¿Sabes cuáles son las fases de la adicción?

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¿Qué te juegas?

Los juegos de azar pueden provocar adicción. Sus características son similares a las de las adicciones químicas. A continuación te dejamos algunas de ellas.

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Además del dinero, el jugador adicto es incapaz de dejar de dilapidar su tiempo. No se trata de elegir entre una y otra forma de ocio, sino de ser incapaz de levantarse de la mesa, virtual o real.

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Si empiezas a preocuparte porque una hipotética pérdida te causaría problemas, vas por el mal camino. El caso extremo es jugar con dinero prestado o usar los ahorros. Es una de las peores opciones que existen, aunque es muy fácil incurrir en este error.

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Si el juego es una vía de escape a tu vida miserable o a otros problemas, si tu actuación es compulsiva y no de ocio, también deberías recapitular. Si la adrenalina que genera el juego te impulsa a jugar cada vez más dinero para seguir sintiendo lo mismo, es que te has convertido en un yonki del azar.

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Este es un síntoma extremo. Más allá de consideraciones morales y penales, robar, engañar y recurrir a cualquier tipo de crímenes para acabar jugándote el dinero no solo es una estupidez, sino que entrarás en un camino de muy difícil retorno.

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Si ves que te estás convirtiendo en otra persona (los otros se darán cuenta mucho antes), deberías reconocer este síntoma lo antes posible y tomar medidas. La mayor dificultad para distinguir esta señal es que un no adicto también negará que lo es, al igual que el inocente tampoco reconoce el crimen que no ha cometido.

Como suele decirse con el alcohol, si alguna vez te preguntas si estás bebiendo demasiado, probablemente es porque lo estás haciendo.

7Es quizá el último escalón y suele ir acompañado de fuertes deudas, por lo que nadie debería llegar tan lejos. La adicción al juego puede parecer menos grave que el alcoholismo o la drogodependencia, pero es la más relacionadas con los intentos de quitarse la vida.

Apetito excesivo

Una teoría psicológica de las adicciones

De acuerdo con el psicólogo y experto en adicciones, Jim Orford, las adicciones pueden ser mejor entendidos como apetitos que se han convertido en excesivos, a través de un proceso psicológico. Es una perspectiva bastante diferente del punto de vista tradicional sobre las adicciones, que las ven principalmente como derivadas del consumo de una sustancia adictiva, como el alcohol, la cocaína o la heroína.

La idea central de esta teoría recoge que las adicciones son apetitos excesivos, más que formas de dependencia de sustancias psicoactivas. Los cinco apetitos centrales que Orford identificó en su teoría son: la ingesta de alcohol, el juego, consumo de drogas, comida y ejercicio. Estos ejemplos están tomados de los mejores y más documentados ejemplos del fenómeno de la adicción. Todos comunes y, en general, no problemáticos para la mayoría de las personas, pero que pueden resultar excesivos y problemáticos cuando se desarrolla un fuerte apego hacia ellos, en una minoría.

La perspectiva de los apetitos excesivos reconoce el alcohol y las drogas como ejemplos de adicción, más que catalogar la experiencia con una determinada sustancia como una adicción per se. De hecho, y según este modelo, los dramáticos problemas asociados a la adicción a drogas han eclipsado, en gran medida nuestra comprensión del fenómeno biopsicosocial que engloban las adicciones.

Más que un proceso puramente fisiológico, esta teoría explica las adicciones como un complejo proceso psicológico, que comprende muchos factores. Orford defiende la idea de delimitación del concepto para evitar llegar a los extremos de calificar a cualquier conducta como adicción.

En síntesis, su teoría recoge como cualquier conducta es susceptible de convertirse en una adicción, pero el hecho de practicarlas, en si, no es una adicción. En estos tiempos que tenemos la tendencia a etiquetar todo, esta visión dinámica y personalizada de lo son las adicciones más allá de a lo que se sea, tiene más relevancia que nunca.

¿Cuando un Hábito se convierte en una adicción?

Sea perder peso o terminar un trabajo, desarrollar un hábito es algo muy beneficioso, si queremos conseguirlo. Exige perseverancia, constancia y compromiso. Pero ¡cuidado! En algunas circunstancias un hábito puede convertirse en una adicción. Estos son algunos indicadores de que puede estar ocurriendo esta transición poco saludable.

Consecuencias negativas

Una de los mayores señales que un hábito se está convirtiendo en una adicción, es el incremento en las consecuencias negativas del mismo. Mientras que un mal hábito puede tener consecuencias negativas menores, tales como subir de peso, una adicción puede ser algo mucho más serio y resultar en serios problemas de salud, legales o económicos.

Un adicto puede encontrar la forma de evitar dichas consecuencias, pero no lo conseguirá para siempre. El abuso continuo de su adicción, sean drogas, alcohol o apuestas online, además de las mencionadas consecuencias, es el punto de partida de la adicción.

Pérdida de control

Un hábito es algo que controlamos. Si piensas que tus hábitos te están causando problemas, somos capaces de ajustar nuestra conducta para evitarlo. Cuando tenemos una adicción, sin embargo, perdemos el control sobre la cantidad de tiempo y energía que le dedicamos. En otras palabras, es la adicción la que controla al adicto.

Algunas personas pueden tener más propensión a desarrollar una adicción (Everitt 2014) , especialmente si son más impulsivas o inestables. Esto podría explicar, en parte, porque no todos los usuarios habituales se convierten en adictos.

Actitud defensiva

Un adicto es totalmente consciente que su conducta se está convirtiendo en algo problemático. Esta consciencia le conduce a menudo a adoptar una actitud defensiva ante las preguntas más inocentes. Pueden negar que exista un problema o incluso tratar de esconder su conducta adictiva.

El poder de la adicción …

… y adicción al poder

El médico canadiense Gabor Maté es especialista en enfermedades terminales, dependencia a sustancias y pacientes con VIH. El docto Maté es un reconocido autor de libros y columnista, reconocido por sus conocimientos acerca del déficit de atención, estrés, enfermedades crónica y relaciones familiares.

En esta charla en TEDxRio+20 nos habla de adicción, desde las drogas al poder. Desde la carencia de amor al deseo de escapar de nosotros mismos, la susceptibilidad a la adicción nos puede llegar a cualquiera.

“Encuentra tu naturaleza y quiérete a ti mism@”, nos deja como consejo desde la experiencia.

 

¿Qué causa la adicción?

¡Las drogas, por supuesto! Esta es la respuesta que muchas personas darían a nuestra pregunta de hoy. Pero quizás, tras ver esta presentación, cambie tu forma de verlo.

El cerebro adicto

Un vídeo divulgativo de la Universidad de Navarra sobre lo que ocurre en el cerebro cuando aprendemos a ser adictos.

1. La adicción es un aprendizaje con recompensa que se hace patológico y acaba arruinando el proyecto de vida de la persona afectada y de quienes le rodean.

2. En este proceso juegan un papel fundamental tanto la liberación de dopamina como nuestra memoria

3. Quienes sufren la adicción no deciden, sino que se encuentran obligados a consumir.

4. La mayoría de las conductas adictivas comienzan en la adolescencia, cuando los sistemas de recompensa y memoria emocional no están ajustados.

5. El convencimiento de tener el destino de uno mismo en las propias manos, superar una crisis, y no estar solo, suponen una buena prevención para no caer en la destructiva red de las dependencias y adicciones

¿Ha servido de algo la guerra?

¿Hace la guerra contra las drogas más daño que bien?

En una charla audaz, el reformista de la política de drogas Ethan Nadelmann hace un apasionado alegato para acabar con el movimiento “retrógrado, despiadado y desastroso” para erradicar el tráfico de drogas. Da dos grandes razones de por qué deberíamos centrarnos, en cambio, en una regulación inteligente.

¿Qué provoca la adicción?

Quizás todo lo que creías está mal

¿Qué provoca la adicción? desde la cocaína hasta los teléfonos inteligentes, ¿y cómo podemos superarla? Johann Hari nos plantea como muchos de los métodos actuales han fallado, al estar firmemente basados en un modelo moral, especialmente los que incluyen medidas punitivas para los adictos.

Este autor, al ver a sus seres queridos luchar por controlar sus adicciones, empezó a preguntarse por qué tratamos a los adictos de la manera como lo hacemos… y si podría haber una mejor forma.

Nos cuenta en esta charla profundamente personal, como sus preguntas lo llevaron por el mundo para descubrir algunas sorprendentes y esperanzadoras formas de pensar sobre este antiguo problema.

¿Qué ocurre con la adicción entonces?¿Qué la causa? Sencillo. La provocan las drogas (en el caso de las drogodependencias, al menos), ¿verdad? Pues bien, la historia puede no ser tan sencilla como nos han hecho creer.

Este video, adaptado del libro de Johan Hari, Tras el Grito”, te puede ayudar a ver las cosas desde otro punto de vista

 

Pensamientos adictivos

Sencillamente me convencí de que por algún misterioso motivo yo era invulnerable y no me engancharía. Pero la adicción no negocia y poco a poco se fue extendiendo dentro de mí como la niebla.
Eric Clapton

De forma intuitiva, podemos pensar que la mejor forma de evitar recaer en una conducta adictiva es bloquear los pensamientos que nos pueden llevar a ella. Tiene lógica ¿verdad? Si no pensamos en ello, no estaremos tentados a consumir, apostar o ver pornografía en internet. Este tipo de actuación, muchas veces recomendado, puede conseguir, de hecho, un éxito a corto plazo, que resulta muy esperanzador para el adicto en rehabilitación y para las personas que lo están apoyando en el proceso.

Resulta, además, muy motivador para la persona. Hace que sienta control. Que perciba que está consiguiendo superar “su problema”. Le da una sensación de logro que resulta muy contagiosa y tentadora. Incluso aunque no consiga suprimir todos los pensamientos de consumo. Cuando lo hace, lo vive (y lo vivimos) como un avance importante en su recuperación. Esta “venciendo al enemigo”, “ganando la batalla” y otras expresiones muy en linea de la “lucha contra la droga”.

Pero, desgraciadamente, es todo lo contrario. Apartar los pensamientos acerca de la conducta adictiva es una idea terrible. Una técnica no solo destinada al fracaso, sino que, de hecho, puede interferir con la recuperación.

Los pensamientos adictivos nunca son aleatorios, por tanto los momentos en que ocurren son oportunidades extraordinarios para aprender que es lo que motiva la conducta indeseada. Cualquier evento, circunstancia, interacción, pensamiento o sentimiento, que ocurre justo antes, es la clave para entender que es lo que parece estar sosteniendo la conducta adictiva. Por que la necesitamos. Apartarse justo en el momento en que ocurre, es lo último que debemos hacer si tenemos la esperanza de controlarla.

Lógicamente, prestar atención a un episodio aislado de pensamientos acerca de consumo u otro hábito indeseable, no es suficiente para entender que es lo que subyace a una determinada adicción. Pero cuanto más esfuerzo dediquemos a las circunstancias precipitantes de ese pensamiento adictivo, más fácil será resolver el misterio que lleva a repetir algo que no deseamos conscientemente.

Enfocarnos en estos primeros momentos en que aparece el pensamiento indeseado, tiene un valor inmediato. Incluso si los factores precipitantes no parecen claros, pensar en ellos crea una separación muy útil de los sentimientos de indefensión que siempre los preceden y disparan. Observar estos pensamientos, sin juzgarlos, y aprendiendo sobre ellos, es un magnífico antídoto a la sensación de inevitabilidad que parece acompañar a cualquier proceso de recaída.

Suprimir los pensamientos adictivos es también parte de otro problema. Se ve la adicción como un enemigo a batir. Hacerlo así consigue que la persona que padece la adicción, vea algo que forma parte de ella, como incontrolable, reforzando la sensación de indefensión que comentábamos en el anterior párrafo. Intentar suprimir estos pensamientos devuelve, momentáneamente, la apariencia de control. Pero no consigue, de hecho, cambiar el hecho de que estos pensamientos aparezcan en los momentos más inesperados. En lugar de pensar de esta forma, resulta mucho más adecuado ver la adicción como un síntoma con una motivación y propósito emocional concreto. Que debemos entender para superarlo. En lugar de mirar hacia otro lado, quizás sea mejor aprender de ello.

Trabajar para evitar estos incómodos pensamientos, implica también otra noción incorrecta y muy extendida: La falsa y destructiva idea, que la adicción puede superarse con fuerza de voluntad. Este punto de vista, que ha llevado a pensar que las personas pueden controlar la adicción solo intentándolo con más ahínco, es un mito bastante consolidado que ha conducido a etiquetar a las personas con adicción como “débiles” o faltos de “carácter”.

Mucha gente cree que lo que el adicto necesita es un mayor autocontrol. Pero de hecho, lo que en muchas ocasiones impide a un adicto recuperarse, es confiar exclusivamente en su voluntad. Como recoge Arnold Washton en su magnífico libro “Querer no es poder”:
“Recurriendo a la fuerza de voluntad, se puede apartar de una adicción… por una semana, un mes, o incluso por más tiempo. Pero tarde o temprano, cuando la vida lo someta a fuertes tensiones, lo más probable es que recaiga”.

Confiar exclusivamente en la voluntad hace pensar a la persona adicta, que podemos tener una solución casi inmediata, sin poner demasiado esfuerzo, solo proponiéndonoslo. Es el “modo adicto” de pensar. Controlar lo incontrolable, es el objetivo.

Pero pensar que algo que se ha instaurado en la vida de una persona a lo largo de los años, y que constituye, en cierta forma, una parte importante de su forma de ser, de enfrentar los problemas y de relacionarse con el mundo, es lo que lleva a la frustración que parece estar aparejada a todos los procesos de recuperación de una conducta adictiva.

La persona monta una película que, al principio, se desarrolla según el guión propuesto. Pero pronto empieza a ir a su aire, haciendo que esa “normalidad” que quiere el adicto aparentar se desmorone y lo lleve a la frustración o la recaída.

Unicamente el reconocimiento de la pérdida de control y de la necesidad de ayuda externa profesional, puede permitir comenzar un largo camino que lleva a la recuperación.
Es por ello, que entender la adicción es un proceso individual de reconstrucción implica desmontar formas de reaccionar, de desenvolverse que la persona adicta ha aprendido durante toda su vida.

Por supuesto que quien padece una adicción tiene fuerza de voluntad. Pero debe usarla para cambiar y construir una nueva vida, no para ignorar y evitar la anterior. Negar lo que le ha conducido a un estilo de vida auto destructivo puede, de hecho, precipitarlo de nuevo a él.

Como cualquier otro síntoma psicológico, la adicción surge de cuestiones emocionales, en gran parte inconscientes y los intentos para lidiar con ellos. Los síntomas emocionales, que todos tenemos, no se pueden solo manejar a través del esfuerzo consciente. Las personas con adicción no pueden parar su conducta sintomática con su voluntad, al igual que ocurre con las personas con depresión, ansiedad o fobias. En esto, las adicciones, se llevan el premio de la incomprensión social hacia los trastornos mentales.

Trabajar para superar una adicción es duro, pero no va de suprimir pensamientos. Es una labor de observación de nuestros sentimientos más complejos, motivaciones y conflictos, especialmente en los momentos en que se pasa por la cabeza repetir la conducta adictiva. La autoobservación no es sencilla para nadie, y resulta todavía más complicada si nuestros pensamientos nos impulsan a hacer algo que no querríamos hacer.

Por ello, se hace especialmente relevante identificar los factores emocionales que llevan a la persona adicta a sentirse indefensa, y la conducen a procesos mentales indeseados. Esto nos puede ayudar a encontrar formas de manejarlos, antes de que se dispare todo el proceso que puede llevar a una recaída. Se trata, en definitiva, no de negar los propios pensamientos, sino de entenderlos.

Publicado en Psicología y Mente