¿Vacaciones en familia?

 

                          Como gestionar las vacaciones en familia

Pues bien, ha llegado el verano. Y aparte del calor, de que los más pequeños no tienen clase, y de que parece un poco más fácil conducir en la ciudad, se supone que ahora toca algo de vacaciones.

En la mayoría de los casos esto significa que vamos a experimentar una época totalmente nueva y diferente de la que estamos acostumbrados a vivir casi todo el año.

Es el momento de desconectar, nos dicen. El momento de recargar las pilas. Pero ¿esto es así?

Las vacaciones para muchas personas pueden llegar a convertirse en un verdadero problema. Son momentos en los cuales volvemos a encontrarnos con esas personas que viven bajo nuestro mismo techo.

No exagero. Durante la mayoría del tiempo en el año escolar, las familias se ven muy poco. Las parejas también. Por eso no es extraño que el verano sea un momento especialmente complicado en el cual se producen muchos divorcios y muchas separaciones.

¿Qué podemos hacer? Quizás lo más importante es darnos cuenta de que esto ocurre.

Así podremos aprovechar el verano para conectar de nuevo. Para estar más tiempo con las personas que queremos, para hablar de aquellas cosas que a lo mejor durante el año cuesta más hablar, porque no hay tiempo.

Aunque todos nos gusta ir en verano de viaje, a conocer sitios nuevos, hacer lo que no podemos hacer durante el periodo laboral, dediquemos al menos parte de este tiempo a restablecer los lazos que nos unen a las personas que queremos.

Les aseguro que esas, si serán unas verdaderas vacaciones. De las que no nos olvidaremos jamás.

Mi propuesta para las vacaciones es bien sencilla. Aprovéchenlas para ser conscientes de ello. Este es un buen momento para planear lo que podemos hacer para estar más conectados con nosotros mismos. Y con los demás. Durante todo el año.

Hasta la próxima semana.

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¿Sienten?

¿Qué pasa dentro de los cerebros de los animales? ¿Podemos saber qué piensan y sienten? Carl Safina cree que sí. Con el uso de descubrimientos y anécdotas que incluyen la ecología, la biología y las ciencias del comportamiento, enlaza historias de ballenas, lobos, elefantes y albatros para argumentar que así como nosotros pensamos, sentimos, usamos herramientas y expresamos emociones, también otras criaturas lo hacen, y mentes, con las que compartimos el planeta.

Felicidad exterior

Dentro de veinte años te arrepentirás más de las cosas que no hiciste que de las que llegaste a hacer. Por lo tanto, ya puedes levar el ancla. Abandona este puerto. Hincha las velas con el viento del cambio. Explora. Sueña. Descubre
Marc Twain

Claro que resulta atractivo decir que la felicidad viene de tu interior. Es una manifestación rotunda de responsabilidad y de competencia personal. Si no eres feliz, puedes hacer algo por cambiarlo. No tienes que culpar a nadie o esperar que otra persona te haga feliz.

Al mismo tiempo, desde una perspectiva de alguien que le preocupa la justicia social, hay algo incómodo en ser tan categóricos al afirmar que la felicidad solo depende de uno mismo. No es así. A no ser que nos encerremos en una suerte de cámara de aislamiento emocional, no puede ser. Resulta inevitable que lo que nos rodea nos afecte e influya. Y menos mal. Y tiene mucho que ver en nuestra experiencia de felicidad y satisfacción personal.

Así, la felicidad no es una experiencia onanista, en la que el mundo que nos rodea se difumina y desaparece. No, eso no es ser feliz. Es otra cosa. Egoísmo en el mejor de los casos, sociopatía en el supuesto que se convierta en un trastorno psicológico.

De hecho, transmitir el mensaje de que si somos infelices, es nuestra responsabilidad es como culpabilizar a la víctima. Ni una cosa ni la otra. Una felicidad interior, tiene que ver mucho con nosotros mismos y la interpretación que hacemos del mundo. Por esto, estará inextricablemente, unida a una felicidad exterior.

Abogar por el bienestar emocional y su promoción va de esto. De conseguir que todas las personas sean capaces de encontrar y entender sus emociones. Pero también que tengan la capacidad empática y compasiva, de relacionarse saludablemente con la felicidad de quienes les rodean.

Quizás la confusión venga de entenderlo como un objetivo, no como un proceso de cambio. De pensar, que es un lugar a donde llegar, y ya está. Y no lo es. Cuando entendemos nuestra felicidad, sabemos distinguir que viene de nuestro interior, y que lo hace de fuera. Como cambian nuestras emociones, según estemos nosotros o la gente y la sociedad que nos importan.

Este es el camino del verdadero cambio social. De una sociedad más saludable emocionalmente. Que se acepta, no se juzga y procura poner los medios para caminar hacia una mayor equidad entre las personas.

Al menos para mi, la felicidad no solo viene de mi interior

COMPRENDER

Comprender que hay otros puntos de vista es el principio de la sabiduría
Thomas Campbell

Tenemos miedo. Seamos sinceros. Adentrarnos en las profundidades de algo, que sin conocer, rechazamos, nos aterra. Ocurre a diario.

Si algo no nos gusta, no nos paramos a intentar comprender porque es así. Parece como si no tuviésemos tiempo para ello. Sea la orientación sexual, la religión o el nacionalismo, es mucho más sencillo, rechazar. Adornándolo de todo tipo de argumentos que no son fruto de la comprensión propia. Más bien del aleccionamiento. Es algo muy peligroso, de verdad.

Porque cuando desenredamos los motivos por los cuales se produce el rechazo a aquello que es diferente, no encontramos fundamentos que estén basados en el conocimiento. Ni siquiera en sentimientos y si, muy frecuentemente, en el resentimiento de otros.

miss-understandingDe esta forma nos vemos arrastrados a batallas que no son las nuestras, con argumentos que no comprendemos, en aras de un supuesto ideal que nos identifica. Pero si ahondamos profundamente en ello, y vamos a las raíces de muchas de nuestras creencias, seremos conscientes de, hasta que punto, no es así. De que lo que supuestamente pensamos no está basado en el conocimiento y en el estudio. Lo está en el adoctrinamiento.

¿Cómo podemos cambiar esto? Coméncemos por escuchar, se aprende mucho haciéndolo. Aunque tendremos que entrenarnos para ello. Estamos acostumbrado a oir, esperando, con suerte, a que el otro acabe, para exponer lo que nosotros creemos. Y así es muy probable que no aprendamos nada. Un segundo paso, muy recomendable, es leer. Si es posible, de fuentes diversas, como diferentes periódicos o autores. Y, por último, y mi preferido, observar. Porque si somos capaces de permanecer en silencio, apreciando lo que ocurre a nuestro alrededor, sin juzgarlo, conseguiremos una suerte de sorprendente visión clara. Seremos capaces de apreciar los matices, lo que compartimos o no, y es así como nuestra opinión estará basada en nuestra propias fuentes y será única e individual. Nuestra. De verdad.

¿DENUNCIAMOS?

La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados

Groucho Marx

Esta misma semana la ministra de trabajo del Gobierno de España ha anunciado la puesta en marcha de un sistema de denuncia anónima por el cual los ciudadanos podrán comunicar a la autoridad correspondiente aquellas irregularidades que estimen en el cobro del desempleo o el impago de la seguridad social. A principios de este mes también conocimos que el gobierno canario estudia poner en marcha un sistema similar para luchar contra la economía sumergida.

Denunciar es el acto de acusar a alguien de hacer algo mal. En los casos anteriores implica comunicarlo a la administración para que investigue y, eventualmente, castigue a alguien.

Robert Gellately, reputado historiador, acuña en su esclarecedor ensayo Denuncias en la Alemania del siglo XX, el termino “cultura de la denuncia” para explicar como delatar se convirtió en una epidemia en la antigua Republica Democrática de Alemania. Gellately sigue este fenómeno hasta la Alemania nazi y la forma de actual de la Gestapo. Esta estrategia de la denuncia anónima e indiscriminada fue una parte esencial del brutal cambio que sufrió una de las naciones más civilizadas en solo diez años.

corruption

Esta estrategia consiguió destruir la convivencia que se genera cuando las personas vivimos en libertad y en paz, respetando la privacidad de cada uno. Reemplazó esta buena voluntad y tolerancia con sospecha, resentimiento, paranoia destruyendo cualquier traza de sociedad civil. Era como la versión psicológica de la “guerra contra todos” de Hobbes.

Con este tipo de propuestas se consigue que los ciudadanos juzguen, en la mayoría de los casos, sin conocimientos ni fundamento, a sus vecinos. Tras el posible beneficio de sacar a la luz a los “tramposos” podemos estar corriendo el peligro de instaurar un sistema que merme la convivencia y los valores tan necesarios para afrontar esta época tan delicada.

No me corresponde apuntar cuales son los mecanismos de lucha contra el fraude, pero si puedo destacar el enorme perjuicio que, para el bienestar psicológico de nuestra sociedad, suponen medidas de estas características.

Quizás las soluciones deberían orientarse más hacia la educación, pero es sólo una sugerencia.