El optimismo y la autocompasión son los dos polos positivo y negativo de la cobardía moderna.
Cyril Conolly
¡Al fin! Parece que hay una explicación. Según un reciente estudio, hay personas genéticamente predispuestas a ver lo negativo automáticamente. El gen ADRA2b parece ser el responsable de ello.
La autora principal de este estudio, Rebecca Todd, explica:
“Este es el primer estudio que encuentra que esta variante genética puede afectar a como las personas ven el mundo. Los hallazgos sugieren que ven todo a través de unos cristales (en este caso oscuros) determinados por este gen. Las variaciones biológicas a este nivel pueden jugar un importante papel en las diferencias perceptivas individuales.”
En su estudio utilizaron un fenómeno denominado “parpadeo atencional”. Consiste en la reducción en nuestra atención que se produce cuando reducimos el intervalo de aparición de estímulos visuales. Los participantes veían palabras positivas, negativas y neutras con muy poco espacio entre ellas (100-200 ms). Quienes tenían este gen veían más palabras negativas que quienes no lo tenían. Lo más curioso es que las palabras positivas eran percibidas por igual por unos y otros.
Desde luego, esto puede explicar porque algunas personas parecen especialmente proclives a ver la cara negativa del mundo que nos rodea, mientras que otras no.
Por supuesto que todos vemos lo que ocurre a nuestro alrededor, el dolor de las personas, las injusticias, la rabia … pero prestar una excesiva atención a lo negativo puede llegar a convertirnos en parte del problema y hacernos profundamente infelices al mismo tiempo.
Pero lo cierto es que no podemos menoscabar la influencia que este gen parece tener en las personas que lo tienen. Su memoria, por ejemplo, también parece estar afectada por él. Recuerdan más cosas negativas que aquellos que no lo tienen. Sus imágenes del pasado están mediatizadas y esto les hace más vulnerables, incluso al trastorno por estrés postraumático.
Estadísticamente los occidentales somos los más predispuestos a tener este gen, alrededor del 50%, mientras que en oriente, su incidencia es significativamente menor.
Sin embargo, al igual que otros muchos genes, se produce una interacción con nuestra psicología individual. Y es esto lo que determina su influencia. Lo que decide como pensamos o sentimos. Que tengamos este u otro gen solo afecta nuestro punto de partida, donde lleguemos depende de nosotros.







