Yo creo bastante en la suerte. Y he constatado que, cuando más duro trabajo, mas suerte tengo
Thomas Jefferson
Esta es una época difícil, no nos engañemos. Estamos experimentando muchísimos cambios en nuestra sociedad que afectan a las más profundas raíces de nuestro sistema de creencias y valores. Tenemos la sensación (o la certeza) de que las reglas de juego han cambiado y que, mucho de aquello que pensábamos que estaba asentado y era inamovible se tambalea o, incluso, se cae.
Creo que hasta un determinado momento todos entendíamos que habíamos estado por encima de nuestras posibilidades. Se nos proporcionaban ejemplos de obras faraónicas inútiles, de sueldos millonarios, de préstamos imposibles…
Incluso llegamos a aceptar que nos señalaran a los culpables. Confiábamos en lo que nos decían. Ellos tenían los datos. Seguro que eran capaces de buscar las soluciones para salir de este atolladero.
Pero ahora, pasados unos años, ésta confianza ha desaparecido, se ha diluido en la comprobación de que lo que nos decían, no era cierto. Los verdaderos culpables, los que han derrochado dinero público, los que se han lucrado con él, los que han estafado, no son juzgados y castigados.
¿Y que efecto produce esta situación en nosotros? Desazón, desesperanza, indignación y muchos otros adjetivos podrían calificar nuestras emociones y sentimientos.
Este fenómeno, que fue descrito por primera vez como indefensión aprendida por Martin Seligman en 1975, se refiere a la condición de un ser humano o animal que ha «aprendido» a comportarse pasivamente, con la sensación subjetiva de no poder hacer nada. La persona no responde, a pesar de que existen oportunidades reales de cambiar la situación negativa que percibe. Este fenómeno se ha asociado con la depresión.
La semejanza es más que evidente con las circunstancias en las que vivimos. Estamos percibiendo que hagamos lo que hagamos y nos digan lo que nos digan, nuestro papel en esta película es absolutamente pasivo. Quizás una forma de solucionarlo es, como se lleva a cabo en psicología clínica, proporcionarle a la sociedad una mezcla de reconocimiento de su sufrimiento, modelos efectivos de actuación y un cierto control sobre lo que se decide.
Esa es mi propuesta para este 1 de Mayo. Valores como humildad, tesón, sinceridad y justicia se me antojan como el camino correcto para salir de esta situación con la cabeza bien alta.








