¿De quien es el obsequio?

Lo mismo vale para la envidia, la rabia y los insultos. Cuando no se aceptan, continúan perteneciendo a quien los llevaba consigo.

¡Deja de juzgar!

Quizás te dé igual lo que piensen extraños que ni te van ni te vienen. Pero puede que sí te siente mal que te juzguen, que no se tomen tiempo para escucharte y comprenderte. Ésa es la razón principal para decidir no emitir juicios precipitados sobre otras personas: a nadie nos gusta que nos juzguen […]