Yo primero

Ser celoso es el colmo del egoísmo, es el amor propio en defecto, es la irritación de una falsa vanidad.

Honoré de Balzac

Nos llevan bombardeando, desde hace tiempo, con la idea de que nuestra felicidad, estabilidad emocional e, incluso, el amor, está íntimamente ligado a como nos queramos. O más bien, a si lo hacemos o no.

Hemos de admitir que, expresado de esta forma, queda muy bien. Si no te quieres a ti mismo, no podrás querer a nadie. ¿A que es atractiva la frase? Pero, -y esta es una pregunta que me hago en alto- ¿qué es quererse a uno mismo?.

Puede sonar a egoísmo ¿a qué si? De hecho hay quien lo entiende así y aplica aquello de yo “por delante de todo”. Una interpretación muy particular de la propuesta que sugiere la frase. Y también muy equivocada. No van por ahí los tiros.

Querernos a nosotros mismos es comenzar un camino adecuadamente. Es decir, no se trata que queramos a los demás y no a nosotros. De hecho, lo que ocurre es que no es posible querer si el punto de partida de ese amor no somos nosotros. Si no lo hacemos así, lo que estamos haciendo es buscando en otras personas lo que no somos capaces de hacer con nosotros. Y esto si es egoísmo. Además de la base del amor dependiente. Una relación asimétrica, en la cuál una persona intenta encontrar en la otra lo que no es capaz de darse a si misma.

Lo se. Parece un galimatías. Pero lo entenderemos fácilmente si admitimos el amor como igualdad. En ella somos capaces de ofrecer a la otra persona algo que conocemos y sabemos hacer. Algo que decidimos libremente, no por la necesidad que deriva de la carencia propia, sino por el deseo de compartir nuestro amor -propio-, con otra persona.

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