Vivir hasta morir

Matías nos muestra la importancia del final de nuestras vidas y cómo en nuestras sociedades no ponemos el cuidado que podríamos y deberíamos para que todos tengamos el derecho a transitar este momento tan importante de la vida sin sufrimiento y con plenitud.

Allá donde la vida se desdibuja, donde sólo quedan el cuidado y el cariño, donde un gesto a tiempo, un remedio bien pensado o la opinión de quien sabe pueden hacer que el final del camino se vuelva más soportable para uno y sus circunstancias, allá están Matías y su experiencia en cuidados paliativos. De esto sí se habla… y se practica.

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¡Defiende tus derechos!

Primer día de clases , el Profesor de “Introducción al Derecho” entró al salón lo primero que hizo fue pedir el nombre de un estudiante que estaba sentado en la primera fila:
– ¿Cuál es su nombre?
– Mi nombre es Nelson, Señor.
– ¡Fuera de mi clase y no vuelva nunca más! – Gritó el maestro desagradable.
Nelson estaba desconcertado. Cuando volvió en sí, se levantó rápidamente recogió sus cosas y salió del salón.
Todo el mundo estaba asustado e indignado, pero nadie habló.
– ¡Muy bien! – Vamos a empezar.
– ¿Para que sirven las Leyes? Preguntó el Maestro – los estudiantes seguían asustados, pero poco a poco empezaron a responder a su pregunta:
– Para tener un orden en nuestra sociedad.
– ¡No! – Respondió el profesor.
– Para cumplirlas.
– ¡No!
– Para que las personas equivocadas paguen por sus acciones.
– ¡No!
– ¿Alguien sabe la respuesta a esta pregunta?
– Para que se haga justicia – una muchacha habló con timidez.
– ¡Por fin! Es decir, por la justicia.
Y ahora, ¿qué es la justicia?
Todos empezaron a molestarse por la actitud tan sarcástica del Profesor.
Sin embargo, continuaron respondiendo:
– A fin de salvaguardar los derechos humanos …
– Bien, ¿qué mas ? – Preguntó el maestro.
– Para diferenciar el bien del mal, para recompensar a aquellos que hacen el bien …
– Ok, no está mal, pero respondan a esta pregunta:
“Actué correctamente al expulsar a Nelson del aula?”
Todos estaban en silencio, nadie respondió.
– Quiero una respuesta por unanimidad!
– ¡No! – Todos contestaron a una sola voz.
– Se podría decir que he cometido una injusticia?
– ¡Sí!
– ¿Y por qué nadie hizo nada al respecto? Para que queremos leyes y reglas, si no tenemos la voluntad necesaria para practicarlas? Cada uno de ustedes tiene la obligación de hablar cuando es testigo de una injusticia. Todos . No vuelvan a estar en silencio, nunca más! Vayan a buscar a Nelson – dijo. Después de todo, él es el Maestro, yo soy un estudiante de otro período.
Aprendamos: Cuando no defendemos nuestros derechos, se pierde la dignidad y la dignidad no puede ser negociada…..