¿CÓMO CANTAS?

Aquella persona era como el gallo, porque pensaba que el sol salía para oírla cantar

George Eliot

A nadie nos gusta ser malos haciendo algo, pero si estás disfrutando con algo que te gusta, no dejes que te importe. De hecho, asumir nuestra falta de habilidad puede lograr que lo que se te da mal lo disfrutes más.

Podríamos llamarlo el Efecto Karaoke. Realmente a pocos se nos da bien ¡pero nos encanta! Si te cierras porque no sabes cantar, perderás la oportunidad de disfrutar con la actividad en sí. Asúmelo, no cantas bien, y ¡a gozar!.

Hay cosas que no sabemos hacer y que nos hacen sentir realmente mal. No hablamos de esto. De hecho puede resultar patético si lo intentamos y además puede prevenir que nos lancemos a hacer otras cosas menos trascendentales y lo pasemos bien. Pero lo cierto es que pasamos buena parte del día juzgándonos. Cuando digo que soy un desastre cantando, lo considero una evaluación objetiva de mi habilidad, y seguramente si me oyen ustedes, también la considerarán precisa. Pero cantar no me hace mejor o peor persona. No forma parte de mi identidad. No tengo expectativas respecto a ello ¡y respeto mucho la música para intentarlo!. Tampoco necesito que nadie me diga que canto bien. Sabría que miente, o quiere pedirme algo.

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De hecho hay un buen puñado de cosas que no hago bien, pero me encanta hacerlas. Recuerdo hace unos años cuando empecé a correr y veía como el resto de los corredores me miraban con incredulidad. Era divertido luego ver como, pasado un tiempo, formaba parte de ese mundillo. Incluso había quien me ganaba por poco y se enfadaba porque no iba a una carrera ¡y él llegaba el último!

Disfrutar con lo que se hace no implica ser el mejor en ello. Es simplemente disfrutar. Ya empleamos suficiente tiempo de nuestra vidas intentando mejorar en nuestro trabajo, como padres o madres, como pareja, aspectos realmente relevantes de la vida, como para que nos embarquemos en una absurda batalla para ser Pablo Alborán o Haile Gebrselassie.

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