Ser yo

Era lo bastante listo para conocerse a sí mismo, lo bastante valiente para ser él mismo y lo bastante insensato para cambiarse a sí mismo y, al mismo tiempo, seguir manteniéndose auténtico.
Patrick Rothfuss

Una de las propuestas más escuchadas por parte de cualquier motivador que se precie ¡Sé tú!, nos dicen. Una llamada a la acción evidentemente atractiva y que puede impulsarnos -al menos durante un rato-, a pensar que es una buena idea.

Pero, si tras ese consejo tan apetecible, no vienen mal al menos una serie de orientaciones que nos permitan conseguir esa tan ansiada autenticidad. Es algo muy atractivo. ¿Qué pasaría si solamente pudieras “ser tú”?¿Si no tuvieses que preocuparte de lo que los demás piensan de ti?¿te resulta atractivo estas posibilidades?¿o te cuesta mucho considerarlo?

Supongo que, como a mi, todo depende. Indudablemente vivimos en un mundo en el que dependemos, en mayor o menor medida, de los demás. Y, nos guste o no, de lo que piensan de nosotros.

Desde luego que esto no es una invitación al postureo o las apariencias. Porque, sin duda, existen formas de conseguir ser nosotros mismos, conociéndonos y aceptándonos, sin necesidad de convertirnos en seres aislados, insensibles o maleducados.

Conseguirlo, combinando el respeto por nosotros mismos con el respeto a los demás es posible.

Ser uno mismo es incompatible con la mentira. Tanto con aquella que nos decimos a nosotros mismos, como la que usamos con otras personas. No nos educan para decirnos la verdad. No lo hacemos con nosotros ni con las personas que queremos … o no.

Mentir es estresante para nuestro cerebro. Ser auténtico es integridad. Es la coherencia entre lo que sentimos y como actuamos. Pero no es nada sencillo de conseguir. Más bien al contrario, puesto que no nos educan para ello. Nos educan para satisfacer a los demás, obviándonos nosotros.

Nos dicen que las mentiras piadosas están bien. Que no pasa nada. Pero es una forma de mentir, aunque sea para proteger a alguien. Y a nuestro cerebro no le gusta. Lo descoloca en cierta forma.

Entonces ¿qué podemos hacer?¿decimos siempre lo que pensamos u opinamos, pase lo que pase?

En absoluto. Existe una gran diferencia entre mentir y decir lo que se te pase por la cabeza. En muchas ocasiones simplemente no es necesario decir nada. El planteamiento sería saber si lo que podamos decir aporta algo al momento, soluciona un problema o mejora una situación. Aunque, en muchas ocasiones, no sea fácil de discernir.

Digamos, por ejemplo, que nuestra amiga nos pregunta que tal nos parece el vestido que lleva puesto en la boda a la que ambas estamos asistiendo. No nos gusta nada. No vemos que le quede bien. Pero sabemos que no es el momento (no puede cambiar el vestido) para contestarle lo que pensamos. ¿Qué respondemos? Lo adecuado sería no responder o cambiar habilmente el tema, pero no podemos evitar la pregunta. ¿les parece una buena opción fijarnos en lo que si nos gusta del vestido? Su color, su corte … etc. ¡Y pasar inmediatamente a preguntarle por que les parece el nuestro!

Otra situación completamente diferente es cuando nos vemos en una conversación en la que se nos pregunta acerca de nuestros valores, por ejemplo, respecto al feminismo. Si queremos satisfacer a nuestro interlocutor machista, simplemente podemos decidir no opinar, manifestando un silencio expresivo y claro. O, simplemente, decir lo que pensamos. Dejar claro que creemos que queda mucho camino por recorrer y que no debemos bajar la guardia en ningún momento. Si, esta es mi opinión.

En muchas circunstancias ser nosotros mismos se reduce a pensar en si lo que creemos cierto tiene que ver más con nuestro ego o, realmente, pensamos que puede aportar algo a las demás personas.

Tampoco es una decisión fácil. Lo sé.

Bloqueo

No olvidemos que las pequeñas emociones son los grandes capitanes de nuestras vidas y las obedecemos sin darnos cuenta.
Vincent Van Gogh.

¿Quién no se ha sentido bloqueado en alguna ocasión? Puede ser que nos ocurra durante un rato o se prolongue más allá de los deseable. En algunos momentos es, precisamente, lo que necesitamos para encontrarnos. Nos perdemos y, de repente, nos encontramos haciendo algo totalmente diferente ¡y maravilloso! A veces, ese bloqueo es precisamente lo que necesitábamos para avanzar. El cambio es algo necesario, pero en pocas ocasiones es sencillo.

Por esto es importante que, cuando nos sintamos así, o cuando empecemos a tener la sensación de que estamos perdiendo el control -o la ilusión del mismo-, es conveniente recordar que:

La vida es un viaje, no un destino.
No hay meta final y no hay un punto que marque que hemos llegado a ningún sitio. Como plantea Alan Watts, “no bailamos para llegar a ningún sitio, el asunto de bailar es precisamente, bailar“.

Todos los días aprendemos algo. Y aprender es una de las actividades más satisfactorias en las que nos podemos implicar ¡y no tiene fin! Crecemos con la experiencia, con el conocimiento. Si no, no valdría la pena estar aquí. Tómatelo con calma. Estás en el sitio que debes estar en el momento en el que estás.

Confía en ti.
Eres la única persona que sabes lo que estás buscando. Aunque a veces resulte complicado, dedícate tiempo y paciencia y encuentra aquello que te hace vibrar. Cuando llega el cambio es porque es necesario.

Puede parecer una catástrofe. Algo que no deseas que ocurriese. Pero con tiempo y perspectiva serás consciente de que tenía que ocurrir. Y porque.

Se vulnerable
La vulnerabilidad es el primer paso del coraje. Y el fundamento de la auto-confianza. Pero ¿quien quiere verse en una posición en la que siente no tener el control de nada? Seguro que nadie

Aprender a dejar ir se convierte en una batalla entre nosotros y nuestro ego. Éste último lucha por permanecer en control, mientras que vamos siendo conscientes que ha llegado el momento de evolucionar y cambiar. Una elaborada estructura que nos conduce a buscar la rutina por conocida, nos previene de conseguirlo.

Aceptar que necesitamos cambiar, respetándonos pero siendo firmes en nuestro deseo, es el primer paso para conseguirlo. Un camino siempre se construye a partir de un primer paso.

Arriésgate.
Nunca lo sabrás si no lo intentas. La mayor parte del cambio sucede cuando se cierra una puerta para que otras se pueda abrir. La vida no te va a dejar sin opciones, pero te toca a ti elegir aquellas que te interesen e ir a por ellas.

Bloquéate.
En ocasiones, es la opción mejor. Si tras muchos esfuerzos intentando cambiar sin éxito, llega el tiempo de detenerte y observar. Quizás el movimiento no te ha dejado ver lo más evidente, lo que te rodea. Aquello que no parecía hecho para ti, pero que puede ser la mejor opción. No es extraño que, en nuestro intento de ver más allá del horizonte, no veamos el paisaje que tenemos ante nuestros ojos.

Finalmente, no olvides que el cambio es algo natural. Es lo que ocurre si nos dejamos conducir. Es nuestra decisión si queremos ser los protagonistas de él o no. En ambas situaciones, nuestro grado de satisfacción con nosotros mismos es totalmente diferente.

Inadaptada

Para aquellos que sienten que no pertenecen a ninguna parte, existe belleza en ser inadaptado. La escritora Lidia Yuknavitch comparte su propio viaje díscolo en un collage íntimo de historias sobre pérdidas, vergüenza y el lento proceso de la autoaceptación. “Incluso en el momento de tu fracaso, eres hermosa”, dice ella. “Tú no lo sabes todavía, pero tienes la capacidad sin fin de reinventarte. Esa es tu belleza”.

Hay un mito en la mayoría de culturas acerca de seguir los sueños. Se llama el viaje del héroe. Pero yo prefiero un mito diferente, que está ligeramente al margen o por debajo del otro. Se llama el mito del inadaptado. Y dice así: incluso en el momento de tu fracaso, en ese momento, eres hermoso. Tú no lo sabes todavía, pero tienes la capacidad de reinventarte sin fin. Esa es tu belleza.

Puedes ser un borracho, un sobreviviente de violencia, puedes ser un exconvicto, puedes ser un sintecho, puede que pierdas todo el dinero el trabajo o a tu marido o esposa, o lo peor de todo, a un hijo. Puedes incluso perder tus canicas. Puedes estar en el punto muerto en el centro de tu fracaso y aún así, solo estoy aquí para decirte: Eres tan hermoso. Tu historia merece ser escuchada, porque eres un inadaptado raro y extraordinario.

Uds., personales especiales, son las únicas en la sala que puede contar su historia.

La Oportunidad de la Adversidad

Aimee Mullins, nacida en 1976 en Allentown, Pensilvania, Estados Unidos, es una atleta, modelo, analista y actriz estadounidense, muy conocida por su desempeño atlético. Me resulta especialmente inspirador cuando dice que no se imagina su vida sin sus piernas ortopédicas.

El tesauro, o diccionario de sinónimos, puede equiparar la palabra “discapacitado” con sinónimos tales como “inútil” y “mutilado”, pero la innovadora atleta Aimee Mullins, está decidida a redefinir la palabra. Al desafiar estas asociaciones, ella muestra cómo la adversidad — en su caso, haber nacido sin los huesos de la tibia — realmente abre la puerta para el potencial humano.

¿Tienes 5 minutos?

Cuando llega el tiempo en que se podría, ha pasado el tiempo en que se pudo

Marie Von  Ebner Eschenbach

¿Que estás haciendo? ¿Deberías estar haciendo otra cosa? ¿Quizás tu declaración de la renta, ese informe pesadísimo que llevas retrasando hace días, plancharte unas camisas… etc.? Cualquier cosa menos estar perdiendo el tiempo frente a la pantalla de tu ordenador ¿verdad? Bueno, vamos a aprovechar al menos estos minutos que nos dedicas a leer esto que te proponemos.

Somos auténticos expertos en auto sabotaje. Lo hacemos continuamente. Pero quizás, procrastinar (perder el tiempo), es una de nuestras preferidas. Lo hacemos por una variedad de razones. Por ansiedad, falta de motivación, perfeccionismo, culpa, pocas habilidades de decisión… pueden ser algunas de ellas. Y, en muchas ocasiones, son fuente de verdaderos problemas. Como cuando no somos capaces de entregar un proyecto a tiempo o salimos a recoger a nuestro hijo en el último minuto, sin contar con el tráfico. Y lo más curioso de todo esto, es que ¡algunos lo tienen a gala! No es extraño oír aquello de: ¡me gusta trabajar con presión! o ¡al final siempre lo termino consiguiendo!

Pero si esto último no es tu caso, te proponemos un pequeño ejercicio. Dando por sentado que puedas estar perdiendo el tiempo frente al ordenador sin hacer nada productivo o que te sientes frente al televisor más tiempo del que desearías, ¿tendrás cinco minutos?

Tus primeros los vas a dedicar a hacer una lista de lo que tienes que hacer (recoger la cocina, ordenar el correo, llamar a tus padres,… etc.). Bien, una vez hecho, puedes continuar perdiendo el tiempo. Un rato después (el tiempo lo decides tu), levántate y haz durante cinco minutos una de las tareas. Vuelve a tu remoloneo. Y así hasta que consigas dedicarle al menos cinco minutos a cada una de las que te has propuesto.

Y ¿esto funciona? Pues si. Te cuento un truco. Es muy posible que no consigas terminar tus ciclos de cinco minutos, ya que alguna de las tareas te sacará de tu abotargamiento y conseguirá que comiences a producir. ¿Probamos?

Pues no

Mi forma de bromear es decir la verdad. Es la broma más divertida.

Woody Allen 

Una de nuestros principales problemas de relación vienen por la incapacidad que mostramos, en muchas ocasiones para decir no. Esto puede llevarnos a una situación de insatisfacción o frustración, que nadie desea. Con estos consejos, podemos comenzar a aprender a poner límites.

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Conoce tu no. Identificar que es lo importante para ti y que no lo es, constituye el primer paso de este viaje. Si no sabes donde quieres pasar tu tiempo será difícil saber donde no quieres hacerlo. Antes de poder decir no con confianza, debes saber que quieres hacerlo. Todo lo demás sigue a este paso.

Aprecia que te pidan ayuda. De hecho lo hacen porque confían en que tu podrás hacerlo muy bien. Agradéceles que lo hagan. No te preocupes, esto no lleva necesariamente a un “si”.

Dile no a la petición, no a la persona. No estás rechazando a quien te lo pide, solo declinando su invitación. Deja esto claro. Que sepa que le reconoces o que le quieres mucho, como es el caso de los hijos. Hazle saber que pueden quedar para almorzar o podemos ir al parque más tarde (en el caso de los niños). Pero será cuando tu puedas.

Explícalo. No se trata de que le hagas saber a quien te pide ayuda que estás embarcándote en un proceso de cambio personal para quererte más. Pero si ayuda tener una razón para decir no. Clara, sin ambages. Es algo importante para ti y no puedes robarle el tiempo que le debes dedicar. Es un acto de honestidad que al principio puede resultar costoso, pero te irás acostumbrando a ello.

Se resolutivo. Todo no va a ser coser y cantar. Hay personas que no abandonan fácilmente. Pero, siguiendo las reglas anteriores, se tan contundente como los demás son persistentes. Al principio cuesta, pero poco a poco irás aprendiendo a hacerlo con habilidad.

Practica. Elige alguna situación sencilla, de bajo riesgo para hacerlo. Puede ser declinar un postre cuando te lo ofrecen en la comida o cuando alguien trata de venderte algo en la calle. También puedes encerrarte en tu habitación y repetir tu “no” en alto.

Construye un no “por adelantado”. Todos tenemos algunas personas en nuestra vida que nos “han cogido el truco”. Son aquellos que, conociendo, nuestra dificultad para decir no, simplemente se aprovechan de ello. Puede ser un amigo, un compañero de trabajo o nuestro propio jefe. En estos casos es conveniente hacer saber por adelantado lo ocupados que estamos. En el caso de nuestro jefe, solicitar un orden de prioridades en lo que tenemos que hacer es la mejor opción.

Estas y otras técnicas pueden servirnos para ir desmontando, poco a poco, nuestra tendencia a no decir no. Combinado con un adecuado aprovechamiento y reparto del tiempo nos irá dejando tiempo para dedicarlo a nuestras personas queridas, nuestras aficiones o aquello que nos haga sentir bien.

Es una cuestión de entrenamiento. Al principio cuesta, pero lo conseguiremos con constancia y determinación.

Tus límites

La única posibilidad de descubrir los límites de lo posible es aventurarse un poco más allá de ellos, hacia lo imposible.                Arthur C. Clarke

“Los límites los pones tu”. ¿A que suena bien?. A todos nos gusta sentir que somos capaces de decidir a donde llegamos y nos imbuimos de autoestima y positividad para decirlo. Depende de ti, no lo olvides. Otra frase automotivante sin mucho significado que se repite continuamente en los cursos de coaching y de motivación que proliferan por doquier.

Lo cierto es que cuando revisamos estos “seminarios” o reuniones, o acudimos a uno de ellos, encontramos una continua apelación a las emociones más básicas que nos hacen sentir bien en el momento en el que participamos y, a medida que pasa el tiempo, sentimos como se diluyen.

No nos engañemos. Los límites existen, unos los ponemos nosotros sin duda pero hay muchos que nos vienen impuestos por nuestra forma de vida y nuestro entorno. Para poder cambiar de verdad, hemos de ser capaces de traspasar unos y otros y esto no se consigue con un seminario de unas horas o días, implica trabajo, decisión y paciencia con nosotros mismos.

Constancia, una palabra que no está de moda en nuestra sociedad, acostumbrada a los remedios rápidos y que no requieran mucho esfuerzo. Esfuerzo que deberemos desarrollar para conseguir lo que queremos cambiar o alcanzar como meta personal.

En definitiva, es cierto que los límites los pones tu pero no deja de ser menos cierto que superar esos límites se consigue con un adecuado entrenamiento, superando tropiezos, avanzando tras caer y siendo capaces de aprender de nuestros errores.

LO IMPOSIBLE ESTÁ EN LA MENTE DE LOS CÓMODOS.

Mi capacidad no cambió. Cuando alguien tiene un accidente, al principio para todos es un caos, yo tuve que adaptar algunas cosas, pero otras no cambiaron. Sin embargo, fue bastante arduo, pero no imposible. Es una elección ponerse en este lugar o en otro.

Todo este recorrido se fue haciendo para tener mayor calidad de vida, para alcanzar pequeñas grandes independencias y saber que las cosas de a poco se acomodan.

Es verdad que existieron y existen muchos obstáculos con los que lidiar, pero desde mi experiencia sólo puedo decirles. Que nadie los condicione con imposibles… LO IMPOSIBLE ESTÁ EN LA MENTE DE LOS CÓMODOS.

Pablo Fernández es Licenciado en Diseño Gráfico y Comunicación Audio-visual y actualmente trabaja como diseñador en el área de marketing y comunicación del Ente Municipal de Turismo de su ciudad.

En 2004 sufrió una lesión post-traumática la cual le dejó una secuela que al día de hoy afecta la movilidad total de su cuerpo. Dos años más tarde retomó sus estudios y gracias a la Universidad CAECE cursó y se licenció en Diseño Gráfico y Comunicación Audiovisual.

 

IMPARABLE

Dedico este video a tod@s aquellos que se han levantado esta mañana a hacer deporte, a cuidarse, a tener un rato a solas o en compañía. A los que han decidido que el mundo vale la pena.

Especialmente se lo dedico a quienes lo consiguen, día a día, a pesar de cualquier obstáculo.

¿CÓMO TE QUIERES?

Cualquiera que se tome demasiado en serio corre el riesgo de parecer ridículo. No ocurre lo mismo con quien siempre es capaz de reírse de sí mismo.

Václav Havel

 La depresión y una baja autoestima van de la mano. Es una relación simbiótica. Una baja autoestima nos hace vulnerables a la depresión. La depresión castiga la autoestima.

La depresión distorsiona a menudo nuestra forma de pensar, consiguiendo que una persona segura de sí misma se convierta en alguien inseguro, negativo, que se odia, comenta la psicóloga clínica Deborah Serani, autora del libro, Vivir con Depresión.

La autoestima está asociada a ciertos pensamientos positivos o creencias como “soy bueno”, “tengo éxito” o “soy valioso para los demás”. Cuando esto cambia, estos pensamientos positivos o neutrales pasan a convertirse en una sensación de incapacidad, menosprecio de uno mismo y, en cierta medida, odio.

A pesar de que una baja autoestima puede estar muy arraigada, nos podemos marcar un objetivo que la mejore. A continuación, les expongo los consejos que Serani y Parker, psicólogos clínicos, proponen para mejorar la autoestima a lo largo de nuestra vida.

Manejar el pensamiento disfuncional. La investigación muestra que el pensamiento negativo es la clave para disparar la baja autoestima. Nos hace autodestructivo y susceptibles a malas decisiones y situaciones abusivas. Somos más vulnerables. Es como un “disco rayado” que repite y repite los fallos sin permitir el salto a lo positivo, a la esperanza, al futuro. Identificar estos pensamientos corrosivos es crucial. Una estrategia valiosa consiste en preguntarnos: ¿Qué evidencia apoya mi forma de pensar? ¿Otros dirían que lo que pensamos acerca de nosotros es cierto? Lo que pienso, ¿me hace sentir bien o mal? Esto incluye reemplazar los pensamientos negativos con positivos. No se trata de repetir frases vacías ,sino de crear y utilizar autoafirmaciones reales y significativas.

autoestima

Escribe. Mantener los pensamientos negativos en tu cabeza solo los hace mayores. Llevar un registro de los mismos los pone en su sitio, en la mayoría de los casos desactivándolos. Una buena opción podría ser contrarrestar cada pensamiento negativo con uno positivo.
Busca apoyo positivo. Rodéate de gente que celebre tus fortalezas, no tus debilidades. Hacerlo te hará sentir bien además de ayudarte a fortalecer tu pensamiento positivo.
Rodéate de claves motivadoras. Las frases positivas, las fotografías, los fondos de pantalla motivadores funcionan. Te ayudan a comenzar el día con ánimo. Puede parecer simple, pero constituyen una ayuda más para crear un ambiente de apoyo a tu alrededor.
Cuídate. Es muy importante que te mimes, incluso cuando es lo último que crees merecer o tienes ganas de hacer (de hecho, en ese momento es cuando es especialmente vital). Busca un espacio para hacer algo que te gusta, como puede ser tomarte un buen café leyendo el periódico o escuchar música mientras paseas.
(Re)descubre que te apasiona. Cuando estás deprimido y sientes que tu autoestima se hunde por momentos, es muy sencillo olvidarte de qué es lo que te gusta. Una buena ayuda puede ser escribir una lista de las cosas que te gustaba hacer y que has dejado o de aquellas que te gustaría y nunca has hecho.
Reconsidera el fracaso. Cuando tienes baja autoestima, es habitual que pienses en ti mismo como un desastre total. Pero tropezar forma parte del éxito y no determina tu valor como persona.

Podemos leer innumerables historias de personas que han conseguido aquello que se proponían perseverando. Y no hay garantía de que cualquier cosa que hagamos nos salga bien. De hecho, es poco habitual. La diferencia estriba en superarlo y continuar intentándolo o, simplemente, cambiar de objetivo.

Fortalecer tu autoestima no es sencillo, desde luego. Pero estos consejos pueden guiarte para iniciar este proceso. Si crees que tu autoestima está por los suelos, acude a un profesional de la psicología que te ayude a reconstruirla. Nunca es tarde para pensar en ti.

La realidad es que todos tenemos fortalezas y debilidades. Tener una sólida autoestima consiste en aceptar y apreciar ambas. Como comenta John Grohol, de PsychCentral:

Las personas con una saludable autoestima se sienten bien consigo mismas, aprecian su propia valía y están orgullosas de sus habilidades y logros. Saben también que no son perfectas y que tienen fallos. Pero esto no juega un papel irracional o abrumador en sus vidas.