El sábado pasado fue la celebración del Día Mundial para la Prevención del Suicidio. Supongo que es tentador centrar todos nuestros esfuerzos en la atención a las personas que intentan acabar con su vida. No podemos dejarles solos como parece que puede estar ocurriendo. Pero tampoco podemos pensar que todo se soluciona con un teléfono de atención -bienvenido sea-, que puede que se quede en una mera estadística, si no se habilita un circuito adecuado de atención psicológica en la sanidad pública.

La conducta suicida, como bien lo especifica su día de concienciación, es un comportamiento. Y este se genera por multitud de causas.

El suicidio no es un trastorno mental. Puede que, algunos trastornos, puedan potenciarlo, pero no es esto solo, lo que consigue que alguien se plantee quitarse la vida. Son muchas más las causas que están multiplicando este fenómeno autodestructivo en nuestra sociedad. Y quizás deberíamos hacérnoslo mirar.
Encontramos que cada vez son más las personas jóvenes que intentan quitarse la vida, por desesperación, por aislamiento, por no ver futuro, y otras muchas causas sociales, económicas, familiares, abusos, … que hacen que ver la conducta suicida únicamente como evitar que quien lo decide o lo piensa, lo haga, se queda en algo insuficiente. 

Por supuesto que es importante atender a cualquier persona que se le pasa por la cabeza quitarse la vida, pero no es suficiente , hacen falta muchísimos medidas más, como la atención psicológica en urgencias, o en atención primaria, que garantice que las personas que llaman a ese teléfono, pueden ser atendida por profesionales de la salud mental -psicólogos-, que les ayuden a desistir y a entender qué es lo que les está pasando.

Pero esta es la punta del Iceberg, la que sale fuera del agua y vemos, pero hasta que no cambiemos un modelo de sociedad que está empujando a muchas personas a plantearse el suicidio como una solución para no seguir sufriendo, todo esto, incluso los mejores sistemas de atención asistenciales, no serán suficiente.

El suicidio, como decía, no es un trastorno mental. Es un serio problema de Salud Pública.

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