El prejuicio es hijo de la ignorancia
William Hazlitt
Si la educación y el sentido común no nos convence de lo estúpido que es el racismo, quizás la ciencia pueda hacerlo. Es lo que nos proponen en United Academics. Las evidencias científicas prueban fehacientemente que los prejuicios, el racismo y la intolerancia están fuertemente asociados a individuos con una gran rigidez cognitiva, poca flexibilidad de razonamiento y una pobre capacidad de integración mental.
En un estudio reciente llevado a cabo en la Universidad de Brock en Canada, los investigadores proponen y examinan varios modelos de mediación. Con estos modelos consiguen probar que una pobre habilidad cognitiva predice mayores prejuicios. Un efecto que se encuentra mediatizado por ideas autoritarias y un nivel bajo de contacto con grupos externos al propio.
En sociología y en psicología social, un grupo externo es un grupo social con el que el individuo no se identifica como miembro. Por ejemplo, las personas pueden encontrar significativo psicológicamente verse a si mismos de acuerdo con su raza, cultura, género o religión. Tener poco contacto con grupos externos puede estar correlacionado con determinadas formas de racismo.
Aunque puede resultar sencillo y de sentido común, esta teoría resulta bastante innovadora en psicología. A pesar de su relevancia para las conductas y las relaciones interpersonales, las habilidades cognitivas han sido ignoradas para explicar los prejuicios.
La investigación realizada examinó series de datos representativos del Reino Unido. Los autores hallaron que un bajo nivel general de inteligencia predecía ideas racistas en la etapa adulta. Un segundo análisis, en este caso con series de datos de Estados Unidos, confirmó que un razonamiento abstracto pobre determinaba los prejuicios anti-homosexuales.
Al parecer la ciencia ha conseguido probar la conexión entre la intolerancia y la estupidez. O al menos con la poca capacidad de razonamiento.








