Yo primero

Ser celoso es el colmo del egoísmo, es el amor propio en defecto, es la irritación de una falsa vanidad.

Honoré de Balzac

Nos llevan bombardeando, desde hace tiempo, con la idea de que nuestra felicidad, estabilidad emocional e, incluso, el amor, está íntimamente ligado a como nos queramos. O más bien, a si lo hacemos o no.

Hemos de admitir que, expresado de esta forma, queda muy bien. Si no te quieres a ti mismo, no podrás querer a nadie. ¿A que es atractiva la frase? Pero, -y esta es una pregunta que me hago en alto- ¿qué es quererse a uno mismo?.

Puede sonar a egoísmo ¿a qué si? De hecho hay quien lo entiende así y aplica aquello de yo “por delante de todo”. Una interpretación muy particular de la propuesta que sugiere la frase. Y también muy equivocada. No van por ahí los tiros.

Querernos a nosotros mismos es comenzar un camino adecuadamente. Es decir, no se trata que queramos a los demás y no a nosotros. De hecho, lo que ocurre es que no es posible querer si el punto de partida de ese amor no somos nosotros. Si no lo hacemos así, lo que estamos haciendo es buscando en otras personas lo que no somos capaces de hacer con nosotros. Y esto si es egoísmo. Además de la base del amor dependiente. Una relación asimétrica, en la cuál una persona intenta encontrar en la otra lo que no es capaz de darse a si misma.

Lo se. Parece un galimatías. Pero lo entenderemos fácilmente si admitimos el amor como igualdad. En ella somos capaces de ofrecer a la otra persona algo que conocemos y sabemos hacer. Algo que decidimos libremente, no por la necesidad que deriva de la carencia propia, sino por el deseo de compartir nuestro amor -propio-, con otra persona.

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¿DAR O RECIBIR?

El hombre es a veces más generoso cuando tiene poco dinero que cuando tiene mucho, quizá por temor a descubrir su escasa fortuna

 Benjamin Franklin 

Si nos atenemos a lo que escuchamos o leemos, nos convenceremos de estar rodeados por egoísmo y desconsideración por todos lados. Nadie se preocupa de nadie. Nos merecemos estar donde estamos, gracias a nuestra poca capacidad para compartir.

Pero lo cierto parece ser todo lo contrario. Sentirse bien gastando dinero en otra persona más que en beneficio propio parece ser una respuesta universal, independientemente de que vivamos en un país pobre o en un país rico. O al menos esto es lo que recoge una investigación publicada por la Asociación Americana de Psicología (APA).

La autora del estudio, Lara Aknin, de la Universidad Simon Fraser, en Canada, sugiere que “la recompensa psicológica que se experimenta al ayudar a otros puede estar firmemente enraizada en la naturaleza humana, emergiendo en contextos culturales y económicos de lo más diverso”.

Estos hallazgos proporcionan la primera evidencia empírica del efecto “warm glow”, es decir, como gastar en otros más que en uno mismo puede ser un componente extendido de la psicología humana.

Los autores encontraron una relación positiva entre el bienestar personal y gastar en otros en 120 de los 136 países que se recogieron en la Encuesta Mundial Gallup. Esta encuesta se le pasó a más de 230.000 individuos, con una media de edad de 38 años, en todo el mundo. La conexión entre el bienestar y el gasto en otros, resultó significativa en todas las regiones estudiadas, y no resultó afectada por factores como los ingresos, apoyo social, libertad o corrupción percibida, comentan los autores.

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Estos resultados fueron similares a los obtenidos en varios experimentos llevados a cabo por estos investigadores. En uno de sus análisis, compararon las respuestas de individuos en universidades de Canadá y Uganda. En ambos países, cuando los estudiantes rememoraban haber gastado dinero en otros se sentían más felices que cuando recordaban algo que habían comprado para ellos.

Los autores concluyen que, desde una perspectiva evolutiva, los beneficios emocionales que las personas experimentan cuando ayudan a otros actúan como un mecanismo de supervivencia de la especie a largo plazo.

¿No será este el mensaje que estamos recibiendo de estos tiempos convulsos?¿Será el momento de recordar la importancia de la pervivencia de la especie?

Quizás es el momento de replantear nuestros valores y considerar que, quizá, las personas poco generosas sean las menos indicadas para conducir a los pueblos o a las sociedades en estos momentos de cambio social.