Emociones todas

La mayoría de nosotros nos hemos enfadado por algo en las últimas 24 horas. Es un estado que generalmente no nos gusta. Tendemos a pensar en el enfado como una emoción salvaje, negativa.

Existen multitud de buenas y civilizadas razones para evitarlo. No solo nos hace sentir mal, sino que provoca que nos comportemos como imbéciles, sin darnos cuenta de lo auto-destructivo que resulta.

Como resultado de esto, hacemos todo lo posible para no enfadarnos u ocultar que lo estamos. Pensamos que nuestro enfado es algo vergonzoso, que no debemos mostrar, al menos en público.

La realidad es que cuando nos referimos al enfado, a la rabia, la mayoría de nosotros nos estamos refiriendo a algo que percibimos como incontrolado, que se “derrama” hacia todos lados y que termina haciéndonos daño, tanto a nosotros como a los demás que nos rodean. En psicología esto forma parte de lo que se denomina “descontrol emocional” y requiere de la intervención de un profesional para manejarlo, si se termina convirtiendo en un patrón de comportamiento.

Pero distintas investigaciones nos sugieren que enfadarse también tiene su lado positivo. Como todas las emociones, tiene sus propósitos, que pueden resultar enormemente beneficiosos para nuestro desarrollo personal.

La rabia (o el enfado) son motivantes si la convertimos en energía positiva. En un estudio reciente se encontró que cuando percibimos que algo puede ser beneficioso para nosotros, “apretar los dientes” para conseguirlo, incluso enfadándonos de forma constructiva, nos hace sentir más capaces y nos da una energía extra que no conseguiríamos de otra forma.

Los “rabisquitas” son más optimistas. Puede que suene extraño, pero lo cierto es que aquellos que son más propensos a enfadarse suelen también tener una mejor visión del futuro. En un estudio con personas que vivieron el 11S, se comprobó que los que experimentaron mas rabia eran, sin embargo, los que esperaban un futuro mejor.

El enfado puede beneficiar las relaciones. Si, aunque parezca mentira, enfadarse es la forma natural de comunicar que algo no nos gusta. Si este enfado es constructivo, establece una dinámica emocional que puede resultar muy beneficiosa en una relación.

Enfadarnos reduce la violencia. Aunque resulte paradójico, expresar enérgicamente nuestra disconformidad con algo que no nos gusta o nos parece injusto, puede conseguir que aquellos con capacidad de cambiarlo, consideren hacerlo.

Esto es lo maravilloso de la condición humana. Estar contento no siempre es bueno y estar enfadado no siempre es malo. Y, a menudo, enfadarnos consigue que nos motivemos para actuar, para cambiar.

Es por esto que la clave de nuestra propuesta de hoy en este espacio de psicología para entendernos, la tenemos en la cita que la presenta. Las emociones, están ahí por algo. Nos hacen ser conscientes de como nos sentimos. Pero solamente eso. Si algunas de ellas, como la rabia o la ira, que están diseñadas para mostrar nuestro desacuerdo -hacia algo que nos parece injusto, por ejemplo-, se queda con nosotros, se produce el efecto contrario: nos contamina y consigue que su fuerza para actuar se quede en nada. Y frecuentemente, termine dañando nuestra visión del mundo y de las personas.

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