Confianza

Nos convertimos a menudo en lo que pensamos de nosotros. Si yo sigo diciéndome a mi mismo que no puedo hacer algo, es posible que termine siendo incapaz de ello. Al contrario, si tengo la creencia de que puedo hacerlo, seguramente adquiera la capacidad de hacerlo, incluso si no puedo al principio.
Mahatma Gandhi.

¿Cuántas veces te has preguntado que es lo que está detrás de la confianza? En ocasiones pareciera que existiese una poción mágica que separa a las personas que la poseen de aquellas que no.

Lo que la psicología nos dice es que no hay nada especial. Sólo que han acumulado una serie de hábitos, capacidades, conocimientos, creencias y habilidades, a lo largo de su historia vital. Bien intencionadamente, o debido a un entorno que lo ha ido favoreciendo.

La confianza es simplemente el grado en que creemos que aquello que hacemos va a tener resultados positivos. Aunque suele venir acompañada de la autoestima, no es lo mismo que ésta.

La autoestima es más un sentimiento acerca de nosotros mismos, mientras que la confíanza es la certidumbre que tenemos en nuestras habilidades en una situación determinada. Esta confusión provoca que la mayoría de las personas, cuando manifiestan querer tener una mayor confianza, a lo que se estén refiriendo es a la autoestima. Esto es algo normal porque, como es lógico, a medida que desarrollamos nuestra confianza en más aspectos de nuestra vida, mayor es nuestra autoestima.

La confianza es algo que siempre ha sido deseable. Y no solo porque es una ventaja evolutiva para acometer cualquier tarea sin incertidumbre o ansiedad. Principalmente porque nos permite hacer aquello que realmente queremos en nuestras vidas. Si confiamos en nosotros mismos, tenemos gran parte del camino recorrido.

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Confianza

Confía en ti, y sabrás como vivir
Johann Wolfgang von Goethe

Vivimos en un mundo en que la confianza parece ser un valor en decadencia. Quizás tras años de política-ficción, de realitis, de información manipulada y de posverdad, sería adecuado decir que confiar se ha convertido en un auténtico deporte de riesgo.

Según la Real Academia de la Lengua Española, la confianza es tanto la esperanza firme que se tiene de alguien o algo como la seguridad que alguien tiene en si mismo. Recoge este diccionario que, cuando hablamos de “alguien de confianza” nos referimos a alguien con quien mantenemos un trato cercano, íntimo y que es merecedor de la la misma.

Pero esto no deja de ser una fotografía de un concepto que está sujeto a un desarrollo psicológico y emocional. Que se construye desde la infancia y que se va consolidando a medida que maduramos. Al menos esta es la teoría.

Porque cuando hablamos de confianza, es probablemente uno de los constructos más maleables y modificables que podamos imaginar.
Imaginemos esta situación. Un niño pequeño está al borde de una piscina. Su madre la anima a que salte al agua, asegurándole que ella le cogerá para evitar que se sumerja.

Efectivamente es lo que hace, tras varias veces que su hijo amaga con saltar. Le sujeta y evita que se hunda en la piscina. Esto genera confianza en el niño, que aprende a fiarse de sus padres y de su apoyo en las situaciones más o menos complicadas.

Pero ¿qué ocurriría si la madre, tras asegurar que lo va ayudar, da un paso atrás y deja que se hunda? Quizás con la intención -equivocada- de que aprenda a gestionar situaciones difíciles. Pero transmitiéndole, de hecho, el claro mensaje de que mamá no es de fiar.

Es un momento de la vida, con muchas interpretaciones diferentes. Pero los resultados, para este niño, pueden ser totalmente diferentes. En la primera situación estamos educando en la confianza. En la segunda, en la desconfianza.
Podemos argumentar que así es la vida. Que las personas no son siempre de fiar, que mejor anticipar que no nos van a apoyar … consiguiendo así que vivamos en una eterna duda, inmovilidad o paranoia.

Está demostrado que para enseñar confianza debemos dar confianza. Que es algo que se educa y se aprende con el ejemplo. Y que construye la autoestima y la autoconfianza del niño y eventual adulto. Por esto, para nuestra mente como niños, la experiencia repetida de confiabilidad hacia nuestros nuestros padres y la imprescindible derivación hacia su confianza en nosotros es imprescindible para un bienestar emocional consistente.

Según Erik Erikson, eminente psicólogo evolutivo, el desarrollo de la confianza en los padres es un ladrillo básico en la construcción de la auto-estima e identidad del niño y futuro adulto. Con ella llega un sentido de seguridad y esperanza por el futuro. Sin ella el niño o la niña desarrollarán duda, sospechas y desesperanza.

Parece estar claro que la confianza en uno mismo se construye desde pequeño y que su consistencia descansa mucho en el modelo educativo que tengamos en familia.

Pero ¿que ocurre con la confianza en los demás? Indudablemente, este es otro cantar. Es algo que se gana con dificultad a medida que tenemos la medida propia de lo que consideramos como fiable. Y que, una vez traicionada, resulta muy complicada de restaurar.

Por esto la recomendación va, en este caso, a quien la solicita. Como la metáfora, podremos estirar el papel arrugado, pero nunca estará tan liso como al principio.

¡No te hagas daño!

Cerca de 10 000 personas al mes googlean la frase, “¿Soy feo?”. Meaghan Ramsey, responsable del proyecto de autoestima Dove, tiene la sensación de que muchas de ellas son niñas. En una charla profundamente inquietante, nos habla de los efectos sorprendentes de la baja autoestima acerca de sus cuerpos y su imagen, desde los casos de falta de confianza por debajo del promedio hasta conductas más arriesgadas que implican el uso de las drogas y el alcohol. Y luego comparte las claves que todos podemos utilizar para alterar esta realidad.

Arrogancia

¡Ten confianza en ti mismo!, es uno de los consejos más valiosos que podemos recibir.

La confianza es un rasgo de personalidad muy importante. Pero, en algunas ocasiones, puede preocuparnos parecer demasiado sobrados o arrogantes en la exhibición de la misma. Afortunadamente, hay distintos indicadores que distinguen una cosa de la otra.

La confianza se cimenta en la realidad, mientras que las posiciones arrogantes están basadas en una valoración propia que va más allá de ella. Esto, podemos pensar, es algo arbitrario ¿verdad?. Para algunas personas podemos ser las personas con más habilidades y talento, que pueda haber. Mientras que para otras, estas virtudes están solo en tu cabeza.

Pero hay más indicadores objetivos. La confianza reconoce la contribución de los demás y comparte el crédito por lo conseguido. La arrogancia, por otro lado, fluye de la inseguridad y necesidad de ser validado. De esta forma, la arrogancia trata a menudo de atribuirse más reconocimiento del que la persona realmente merece. Intenta hacer ver, incluso, como aquello que en lo que podemos haber participado, tiene una importancia mucho mayor de la que realmente tiene.

A un nivel todavía más simple, podemos incluso mostrar confianza y no arrogancia, estando en silencio. Ésta última gusta de aparentar. Todo lo contrario que ocurre con la confianza. Por ejemplo, si, simplemente asentimos, para mostrar que somos capaces de desarrollar una determinada tarea, en lugar de exponer nuestra capacidad y curriculum para hacerlo, obtendremos un resultado mucho más efectivo.

Psicología para todos los días

Confiar en ti mismo no garantiza el éxito, pero no hacerlo garantiza el fracaso.
Albert Bandura

Entendernos, a nosotros y a los demás, no es algo fácil. Y forma parte muy importante de nuestra vida diaria. Estamos limitados por creencias, en la mayoría de las ocasiones no contrastadas, que condicionan nuestra vida y la relación que mantenemos con el mundo. Sea que no pensamos ser lo suficientemente buenos, porque así nos lo han hecho creer, haciéndonos sentir un fracaso o simplemente malinterpretando las intenciones o reacciones de los demás hacia nosotros. Lo cierto es que podemos llegar a tener nuestra mente en un estrecho margen de actuación consciente.

Éstas sencillas reglas psicológicas que les propongo, pueden ayudarle a ver la vida, de una forma totalmente diferente. Intentemos convertirlas en un hábito.

A la gente no le importa tanto.
Puede sonar duro decirlo así, pero es esencialmente cierto. Estar atrapados en lo que piensan otras personas y actuar de forma que cumplamos las expectativas que, creemos, tienen sobre nosotros, resulta enormemente perjudicial. Tengamos en cuenta que cada uno está a lo suyo y envuelto en sus propios problemas e inseguridades.
Resulta mucho mejor ser conscientes que la mayoría de lo que pensamos que las personas tienen en su cabeza, acerca de nosotros o de cualquier otra cosa, son solo construcciones mentales que responden a expectativas, percepciones incorrectas o experiencias pasadas.
Ser nosotros mismos sin preocuparnos de lo que piensen los demás es un gran primer paso para nuestra felicidad.

Cambiamos constantemente como somos.
Resulta sencillo pensar que somos la misma persona que éramos hace diez años y que seremos así durante otros diez años más. Nos gusta percibirnos como coherentes. Pero no lo somos. Nuestros “yo”, pasados, presentes y futuros, son esencialmente independientes debido a que nuestra forma de pensar cambia con nuestras circunstancias y experiencias.
Es por esto que debemos confiar en nuestro yo presente cuando tomamos decisiones. No podemos predecir lo que pensaremos o haremos en el futuro, o basarnos en lo que hicimos hace años. Nuestro poder está en el ahora.

No te compares
Con la presión de las redes sociales para postear continuamente nuestra vida, resulta sencillo caer en la tentación de comparar nuestra vida con la de los demás. La tendencia a subir a internet una versión edulcorada y, muchas veces, manipulada de la vida, puede llegar a ser una verdadera fuente de confusión
Lo cierto es que todos queremos ser aceptados por los demás. Pero la única forma de conseguir que esa aceptación sea genuina empieza por aceptarnos a nosotros mismos. Algo incompatible con las comparaciones.

No asumas que te harán caso
Aconsejar a alguien con respecto a lo que deben o no deben hacer, puede ser un camino tortuoso. Si nos lo piden, valoremos el hacerlo. Pero siempre tengamos en cuenta que será opción de quien lo recibe, hacernos o no, caso. No tomemos como personal el que no sigan nuestro consejo.
Recordemos que las personas suelen cambiar su forma de actuar, tras haber tropezado. Y siempre será mejor mantener la mano tendida aunque no sigan nuestras recomendaciones.

Solo puedes controlar tu respuesta ( y, en ocasiones, con dificultad)
Como reaccionamos a un problema o situación es mucho más importante que la propia situación. La actitud, en esta vida, es lo que más va a contar a la hora de hacer un balance, sobre nuestro estado de ánimo. Podemos reaccionar a todo lo que nos venga encima, consumiendo muchas de nuestras energías. O podemos elegir a que y como lo hacemos.
Saber discernir estas opciones, especialmente en situaciones negativas, puede tener una importancia crucial sobre nuestro bienestar mental.

¿Como cambio?

Las masas humanas más peligrosas son aquellas en cuyas venas ha sido inyectado el veneno del miedo… del miedo al cambio”.
Octavio Paz

Es paradójico. Mientras estamos suspirando por cambios en nuestra vida, hacemos más bien poco por conseguirlos. Es más, podríamos decir que tenemos una inercia que nos lleva a mantenernos en lo conocido, por muy malo que sea, por miedo a lo que pueda venir. Esto nos hace vivir en una constante desazón. Debatiéndonos entre nuestros deseos y nuestros miedos, se nos va la vida.

Pero solo con unas pequeños pasos, conseguiremos cambiar, si queremos, aspectos de nuestra vida, y de aquellos que nos rodean. Porque, no nos equivoquemos, si nosotros lo hacemos, tendrá efectos en los que nos rodean. Y la mayoría de ellos positivos. Aunque, indudablemente, no todas las personas lo verán así.

Podríamos decir que la psicología es la ciencia del cambio humano. La mayoría de nuestro trabajo está orientado a facilitarlo. Quienes se acercan a un profesional demandan nuestra ayuda para salir de una situación que no les hace felices. Un tratamiento psicológico persigue la disminución del sufrimiento y, por ende, el incremento del bienestar, de quien acude a la consulta.

La psicología nos puede ayudar con algunas indicaciones para conseguir el cambio en nosotros mismos, mediante herramientas basadas en la investigación. Pero quien realmente decide si quiere salir de la zona de confort (por llamarla de alguna manera), y no moverse por miedo a caerse, somos nosotros mismos. Que no te engañen. Un cambio personal puede ser promovido, animado o sugerido, pero es un trabajo personal, que requiere de toda nuestra participación. Y esto ocurre tanto en el abordaje de la ansiedad o depresión, como en la promoción de la felicidad. Son lugares diferentes en la misma línea del cambio personal.

Aceptación

En primer lugar, para conseguir variar el rumbo, deberémos conocer el que tenemos. Por esto el cambio es aceptación, autoconocimiento, sin juzgarnos. Solo así conseguíremos ir hacia donde deseemos.

Una forma de empezar a saber quienes somos es saber lo que es importante para nosotros. La familia, el trabajo, el medio ambiente … Empezar con una lista para trabajar es una magnífica forma de entrar en ese territorio desconocido que somos nosotros mismos.

Será algo muy curioso ¡Cuanto más te conozcas, más cambiarás! Es como si estuviésemos haciendo un viaje hacia nuestro interior.

Confianza

Creer que es posible crecer y cambiar es un paso vital para conseguirlo. Por esto debemos salir de estas convenciones sociales que parecen conducirnos hacia la estabilidad como algo deseable a toda costa. Este tipo de pensamiento está asociado, además, a menor estrés, ansiedad, mayor satisfacción con nosotros mismos y mayor salud mental.

Las personas cambian, siempre. Lo único realmente constante es el cambio.

Personalidad

¿Puede cambiar la personalidad? Durante muchísimos años los psicólogos de la personalidad, han dado la misma respuesta que cualquier pesimista: no, la personalidad de la gente no cambia.

Sin embargo, este punto de vista se ha ido modificando en los últimos 15 años. Al parecer, en lugar de que nuestra personalidad se petrifique a los treinta años, son varios los estudios que confirman que la personalidad puede cambiar. Al menos tanto como el estado civil, el empleo y los ingresos. Parece lógico ¿verdad?.

Estamos viendo como los cambios, no deseados, que han sufrido muchas personas en estas condiciones, afectan a características que antes dábamos por inherentes a ellas. Lo mismo ocurre en el sentido contrario. Si nuestras condiciones de vida, nuestro bienestar mental y físico y, porque no decirlo, nuestra satisfacción con nosotros mismos mejora, es más que probable que esto se refleje en como somos.

Di ¡basta!

Es posible abandonar hábitos que llevan con nosotros toda la vida. Todo pasa por una decisión de hacerlo … y buscar ayuda si es necesario. ¿O no lo han hecho muchas personas atrapadas por la adicción?

Planteémoslo así. Si un adicto consigue salir de su dependencia, digamos, a una droga ¿por qué no vamos a poder nosotros olvidar un habito que creemos esculpido en bronce? Claro que se puede hacer. La psicología lo lleva demostrando hace años.

Como hemos repetido en infinidad de ocasiones, decidir cambiar, no es una tarea sencilla. De hecho, es más complicada de lo que muchos iluminados pretenden hacernos ver. Además de lo propuesto aquí, requerirá constancia, paciencia, apoyo, resiliencia … y muchas otras fortalezas que nuestra ciencia, la psicología, lleva estudiando hace años.

Y, por último, por muy atractivo que pueda ser los 21 días o tres meses que algunos autores proponen para cambiar un hábito, simplemente no es posible. Por dos sencillas razones que se obvian y que desmontan este “café para todos” del cambio personal. Una, sencilla, no todas la personas somos iguales. Dos, no todos los hábitos son iguales. Pretender poner un tiempo estandarizado a uno que, por ejemplo, nos acompaña desde nuestra adolescencia es, sencillamente, una estafa.

¡No lo permitas!

Comienza un nuevo año. Quizás es buena idea tener en mente lo que no nos hace bien

Es el momento de hacerlo. Ya está bien. No permitas …

 

… que te arrastren en discusiones innecesarias.

Nunca pierdas tu tiempo tratando de darte a entender a personas que han demostrado no entender tus puntos de vista. Y no definas tu inteligencia o autoestima por el número de discusiones que has ganado, sino por el número de veces que has dicho ¡esta tontería es innecesaria y no vale la pena gastar mi tiempo en esto!

… que te contagien su negatividad.

Ser positivos es una elección. Elige con cuidado, sé lo suficientemente inteligente como para alejarte de la negatividad que te rodea, ya que nunca será digna de tu tiempo, nunca.

… que te reprendan por tus errores honestos.

Para crecer fuerte y sabio, debes tener el coraje de cometer errores. Permítete ser un principiante, nadie comienza siendo excelente.

… que otros te saquen de tu camino.

Hoy en día, la única persona a la que debes tratar de ser mejor, es la persona que eras ayer. Ponte a prueba a ti mismo, no a los demás.

… que te intimiden.

Ni la intimidación ni el bullying son correctos, punto. Nadie tiene el derecho de atacar lo que eres como persona. Lamentablemente, algunas personas simplemente no serán felices hasta que hayan tirado tu ego al suelo y lo hayan pisoteado. No les des ninguna libertad, nadie tiene el poder de hacerte sentir inferior a menos que tu les des ese poder.

… que tus amigos te sean desleales.

¿Qué es ser un amigo de verdad? Alguien que te ama tal como eres, pero que aún así te ayuda a ser una persona mejor. Sé un verdadero amigo para los demás y mantén cerca de ti, sólo a las personas que consideres tus verdaderos amigos.

… que las mismas personas te mientan una y otra vez.

Si alguien te engaña una vez, la culpa es de ellos. Si alguien te engaña dos veces, la culpa es tuya. Si descubres a alguien mintiendo, háblalo. Algunas personas van a mentirte en varias ocasiones. No participes en sus tonterías, no dejes que sus mentiras sean tu realidad.

… que la gente se aproveche de ti.

A veces las personas no se dan cuenta de las cosas que hacemos por ellos hasta que dejamos de hacerlas. Esto no está bien! date cuenta de esto. Te mereces algo mejor, mereces estar con personas que te hagan sonreír, amigos que no te den por sentado.

… que la gente te trate como su segundo plan.

No te conformes con estar simplemente en el tiempo de inactividad de alguien, tiempo libre, tiempo parcial, o en “algún” momento que puedan. Si esas personas no pueden estar ahí para ti cuando más los necesita, no valen la pena tú tiempo.

… que las personas equivocadas se metan en las relaciones entre tú y las personas correctas.

No dejes que las personas que se niegan a quererte como eres, te alejen de la gente que más te ama. Pasa más tiempo con aquellos que hacen que tu mundo sea un poco más brillante, simplemente por estar en el. Algún día, o te arrepentirás de no haberlo hecho, o vas a poder decir, “me alegro de haber tomado esta decisión.”

… que determinadas personas te motiven a odiarlos de vuelta.

Como dijo Gandhi, “ojo por ojo y el mundo acabará ciego.” Sin importar cuán despreciable ha actuado otra persona, nunca dejes que el odio se construya en tu corazón.  Cuando decides odiar a alguien, automáticamente comienzas a cavar dos tumbas: una para tu enemigo y una para ti mismo.

… que las personas dejen rencor en tu mente.

Recuerda, el primero en pedir disculpas es el más valiente. El primero en perdonar es el más fuerte. El primero en salir adelante es el más feliz. Siempre.

… que las personas utilicen tu pasado para envenenar tu presente.

La vida es demasiado corta como para seguir luchando con las cosas del pasado y con la gente que se niega a dejarlo ir. Algunas personas no pueden soportar que estés saliendo adelante con tu vida, por lo que tratarán de arrastrar tu pasado y recordártelo. No los ayudes reconociendo su comportamiento, tú sólo sigue hacia adelante. Practica la aceptación y el perdón, el primer paso a la felicidad es dejar ir el pasado.

… que la gente te convenza que cambiar es algo malo.

Las cosas que no podemos cambiar, a menudo, terminan cambiándonos a nosotros mismo. Este cambio sucede por una razón. No te preocupes, no va a ser fácil pero valdrá la pena al final.

… que te alejen de tus metas y actividades significativas.

Si puedes sonreír cuando no hay nadie más alrededor, es porque lo haces en serio. Así que no dejes que otras personas se metan entre tú y tus ideas y actividades que realmente te mueven.

… que la gente rechace tus sueños.

La vida es una prueba para saber cuán comprometido estás en seguir un camino particular. Tarde o temprano, puedes enfrentar comentarios negativos de los demás. Cuando esto sucede, recuerda que no debes dejar que nadie aplaste tu espíritu. Si eres apasionado con algo, persíguelo, no importa lo que piensen los demás. Así es como se logran los sueños.

… que las personas pesimistas te hablen de ponerle más  esfuerzo a tus cosas.

Los tiempos difíciles muchas veces conducen a la grandeza. Mantén la fe, valdrá la pena al final. Los inicios de las cosas más grandes son siempre los más difíciles.

… que te convenzan de sus soluciones rápidas.

Cualquier cosa que vale la pena lograr, toma tiempo y esfuerzo, punto. Sinceramente, yo solía creer que pidiendo cambiarían las cosas, pero ahora sé que nosotros somos quiénes cambiamos las cosas.

.. que te digan qué es lo que necesitas para ser más feliz.

El agradecimiento es el comienzo de la felicidad. Asegúrate de apreciar lo que tienes. Sé agradecido por las pequeñas cosas de la vida que significan mucho.

Publicado originalmente en Noviembre de 2014

¡Todo no puede ser positivo!

El gran descubrimiento de mi generación es que un ser humano puede alterar su vida al alterar sus actitudes
William James

Pues no. Por supuesto. Estamos rodeados de muchas cosas negativas, dolorosas, injustas … claro que si. El ser humano ha hecho de la injusticia, la ignorancia y la irresponsabilidad una auténtica forma de vivir y actuar. A veces resulta fascinante, o penoso, ver como algunas personas tratan de justificar sus actuaciones carentes de toda humanidad con los argumentos mas peregrinos.

Supongo que esta es la razón por la que se trata de ridiculizar, por parte de unos pocos, cualquier intento de darle un sentido de actuación a la vida. Porque, como ya hemos resaltado, en alguna otra ocasión, esto es una elección. Diaria.

Pongamos un ejemplo. Nos levantamos y no funciona la ducha. No hay agua caliente. Según donde vivamos, las posibilidades de asearnos con agua fría serán más o menos probables. Esto nos pone de malhumor.

Encendemos la radio para saber como va el día. El mundo cada vez peor, más corrupción, guerras, insolidaridad, paro … Resulta frustrante. Dan ganas de volverse a la cama y olvidarnos de todo.

No nos engañemos. Esto es la realidad, más o menos, de un día cualquiera. Eso sin contar el tráfico, el jefe, los malos compañeros, mi pareja que me da la lata … y otro montón de puntos negativos del día.

Pero ¿es realmente esto TODO lo que ocurre?¿O es simplemente lo que queremos ver y resaltar? A mi me han ocurrido todas estas cosas esta mañana. Pero además, me he levantado y he practicado mis diez minutos diarios de meditación, que me ayudan a sentirme vivo, le he dado los buenos días con un beso a mi pareja. También he besado a mis hijos, para desearles, entre sueños, que disfruten del día. He puesto música y he salido al mundo. Feliz. Simplemente viéndo toda el espectro de la foto. El negativo y la de colores.

Ahhh, y me duche con agua fria.

Confianza

Se puede confiar en las malas personas, no cambian jamás.
William Faulkner

La confianza se refiere a la opinión favorable a que una persona o grupo, es capaz de actuar de forma adecuada a lo que nosotros valoramos. Es la seguridad que tenemos en otra persona. Una cualidad propia y voluntaria de los seres humanos. Al ser algo que se hace consciente y voluntariamente, supone trabajo y esfuerzo conseguirla. Es una emoción positiva, aunque tremendamente lábil.

Porque aunque trabajemos para atesorarla, cimentándola con dedicación, perderla es realmente fácil. Cuando nos ganamos la confianza de alguien o de muchos, estamos consiguiendo que estas personas tengan la certeza de nuestras actuaciones o creencias. Es decir, que puedan descansar en nosotros para poder esperar una reacción determinada ante cualquier cuestión.

Difícil ¿verdad? Porque suponer que podemos predecir como vamos a actuar en una situación determinada es algo realmente complicado. ¡Imaginen lo difícil que resulta conseguir actuar según otros esperan de nosotros!

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La confianza que debemos y podemos incrementar es la que tenemos en nosotros mismos. Toda la que ponemos en los demás estará basada en probabilidades. Y no quiere decir que no podamos. Desde luego que si. Pero siempre teniendo en cuenta esto.

Tiene que ver con las ocasiones en las que solicitamos la confianza de alguien. Si lo hacemos, seamos conscientes de que adquirimos un compromiso de cumplimiento. Significa que hemos “gastado” nuestra primera oportunidad. Si la defraudamos, el trabajo que deberemos producir para volver a ganarla será mucho más arduo. Y así, sucesivamente.

Porque, por más que piensen algunos, esto de la confianza no es un cheque en blanco que nos dan. Más bien todo lo contrario. Es un contrato con muchísimas cláusulas.

Y no estoy seguro que muchos lo lean hasta el final. Y así les va. Pensando que se puede recuperar lo perdido, repitiendo las mismas promesas o azuzando los mismos miedos.

Coherencia

Cuando uno no vive como piensa, acaba pensando como vive.
Gabriel Marcel

Parece sencillo definir la palabra. Es, simplemente, que aquello que hagamos se corresponda con aquello que decimos que hacemos. O, poniéndolo más acorde con la política, que lo que prometamos lo cumplamos. O, que no pidamos algo a los demás, que nosotros no haríamos. Y así, interminablemente … Porque lo cierto es que la coherencia puede tener tantas interpretaciones como personas. Es algo interior, que corresponde a nuestro propio conocimiento de nosotros mismos. Y es ahí donde falla todo.

Porque si hay algo que define la coherencia es lo bien que sienta. Aquellos que la practican sienten una suerte de paz interior que es difícilmente explicable. Pero se nota. Se transmite en forma de un concepto importante, y que significa algo mucho más allá de lo que pueda pagar el dinero. La confianza. Alguien que es coherente la provoca en los demás.

Nos lo explican desde pequeños y nos lo repiten cuando vamos creciendo. Nada consigue más que otro fenómeno, inextricablemente asociado a los anteriores: el ejemplo. Esa rara conducta de la que cada vez más personas, que nos solicitan su confianza, se alejan. Por esto, esta breve reflexión de hoy. Para recordar a quienes nos piden nuestra confianza, a que están apelando. Y la importancia que esto tiene, ahora y en el futuro.

Porque esto es otra de las características de estos tres conceptos de hoy. Son volátiles, y muy difíciles de recuperar. Una vez hemos dejado de ser coherentes, no suscitamos confianza y no hemos dado ejemplo, ya resulta muy complicado que lo recuperemos a un mismo nivel.

Es como los platos rotos. Podemos pegarlos con el mejor pegamento del mundo, pero ya no son el mismo plato.

Y esta es la explicación. Las personas no cambian cuando deciden dejar de confiar en alguien. Son aquellos en los que confiaron, quienes cambiaron. Siendo incoherentes, no fiables y, desde luego, poco ejemplares. Es así de sencillo.