Dignidad

No tengo derecho a decir o hacer nada que disminuya a una persona ante sí misma. Lo que importa no es lo que yo pienso de ella, sino lo que piensa de sí mismo. Herir a una persona en su dignidad es un crimen.
Antoine de Saint-Exupéry

La salud mental y emocional requiere que nos encontremos bien con nosotros mismos. Pero cuando este ejercicio de auto afirmación se desliza hacia un sentido rígido de orgullo, podemos estar dañando nuestra dignidad y distanciándonos de otras personas.
Derivar desde un sano orgullo, hacia arrogancia, no es un camino complicado. Un orgullo saludable puede venir de ver como nuestros hijos o hijas crecen siendo excelentes personas. Creer que son los únicos y que somos los mejores padres, está en el límite. Pasar a pensar que la forma en que lo hemos hecho nosotros es simple arrogancia.

La utilización del orgullo para manipularnos es un clásico de la psicología social. Basta con apelar a nuestro sentimiento de pertenencia a un grupo, religión, orientación sexual o país, para conseguirlo. Quien lo hace lo sabe y conoce como dirigirlo hacia sus propios intereses. Este orgullo es falso. No tiene que ver con nuestros logros. Ni siquiera con nuestros valores.

La dignidad, por otro lado, es algo íntimo. Se construye sobre ellos. Se cimenta en un sentimiento de valía personal, de autoestima y autoconfianza, que nos pertenece a cada uno de nosotros.

La dignidad es una expresión de quienes somos. No tiene que ver con nuestro estatus social, logros económicos o reputación externa. Tiene que ver con nuestra aceptación y conocimiento de quienes somos. Nuestra dignidad se deriva de hacer lo mejor para ser un ser humano ético. Se construye con la honestidad con nosotros mismos, generosidad hacia los demás y respeto a la vida en todas sus formas.

Esto, como pueden ver, no tiene nada que ver con la arrogancia.

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Vivir hasta morir

Matías nos muestra la importancia del final de nuestras vidas y cómo en nuestras sociedades no ponemos el cuidado que podríamos y deberíamos para que todos tengamos el derecho a transitar este momento tan importante de la vida sin sufrimiento y con plenitud.

Allá donde la vida se desdibuja, donde sólo quedan el cuidado y el cariño, donde un gesto a tiempo, un remedio bien pensado o la opinión de quien sabe pueden hacer que el final del camino se vuelva más soportable para uno y sus circunstancias, allá están Matías y su experiencia en cuidados paliativos. De esto sí se habla… y se practica.

¡Defiende tus derechos!

Primer día de clases , el Profesor de “Introducción al Derecho” entró al salón lo primero que hizo fue pedir el nombre de un estudiante que estaba sentado en la primera fila:
– ¿Cuál es su nombre?
– Mi nombre es Nelson, Señor.
– ¡Fuera de mi clase y no vuelva nunca más! – Gritó el maestro desagradable.
Nelson estaba desconcertado. Cuando volvió en sí, se levantó rápidamente recogió sus cosas y salió del salón.
Todo el mundo estaba asustado e indignado, pero nadie habló.
– ¡Muy bien! – Vamos a empezar.
– ¿Para que sirven las Leyes? Preguntó el Maestro – los estudiantes seguían asustados, pero poco a poco empezaron a responder a su pregunta:
– Para tener un orden en nuestra sociedad.
– ¡No! – Respondió el profesor.
– Para cumplirlas.
– ¡No!
– Para que las personas equivocadas paguen por sus acciones.
– ¡No!
– ¿Alguien sabe la respuesta a esta pregunta?
– Para que se haga justicia – una muchacha habló con timidez.
– ¡Por fin! Es decir, por la justicia.
Y ahora, ¿qué es la justicia?
Todos empezaron a molestarse por la actitud tan sarcástica del Profesor.
Sin embargo, continuaron respondiendo:
– A fin de salvaguardar los derechos humanos …
– Bien, ¿qué mas ? – Preguntó el maestro.
– Para diferenciar el bien del mal, para recompensar a aquellos que hacen el bien …
– Ok, no está mal, pero respondan a esta pregunta:
“Actué correctamente al expulsar a Nelson del aula?”
Todos estaban en silencio, nadie respondió.
– Quiero una respuesta por unanimidad!
– ¡No! – Todos contestaron a una sola voz.
– Se podría decir que he cometido una injusticia?
– ¡Sí!
– ¿Y por qué nadie hizo nada al respecto? Para que queremos leyes y reglas, si no tenemos la voluntad necesaria para practicarlas? Cada uno de ustedes tiene la obligación de hablar cuando es testigo de una injusticia. Todos . No vuelvan a estar en silencio, nunca más! Vayan a buscar a Nelson – dijo. Después de todo, él es el Maestro, yo soy un estudiante de otro período.
Aprendamos: Cuando no defendemos nuestros derechos, se pierde la dignidad y la dignidad no puede ser negociada…..