Incertidumbre

La idea de lo sagrado es simplemente una de las ideas más conservadoras en cualquier cultura, ya que busca convertir las otras ideas – la incertidumbre, el progreso, el cambio – en crímenes.

Salman Rushdie

Es algo que gestionamos muy mal. No nos gusta. A pesar de que nos repitamos, una y otra vez, que estamos abiertos al cambio, a ver otras posibilidades en nuestra vida, generalmente nos engañamos. Queremos seguridad. Y esto es una de nuestras mayores debilidades. Donde somos especialmente vulnerables.

Esto ocurre porque nos vamos construyendo, con la inestimable ayuda de quienes están interesados en ello, una fantasía de estabilidad que nos atrapa. Aunque esté sostenida en falacias, inexactitudes e, incluso, deshonestidad. Es un fenómeno de acostumbramiento. Como quien se habitúa a que no le consideren o que le maltraten. Pensamos que podría ser peor o que no todo está tan mal. Este sometimiento puede llegar a grados extremos cuando se convierte en resignación y conformismos con las más evidentes circunstancias injustas.

Es, en cierto modo, dependencia emocional, un fenómeno que sostiene las más atroces relaciones de maltrato físico y psicológico. La persona -o la sociedad-, se ve anestesiada en su capacidad de reacción, al recibir tantas desventuras, que termina validando el conocido dicho de más vale malo conocido, que bueno por conocer.

Así, a quien maltrata, se le permite de todo. Se le justifica cualquier cosa. Llegamos a pensar que lo está haciendo por nuestro bien. Que nos quiere. Y esto se convierte en un potente condicionamiento que nos atrapa y no nos permite ver más allá de lo que nos propone el propio causante de nuestras desdichas.

Este fenómeno que se da, principalmente, en las relaciones de pareja, ocurre también con los grupos, e incluso, países. Es el pilar principal en el que se apoyan todas las sectas destructivas. Y regímenes totalitarios. Te hacen creer que solo hay una decisión, la que hay entre la estabilidad -que te proporcionan-, o la incertidumbre. Lo que no explican es que solo la incertidumbre, administrada adecuadamente, es capaz de generar cambios.

Anuncios

Incertidumbre

La mayor virtud de un buen marinero es una saludable incertidumbre.
Joseph Conrad

Al ser humano no le gusta la incertidumbre. A lo largo de los años, nos van y nos vamos educando, para anhelar lo predecible, lo seguro, lo estable. Es probable que esta idea venga de nuestro miedo a abrazar la consciencia de que somos finitos, que tenemos fecha de caducidad. Esto hace que nos pasemos gran parte de nuestro tiempo, de nuestra vida, preparándonos para el futuro. Intentando, en cierta forma, programarlo.

Esta creencia falsa o falacia de control es la fuente de muchos trastornos psicológicos del espectro de la ansiedad y la depresión. Al sentir que el futuro no se desarrolla en el presente como queríamos, nos enfadamos, nos entristecemos o nos asustamos. Y esto provoca desasosiego y angustia. No somos capaces de aceptar que las cosas se han desarrollado de otra forma a la que esperábamos. Y nos venimos abajo.

De esta forma de pensar se aprovechan quienes conocen que la incertidumbre nos hace sentir mal. Y nos ofrecen lo contrario. Nos venden seguridad, estabilidad o control, sobre algo que nunca estará en nuestras manos. Porque, seamos contundentes ¡el futuro no se puede predecir! Y esta es la única verdad. La incertidumbre es la regla de la vida. Por mucho que nos esforcemos en controlar lo que pueda ocurrir, nuestra probabilidad de éxito es, cuando menos, limitada.

Solo será la propia consciencia de nuestra existencia individual, no aquella que se supone debe ser de una forma determinada sino la que se basa en nuestro conocimiento propio o autoconocimiento, la que va a conseguir una armonía en nuestras vidas, que no control. Es más entender que todo cambia a nuestro alrededor y que, por muchos que lo intentemos, no va ser de otra forma. De hecho, porque nosotros mismos formamos parte de ese cambio inexorable.

Incertidumbre

Estamos muy acostumbrados a huir de la incomodidad y somos muy predecibles. Si algo nos disgusta, golpeamos a alguien o nos castigamos a nosotros mismos. Queremos sentir seguridad y algún tipo de certeza, cuando en realidad no tenemos lugar donde apoyar los pies
Pema Chödron

Uno de nuestros mayores miedos, sin duda. No sabemos vivir con lo desconocido, lo inesperado. Nos han ido educando para intentar tener el mayor control posible sobre nuestras vidas. Así debe ser. Buscar la estabilidad, nos dicen. Conseguir que lo que ocurre en nuestras vidas sea previsible. Es la idea.

De esta manera, nos metemos en un modelo de vida en que lo que ansiamos va en contra de todo lo que existe. Porque, seamos claros: la vida es imprevisible. En cualquier momento, cambia.

¿Por qué, entonces, no cambiamos el paso y lo aceptamos? ¡Ni hablar!, me dirán. Eso sería dejarte llevar y resignarte a lo que ocurra. A que hagan contigo lo que quieran, a permitir, en cierta manera que te traten como un ser indefenso. Así sería, sin duda, si lo que intentamos es controlarlo todo.

Pero ¿y si entendemos que de lo que se trata es de aceptar que la vida cambia, constantemente? Y que nuestro papel es decidir como queremos vivir esta imprevisibilidad de la misma. Que, por mucho que queramos, pararla, es imposible. Que la fantasía del control y lo previsible no tiene ningún fundamento.

Casi nada lo que les propongo. Eso sería aceptar que la vida hay que vivirla a diario. Que aquello de “no dejes para mañana, lo que puedas hacer hoy”, tiene toda la razón de ser. Que cuanto más intentemos programar para el futuro, más se empeñará éste en contradecirnos.

Y esto, claro, no puede tener sentido en una sociedad que está orientada hacia ello. En la que incluso vivir el día a día, no es algo bien visto. En la que no nos enseñan a disfrutar cada paso del camino. En la que esfuerzo se compara a sufrimiento, en lugar de a motivación.

Es un modelo frustrante. Simplemente porque es tremendamente artificial y egoista. Un modelo en el que, si el mundo no gira a nuestro alrededor, no somos felices.

¿MISTERIO? ¡SÍ, POR FAVOR!

El misterio es la cosa más bonita que podemos experimentar. Es la fuente de todo arte y ciencia verdaderos.

Albert Einstein

Cuando nos hacen un regalo sin razón aparente, nos asaltan preguntas: ¿Qué querrá?¿Qué habré hecho? Tiene que existir una razón para merecer esta generosidad…

Intentamos adivinar las razones de los otros o sus motivaciones; utilizamos el razonamiento para reducir la incertidumbre y entender el mundo. El problema es que la reflexión lógica y sobria consigue reducir el placer y misterio en un instante. Como sugiere J. Dean en PsyBlog, a veces es mejor dejar las cosas como están, y disfrutar del momento de misterio que se ha cruzado en nuestro camino. No saber por qué significa intriga y excitación. No trates de buscar justificación, sólo relajate y disfruta.

El profesor Timothy D. Wilson de la Universidad de Virginia decidió diseñar un original experimento para averiguar si de verdad el misterio incrementa el placer o no.

Los experimentadores repartieron dos tipos de tarjetas, ambas con una moneda de un dólar y prácticamente idénticas. Tenían impresa una cara sonriente. Una de ellas tenían impreso un texto:

Esto es para ti. Sociedad de la Sonrisa. Una Comunidad Escolar. ¡Nuestro objetivo es promover Actos Aleatorios de Generosidad!¡Qué tengas un buen día!

En la otra tarjeta, además, se añadía información acerca de quiénes componían la mencionada sociedad y que pretendían. Aquellos que recibieron la tarjeta con más información vieron más lógica la iniciativa mientras los que recibieron la más enigmática como más misteriosa e incluso extraña.

url-1

Los resultados mostraron que estos últimos permanecían más contentos tras un período de tiempo que aquellos que recibían información más exhaustiva. El mismo equipo de investigadores diseñaron varios experimentos similares llegando a la misma conclusión.

Parece que va a ser cierto que el misterio prolonga el placer.

Puede resultar extraño descubrir que el incremento de la incertidumbre aumente el placer en este tipo de situaciones, especialmente teniendo en cuenta que está habitualmente asociada con la ansiedad, la cual hacemos todo lo posible para evitar. Así es como afrontamos las situaciones emocionales negativas. Las investigaciones muestran que cuando nos exponemos a eventos traumáticos, cuanto antes les demos significado, más rápido conseguiremos superarlos.

Al parecer esto es lo que ocurre también en el caso de las situaciones positivas. Tratamos de explicarlas. Es automático. Diríamos que no podemos evitarlo. Utilizamos el mismo mecanismo que en un escenario negativo, con la diferencia de que aquí lo que conseguimos disminuir es el gozo que nos produce una agradable situación enigmática.

Un consejo. La próxima vez que regalemos algo y nos pregunten por qué, simplemente sonriamos y prolonguemos el misterio …¡y el placer!