Dejar ir

Cuando una puerta se cierra, otra se abre; pero a menudo miramos tanto tiempo y con tanto dolor a la puerta cerrada, que no vemos la que se ha abierto para nosotros
Herman Hesse

El secreto para el perdón consiste en dejar ir. Una de las habilidades más importantes que podemos desarrollar para vivir una vida plena y feliz. Se trata de pensamientos, creencias, relaciones, personas … que dejamos que se queden en nuestra vida, aún siendo conscientes que no nos están aportando nada o que nos están haciendo daño.

Dejar ir consiste en aprender a decidir que es lo que ponemos en nuestra mochila emocional, incluso antes de meterlo en ella.

Dejar ir tiene que ver con la realidad. En lugar de confundirnos a nosotros mismos creyendo que tenemos poderes que no tenemos, decidimos aceptar la realidad. Principalmente la que tiene que ver con otras personas. No tenemos el poder de cambiarlas o de conseguir que vean las cosas de la forma en que nosotros las vemos. Por mucho que se puedan estar haciendo daño o nos lo hagan a nosotros.

Puede que más adelante -y esto es algo que saben bien muchos padres y madres-, decidan hacer lo que nosotros les sugiriésemos. Puede que incluso, nos pidan el perdón que hace tiempo nosotros decidimos darnos. O que nos digan que teníamos razón o que fue muy importante lo que les dijimos o sugerimos hace días, meses o años. Será entonces, en ese momento, cuando nosotros decidamos volver -o no-, a implicarnos con ellos. Pero para ello, es esencial que ejerzamos la decisión de hacernos a un lado.

Debemos aceptar la persona que somos ahora, en este momento, y también hacerlo con otras personas. Aprender que las cosas no van siempre como nos gustaría que fueses. En realidad, casi nunca lo hacen. Si somos conscientes de ello, de nosotros, entenderemos que pretender el control es una batalla perdida. Una en la que, además, corremos el serio peligro de quedarnos enredados donde no queremos estar.

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Dejar ir

El resentimiento, la crítica, la culpa y el miedo aparecen cuando culpamos a los demás y no asumimos la responsabilidad de nuestras propias experiencias.
Louise L Hay

Pregúntate ¿Cuándo fue la última vez que te sentiste lleno de felicidad, libertad y gratitud? Si es algo que te cuesta recordar, es muy posible que debas revisar tu mochila emocional. En busca de resentimientos.

Cuando se trata de lidiar con otras personas, en algunas ocasiones, nos movemos entre el miedo y el enfado. Constantemente tratamos de encontrar soluciones rápidas para contener momentos de furia y aliviar pensamientos ansiosos. Pero, generalmente, estas soluciones nos son más que arreglos temporales, que nos permiten seguir adelante a trompicones. Mientras tanto, la raíz del problema sigue vigente y creciendo hasta que ya no es posible manejarla. Y puede llegar a estallarnos en la cara.

¿Qué ocurriría si encontrásemos una forma permanente y duradera, de sentirnos menos enfadados y temerosos, y así recuperar el control de nuestras emociones? Existe. Y se llama “dejar ir resentimientos”

Funciona así: el resentimiento, enfado y el miedo, están interconectados. Y pueden atraparnos en un ciclo obsesivo que consigue que temamos el futuro, estemos contrariados en el presente, y resentidos del pasado. El antídoto al miedo es la confianza; para el enfado, el amor; y para el resentimiento, la aceptación

Pero ¿qué es el resentimiento? Una de las mejores definiciones es la que nos dice que es como ingerir veneno y esperar que sea la otra persona la que muera. Define muy bien lo que significa y en que situación de indefensión emocional nos colocamos.

En psicología, el resentimiento aparece cuando una persona mantiene sentimientos negativos hacia otros, debido a una injusticia real o imaginaria.

Una de las razones por las que puede resultar realmente complicado librarnos de esta incómoda situación mental es la gran cantidad de, bienintencionados pero erróneos, consejos que nos ofrecen quien nos rodea. Amigos que te dicen, “supéralo”. Terapeutas que te proponen, “dejarlo ir”. Otras personas que simplemente creen que debes, “olvidarlo”. O el todavía más inútil, “el pasado es el pasado”. ¿Disculpe, que es lo que significan cualquiera de estos consejos?

Porque, si hay algo seguro que no puedes hacer con los resentimientos es: ignorarlos, luchar contra ellos, guardarlos en un armario, que no te afecten, olvidarlos …
En lugar de ello debemos: enfrentarlos, sentirlos, manejarlos … y curarnos de ellos.
“Disimula hasta que lo consigas”, no funciona con sentimientos asentados que tenemos sobre ciertas personas o situaciones. Pero, manejarlos es más fácil decirlo que hacerlo.

Antes de comenzar a superar los resentimientos, debemos saber tres cosas: es un proceso, puede ponerse peor antes de mejorar y requiere mucha voluntad y apertura de mente.

Los resentimientos son sentimientos negativos que puedes llevar cargando durante años. Durante este tiempo, han estado condicionando sobremanera tu forma de relacionarte con el mundo. Se que puede sonar dramático, pero es así. Esperar que desaparezcan por arte de magia no es realista. Debemos saber que nos vamos a embarcar en un proceso largo, y probablemente doloroso. Pero, y esto es seguro, que vale la pena.
La propuesta que te hago es la siguiente. Divide una página en cuatro columnas. En cada una pondremos uno de los pasos a seguir.

Primer paso. Haz una lista de las personas sobre las que guardas resentimientos. Si lo haces honestamente, puede ser larga. Incluye cualquier cosa que te haga sentir algo negativo. Te puede llevar tiempo. Tómatelo. Vete al pasado y escarba. También valen las instituciones, escuela, equipos deportivos … Que no se te quede nada en el tintero.

Segundo paso. Al lado del nombre de la persona (o de la institución, etc), escribe que es lo que te hace sentir resentido. De nuevo, nada es demasiado pequeño. Y no tiene porque ser lógica. Puede no gustarte tu jefe porque no reconoce tu trabajo o por sus gafas. No importa. Escríbelo. La razón del resentimiento no tiene porque tener sentido, solo ser honesta.

Aquí es donde se pone más duro, y te sentirás, probablemente peor de lo que estabas antes de empezar. Confía en ti. El resultado final valdrá el esfuerzo ¡seguro!.
Tercer paso. Ahora toca escribir que parte de tu vida resulta afectada por cada resentimiento que has escrito. Si es con tu hermano mayor porque nunca tenías nada nuevo y todo era heredado, puede estar afectando tu afectividad percibida. O simplemente eran celos. La clave es averiguar la forma específica que el resentimiento está afectando tu vida, tu capacidad para sentirte seguro, a salvo y amado.

Cuarto paso. Al lado de la razón, o causa del resentimiento, te toca escribir lo tuyo. Esto es ¿cómo has contribuido tu a que se genere? Si es un problema con un compañero de trabajo caradura, quizás es que nunca le has dicho que no.

Toca honestidad. Se trata de admitir tu parte en el problema. Aunque sea poco. Si no es así, esto no tiene ningún sentido.

Juntándolo todo. Ahora léelo de izquierda a derecha. Debes ser capaz de desarrollar un cuadro claro del resentimiento, de las diferentes formas negativas en las que afecta tu vida y cuál ha sido tu papel en ello. Entendiéndolo, sacándolos a la luz, presumiblemente disparará el proceso de evolucionar de ser una persona que vive en un ciclo de resentimiento, miedo y enfado, a alguien que consigue identificar sus sentimientos y las áreas en las que quieres trabajar.

El propósito de este ejercicio de escritura es experimentar la libertad de dejar ir secretos, miedos y mentiras que te has estado contando a ti mismo, para justificar tu resentimientos. Simbólicamente, los sacas de tu cabeza y los haces visibles. ¿Por qué no probar?

¿Quién roba tu energía?

El Dalai Lama nos comparte fragmentos de sabiduría que son oro molido si los ponemos en práctica en nuestras vidas y seguramente se notará una diferencia.

  1. Deja ir a personas que sólo llegan para compartir quejas, problemas, historias desastrosas, miedo y juicio de los demás. Si alguien busca un cubo para echar su basura, procura que no sea en tu mente.
  2. Paga tus cuentas a tiempo. Al mismo tiempo cobra a quién te debe o elige dejarlo ir, si ya es imposible cobrarle.
  3. Cumple tus promesas. Si no has cumplido, pregúntate por qué tienes resistencia. Siempre tienes derecho a cambiar de opinión, a disculparte, a compensar, a renegociar y a ofrecer otra alternativa hacia una promesa no cumplida; aunque no como costumbre. La forma más fácil de evitar el no cumplir con algo que no quieres hacer, es decir NO desde el principio.
  4. Elimina en lo posible y delega aquellas tareas que no prefieres hacer y dedica tu tiempo a hacer las que sí disfrutas.
  5. Date permiso para descansar si estás en un momento que lo necesitas y date permiso para actuar si estás en un momento de oportunidad.
  6. Tira, recoge y organiza, nada te toma más energía que un espacio desordenado y lleno de cosas del pasado que ya no necesitas.
  7. Da prioridad a tu salud, sin la maquinaria de tu cuerpo trabajando al máximo, no puedes hacer mucho. Tómate algunos descansos.
  8. Enfrenta las situaciones tóxicas que estás tolerando, desde rescatar a un amigo o a un familiar, hasta tolerar acciones negativas de una pareja o un grupo; toma la acción necesaria.
  9. Acepta. No es resignación, pero nada te hace perder más energía que el resistir y pelear contra una situación que no puedes cambiar.
  10. Perdona, deja ir una situación que te esté causando dolor, siempre puedes elegir dejar el dolor del recuerdo.

¿Qué es el apego?

Al vernos obligados a deshacernos de nuestras pertenencias perdamos todo vínculo sentimental con ellas. Quizás el hecho de empeñar nuestros objetos de valor nos libere del mismo modo en que el incendio de una casa destruye no sólo nuestros bienes materiales, sino también nuestro apego a lo que ha desaparecido.

Sue Grafton

El apego se podría describir como el grado de intensidad con el cuál te identificas con una creencia, experiencia, comportamiento, o persona. Esto podría explicar el hecho de que a personas que le ocurren las mismas situaciones, sienten y experimentan mayor o menor medida de intensidad de miedo, estrés, depresión u otras emociones ante mismos hechos parecidos (perdida de trabajo, pareja, teléfono móvil, amigos, o cualquier otra cosa/experiencia.)

Si reflexionamos por un momento sobre nosotros mismos con un acto de  humildad y sinceridad, hay muchas cosas-personas-experiencias, que consideramos nuestras y por las que sentimos mayor o menor grado de apego, y por las que “saltaríamos “o nos sentiríamos estresados, deprimidos o ansiosos en caso de pérdida. Si volvemos a la anterior pregunta, ¿Es el ego el problema o causante del sufrimiento?, por lo que hemos visto, no, el problema está en el apego, en la identificación.

Y ahora es cuándo entra en juego el mindfulness y el “estado de observador” o “atención plena” y con el cuál podremos aprender a diferenciar estos apegos y egos que componen nuestra personalidad y son los que nos mueven día tras día.

Con la práctica de la atención plena, desarrollaremos una habilidad para poder observar estos egos y apegos limitantes, identificarlos, comprender sus comportamientos, miedos, preocupaciones, pensamientos, y con esta información y desde la distancia de la experiencia que proporciona el estado observacional o atención plena, podremos dejar de estar dominados en gran medida de estos roles/egos limitantes.

Lo intentaré explicar gráficamente, es cómo si tuviéramos un carro de caballos, el carro sería la consciencia, el estado del observador, o la atención plena, la cuerda sería el apego, y los caballos los diferentes egos/comportamientos, cuánto más corta es la cuerda con respecto al carro, mas apego existe, mayor es la identificación con el personaje/comportamiento/experiencia, y por lo tanto mayor es el sufrimiento ante la pérdida o ataque de este.

Cuándo aprendemos a alargar esa cuerda (disminuir el apego), con la práctica del mindfulness lograremos desarrollar esta habilidad y podremos ir librándonos poco a poco de la “red” de estos egos limitantes, nos sentiremos más libres, más independientes y conectados con nuestros verdaderos intereses y motivaciones enriquecedoras. ¿Significa esto que se dejará de sentir miedo, preocupación, tristeza, depresión o cualquier otra emoción? No tiene por qué, habrá algunas emociones/roles, que casi estén ausentes y otros que posiblemente se mantengan y sigan ocurriendo, pero esto se observará y se atenderá desde un estado de paz y sin lucha interna (sufrimiento).

¿Y cómo hacemos esto?, es una habilidad, como otra cualquiera. Poco a poco se irá desarrollando, comprendiendo y experimentando todo este proceso.

Limpieza

 

Algunas personas piensan que aferrarse a las cosas les hace más fuertes, pero a veces se necesita más fuerza para soltar que para retener.
Hermann Hesse

Son tiempos de limpieza. No se si será por el verano, que viene acompañado por la constatación de haber dejado el bañador y la toalla en la bolsa, desde el año pasado. Pero son esos momentos en los que parece que tenemos un poco más de tiempo, para repasar que es lo que sobra ¡aparte de los kilos! en nuestra mochila.

Para mi esta reflexión viene acompañada de un necesario chequeo de compañeros y compañeras de viaje que, afortunadamente, son muchos y de muy buena calidad. Al pasar lista, sin embargo, tengo la oportunidad de comprobar que hay quien está por aquí, pero no parece estarlo. Acompañados de quienes parecen estar por creer merecerlo, sin fundamento.

Como esta es mi alforja, o mi barco -como prefieran- soy yo el que decido. Y creo que he dado con la clave necesaria para invitar a quien no aporta a dejar sitio a quien si. No era complicado. Se basa en la reciprocidad, adaptada a las circunstancias de cada quien.

No es un adiós, ni siquiera es un hasta luego, es simplemente hacia donde decido orientar mi atención y mi ánimo. Y será a las personas que están ahí, con sus limitaciones o condicionantes, pero con las que se que se puede contar.

Tiene que ver con las expectativas, los juicios y el apego. Inevitablemente tengo las primeras, y a veces me decepcionan. Lo que provoca que caiga en lo segundo, innecesario puesto que no estoy en la piel de nadie. Y creo que gran parte de esto lo explica lo tercero: esa resistencia a abandonar lo que fue, por la dulzura del recuerdo, sin ser conscientes de que acabó, al menos por ahora.

Por último este proceso de limpieza, viene el perdón. Apartar, amablemente, ese sentimiento de culpabilidad que nos puede afligir por cerrar alguna que otra puerta, es una tarea dificil. Una vez lo conseguimos, estaremos en disposición y con fuerzas, de emprender nuevos caminos con agradecimiento y compasión.

Porque, como ya decía mi madre ¡a saber como huele eso que tienes ahí hace tanto tiempo!

¿Cómo aprendo a Dejar Ir?

Para no vivir preocupados y sentirnos más aliviados, debemos dejar ir algunas cosas en nuestra vida. Para ayudarte con esto, Gilbert Ross, nos propone un ejercicio Piensa que eres un globo aerostático imaginario. Estas sólo tú y todas tus pertenencias en la cesta de mimbre. Algo salió mal y estás perdiendo rápidamente la altitud y sabes que vas a chocar con el suelo en menos de diez minutos si no se te ocurre algo rápido.

La única solución inmediata es deshacerte del exceso de peso y tirar al menos la mitad de tus pertenencias, es eso o caerte y chocar. Entonces miras tus cosas y lo dudas por unos segundos, pero luego haces lo que tienes que hacer y empiezas a lanzar todo lo que has reunido durante la mitad de tu vida. La carga se vuelve más ligera, el descenso se desacelera y entonces estás flotando de nuevo para volver a la altura normal. Te sientes totalmente aliviado.

Esto nos pasa a todos nosotros en circunstancias menos dramáticas. Nos apegamos a las cosas que hemos acumulado a lo largo de los años, aunque algunas de ellas puede que tengan un valor práctico, otras sólo las hemos guardado de una manera sentimental a lo largo del tiempo, mientras que el resto es simplemente basura.

Nuestra mentalidad corre con la misma suerte. Llevamos con nosotros un montón de cosas en la cabeza a lo largo de los años; nuestra historia de vida, apegos emocionales, creencias y otras cosas que pueden persistir en nuestra mente durante muchos años. Algunas de ellas son ideas inútiles que nos tiran hacia abajo drásticamente; varias son escombros emocionales de los momentos más difíciles de nuestro pasado; otras son sólo creencias a las que nos hemos apegado sin justificación aparente y el resto son sólo temores y hábitos autodestructivos.

Tómate tu tiempo. Te lo mereces. Y, recuerda, si necesitas ayuda, no dejes de pedirla. La psicología está para esto.

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Así que si estuvieras en la situación del globo aerostático ¿Cuáles de estas barreras mentales dejarías ir?

1. Deja ir los apegos De acuerdo con la filosofía budista, el apego es una de las raíces de todo sufrimiento y no puedo estar más de acuerdo. Nos apegamos a todo tipo de cosas, incluso a las nociones de auto-destrucción más estúpidas en el universo ¿Estás apegado a algo? ¿Qué tanto? ¿Ese apego te está alejando de algo importante para ti? ¿Te hace sufrir? Tienes que dejar la ilusión de lado y saber que todo algún día puede llegar a separarse.

2. Deja de lado la culpa La culpa no cumple absolutamente con ninguna función en la vida. Piensa en ello ¿Qué puede ser resuelto con culpa? Sólo te mantiene atado a la auto-mortificación y a la tristeza.

3. Deja de lado los pensamientos negativos Los pensamientos pesimistas y las actitudes negativas te mantienen encerrado en una aura oscura que contagia todo lo que haces y se vuelven peligrosas para ti. Tienes que entender que los pensamientos influyen en las acciones y en el mundo que nos rodea.

4. Deja de ser tan autocrítico Muchas veces somos nuestro mayor dolor de cabeza. Al principio nos criticamos con la mejor de las intenciones, pero sobrepasamos los límites y la autocrítica se convierte en mensajes que te quitan poder. Deja ir esas actitudes y sé amable y gentil contigo mismo.

5. Deja ir los prejuicios El prejuicio es una actitud que te mantiene amargado y resentido. Asimismo, te restringe de las oportunidades de comunicarte de manera efectiva con los demás.

6. Deja ir los pensamientos compulsivos ¿Sigues haciendo algo sólo porque sientes que debes hacerlo sin tener ninguna razón aparente? Este es el momento de reflexionar honestamente sobre su utilidad y sus efectos secundarios.

7. Deja de lado la necesidad de ser aprobado por los demás A menudo tendemos a buscar la aprobación de los demás. Este es un comportamiento de búsqueda de atención que amenaza constantemente nuestra confianza en nosotros mismos y en nuestra autenticidad.

8. Deja de lado las creencias que te limitan La mayoría de nuestros límites son impuestos por nosotros mismos. La vida no tiene límites definidos, pero sí los tienen nuestras creencias. Aprende a identificar aquellas que disminuyen tus posibilidades y oportunidades de una vida mejor y déjalas ir.

9. Deja de lado los rencores Déjame ponerlo de esta manera; los rencores son malos para el corazón. Mantenlos el tiempo o la cantidad suficiente en tu cabeza y tarde o temprano tu salud sufrirá. La ciencia está demostrando la relación entre las enfermedades del corazón y las emociones como la ira y el rencor.

10. Deja ir esa actitud de “mañana lo puedo hacer” Esta es una dilatoria táctica que tiene tu subconsciente para tratar de evitar el cumplimiento de tareas importantes. Trata de pensar en ello cuando estés pensando en tomar esa actitud y conscientemente empújate a hacer, por lo menos, la primera parte de la actividad. Luego, naturalmente realizarás toda la tarea porque la parte más difícil es sólo el comienzo.

11. Deja ir los pensamientos de ansiedad Estos nacen de nuestro miedo a lo desconocido y a la incertidumbre sobre el futuro. La idea de que algo desagradable pueda pasar es sólo un pensamiento irreal que hemos creado nosotros mismos. Pregúntate a ti mismo: “¿Este pensamiento ha sido basado en pruebas reales?”.

12. Deja ir las angustias pasadas Un corazón roto puede tomar bastante tiempo para sanar. Tu corazón se bloquea cuando tu mente sigue divagando sobre el mismo pensamiento. Es necesario entender que tenerlo roto, no significa que es la pérdida lo que le hace sufrir, sino la idea que creamos en nuestras cabezas sobre esa pérdida.

13. Olvídate de los malos recuerdos A veces nos acordamos de las cosas desagradables que suscitan algunos sentimientos tristes en nosotros. Los malos recuerdos te hacen revivir esos momentos tristes en el presente, haz el esfuerzo por mantenerlos dónde están: en el pasado.

14. Deja ir las cosas inútiles También nos apegamos a todo tipo de cosas. A veces desordenamos nuestra vida con una gran cantidad de cosas inútiles, pero déjalas ir y te aseguro que simplificarán tu ambiente de vida y de trabajo.

15. Aléjate de las malas compañías Si hay personas a tu alrededor que no son sinceras, son envidiosas o muy pesimistas, mantente alejado de ellas.

16. Deja ir la idea de que eres el producto de tu pasado Un error muy común es que caemos en la creencia de que estamos determinados por nuestras experiencias pasadas. Esto limita nuestra visión sobre las posibilidades futuras, ya que somos presos de creer que el futuro sólo va a ser igual a como ha sido nuestro pasado.

17. Deja ir la idea de sentirte identificado con tu trabajo/papel Este es uno de los riesgos de la vida moderna. Desde que los papeles de un trabajador son cada vez más especializados, pensamos que nosotros somos parte de nuestras funciones. Esto nos hace perder la perspectiva de nuestra verdadera naturaleza.

18. Deja de lado los hábitos contraproducentes Estos son los patrones repetitivos de comportamiento que te obstaculizan o te distraen de un comportamiento constructivo y productivo. Pueden ser cualquier cosa, desde ver demasiada televisión y comer en exceso hasta un comportamiento autodestructivo como el abuso de drogas.

19. Intenta no tomarte las cosas como algo personal Muy a menudo estamos perturbados emocionalmente porque interpretamos las palabras y las acciones de los otros desde una perspectiva muy subjetiva. Cuando tomamos las cosas personalmente nos irritamos, nos decepcionamos y sentimos tristeza. En cambio, cuando se mira la vida desde un punto de vista más distante y objetivo, logramos un equilibrio emocional centrado en nuestras prioridades.

20. Deja de fijarte tanto en el reloj El tiempo es una de nuestras mayores fuentes de estrés. Bueno, no es realmente el tiempo, sino nuestra percepción de él. A veces estamos esclavizados por este concepto, incluso en los momentos de ocio. El reloj ha devorado gran parte de nuestra verdadera libertad y espacio. Aprende a vivir los momentos de la vida sin estar preocupado constantemente, puede ser liberador y muy productivo.