¿EXPECTATIVAS? ¡NO GRACIAS!

Cuando las expectativas de uno son reducidas a cero,

uno realmente aprecia todo lo que si tiene

Stephen Hawking

Los budistas hablan de la “mente queriente” y el poder que tienen las expectativas para producir sufrimiento, y esto es especialmente cierto cuando se refiere a nuestras relaciones. Nuestra decepción, irritación, enfado o tristeza aparecen, frecuentemente, porque los demás no responden a lo que esperábamos de ellos. Un jefe que no reconoce mi trabajo, mi pareja que no aprecia como he podido limpiar la casa o nuestros hijos que no van como desearíamos en sus estudios. En lugar de mirarnos a enfocarnos en nosotros mismos, siempre estamos preocupados por lo que harán o dirán otros. Y esto es emocionalmente insostenible. Bob Taibbi en Psychology Today nos propone algunos beneficios de decidir y actuar sin expectativas

Hazte responsable de tus propias decisiones. Intenta que el trabajo que debes hacer salga lo mejor posible, por tu propia satisfacción. Asume el reto y hazlo enteramente tuyo. Limpia la casa por el placer de hacerlo, de sentirla ordenada y habitable. No necesitas que nadie te premie por ello. Si lo hacen será un extra ¡y bienvenido sea! Pero no es tu leit motiv. Se trata de vivir tu vida, intensamente y en cada momento. Implicándote en aquello que haces. Poniendo el corazón en ello. Sólo así consigues sentir que eres quien controla tu destino. Y es una magnífica forma de combatir la rutina, el piloto automático en tu vida.

exceeding-expectations

Separa tus “quieres” de tus “deberías”. La mentalidad de “manada”, aquella que está asociada a los deberías, no nos pertenece. Viene de una imagen externa que creemos tener que satisfacer, y que, frecuentemente, no tiene nada que ver con lo que nosotros queremos de verdad. Son expectativas impuestas por otras personas de las que, en ocasiones, ni somos conscientes. Y cuando fallamos, sentimos culpabilidad por haberlo hecho. No podemos aprender de estos errores puesto que están conducidos por los demás. No los sentimos. Sentimos haber decepcionado a alguien. Y como esperamos que, si lo hacemos bien, nos premien, tampoco conseguirlo será la recompensa. Resulta algo perverso y que alimenta nuestra mente dependiente.

Para poder salir de este circulo vicioso, es necesario que aprendamos a querer. Y todavía más allá, que sintamos hacerlo. No sirve de nada hacer grandes cosas si no es así. Es un camino hacia nuestra propia conciencia. Y una forma de llegar a la felicidad.

Evita sentirte … decepcionado, enfadado, etc … Es una trampa. Toda esta decepción y resentimiento te pueden llevar a una combinación letal de dependencia y expectativas no cumplidas. Nada sale como esperabas, luego te resignas, y te conviertes en una especie de mártir. Es una senda segura hacia la ansiedad y la depresión, ya que tu vida depende, cada vez menos de ti. Al esperar reconocimiento o recompensas, nada parece satisfacerte por si mismo. Y puede resultar letal para tus relaciones de amistad o de pareja. Les hace sentir responsables de algo que no depende de ellos, aunque tú lo veas así.

Vive el presente. Las decisiones que tomas en la vida vienen una a una, en el momento presente. Las expectativas te empujan hacia el futuro, atrapándote en un momento que no existe. Es como un jugador de ajedrez que está pensando cuatro o cinco jugadas más adelante. ¿Qué debo hacer… o pensar? ¿Qué pensarán los demás… o harán? Es un tipo de pensamiento que nos desubica. En cierta forma no nos deja vivir. Si consideramos que lo único real es lo que estamos viviendo en el momento.

No se trata de no planear. Al contrario. Se trata de disfrutar haciéndolo. Desde el principio.  Inténtalo. Lo que quiero hacer ahora. En este momento. Y veremos que ocurre después.

Sin expectativas. Prueba.

Compártelo

Comentarios

3 respuestas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *