversa tras ello. Que nos están juzgando y hablando de nosotros. Que no gustamos.

Podemos decir que es el ego el que está detrás de esto. No nos equivocamos. Lo está. Pero, asimismo, esta constante necesidad de atención revela una importante carencia de autoestima. De conocimiento y de aceptación de quienes somos.

Quien se mueve en este vaivén de aprobaciones y reprobaciones externas, raramente consigue desarrollar un sentido de si mismo. Siempre estará buscando una referencia. Una comparación con otras personas o grupos que le validen. Si se sale de ahí, hay problemas.

Por esto es necesario ese trabajo propio que tanto repetimos y proponemos. El que lleva a reconocernos y comprendernos. El que nos conduce a querernos y vernos como personas valiosas y felices.

Para ello debemos empezar, desde ya, a identificar aquello que nos define. Nuestras fortalezas, debilidades (que no lo son tanto a veces), nuestras pasiones y nuestras habilidades. El primer paso para ser la persona que podrías ser, es aceptar y conocer a la persona que eres. Difícil va a ser que llegues a ningún lado si no sabes de donde partes.

Y esto solo lo sabes tú. Es física. No puede haber dos cuerpos ocupando el mismo lugar.

Querer ¿es poder?

Cuando alguien que de verdad necesita algo lo encuentra, no es la casualidad quien se lo procura, sino él mismo. Su propio deseo y su propia necesidad le conducen a ello.
Hermann Hesse

Quizás la única respuesta realista para esta pregunta es: ¡Depende!

Muy a pesar de todo aquello que nos puedan estar contando todas las versiones posibles de los positivismos mágicos, no podemos conseguir todo aquello que nos propongamos. Al menos, no de la forma que nos lo pretenden vender.

Porque, parece complicado que, saltándonos todas nuestras limitaciones, podamos, simplemente, acceder a aquello que no hemos conseguido hasta ahora. Es una visión modificada de Un Mundo Feliz, de A. Huxley, que parece querer que pensemos que todo depende de nuestra voluntad, de las ganas que pongamos y de la actitud que tenemos en la vida.

Pero no es así. Por supuesto, la voluntad, las ganas y la actitud forman parte indispensable de cualquier cambio que queramos introducir en nuestra vida. Pero son solo eslabones del engranaje que lleva a conseguirlo. La perseverancia, la preparación, la motivación, la perspectiva … y muchas más, forman parte de esta maquinaria personal que nos puede llevar a conseguir aquello que nos propongamos.

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Pensemos. Si yo, que no he esquiado nunca, me pusiese unos esquís ¿qué posibilidades tendría de avanzar siquiera un par de metros? Pocas ¿verdad? Pues esto es lo que parecen estar proponiendo muchas de estas formulas mágicas hacia la felicidad. Literalmente, nos sugieren (o venden), que leyendo un libro, participando en un taller “fantástico” o escuchando a un reputado orador, nuestra vida cambiará. Si, es verdad, puedo estar exagerando y no es esto lo que nos dicen. Proponen una decisión, unos pasos, una preparación … ¡Puede ser! Pero esto no es lo que vende. Lo que dicen sus propagandas es más sencillo. ¡Ven y tu vida cambiará! Y apenas tendrás que hacer nada (sino un pequeño donativo), para conseguirlo.

Pero las cosas no funcionan así. Ni de lejos. El trabajo que debemos hacer, empieza por nuestro auto conocimiento. Se parece más a un diagnóstico, sin prejuicios, de nosotros mismos. Y esto, difícilmente, lo podremos llevar a cabo en poco tiempo.

El primer paso no es un desconocido para nosotros en Cámbiate. Se trata de nuestra propia aceptación. Del reconocimiento de quienes somos. Solo así sabremos que herramientas tenemos para poder abordar un nuevo camino. Y, no nos engañemos, no es sencillo. Exige franqueza con la persona que, generalmente, menos conocemos, nosotros mismos. Este comienzo de evaluación que significa la aceptación no implica conformismo o rendición, más bien todo lo contrario. Exige mirar hacia nuestro interior, sin juzgarnos, entendiendo lo que vemos como parte de nuestro ser.

Al mismo tiempo aceptarnos significa desapegarnos. Al indagarnos, encontraremos un montón de cosas que no nos son propias. Que están ahí, supuestamente formando parte de lo que parece definirnos, pero que no las reconocemos. Dejarlas ir, es otra parte importante de este camino nuevo, y a la vez antiguo, que decidimos emprender.

En estos primeros pasos, más que cargar, estaremos descargándonos, de lo que nos sobra. Frecuentemente, porque simplemente está ahí y no hemos decidido apartarlo. Es como ese garaje que está lleno de cachivaches que no sabemos para que sirven.

Volviendo al principio de nuestra propuesta de hoy, la voluntad forma parte de las herramientas necesarias, por supuesto. Pero no es más que un impulso que nos lleva a actuar para seguir adelante. La perseverancia, el esfuerzo y otras muchas herramientas que les he ido mostrando y seguiré haciendo, en Cámbiate, son otra parte indispensable de nuestro cambio personal.

Y esto, por más que queramos, no lo conseguiremos con un acto aislado de enaltecimiento de nuestra voluntad o entusiasmo. Que va. Exige un trabajo más intenso. En ocasiones, con la ayuda de un profesional de la psicología, que nos ayude a comenzar. Que nos muestre como hacer ese diagnóstico personal que es la primera piedra indispensable de este nuevo camino.

Y, aunque la charlatanería y la pseudociencia pueden proponer un bello sendero, no deja de ser arriesgado poner nuestra vida en manos de quienes no poseen los adecuados conocimientos para ayudarnos. Es posible que, en lugar de ayuda, recibamos una preciosa fábula que nos ilusione durante un tiempo. Pero el efecto rebote, la desilusión tras comprobar que no podemos hacerlo sin esfuerzo y dedicación, puede ser el peor lastre que podamos tener para comenzar.

Como ya hemos comentado en otras ocasiones. Desconfiemos de soluciones rápidas o mágicas. Será difícil, seguro ¡Pero valdrá la pena!