¡Qué se aburran!

Para llevar una vida feliz es esencial una cierta capacidad de tolerancia al aburrimiento. La vida de los grandes hombres sólo ha sido emocionante durante unos pocos minutos trascendentales. Una generación que no soporta el aburrimiento será una generación de hombres de escasa valía.

Bertrand Russell

Cualquier padre o madre odia oír la letanía, “me aburro”, de nuestros hijos. Se nos dispara un resorte que nos impulsa a buscarles algo que hacer, a llenar su agenda, a que están ocupados. Pero haciendo eso, podemos estar equivocándonos. De hecho, aburrirse tiene un montón de beneficios para los más pequeños. También para los mayores.

En nuestra sociedad occidental de valora la excitación y la ocupación, pero las emociones de baja intensidad que proporcionan la inactividad y observación, son esenciales para la educación de todos nosotros. ¿O no es paradójico que busquemos “momentos de paz” practicando actividades como la meditación o el mindfulness?

Pasear sin objetivo claro, sentarnos a observar el mar u observar la luna por la noche, son algunas de las tareas que podemos hacer -o que hagan-, nuestros niños. Este tipo de actividades que no requieren explicaciones adicionales, –no todo la tiene que tener-, fomentan la creatividad, la imaginación y las ensoñaciones.

Son los momentos en los que pueden viajar a mundos internos fascinantes, inventarse un amigo imaginario o, simplemente hablar consigo mismos. Espacios maravillosos que no necesitan ser “rellenados” y que contribuyen, además al cultivo de la autonomía y el autoconocimiento.

Se que puede resultar difícil entrenarnos para volver a aburrirnos y permitirles a nuestros hijos que lo hagan. Pero gestionando nuestra tendencia ansiosa y, en cierto modo, culpabilidad, lo podremos conseguir.

Parece un buen plan para este verano ¿verdad?

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La felicidad es amor. Y punto

El Estudio de Grant, uno de los estudios longitudinales de más larga duración del desarrollo humano, que comenzó en 1938, siguió a 268 hombres universitarios de Harvard durante 75 años, midiendo una sorprendente variedad de rasgos psicológicos, antropológicos y físicos – desde tipo de personalidad a coeficiente intelectual, hábitos de consumo de alcohol y relaciones familiares – en un esfuerzo para determinar qué factores contribuyen más fuertemente a la prosperidad humana.

El alcoholismo es la principal causa de divorcio entre los hombres del estudio de Grant; se correlaciona fuertemente con la neurosis y la depresión (que tienden a seguir del abuso de alcohol, en lugar de precederlo); y – junto con fumar – fue el factor que más contribuye a la temprana morbilidad y muerte. Por encima de un cierto nivel, la inteligencia no importa.
No hubo diferencia significativa en las rentas que ganaban los hombres con un coeficiente intelectual en el rango de 110-115 y los hombres con coeficiente intelectual mayor a 150. La ideología política no tenía relación con la satisfacción de vida, pero los hombres más conservadores terminaban de tener relaciones sexuales a una edad promedio de 68, mientras que los hombres más liberales tenían una vida sexual activa hasta los 80 años. Pero el factor en que Vaillant más insiste es en la poderosa correlación entre la calidez de tus relaciones y tu salud y felicidad en la vejez. Después de que se publicó el artículo de The Atlantic en el 2009, los críticos pusieron en duda la fuerza de esta correlación.

Los 58 hombres que obtuvieron mayores puntuaciones en las medidas de “relaciones cálidas” ganaron un promedio de $141,000 dólares más al año en sus salarios punta (por lo general entre los 55 y 60) que los 31 hombres que puntuaron más bajo; los primeros tenían también tres veces más probabilidades de haber alcanzado un éxito profesional digno de figurar en el “Who’s Who” (“Quién es Quién”).

Los resultados también sugieren que la calidez de la relación con tu mamá importa hasta bien entrada la edad adulta. Los hombres que tenían relaciones cercanas en la infancia con sus madres ganaron un promedio de $87.000 dólares más al año que los hombres cuyas madres eran indiferentes. Los que tenían malas relaciones en la infancia con sus madres eran mucho más propensos a desarrollar demencia en la vejez.

Más tarde en sus vidas profesionales, las relaciones de la infancia de los hombres con sus madres -pero no con sus padres- se asociaron con la eficacia en el trabajo.
Por otro lado, las relaciones cercanas en la infancia con los padres (no madres) se correlacionaban con índices más bajos de ansiedad adulta, mayor disfrute de las vacaciones, y una mayor “satisfacción en la vida” a la edad de 75, mientras que la cercanía de las relaciones de la infancia con la madre no tuvo incidencia significativa en la satisfacción en la vida a los 75.

La conclusión clave de George Vaillant, director de este estudio, en sus propias palabras: “Los setenta y cinco años y los veinte millones de dólares gastados en el estudio Grant apuntan … a una directa conclusión de cinco palabras:

“La felicidad es amor”

¿Cómo te ha ido hoy en el cole?

Tus hij@s vuelven al cole y nos gustaría saber como les va !todos los días!, pero, invariablemente cuando les preguntamos la respuesta es monosilábica y parecida.

¿Como te ha ido hoy en el cole? Bien, es la respuesta más común

Pero como padres y madres nos gustaría saber mucho más. O, al menos, que nos respondan con una frase entera. L Bloguera de Simple Simon and Company nos propone una lista para tener preparada y así obtener un poco más de No son perfectas, nos comenta, pero por lo menos conseguiremos que contesten con oraciones completas, y algunas pueden dar lugar a conversaciones interesantes, respuestas cómicas o visiones más profundas de lo que nuestros hij@s piensan y sienten acerca de la escuela.

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*Nota: no se trata de hacerlas todas. Elijamos una o dos para preguntar cuando queramos. 

 

1. ¿Qué es lo mejor que te ha pasado hoy en el colegio? ¿Qué es lo peor que te ha pasado hoy en el colegio?.

2. Cuéntame algo que te haya hecho reír hoy.

3. Si pudieras elegir, ¿con quién te gustaría sentarte en clase? (¿Con quién NO te gustaría sentarte y por qué?).

4. ¿Cuál es el mejor lugar de la escuela?

5. Dime una palabra rara que hayas oído hoy (o algo raro que alguien haya dicho).

6. Si llamara hoy a tu maestra, ¿qué me diría de ti?

7. ¿Has ayudado a alguien hoy? ¿Cómo?

8. ¿Alguien te ha ayudado a ti? ¿Cómo?

9. Dime algo que hayas aprendido hoy.

10. ¿Qué es lo que te ha hecho más feliz hoy?

11. ¿Qué es lo que te ha parecido aburrido?

12. Si una nave de alienígenas llegara a tu clase y se llevara a alguien, ¿a quién querrías que fuera?

13. ¿Hay alguien con quien te gustaría jugar en el recreo y con el que nunca hayas jugado?

14. Cuéntame algo bueno que te haya ocurrido hoy.

15. ¿Cuál es la palabra que más ha repetido el maestro hoy?

16. ¿Qué crees que deberíais hacer más o aprender más en la escuela?

17. ¿Qué crees que deberíais hacer menos o aprender menos en la escuela?

18. ¿Con quién crees que podrías ser más simpático en clase?

19. ¿Dónde juegas más en el recreo?

20. ¿Quién es la persona más divertida de la clase? ¿Por qué es tan divertida?

21. ¿Cuál ha sido tu parte favorita de la comida?

22. Si mañana fueras tú el maestro, ¿qué harías?

23. ¿Hay alguien en tu clase que necesite tiempo muerto?

24. Si pudieras cambiarle el sitio a alguien de tu clase, ¿con quién lo harías? ¿Por qué?

25. Dime tres momentos diferentes en los que hayas utilizado el lápiz hoy.

Liz comenta:

Hasta ahora, mis respuestas favoritas proceden de las preguntas 12, 15 y 21. Las preguntas como la de los extraterrestres dan a los niños la oportunidad de decir sin problema a quién no les gustaría tener en clase, y abren la puerta a la discusión, a la posibilidad de descubrir razones y problemas ocultos de los que antes no tenías ni idea.

Las respuestas que obtenemos a veces son realmente sorprendentes. Cuando les hice la pregunta 3, descubrí que uno de mis hijos ya no quería sentarse al lado de su mejor amigo en clase, no por un deseo de crueldad o discriminación, sino por la esperanza de poder trabajar con otros niños.

Mis hijos se hacen mayores y sé que voy a tener que trabajar con más intensidad para comprometerme con ellos, pero sé que el trabajo merecerá la pena.

Este post apareció originalmente en Simple Simon and Company.

Traducción de Marina Velasco Serrano para Huffington Post

¿CÓMO MEJORAR? (como padre o madre)

Conseguir mejorar como madres o padres es algo que no resulta muy sencillo. ¿En cuantas ocasiones hemos pensado que los bebes deberían venir con un libro de instrucciones? ¡O mejor una aplicación de móvil que se actualizara a medida que cumplen años!

Lo cierto es que la mayoría de nosotros afrontamos una de las tareas más importantes de nuestra vida con una alta dosis de improvisación. Más allá de los consejos bienintencionados de nuestros padres o amigos, es una tarea a la cual llegamos como verdaderos amateurs.

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¿Y si pudiésemos conseguirlo solo con unos pequeños cambios? Si, de verdad, no hablo de consejos, sino de estrategias de cambio de nuestra forma de abordar este “trabajo”.

Lo se, no resulta fácil. Es una faena demasiado imprevisible para aplicarle ninguna táctica. En cierta forma esto es indudable, pero también tiene que ver con la percepción que tenemos de la misma. Como comenta Erika Krull en PsychCentral,  sentimos que cambiar como padres es una montaña realmente difícil de subir. No nos sentimos capaces. No vamos a poder. Pero esto puede cambiar si conseguimos ajustar que es lo que realmente necesitamos modificar. Podemos tener opciones de conseguirlo si logramos identificar las dificultades y enfrentarnos a ellas.

Krull nos propone unos sencillos pasos

  1. Escribe tres o cuatro situaciones o conductas que te estresen como padre o madre. Intenta ser lo más específico posible. Ahí nos centraremos.
  2. Elige una. ¿Qué papel juegas en ella?¿cómo te sientes?¿ocurre siempre de la misma forma?¿hay alguien más implicado?¿con que frecuencia ocurre?
  3. Identifica el momento en que empieza. Es muy importante que lo hagamos porque ahí es donde empezaremos a cambiar. Aunque no seamos quien la inicia, elegir una forma diferente de reaccionar, puede producir un enorme impacto.
  4. Considera tus opciones. Si es necesario, sal de la habitación con cualquier excusa, durante un par de minutos. Coge aire y vuelve a la carga. Dile algo positivo a tu hijo o a tu hija (o a ti). Piensa que puedes hacer para cambiar la dinámica de la situación.

Este proceso lo repetiremos para las otras situaciones que recogíamos en el primer punto. Es muy posible que podamos utilizar formas de actuar o pensar similares a las del punto 4 para distintos escenarios. De hecho, descubriremos que el origen de muchas de estas circunstancias es muy parecido. Cuando identificamos los patrones, cambiar nuestros automatismos nos resultará mucho más sencillo o natural.

Puede que al principio nos resulte lioso, pero a medida que lo convirtamos en un hábito, comenzaremos a ver pequeños cambios que llevaran a conseguir ser mejores en esta tarea, por otro lado fascinante.

Ahora que lo pienso ¿no sirven estas estrategias para muchas otras situaciones?