Toda pérdida afectiva conlleva la elaboración de un duelo y requiere atravesar por un período de tristeza.
J. Bowlby, autor de la teoría del apego, fue el primero en hablar de fases del duelo por las que la persona tiene que atravesar después de una pérdida. En las primeras fases se intenta recuperar el objeto perdido y las emociones son de profunda pena, dolor, rabia, añoranza, congoja y accesos de llanto. Si estas fases son toleradas, con el tiempo se puede llegar a aceptar que la perdida es permanente y a moldear la vida con una nueva forma. Esta redefinición de sí mismo implica renunciar definitivamente a toda esperanza de recuperar a la persona perdida. La pérdida no se olvida, pero se pone en un lugar especial y la energía emocional se reorienta hacia nuevas relaciones.
Para elaborar el duelo es necesario que tú misma y las personas que te rodean comprendan la necesidad de aceptar y expresar las intensas reacciones emocionales que conlleva el trabajo de duelo, lo cual requiere la utilización de mucha energía tanto física como emocional. Nuestra sociedad exige que seamos valientes, fuertes, que no estemos tristes por una pérdida, y que en poco tiempo rehagamos nuestra vida, impidiendo de este modo la expresión adecuada de las emociones.
También después de una ruptura amorosa aparece un sentimiento de frustración y emociones negativas que bajan la autoestima y la seguridad en uno mismo. No sirve de nada pensar en qué hace la otra persona o con quién está, ya que para que se inicie el trabajo de duelo hay que aceptar la pérdida e intentar sanar la herida emocional creando nuevos lazos afectivos con otras personas e intentando reconstruir la propia vida. El hablar, el comunicar nuestro dolor a nuestros amigos y familiares es la mejor terapia para facilitar la elaboración del duelo.
Recordemos, que el duelo es un proceso natural que debemos pasar. Las soluciones «externas» que anestesian este proceso son temporales y, en muchas ocasiones, en lugar de ayudarnos en esta transición lo que consiguen es cronificarla.








5 respuestas
Buenos días Leo, siempre he pensado lo mismo que tú; pero cierto es que nunca, hasta ahora, he tenido que lamentar la pérdida de un familiar excesivamente allegado; se que tiene que llegar porque la vida es así; y como digo yo; disfrutemos de los que tenemos a nuestro lado en vida; y recordémoslos como se merecen cuando no estén con nosotros; pero no con pena, sí con alegría y con sensación de felicidad. Al decir esto nos tachan de «fríos»; pero es necesario para que no pese en exceso la losa de las pérdidas. Te recomiendo un pasaje al comienzo del libro de Albert Espinosa, «El mundo amarillo», cuando habla de la pérdida de su pierna, le hizo una fiesta, la trató como a una persona. Parece paradoja pero superó así la amputación de su extremidad inferior.
Te mandaré enlace o fotografía cuando esté en casa, para que lo veas.
Un placer leerte como siempre, feliz viernes !!
Gracias como siempre amigo Yván. Este es un tema que me preocupa especialmente y que he sufrido muy cerca el año pasado.
Es muy importante que pasemos el duelo y que lo suframos. Buen día !!
Lamentablente hace poco más de dos años, sufrí algunas pérdidas, la sociedad en términos generales no está preparada para esto, te apremian para que «pases página» y el esfuerzo
por intentar tener buena cara cuando para todos luce el sol, pero en tu alma y tu corazón hace frio y llueve es realmente duro
Es verdad Cristina. Tiene uno la sensación de que no puedes «mostrar» tu dolor, que debes ocultarlo. ¿Pasar página? Nunca.
Hay que llorar para poder sanar.
Gracias por tu comentario!!
La Pérdida, un gran tema que agradezco que saques de los estantes de nuestra ignorancia, en una cultura siempre ávida de Ganancia. En mis experiencias de pérdidas, después de haberlas vivido con la intensidad con que emergían y gestionado en cada momento con las herramientas personales de las que he podido ir asiéndome, he encontrado también la oportunidad de verme, de estar con mi intimidad afectiva, nada sencilla, y entenderme si cabe un poco más. La Pérdida nos devuelve también a nosotros mismos, a nuestra vital contabilidad, invitándonos a una autoevaluación sobre lo perdido y fundamentalmente lo encontrado, en Uno Mismo.Es una experiencia interna que acaba, amén del dolor, actualizando nuestra Mirada para produciendo una Visión Propia ayudarnos a dar Sentido a Nuestro Efímero Tiempo.
Lo que se va o retira nos deja con el regalo de una Nueva Conciencia Sobre el Vivir y el Amar.
Seguiremos perdiendo Leo, pero gracias al desapego de tu conocimiento ganaremos en sabiduría.